El Señor de los Milagros, el P. Francisco Del Castillo y el terremoto de 1655

 


EL MURO QUE RESISTIÓ

La historia del Señor de los Milagros se remonta al siglo XVI, envuelta en misterio y leyenda. Se dice que fue pintado en una pared de adobe por un esclavo angoleño en Perú, no se ha confirmado quién fue el autor exacto de esta emblemática obra, aunque algunos identifican al esclavo africano Pedro Dalcón al autor, quien habría hecho la pintura. La primera aparición registrada de la imagen data de 1651 en el barrio de Pachacamilla, a la que más tarde se añadieron figuras de Dios Padre, María y María Magdalena. Se le llamó a la pintura como Cristo Moreno por la devoción de fieles de piel oscura, reflejada en las representaciones de tez morena que se hicieron durante años.

El sábado 13 de noviembre de 1655 a las 2:30 de la tarde ocurrió un gran terremoto en la Ciudad de Lima, para muchos el más terrible y espantoso que ha padecido jamás la ciudad hasta ese tiempo; el sismo alcanzó suma violencia e intensidad sobre todo en el puerto del Callao. Por su intensidad, este terremoto destruyó la gran mayoría de las edificaciones en la ciudad de Lima; sin embargo, el muro donde se encontraba la imagen pintada de Cristo crucificado se mantuvo en pie, siendo una señal de fe muy significativa.

Asimismo, el fuerte terremoto de 1687, que causó la destrucción de la ciudad, no pudo derribar el muro del Cristo de Pachacamilla. Es en este año en que, a consecuencia de este acontecimiento que mantuvo la fe de los limeños, como un acto de fe y súplica tras el devastador sismo, se inició la tradición de sacar en procesión una réplica de la imagen del muro de Pachacamilla. Se dice que el impulsor de la procesión fue el devoto español Sebastián de Antuñano y Ribas quien mandó hacer una copia de la imagen original pintada en el muro de Pachacamilla para sacarla en andas por las calles, tradición que se mantiene hasta nuestros días.


EL P. FRANCISCO DEL CASTILLO Y EL TERREMOTO DE 1655

El P. Francisco Del Castillo vivió el gran terremoto de 1655 donde quedó en pie el muro de Pachacamilla por primera vez, con la imagen del Cristo crucificado. Este terremoto afectó tanto a las viviendas como a los templos, así quedó en ruinas la iglesia de la Compañía de Jesús del Callao y murió bajo los escombros un colaborador. Al cabo de pocos días se vino al suelo en Lima una parte de la iglesia de San Francisco. Por este motivo, por necesidad o precaución los habitantes de muchas casas pasaban las noches en las plazas de la ciudad donde levantaban precarios pabellones y tiendas de campaña. En la Plaza Mayor, enfrente de la Catedral, se improvisó una enramada bajo la cual se celebraban por un tiempo los oficios religiosos, no atreviéndose a tenerlos dentro de las iglesias por temor a nuevos temblores. Francisco del Castillo no dejó de asistir con su palabra y su actitud a una población atribulada. Desde una mesa arrimada a los pilares del Portal de Escribanos, ubicado en una de las esquinas de la Plaza Mayor de Lima, invitaba a los limeños a orar con humilde contrición y arrepentimiento. Su prédica obró numerosas conversiones.

Al día siguiente del gran terremoto del año 1655 -esto es, el domingo 14 de noviembre- se llevó una procesión se llevó en procesión la imagen de Cristo crucificado desde la capilla de Desamparados hasta la Catedral, con acompañamiento de mucha gente. El 17 celebró una misa de campaña el sacerdote de la Catedral Juan de Cabrera, con asistencia del virrey Conde de Alba de Liste, del arzobispo, autoridades y enorme concurso de fieles. Francisco predicó elocuentemente, tomando el argumento del libro de Jonás. Instó al pueblo a la conversión, exhortó a abandonar la vida de pecado y a suplicar el perdón por la intersección de la Virgen María. Invitó a todos a hacer un ayuno general el sábado 20; a concurrir el domingo 21 por la mañana en la misa de comunión y por la tarde a la procesión de penitencia; y a continuar por espacio de nueve días las redongativas y plegarias. Esta triple invitación la hizo suya el arzobispo Villa Gómez, quien promulgó el edicto respectivo en orden a impetrar el favor divino. El aval del prelado muestran, por una parte, la confianza que él inspiraba el talante apostólico del jesuita, y por otra el influjo y aceptación popular de quien ya era considerado el Apóstol de Lima.

En la misa del domingo 21 asistió muchísima gente y sólo de la Compañía de Jesús se hicieron presente unos 20 sacerdotes para escuchar las innumerables confesiones. Celebró la Eucaristía el arzobispo Villagómez en el altar que se armó debajo del toldo de la Plaza Mayor. Comulgaron el Virrey, la audiencia y las autoridades primero antes que la muchedumbre. 

La procesión -por la tarde de ese mismo domingo- congregó otra vez a enorme cantidad de gente. Algunos recorrieron el trayecto a pie descalzo, con soga a la garganta y cruces al hombro, acompañando así al Santísimo Crucifijo de la ermita de Desamparados.

Estos o parecidos actos de penitencia colectiva se renovaron casi nueve años después, con ocasión del terremoto que azotó la villa de Ica en la madrugada del 12 de mayo de 1664. Y como se mencionó, desde el terremoto de 1687, con la réplica de la imagen del muro de Pachacamílla, el Señor de los Milagros.

La festividad del Señor de los Milagros se extiende durante casi todo el mes de octubre, el 18 de octubre se destaca como el día central de esta celebración. Este día ganó especial relevancia en 2010, cuando el Cristo de Pachacamilla fue proclamado como el patrono de la religiosidad y espiritualidad católica en el Perú. La proclamación, realizada mediante una resolución oficial del Gobierno, ocurrió precisamente un 18 de octubre, esto marcó un momento trascendental en la devoción nacional.



Para acceder al Especial sobre el P. Francisco Del Castillo, jesuita



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Referencia bibliográfica: 

Francisco Del Castillo, El Apóstol de Lima. P. Armando Nieto Vélez S.J. Pontificia Universidad Católica del Perú. Fondo Editorial 1992.

Imagen tomada de SEÑOR DE LOS MILAGROS “Guarda y custodia desta ciudad”. Munilibros - Municipalidad de Lima. 2019.





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