Los escritos de San Pablo: Su Teología - La respuesta del hombre a la iniciativa de Dios



P. Ignacio Garro, S.J.
SEMINARIO ARQUIDIOCESANO DE AREQUIPA

TEOLOGÍA DE SAN PABLO - 7° ENTREGA

13. LA RESPUESTA DEL HOMBRE A LA INICIATIVA DE DIOS

La salvación que el Padre realiza enviando a su Hijo y al Espíritu da al hombre la posibilidad de convertirse en "nueva criatura", de vivir de una manera diferente, de producir los frutos del Espíritu, Gal 5, 22-23: “En cambio el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, modestia, dominio de sí, contra tales cosas no hay ley”.

La nueva existencia del cristiano la resume Pablo señalando que el hombre redimido se relaciona de manera diferente con Dios, con el prójimo y con el mundo.  La fe abre al cristiano a la vida de Dios que se le comunica; la caridad, por medio de la cual actúa la fe, Gal 5, 6: “Porque siendo de Cristo Jesús ni la circuncisión ni la incircuncisión tienen eficacia, sino la fe que actúa por la caridad”; lo relaciona con los hombres como hermanos;  la esperanza y la libertad lo sitúan frente al mundo y a la historia de su peregrinación hacia Dios y le dan el dinamismo para el esfuerzo transformador y la fidelidad perseverante en el cumplimiento de las exigencias de Dios.

13.1. LA FE COMO PRINCIPIO DE JUSTIFICACIÓN

En Pablo la fe tiene el sentido veterotestamentario de apertura a una persona con confianza y seguridad plenas, Gal 2, 20: “y, vivo, pero no vivo, sino que es Cristo quien vive en mí; la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí”.

La fe es una entrega obediente a Dios después de haber escuchado la palabra del Evangelio, Rom 10, 9-11: “Porque si confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre lo muertos, serás salvo. Pues con el corazón se cree para conseguir la justicia, y con la boca se confiesa para conseguir la salvación”; y en Rom 1, 5: “por quien recibimos la gracia del apostolado para predicar la obediencia de la fe a gloria de su nombre entre todos los gentiles”; y en Rom 16, 26: “pero manifestado al presente por las Escrituras que lo predicen por disposición del Dios eterno, dado a conocer a los gentiles para obediencia de la fe”; y en 1 Tes 2, 13: “De ahí que también de nuestra parte no cesamos de dar gracias  a Dios porque, al recibir la Palabra de Dios que os predicamos la acogisteis, no como palabra de hombre, sino cual es en verdad, como Palabra de Dios, que permanece operante en vosotros los creyentes”.

Los principales puntos de la doctrina paulina sobre la fe son los siguientes:

  • La fe es el principio de la justificación. Por su medio nos reconciliamos con Dios, recibiendo la "justicia de Dios", como el Dios que salva, Rom 11, 20: “... mientras tú, por la fe te mantienes. ¡No te engrías!; más bien, teme”; y en Rom 1, 16-17: “Pues no me avergüenzo del Evangelio, que es una fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree, del judío primeramente, y también del griego”.
  • La fe, al igual que todo el proceso de salvación, es un don de Dios: Ef 2, 8: “Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros sino que es don de Dios”.
  • La fe hace posible la "nueva creación": 2 Cor 5, 17: “Por tanto, el que está en Cristo, es una nueva creación, pasó lo viejo todo es nuevo”;  y en Filp 3, 9-10: “Y ser hallado en Cristo, no con la justicia mía, la que viene de la Ley, sino la que viene por la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios, apoyada en la fe, y conocer a Cristo y el poder su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a él en su muerte”.
  • La fe libera; Gal 5,1: “Para ser libres nos libertó Cristo. Manteneos, pues, firmes y no os dejéis oprimir nuevamente bajo el yugo de la esclavitud”. Para liberarnos de la maldad y del pecado, Ef 2, 4-9: “Pero Dios, rico en misericordia por el gran amor con que nos amó, estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo – por gracia habéis sido salvados – y con Cristo nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús. Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe”.
  • La fe libra a Pablo de su vida anterior: “Pero lo que era para mí ganancia, lo ha juzgado una pérdida a causa de Cristo. Y más aún: juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas y las tengo por basura para ganar a Cristo”.
  • La fe libera de los otros elementos, Gal 4, 3. 8-9: “De igual manera, también nosotros, cuando éramos menores de edad, vivíamos como esclavos bajo los elementos del mundo ... Pero en otro tiempo, cuando no conocíais a Dios servíais a los que en realidad no son dioses. Más, ahora que habéis conocido a Dios, o mejor que él os ha conocido, ¿cómo retornáis a esos elementos sin fuerza ni valor, a los cuales queréis volver a servir de nuevo?”.
  • La fe nos da la filiación divina: , Gal 4, 4: “Pero al legar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la Ley y para que recibiéramos la filiación divina”.
  • La fe nos hace vivir como hijos en el Espíritu: “En efecto, todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Pues no recibisteis un espíritu de esclavos para recaer en el temor; antes  bien, recibisteis un espíritu de hijos que nos hace exclamar: ¡ABBA! Padre”, Rom 8, 14-17;  “Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. En efecto, todos los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo”, Gal 3, 26-27.
  • La fe se explicita en la aceptación de Cristo muerto y resucitado, sabiduría de Dios y absurdo y escándalo para los hombres, 1 Cor 1, 21-24: “De hecho como el mundo mediante su propia sabiduría, quiso Dios salvar a los creyentes mediante la necedad de la predicación. Así mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; mas  para los llamados lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios”. 1 Cor 2, 5: “para que vuestra fe se fundase, no en sabiduría de hombres, sino en el poder de Dios”.
  • La fe actúa por medio de la caridad, Gal 5, 6: “Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión ni incircuncisión tienen valor, sino solamente la fe que actúa por la caridad”.
  • La fe implica un llamado al servicio de amor hacia los demás, no es algo simplemente intelectual o teórico. La obra principal del Espíritu en el hombre es el amor, 1 Cor 13, 4-7: “La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta”. Pablo señala en Gal 5, 22: “En cambio el fruto del Espíritu es amor, alegría paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay Ley”,  pero esa obra comienza por la fe. Pablo insiste en la unión inseparable de la fe y el amor: Ef 1, 15: “Por eso yo al tener noticia de vuestra fe en el Señor Jesús y de vuestra caridad para con todos los santos”, y en Gal 3, 17, personaliza: “Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, para que arraigados y cimentados en el amor”. Y en 1 Tes 1, 3: “Tenemos presente ante nuestro Dios y Padre la obra de vuestra fe, los trabajos de vuestra caridad, y la paciencia en el sufrir que os da vuestra esperanza en Jesucristo nuestro Señor”.
  • La fe es convicción y seguridad que producen confianza: Rom 6, 8: “Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él, sabiendo que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, y que la muerte ya no tiene señorío sobre él”. En 2 Tim 1, 12: “Por este motivo estoy soportando estos sufrimientos; pero no me avergüenzo, porque yo se bien en quien tengo puesta mi fe, y estoy convencido de que es poderoso para guardar mi depósito hasta aquel Día”. Y en  Efes 3, 12: “quien, mediante la fe en él, nos da valor para llegarnos a Dios”.


Agradecemos al P. Ignacio Garro, S.J. por su colaboración.

Para acceder a las otras publicaciones de esta serie acceda AQUÍ.

Bautismo de Jesús

El P. Adolfo Franco, jesuita, nos comparte su reflexión sobre el Evangelio de la fiesta del Bautismo del Señor: "Hoy celebramos el misterio del bautismo de Cristo en el Jordán y agradecemos a Dios nuestro propio bautismo sacramental, con el cual fuimos hechos hijos de Dios." Escuche el audio o descárguelo en formato MP3. Acceda AQUÍ.

Los escritos de San Pablo: Su Teología - La nueva vida en Cristo

El P. Ignacio Garro, jesuita, en esta entrega nos muestra que San Pablo ya nos anunciaba que en Cristo tenemos una nueva vida: "de Él os viene que estéis en unión con Cristo Jesús. Al cual hizo Dios para nosotros sabiduría de Dios, justicia, santificación y redención". Este es el "Evangelio" de Pablo que nos presenta a Cristo quien vino para comunicarnos una vida nueva. Acceda AQUÍ.

Los Orígenes: Textos para leer y orar

Ahora que se concluyó las publicaciones sobre el Pentatéuco, el P. Fernando Martínez, jesuita, nos ofrece una guía para realizar la lectura de estos primeros cinco libros de la Biblia. El plan de lectura está propuesto para realizarlo en 28 días. Acceda AQUÍ.

Catequesis del Papa Francisco

Compartimos las últimas catequesis del Papa Francisco, en ellas inicia un ciclo dedicadas al Padre nuestro. Acceda en los siguientes enlaces:
Catequesis - Navidad: las sorpresas que a Dios le gustan. 19.12.18.
Catequesis sobre el "Padre Nuestro": 1. Enséñanos a orar. 05.12.18.
Catequesis sobre "Nuestro Padre": 2. Una oración que pide con confianza. 12.12.18.
Catequesis sobre "Nuestro Padre": 3. En el centro del discurso de la montaña. 02.01.19.
Catequesis sobre el "Padre Nuestro": 4. Llama y se te abrirá. 09.01.19.

Catequesis sobre el "Padre Nuestro": 4. Llama y se te abrirá.



PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL
Aula Pablo VI
Miércoles, 9 de enero de 2019



Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

La catequesis de hoy hace referencia al Evangelio de Lucas. De hecho, es sobre todo este Evangelio, desde los relatos de la infancia, el que describe la figura del Cristo en una atmósfera densa de oración. En él, están contenidos los tres himnos que marcan la oración de la iglesia cada día: el Benedictus, el Magnificat y el Nunc dimittis.

En esta catequesis sobre el Padre nuestro vamos adelante, vemos a Jesús como orante. Jesús reza. En el relato de Lucas, por ejemplo, el episodio de la transfiguración brota de un momento de oración. Dice así: «Mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó y sus vestidos eran de una blancura fulgurante» (9, 29). Pero cada paso en la vida de Jesús está inspirado por el soplo del Espíritu que lo guía en todas sus acciones. Jesús reza en el bautismo en el Jordán, habla con el Padre antes de tomar las decisiones más importantes, a menudo se retira en soledad para orar, intercede por Pedro, quien en breve lo negará. Dice así: «¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo; pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca» (Lucas22, 31-32). Esto consuela: saber que Jesús ora por nosotros, ora por mí, por cada uno de nosotros para que nuestra fe no falle. Y esto es verdad. «Pero, padre, ¿todavía lo hace?» Él todavía lo hace, delante del Padre. Jesús ora por mí. Cada uno de nosotros puede decirlo. Y también podemos decirle a Jesús: «Estás orando por mí, sigue orando porque lo necesito». Así: valientes. Incluso la muerte del Mesías está inmersa en una atmósfera de oración, de modo que las horas de la pasión aparecen marcadas por una calma sorprendente: Jesús consuela a las mujeres, ora por sus crucificadores, promete el paraíso al buen ladrón y respira diciendo: «Padre, en tus manos pongo mi espíritu» (Lucas 23, 45). La oración de Jesús parece amortiguar las emociones más violentas, los deseos de venganza y revancha, reconcilia al hombre con su enemigo acérrimo, reconcilia al hombre con este enemigo, que es la muerte.

Es siempre en el Evangelio de Lucas donde encontramos la petición, expresada por uno de los discípulos, de poder ser educados por el mismo Jesús en la oración. Y así dice: «Señor, enséñanos a orar» (Lucas 11, 1). Lo vieron rezando. «Enséñanos, también podemos decirle al Señor: Señor, estás orando por mí, lo sé, pero enséñame a orar, para que también yo pueda orar». De esta petición, «Señor, enséñanos a orar», nace una enseñanza bastante extensa, a través de la cual Jesús explica a las suyos con qué palabras y con qué sentimientos deben dirigirse a Dios.

La primera parte de esta enseñanza es precisamente el Padre Nuestro. Oren así: «Padre, que estás en el cielo». «Padre»: esa hermosa palabra para decir. Podemos quedarnos todo el tiempo de la oración solo con esa palabra: «Padre». Y sentir que tenemos un padre: no un padre autoritario o un padrastro. No: un padre. El cristiano se dirige a Dios llamándolo por encima de todo «Padre».

En esta enseñanza que Jesús da a sus discípulos, es interesante detenerse en algunas instrucciones que coronan el texto de la oración. Para darnos confianza, Jesús explica algunas cosas que insisten en las actitudes del creyente que reza. Por ejemplo, está la parábola del amigo impío, que molesta a toda la familia que duerme porque, de repente, una persona ha llegado de un viaje y no tiene pan que ofrecerle. ¿Qué le dice Jesús a este que toca a la puerta y despierta al amigo? «Yo os digo —explica Jesús— pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama se le abrirá» (Lucas 11, 9). Con esto él quiere enseñarnos a orar e insistir en la oración. E inmediatamente después da el ejemplo de un padre que tiene un hijo hambriento.

Todos vosotros, padres y abuelos, que estáis aquí, cuando el hijo o el nieto piden algo, tiene hambre, pide y pide, luego llora, grita, tiene hambre: «¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra?» (v. 11). Y todos vosotros tenéis la experiencia cuando el niño pide, vosotros le dais de comer y todo lo que pide por el bien de él. Con estas palabras, Jesús nos hace entender que Dios siempre responde, que ninguna oración quedará sin ser escuchada, ¿por qué? Porque es un Padre, y no olvida a sus hijos que sufren. Por supuesto, estas declaraciones nos ponen en crisis, porque muchas de nuestras oraciones parecen no obtener ningún resultado. ¿Cuántas veces hemos pedido y no hemos obtenido, todos lo hemos experimentado, cuántas veces hemos llamado y encontrado una puerta cerrada? Jesús nos insta, en esos momentos, a insistir y no rendirnos. La oración siempre transforma la realidad, siempre. Si las cosas no cambian a nuestro alrededor, al menos nosotros cambiamos, cambiamos nuestro corazón. Jesús prometió el don del Espíritu Santo a cada hombre y a cada mujer que reza.

Podemos estar seguros de que Dios responderá. La única incertidumbre se debe a los tiempos, pero no dudamos de que Él responderá. Tal vez tengamos que insistir toda la vida, pero Él responderá. Nos prometió: no es como un padre que da una serpiente en lugar de un pez. No hay nada más seguro: un día se cumplirá el deseo de felicidad que todos llevamos en nuestros corazones. Jesús dice: «Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche y les hace esperar?» (Lucas18, 7). Sí, él hará justicia, nos escuchará. ¡Qué día de gloria y resurrección será! Orar es ahora la victoria sobre la soledad y la desesperación. Rezar. La oración cambia la realidad, no la olvidemos. O cambia las cosas o cambia nuestros corazones, pero siempre cambia. Orar es ahora la victoria sobre la soledad y la desesperación. Es como ver cada fragmento de la creación hirviendo en el torpor de una historia que a veces no comprendemos el porqué. Pero está en movimiento, está en camino, y al final de cada camino, ¿qué hay al final de nuestro camino? Al final de la oración, al final de un tiempo en el que estamos rezando, al final de la vida: ¿qué hay allí? Hay un Padre que espera todo y espera a todos con los brazos abiertos. Miremos a este Padre.



Tomado de:
http://w2.vatican.va

Catequesis sobre "Nuestro Padre": 3. En el centro del discurso de la montaña.



PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL
Aula Pablo VI
Miércoles, 2 de enero de 2019



Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y también feliz año!

Continuamos nuestras catequesis sobre el «Padre nuestro», iluminados por el misterio de la Navidad que hemos celebrado hace poco.

El Evangelio de Mateo coloca el texto del «Padre nuestro» en un punto estratégico, en el centro del discurso de la montaña (cf. 6, 9-13). Mientras tanto, observemos la escena: Jesús sube la colina, cerca del lago, se sienta; a su alrededor tiene a su círculo de sus discípulos más íntimos y después una gran multitud de rostros anónimos. Es esta asamblea heterogénea la que recibe por primera vez la consigna del «Padre nuestro».

La colocación, como se ha mencionado, es muy significativa; porque en esta larga enseñanza, que lleva el nombre de «discurso de la montaña» (cf. Mateo 5, 1-7, 27), Jesús condensa los aspectos fundamentales de su mensaje. La introducción es como un arco decorado para la fiesta: las Bienaventuranzas. Jesús corona con felicidad una serie de categorías de personas que en su tiempo, —¡pero también en el nuestro!— no fueron muy considerados. Bienaventurados los pobres, los mansos, los misericordiosos, los humildes del corazón... Esta es la revolución del Evangelio. Donde está el Evangelio, hay revolución. El Evangelio no deja quietud, nos empuja: es revolucionario. Todas las personas capaces de amor, los operadores de paz que hasta entonces habían terminado en los márgenes de la historia, son, en cambio, los constructores del Reino de Dios. Es como si Jesús dijera: adelante vosotros, que lleváis en el corazón el misterio de un Dios que ha revelado su omnipotencia en el amor y en el perdón.

Desde este portal de entrada, que revierte los valores de la historia, surge la novedad del Evangelio. La Ley no debe ser abolida sino que necesita una nueva interpretación, lo que lo lleva de nuevo a su significado original. Si una persona tiene un buen corazón, predispuesto al amor, entonces entiende que cada palabra de Dios debe encarnarse hasta sus últimas consecuencias. La ley no debe abolirse, pero necesita una nueva interpretación que la reconduzca a su sentido original. Si una persona tiene un buen corazón, predispuesto al amor, entonces comprende que cada palabra de Dios debe estar encarnada hasta sus últimas consecuencias. El amor no tiene confines: se puede amar al propio cónyuge, al propio amigo y hasta al propio enemigo con una perspectiva completamente nueva. Dice Jesús: «Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos» (Mateo 5, 44-45)

He aquí el gran secreto que está en la base de todo el discurso de la montaña: sed hijos del Padre vuestro que está en los cielos. Aparentemente estos capítulos del Evangelio de Mateo parecen ser un discurso moral, parecen evocar una ética tan exigente que parece impracticable, y, en cambio, descubrimos que son sobre todo un discurso teológico. El cristiano no es alguien que se compromete a ser mejor que los demás: sabe que es pecador como todos. El cristiano sencillamente es el hombre que descansa frente al nuevo Arbusto Ardiente, a la revelación de un Dios que lo lleva el enigma de un nombre impronunciable, sino que pide a sus hijos que lo invoquen con el nombre de «Padre», que se dejen renovar por su poder y que reflejen un rayo de su bondad para este mundo tan sediento de bien, así en espera de buenas noticias.

He aquí, por lo tanto, cómo Jesús introduce la enseñanza de la oración del «Padre nuestro». Lo hace distanciándose de dos grupos de su tiempo. En primer lugar, los hipócritas: «No seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados, para ser vistos de los hombres» (Mateo 6, 5). Hay personas que pueden tejer oraciones ateas, sin Dios y lo hacen para ser admirados por los hombres. Y cuántas veces vemos el escándalo de aquellas personas que van a la iglesia y se quedan allí todo el día o van todos los días y luego viven odiando a los demás o hablando mal de la gente. ¡Esto es un escándalo! Mejor no ir a la Iglesia: vive así, como si fueras ateo. Pero si tú vas a la iglesia, vive como hijo de Dios, como hermano y da un verdadero testimonio, no un contratestimonio. La oración cristiana, en cambio, no tiene otro testigo más creíble que la propia conciencia, donde se entrecruza, intenso, un diálogo continuo con el Padre: «Cuando vayas a orar, entra en tu aposento y después de cerrar la puerta, ora a tu padre, que está allí en lo secreto» (Mateo 6, 6).

Luego, Jesús toma distancias de la oración de los paganos: «No charléis mucho: [...] se figuran que por su palabrería van a ser escuchados» (Mateo 6, 7). Aquí quizás Jesús alude a esa «captatio benevolentiae» que era la premisa necesaria de muchas oraciones antiguas: la divinidad tenía que ser algo sosegada por una larga serie de alabanzas, incluso de oraciones. Pensemos en esa escena del Monte Carmelo cuando el profeta Elías desafió a los sacerdotes de Baal. Gritaron, bailaron, pidieron tantas cosas para que su dios los escuchara. Y en cambio, Elías estaba callado y el Señor se reveló a Elías. Los paganos piensan que hablando, hablando, hablando, hablando, se reza. Y también pienso en muchos cristianos que creen que rezar es, —disculpadme—, «hablar con Dios como un loro». ¡No! La oración se hace desde el corazón, desde dentro. Tú, en cambio —dice Jesús— cuando reces, dirígete a Dios como un hijo a su padre, que sabe lo que necesita antes de pedírselo (Mateo 6, 8). Podría ser también una oración silenciosa, el «Padre nuestro»: en el fondo basta con ponerse bajo la mirada de Dios, acordarse de su amor de Padre y esto es suficiente para ser realizable.

Es hermoso pensar que nuestro Dios no necesita sacrificios para conquistar su favor. No necesita nada, nuestro Dios: en la oración pide solo que nosotros tengamos abierto un canal de comunicación con Él para descubrirnos siempre como hijos suyos amados. Y Él nos ama tanto.

Tomado de:
http://w2.vatican.va

Bautismo de Jesús



P. Adolfo Franco, jesuita. 

Lucas 3, 15-16.21-22.

Como la gente estaba expectante y andaban todos pensando para sus adentros acerca de Juan, si no sería él el Cristo, declaró Juan a todos: «Yo os bautizo con agua. Pero está a punto de llegar alguien que es más fuerte que yo, a quien ni siquiera soy digno de desatarle la correa de sus sandalias; él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.
Toda la gente se estaba bautizando. Jesús, ya bautizado, se hallaba en oración, cuando se abrió el cielo, bajó sobre él el Espíritu Santo en forma corporal, como una paloma, y llegó una voz del cielo: «Tú eres mi hijo; hoy te he engendrado.»
Palabra del Señor. 

Hoy celebramos el misterio del bautismo de Cristo en el Jordán y agradecemos a Dios nuestro propio bautismo sacramental, con el cual fuimos hechos hijos de Dios.

Este hecho de la vida de Cristo, su bautismo en el Jordán, tiene un gran significado, y la Iglesia nos lo pone en este domingo, con que se cierra el ciclo de Navidad, como complemento de la adoración de los Magos, como una nueva epifanía, o manifestación del Señor.

La narración escogida para este ciclo litúrgico es la de San Lucas. Primero no está de más recordar que el bautismo que Jesús recibió de Juan Bautista, no es el bautismo sacramento, que recibimos nosotros. Jesús es el que instituyó los siete sacramentos, y por tanto el bautismo de Juan Bautista no era el sacramento. Este rito del bautismo que Juan practicaba (y que se practicaba en otros grupos religiosos) era algo puramente simbólico y que expresaba la voluntad de arrepentimiento y era a la vez una súplica a Dios pidiendo pureza interior. Ciertamente sorprende que Jesús acudiera a recibir este tipo de bautismo junto con todos los hombres arrepentidos que acudían a Juan Bautista, como si El tuviera necesidad de esta purificación.

Otra cosa que destaca en esta narración es que Jesús se ponga por debajo de Juan Bautista, cosa que sorprende a éste mismo. Jesús recibiendo de otro (Juan Bautista) la gracia del bautismo de los pecadores. Todo esto muestra la sencillez de Cristo, su humildad, la realidad de la Encarnación (en todo semejante a nosotros excepto en el pecado), y muestra a la vez cuál sería el camino que El iba a seguir para obrar nuestra salvación; un camino de sencillez, sin ninguna búsqueda de brillo o de poder.

Aparte de esta manifestación del Jesús sencillo y humilde, hay en esta escena una manifestación del misterio de la Santísima Trinidad. Entre las novedades que nos trae la enseñanza de Jesucristo, una central es la plenitud de la revelación sobre Dios. En el A.T. hay una revelación progresiva de Dios, con algunas manifestaciones; pero ahora en el N.T. Cristo nos va a presentar la plenitud de la revelación de lo que es Dios: primero nos manifiesta a Dios  con lo que El es (Cristo es imagen visible del Dios invisible), y segundo con lo que El dice: Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo; Dios es amor. En esta escena tenemos una de las más claras revelaciones de la Trinidad, con presencia activa del Padre, que señala al Hijo y con el Espíritu en forma de paloma.

Este hecho de la manifestación de la Trinidad en el Bautismo de Jesús, podría entenderse como el paso ya de lo antiguo a lo nuevo: Juan Bautista va a dejar el paso a Jesús: lo viejo cede ante lo nuevo: “conviene que El crezca y que yo disminuya”. Con Cristo viene la plenitud de todo lo que antes estaba incoado; antes todo eran promesas, y ahora todo llega a su cumplimiento. Dios había estado enviando al mundo mensajeros, profetas, pero al llegar la plenitud de los tiempos nos ha enviado a su propio Hijo.

También en este momento comienza una nueva etapa de la vida de Jesús; ha acabado el silencio de la infancia, y ahora llega el momento de actuar. Treinta años de preparación silenciosa, van a dar paso a tres años de intensa labor. Con esta escena se le dice a Jesús que ha llegado el momento de manifestarse al mundo. Aquí es investido Jesús de su vocación misionera; ahora tendrá que transmitir el mensaje, tendrá que establecer el grupo de los doce, pondrá los fundamentos de la Iglesia que continuará su misión, deberá recorrer los caminos haciendo el bien y curando a todos de sus dolencias, y llegará a su culmen con el Misterio Pascual que El realizará en su totalidad, y que nos dejará en la riqueza sacramental de la Iglesia.

Y con esta riqueza sacramental nos dejará nuestro sacramento del Bautismo, que nos configura con Cristo. Porque la salvación consistirá básicamente en hacerse semejantes a Cristo, y con el Bautismo todos recibimos su sello, nos hacemos otros Cristos.

Ciertamente es una manifestación importante la que se realiza en el Bautismo de Cristo, y que completa la primera manifestación a los Magos venidos del oriente.




...

Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.
Para acceder a otras reflexiones del P. Adolfo acceda AQUÍ.


Ofrecimiento Diario - Orando con el Papa Francisco en el mes de ENERO 2019



APOSTOLADO DE LA ORACIÓN

INTENCIONES PARA EL MES DE ENERO



OFRECIMIENTO DIARIO

Dios, Padre nuestro, yo te ofrezco toda mi jornada: 
mis oraciones, pensamientos, afectos y deseos, palabras, obras, alegrías y sufrimientos en unión con el Corazón de tu Hijo Jesucristo que sigue ofreciéndose a Ti en la Eucaristía para la salvación del mundo.
El Espíritu Santo, que condujo a Jesús, me guíe y sea mi fuerza en este día para que pueda ser testigo de tu amor.
Con María, la Madre del Señor y de la Iglesia, pido especialmente por la intención del Papa para este mes:



Por la evangelización:
Los jóvenes en la escuela de María.

«Por los jóvenes, especialmente los de América Latina, para que, siguiendo el ejemplo de María, respondan a la llamada del Señor para comunicar al mundo la alegría del Evangelio. »





VÍDEO DEL PAPA
INTENCIONES DEL MES



ORACIÓN

Padre de bondad, te doy gracias por el entusiasmo y la alegría de los jóvenes. En ellos encuentro la capacidad de soñar, la generosidad y la fuerza para hacer de este mundo un lugar más pacífico y justo.
Derrama tu Espíritu Santo sobre nuestras comunidades, para que sean lugares de encuentro entre varias generaciones, unidas en la comunión contigo, celebrando tu presencia entre nosotros. Que el entusiasmo de los jóvenes sea, en tu Iglesia, motivo de un nuevo aliento misionero, marcado por la alegría, en particular entre los que más necesitan, los más pobres, desfavorecidos, los que perdieron la esperanza.
En este mes, te pido en particular por los jóvenes que participan en las Jornadas Mundiales de la Juventud en Panamá y por los frutos, para la Iglesia, de este gran encuentro. 
Amén.



PROPUESTA PARA EL MES

Participar en las Jornadas Mundiales de la Juventud, o en iniciativas que acompañan este evento, colaborando con lo que sea necesario para su organización y la divulgación de los frutos de este gran encuentro.
En la profunda conexión a María que caracteriza a la Iglesia de América Latina, promover la oración del Rosario en las propias comunidades, en particular el Rosario por la paz, promovido por Click To Pray.
Escuchar a los jóvenes y confiarles responsabilidades para la revitalización de la vida apostólica de sus comunidades locales, apoyándolos en sus expresiones de creatividad, en el espíritu de la Misión Continental.

Fuente: ClickToPray





PARA REFLEXIONAR SOBRE LA INTENCIÓN DEL PAPA PARA EL MES DE ENERO

La Alegría del Evangelio

P. José Enrique Rodríguez S.J.

Acceda AQUÍ





RECURSOS EN LA RED

A. Cada Primer Viernes en Youtube, se pude buscar "El Video del Papa".

B. "Click To Pray" es una aplicación para teléfonos inteligentes (iOS y Android) en donde puedes unirte cada día a la red Mundial de Oración del Papa. Descarga ClickToPray[App Store] [Google Play]

C. Para comunicarnos:
apostolado.oración.peru@gmail.com



Descargue el Afiche Orando con el Papa Francisco en el mes de ENERO 2019

Si desea contribuir con la difusión de las Intenciones del Papa Francisco para los desafíos de la humanidad, puede descargar el afiche para el mes de Enero (PDF A3):





Intención del Papa Francisco para el mes de Enero: Los jóvenes y el anuncio de la alegría del Evangelio



LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO

P. José Enrique Rodríguez, jesuita.
Párroco de San Pedro, Santuario Arquidiocesano del Sagrado Corazón de Jesús
Lima - Perú.

Por la evangelización: Los jóvenes en la escuela de María. 

«Por los jóvenes, especialmente los de América Latina, para que, siguiendo el ejemplo de María, respondan a la llamada del Señor para comunicar al mundo la alegría del Evangelio.»


En noviembre de 2013, el Papa Francisco entregó el primer documento de su pontificado, que empieza así: «La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría. En esta Exhortación quiero dirigirme a los fieles cristianos para invitarlos a una nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría, e indicar caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años.»


Tres ideas fundamentales:

  1. El cristianismo no es una lista de doctrinas que aprender, una serie de normas morales que cumplir, ni un conjunto de ceremonias en las que participar. Es el encuentro con Jesús de Nazaret, que está vivo y ofrece plenitud de vida y salvación a los creyentes.
  2. El encuentro con Cristo es fuente de la verdadera alegría y lleva nuestra existencia a una plenitud que nos desborda. Él no nos quita nada; nos da todo.
  3. Quien se ha encontrado con Cristo experimente el impulso a compartir con los demás esa experiencia y manera de  ser feliz. Todo cristiano verdadero es evangelizador, misionero.


Cuatro citas:

  1. "Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso". (n. 3)
  2. (Citando al papa Benedicto): «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva»". (n. 7)
  3. "Su centro y esencia [del anuncio cristiano] es siempre el mismo: el Dios que manifestó su amor inmenso en Cristo muerto y resucitado". (n. 11)
  4. "Todas las verdades reveladas proceden de la misma fuente divina y son creídas con la misma fe, pero algunas de ellas son más importantes por expresar más directamente el corazón del Evangelio. En este núcleo fundamental lo que resplandece es la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado". (n. 36)


Una referencia personal:

La letra de la cantata más conocida de J. S. Bach: “Jesús sigue siendo mi alegría, consuelo y bálsamo de mi corazón. Jesús me defiende de toda pena…; por eso no quiero dejar ir a Jesús fuera de mi corazón y de mi vista”. Que la alegría del encuentro en el corazón de Jesús nos acompañe todo el año.


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Agradecemos al P. José Enrique Rodríguez jesuita, por su colaboración.

Los escritos de San Pablo: Su Teología - La nueva vida en Cristo



P. Ignacio Garro, S.J.
SEMINARIO ARQUIDIOCESANO DE AREQUIPA

TEOLOGÍA DE SAN PABLO - 6° ENTREGA

12. LA NUEVA VIDA EN CRISTO

En 1 Cor 1, 30,  escribe Pablo: "de Él os viene que estéis en unión con Cristo Jesús. Al cual hizo Dios para nosotros sabiduría de Dios, justicia, santificación y redención”.

Este es el "Evangelio" de Pablo que nos presenta el acontecimiento del misterio de Cristo que vino a abrir al hombre nuevas perspectivas y horizontes,  más todavía a comunicarle una vida nueva.

12.1. ORIGEN DE ESA VIDA NUEVA

En los primeros versículos de la Carta a los Efesios encontramos una síntesis de los orígenes trinitarios de la vida nueva en Cristo: Ef 1, 3-14: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bienes espirituales, en los cielos, en Cristo. Por cuanto nos ha elegido en Él antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor; eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de su Hijo Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia con la que nos agració en el Amado. En Él tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia que ha prodigado sobre nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según el benévolo designio que en Él se propuso de antemano, para realizarlo en la plenitud de los tiempos: hacer que todo tenga a Cristo por cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra. A Él, por quien somos herederos, elegidos de antemano según el previo designio del que realiza todo conforme a la decisión de su voluntad para ser nosotros alabanza de su gloria, los que ya antes esperábamos en Cristo. En Él también vosotros tras haber oído la Palabra de la verdad, el Evangelio de vuestra salvación y creído también en Él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa”.

Pablo describe el maravilloso plan salvífico del Padre, que se reveló y se hizo realidad en Cristo y que se desarrolla en nosotros mediante la acción dinámica, vital y vivificante del Espíritu.


12.2. LA INICIATIVA DEL PADRE

Pablo da principio a su carta con una acción de gracias a Dios. Efes 1, 3-6: “Bendito sea Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bienes espirituales, en los cielos, en Cristo; por cuanto, nos ha elegido en él antes de  la fundación  del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor; eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de su Hijo Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia con la que nos agració en el Amado”.

Lo bendice por los beneficios que nos ha comunicado; por las bendiciones espirituales, que de Él vienen y a Él conducen.

A la base del plan de Dios esta un acto de su voluntad, del cual procede una decisión     caracterizada por la benevolencia.

El autor del plan es el Padre. Lo determina gratuitamente: "tuvo a bien salvar", 1 Cor 1, 21: “De hecho, como el mundo mediante su propia sabiduría no conoció a Dios en su divina sabiduría, quiso Dios salvar a los creyentes mediante la locura de la predicación”.

Al recordar Pablo la obra salvífica de Dios enumera: nuestra elección en Cristo desde la eternidad, Ef 1, 4: “por cuanto nos ha elegido en Él antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor”; nuestra vocación para ser hijos de Dios en Cristo, Ef 1, 5: “eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad”; y en Efes 1, 7: “En Él tenemos por medio de su sangre la redención,  la redención, el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia".

De acuerdo con eso, el plan de Dios supone:

  • “Elección”: acto de predilección de Dios que nos elige para ser santos, es decir, para comunicarse a nosotros.
  • “Predestinación”: en el sentido de vocación (llamado) infalible de Dios
  • “Justificación”: no por las obras sino por la fe
  • “Glorificación”: ya presente por el Espíritu.
  • Y esto para "alabanza de la gloria de su gracia".
El motivo último de la acción de Dios es su gloria, entendida como auto revelación de Dios  y la comunicación de Él mismo al hombre. Dios manifiesta su bondad y su amor y los comunica.

Pablo se refiere a todo esto cuando habla del: "previo designio", del Padre, ideado antes de la creación del mundo, Ef 1, 4: “por cuanto nos ha elegido en Él antes de la creación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor”; y en Efes 3, 9: “y esclarecer cómo se ha dispensado el misterio escondido desde siglos en Dios, creador del universo”.

12.3. LA ENCARNACIÓN DEL VERBO Y SU OBRA REDENTORA

Así en Efes 1, 7-10: “En Él tenemos por medio de su sangre la redención el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia que ha prodigado sobre nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad según el benévolo designio que Él se propuso de antemano para realizarlo en la plenitud de los tiempos; hacer que todo tenga a Cristo por cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra”.

Cristo es el Hijo de Dios, no solo en el sentido de su elección divina y su dedicación completa al plan redentor del Padre (así se entendía la formula "Hijo de Dios" en el mundo judío: una elección para una tarea), sino también por "ser de condición divina", Filp 2, 6.

Pablo aplica a Cristo el titulo de: “Kyrios” = “Señor de todas las cosas”, usado por los LXX para traducir el nombre de Yahvé. Con ese nombre quiere Pablo señalar el dominio actual de Jesús sobre los hombres en su condición de resucitado, Rom 10, 9: “Porque si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo”. Y en 1 Cor 12, 3: “Por eso os hago saber que nadie, movido por el Espíritu de Dios, puede decir: “¡Maldito sea Jesús”! y nadie puede decir: “¡Jesús es el Señor”! sino movido por el Espíritu Santo”. Y en Filip 2, 6-11: “El cual siendo de condición divina, no codició el ser igual a Dios sino que se despojó de sí mismo tomando condición de esclavo. Asumiendo semejanza humana y apareciendo en su porte como hombre, se rebajó a sí mismo, haciéndose obediente hasta a muerte y muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó y le otorgó el nombre sobre todo Nombre. Para que el nombre Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es el SEÑOR para gloria de Dios Padre”.

Jesucristo, Hijo de Dios, nos libera por su sangre (en el A.T. las alianzas se sellaban con sangre y expresaban el ofrecimiento voluntario de la vida), e inicia la Nueva Alianza. Ef 1, 7: “En Él tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia”.

La realización concreta de la obra redentora se realiza en la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, Rom 4, 25: “quien fue entregado por nuestros pecados, y resucitó para nuestra justificación”. Y en 1 Tes 4, 14: “porque si creemos que Jesús murió y que resucitó, de la misma manera Dios llevará consigo a quienes murieron en Jesús”. Y en Filp 2, 9-10: “Por eso Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos”.

No solo la muerte, sino también la resurrección tiene valor redentor, Rom 4, 25: “quien fue entregado por nuestros pecados, y resucito para nuestra justificación”. Y en Rom 10, 9: “Porque si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos serás salvo”. Igualmente en 1 Cor 15, 17: “Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; estáis todavía en vuestros pecados”.

Cristo, resucitado por el Padre, 1 Tes 1, 10: “y esperar así a su Hijo Jesús que ha de venir de los cielos, a quien resucitó de entre los muertos y que nos salva de  la ira venidera”. Y ha recibido del Padre el poder de una vida nueva que Él a su vez nos comunica, 2 Cor 13, 4-5: “Pues, ciertamente, fue crucificado en razón de su flaqueza, pero está vivo por la fuerza de Dios. Así también nosotros: somos débiles en Él, pero viviremos con Él por la fuerza de Dios sobre vosotros”.

Por la resurrección - ascensión Cristo recibe su exaltación gloriosa y comunica la vida, 1 Cor 15, 45: “En efecto, así como dice la Escritura: “Fue hecho el primer hombre, Adán, alma viviente; el último Adán, espíritu que da vida”.

Esta comunicación de la vida trae consigo la reconciliación con Dios, realizada por el mismo Padre a través de Cristo, que llega a ser nuestra paz, Ef 2, 14: “Porque Él es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro divisorio de la enemistad”; el perdón de los pecados, Col 1, 14: “en quien tenemos la redención, el perdón de los pecados”. Y en  Efes 1, 7: “en Él tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia”; en Cristo como nuevo propiciatorio, Rom 3, 25: “a quien exhibido Dios como instrumento de propiciación por su propia sangre, mediante la fe, para mostrar su justicia, habiendo pasado por alto los pecados cometidos anteriormente”; la redención de adquisición,1 Cor 1, 30: “De Él os viene que estéis en Cristo Jesús, al cual hizo Dios para nosotros sabiduría de Dios, justicia, santificación y redención”: y en  Efes 1,14: “que es prenda de vuestra herencia, para la redención del pueblo de su posesión, para alabanza de su gloria”; que no es otra cosa sino la liberación que Dios mismo hace de nosotros.

No solo somos redimidos sino que se nos comunican dones: sabiduría, en el sentido de conocimiento para la vida; conocimiento activo. Además de la sabiduría enumera Pablo en Ef, 1, 9: “dándonos a conocer el misterio de su voluntad según el benévolo designio que en Él se propuso de antemano”; inteligencia para tener un conocimiento más profundo y experiencial de la revelación del "misterio" de Dios.                                                     

Este misterio no es otra cosa que la realización de la salvación por la muerte y resurrección de Cristo, salvación a la que están llamados también los gentiles.

Este misterio se revela y se realiza en Gal 4: “Pero, al llegar la plenitud de los tiempos envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley”.

El misterio se explicita así: recapitular todas las cosas en Cristo: Efes 1,10: “para realizarlo en la plenitud de los tiempos: hacer que todo tenga a Cristo por cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra”.

Recapitular todas las cosas, se ha interpretado como:
  • Restaurar.
  • Poner a alguien como cabeza.
En esta interpretación, que preferimos, Cristo aparece como vínculo, como centro de todo el universo:
  • En su creación: todo fue creado por Él y para Él, Col 1,16: “porque en Él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, tronos, dominaciones, potestades: todo fue creado por Él y para Él”.
  • En su salvación (nueva creación): Él es el que redime.
  • Cristo es, por consiguiente, Cabeza de todas las cosas y da al universo y a todo lo que en él existe, sentido, valor, unidad y armonía.


12.4. LA PRESENCIA Y ACCIÓN DEL ESPÍRITU

Esta presencia del espíritu de Cristo es la fuerza de salvación del Evangelio, Efes 1, 13-14: “En Él también vosotros, tras haber oído la Palabra de la verdad, del Evangelio de nuestra salvación, y creído también en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es prenda de nuestra herencia, para la redención del pueblo de su posesión, para alabanza de su gloria”.

Esta salvación llega a todos, judíos y paganos, es el “misterio”, de Dios, Efes 2, 11-18: “Así que, recordad cómo en otro tiempo vosotros, los gentiles según la carne, ... estabais a la sazón lejos de Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel y extraños a las alianzas de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Más ahora, en Cristo Jesús, vosotros, los que en otro tiempo  estabais lejos, habéis llegado a estar cerca por la sangre de Cristo. Porque Él es nuestra paz, el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro divisorio de la enemistad, anulando en su carne la Ley con sus mandamientos y decretos, para crear en sí mismo, de los dos, un solo Hombre Nuevo, haciendo las paces, y reconciliar con Dios  a ambos en un solo cuerpo, por medio de la cruz, dando en sí mismo la muerte a la Enemistad. Vino a anunciar la paz; paz a vosotros que estabais lejos, y paz a los que estaban cerca. Por Él, unos y otros tenemos libre acceso al Padre en un mismo Espíritu”.

El plan divino se corona con el don del Espíritu, en el que somos sellados, Él nos es dado como "arras". Esto no indica solo una prenda, sino una posesión anticipada de la herencia.

Así nos convertimos en Pueblo de su posesión en el que Él se manifiesta comunicándonos su gloria.

La presencia y la acción del Espíritu llenan toda la vida del cristiano, al grado de que -como veremos más adelante- su vida se puede calificar de vida "en el Espíritu".



Agradecemos al P. Ignacio Garro, S.J. por su colaboración.

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