San José, un hombre justo


P. Adolfo Franco, SJ.
Reflexión sobre el Evangelio del 4º domingo de Adviento

Mateo 1, 18-24

La figura de San José nos muestra la grandeza auténtica con su sencillez y armonía interior. Y así nos lleva de la mano en estos últimos días de preparación de Navidad.

San Mateo nos narra de una manera muy propia el anuncio del futuro Mesías; de una forma muy diversa, pero complementaria, de la de San Lucas, en ese pasaje tan conocido de la Anunciación. La de San Lucas es una narración a través de los ojos de María, y la de San Mateo es una narración a través de la dura experiencia de San José.

Ambos pasajes afirman en esencia lo mismo: afirman el “misterio” especial del Niño concebido por María; afirman la virginidad de María, y afirman la acción especial del Espíritu Santo en la concepción de Jesús. En la narración de San Lucas todo es paz y armonía. En San Mateo todo esto está lleno de dramatismo, de sufrimiento y de zozobra.

Las dudas de San José cuando supo que María estaba embarazada, eran naturales y debieron ser un tormento; un tormento para José, en primer lugar: ¡cómo le pasaba esto a él! ¡No podía ser y menos que esto sucediese con María!. Y un tormento para María que probablemente percibió los pensamientos que se forjaban en la mente y en la imaginación de San José: que esa muchacha tan buena, tan extraordinariamente buena esté embarazada, no parece creíble. José la había desposado y no sabía qué estaba pasando. Sufrimiento, oscuridad, desorientación.

Mucha entrega a Dios, a su Providencia hay en la aceptación de esa terrible oscuridad, por parte de José y por parte de María; y de esta forma tan valiente y tan desconcertante entraban a formar parte del plan de salvación.

Esta tormenta necesitamos meditarla para prepararnos adecuadamente para el nacimiento de Jesús. El es el Rey de la Paz, pero muchas veces su vida será una tormenta, y el seguirlo a El a veces traerá muchas veces dificultades y sufrimiento.

En esta tormenta se manifiesta la calidad de persona que era José. Se manifiesta como un hombre justo, o sea como un hombre increíblemente bueno. De San José sabemos poco. Casi todo lo que sabemos está contenido en este pasaje. De San José podemos decir que es un hombre completamente corriente, pero de una calidad insuperable. Era un operario, un artesano, probablemente carpintero. Pero era el “Justo”, aquel para quien esta palabra parece estar hecha a medida. No quiere juzgar a María (nosotros que juzgamos por mucho menos), pero tiene que separarse de ella (le parece inevitable en estas circunstancias). Y por otra parte, cuando tiene la revelación del arcángel Gabriel, manifiesta una fe sin titubeos (una fe difícil, pero sabiendo que es Dios quien lo dice, cree en forma total). Acepta con paz no tener sus propios hijos; renuncia también extremadamente dura. Y dedica toda su vida a mantener a Jesucristo con su propio trabajo, y con su protección del “hombre de la casa”.

Es un hombre completamente normal y corriente. El no hizo ningún milagro, y llevó una vida sin relieve; trabajó en un taller de carpintería toda su vida. No sabemos que pronunciara ninguna palabra sabia (aunque su enorme discreción es ya una gran palabra). En el Evangelio no se consigna ni una sola palabra de él; qué ejemplo para nosotros a quienes nos sobran tantas palabras. No se dice de él ni cuando nació, ni cuándo murió. Y de él además se habla sólo en forma indirecta. El debe servir de testigo de la virginidad de María, debe ser testigo del nacimiento virginal, y debe ser testigo del misterio “especial de Jesús”. Pero lo que José es, o lo que haga, o lo que diga, eso ha quedado oculto. Y sin embargo lo poco que de él sabemos hace de San José el patrono de la Iglesia Universal: ¡a lo que ha llegado un hombre tan corriente...!

Estamos en esta cuarta semana del Adviento. Y llegamos a la alegría del Nacimiento de la mano de los personajes centrales del Adviento: María Y José. Los dos, desde ópticas diferentes (y narrado en Evangelios diferentes) nos dan el mismo testimonio: Jesús es una donación única que Dios mismo hace al mundo: no nacido simplemente por voluntad de una pareja, sino que nos “ha sido dado”. Ambos nos dan testimonio de que éste es el Hijo de Dios, sin quitar que sea el Hijo del hombre; ambos nos testifican que El es nuestro Salvador. +


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Agradecemos la P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.






Primera Comunión 2010 en San Pedro, Lima

Catequistas de Primera Comunión de nuestra Parroquia culminaron su labor cuando los niños y jóvenes recibieron a Cristo sacramentado en la Misa celebrada por nuestro Párroco el P. Enrique Rodríguez S.J.

El domingo 21 de noviembre hemos culminado la catequesis de Primera Comunión de niños y adolescentes, con la celebración de la Eucaristía, donde 165 niños y jóvenes han recibido por primera vez a Jesús
bajo las especies de pan y vino, esto parece cosa increíble, en realidad lo es, todo lo referente a Jesús es un misterio, es cosa de mucha fe. Y esa es la tarea nuestra:
¡Transmitir la fe en un mundo donde parece ganar la incredulidad!

Recuerdo cuando un niño me dijo una vez: “muy bonita su exposición miss pero; ¿será verdad? Convencer a los niños que Jesús es la Verdad, el Camino y la Vida, no es tarea muy sencilla, pues la mayoría de los medios de comunicación no nos ayudan, pero afortunadamente hay muchos papás que se preocupan por la vida espiritual de sus hijos, por eso los llevan a la parroquia, los papás solos no pueden con esta labor porque hay muchas cosas que todavía no conocen y esa es otra de nuestras tareas: evangelizar también a ellos. Hay veces pienso que sería muy beneficioso que nosotros como catequistas apoyemos un poco
más en ello, es verdad que cada uno tiene un estilo diferente, pero la llegada al corazón de las personas solo se logra con la ayuda del Espíritu Santo y con una gran dosis de humildad y Amor por el Reino de Dios.

“Uno siembra, otro riega, otro
cosecha pero el que realmente es importante es el que hace crecer… El que hace crecer la semilla es DIOS”.

Nuestro sincero agradecimiento a todos los que rezan por nosotros, nos hemos sentido muy fortalecidos y protegidos por el Señor.

A ÉL GLORIA, PODER, ADORACIÓN, ALABANZA, SERVICIO, SABIDURÍA ETERNA… POR LOS SIGLOS… AMÉN


Fotos de arriba hacia abajo:
1º Ofertorio durante la Misa.
2º y 3º Párroco P. Enrique Rodríguez, S.J. dando la Primera Comunión.
4º a la 7º Recepción en el patio de la Parroquia.
8º Catequista de Primera Comunión.





Felicitamos a los catequistas por su continua labor, oremos para que el Señor les conceda la gracia de perseverar en su apostolado, como también a todos los catequistas de la Iglesia.















































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Agradecemos a Dora Luz, Coordinadora de la Catequesis de Primera Comunión, por su colaboración, y a Vanessa Torres por compartir sus fotografías.
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Homilía: 1º Domingo de Adviento (A)



Lecturas: Is 2,1-5; S.121; Ro 13,11-14; Mt 24,37-44

P. José R. Martínez Galdeano, S.J.

En este nuevo año litúrgico, que hoy comenzamos en la Iglesia, como indica esta corona de adviento con su vela encendida que corresponde a la primera semana, volveremos a recorrer todos los misterios de Cristo reviviéndolos en nuestros corazones, transformándonos según su modelo y capacitándonos para comunicar a quienes quieran abrir su corazón la vida y la alegría presentes en nuestros corazones.
La primera etapa de este recorrido es el adviento. Serán casi cuatro semanas de preparación para vivir la Navidad primera como la vivieron María y José, los pastores y todos aquellos a los que llegó la noticia de haber nacido en Belén el rey de los judíos prometido por los profetas, y la acogieron con fe, alegría y esperanza.

Ninguna de las lecturas de hoy fueron escritas para preparar esta primera celebración de la Navidad. Sin embargo de algún modo se parecen y el mensaje de Dios es válido para las llegadas de Cristo en múltiples ocasiones. La profecía de Isaías se cumplirá en Pentecostés, cuando gentes de partes muy distantes crean y se bauticen; a los cristianos de Roma dice que Pablo que ya les llegó la luz con el bautismo y que ahora vivan en la luz de las buenas obras pues Cristo va a llegar a juzgar sus vidas; y en el evangelio se exhorta a los discípulos, sobre la catástrofe de Jerusalén y la llegada de Jesús al fin del mundo, a que estén vigilantes, porque será de repente y no se sabrá cuándo: “Estén en vela porque no saben qué día” y “a la hora que menos lo piensen vendrá el Hijo del Hombre”. El término “velar”, así como el “vigilar”, significan en el nuevo testamento “orar”.

La Iglesia selecciona estas lecturas en este comienzo de preparación espiritual para vivir la próxima Navidad, porque espera que la gracia del Señor vuelva a hacerse sentir en toda ella y en cada uno de nosotros con la mayor abundancia. Un río caudaloso llena fácilmente de agua una gran cisterna, pero se saca poca agua con un pequeño balde. Por eso es muy importante que nosotros preparemos un espacio grande en nuestro corazón y así obtengamos en estas fiestas una gran abundancia de gracia. Pero el corazón se agranda para hacer sitio a Dios si se vacía de sí mismo, si deja de buscarse, si abandona sus pecados y tendencias egoístas.

Éste es el trabajo que hemos de realizar en estas semanas esperando a que el Señor venga. El centro de nuestra alegría y paz navideñas ha de ser Jesús, que nosotros recibamos la vida y el Espíritu de Jesús; y de este modo el don más importante, que transmitamos a los demás, debe ser también Jesús. Los pastores, que apenas tenían algo, se alegraron con la Navidad; Herodes, que lo tenía todo, concibió un miedo criminal. Por eso, para vaciarnos de nosotros mismos, en este tiempo la Iglesia nos invita a la penitencia y oración. Esto es lo que nos recuerda el color morado de la casulla en las misas y la luz creciente de las velas que semana a semana nos irán avisando que el Señor está cada vez más cerca.
Porque nos puede pasar a nosotros lo mismo que a los judíos en tiempo de Jesús. Esperaban al Mesías, iban semanalmente a la sinagoga, leían la Biblia, oraban incluso; pero, llegado el momento y pese a los milagros y la maravillosa predicación, no le recibieron.

¿Qué pasó? No aceptaron un Mesías que se limitase a salvarnos de los pecados, que muriese para ello en una cruz y que hablase de una Iglesia en la que judíos y no judíos formasen una comunidad donde no hubiera divisiones. Exigía para ellos un cambio de mentalidad y costumbres demasiado fuerte.
Todos los que estamos aquí, que hoy comenzamos nuestra preparación, aceptamos que hemos de cambiar. Para eso venimos a misa cada domingo, para eso nos confesamos y comulgamos con frecuencia, para eso escuchamos la Palabra.

Esta transformación no se hace meramente con nuestro propio esfuerzo, con nuestra mera buena voluntad o leyendo más páginas de la Biblia u otros libros. Este cambio necesita de la intervención de Dios en nuestros corazones. Como otras veces hemos dicho, no se puede comenzar ni proseguir ningún esfuerzo de conversión sin que Dios intervenga desde el principio. Así como un aparato eléctrico, para ponerse en marcha y luego proseguir su actividad, necesita que le llegue la corriente eléctrica y, si ésta falta, se detiene inmediatamente, así en el orden sobrenatural, que es el propio del cristiano, debemos estar alimentados continuamente con la gracia de Dios, que es la luz y la fuerza del Espíritu Santo. 

Pero como la gracia no se merece de ninguna manera, el único modo de conseguirla es el que nos indica el mismo Jesús: la oración humilde. Basados tanto en el ejemplo de los santos como en la enseñanza de la Iglesia, insistan en la oración y en el sacrificio; porque la virtud exige sacrificio sobre todo la caridad; más aun exige humildad. Si están vigilantes, verán cuán frecuentes son las ocasiones que la vida normal, si ha de vivirse según el evangelio, no solo ofrece sino pide sacrificio, humildad, caridad y oración. Entonces tendrán un gran premio. Verán a Jesús en cada uno y muy cercano, necesariamente todo lo que toquen se transfigurará, allí donde estén, sea la familia, sea el trabajo, se notará que ha nacido el Señor.


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P. José Ramón Martínez Galdeano, jesuita
Director fundador del blog




Hacia el encuentro con Jesucristo



P. Adolfo Franco, S.J.


Reflexión sobre el Evangelio del 1º domingo de Adviento
Mateo 24, 37-44



Este domingo 28 de noviembre empieza el Nuevo Año litúrgico, empieza el Adviento. El Adviento consiste en esperar el nacimiento de Jesús caminando hacia El. Y así el Adviento es la enseñanza de lo que debe ser nuestra vida, caminar hacia Jesús, con alegría y esperanza.




Empieza el Adviento, un nuevo año litúrgico, y el Evangelio nos trasmite una virtud característica del adviento, la esperanza. Y la pone de relieve subrayando algunas actitudes de gentes descuidadas que no tienen en su horizonte el acontecimiento que se nos echa encima: “la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que… llegó el diluvio”.

Y después señala la suerte diferente que correrán personas que aparentemente estaban juntas a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán. Y al final se nos habla de la incertidumbre del cuándo ocurrirá el acontecimiento.

Todo esto lleva consigo la virtud de la esperanza, tan significada en el Adviento. La esperanza debe tener la certeza del acontecimiento; algo maravilloso va a ocurrir, que es la venida del Hijo del Hombre. Esta venida del fin de los tiempos, que es recordada en cada Adviento, a propósito de nuestra preparación de la Navidad. Es certeza de que va a ocurrir algo y ese algo es maravilloso; es el encuentro con el Señor.

Y por la certeza de la llegada de ese acontecimiento, se tiene una actitud vigilante y gozosa; actitud vigilante que significa poner los ojos en ese bello futuro, y no estar en el día a día, simplemente entretenido y distraído con los quehaceres mundanos y rutinarios. El que está vigilante mira más allá de estos acontecimientos en los que muchos quedan absorbidos. Mirar más allá, es otro de los componentes que tiene esta virtud de la esperanza cristiana. Y eso lleva naturalmente a “descubrir el valor de los bienes eternos y a poner en ellos nuestro corazón”, como nos dicen varias veces las oraciones litúrgicas de estas misas de Adviento.

Y hay otro elemento más en esta espera de la que nos habla el Evangelio, y es otro elemento que debe tener la esperanza: la incertidumbre del tiempo en que llega el encuentro con Jesús. Ese encuentro definitivo, del cual la Navidad es un toque de alerta. La esperanza cristiana no espera a plazo fijo, porque no sabemos ni el día ni la hora. Es verdad que la espera de la Navidad sí es espera con tiempo determinado. Pero la espera de esa otra venida no tiene fecha; será a la hora que menos pensemos. La esperanza por tanto supone fortaleza y constancia. No cansarse nunca en esta mirada al futuro, en este superar la monotonía de la vida rutinaria. Estar siempre firmes, no decaer, mantener la energía a pesar de las dificultades de la vida.

Y otro elemento de la esperanza es el gozo. No se trata de temer la venida de Dios. El que es poseído por el miedo no tiene esperanza, sino desesperación. Esperar es estar alegres (una alegría anticipada) porque ya se goza de eso maravilloso que nos va a ocurrir. El gozo es un componente esencial de una vida verdaderamente cristiana.

Y para que esta alegría sea auténtica, y no postiza, hay que apoyarla en algo real, verdadero y firme: que es Jesucristo. Solo en EL hay verdadero, real y firme gozo. Para muchos la alegría se sustenta en cosas transitorias e inconsistentes; en sucesos que están vacíos por dentro. Y esto ocurre mucho en Navidad, se fabrican muchas veces alegrías ficticias, sucesos camuflados de gozo. Hay una tendencia equivocada de buscar la alegría en el placer. Y la Navidad se ha rodeado de tantos elementos postizos, elementos falsos que sustituyen a Jesús, por decorados de ficción. Se fabrica un sueño irreal, y se pierde el verdadero sentido del gran acontecimiento, el Nacimiento del Hijo de Dios.

La esperanza cristiana se basa en algo real, maravilloso e inigualable: la venida del Hijo de Dios a cuyo encuentro se dirigen nuestras vidas. Y la Navidad, nos hace tener presente ese momento. La Navidad nos proporciona alegría por recordarnos el amor de Dios: “tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unico”. Y además nos hace tener presente esa otra venida, en que seremos nosotros los que nazcamos a una vida nueva, cuando nos encontremos con El, de verdad, no ya en esa escenificación hermosa de los “Nacimientos”.



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Agradecemos la P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.


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¿Qué fue la matanza de los inocentes?, ¿es histórica?


Vicente Balaguer


La matanza de los inocentes pertenece, como el episodio de la estrella de los Magos, al evangelio de la infancia de San Mateo. Los Magos habían preguntado por el rey de los judíos (Mt 2,1) y Herodes —que se sabía rey de los judíos— inventa una estratagema para averiguar quién puede ser aquel que él considera un posible usurpador, pidiendo a los Magos que le informen a su regreso. Cuando se entera de que se han vuelto por otro camino, “se irritó mucho y mandó matar a todos los niños que había en Belén y toda su comarca, de dos años para abajo, con arreglo al tiempo que cuidadosamente había averiguado de los Magos” (Mt 2,16). El pasaje evoca otros episodios del Antiguo Testamento: también el Faraón había mandado matar a todos los recién nacidos de los hebreos, según cuenta el libro del Éxodo, pero se salvó Moisés, precisamente el que liberó después al pueblo (Ex 1,8-2,10). San Mateo dice también en el pasaje que con el martirio de estos niños se cumple un oráculo de Jeremías (Jr 31,15): el pueblo de Israel fue al destierro, pero de ahí lo sacó el Señor que, en un nuevo éxodo, lo llevó a la tierra prometiéndole una nueva alianza (Jr 31,31). Por tanto, el sentido del pasaje parece claro: por mucho que se empeñen los fuertes de la tierra, no pueden oponerse a los planes de Dios para salvar a los hombres.

En este contexto se debe examinar la historicidad del martirio de los niños inocentes, del que sólo tenemos esta noticia que nos da San Mateo. En la lógica de la investigación histórica moderna, se dice que «testis unus testis nullus», un solo testimonio no sirve. Sin embargo, es fácil pensar que la matanza de los niños en Belén, una aldea de pocos habitantes, no fue muy numerosa y por eso no pasó a los anales. Lo que sí es cierto es que la crueldad que manifiesta es coherente con las brutalidades que Flavio Josefo nos cuenta de Herodes: hizo ahogar a su cuñado Aristóbulo cuando éste alcanzó gran popularidad (Antigüedades Judías, 15 & 54-56), asesinó a su suegro Hircano II (15, & 174-178), a otro cuñado, Costobar (15 & 247-251), a su mujer Marianne (15, & 222-239); en los últimos años de su vida, hizo asesinar a sus hijos Alejandro y Aristóbulo (16 &130-135), y cinco días antes de su propia muerte, a otro hijo, Antipatro (17 & 145); finalmente, ordenó que, ante su muerte, fueran ejecutados unos notables del reino para que las gentes de Judea, lo quisieran o no, lloraran la muerte de Herodes (17 &173-175).


Bibliografía: A. Puig, Jesús. Una biografía, Destino, Barcelona 2005; S. Muñoz Iglesias, Los evangelios de la infancia. IV, BAC, Madrid 1990; J. Danielou, Los evangelios de la infancia, Herder, Barcelona 1969.

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Tomado de:


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San Edmundo Campion, S.J.

Fiesta 1 de diciembre






Es el primer santo inglés de la Compañía de Jesús. Con su simpatía, alegría contagiosa, con su patriotismo y oratoria supo dar, a los ingleses perseguidos, el entusiasmo que les faltaba para defender su fe.


Niñez y juventud

Edmundo Campion nace en Londres, el 15 de enero de 1540, poco después que el rey Enrique VIII lograra separar a Inglaterra de la obediencia de la Iglesia católica.
Su padre fue un librero de Londres. Desde muy pequeño aprende a devorar libros. Al quedar huérfano, el gremio de los mercaderes de Londres decide encargarse de su formación. Fue un excelente alumno.
Esos son los años turbulentos de Eduardo VI, niño también de pocos años.

Durante el reinado de María Tudor

Cuando cuenta 13 años, en 1553, Edmundo es elegido para componer y leer un discurso de felicitación a la Reina María Tudor. Ella también es hija de Enrique VIII y ha sucedido a su hermano Eduardo.
Poco después, el Alcalde Mayor de Londres, Sir Thomas White, determina fundar un Colegio católico, en Oxford. El cambio religioso, sucedido con el nuevo reinado, lo mueve a hacerlo. Recordando al joven Edmundo Campion, por el hermoso discurso a la Reina, le ofrece una beca en el nuevo Colegio. Edmundo pasa a educarse, entonces, al Colegio de Saint John, donde con distinción continúa sus estudios.

En Oxford

Cuando muere la Reina María, en 1558, las cosas se precipitan en Inglaterra y también en Oxford. Le sucede su hermana Isabel, hija de Enrique y de Ana Bolena, educada en la fe protestante.
El favorito de la Reina, el conde de Leicester, Roberto Dudley, es nombrado Canciller de la Universidad de Oxford.
Edmundo Campion tiene, entonces, 18 años. Ha sido nombrado profesor en el Colegio de Saint John. Un buen número de alumnos, sigue sus clases. La influencia de Campion aparece muy claramente. Los jóvenes frecuentan sus conferencias, imitan su tipo de elocuencia e incluso su modo de vestir. Con orgullo algunos empiezan a llamarse campionistas.

Fama de orador

A los oídos de Roberto Dudley llegó la fama de la oratoria de Edmundo Campion. Cuando muere su esposa, el Canciller dispone que sea Campion quien escriba y pronuncie el elogio fúnebre. San Edmundo compone un hermoso discurso que llena de satisfacción al vanidoso Canciller.
A la muerte de Sir Thomas White, el fundador del Colegio de Saint John, en 1564, Campion pidió el honor de escribir su elogio. La renovada admiración del Canciller, al escucharlo, hacen concebir en Campion una protección y un porvenir muy seguro.

Discurso ante la reina Isabel

Dos años más tarde, en 1566, la reina Isabel visitó Oxford. Entre las fiestas de recibimiento debe destacar un acto académico de filosofía.
Edmundo Campion, el joven profesor de 26 años, es el encargado de organizar y de mostrar, ante la Reina, la erudición, la profundidad de ciencia y la elegancia en el buen decir. Isabel se admira y decide de veras utilizar los servicios de Campion. Lo recomienda interesada a Leicester.

Vice canciller de Oxford

Roberto Dudley, conde de Leicester nombra entonces a Edmundo Campion, orador de la Universidad. Poco después, lo elige Prorrector de la misma, oficio que equivale al de Vice canciller.
Todos estos cargos, los recibe Campion antes de tener el grado de doctor, lo que resulta extraordinario. Es la promesa de una gran carrera.

Un paso en falso



Es posible que Edmundo Campion haya prestado el juramento de supremacía en 1560. Pero ello no lo intranquiliza. En forma regular frecuenta los ahora servicios protestantes de la capilla del Colegio de Saint John. Edmundo es católico y no piensa separarse de su fe. Pero la situación se va haciendo crítica.
Poco a poco, se deja vencer. En 1567 acepta la ordenación diaconal, de manos de su amigo el obispo de Gloucester, Ricardo Cheney, de la Iglesia reformada.
Sus amigos, entonces, se dividen, unos lo felicitan, los más se horrorizan. Edmundo Campion se sumerge en un mar de dudas y en un recriminarse por la decisión tomada.

Los estudios de teología

En Oxford la división es clara. Hay un partido católico mayoritario y un partido protestante ascendente. Edmundo Campion vacila entre los dos, sin deseos de elegir. Su anhelo más íntimo es que lo dejen estudiar en paz y poder desempeñar sus deberes de profesor y de orador universitario.
Según los estatutos del Colegio, su obligación es dedicarse al estudio de teología y aceptar la ordenación sacerdotal, si quiere continuar su carrera en la Universidad. Edmundo Campion posterga la decisión, hasta donde puede, concentrándose en el estudio de Aristóteles y en la teología natural.
En 1567 le fue necesario iniciar el estudio de los Padres de la Iglesia. Y en la medida de su avance, cada vez se siente más lejos de la Iglesia Anglicana. Trata de refugiarse en la oración. Consulta a su amigo Tobie Matthew quien parece no tener escrúpulos en el abandono de la antigua fe. "No leo a los Padres, para no creerles", es la respuesta.
El camino de Tobie Matthew, más tarde obispo de Durham y después arzobispo de York, parece fácil. Edmundo Campion ama a Inglaterra, ¿es razonable rechazar lo bueno de la reforma por un anhelo de perfección?. Pero en Inglaterra no hay libertad. Y eso lo intranquiliza.

Tormentas exteriores

En la primavera de 1568, María Estuardo, católica y heredera del trono, fue hecha prisionera.
Poco después Gregorio Martin, su íntimo amigo durante trece años, abandona Oxford y se exilia en el continente.
La tormenta anglicana lo va presionando. Primero, pierde una beca. Después su cargo como juez escolástico de la Universidad.

La vuelta al buen camino

Con la aprobación de Leicester, Edmundo Campion se decide pasar a Dublin. Allí podrá trabajar en el proyecto de la creación de la Universidad Nacional.
Se adapta fácilmente al nuevo ambiente y empieza a vivir en paz con su conciencia. La católica Irlanda está bajo el poder del gobierno inglés, pero las leyes religiosas no se aplican.

En Irlanda

Con el pensamiento puesto en la Universidad irlandesa, prepara una disertación, De Homine Academico. Es un verdadero catálogo de las virtudes y cualidades de un formador universitario. Sin duda es su propio programa y que, en parte, lo siente realizando.
Poco tiempo después empieza a trabajar en una historia de Irlanda. Es toda una obra literaria. La dedica al conde de Leicester, buscando siempre una protección.

Tormentas interiores

El 25 de febrero de 1570, San Pío V dicta la Bula Regnans in Excelsis, de excomunión contra Isabel, liberando a sus súbditos de la obligación de obedecerla.
Una copia de la Bula es clavada en la puerta del palacio del obispo de Londres el 25 de mayo por el caballero católico John Felton. Este es torturado y ejecutado. En el cadalso regaló a la Reina un gran anillo de brillantes, que llevaba cuando fue arrestado, manifestándole que no deseaba su mal, pero que creía que se destitución era buena para el país y para su salvación eterna.
Una verdadera persecución cae, entonces, sobre los cristianos que continúan con su adhesión a Roma.
Edmundo Campion, tocado íntimamente por los contenidos de la Bula y acosado por los remordimientos de conciencia, decide entonces dejar Irlanda. Por lo demás es buscado afanosamente por las autoridades, pues todo católico debe ser interrogado.
Perseguido, Campion vuelve a Londres. Allí no es buscado. Se le cree en Irlanda.

Testigo de un martirio

En Londres asiste, en Westminster Hall, atónito entre la muchedumbre, al despiadado juicio contra el Bienaventurado John Storey. Este se había exiliado en Flandes. Al poco tiempo, ya anciano, en el Colegio de Douai, recibió la ordenación sacerdotal. Sir William Cecil lo había hecho raptar y traer desde Amberes, acusándolo de traición.
Ese Colegio de Douai fue toda una institución para la restauración católica de Gran Bretaña. Había sido fundado por Sir William Allen a quien su fe lo obligó a abandonar Inglaterra y ordenarse de sacerdote en Lovaina. Lo fundó para los ingleses, con el fin de formar sacerdotes que pudieran, más tarde, predicar la fe en la patria. Algunos años más tarde, ya cardenal, fundó otro Colegio similar en Reims.

En Flandes

Edmundo Campion decide pasar a Flandes. Consigue dinero entre sus antiguos alumnos católicos y se embarca el 1 de junio de 1571.
Una fragata inglesa intercepta a la nave. Por no llevar pasaportes, Campion es detenido y devuelto a Inglaterra. El capitán se queda con el dinero y lo deja huir, pero en territorio inglés.
De nuevo, muy pronto, consigue dinero entre los amigos. Un segundo intento y, esta vez, feliz. A fines de junio de 1571, con grandes muestras de gozo y alegría fue recibido en el Colegio de Douai.
Gran parte de los trece candidatos que, allí, se preparan al sacerdocio son antiguos amigos y los más, alumnos suyos en Oxford. Allí está su amigo Gregorio Martin.
Estudios sacerdotales

En Douai, San Edmundo Campion vuelve formalmente a la Iglesia católica. Es admitido a los sacramentos, de los que ha estado privado desde hace más de diez años. Se siente feliz, viviendo en una comunidad enteramente católica. Sir William Allen lo considera como una adquisición sensacional.
Dos años enteros dedica Edmundo Campion a terminar los estudios de teología. En Douai recibe las órdenes menores y el subdiaconado, requisitos exigidos por la Iglesia católica antes de las órdenes del diaconado y el sacerdocio.
Al pedir las órdenes sagradas y al recibirlas, Campion siente que puede expiar la falta de haber sido ordenado diácono por un obispo anglicano.

Discernimiento vocacional

Después viene el largo discernimiento. ¿Qué debe hacer?. Señor, ¿qué quieres que haga?.
En la oración comprende que debe dirigirse a Roma y que allí el Señor le mostrará el mejor camino.

Viaje a Roma

El viaje a Roma lo hace, solo y a pie, en penitencia. Pide limosna en los caminos y ora sin cansancio.
A fines de febrero de 1573, llega a la Ciudad eterna. Por cierto, se hospeda en el hospital de los ingleses, como peregrino.
El primer tiempo lo dedica a la oración y a la visita de las principales Iglesias de Roma. Visita al cardenal Gesualdi con quien tiene largas conversaciones a propósito de la Bula Regnans in Excelsis.
Pero pronto, entiende claramente la voluntad de Dios. Debe entrar en la Compañía de Jesús. En ella podrá darse a los demás y, con la voluntad del Señor, podrá volver a predicar la fe en Inglaterra.

Su ingreso a la Compañía de Jesús

Es admitido por el P. Everardo Mercuriano, recién elegido General de la Compañía.
La Congregación General continuaba todavía en funciones. Varios de los padres congregados, lo han conocido y oído hablar de él. La simpatía de Campion les gana el corazón a todos. Cada Provincial lo quiere para su propia Provincia. En Inglaterra no hay jesuitas.
El General, lo admite para la Provincia alemana, la de Austria.

Noviciado en Austria

Terminada la Congregación General, a mediados de junio de 1573, con el P. Provincial alemán viaja a Praga para iniciar su noviciado de dos años.
San Edmundo Campion es uno de los fundadores del Noviciado en Brünn, muy cerca de Praga. Allí, todo le es fácil, en especial la experiencia del mes de Ejercicios. Los trabajos humildes y el apostolado le resultan llenos de consolación. Y su facilidad en los estudios le sirve extraordinariamente para el aprendizaje del nuevo idioma.

En Praga
En septiembre de 1574, los Superiores lo destinan al Colegio de Praga, a continuar el noviciado e iniciar la etapa de magisterio con los alumnos de retórica. Sus cualidades literarias, adquiridas en Oxford, le permiten un año brillante.
En 1575 hace los votos perpetuos de pobreza, castidad y obediencia. En el Colegio, funda la Congregación Mariana (hoy, Comunidades de Vida Cristiana, CVX) para sus alumnos.
Al año siguiente le añaden el cargo de Prefecto general del Internado y las predicaciones en la Iglesia. En diversas ocasiones predica en la corte. Y con su oratoria verdaderamente atrayente se gana el ánimo del mismo emperador Rodolfo II.

Ordenación sacerdotal

El 8 de septiembre de 1578, el arzobispo de Praga lo ordenó sacerdote. Y hasta marzo de 1580 ejerce en la capital del imperio su sacerdocio y ministerio de enseñanza. El idioma alemán parece no tener secretos para él.

Llamado a Roma

Por ese tiempo, el cardenal y doctor, Sir William Allen, fundador del Colegio de Douai, presenta al Papa Gregorio XIII y al P. General Everardo Mercuriano, un largo y muy bien fundado memorial. En él solicita el envío de refuerzos sacerdotales a Inglaterra. El Colegio inglés de Douai ha crecido mucho. Cada año se ordenan treinta o cuarenta sacerdotes. Más de la mitad logra atravesar el Canal hacia Inglaterra. Los informes recibidos coinciden respecto al entusiasmo de las gentes, al deseo de recibir los sacramentos y al ansia de ser reconciliados con la Iglesia.
El Papa Gregorio XIII decide apoyar al cardenal Allen y funda en Roma el Colegio Inglés. Los primeros seminaristas vienen todos desde Douai. Dos años después, en 1578, la dirección del Colegio Inglés es entregada a la Compañía de Jesús, con gran gozo del cardenal Allen.
El P. General Everardo Mercuriano se aviene a tomar la dirección del Colegio y a hacer suyos los objetivos de su fundación. Es decir, promete al cardenal Allen que la Compañía de Jesús enviará misioneros a Inglaterra. Allen pide expresamente al P. Edmundo Campion para la primera expedición. El P. General accede. San Edmundo Campion es, entonces, llamado a Roma.

Destino a Inglaterra

San Edmundo deja Praga el 25 de marzo de 1580, postergado algunos meses por el Provincial de Austria. Llega a Roma el sábado de Pascua, el 9 de abril. El viaje lo hace a pie, a caballo y en parte en coche, de acuerdo a los azares del camino.
En Roma, San Edmundo Campion, con profundo gozo, acepta la invitación del P. General.
Su compañero de misión será el P. Roberto Persons, jesuita inglés, seis años más joven que él. San Edmundo lo conoce bien desde los tiempos de Oxford. Fue su discípulo, y Campion al saberlo católico lo había liberado del juramento de supremacía. Las autoridades entonces intervenieron y Persons debió prestar el juramento, pasando así a ser profesor del Colegio de Balliol.
A ruegos de Campion, el P. Persons es nombrado Superior de la Compañía de Jesús en Inglaterra.

Instrucciones

Las intrucciones del General de la Compañía son muy precisas. Se verán obligados a descartar el traje talar y a viajar disfrazados. Deberán vivir entre seglares bajo nombres supuestos. Vivirán solos durante largos períodos. No podrán realizar retiros periódicos para recobrar las fuerzas espirituales.
El objetivo de la misión queda también delineado. Trabajarán en "la conservación y aumento de la fe de los católicos de Inglaterra". No deberán disputar con los protestantes. Les queda prohibido, en forma absoluta, inmiscuirse en los asuntos de Estado o enviar informes políticos. No deben permitir ninguna conversación contra la Reina.
San Edmundo recibe las aclaraciones que pide. Queda claro, la Bula Regnans in Excelsis obliga sólo a la Reina y a los protestantes. Los católicos, mientras la Reina gobierne de facto, deben obedecer en todo lo que no toque a la fe católica.

El viaje a la patria

El 18 de abril de 1580 sale de Roma esa primera expedición jesuita a Inglaterra.
La componen los PP. Roberto Persons, Edmundo Campion y el Hermano Rodolfo Emerson. Con ellos van otros tres sacerdotes del Colegio inglés, dos seminaristas y cuatro sacerdotes ingleses radicados en Roma.
Antes de salir, el Papa Gregorio XIII los abraza, a cada uno, cariñosamente, los bendice, a ellos y a toda Inglaterra. San Felipe Neri también los bendijo.
En Milán, San Carlos Borromeo los obliga a alojar en su propio palacio arzobispal. Edmundo Campion predica en la Catedral, con gran complacencia del arzobispo.
El resto del viaje lo hacen a través de Suiza, país ya sumido en las ideas de la reforma protestante. En Ginebra son admitidos, por ser ingleses, a pesar de ser católicos. San Edmundo, incluso, tiene una conversación con el célebre calvinista Teodoro Beza, ya anciano, quien lo recibe en su casa, después de comer. Fue una velada agradable, llena de humanismo.
En Reims tiene lugar el encuentro con el cardenal doctor, Sir William Allen. Campion, a petición de su amigo, predica a los jóvenes ingleses del Seminario. En su propio idioma, después de tantos años. Lo hace con fluidez y corrección, como si jamás hubiera dejado Inglaterra.

Inglaterra

El ingreso en Inglaterra resulta muy difícil. Las autoridades inglesas ya estaban en conocimiento de la expedición católica. Los informantes han comunicado nombres y también fechas.
Conocedores de la dificultad, los jesuitas resuelven disolver la expedición. Cada cual, ingresará como pueda hacerlo. Los jesuitas flamencos del Colegio de San Omer, prepararon el paso del Canal.
Los tres jesuitas no deben viajar juntos. El P. Roberto Persons, como Superior, será el primero. Los otros dos pasarán a Inglaterra un tiempo después.
Roberto Persons, vestido de militar y fingiendo ser soldado de los Países Bajos, cruza el Canal sin mayor dificultad.
Edmundo Campion y Rodolfo Emerson, vestidos de mercaderes, son detenidos en Dover, el 24 de junio. Las autoridades tienen sospechas, los registran minuciosamente, pero al fin los dejan pasar.
Ambos se dirigen al puerto de Gravesend, distante 30 kilómetros de Londres. En un bote, por el Támesis, llegan a la capital.
Entretanto, el P. Roberto Persons había encargado a jóvenes católicos que se turnaran, paseándose, en los muelles de Londres. Uno de ellos los reconoce, por las señas del Hermano, y los lleva a la casa alquilada por Persons.
Ministerios

Así comenzaron los años ingleses del ministerio de Campion.
El mejor resumen de esos años lo da él mismo en carta al P. General.
"Por todas partes se publican contra nosotros edictos llenos de amenazas".
"Con las precauciones que tomamos y con las oraciones de los buenos y, especialmente con el favor de Dios, hemos recorrido con toda felicidad buena parte de la isla. Nunca nos han faltado personas, que olvidadas de su propio peligro se mostraron solícitas de nuestra seguridad".
"La persecución se ha embravecido. Nuestra comunidad está triste, porque no se habla sino de muerte, de prisión o pérdida de bienes de los fieles. Y con todo, vamos adelante animosamente".
"En la actualidad son innumerables los que vuelven a la Iglesia. Trabajo desde muy de mañana hasta gran parte de la noche, habiendo cumplido los diversos oficios y predicado algunos días dos veces. Trabajo en una infinidad de asuntos: doy respuesta a casos de conciencia, organizo el trabajo de otro sacerdotes distribuyéndolos donde hubiere mayor necesidad; reconcilio a los separados con la Iglesia, procuro ayudas temporales para los que sufren en las cárceles. Son tantos, que fácilmente desmayaría de fatiga, pero es Dios quien favorece".
"La mayor consolación la recibimos al constatar la increible alegría de estos hermanos, por nuestra venida a Inglaterra".

Defensa de la fe

Fue muy célebre el famoso documento, escrito por San Edmundo dirigido al Consejo de la Reina. En él refuta el falso rumor, difundido por las autoridades. Los católicos, de ninguna manera, pretenden la desobediencia civil y aman especialmente a la Reina Isabel. El excelente estilo gusta a todos, aún a muchos protestantes.
Las ediciones de este escrito se multiplican y es conocido por toda la población. Los católicos se sienten muy confortados y tranquilos al verse defendidos en su patriotismo.
Poco después Campion compone y edita, en abril de 1581, su opúsculo "Diez Razones", un compendio de la fe católica y los principales argumentos teológicos. Esta obra ocasiona una verdadera revolución en la Iglesia reformada. Fue todo un éxito. Católicos y protestantes no pueden hablar, durante meses y en todas partes, sino del libro del P. Edmundo Campion. Las autoridades, muy molestas, se endurecen y la persecución se hace más rigurosa.
En la Universidad de Oxford, el libro de Campion fue conocido y comentado, con admiración, por todos y en especial por sus compañeros y antiguos discípulos.

Detención

El 16 de julio de 1581, el P. Edmundo Campion es detenido en el castillo de Lyford. Es traicionado por Jorge Elliot, quien se ha hecho pasar por católico.
San Edmundo no guarda rencor alguno al traidor. Requerido por él, sonriendo le dice: "Dios te perdone, Jorge, y yo te perdono. Si te arrepientes y te confiesas, yo te absolveré, pero tendrás que hacer penitencia".
Es llevado a Londres y encerrado en la Torre. En el calabozo Little Ease, tal vez el más lóbrego y húmedo, de las 22 torres. Allí pasó el primer tiempo.
Por expreso deseo de la Reina Isabel, es llevado a su presencia, al cuarto día. "¿Me tenéis por verdadera Reina de Inglaterra?". "Sí, Majestad". La Reina promete: "Os ofrezco la vida, la libertad, bienes de fortuna, grandeza y honores, si consentís en servirme". La respuesta de San Edmundo es muy rápida: "Soy vuestro vasallo, mi Reina, pero soy católico".
Por ultimo la Reina dice: "En vos no hay otro crimen que el ser papista". "Esta es mi mayor gloria", le contestó Campion, con un buen humor inglés.

Prisión

Se le dio un trato muy humano, para ablandarlo. Los carceleros, por expreso encargo de la corte, renuevan constantemente las promesas de la Reina.
Le dicen que su conversión al protestantismo lo llevará al arzobispado de Canterbury.
Cuando las autoridades constatan el fracaso, lo someten a la tortura. Pero no logran una sola palabra de debilidad. Ni siquiera una indiscreción que pudiera delatar a los otros jesuitas, o a algún católico.

Disputas teológicas

Destrozado por los tormentos, días después, lo hacen disputar con los mejores teólogos protestantes. San Edmundo Campion hace un gran esfuerzo. Muestra serenidad, e incluso amabilidad con todos. Con un dejo de humor les dice no estar en las mejores condiciones para sostener una discución teológica. Y, sin embargo, con verdadera sabiduría expone muy bien los argumentos.
El conde de Arendel, protestante, hijo del duque de Norfolk, presente en las disputas y convencido por Campion, decide volver a la fe católica. Merecerá más tarde dar su vida por la fe.

Condenación a muerte

A los actos finales lo acompañan San Alexander Briant y el Bienaventurado Thomas Cottam, ambos sacerdotes de la Compañía de Jesús, Ralph Sherwim y otros sacerdotes católicos.
San Edmundo dijo en esa ocasión: "Se nos acusa y se pide nuestra muerte. No tenemos a quien apelar, sino a las conciencias de Uds. ¿Pueden Uds. creer a nuestros acusadores?. Uds.lo saben, ellos han traicionado a Dios y al hombre. No han mostrado el menor fundamento para dar crédito a sus juramentos. Ni siquiera son hombres honrados. Aunque Uds. quisieran creerles, no pueden. Yo encomiendo todo a Dios. Esta condena la encomiendo a Uds. Nunca hemos temido a la muerte. Lo único que podemos decir es, que si nuestra religión nos hace traidores, merecemos ser condenados. Pero somos, y hemos sido, los mejores súbditos que la Reina haya tenido. Al condenarnos, Uds. condenan a todos nuestros antepasados, a todos los sacerdotes, obispos y reyes, a todo lo que fue la gloria de Inglaterra, la isla de los santos y la más fiel hija de la Sede de San Pedro. La posteridad nos dará la razón. El juicio futuro no va a estar sujeto a la corrupción como el de hoy."
Y ese día, el 21 de noviembre de 1581, todos son condenados a muerte. "Sean llevados a Tyburn. Serán ahorcados. Descolgados con vida, se les cortarán las partes inferiores y se les arrancarán las entrañas para ser quemadas en presencia de ellos. Se les cortará la cabeza y serán descuartizados. Y Dios tenga piedad de Uds".
San Edmundo Campion entona entonces el Te Deum. Los otros sacerdotes condenados lo siguen en su canto.

Los últimos días

San Edmundo estuvo encadenado los once días que mediaron entre el juicio y la ejecución. Recibió la visita de una hermana, facultada para hacerle el último ofrecimiento de libertad y de grandes beneficios, a condición de que renunciara a su Fe.
También lo visita Jorge Elliot. "Si yo hubiera pensado que habíais de sufrir algo más que la prisión, yo nunca os hubiera acusado". "En ese caso, le contesta con humor Campion, os suplico, en nombre de Dios, que hagáis penitencia y que confeséis vuestro pecado, para gloria de Dios y salvación de vuestra alma". Y ante el temor manifestado por Elliot, por las posibles represalias católicas, le agrega: "Estáis equivocado si creéis que los católicos llevan su odio y su ira hasta la venganza. Para que os sintáis seguro, si queréis, os recomendaré a un Duque católico alemán, donde podréis vivir en paz".
El carcelero de San Edmundo Campion, presente en la entrevista, se conmovió de tal modo por la generosidad de Campion, que se hizo católico.

El martirio

El 1º de diciembre de 1581 sufre el martirio, en compañía de San Alexander Briant y de Ralph Sherwim.
Lo sacan de la Torre. Está lloviendo. Ha llovido durante varios días. Un gran multitud se ha agolpado a las puertas. San Edmundo, con una sonrisa, los saluda a todos. "Que Dios os salve, caballeros, y os haga buenos católicos".
Lo atan a una rastra tirada por un caballo. A él y a Briant los arrastran lentamente por la lluvia y el barro, hasta llegar a Tyburn. Al pasar por el Arco de Newgate ve una imagen de la Virgen María, que se ha salvado de los martillazos, y la saluda cariñosamente. En el camino un católico le enjuga el rostro, salpicado de lodo y suciedad. San Edmundo le dijo: "Dios te premie y te bendiga".
En Tyburn, San Edmundo subió a la carreta instalada bajo la horca. El mismo se pone la soga alrededor del cuello. Entonces, pide utilizar el derecho que le otorga la ley, decir unas palabras.
"Soy inocente de las traiciones que me han acusado. Soy católico y sacerdote de la Compañía de Jesús. En esta fe he vivido y en ella quiero morir".
Entonces le gritan que pida perdón a la Reina."¿En qué la he ofendido?. Soy inocente. He rezado y rezo mucho por ella". Un cortesano le exige que diga por cuál Reina reza. "Por Isabel, vuestra Reina y la mía, a la que deseo un largo reinado, tranquilo y feliz".
De inmediato dieron orden de retirar la carreta que estaba bajo sus pies. Y San Edmundo queda colgando.
Inconsciente, tal vez muerto, cortan la cuerda que lo ata y el carnicero lo descuartiza.
Entre los presentes, en primera línea, está Enrique Walpole, un joven de familia católica, pero inclinado a la reforma. Tan cerca está, que un poco de sangre le salpica el abrigo cuando el carnicero arranca las entrañas de Campion y las arroja al caldero de agua hirviendo. Enrique Walpole se conmovió profundamente. Tanto que decidió, poco después, cruzar el mar y ordenarse de sacerdote en la Compañía de Jesús. Trece años más tarde morirá del mismo modo que San Edmundo, en el cadalso de York.

Glorificación

San Edmundo Campion fue canonizado el 25 de octubre de 1970 conjuntamente con San Alexander Briant, San Enrique Walpole y otros siete jesuitas, ingleses y galeses, mártires de la fe, como él. También fue canonizado su compañero San Ralph Sherwim.




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Tomado de:



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Carta de SACERDOTE CATÓLICO AL NEW YORK TIMES



Querido hermano y hermana periodista:



Soy un simple sacerdote católico. Me siento feliz y orgulloso de mi vocación. Hace veinte años que vivo en Angola como misionero.


Me da un gran dolor por el profundo mal que personas, que deberían de ser señales del amor de Dios, sean un puñal en la vida de inocentes. No hay palabra que justifique tales actos. No hay duda que la Iglesia no puede estar, sino del lado de los débiles, de los más indefensos. Por lo tanto todas las medidas que sean tomadas para la protección, prevención de la dignidad de los niños será siempre una prioridad absoluta.


Veo en muchos medios de información, sobre todo en vuestro periódico la ampliación del tema en forma morbosa, investigando en detalles la vida de algún sacerdote pedófilo. Así aparece uno de una ciudad de USA, de la década del 70, otro en Australia de los años 80 y así de frente, otros casos recientes… Ciertamente todo condenable! Se ven algunas presentaciones periodísticas ponderadas y equilibradas, otras amplificadas, llenas de preconceptos y hasta odio.


¡Es curiosa la poca noticia y desinterés por miles y miles de sacerdotes que se consumen por millones de niños, por los adolescentes y los más desfavorecidos en los cuatro ángulos del mundo! Pienso que a vuestro medio de información no le interesa que yo haya tenido que transportar, por caminos minados en el año 2002, a muchos niños desnutridos desde Cangumbe a Lwena (Angola), pues ni el gobierno se disponía y las ONG’s no estaban autorizadas; que haya tenido que enterrar decenas de pequeños fallecidos entre los desplazados de guerra y los que han retornado; que le hayamos salvado la vida a miles de personas en México mediante el único puesto médico en 90.000 km2, así como con la distribución de alimentos y semillas; que hayamos dado la oportunidad de educación en estos 10 años y escuelas a más de 110.000 niños...


No es de interés que con otros sacerdotes hayamos tenido que socorrer la crisis humanitaria de cerca de 15.000 personas en los acuartelamientos de la guerrilla, después de su rendición, porque no llegaban los alimentos del Gobierno y la ONU. No es noticia que un sacerdote de 75 años, el P. Roberto, por las noches recorra las ciudad de Luanda curando a los chicos de la calle, llevándolos a una casa de acogida, para que se desintoxiquen de la gasolina, que alfabeticen cientos de presos; que otros sacerdotes, como P. Stefano, tengan casas de pasaje para los chicos que son golpeados, maltratados y hasta violentados y buscan un refugio.


Tampoco que Fray Maiato con sus 80 años, pase casa por casa confortando a los enfermos y desesperados. No es noticia que más de 60.000 de los 400.000 sacerdotes, y religiosos hayan dejado su tierra y su familia para servir a sus hermanos en una leprosería, en hospitales, campos de refugiados, orfanatos para niños acusados de hechiceros o huérfanos de padres que fallecieron con Sida, en escuelas para los más pobres, en centros de formación profesional, en centros de atención a cero positivos… o sobretodo, en parroquias y misiones dando motivación a la gente para vivir y amar.


No es noticia que mi amigo, el P. Marcos Aurelio, por salvar a unos jóvenes durante la guerra en Angola, los haya transportado de Kalulo a Dondo y volviendo a su misión haya sido ametrallado en el camino; que el hermano Francisco, con cinco señoras catequistas, por ir a ayudar a las áreas rurales más recónditas hayan muerto en un accidente en la calle; que decenas de misioneros en Angola hayan muerto por falta de socorro sanitario, por una simple malaria; que otros hayan saltado por los aires, a causa de una mina, visitando a su gente. En el cementerio de Kalulo están las tumbas de los primeros sacerdotes que llegaron a la región…Ninguno pasa los 40 años.


No es noticia acompañar la vida de un Sacerdote “normal” en su día a día, en sus dificultades y alegrías consumiendo sin ruido su vida a favor de la comunidad que sirve.


La verdad es que no procuramos ser noticia, sino simplemente llevar la Buena Noticia, esa noticia que sin ruido comenzó en la noche de Pascua. Hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece.


No pretendo hacer una apología de la Iglesia y de los sacerdotes. El sacerdote no es ni un héroe ni un neurótico. Es un simple hombre, que con su humanidad busca seguir a Jesús y servir a sus hermanos. Hay miserias, pobrezas y fragilidades como en cada ser humano; y también belleza y bondad como en cada criatura…


Insistir en forma obsesionada y persecutoria en un tema perdiendo la visión de conjunto crea verdaderamente caricaturas ofensivas del sacerdocio católico en la cual me siento ofendido.


Sólo le pido amigo periodista, busque la Verdad, el Bien y la Belleza.


Eso lo hará noble en su profesión.


En Cristo,


P. Martín Lasarte sdb



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Foto del P. Martín Lasarte sdb. Agradecemos a Ivonne Bernui por compartirnos esta carta.


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Jubileo de las 40 Horas

Turnos de Adoración Eucarística - Año 2010
DICIEMBRE


1 - 2
Parroquia de Nuestra Señora del Carmen. Av. Arica 505, San Miguel.

3 - 4 - 5
Iglesia de la Santísima Trinidad. Jr. Cuzco 340, Lima.

6 - 7 - 8
Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús.Jr. Grau, Magdalena.
Parroquia de San Francisco de Paula. Francisco Pizarro 620, Rímac.

9 - 10 - 11
Parroquia del Corazón de María. 1º de Julio 523, Magdalena.
Parroquia San Francisco Solano. Psj. Madrid s/n 5 Av. Alcázar, Rímac.

12 - 13 - 14
Monasterio Santa Rosa de Santa María. Miró Quesada 605, Lima.

15 - 16 - 17
Gruta de Lourdes. Nicolás de Piérola 1400, Cercado.

18 - 19 - 20
Parroquia de San Pedro. Jr. Azángaro 451, Lima

21 - 22 - 23
Parroquia El Sagrario de Lima. Plaza de Armas de Lima.
Jesús Hostia. Bellavista 170, Miraflores.

24 - 25 - 26
Monasterio de Santa Clara. Jr. Jauja 449, Lima.

27-28-29
Iglesia de los Sagrados Corazones. Plaza Francia, Lima.

30-31
Basílica del Rosario. Jr. Camaná 170, Lima.



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Fuente: "Jubileo de las 40 Horas, Año 2010". Arzobispado de Lima.

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Para enterarnos más sobre el Jubileo, visitemos las anteriores publicaciones:

Indulgencia Plenaria
Oración expiatoria, suplicante y eucarística
Raíces bíblicas y de la Tradición.
Tiempos difíciles.
Extensión de la devoción.
La devoción en nuestra patria.

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Ofrecimiento Diario - Intenciones para el mes de Diciembre



APOSTOLADO
DE LA
ORACIÓN

INTENCIONES PARA EL MES DE
DICIEMBRE




Ofrecimiento Diario

Ven Espíritu Santo, inflama nuestro corazón en las ansias redentoras del Corazón de Cristo, para que ofrezcamos de veras nuestras personas y obras, en unión con él, por la redención del mundo.

Señor mío y Dios mío Jesucristo:

Por el Corazón Inmaculado de María me consagro a tu Corazón y me ofrezco contigo al Padre en tu santo sacrificio del altar; con mi oración y mi trabajo, sufrimientos y alegrías de hoy, en reparación de nuestros pecados y para que venga a nosotros tu reino.

Te pido en especial por las intenciones encomendadas al Apostolado de la Oración.


Por las Intenciones del Papa

Intención General:

Para que la experiencia del sufrimiento sea ocasión para comprender las situaciones de malestar y de dolor de las personas solas, enfermos y ancianos, y estimule a todos a salir a su encuentro con generosidad.




Intención Misional:

Para que los pueblos de la tierra abran las puertas a Cristo y a su Evangelio de paz, fraternidad y amor.







Por las intenciones de la Conferencia Episcopal Peruana


Para que los novios se preparen mejor a un matrimonio santo y feliz hasta la muerte, mediante oportunos cursos que los capaciten para su misión de esposos y padres de familia cristiana.







Personas solas, enfermos y ancianos

“... Me parece que todos nosotros -siempre en un mundo que vive de activismo, de juventud, de ser joven, fuerte, hermoso, de lograr hacer grandes cosas- debemos aprender la verdad del amor que se convierte en pasión y precisamente así redime al hombre y lo une a Dios amor...Quiero dar las gracias a todos los que aceptan el sufrimiento, a los que sufren con el Señor. Y quiero animar a todos a tener un corazón abierto a los que sufren, a los ancianos, para comprender que precisamente su pasión es una fuente de renovación para la humanidad y crea en nosotros amor, nos une al Señor. Pero, al final, siempre es difícil sufrir... Un mensaje fundamental del cristiano, que viene de la teología de la cruz: que el sufrimiento, la pasión, es presencia del amor de Cristo, es desafío para nosotros a unirnos a su Pasión...” (Benedicto XVI Con el Clero de Bolzano-Bresssanone. 6.8.2008. Extracto)

Paz, Fraternidad y Justicia

“... La globalización abate ciertas barreras, pero esto no significa que no se puedan construir otras nuevas; la globalización acerca los pueblos, pero la proximidad en el espacio y en el tiempo no crea de suyo las condiciones de suyo las condiciones para una comunión verdadera y una auténtica paz. La marginación de los pobres del planeta sólo puede encontrar instrumentos válidos de emancipación en la globalización si todo hombre se siente herido por las injusticias que hay en el mundo y por las violaciones de los derechos humanos vinculados a ellas. La Iglesia, que es “signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano”, continuará ofreciendo su aportación para que se superen las injusticias e incomprensiones, y se llegue a construir un mundo más pacífico y solidario...” (Benedicto XVI. Jornada Mundial de la Paz. 8.12.2008. Extractos).

Aparecida - Misión Continental

“Una pastoral social... presente en las nuevas realidades de exclusión y marginación que vivien los grupos más vulnerables, donde la vida está más amenazada...” (n 401)”.


Eucaristía

Misa por los enfermos . (misal romano).

Palabra de Dios

1 Timoteo 2,1-13. El sentido del sufrimiento del apóstol.
Mateo 8, 1-17. Jesús sana a los enfermos.
Lucas 19, 1-10. Zaqueo recibe a Jesús en su casa y cambia de vida.

Reflexionemos

Sobre personas conocidas que han sabido dar sentido a su sufrimiento ¿Cómo nos hemos comportado ante el sufrimiento?
Sobre el sentido cristiano de la Navidad.

Invitación

A participar de la Misa dominical de 11:00 AM en la Parroquia de San Pedro y a acompañarnos en las reuniones semanales a las 12:00PM en el claustro de la parroquia, todos los domingos. Asimismo, invitamos a la Misa de los primeros viernes de cada mes en Honor al Sagrado Corazón de Jesús, a las 7:30 PM en San Pedro.



P. Antonio Gonzalez Callizo S.J.
Director Nacional del Apostolado de la Oración (AO)
Parroquia San Pedro



Visítenos en:

http://formacionpastoralparalaicos.blogspot.com/ Etiqueta del Apostolado de la Oración
http://www.apostlesshipofprayer.net/http://www.jesuitasperu.org/ Apostolado parroquial
http://www.sanpedrodelima.org/

¡ADVENIAT REGNUM TUUM!
¡Venga a nosotros tu reino!

Apostolado de la Oración


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Homilía: Domingo 34º T.O. (C), Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo






Lecturas: 2Sam 5,1-3; S 121; Col 1,12-20; Lc 23,35-43

Éste es el Rey
P. José R. Martínez Galdeano, S.J.

Ya saben Ustedes que el culto de la Iglesia se ordena de modo que a lo largo del espacio de un año se vayan reviviendo en la misa los misterios fundamentales de la obra de Cristo. No se trata sólo de recordarlos para que la memoria no los olvide, sino sobre todo de revivirlos para que, estando vivos, actúen constantemente en nosotros y nos vayamos transformando más y más en Cristo. Hoy es el último domingo de ese año litúrgico. El domingo que viene comenzamos el nuevo con el tiempo llamado del “adviento”, palabra latina que significa “llegada” y que da el nombre a este tiempo, porque prepara para la “llegada” de Cristo en la Navidad.

Hoy es el domingo último del año litúrgico. Y no llegamos cansados por el esfuerzo, sino celebrando una gran fiesta porque (así lo espera la Iglesia) hemos escalado con la ayuda de Dios una altura importante; porque nos encontramos más fuertes, más iluminados, con más gracia después de un año de camino de la mano de Dios. Hoy celebramos la solemnidad de Cristo Rey del universo, centro de toda la realidad, ideal de nuestra existencia, vida y plenitud completa de todas nuestras aspiraciones y posibilidades. Es de esperar que hoy Cristo sea y esté más en nosotros que hace un año; queremos dar gracias al Padre por ello y renovar nuestro entusiasmo, continuando el esfuerzo, lo que será el premio mejor.

El Papa Benedicto XVI recuerda con frecuencia que todo empieza con un acontecimiento, el encuentro con Jesús. Suele ser con frecuencia en un momento inesperado. En la cruz y a la hora de la muerte lo tuvo el buen ladrón. Yo estoy seguro —ya se lo expliqué— de que Ustedes tuvieron ya en la vida ese encuentro y es posible que se les repita con más o menos frecuencia. En rigor Dios siempre está cerca y, apenas avivemos la fe, la nube se disipa y notamos el calor de su amor que entra en el alma.

Maldecía el mal ladrón a Jesús atribuyéndole la culpa de su muerte y le exigía la vida en este mundo para creer; de arrepentimiento y fe no tenía ni una gota. Al buen ladrón, por el contrario, le indigna por impía tal actitud; él reconoce su propio pecado y la justicia de lo que sufre; más aún cree en la inocencia de Jesús y en su divinidad y pide lo que nosotros, pecadores, tendríamos por poco, un recuerdo: “Acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”.

La respuesta de Jesús: “Te lo aseguro; hoy estarás conmigo en el paraíso” convalida la conversión del primer pecador ante Cristo muriendo en la cruz. El hecho confirma la verdad fundamental sobre la muerte de Cristo, que la Iglesia recuerda tantas veces y que hoy hemos vuelto a escuchar: “que por él (por Cristo crucificado) quiso (el Padre) reconciliar consigo todos los seres (a los hombres en primer lugar) haciendo la paz por la sangre de su cruz”.

De Cristo en la cruz un cartel decía brevemente quién era y por qué había sido condenado: “Este es el rey de los judíos”. Estaba escrito en las tres lenguas que allí se hablaban, para que lo conociesen todos. Pilatos tercamente no quiso cambiarlo. Sin saberlo proclamaba a todo el mundo que aquel hombre por la cruz alcanzaba para todos la salvación que había sido prometida por Dios a Abrahán y su descendencia, abriéndoles las puertas del reino de su Padre.

En esa cruz Cristo ha glorificado al Padre y ha sido glorificado por Él (Jn 17,1). Y en la cruz y por la cruz somos glorificados cada uno de sus seguidores. En Cristo crucificado se centra y concentra lo esencial de la fe. En Cristo crucificado obtenemos el perdón de los pecados y de su corazón abierto por la lanzada brotan para nosotros el agua y la sangre que nos purifican y nos dan la vida de Jesús, que nos hace capaces de practicar el amor para con Dios y con el prójimo. Por eso debemos decir como San Pablo: “No quiero saber otra cosa que a Jesucristo y a Cristo crucificado” (1Co 2,2).

Insiste sobre ello el mismo Papa Benedicto XVI: “El Cristianismo no es un lote sumamente complejo de muchos dogmas cuya totalidad nadie puede abarcar; no es algo destinado únicamente a los académicos capaces de estudiar esos temas, sino que es algo sencillo: Dios existe y se nos hace próximo en Jesucristo” (Ecclesia 10 de nov. 07). Él y sólo Él es el camino la verdad y la vida.

Por eso al final del año preguntémonos seriamente si Cristo crucificado es hoy más importante para mí. ¿El amor a Cristo me mueve y motiva más? ¿Conozco más a Cristo y sus opiniones pesan más en mi vida? Al acudir al sacramento de la confesión, hay que evaluarse desde aquí. Es a Cristo misericordioso al que encontramos en ese momento. ¿Supimos encontrarlo en nuestra familia, trabajo, los pobres, el trabajo, la oración, misma eucaristía? Porque en la misma misa no se participa bien si no se la vive con Cristo.

Al pie de la cruz Jesús moribundo para María lo era todo y también para Juan y las mujeres. La cruz vivida junto a María es la gran llave para que el misterio de Jesús se nos revele como al centurión: “Verdaderamente este hombre era Dios” (Mc 15,39), era y es, y sigue siendo la verdad, la vida y la resurrección (Jn 11,25; 14,6).
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Jesucristo Rey del Universo



P. Adolfo Franco, S.J.


Reflexión de la Solemnidad de Cristo Rey
Lucas 23, 35-43


La cruz, como texto para hablar de Cristo Rey. No hay mejor texto que éste; paradoja que atrae y desconcierta.




Para esta fiesta de Cristo Rey, hoy leemos ese párrafo de San Lucas en que se nos presenta al Rey Crucificado que lleva al buen ladrón a su Reino. Y no es que la Iglesia busque el contraste y la paradoja, sino que nos presenta en la crucifixión del Señor la verdad de su realeza. El título de la cruz: “Jesús Nazareno Rey de los Judíos” expresa una gran verdad y que se realiza en ese momento preciso de la crucifixión y muerte de Jesús.

Siempre imaginamos al rey, como un personaje vestido con una capa de armiño que arrastra al caminar, con una corona de oro con piedras preciosas deslumbrantes, y que se sienta en un trono elevado de marfil, para desde ahí mirar con superioridad a todos los que se acercan a suplicarle. Qué diferente es Jesús, un Rey desnudo, con corona de espinas y colgado en la Cruz. Y evidentemente es Jesús el que realiza la verdadera realeza, porque no son sus atributos externos, sino su corazón el que atrae a todos a su reino. Jesús nos dice así que la realeza consiste en lo que se tiene en el corazón, no en los adornos que uno se pone.

Jesucristo es Rey, es el Alfa y la Omega, es el punto a donde apunta la evolución de toda la creación, es el Primogénito de toda creatura, es el modelo de toda la creación, sin El nada ha sido hecho de todo lo que ha sido hecho. La realeza de Cristo que celebramos es ésta que nos describen los escritores sagrados, con esas fecundas palabras.

Hacia El apunta todo, todo se justifica en El. Me atrevería a decir que es el Centro Planetario del Cosmos. Entonces el ser Rey en Jesús, es el ser la meta de todo, el centro al que todos debemos ser atraídos, nuestro ideal, la aspiración máxima de todo lo creado, y especialmente del ser humano, el príncipe del creación. Sólo en Cristo tenemos explicación y sentido los seres humanos.

Nos dicen también los textos sagrados que El es la Cabeza del Cuerpo que es la Iglesia: la Iglesia tiene sentido si aspira a Cristo, si lleva a todos hacia esa única meta, que le da vida, consistencia y sentido.

Y también la consideración de Cristo Rey, debe merecer una reflexión personal, no sólo doctrinal. Cada uno de nosotros tiene en su corazón una aspiración personal, tenemos encerrados un conjunto de ideales, una inspiración, el sueño de llegar a ser lo mejor de nosotros mismos. Algunas veces nos ponemos a soñar y nos idealizamos. Todo ese mundo interior de impulsos elevados, de ideales, de deseos de subir y de aspirar a la cumbre, está señalando un Modelo, un Horizonte una Meta, está señalando un Corazón: el Corazón de Jesús traspasado por nosotros en el momento de la salvación.

Jesús Rey, El es nuestra meta, hacia El deben marchar nuestros pasos y nuestros esfuerzos. El es el modelo según el cual fuimos creados, y esa es la obra que debemos construir con nuestra entrega y la gracia de Dios. Debemos configurarnos con Cristo; El está puesto allá arriba y decía cuando empezaba su predicación: “cuando sea elevado sobre la tierra (alude a la Cruz) atraeré a todos hacia mí”.

Mirarlo a El clavado en la cruz, debe producir en nosotros la atracción. Sin embargo, al mirarlo crucificado, nos es difícil aceptarlo como modelo. Pero ahí está nuestro Rey, y sin El no tenemos ni horizonte, ni sentido. San Pablo llega a decir: vivo yo, ya no soy quien vive, es Cristo quien vive en mí. Así Cristo se convierte de hecho para mí en lo que es: Mi Rey; porque se apodera de mi vida e invade mi corazón. Y así la aspiración constante de nuestra conducta debe ser la misma que también San Palo enunciaba al decir, que debemos tener los mismos sentimientos de Cristo Jesús.

Es Rey, es el centro, el punto de convergencia de todas las aspiraciones, de la creación entera: el punto de llegada perfecto de todo lo que Dios Creador ideó, Es el punto hacia donde marcha y la meta adonde quiere llegar la Iglesia, el Pueblo de los rescatados. Y es para cada individuo el ideal máximo al que quiere acercarse cada vez más. Eso es lo que nos expresa esta fiesta de Cristo Rey, y lo que nos manifiesta ese Rey que se nos manifiesta clavado en la Cruz.+



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Agradecemos la P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.

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