Jesús rechazado por los fariseos


P. Adolfo Franco, S.J.

Lucas 4, 21-30

Jesús rechazado y amenazado de muerte ya al comienzo de su predicación. Su entrega fue total y pasó por alto los peligros que siempre le acosaron.


El domingo pasado leíamos en la Misa la primera parte de la presentación de Jesucristo en la sinagoga de Nazaret. Hoy leemos la segunda parte de este mismo hecho, que cuenta la tragedia en que terminó esta presentación de Jesucristo en la sinagoga de su ciudad; no fue bien recibido, fue rechazado por los suyos. Jesucristo tiene su primera actuación apostólica en su tierra, en Nazaret. Y no le fue muy bien, pues sus paisanos reaccionaron furiosos, tanto que quisieron asesinarlo, arrojándolo a un barranco. ¿Qué es lo que pasó?

Ellos pensaron que podrían aprovecharse de este "hijo predilecto" del pueblo de Nazaret para su propio provecho. Todos estaban felices de que volviese, y que empezase su predicación en su sinagoga, la que él había visitado tantas veces cuando niño. Y ahí está convertido en adulto, y todos orgullosos de Él, y pensando en los beneficios que le podrían sacar.

Jesús siempre fue transparente, y no quiere que queden dudas de su actuación, de su forma de ver las cosas. Y por eso les dice claramente que no le van a poder manipular, y que no les podrá hacer ningún "signo", porque ellos no tienen el corazón preparado. Además Jesús no ha venido a realizar espectáculos, sino a suscitar la fe. Muchas veces nos acercamos a Dios, lo buscamos, pero no para entregarnos más a Él, para que nuestra fe en El crezca, sino para sacarle provecho. Esta es una tendencia frecuente y un peligro constante de nuestra relación con Dios.

Este choque con la doctrina de Jesús la tendrán muchos de sus contemporáneos, porque encontraron que El no contemporizaba con ninguna apariencia, con ninguna superficialidad, ni con la comodidad, ni con lo fácil. Para El obtener popularidad y recibir aplausos fáciles no era ninguna meta; más bien rechazaba todo eso; no le interesaba el populismo religioso. Ahí está el problema que muchos encontraron en la predicación de Jesús. Y Él fue lo suficientemente claro para que nadie dudase de qué es lo que enseñaba, y qué mensaje venía a traernos.

Los Apóstoles fueron los primeros sorprendidos cuando Jesús les planteó lo que significaba ser Mesías. No venía a buscar un triunfo humano, ni aplausos, ni una salvación política, ni nada por el estilo. Salvar a la humanidad era cumplir la voluntad del Padre hasta la Cruz. Y este era un lenguaje que escandalizó a los apóstoles, que quisieron disuadirlo. Ellos buscaron los lugares privilegiados junto a un supuesto triunfador de un reino de éxitos. Y Jesucristo les propone en su lugar beber del cáliz que Él tenía que beber (el cáliz de la Pasión).

Pero Él siguió adelante con su idea de cumplir el mandato del Padre hasta las últimas consecuencias. Había sufrido en carne propia la tentación, cuando el demonio lo tentó por tres veces en el desierto. Y esa tentación tuvo el mismo contenido: el éxito, el dominio, la comodidad. Y tres veces rechazó la propuesta del demonio; porque había venido no a cumplir su voluntad, sino la del Padre. Y cuando esto lo convierte en enseñanza, nos dice quiénes son los bienaventurados, o sea quiénes en verdad aciertan en la vida: los pobres, los que lloran, los perseguidos, los mansos. Que a Dios no se le adora con prácticas rituales, ni en un templo o en el otro, sino en espíritu y en verdad.

Y por atreverse a esto sus enemigos fueron llegando a la convicción de que Él debía ser destruido, porque cuestionaba y hacía peligrar todos los refugios en que los hombres querían poner su confianza. Y al final, después de varios intentos fallidos, cuando fue la hora del "poder de las tinieblas", los poderosos culminaron su plan de eliminarlo. Aunque en realidad, sabemos que fue el momento de su triunfo.

Esa presentación en la sinagoga de Nazaret, y el rechazo que Jesús sufrió y la amenaza de muerte que vivió, son la introducción abreviada de todo lo que sería el resto de su vida.





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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.

Para otras reflexiones del P. Adolfo acceda AQUÍ.


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CVX - Perú organiza Programa de Crecimiento Espiritual para laicos




En el marco del Año de la Misericordia, el área de Espiritualidad de la CVX Perú (Comunidad de Vida Cristiana de espiritualidad ignaciana) realizará el Programa de crecimiento Espiritual: Iniciación en la Experiencia de Dios - Itinerario I  dirigido a personas de toda edad y condición, que desean adentrarse personalmente en la experiencia cristiana de Dios para encontrar, renovar y/o fortalecer su fe.

El Itinerario I consta de 25 semanas que iniciarán en abril de 2016. Los participantes se comprometen a dedicar 15 minutos de oración diaria siguiendo el material propuesto y un encuentro semanal con un facilitador que irá acompañando la experiencia. Reconociendo que Lima es una gran metrópoli ofreceremos estos encuentros en diferentes puntos de la ciudad, según sea el área de residencia de los participantes. El valor del “Itinerario I” es de 300 soles que se irán pagando en 4 cuotas de 75 soles a lo largo de la experiencia.

Para el desarrollo de esta experiencia contamos con el respaldo del Centro de Espiritualidad Ignaciana (CEI). Nuestro objetivo primordial es acercar a más personas a la riqueza del encuentro personal con Jesucristo pues “no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y con ello una orientación decisiva” Encíclica Deus Caritas est (2005)

Para mayor información, inscripción y pago del Programa, enviar un correo a:

espiritualidad@cvx.pe


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Para conocer a las Comunidades de Vida Cristiana - CVX:

Día Mundial de la CVX
Nuestro estilo CVX
El Compromiso en CVX - Nuestro Carisma



La misericordia de Dios se hace presente en la liberación del pueblo de Israel


PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 27 de enero de 2016




Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En la Sagrada Escritura, la misericordia de Dios está presente a lo largo de toda la historia del Pueblo de Israel.

Con su misericordia, el Señor acompaña el camino de los patriarcas, a ellos les dona hijos a pesar de su condición de esterilidad, los conduce por caminos de gracia y de reconciliación, como demuestra la historia de José y de sus hermanos (cf. Gén 37-50). Pienso en muchos hermanos que están alejados dentro de una familia y no se hablan. Pero este Año de la Misericordia es una buena ocasión para reencontrarse, abrazarse, perdonarse y olvidar las cosas feas. Pero, como sabemos, en Egipto la vida para el pueblo se hace dura. Y es precisamente cuando los israelitas están por sucumbir que el Señor interviene y obra la salvación.

Se lee en el libro del Éxodo: «Al cabo de muchos años, murió el rey de Egipto. Los hijos de Israel, se quejaban de la esclavitud y clamaron. Sus gritos, desde la esclavitud, subieron a Dios; y Dios escuchó sus quejas y se acordó de su alianza con Abrahán, Isaac y Jacob. Dios se fijó en los hijos de Israel y se les apareció» (2, 23-25). La misericordia no puede permanecer indiferente ante el sufrimiento de los oprimidos, al grito de quien es objeto de violencia, reducido a la esclavitud y condenado a muerte. Es una realidad dolorosa que afecta a toda época, incluyendo la nuestra, y que muchas veces nos hace sentir impotentes, tentados a endurecer el corazón y pensar en otra cosa. Dios, en cambio, «no es indiferente» (Mensaje para la Jornada Mundial de la paz 2016, 1), no desvía jamás su mirada del dolor humano. El Dios de misericordia responde y cuida de los pobres, de quienes gritan su desesperación. Dios escucha e interviene para salvar, suscitando hombres capaces de oír el gemido del sufrimiento y obrar en favor de los oprimidos.

Es así como comienza la historia de Moisés como mediador de liberación para el pueblo. Él se enfrenta al faraón para convencerlo de que deje ir a Israel; y luego guiará al pueblo, a través del Mar Rojo y el desierto, hacia la libertad. Moisés, que la misericordia divina salvó siendo un recién nacido de la muerte en las aguas del Nilo, se hace mediador de esa misma misericordia, permitiendo al pueblo, salvado de las aguas del Mar Rojo, nacer a la libertad. Y también nosotros en este Año de la Misericordia podemos hacer este trabajo de ser mediadores de misericordia con las obras de misericordia para acercar, para dar alivio, para crear unidad. Muchas cosas buenas se pueden hacer.

La misericordia de Dios siempre actúa para salvar. Es todo lo contrario de las obras de quienes actúan siempre para matar: por ejemplo los que hacen las guerras. El Señor, mediante su siervo Moisés, guía a Israel en el desierto como si fuese un hijo, lo educa en la fe y realiza la alianza con él, creando un vínculo de amor muy fuerte, como el del padre con el hijo y el del esposo con la esposa.

A tanto llega la misericordia divina. Dios propone una relación de amor especial, exclusiva, privilegiada. Cuando da instrucciones a Moisés a cerca de la alianza, dice: «Si de veras me obedecéis y guardáis mi alianza, seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra. Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa» (Éx 19, 5-6).

Cierto, Dios posee ya toda la tierra porque la ha creado; pero el pueblo se convierte para Él en una posesión diferente, especial: su personal «reserva de oro y plata» como la que el rey David afirmaba haber donado para la construcción del Templo.

Pues bien, en esto nos convertimos para Dios cuando acogemos su alianza y nos dejamos salvar por Él. La misericordia del Señor hace al hombre precioso, como un tesoro personal que le pertenece, que Él custodia y en el cual se complace.


Son estas las maravillas de la misericordia divina, que llega a pleno cumplimiento en el Señor Jesús, en esa «nueva y eterna alianza» consumada con su sangre, que con el perdón destruye nuestro pecado y nos hace definitivamente hijos de Dios (cf. 1 Jn 3, 1), joyas preciosas en las manos del Padre bueno y misericordioso. Y como nosotros somos hijos de Dios y tenemos la posibilidad de tener esta herencia —la de la bondad y la misericordia— en relación con los demás, pidamos al Señor que en este Año de la Misericordia también nosotros hagamos cosas de misericordia; abramos nuestro corazón para llegar a todos con las obras de misericordia, la herencia misericordiosa que Dios Padre ha tenido con nosotros.



AQUÍ para acceder a otras Catequesis del Papa 

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Tomado de:
http://w2.vatican.va/

Ofrecimiento Diario - Orando con el Papa Francisco en el mes de FEBRERO 2016




APOSTOLADO
DE LA
ORACIÓN

INTENCIONES PARA EL 
MES DE FEBRERO


Ofrecimiento Diario

Dios, Padre nuestro, yo te ofrezco toda mi jornada: mis oraciones, pensamientos, afectos y deseos, palabras, obras, alegrías y sufrimientos en unión con el Corazón de tu Hijo Jesucristo que sigue ofreciéndose a Ti en la Eucaristía para la salvación del mundo.

El Espíritu Santo, que condujo a Jesús, me guíe y sea mi fuerza en este día para que pueda ser testigo de tu amor.

Con María, la madre del Señor y de la Iglesia, pido especialmente por las intenciones del Papa para este mes:




Que cuidemos de la creación, recibida como un don que hay que cultivar y proteger para las generaciones futuras.



Para que aumente la oportunidad de diálogo y de encuentro entre la fe cristiana y los pueblos de Asia. 



VIDEO DEL PAPA FRANCISCO EXPLICANDO SUS INTENCIONES DE ORACIÓN PARA FEBRERO




LA RED MUNDIAL DE ORACIÓN DEL PAPA - Apostolado de la Oración - AO


IDENTIDAD: Red Mundial de Oración del Papa al servicio de los desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia.
VISIÓN: Orar y vivir los desafíos de la humanidad que preocupan al Papa (intenciones) a través de su red de oración. Son claves para nuestra oración y misión.
MISIÓN: Ser apóstoles en la vida diaria, a través de un camino espiritual llamado “camino del corazón”, que transforma nuestra manera de ser al servicio de la misión de Cristo.
PARTICIPACIÓN: ¿Cómo participar en la Red Mundial de Oración del Papa?
Hay varias modalidades de participación y cada uno puede buscar la modalidad que le ayude más según lo que busca y desea.


MODALIDAD GENERAL

Cualquier persona, grupo parroquial o movimiento que reza por las intenciones de oración del Papa, forma parte de esta Red. Todos los que quieran formar parte de esta Red Mundial están invitados el primer Viernes de cada mes, Jornada Mundial de Oración por las intenciones del Papa, a unirse en la oración. De manera especial en torno a la Eucaristía, para movilizarse durante el mes por los grandes desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia y disponerse interiormente a vivir al estilo de Jesús.


MODALIDAD PARTICULAR DE COMPROMISO Y PERTENENCIA

Se propone a quienes deseen seguir el “camino del corazón” que transforma para ser apóstoles de la oración en la vida diaria, unidos al Corazón de Jesús, al servicio de su misión. Supone una participación más activa en la Red de Oración del Papa, apoyándose en las intenciones mensuales como claves para la misión (a través de retiros, sesiones, charlas, participación activa primeros Viernes del mes, etc.)

Conlleva el compromiso personal de vivir los tres momentos diarios de oración. El fin es vivir en mayor intimidad personal con Jesús durante el día y con mayor conciencia de la dimensión apostólica que tiene la vocación de bautizado: el ofrecimiento de la vida al comenzar la jornada por las intenciones de la Iglesia, la meditación de la Palabra de Dios y la revisión de vida para ser dócil al Espíritu Santo.


Lo esencial de esta segunda modalidad es encontrar los medios, caminos, modos de colaborar en la misión de la Iglesia expresados en las intenciones o desafíos de la humanidad que nos confía el Papa.

Hay que recordar aquí a Santa Teresa de Lisieux, cuya oración apostólica desde su pequeñez, enfermedad y aislamiento, sigue llegando. Se conserva como reliquia su cédula de admisión al AO de 1889, cuando tenía 16 años.(Continuará)



Invitación

A participar de la Misa dominical de 11:00 AM en la Parroquia de San Pedro y a acompañarnos en las reuniones semanales a las 12:00 M en el claustro de la parroquia, todos los domingos. 

Asimismo, invitamos a la Misa de los primeros viernes de cada mes en Honor al Sagrado Corazón de Jesús, a las 7:30 PM en San Pedro.

El Apostolado de la Oración es antes que nada hacernos interiormente disponibles a la misión de Cristo. Esta disponibilidad tiene como su fuente y modelo a Jesucristo entregado a nosotros y por nosotros, que se nos hace presente continuamente en la Eucaristía. Recibir su vida nos lleva, en reconocimiento, a ofrecer diariamente nuestra propia vida al Padre.


Para conocer más acerca del Apostolado de la Oración y sus actividades acceda AQUÍ


Comentario sobre la Bula Misericordiae vultus - Punto 10




10. La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su acción pastoral debería estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes; nada en su anuncio y en su testimonio hacia el mundo puede carecer de misericordia. La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo. La Iglesia « vive un deseo inagotable de brindar misericordia » [Ev. Ga. 24]. Tal vez por mucho tiempo nos hemos olvidado de indicar y de andar por la vía de la misericordia. Por una parte, la tentación de pretender siempre y solamente la justicia ha hecho olvidar que ella es el primer paso, necesario e indispensable; la Iglesia no obstante necesita ir más lejos para alcanzar una meta más alta y más significativa. Por otra parte, es triste constatar cómo la experiencia del perdón en nuestra cultura se desvanece cada vez más. Incluso la palabra misma en algunos momentos parece evaporarse. Sin el testimonio del perdón, sin embargo, queda solo una vida infecunda y estéril, como si se viviese en un desierto desolado. Ha llegado de nuevo para la Iglesia el tiempo de encargarse del anuncio alegre del perdón. Es el tiempo de retornar a lo esencial para hacernos cargo de las debilidades y dificultades de nuestros hermanos. El perdón es una fuerza que resucita a una vida nueva e infunde el valor para mirar el futuro con esperanza.


De todo lo anterior saca el Papa una conclusión impactante: “La Misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia”. Tal vez asalte a alguno la objeción: pero la más fundamental de la misión de la Iglesia es Cristo, darlo a conocer y comunicar su gracia; o la fe, sin la cual no hay salvación; o hacer presente y actuante a Cristo resucitado en el mundo presente; pero, si se reflexiona un poco a la luz de la revelación, se ve enseguida que el Cristo, que predique la Iglesia y que haga presente, el Cristo en el que hay que creer, es el Cristo misericordioso, el que viene a salvar y no a condenar. Es decir sólo se predica a Cristo, sólo se le hace presente y actuante, sólo se cree en el Cristo real si se trata del Misericordioso, del Dios-hombre venido a salvar y no a condenar. Cualquier otro cristo ni es real, ni salva. La fe en Cristo no puede dejar de incluir expresamente su Misericordia.

Por eso la Iglesia no puede olvidar jamás la necesidad de explicitar y resaltar la Misericordia de Dios y de Cristo en el ejercicio de su misión. Pero la Iglesia no es una mera reencarnación de Juan el Bautista, que preparaba el camino para “otro”, sino la presencia permanente y actuante hasta el final de los tiempos (el cuerpo) de Cristo. Por eso la Iglesia debe SER misericordiosa, debe actuar siempre como tal, y debe manifestarse como tal; y no con cualquier grado de misericordia sino con misericordia que actúe con la Misericordia de Jesús: “nada en su anuncio y en su testimonio hacia el mundo puede carecer de misericordia”. Invito al lector a que relea en este clima las palabras del texto y se deje impresionar y contagiar por ellas.

El Papa, y como cabeza de la Iglesia, incluso siente y expresa un cierto mea culpa: “tal vez por mucho tiempo nos hemos olvidado de indicar y de andar por la vía de la misericordia”. Comentario de esta frase podría ser todo lo que el Papa ha adelantado ya en los nn.4-5 de la Bula; pero voy a copiar sólo el final del n. 5: “¡Cómo deseo que los años por venir estén impregnados de misericordia para poder ir al encuentro de cada persona llevando la bondad y la ternura de Dios! A todos, creyentes y lejanos, pueda llegar el bálsamo de la misericordia como signo del Reino de Dios que está ya presente en medio de nosotros”.

Llegado a este punto parece que el discurso debería seguir concretando las consecuencias que lo dicho tiene para la teología y la pastoral de la Iglesia. Lo hará más adelante, pero ahora se desvía para solucionar una tentación contra lo dicho. Es la prevalencia que ha llegado a tener en nuestro modo de pensar hoy la realización de la justicia, con lo que se ha hecho de ella un absoluto. Logremos la justicia y basta, la misericordia no hace falta.

El reconoce la necesidad social de la justicia; pero añade que a la Iglesia no le basta la justicia, que “necesita ir más lejos para alcanzar una meta más alta y más significativa”. Se refiera con esta expresión a la misericordia y al perdón. El Papa se lamenta (“es triste”) de que en la cultura actual se vaya perdiendo como valor social la virtud de perdonar. El juicio de valor del Papa sobre esta deriva de nuestro mundo (del así llamado “pensamiento correcto”) es durísimo: “Sin el testimonio (porque debe ser  visible) del perdón queda solo una vida infecunda y estéril, como si se viviese en un desierto desolado”. El juicio valora en general a toda la humanidad, pero es claro que afecta más a los grupos humanos con mayor influjo en la cultura, en el modo de pensar y valorar sobre la vida humana, su fin y sus valores. De ellos forman parte muchos católicos; es bueno que reflexionen sobre esas palabras del Papa; porque también tales palabras deben influir sobre la vida individual, familiar, profesional y social de cada uno.


Las siguientes tres frases (“ha llegado de nuevo para la Iglesia” etc.) vienen a ser como la arenga de un jefe que pretende estimular al máximo el entusiasmo y coraje de su gente a una acción heroica. Cualquier comentario les quitaría fuerza y belleza. Por eso creo mejor que el lector las lea y relea, las guste y reguste, deje que le estimulen en lo profundo de su ser, y pida a Dios la luz y ayuda necesarias para hacerlas realidad en su vida normal.



P. José Ramón Martínez Galdeano, S.J.
Director del Blog.


ESPECIAL: PUERTA DE LA MISERICORDIA




Yo te invoco porque Tú me respondes, Dios mío. Inclina el oído y escucha mis palabras. Muestra las maravillas de tu misericordia. Tú que salvas de los adversarios a quien se refugia a tu derecha.
Salmo 17, 6-7 







Jesús, el Mesías

El P. Adolfo Franco, S.J. nos comparte su reflexión sobre el evangelio del domingo 24, "Jesús se define a sí mismo como enviado especial para los afligidos; Jesús es misericordia." Acceda AQUÍ.

Historia de la Salvación: 5° Parte - La formación del Pueblo de Israel

El P. Ignacio Garro, S.j. en esta oportunidad nos presenta un análisis de los hechos que llevaron a la formación del Pueblo de Israel, desde el llamado que Dios hizo a Abrahan. Acceda AQUÍ.

Cristología - 10° Parte: Los atributos de la naturaleza humana de Cristo

El P. Ignacio Garro, S.J. nos comparte su tema dedicado a los atributos de la naturaleza humana de Cristo, "la unión hipostática de la humanidad de Cristo con el Logos divino tuvo como consecuencia que la naturaleza humana de Cristo se viera enriquecida y dotada por una plenitud de gracias sin igual". Acceda AQUÍ.

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos

El Papa Francisco nos recuerda en esta Semana de Oración que el Bautismo se constituye como un poderoso vínculo sacramental de unidad entre todos los que con él se han regenerado. Acceda AQUÍ.

Jesús, el Mesías



P. Adolfo Franco, S.J.


Lucas 1, 1-4; 4, 14-21

Jesús se define a sí mismo como enviado especial para los afligidos; Jesús es misericordia.


La lectura del Evangelio de este domingo recoge dos párrafos, que en el mismo Evangelio de San Lucas están separados.

El primer párrafo expresa la voluntad del Evangelista San Lucas de ser muy cuidadoso en la transmisión de los datos y narraciones que hará en su Evangelio. Es el testimonio de un hombre que tiene la intención de ser objetivo y fiel a la verdad de todo lo que va a narrar. Con esto quiere dar un sello de autenticidad a lo que escribe, y manifiesta su cuidado al buscar las fuentes en que se basa todo lo que escribirá: un verdadero testimonio de historicidad. Y todo tiene como finalidad dar una base sólida a la fe; fe que se sustenta precisamente en la realidad de todo lo acontecido en Jesús de Nazaret.

El segundo párrafo es el comienzo de la predicación de Jesús en la sinagoga de Nazaret, la ciudad donde se había criado. Este hecho de la predicación de Jesús en su ciudad natal tiene dos momentos: uno de afirmación clara de Jesús sobre su mesianidad; el segundo, la confrontación y el rechazo de sus paisanos. Pero el evangelio de este domingo sólo contiene el primer momento: la afirmación de Jesús sobre su mesianismo.

Jesús ha tomado el rollo que debía leer en la sinagoga, y delante de todos lee uno de los párrafos del profeta Isaías en que se habla del futuro Mesías; en ese párrafo se señala la actividad bienhechora del Mesías (Is 61, 1-2). Si se quería identificar al Mesías, éste debía tener unas características, y una de las principales debía ser su bondad especialmente con los más necesitados. En el mismo profeta Isaías se indican en diversos capítulos otra serie de características del Mesías.

De entre todas esas características, Jesús en su presentación escoge, lee y subraya ésta: La unción que ha recibido el Mesías es para: “anunciar a los pobres la Buena Noticia... para proclamar la liberación a los cautivos... para dar la vista a los ciegos... para dar libertad a los oprimidos... para proclamar un año de gracia del Señor”.  Y es que Jesús (esa sería la intención del Evangelista San Lucas) quiere en esta primera presentación pública, mostrar todo un panorama de su futura actuación en la vida pública durante tres años. Y en esta primera predicación en público hay varias afirmaciones: Yo soy el Mesías, el Enviado de Dios, el Ungido, el cumplimiento de todas las promesas del A. T. Y mi venida, sigue destacando Jesús, es para enseñar la Buena Nueva y para redimir: y redimir a cada uno de aquello que necesita redención. Así resume El su futura actividad: manifestar la Revelación y realizar la Redención.

Su predicación es calificada de Buena Nueva. La de Jesús es una enseñanza Nueva; no quita su relación con lo revelado ya por Dios en el A. T., a través de los autores inspirados. Pero su enseñanza tiene un aporte que da la plenitud a todo lo anterior. Con frecuencia Jesús hablará de esto. En todo el sermón del monte, recogido por San Mateo, tendrá esa serie de afirmaciones: “se dijo a los antiguos, pero yo les digo...” Cuando se enfrente en tantas oportunidades con los fariseos, dirá: no se pone un remiendo nuevo a un paño viejo, no se echa el vino nuevo en odres viejos. Él nos hablará de un mandamiento nuevo: “Les doy un mandamiento nuevo, que se amen los unos a los otros, como yo les he amado”. Él nos dará a conocer el misterio interior de la vida de Dios, y de que es Padre, y de que habita en nosotros. Viene a predicar la Buena Nueva.


Y viene a redimirnos: Darnos la posibilidad de la salvación eterna, liberarnos de todas las cegueras, de todas las esclavitudes, para darnos un año (un tiempo definitivo) en que la gracia de Dios estará con nosotros. Este es en resumen el contenido de esta bella primera presentación de Jesucristo, anunciando su actividad en la sinagoga de Nazaret.



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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.

Para otras reflexiones del P. Adolfo acceda AQUÍ.


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