Programa de Semana Santa - Parroquia San Pedro, Lima




“ES LA PASCUA DEL SEÑOR”

Semana Santa 2010



Lunes 22 de marzo
7:30 p.m. Concierto del Coro Nacional
Estreno de la obra musical:
Stabat Mater de Francis Poulenc (1899-1963)
Penitenciaría (Entrada libre)

28 de marzo - Domingo de Ramos
Al inicio de cada Misa se bendice los Ramos

31 de marzo – Miércoles Santo
8:10 p.m. Vía Crucis

1 de abril - Jueves Santo
5:00 p.m. Misa rezada
6:00 p.m. Misa rezada
7:30 p.m. Misa Solemne en la Cena del Señor
8:30 p.m. Traslado del Santísimo al Monumento

2 de abril - Viernes Santo
12:00 m. Sermón de las Siete Palabras
3:00 p.m. Vía Crucis alrededor de la Iglesia
5:00 p.m. Liturgia de la Pasión del Señor

3 de abril - Sábado Santo
7:30 p.m. Solemne Vigilia Pascual

4 de abril – Domingo de Resurrección
Las Misas se celebran en el horario dominical de costumbre.



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Bautistas - 1º Parte: Orígenes



Las Sectas en
Latinoamérica

23º Parte


P. Ignacio Garro, S.J.

Profesor del Seminario Arquidiocesano de Arequipa, ex profesor del Seminario de Trujillo.


1º Parte.



IGLESIAS BAUTISTAS 105

Hablamos de Iglesias Bautistas porque dada la formación de este grupo congregacionalista no se puede hablar de una iglesia bautista sino de Iglesias Bautistas. Los bautistas se glorían de pertenecer a un grupo, o asociación de "cristianos libres", es decir, fieles que se afilian a una iglesia no por una tradición familiar ni por una imposición externa de ningún género, sino por su libre y espontánea elección. Por eso excluyen de sus prácticas pastorales el bautismo de los recién nacidos y de niños o adolescentes, el bautismo es solo para adultos en su fe, bautismo que requiere una profunda conversión y cambio de vida y fe en el Señor Jesús.

W. H. Rone 106 historiador de las sectas protestantes nos dice acerca de los bautistas:

"Los bautistas afirman que el individuo debe de arrepentirse del pecado por sí mismo y, finalmente, dar cuenta de sus acciones en la eternidad por sí mismo. El individuo tiene que llegar a Dios directamente, a través de Jesucristo, sin que se interpongan para nada la Iglesia, el sacerdocio, la mediación o las ordenanzas humanas".

Se definen a sí mismos como verdaderas "iglesias democráticas" en el sentido de que cada una de ellas mantiene su propia independencia respecto a las demás iglesias. Si la libertad y la democracia, discurren sus dirigentes, producen los mejores gobiernos y los personajes más ilustres en la esfera civil y estatal, es obvio que produzcan idénticos resultados en el campo del espíritu. Los autores bautistas hablan con frecuencia de poseer mejor que nadie en el protestantismo, esta "democracia espiritual", aunque su consecución se haga a expensas de la solidez doctrinal y jerárquica querida por el mismo Cristo para la constitución de su Iglesia. Por estas razones lo miembros de las comunidades bautistas se distinguen por su acentuado individualismo en materias de fe y de moral. Para ser bautista, basta reconocer a Jesucristo como a Señor y aceptar el Nuevo Testamento (interpretado subjetiva y personalmente), como norma de fe y de vida religiosa. Esto les permite también prescindir de los "Credos" y de "Confesiones de Fe", aunque sus iglesias se adhieran oficilamente a algunas de las fórmulas ya conocidas, sobre todo confesiones de fe de tipo calvinista. En tal sentido podemos decir que los bautistas han llevado hasta sus últimas consecuencias el individualismo extremo propiciado, aunque no reconocido, por los padres de la reforma protestante.

V. Ferm 107, también nos da una idea de cómo están asociados congregacionalmente los bautistas, éstos están compuestos, entre otras, de las siguientes iglesias:

Asociación Americana Bautista, Asociación Cristiana de la unidad Bautista, Bautistas de la libre voluntad, Asociación Norteamericana de los Bautistas Regulares, Bautistas Generales, Bautistas Generales de los Seis Principios, Iglesia Independiente de América, Convención Bautista Nacional, Asamblea Norteamericana Evangélica Bautista de la Vida y de la Salvación, Bautistas Primitivos, Bautistas Regulares, Bautistas Separados, Bautistas del Séptimo Día, Iglesia Bautista Norteamericana Unida de la Libre Voluntad, Bautistas Unidos, y etc, etc.


1.- ORIGENES 108

Los bautistas queriendo encontrar un precursor que los justifique, dicen que han existido desde tiempos del mismo Juan el Bautista. Según algunos historiadores de las sectas bautistas, ha habido siempre en el mundo un grupo de "bautistas anónimos" los cuales han permitido el encadenamiento necesario para justificar su creencia de que sólo el "bautismo de adultos" es el válido. Citan como ejemplo a los donatistas del S.IV del cristianismo, a los cátaros, S. XII y XIII, los lolardos, predicadores ambulantes de J. Wiclef, S. XIV. Esto les ha permitido realizar el encadenamiento necesario hasta llegar a la organización visible de la Iglesia bautista en el S. XVII. Pero los antecesores más inmediatos de los bautistas son los "anabaptistas", llamados también "bautistas" por Zwinglio y los Menonitas. Hubo un punto de vista doctrinal en el que estos bautistas ingleses no estaban todos de acuerdo, y tampoco lo están en el día de hoy. Se trata de lo siguiente: el problema de la muerte expiatoria de Cristo en la Cruz. Un grupo influido por los anabaptistas holandeses, creía que Cristo murió por todos los hombres; estos fueron llamados "bautistas generales". Otro grupo, influido por por las doctrinas calvinistas de Inglaterra, creía que Cristo murió solamente por los elegidos, es decir, aquellos a quienes Dios ha predestinado desde la eternidad a salvarse; estos fueron llamados "bautistas particulares".

El nombre de "bautista" como designación de comunidad protestante empieza a emplearse hacia el año 1644. Ya un siglo antes Zwinglio y otros reformadores empleaban esta palabra "bautista", en tono despectivo para señalar a aquellos individuos rebeldes, que apartándose de sus enseñanzas, despreciaban el bautismo de los niños y sostenían que se requería para ello el uso de la razón y de la plena conciencia. Este vocablo fue más un apodo que una designación religiosa. Entonces los bautistas acusados dicideron llamarse "creyentes bautizados", o "cristianos bautizados", "hermanos cristianos", "discípulos de Cristo", o "cristianos neotestamentarios". Creían ellos que reconstituían la "verdadera iglesia de Cristo". Con toda razón no querían ser asociados con el odiado movimiento "anabaptista o rebautizadores", pues estaba muy desacreditado por el famoso tumulto de Münster (Alemania), en 1534 los anabaptistas fundaron un "Reino de los Santos" en Münster, después de apoderarse de la ciudad. Durante el asedio que siguió, los anabaptistas incurrieron en ciertos excesos de fanatismo, incluida una forma de poligamia, lo que les acarreó una mala fama y sirvió para que las autoridades adoptaran una actitud muy dura con esta secta, que fue condenada por el mismo Lutero, por Calvino y Zwinglio. En la dispersión esta secta anabaptista prosperó en Holanda bajo el nombre de "mennonitas", creada por Menno Simons.

2.- BAUTISTAS INGLESES

El primer movimiento bautista de la post-reforma protestante tuvo lugar en Inglaterra. El anglicanismo como religión oficial de Inglaterra, al perder fuerza, sufrió la separación primero de los presbiterianos y congregacionalistas. Los bautistas fueron el tercer grupo independiente que se separó de la rama anglicana. El pastor anglicano John Smith, en 1606, huyó a Holanda, debido a sus ideas acerca del bautismo de adultos. Allí acabó de madurar su propia doctrina y un día se rebautizó a sí mismo, administrando después el bautismo a sus compañeros. Sin embargo sus ideas resultaron demasiado avanzadas, incluso para sus mismos segudores. Fue excomulgado por sus discípulos, pero su doctrina no quedó en el olvido y andando el tiempo tendría un desarrollo grande en el seno de su iglesia.

Los bautistas ingleses, a pesar del apoyo que tenían del ministro Cromwell, no llegaron a gran cosa debido a sus propios principios; al afirmar y creer que una iglesia visible no era necesaria para salvarse, no podía revitalizar mucho su propia iglesia. Además, el único libro que escribieron estaba dedicado a demostrar que el bautismo de los niños era signo del anticristo. Si una vez adultos se bautizan es sólo para declarar públicamente sus creencias, pero no porque supongan que el bautismo en sí entrañe ningún efecto, gracia o virtud, ni mucho menos que sea necesario.

3.- BAUTISTAS NORTEAMERICANOS 109

Los primeros emigrantes bautistas ingleses eran una mezcla de gentes que huían de la persecución religiosa que hubo en Inglaterra por la Iglesia anglicana, y aventureros que buscaban fortuna y éxito en las nuevas tierras descubiertas en ultramar.

Los historiadores asignan a R. Williams como el pionero del movimiento bautuista en América del Norte quien habría fundado una iglesia en la ciudad de Providence, en Rohde Island. Otros autores aseguran que fue John Clarke el hombre que, un año antes que Williams, habría abierto una iglesia en Newport. De todas formas los bautistas fueron llegando en sucesivas olas emigratorias trayendo al Nuevo Mundo grupos de bautistas europeos, fundamentalmente ingleses. Su llegada tuvo como resultado el trasplante de las divisiones ya existentes y, como es lógico dentro del protestantismo, y el nacimiento de otras nuevas iglesias.

La mayoría de las iglesias bautistas eran de influencia calvinistas, es decir, bautistas particulares, el desarrollo, crecimiento y divisiones internas del movimiento bautista en Norteamérica iba unido a las circunstancias políticas e históricas que allí se daban. Vamos a dar una visión de conjunto a las diversas agrupaciones bautistas, aunque la tarea no es fácil, debido a la poca documentación y por lo tanto a la imprecisión de los datos.

a.- Convención Bautista Americana (Bautistas del Norte)

Oficialmente su fecha de nacimiento es la de 1845 en que se separaron definitivamente los bautistas del Norte de los del Sur. La excusa para la separación fue la cuestión racial. Los bautistas del Sur pensaban que la esclavitud de los negros era una cosa permitida en la Biblia y servía de ocasión para que muchos esclavos negros, mientras servían a sus amos blancos, abrazasen en cristianismo. Los bautistas del Norte mantenían que la esclavitud era una cosa que repugnaba a los principios más básicos de la religión cristiana. En el fondo de la lucha doctrinal estaba el probema político.

Los bautistas del Sur se aferraban a la interpretación literal de la Biblia, y defendían la independencia de las congregaciones locales, mostraban severidad en castigar las faltas morales de sus seguidores, etc. Para los bautistas del Norte lo importante a sus ojos era la acción caritativa y social, obras de beneficecia, abrir puestos de misión apostólica entre los paganos etc. Dentro de los bautistas del Norte se dan dos tendencias: los fundamentalistas y los liberales. Los primeros defensores de la doctrina esencial del cristianismo en sus contenidos principales, y los segundos propiciadores de una religión sentimental, intimista, subjetiva, muy filantrópica, carentes de dogmas fijos y que sean obligatorios para todos.

Este grupo liberal de la iglesia bautista del Norte es de los más avanzados. Tienen un centro de formación misionera llamada "Escuela de Divinidad" en la Universidad de Chicago y un Seminario en Colgate, Rochester. Según sus principios dicen:

"Toda declaración oficial de fe es el comienzo del reino del eclesiasticismo y del dogmatismo, actitudes que son de por sí la sentencia de muerte de la libertad religiosa individual y conducen a la falta de honradez intelectual, ya que los conceptos religiosos nunca son estáticos para quienes buscan la verdad de las Escrituras con mente y corazón abiertos".

Estos bautistas del Norte no insisten, en la actualidad, en la importanica del "bautismo por inmersión", están más abiertos al movimiento ecuménico. Tienen una gran actvidad misionera por todo el mundo. En Latinoamérica están presentes en Puerto Rico, Nicaragua, Haití, México, en el Perú su presencia es escasa. Trabajan fundamentalmente en obras de beneficiencia y cooperan en obras de educación.


b.- Convención de los Bautista del Sur

Este es el grupo que tal vez mejor encaja en la descripción de iglesia bautista. El autor F. Mead dice:

"Aparecieron (estos bautistas del Sur) como grupo separado, en 1845 al desmembrarse de la Convención General a causa del conflicto de la esclavitud en Estados Unidos. Se trata del cuerpo protestante de más rápido crecimiento en Estados Unidos (22 millones en 1995). Confinados originariamente en los Estados del Sur, estos bautistas van avanzando en dirección Norte y absorbiendo a aquellos que están descontentos de las tendencias liberales dentro del movimiento bautista. Estos bautistas del Sur regentan Colegios y Universidades, tienen hospitales y se muestran muy activos en sus actividades misioneras y apostólicas". 110

Los bautistas del Sur, además de auténticos "reformados", se sienten a si mismos como los continuadores dignos de la primitiva iglesia bautista. Aducen su fidelidad a las Escrituras y su celo por llevar la fe hasta los últimos rincones de la tierra. Sus teólogos son muy conservadores y fundamentalistas y su Seminario de Louisville continúa en la actualidad como esta misma tendencia. Para ellos la interpretación literal de la Biblia, el nacimiento virginal de Jesucristo, su divinidad y su resurrección, así como las doctrinas peculiares respecto de la administración del bautismo, no han sufrido entre ellos ninguna desviación apreciable. Por eso, decir de un profesor de teología que es un bautista del Sur, equivale a catalogarlo entre los más firmes adversarios del liberalismo teológico.

En lo que respecta a su actividad misionera, los bautistas del sur ocupan uno de los puestos preeminentes en el conjunto de las iglesias de la reforma. Tienen puestos de misión en casi todo el mundo de occidente. En Latinoamérica están muy extendidos en México, Brasil, Chile. Regentan Colegios, hospitales, y muchas obras de beneficencia. Los bautistas del Sur, se han especializado en reclutar a sacerdotes y religiosos católicos que han abandonado su sacerdocio y su fe católica.

c.- Bautistas de color

Nos referimos esencialmente a la raza negra en Estados Unidos. Son el grupo mayoritario. Su origen proviene de que los dueños de plantaciones coloniales se ocuparon seriamente de la conversión de sus esclavos de color negro. De ordinario, el esclavo negro se sentó en los mismos bancos de la iglesia que su dueño blanco, o ayudó en las ceremonias religiosas del pastor bautista blanco de origen europeo. Aún después de ordenado como pastor, el negro colaboró con el blanco en la administración de la iglesia. La ruptura ocurrió en 1831 a raíz de la rebelión masiva de los esclavos negros, a partir de este momento se hizo difícil la convivencia y se formaron asociaciones paticulares. En 1880 una Convención Bautista Nacional aunaba a los bautistas del Sur de color negro. Crearon diversos deprtamentos, colegios y seminarios de modo que pudieran prescidir totalmente de los servicios ajenos. Con el tiempo la división y separación se hizo más radical y así es hasta nuestros días.

La mayoría de los negros protestantes norteamericanos está alistada a estas iglesias bautistas. En la actualidad están integrados en dos grupos principales: La "Convención Bautista Nacional de los Estados Unidos", organizada en 1895; y la "Convención Bautista de America", constituida enn 1915. Su doctrina es de influencia calvinista. En general la religión de la gran mayoría de ellos se reduce a un vago sentimiento de lo sobrenatural que se expresa en una liturgia muy expresiva y sentimental, son famosos sus cantos corales de bella interpretación. La mayoría de sus pastores sólo tienen una formación muy elemental. No tiene prescrito el pago del diezmo, por ello a veces se nota poco progreso en sus iglesias. Destacan más en sus cultos litrúgicos, el negro es religioso por excelencia, le gusta expresar, participar lo que siente, es de corazón sencillo, dan importancia a su palabra vivida y sentida con sinceridad, la asistencia al culto litúrgico es importante para su vida religiosa.

Como es obvio, dentro de este movimiento bautista del Sur, de raza negra, hay diversidad de iglesias bautistas, cada una de ellas con sus características propias, pero en el fondo doctrinal están al mismo nivel: influencia calvinista y metodista.


Referencias

105 "Fe Católica e Iglesias y Sectas de la Reforma". P. Damboriena, S.J., Edit. Razón y fe, Madrid, 1961. Pags: 629 y s.s.
106 W.H. Rone "The Baptist Faith and Roman Catholicism, Kingsport, 1952, Pág. 156.
107 V. Ferm "Encyclopedia of Religion", Pág. 55.
108 Ignacio Díaz de León M.Sp. S. en "Los Bautistas" en "Las Sectas en América Latina", Pags: 81 y ss.
109 P. Damboriena, SJ. Op. Cit. 629, s.s.
110 F. Mead, "Handboock of Denominations", 1956, Pág. 30.


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Agradecemos al P. Ignacio Garro, S.J. por su colaboración



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Para Novios: 3º Parte - No faltarán los problemas



P. Vicente Gallo, S.J.





En la 2º entrega recorríamos diversas situaciones en las que puede verse como ensombrecida la relación de pareja en el matrimonio; que son normales, frecuentes en todas las parejas, pero que lamentablemente suelen dejarse pasar como de poca importancia hasta que ya se entra en la penosa situación de que es el amor el que ha llegado a quedar medio muerto y no es tan fácil reactivarlo ya.

Pero, además, en la vida de matrimonio es preciso ser conscientes también de las que podemos llamar fuentes de conflictos. Los mismos hijos procreados por ambos con tanto amor e ilusión, que deberían ser el motivo más fuerte para amarse al verlos vivir, crecer y gozar, o sufrir acaso, pueden ser la causa de desavenencias y de verdaderos conflictos en la vida de pareja. Porque no están debidamente alimentados por carencia de recursos ¿culpa de quién?... Porque la educación que se les da no es la correcta y cada vez parecen más graves las consecuencias. Porque los hijos son de los dos por igual, y al uno le parece que el otro se desentiende como si no fuese para él la cosa. Por lo problemas que van teniendo en el Colegio, o en la calle, o porque terceras personas (tus padres, tus hermanos o los del otro) meten mano en algo que a ellos no les compete. Por cualquier otra razón. Vienen poco a poco las acusaciones del uno al otro en la pareja, hasta que desembocan en tener que poner las cartas sobre la mesa, ojalá no peleándose, pero al menos queriendo decir al otro los modos de proceder que parece no verlos o estar equivocado en ellos; lográndose en el mejor de los casos imponer uno su opinión sobre la del otro, pero sin convencerle, y seguramente quedando herido al verse postergado como más torpe o inepto. También aquí, lo único positivo será “dialogar” de veras, manifestando uno al otro sus sentimientos de preocupación, de frustración, de temor, de rabia ante la impotencia, o el sentimiento que se tenga ante el problema presente. Ahí el otro, escuchará con interés, se verá reclamado a manifestar lo que él a su vez está sintiendo, los dos seguirán decidiendo amarse y así juntos hallar la solución al problema; siendo la única manera eficaz de salir exitosamente de lo que les preocupa a los dos. Lograr amarse más, en vez de menos, es lo que se ha de pretender.

Otro tema que merece lo tomemos muy en cuenta es el del trabajo. En nuestros tiempos tiene una importancia especial. Sin el trabajo uno no se realiza como persona útil. Pero a la vez el trabajo puede ser esclavizador: bien sea porque uno mismo se aficiona tanto a las tareas en las que se desempeña, que le absorbe su vida entera, su tiempo y su afición, restándolo de la dedicación que también debe tener a estar con la familia, y hasta a ese descanso mismo que necesita uno para verdaderamente “vivir”; o bien sea porque tiene que realizarlo en tales condiciones inhumanas, siendo explotado y tratado injustamente, que ha de llevar a su casa aun sin quererlo el consiguiente malhumor. Tener trabajo es la fuente indispensable para tener los recursos de los que vivir uno mismo y para sacar adelante la casa y la familia; ello puede ser una de las causas de la esclavitud nefasta que acabamos de reseñar. Pero en nuestro tiempo es bien difícil encontrar el trabajo que se necesita o el que se desearía tener; y es sumamente fácil quedarse sin él, por culpa propia, por culpa de otros, o quizás sin culpa de nadie, porque así sobrevienen las cosas. Es también un verdadero “trabajo” el de ocuparse en los quehaceres domésticos. Habitualmente se le asignaba a la esposa, y no era muy valorada por ocuparse de él. Pero en nuestro días la mujer considera tan derecho suyo como del hombre el tener una profesión con su correspondiente trabajo fuera de casa. A veces porque, además se necesita el trabajo de ambos y su respectiva remuneración para cubrir las necesidades de la casa y la familia. Ocurriendo entonces que los llamados “trabajos domésticos”, o queden sin cubrirse debidamente, o bien sean una sobrecarga para la esposa mientras el esposo se desentiende de hacerlo; o bien quedan en manos de personas extrañas (empleadas o empleados) que hacen las cosas peor y sin el amor debido. Todavía podríamos analizar otras complicaciones que recurren en este tema del “trabajo”. Y son fáciles de adivinar los problemas que ocasionan para el deseable vivir en pareja con armonía y con amor. Sin el trabajo difícilmente se prestan las obras o servicios en los que el amor tiene que expresarse; pero al mismo tiempo, es el trabajo una de las principales fuentes de los conflictos y problemas amargos en el convivir de la pareja en matrimonio. Y de los fuertes sentimientos que surgen en el uno, en el otro o en ambos. Una vez más, puede ocurrir la posibilidad de estar reprimiendo esos sentimientos e ir acumulándolos hasta que exploten. Una vez más, el querer “aclarar las cosas de una vez por todas” acusando y enzarzándose en una agria pelea, que no arregla nada, porque deja el problema como es, y deja malparado el amor mutuo con el que tendrían que sobrellevarlo, o bien el logro de ayudarse el uno al otro en las dificultades que acarrea la vida familiar. Una vez más, para evitar esa pelea, puede recurrirse a sentarse juntos para ver cómo son las cosas, discurrir sobre ellas y tratar de alcanzar, si no la solución, por lo menos vivir con armonía; un camino también inadecuado, porque cada uno tendrá sus intereses y sus puntos de vista distintos, cada uno defenderá lo suyo como lo más acertado relegando al otro e hiriendo el amor propio que le corresponde, y siendo muy difícil no derivar en ofensas o acusaciones de culpabilidad, que distancian en lugar de unir en la relación de pareja. En fin: una vez más, queda como único camino válido la decisión de uno o de ambos de manifestar al otro los sentimientos que está teniendo por causa del tema del trabajo, en cualquiera de sus implicaciones que veíamos; junto con los sentimientos, manifestar al otro los pensamientos en los que se está enredando desde eso que siente, a la vez que los comportamientos que por razón de esos sentimientos está teniendo de un tiempo a esta parte. El uno habla, con amor y desde el corazón; el otro no solamente “lo oye” y “lo entiende”, sino que “lo escucha”, lo acoge con el corazón, y hace suyo lo que el otro está sintiendo. Lo hacen ambos del mismo modo hablando y escuchando al otro. Los dos se compenetran haciendo frente al problema. Los dos se aman desde la confianza de contar a su pareja lo que siente. Los dos se sienten amados al verse escuchados y acogidos con amor. Los dos reafirman el amor que necesitan tenerse sabiendo cultivarlo. Solamente eso merece llamarse “diálogo”, el que no rompe la unidad que Dios quiere en la pareja, sino el que si estaban siendo DOS logran ahora ser más de veras UNO.

Semejante al trabajo como fuente de problemas en la pareja, deberíamos analizar el tema del dinero. El que no se tiene y hace tanta falta. El que cuesta tanto ganarlo y que tan fácilmente se gasta sin haber sabido o sin haber podido administrarlo mejor. Las deudas que fácilmente contrae el uno, o el otro, o ambos, y de las que se sale tan difícilmente viviendo mientras tanto tremendas amarguras. Y también el dinero que se tiene, acaso en abundancia, pero que no se comparte, que cada uno posesivamente lo llama “suyo” privándole al otro de ello; junto con la ambición que el poseerlo produce, o los vicios que el tenerlo puede acarrear. Tantas complicaciones que el tema “dinero” trae a la relación de pareja en el matrimonio. Y una vez más, el ir aguantándolo, el romper en una amarga pelea, el enredarse en discusión de opiniones o puntos de vista; o el camino correcto de “dialogar” sobre los sentimientos para lograr amarse más en lugar de estar amándose menos, abocándose quizás a la ruptura teniendo tal “bienestar”.

Otro tema semejante para poder analizarlo como fuente de problemas en el vivir con armonía, puede ser el de la salud. Que afecta al trabajo y que implica el dinero. Cuando la salud se deteriora, o cuando se la cuida obsesivamente y demasiado. O simplemente cuando se trata de estar previniendo la posible falta de salud; o el estar viviendo desprevenidos como si fuese un tema en el que no se debe pensar.

Igualmente el tema del descanso. El descanso que se necesita y que no se tiene. El descanso que se tiene y se disfruta en demasía, deviniendo en ociosidad. El descanso que cada uno lo disfruta por cuenta propia, y nunca se comparte para gozarlo juntos: las vacaciones, los fines de semana, las horas libres que cada día se deben tener y disfrutarlas haciéndose compañía. El descanso que uno le reclama al otro porque nunca ve que lo necesita. Tantos otros aspectos que podríamos ver en el tema del descanso.

Muy similar es también el tema del “tiempo”. El tiempo que falta para hacer las cosas. El tiempo excesivo que uno se toma para hacer lo que a él le corresponde. El tiempo que hace en que parece que ni se acordaban de estar casados, pues no lo han estado compartiendo juntos haciéndose compañía, hablando de lo que sea, dedicándose el tiempo el uno al otro. Acaso el demasiado tiempo que uno está exigiéndole al otro para estar conversando o compartiéndolo juntos. El reclamo de un “¿me vas a dejar en paz?” O el tiempo que nunca nos damos para “dialogar”.

En el tema de “nuestra comunicación personal”, los gritos aun ocasionales, pero más si son el modo común de nuestra comunicación. La falta de calor en las conversaciones, la falta de caricias, la falta de detalles amorosos, la falta quizás de simple cortesía; o el exceso de todo ello, que ocasiona hastío y se prefiere no encontrarlo.

Otra fuente de conflictos puede ser “la atmósfera del hogar”. Por la que a uno no le causa atracción el estar en casa, sino verdadero rechazo, prefiriéndose los amigos, los bares, o la calle. Porque todo está sucio, desordenado, mal puesto, o sin los artefactos que hicieran un hogar más atrayente, más grato para uno, y más presentable para las visitas. Por el contrario, el estar todo tan limpio y tan ordenado que no se puede ni tocar ni pisar; hay puestas ya tantas cosas que dan en rostro, como caprichos inútiles, o como nocivos para la convivencia: TV en todos los lados, aparatos de música sofisticados, no muy necesarios, y que siempre están haciendo ruido sea bonito o sea feo pero que no deja vivir; videocasetes para estar viendo películas violentas o indecentes; nuevos celulares más complicados y en los uno pierde más tiempo y dinero.

¡Quedaría recorrer tantos temas de los que surgen los problemas en el vivir en pareja!
Los propios familiares, mis papás, mis hermanos, mis tías, mis primos, sin haber roto nunca el cordón umbilical, y teniendo prioridad sobre la familia que es la pareja.

Los familiares del otro, que para uno son “parientes políticos”. Toda mujer, como mamá es la mejor que existe; y a la vez, como suegra, es el peor ser humano. No digamos las intrigas con las que suelen entrometerse en la vida y en las cosas de la pareja, no sólo los papás de uno, suegros del otro, sino hasta los hermanos y tías de uno que para el otro son como mucho “parientes políticos”, y gracias si se quedan distantes.

Otro tema origen de problemas en la relación de pareja, los amigos: los del uno o los de otro, los de ahora o los de antes; más que por serle a uno antagónicos o menos atractivos, por estar siendo preferidos más que la pareja, o por estar influyendo indebidamente en la relación matrimonial.

Otro tema difícil para después de muchos años de matrimonio, son los hijos ya adultos, todavía solteros o ya casados, y la relación con ellos. A veces la hija protegida del padre, y el hijo protegido de la madre; lo mismo que si es viceversa.

También el tema de la jubilación, sobre todo si es con una pensión miserable después de trabajar tantos años; y las situaciones que puede crear la desocupación, cuando uno se siente aún con edad y salud para seguir trabajando. Pareciera que uno ya estorba.

Hasta la relación con Dios puede ser fuente de problemas en la vida de pareja, cuando uno es más practicante y el otro lo es menos; o cuando uno o los dos están dedicando más tiempo de lo debido a las actividades parroquiales o apostólicas.

Un tema fuente de problemas debiendo ser fuente de la mejor relación es el sexo y el uso del mismo en el matrimonio, no ya fuera de él. Cuando cualquiera de los dos puede preguntarse “¿Cómo me siento cuando el otro me dice NO?” Y también cuando uno se siente chantajeado con el uso del sexo, o simplemente manipulado como un objeto.

Y por fin, ¿por qué no?, el tema de la muerte, al preguntarse el uno o el otro “¿Cómo me siento al pensar que un día veré mi soledad porque la muerte me dejó sin ti; y vea que no te amé o no te hice tan feliz como Dios lo quiso cuando nos casamos juntos?”

En todos los temas, en los problemas que en la vida de relación pueden surgir en cualquiera de los mismos, siempre se dan las cuatro alternativas: dejar las cosas estar, aguantando o hasta que no se aguante ya y se explote; agredirse, ofenderse, y pelear, sin más fruto que satisfacer la propia ira y el amor propio; ponerse a discurrir, razonar y así pretender hallar caminos, sin que se logre pasar, ojalá, de una paz ficticia, o un mero pacto; o definitivamente “dialogar” manifestando el uno al otro los sentimientos que está teniendo, escuchando el otro y acogiendo con el corazón, y terminar amándose más.


Escribirse una carta el uno al otro diciendo todos los problemas que desea no les ocurran nunca en su vida de pareja; y qué prometen hacer para que sea así.




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Agradecemos al P. Vicente Gallo, S.J. por su colaboración.


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Mensaje del Papa a la juventud


MENSAJE DEL SANTO PADRE

BENEDICTO XVI PARA LA XXV JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD

(28 DE MARZO DE 2010)



«Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?» (Mc 10,17)






Queridos amigos:


Este año celebramos el 25 aniversario de la institución de la Jornada Mundial de la Juventud, querida por el Siervo de Dios Juan Pablo II como una cita anual de los jóvenes creyentes de todo el mundo. Fue una iniciativa profética que ha dado abundantes frutos, ofreciendo a las nuevas generaciones la oportunidad de encontrarse, de ponerse a la escucha de la Palabra de Dios, de descubrir la belleza de la Iglesia y de vivir experiencias fuertes de fe, que han llevado a muchos a la decisión de entregarse totalmente a Cristo.

Esta XXV Jornada representa una etapa hacia el próximo Encuentro Mundial de jóvenes, que tendrá lugar en agosto de 2011 en Madrid, con la esperanza de que seáis muchos los que podáis vivir este evento de gracia.

Para prepararnos a esta celebración, quisiera proponeros algunas reflexiones sobre el tema de este año, tomado del pasaje evangélico del encuentro de Jesús con el joven rico: “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?” (Mc 10,17). Un tema que ya trató, en 1985, el Papa Juan Pablo II en una Carta bellísima, la primera dirigida a los jóvenes.





1. Jesús encuentra a un joven

«Cuando salía Jesús al camino, —cuenta el Evangelio de San Marcos— se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?”. Jesús le contestó: “¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno mas que Dios. Ya sabes los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre”. Él replicó: “Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño”. Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: “Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres —así tendrás un tesoro en el cielo—, y luego sígueme”. Ante estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico» (Mc 10, 17-22).

Esta narración expresa de manera eficaz la gran atención de Jesús hacia los jóvenes, hacia vosotros, hacia vuestras ilusiones, vuestras esperanzas, y pone de manifiesto su gran deseo de encontraros personalmente y de dialogar con cada uno de vosotros. De hecho, Cristo interrumpe su camino para responder a la pregunta de su interlocutor, manifestando una total disponibilidad hacia aquel joven que, movido por un ardiente deseo de hablar con el «Maestro bueno», quiere aprender de Él a recorrer el camino de la vida. Con este pasaje evangélico, mi Predecesor quería invitar a cada uno de vosotros a «desarrollar el propio coloquio con Cristo, un coloquio que es de importancia fundamental y esencial para un joven» (Carta a los jóvenes, n. 2).



2. Jesús lo miró y lo amó

En la narración evangélica, San Marcos subraya como «Jesús se le quedó mirando con cariño» (Mc 10,21). La mirada del Señor es el centro de este especialísimo encuentro y de toda la experiencia cristiana. De hecho lo más importante del cristianismo no es una moral, sino la experiencia de Jesucristo, que nos ama personalmente, seamos jóvenes o ancianos, pobres o ricos; que nos ama incluso cuando le volvemos la espalda.

Comentando esta escena, el Papa Juan Pablo II añadía, dirigiéndose a vosotros, jóvenes: «¡Deseo que experimentéis una mirada así! ¡Deseo que experimentéis la verdad de que Cristo os mira con amor!» (Carta a los jóvenes, n. 7). Un amor, que se manifiesta en la Cruz de una manera tan plena y total, que san Pablo llegó a escribir con asombro: «me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Ga 2,20). «La conciencia de que el Padre nos ha amado siempre en su Hijo, de que Cristo ama a cada uno y siempre, —sigue escribiendo el Papa Juan Pablo II—, se convierte en un sólido punto de apoyo para toda nuestra existencia humana» (Carta a los jóvenes, n. 7), y nos hace superar todas las pruebas: el descubrimiento de nuestros pecados, el sufrimiento, la falta de confianza.

En este amor se encuentra la fuente de toda la vida cristiana y la razón fundamental de la evangelización: si realmente hemos encontrado a Jesús, ¡no podemos renunciar a dar testimonio de él ante quienes todavía no se han cruzado con su mirada!



3. El descubrimiento del proyecto de vida


En el joven del evangelio podemos ver una situación muy parecida a la de cada uno de vosotros. También vosotros sois ricos de cualidades, de energías, de sueños, de esperanzas: ¡recursos que tenéis en abundancia! Vuestra misma edad constituye una gran riqueza, no sólo para vosotros, sino también para los demás, para la Iglesia y para el mundo.

El joven rico le pregunta a Jesús: «¿Qué tengo que hacer?». La etapa de la vida en la que estáis es un tiempo de descubrimiento: de los dones que Dios os ha dado y de vuestras propias responsabilidades. También es tiempo de opciones fundamentales para construir vuestro proyecto de vida. Por tanto, es el momento de interrogaros sobre el sentido auténtico de la existencia y de preguntaros: «¿Estoy satisfecho de mi vida? ¿Me falta algo?».

Como el joven del evangelio, quizá también vosotros vivís situaciones de inestabilidad, de confusión o de sufrimiento, que os llevan a desear una vida que no sea mediocre y a preguntaros: ¿Qué es una vida plena? ¿Qué tengo que hacer? ¿Cuál puede ser mi proyecto de vida? «¿Qué he de hacer para que mi vida tenga pleno valor y pleno sentido?» (ibíd., n. 3).

¡No tengáis miedo a enfrentaros con estas preguntas! Ya que mas que causar angustia, expresan las grandes aspiraciones que hay en vuestro corazón. Por eso hay que escucharlas. Esperan respuestas que no sean superficiales, sino capaces de satisfacer vuestras auténticas esperanzas de vida y de felicidad.

Para descubrir el proyecto de vida que realmente os puede hacer felices, poneos a la escucha de Dios, que tiene un designio de amor para cada uno de vosotros. Decidle con confianza: «Señor, ¿cuál es tu designio de Creador y de Padre sobre mi vida? ¿Cuál es tu voluntad? Yo deseo cumplirla». Tened la seguridad de que os responderá. ¡No tengáis miedo de su respuesta! «Dios es mayor que nuestra conciencia y lo sabe todo» (1Jn 3,20).



4. ¡Ven y sígueme!



Jesús invita al joven rico a ir mucho más allá de la satisfacción de sus aspiraciones y proyectos personales, y le dice: «¡Ven y sígueme!». La vocación cristiana nace de una propuesta de amor del Señor, y sólo puede realizarse gracias a una respuesta de amor: «Jesús invita a sus discípulos a la entrega total de su vida, sin cálculo ni interés humano, con una confianza sin reservas en Dios. Los santos aceptan esta exigente invitación y emprenden, con humilde docilidad, el seguimiento de Cristo crucificado y resucitado. Su perfección, en la lógica de la fe a veces humanamente incomprensible, consiste en no ponerse ellos mismos en el centro, sino en optar por ir contracorriente viviendo según el Evangelio» (Benedicto XVI, Homilía en ocasión de las canonizaciones, 11 de octubre de 2009).

Siguiendo el ejemplo de tantos discípulos de Cristo, también vosotros, queridos amigos, acoged con alegría la invitación al seguimiento, para vivir intensamente y con fruto en este mundo. En efecto, con el bautismo, Él llama a cada uno a seguirle con acciones concretas, a amarlo sobre todas las cosas y a servirle en los hermanos. El joven rico, desgraciadamente, no acogió la invitación de Jesús y se fue triste. No tuvo el valor de desprenderse de los bienes materiales para encontrar el bien más grande que le ofrecía Jesús.

La tristeza del joven rico del evangelio es la que nace en el corazón de cada uno cuando no se tiene el valor de seguir a Cristo, de tomar la opción justa. ¡Pero nunca es demasiado tarde para responderle!

Jesús nunca se cansa de dirigir su mirada de amor y de llamar a ser sus discípulos, pero a algunos les propone una opción más radical. En este Año Sacerdotal, quisiera invitar a los jóvenes y adolescentes a estar atentos por si el Señor les invita a recibir un don más grande, en la vida del Sacerdocio ministerial, y a estar dispuestos a acoger con generosidad y entusiasmo este signo de especial predilección, iniciando el necesario camino de discernimiento con un sacerdote, con un director espiritual. No tengáis miedo, queridos jóvenes y queridas jóvenes, si el Señor os llama a la vida religiosa, monástica, misionera o de una especial consagración: ¡Él sabe dar un gozo profundo a quien responde con generosidad!

También invito, a quienes sienten la vocación al matrimonio, a acogerla con fe, comprometiéndose a poner bases sólidas para vivir un amor grande, fiel y abierto al don de la vida, que es riqueza y gracia para la sociedad y para la Iglesia.



5. Orientados hacia la vida eterna

«¿Qué haré para heredar la vida eterna?». Esta pregunta del joven del Evangelio parece lejana de las preocupaciones de muchos jóvenes contemporáneos, porque, como observaba mi Predecesor, «¿no somos nosotros la generación a la que el mundo y el progreso temporal llenan completamente el horizonte de la existencia?» (Carta a los jóvenes, n. 5). Pero la pregunta sobre la «vida eterna» aparece en momentos particularmente dolorosos de la existencia, cuando sufrimos la pérdida de una persona cercana o cuando vivimos la experiencia del fracaso.
Pero, ¿qué es la «vida eterna» de la que habla el joven rico? Nos contesta Jesús cuando, dirigiéndose a sus discípulos, afirma: «volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y nadie os quitará vuestra alegría» (Jn 16,22). Son palabras que indican una propuesta rebosante de felicidad sin fin, del gozo de ser colmados por el amor divino para siempre.

Plantearse el futuro definitivo que nos espera a cada uno de nosotros da sentido pleno a la existencia, porque orienta el proyecto de vida hacia horizontes no limitados y pasajeros, sino amplios y profundos, que llevan a amar el mundo, que tanto ha amado Dios, a dedicarse a su desarrollo, pero siempre con la libertad y el gozo que nacen de la fe y de la esperanza. Son horizontes que ayudan a no absolutizar la realidad terrena, sintiendo que Dios nos prepara un horizonte mas grande, y a repetir con san Agustín: «Deseamos juntos la patria celeste, suspiramos por la patria celeste, sintámonos peregrinos aquí abajo» (Comentario al Evangelio de San Juan, Homilía 35, 9). Teniendo fija la mirada en la vida eterna, el beato Pier Giorgio Frassati, que falleció en 1925 a la edad de 24 años, decía: «¡Quiero vivir y no ir tirando!» y sobre la foto de una subida a la montaña, enviada a un amigo, escribía: «Hacia lo alto», aludiendo a la perfección cristiana, pero también a la vida eterna.

Queridos jóvenes, os invito a no olvidar esta perspectiva en vuestro proyecto de vida: estamos llamados a la eternidad. Dios nos ha creado para estar con Él, para siempre. Esto os ayudará a dar un sentido pleno a vuestras opciones y a dar calidad a vuestra existencia.



6. Los mandamientos, camino del amor auténtico


Jesús le recuerda al joven rico los diez mandamientos, como condición necesaria para «heredar la vida eterna». Son un punto de referencia esencial para vivir en el amor, para distinguir claramente entre el bien y el mal, y construir un proyecto de vida sólido y duradero. Jesús os pregunta, también a vosotros, si conocéis los mandamientos, si os preocupáis de formar vuestra conciencia según la ley divina y si los ponéis en práctica.

Es verdad, se trata de preguntas que van contracorriente respecto a la mentalidad actual que propone una libertad desvinculada de valores, de reglas, de normas objetivas, y que invita a rechazar todo lo que suponga un límite a los deseos momentáneos. Pero este tipo de propuesta, en lugar de conducir a la verdadera libertad, lleva a la persona a ser esclava de sí misma, de sus deseos inmediatos, de los ídolos como el poder, el dinero, el placer desenfrenado y las seducciones del mundo, haciéndola incapaz de seguir su innata vocación al amor.

Dios nos da los mandamientos porque nos quiere educar en la verdadera libertad, porque quiere construir con nosotros un reino de amor, de justicia y de paz. Escucharlos y ponerlos en práctica no significa alienarse, sino encontrar el auténtico camino de la libertad y del amor, porque los mandamientos no limitan la felicidad, sino que indican cómo encontrarla. Jesús, al principio del diálogo con el joven rico, recuerda que la ley dada por Dios es buena, porque «Dios es bueno».



7. Os necesitamos


Quien vive hoy la condición juvenil tiene que afrontar muchos problemas derivados de la falta de trabajo, de la falta de referentes e ideales ciertos y de perspectivas concretas para el futuro. A veces se puede tener la sensación de impotencia frente a las crisis y a las desorientaciones actuales. A pesar de las dificultades, ¡no os desaniméis, ni renunciéis a vuestros sueños! Al contrario, cultivad en el corazón grandes deseos de fraternidad, de justicia y de paz. El futuro está en las manos de quienes saben buscar y encontrar razones fuertes de vida y de esperanza. Si queréis, el futuro está en vuestras manos, porque los dones y las riquezas que el Señor ha puesto en el corazón de cada uno de vosotros, moldeados por el encuentro con Cristo, ¡pueden ofrecer la autentica esperanza al mundo! La fe en su amor os hará fuertes y generosos, y os dará la fuerza para afrontar con serenidad el camino de la vida y para asumir las responsabilidades familiares y profesionales. Comprometeos a construir vuestro futuro siguiendo proyectos serios de formación personal y de estudio, para servir con competencia y generosidad al bien común.
En mi reciente Carta encíclica —Caritas in veritate— sobre el desarrollo humano integral, he enumerado algunos grandes retos actuales, que son urgentes y esenciales para la vida de este mundo: el uso de los recursos de la tierra y el respeto de la ecología, la justa distribución de los bienes y el control de los mecanismos financieros, la solidaridad con los países pobres en el ámbito de la familia humana, la lucha contra el hambre en el mundo, la promoción de la dignidad del trabajo humano, el servicio a la cultura de la vida, la construcción de la paz entre los pueblos, el diálogo interreligioso, el buen uso de los medios de comunicación social.
Son retos a los que estáis llamados a responder para construir un mundo más justo y fraterno. Son retos que requieren un proyecto de vida exigente y apasionante, en el que emplear toda vuestra riqueza según el designio que Dios tiene para cada uno de vosotros. No se trata de realizar gestos heroicos ni extraordinarios, sino de actuar haciendo fructificar los propios talentos y las propias posibilidades, comprometiéndose a progresar constantemente en la fe y en el amor.
En este Año Sacerdotal, os invito a conocer la vida de los santos, sobre todo la de los santos sacerdotes. Veréis que Dios los ha guiado y que han encontrado su camino día tras día, precisamente en la fe, la esperanza y el amor. Cristo os llama a cada uno de vosotros a un compromiso con Él y a asumir las propias responsabilidades para construir la civilización del amor. Si seguís su palabra, también vuestro camino se iluminará y os conducirá a metas altas, que colman de alegría y plenitud la vida.

Que la Virgen María, Madre de la Iglesia, os acompañe con su protección. Os aseguro mi recuerdo en la oración y con gran afecto os bendigo.





Vaticano, 22 de febrero de 2010

BENEDICTUS PP. XVI






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Tomado de:






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Cursos de Formación en la Parroquia Nuestra Señora de Fátima


Actividades 2010 - Primer Semestre
Cursos y Experiencias de Formación
Parroquia Nuestra Señora de Fátima



La Parroquia Nuestra Señora de Fátima te ofrece diversas actividades en las que puedes participar. Algunas exigen ciertos requisitos, otras son abiertas para todos.

¡Inscríbete y participa!

Av. Armendáriz 350 Miraflores - cerca de Larcomar. Lima, Perú. Teléfono 446-3119.




Meditación del Misterio Pascual de la Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo

Fecha: Sábado 27 de marzo y sábado 03 de abril.
Hora: 10:00 AM a 12 del mediodía.
Lugar: Salón Parroquial.
Incripción gratuita.
Dirige la experiencia: P. Carlos Cardó, S.J.






El Evangelio según San Mateo


Lectura orante del Evangelio según San Mateo. Presentación del Reino de Dios y la formación de la Iglesia de los seguidores de Jesús.

Fechas: Todos los lunes del mes de abril.
Hora: 7:30 a 9:30 PM.
Lugar: Salón parroquial.
Inscripción gratuita.
Expositor: P. Antonio Hernández, S.J.






Forma tu Fe

Curso de catequesis para adultos que quieren fundamentar mejor su fe y experiencia cristiana.

Fechas: Sesiones los lunes, desde el 05 de abril.
Hora: 4:30 a 6:00 PM.
Lugar: Salón parroquial.
Inscripción gratuita





Taller de Experiencia de Oración

Fechas: Los jueves desde el 08 de abril hasta el 10 de junio.
Hora: 7:30 a 8:30 PM.
Lugar: Salón Parroquial.
Insrcipción gratuita.





Las grandes religiones del mundo

Diversas respuestas a los problemas fundamentales del ser humano.

Fechas: Los martes 04, 11, 18 y 25 de mayo y el 01, 08, 15 y 22 de junio.
Hora: 7:30 PM.
Lugar: Salón Parroquial.
Inscripción gratuita.
Expositor: P. Adolfo Franco, S.J.




La encíclica Caridad en la Verdad y su aplicación a la realidad actual

El mes de mayo de 1991 se cumplieron los 100 años de la Doctrina Social de la Iglesia, tema al que el Papa Juan Pablo II dedicó tres encíclicas, y el Papa Benedicto XVI, nuevamente, ha actualizado en la era de la globalización. En el ciclo de estas conferencias, se destacarán las novedades siguientes: unir la verdad con la caridad en diálogo de las ciencias humanas con la filosofía, la teología y la fe; abrir nuevos espacios para la participación ciudadana gracias a la sociedad civil, brecha entre la rigidez del mercado y del Estado; ofrecer el aporte de la Iglesia con una concepción del ser humano como fraterno y solidario a imagen de la vida divina en Dios.
Fechas: Los jueves 06, 13, 20, 27 de mayo y 03 de junio.
Hora: 7:30 a 9:00PM.
Lugar: Salón Parroquial.
Inscripción gratuita.
Expositor: P. Ricardo Antoncich, S.J.



Meditaciones sobre la Iglesia

Una reflexión teológico-espiritual sobre el ministerio de la Iglesia, siguiendo los principales puntos de la Eclesiología: la fundación de la Iglesia. Israel y la Iglesia. Jesús y la Iglesia. pascua y pentecostés, origen de la Iglesia. Distantas imágenes de la Iglesia en los Evangelios y Pablo. La Iglesia en el concilio Vaticano II. La Iglesia, comunidad de creyentes, signo de la Trinidad. La Iglesia pueblo de Dios, cuerpo de Cristo, templo del Espíritu Santo, sacramento de salvación para el mundo. Iglesia, una, santa, católica y apostólica.

Fechas: Los viernes, desde el 07 de mayo.
Hora: 5:00 a 7:00PM.
Lugar: Salón Parroquial.
Inscripción gratuita.
Expositor: P. Carlos Cardó, S.J.


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Fuente: Cartilla para inscripciones "Actividades Fátima 2010", Primer Semestre.

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Homilía: 4º Domingo de Cuaresma (C)





Lecturas: Jos 5,9-12; S.33;2 Cor 5,17-21; Lc 15,1-3.11-32

Arrepentimiento del pecado
y misericordia de Dios.

P. José R. Martínez Galdeano, S.J.



(v. 1-3).- Todos los que estamos aquí estamos en peligro de ser como aquellos.

(v. 11-13).- El hijo menor representa al pecador. “Dame la parte de la herencia que me corresponde”. Todo empezó con la soberbia. Nada era suyo. Aquello de que disponía libremente, era todo de su padre; pero su soberbia le imposibilitó reconocerlo.

El primer pecado fue alejarse de su padre. El primero y más grande pecado del hijo pecador es alejarse de Dios.

(13-16).- Cada vez se hunde más en la degradación. Ha perdido el respeto de sí mismo y de su dignidad. Cada vez se ve más despreciable.

(17-19).- Conservaba todavía algo bueno: Sabía de su dignidad, sabía que era hijo de su Padre, seguía creyendo en la bondad de su Padre, aunque él no la mereciera.

Fueron la reflexión sobre el mal de su pecado y la fe en la misericordia del Padre, que no se vería defraudada, las que convirtieron al hijo y motivaron al regreso. Cambió, empezó a pensar de otra manera, se convirtió: Hasta los jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia y yo aquí me muero de hambre, y no puedo comer ni lo de los chanchos. Me levantaré e iré, y confesaré que he pecado y le pediré que me permita quedarme aunque sea en el último lugar.

(20).- La vuelta no fue fácil. No tenía plata, la distancia era larga, tendría que ir solo.

(20).- Preciosa la narración. No sintió el Padre indignación ni deseo de castigo ni siquiera le reprende por lo hecho. La alegría de que el hijo vuelva, de que el pecador haya regresado, apaga todo otro sentimiento.

(21).- El hijo sí, el hijo recuerda su pecado y su gran magnitud: “no merezco ni llamarme hijo tuyo”. Lo reconoce plenamente y reconoce que lo que desde ahora tenga será no merecido, sino gracia.

(22-24).- Magnífico resumen y enumeración simbólica de los bienes sobrenaturales que el Padre da al pecador que vuelve arrepentido: “el mejor traje”, el vestido de la gracia santificante que brilla por el reflejo del Espíritu; el “anillo y las sandalias” signos de su dignidad recuperada de hijo con todos sus derechos; el banquete del ternero cebado, que simboliza el sacrificio y el banquete de la Eucaristía, en que el pecador arrepentido va a participar.

Como “hijo mío” lo designa, con la expresión más fuerte que un padre puede encontrar para expresar su afecto incondicional al hijo. “Estaba muerto”, porque el pecado mortal mata la vida de Dios, participada en el bautismo, “y ha vuelto a la vida” (resucitar con Cristo a la vida de la gracia es el gran fruto del sacramento de la penitencia), “estaba perdido y ha sido encontrado”.
(24).- “Y empezaron el banquete”. Es el de la Eucaristía. Que es la celebración alegre en la que nos encontramos cada domingo. Conscientes de que el Padre nos ama, de la importancia y belleza del pan de su palabra, de la maravilla de amor de su maná, que nos fortalece, acompaña e ilumina.

(25-30).- El hermano mayor es el fariseo. Todos llevamos un fariseo dentro. Piensa que su relación con Dios es de justicia: con sus obras ha ganado el derecho a un salario. No hay lugar para la misericordia, sino sólo para el castigo. Como premio aspira a cosas distintas del amor del Padre y de vivir con él, no ve a su hermano como tal ni le importa su suerte.

(31-32).- Esto es lo verdaderamente grande y valioso, y lo que hay que apreciar: Lo que Dios nos da por gracia, sin merecerlo, solo porque Dios es bueno conmigo: Ser hijo de Dios, estar con el Padre, participar de la vida y de los dones de Dios. Eso es lo grande y lo que debe fundar nuestra alegría. Que esa familia de Dios crezca, que cada vez haya más que conocen y amen a Dios, que todos los hombres tengan vida. Por eso la Iglesia hace fiesta cuando un hermano pecador hace penitencia y regresa arrepentido.

Hasta aquí la parábola. Pero la realidad la supera. El abrazo del Padre al hijo que regresa arrepentido se realiza plenamente en el sacramento de la penitencia. La Iglesia sabe, y lo sabe infaliblemente, que tiene el poder de Cristo para perdonar todos los pecados a todo pecador arrepentido. Puede un cristiano haber realizado, y por mucho tiempo, los pecados más horrendos. Si él lo reconoce, si él se arrepiente –y es la propia conciencia la que inmediatamente vive y constata sin equivocarse la sinceridad del arrepentimiento–, ese pecador sabe que ha dejado de serlo, sabe cierto que ha sido perdonado, sabe con toda seguridad que Dios, su Padre misericordioso, no le va a exigir cuenta jamás de tales pecados ni los va a recordar: “Arrojará al fondo del mar –allí donde sea imposible encontrarlos– todos nuestros pecados”(Miq 7,19).

Pero, completando lo explicado el domingo pasado sobre la conversión y el sacramento de la penitencia, advirtamos que el hijo arrepentido no regresa al Padre para volver a sacarle plata y marcharse otra vez a repetir la historia. Él reconoce que en justicia humana ha perdido todos sus derechos: “He pecado. Ya no merezco ni llamarme hijo tuyo”. No piensa sino en permanecer ya para siempre con el padre. Y se consideraría feliz como mero jornalero, con pan en abundancia en su casa. Pero en la casa de Dios no hay categorías, no hay esclavos, no hay jornaleros, sólo hay hijos, que viven y gozan en plenitud de los bienes y compañía del Padre por toda la eternidad.

Sería un pecado gravísimo volver pensando en la traición que supondría volver a hacer lo mismo. Hay el peligro de tener de la misericordia de Dios y de Dios mismo el concepto equivocado de que fuera un ancianito bondadoso que no se entera de nada y perdona porque no se da cuenta. Hay quienes se confiesan con un dolor tan superficial, voluntaria y conscientemente superficial, del que saben su falta de fuerza para convertirles. Me atrevo a advertir a todos que no vale; ni siquiera en el caso de que sólo se confiesen pecados veniales. Si la confesión no suscita una decisión de conversión, me atrevería, incluso, a dudar de su validez. La confesión debe ir acompañada y aun precedida de una exigencia fuerte de cambio desde mi yo más profundo. Vicios y pecados constantes, que por mucho tiempo permanecen sin corrección ni disminución, incluso siendo veniales, obligan a interrogarse sobre la sinceridad y aun validez de tales confesiones.

Y terminamos con la misma verdad que estamos recordando esta cuaresma: Que vivir la fe no es estar haciendo siempre lo mismo de la misma manera. Estamos en una competición, en una lucha siempre. Hay que hacer algunas cosas que no hacíamos, dejar de hacer otras que hacíamos, y seguir haciendo lo bueno pero mejor. Que por la intercesión de María el Espíritu Santo nos ayude con su luz y con su fuerza.



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El hijo pródigo



Dios es apoyo y refugio, porque es ternura y misericordia.


P. Adolfo Franco, S.J.


Reflexión del Evangelio del 4º Domingo de Cuaresma


Lucas 15, 1-3, 11-32




Esta hermosa página del Evangelio muy conocida y muy meditada es la parábola del hijo pródigo. En ella se nos da un cuadro impresionante cuyo centro es Dios Padre lleno de amor por un hijo pecador. Y en ella se nos ofrece un atisbo de las reflexiones de este hijo descarriado, su meditación en el momento en que las circunstancias le obligan a pensar: "Recapacitando entonces se dijo: Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre..."

Este hombre ha llegado al fracaso, está frustrado. El vacío que siente le obliga a pensar, y seguramente pensaría así:

“Ayer se fue mi último amigo, intentó despedirse con una sonrisa, pero no sé si se estaba burlando. Tenía prisa en marcharse. A mi lado ya no podía conseguir nada. Cuántos se fueron yendo en los últimos días. Ahora se han ido todos. Nadie me va a ayudar; no me ha quedado más que este rincón inmundo, yo que tanto presumí de elegancia. Hasta hace pocas semanas yo podía pagar espléndidas posadas; todos se desvivían por ofrecerme sus servicios.

Me creía invencible para siempre. El triunfador ahora no tiene más que este lugar sucio, con olores de estiércol; es el único sitio que me queda. ¿Cómo pude llegar a esto? Hace tan poco tiempo que salí de mi casa; iba cargado de riqueza. Montando mi caballo blanco yo pensé que tenía el mundo en mis manos. Era un triunfador. Parecía que tenía poder mágico en mis manos: donde yo iba, todo se transformaba en fiesta. Llegué a pensar que era un ser único, por encima de todo ser humano.

Pero la fiesta se acabó. Detrás del cortinaje de las apariencias, lo que había era esta máscara de vergüenza y humillación. El poder ha quedado en nada; incluso ayer tuve que suplicar por un lugar en la pocilga. La riqueza que me abría todas las puertas se desvaneció como una neblina. Y especialmente el sentido de mi propia dignidad: detrás de esa apariencia de esplendor no había nada. Ahora mi cortejo es este grupo de sucios animales con los que peleo por la comida.”

Pero el hilo de las reflexiones le fue llevando a su Padre; se había dado cuenta de que lo que le faltaba era su Padre. Era esa la única salida, la única verdad. Todo había sido ilusión y engaño; por fin empezaría la verdad. Su padre era lo que en realidad necesitaba.

Y la meditación la fue continuando, añoraba a su Padre, necesitaba verlo. La añoranza de su abrazo, la sentía como un río de amor y de lágrimas. La añoranza lo puso de nuevo en pie. Y después de un largo camino de regreso ve a lo lejos un hombre que se le viene corriendo. Era su Padre. Ese Padre lo ha intuido cuando aún estaba lejos, y su corazón le empuja al encuentro. El hijo recibe un abrazo, lo que él necesitaba. El corazón del Padre está derramando en este pobre hijo toda su ternura y lo reconforta, lo va haciendo revivir. Ahora se siente protegido en ese afecto que lo envuelve, y lo cura de todo el fracaso, siente que su corazón destila paz. Qué diferencia entre este sentimiento de ser único para mi Padre, y la apariencia de afecto que le dieron sus amigos. El corazón de su Padre le está diciendo palabras que nadie más sabe decir: traigan el vestido, el anillo, las sandalias, preparen la fiesta; todas en el fondo significan lo mismo: hijo querido, te amo, te amo.

Esos brazos que le abrazan le dicen hondamente: Hijo querido, cómo te eché de menos. Más que la túnica que le pondrán, el hijo se siente vestido de un cariño, que a la vez es dignidad y banquete. Esa ya es su fiesta. Las entrañas se le han conmocionado, y sentimientos nunca antes experimentados le llenan de paz, le traen todos los aromas, le curan todas las heridas, y reconstruyen una nueva esperanza con las ruinas de su fracaso. Es ahora cuando la vida empieza de nuevo.

Esta pintura de nuestro Padre destaca la seguridad de que Dios es apoyo y refugio, porque es ternura y misericordia. El nos ama sin condiciones. Esta maravilla increíble, esta esperanza que no hubiéramos imaginado, es la redención: la redención que nos trae Jesús, es el abrazo del Padre, y es la fiesta de la dignidad y de la salvación. La redención de Jesús es el banquete de la alegría.





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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.


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P. Juan Julio Wicht SJ en la Casa del Padre






Compartimos la nota publicada por la Universidad del Pacífico y expresiones de algunas amistades.









La Universidad del Pacífico cumplió con el penoso deber de comunicar el sensible fallecimiento del destacado profesor de la Universidad del Pacífico, economista y sacerdote jesuita Juan Julio Wicht.

Su fallecimiento tuvo lugar el día 12 de marzo del 2010, a las 7.20 a .m., en la enfermería de Fátima, de un inesperado coma diabético.

El Padre Juan Julio Wicht dedicó buena parte de su vida a la enseñanza e investigación en la Universidad del Pacífico. Además, tuvo un importante rol en momentos difíciles para el país, como la toma de la residencia japonesa por parte de un grupo terrorista, entre diciembre de 1996 y abril de 1997. En esa oportunidad, el padre Witch decidió quedarse como uno de los rehenes, pese a que entonces estuvo en la lista de quienes serían liberados.

“Fue un sacerdote extraordinario y pude verlo en su máxima expresión cuando estuvo voluntariamente con nosotros en la embajada de Japón”, señaló Luis Giampietri, ex Primer vicepresidente de la República y congresista.

Los restos del padre Juan Julio Wicht fueron velados en el Salón Parroquial de la iglesia Nuestra Señora de Fátima (Av. Armendariz 350 - Miraflores). La misa de funeral se realizó el sábado 13, a las 3 pm, en el templo parroquial de la misma.


Juan Julio Wicht SJ

El padre Wicht nació el 18 de abril de 1932, en Salaverry, Trujillo. Fue un destacado profesor, ex Decano de la Facultad de Economía y ex Director del Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico. Asimismo, perteneció a la pastoral de los padres jesuitas de la iglesia Nuestra Señora de Fátima y fue asesor de la Dirección del Instituto Nacional de Planificación del Perú.

Wicht fue Ph.D. (c) en Economía, Universidad de Harvard, EE.UU; Licenciado en Economía, Universidad Católica de Lille, Francia; Licenciado en Teología, Universidad San Cugat del Vallès, Barcelona, España; Licenciado en Filosofía, Universidad Complutense, Alcalá de Henares, España; y Research Associate de Boston University.

Ha publicado varios libros y artículos, entre ellos: “Modelos Económico-Demográficos”, Instituto Nacional de Planificación, Lima, 1975; “Anatomía de un Fracaso Económico: Perú 1968- 1978” , co-autor con Daniel M. Schydlowsky, Universidad del Pacífico, Lima 1979 (cinco ediciones); “Realidad Demográfica y Crisis de la Sociedad Peruana”, AMIDEP, Lima, 1985 (dos ediciones); y "Rehén Voluntario, 126 días en la Residencia del Embajador del Japón", co-autor con Luis Rey de Castro, Editorial Santillana, Lima 1998.

Entre sus grados honoríficos destacan los reconocimientos Doctor in Divinity por Boston University, Mass. EE.UU., 1997; Doctor in Law por Gonzaga University, Spokane, Washington, EE.UU., 1998; Doctorado Honoris Causa, en varias universidades del Perú. Además ha recibido el Premio Nacional de Derechos Humanos, 1996; la Medalla de Honor del Congreso de la República, 1997: la Medalla de Honor de la Ciudad de Lima, y de varias otras ciudades y Colegios Profesionales del país, 1997, 1998, y 1999.


Expresiones*

La iglesia y el país pierden a un testigo de la decencia y del servicio sin límites.
Un abrazo grande a nombre de las Siervas de San José y de la Conferencia de Religiosos del Perú.
Lucrecia Aliaga SSJ
Provincial - Presidenta CRP

¡Cuántos recuerdos de tantos años de encuentros con él! Recuerdo cuando luego de celebrar la Eucaristía de los domingos en nuestra iglesia de Wilson, entraba Juan Julio y pasaba alguna hora tocando maravillosamente el piano en una de las galerías de la casa. Tocaba muy bien y nos encantaba oír llenar de melodías la casa. No tenía muchas oportunidades de hacerlo y era una de las cosas que le gustaba de la Eucaristía en Wilson, su sesiòn de música. Tenía una personalidad tan rica y completa. Nos deja muchas enseñanzas, muchos ejemplos de un sacerdote ejemplar. Tenía un lindo sentido del humor.
Margarita Escudero, ACI
(Santa María del Nieva)

En sus tiempos de “maestrillo” en Arequipa era un entusiasta deportista. Sobre todo le gustaba el básquet, y organizaba campeonatos entre alumnos, exalumnos, profesores y jesuitas.
Un jesuita contemporáneo suyo

Un gran amigo, un sacerdote comprometido con la búsqueda del bien común y un jesuita a carta cabal. Tuve la oportunidad de entrevistarlo muchas veces y conocí su gran calidad humana, su sensibilidad social. Su muerte realmente es una gran pérdida para el Perú (y para la Compañía).
Zoraida Portillo
Escritora y periodista

Siempre lo hemos admirado, primero en sus sermones en Fátima, después por su actuación en la Embajada. Un hombre brillante.
Maisie Temple de Fantozzi

Juan Julio fue un ejemplo de jesuita abierto a la realidad del país, a la discusión académica y política, y al mismo tiempo una persona, cercano y de un excelente humor.
Carlos Alberto Rivera Diez

El ejemplo de servicio y compromiso solidario que supo dar el P. Juan Julio, es un ánimo para toda la iglesia peruana.
Misioneras Parroquiales del Niño Jesús de Praga

Un hombre ejemplar. Un ser humano excepcional y un intelectual de primera.
Javier De Belaúnde López de Romaña

Que su testimonio profético inspire nuestro compromiso cotidiano al estilo de Jesús.
Magdalena Conde Salgado SSJ (España)

Su testimonio cristiano como intelectual y como sacerdote comprometido con las causas de Jesús en los pobres nos ha dejado una huella de sacerdote que ennoblece a la Iglesia, dispuesto a permanecer con las víctimas, como en el caso de los rehenes, hasta el final.
Carlos.Castillo Mattasoglio, Pbro.

Nos dio a todos un ejemplo con su valentía, desprendimiento y amor.
Carlos Eduardo Paredes

En CARE Perú, nuestro Director Nacional y Director de Programas, señores Milo Stanojevich y Jay Goulden, así como nuestra organización, siempre guardaremos admiración por la labor de Juan Julio en los claustros universitarios y en la promoción de la investigación de la realidad económica y social peruana.
Roberto Vargas Buendía, Asesor en Desarrollo Organizacional

Un Gran Hombre, hermano y amigo. ¡Cuánto hizo por la Vida Consagrada, por los jóvenes, en fin por nuestro Pueblo, estoy segura que descansa en paz.
Hna.María Eusebia Escudero Wenzel
Hermanas de Jesús Pobre, Buena Pastora General

Nos queda su conducta, su trabajo y su actitud de servicio como testimonio de su vocación asumida desde muy joven.
Francisco Sánchez Villareal (Profesor San Ignacio – Piura)

Un magnífico sacerdote y verdadero cristiano, ejemplo que debemos de tomar todos.
Héctor Zuñiga (Parroquia San Felipe Apóstol)

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*Llegadas a través del correo Noticias para los amigos del P. Rómulo Franco S.J.
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Fotos: 1º Diario Perú21, 2º Caretas.



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P. Manuel Montero SJ en la Casa del Padre



Víctor Casallo


2010-03-09 09:21:18




Manolo Montero partió al seno del Padre el último domingo, con la misma discreción con la que dio su vida cada día. En la maravillosa ciudad del Cusco, encargado durante años de la bella iglesia de la Compañía, el “Padre Montero” vivía para los menos visibles y más ignorados. En las calles o en su oficina compartía una palabra de aliento, un gesto de perdón, el dato de un trabajo o una limosna para dar de comer a su familia. Sin altos cargos ni dignidades, lo reconocían en cada esquina. Era tan parte del Cusco como su aire puro: vital e imperceptible.


Montero encontraba a Dios en las vidas más frágiles, quizás porque fue su propia fragilidad la que lo llevó al Cusco: enfermo, fue destinado a ese clima más sano; aunque lo que más lo hizo sufrir fue la inactividad que debió guardar para recuperarse. Quienes lo conocemos, imaginamos cuánto le habrá costado. Contaba esa historia sin dramatizarla, al igual que su experiencia de la guerra civil que le quitó familiares y le hizo conocer el hambre. Compartía esas vivencias “para en todo edificar”: herido por la debilidad aprendió cada día, hasta el final de su vida a poner todo en manos de Dios. Su pasión, la que le hacía brillar los ojos, indignarse o bromear, era que todos compartamos esa confianza en el Padre y no carguemos solos nuestras cruces.


Esa confianza lo hizo increíblemente libre: en el púlpito, en la mesa, en el taxi, en las aulas del colegio y del seminario, y en cada lugar donde estuvo, sus palabras aspiraban a transparentar al Dios que lo llenó de energía hasta el final. Hablar por primera vez con Montero era sorprenderse de su apertura al escuchar y opinar. Desarmaba las poses y prejuicios de quienes primero veíamos su sotana –sobre innumerables capas de ropa – y luego descubríamos su libertad, lucidez y picardía. Con esa libertad nos aclaraba el valor de los estudios. Recibía con ilusión los libros y copias que le llevaba de vez en cuando. Hace solo un mes comentaba sus impresiones sobre el “Jesús” de Pagola. Le dolía que la vida de la iglesia pareciera atender en ocasiones más al Derecho Canónico que a la Biblia y –precisamente por eso – se empeñó más al estudio y la enseñanza de los cánones. A los que trabajamos o nos enredamos con ideas, nos recordaba la oración de Jesús, previniéndonos contra hacernos sabios y entendidos a costa de alejarnos de los pobres y sencillos.


Con esa sencillez animó la calidez y alegría comunitaria de su comunidad de El Triunfo, siempre tan visitada. Me imagino ahora a Montero junto a Iñaki Elorza en la mesa del Padre comentando los partidos del Cienciano, recordando viejas anécdotas de jesuitas y soñando con su futuro. Deben estar preocupándose también por Teófila, quien debe estar llorándolos en la cocina de su querida comunidad…


Viejo amigo, no me reproches esta semblanza. Me recuerdas que somos solo instrumentos del amor de Dios, que todo lo demás es prescindible. Mejor termino intentando sintetizar en tres proposiciones lo que te empeñabas en hacernos comprender. En realidad solo era una: “déjate atraer por Cristo”. Así de esencial y cotidiano. Con todo, no nos dejabas confundirla con una receta espiritualista, intentaste acercarla más a nosotros y, en especial, a tus paisanos cusqueños. La segunda es una oblación que hiciste a medida de quien no puede ir a talleres de oración o ejercicios. La usabas, por ejemplo, con los taxistas que confesabas mientras te llevaban a tu querido comedor de niños: levantar la mirada y - recordando el slogan de aquella cerveza - decir “Va para ti, Señor”. La última era tu cita favorita de Santa Teresita del Niño Jesús, Doctora de la iglesia y Patrona de las misiones, sabiduría y proyección en una persona frágil, como siempre recordabas. Era tu ideal de vida: ser como la pelotita con la que el Niño Jesús juega en su misteriosa voluntad. Así estás ahora plenamente en sus manos.



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Primera predicación de Cuaresma del padre Raniero Cantalamessa



CIUDAD DEL VATICANO, viernes 5 de marzo de 2010 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación la primera predicación de Cuaresma a la Curia Romana realizada hoy, en presencia del Papa, por el padre Raniero Cantalamessa, OFMCap.


Ministros de una alianza nueva

Primera predicación de Cuaresma

P. Raniero Cantalamessa, OFMCap.




El Señor me concede ser testigo de la gracia extraordinaria que se está revelando este Año Sacerdotal para la Iglesia. Son incontables los retiros del clero que se celebran en diversas partes del mundo. A uno de estos retiros, organizado en Manila por la Conferencia Episcopal de Filipinas, el pasado mes de enero, tomaron parte 5.500 sacerdotes y 90 obispos. Fue, según el cardenal de Manila, un nuevo Pentecostés. Durante una hora de adoración guiada, por invitación del predicador, toda esa inmensa muchedumbre de sacerdotes con vestiduras blancas gritó a una sola voz: “Lord Jesus, we are happy to be your priests”: “¡Señor Jesús, somos felices de ser tus sacerdotes!”. Y se veía por los rostros que no eran solo palabras.

La misma experiencia, en número más reducido, la viví con todo el clero de la región de Sabah, en Malasia, después en Singapur y últimamente en el santuario de Loreto, con alrededor de 200 obispos y sacerdotes italianos. Todos me han pedido que transmita al Santo Padre su agradecimiento y su saludo, y yo lo hago con alegría en este momento.


1. Los “misterios” de Dios

La palabra de Dios que nos guía en estas reflexiones para el Año Sacerdotal es 1 Corintios 4, 1: Si nos existimet homo, ut ministros Christi et dispensatores mysteriorum Dei; “Por tanto, que nos tengan los hombres por servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios”. Hemos meditado en Adviento la primera parte de esta definición: el sacerdote como servidor de Cristo, en el poder y en la unción del Espíritu Santo. Nos queda, en esta Cuaresma, reflexionar sobre la segunda parte: el sacerdote como dispensador de los misterios de Dios. Naturalmente, lo que decimos del sacerdote, vale con mayor razón para el obispo, que posee la plenitud del sacerdocio.

El término “misterios” tiene dos significados fundamentales: el primero es el de verdades escondidas y reveladas por Dios, los propósitos divinos anunciados veladamente en el Antiguo Testamento y revelados a los hombres en la plenitud de los tiempos; el segundo es el de “signos concretos de la gracia”, en la práctica los sacramentos. La Carta a los Hebreos reune los dos significados en la expresión “los misterios de Dios” (ta pros ton Theon, ea que sunt ad Deum); acentúa precisamente el significado ritual y sacramental, diciendo que la tarea del sacerdote (el autor, sin embargo, habla del sacerdocio en general, del Antiguo y del Nuevo Testamento) es la de “ofrecer dones y sacrificios por los pecados” (Hb 5,1).

Este segundo significado se afirma sobre todo en la tradición de la Iglesia. San Ambrosio escribió dos tratados sobre los ritos de la iniciación cristiana, vistos como cumplimiento de figuras y profecías del Antiguo Testamento; uno lo titula De sacramentis y el otro De mysteriis, aunque tratan en la práctica sobre el mismo argumento.

Volviendo a la palabra del Apóstol, el primero de estos dos significados saca a la luz el papel del sacerdote respecto de la Palabra de Dios, el segundo su papel respecto a los sacramentos. Juntos delinean la fisionomía del sacerdote como testigo de la verdad de Dios y como ministro de la gracia de Cristo, como anunciador y como sacrificador.

Durante muchos siglos la función del sacerdote fue reducida casi exclusivamente a su papel de liturgo y de sacrificador: “ofrecer sacrificios y perdonar los pecados”. Fue el Concilio Vaticano II quien vovlió a poner en evidencia, junto a la función cultual, la de evangelizador. En línea con lo que la Lumen gentium había dicho de la función de los obispos de “enseñar” y “santificar”, la Presbyterorum ordinis escribe:

“Por participar en su grado del ministerio de los apóstoles, Dios concede a los presbíteros la gracia de ser entre las gentes ministros de Jesucristo, desempeñando el sagrado ministerio del Evangelio, para que sea grata la oblación de los pueblos, santificada por el Espíritu Santo (Rm 15, 16). Pues por el mensaje apostólico del Evangelio se convoca y congrega el Pueblo de Dios (...) Porque su servicio, que surge del mensaje evangélico, toma su naturaleza y eficacia del sacrificio de Cristo” [1].

De las tres meditaciones de Cuaresma (el viernes 19 de marzo, se omite la predicación por la fiesta de san José) dedicaremos una al tema del sacerdote como ministro de la palabra de Dios, una al sacerdote como ministro de los sacramentos y una más existencial, a la renovación del sacerdocio mediante la conversión al Señor.


2. La letra y el Espíritu

A partir del II siglo se observa una tendencia a modelar – en los requisitos, en los ritos, en los títulos, en las vestiduras – el sacerdocio cristiano sobre el levítico del Antiguo Testamento [2]; una tendencia que se refleja en documentos canónicos como las Constituciones apostólicas, la Didascalia siriaca y otras fuentes similares. Precisamente esta asimilación externa, hace sentir más urgente la necesidad de redescubrir, en una ocasión como esta, la novedad y alteridad sustancial del ministerio de la nueva alianza respecto al de la antigua. Es la enérgica afirmación paulina que quisiera poner en el centro de la presente meditación:

“No que por nosotros mismos seamos capaces de atribuirnos cosa alguna, como propia nuestra, sino que nuestra capacidad viene de Dios, el cual nos capacitó para ser ministros de una nueva Alianza, no de la letra, sino del Espíritu. Pues la letra mata mas el Espíritu da vida. Que si el ministerio de la muerte, grabado con letras sobre tablas de piedra, resultó glorioso hasta el punto de no poder los hijos de Israel fijar su vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, aunque pasajera, ¡cuánto más glorioso no será el ministerio del Espíritu!” (2Cor 3, 5-8).

Qué entiende el Apóstol con la oposición letra – Espíritu, se deduce de lo que escribe poco antes, hablando de la comunidad del Nuevo Testamento: “Evidentemente sois una carta de Cristo, redactada por ministerio nuestro, escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne, en los corazones” (2 Cor 3, 3).

La letra es por tanto la ley mosaica escrita sobre tablas de piedra y, por extensión, toda ley positiva exterior al hombre; el Espíritu es la ley interior, escrita en los corazones, la que en otro lugar el Apóstol define “la ley del espíritu que da la vida en Cristo Jesús y que liberó de la ley del pecado y de la muerte” (cf. Rm 8, 2).

San Agustín escribió un tratado sobre nuestro texto – el De Spiritu et littera – que constituye un hito en la historia del pensamiento cristiano. La novedad de la nueva alianza respecto a la antigua, explica, es que Dios ya no se limita a mandar al hombre que haga o no haga, sino que hace él mismo con él y en él las cosas que le manda. Donde impera la ley de las obras amenazando, la ley de la fe impetra creyendo... Con la ley de las obras Dios dice al hombre: 'Haz lo que te mando', con la ley de la fe el hombre dice a Dios: 'Dame lo que me mandas'” [3].

La ley nueva que es el Espíritu es mucho más que una “indicación” de voluntad; es una “acción”, un principio vivo y activo. La ley nueva es la vida nueva. La oposición letra – Espíritu equivale en san Pablo a la oposición ley – gracia: “ya que no estáis bajo la ley sino bajo la gracia” (Rm 6,14).

También en la Antigua Alianza está presente la idea de gracia, en el sentido de benevolencia, favor y perdón de Dios (la hesed): “hago gracia a quien hago gracia” (Ex 33,19); los salmos están llenos de este concepto. Pero ahora la palabra gracia, charis, ha adquirido un significado nuevo, histórico: es la gracia que viene de la muerte y resurrección de Cristo y que justifica al pecador. Ya no es solo una disposición benévola, sino una realidad, un “estado”: “Habiendo, pues, recibido de la fe nuestra justificación, estamos en paz con Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido también, mediante la fe, el acceso a esta gracia en la cual nos hallamos” (Rm 5, 1-2).

Juan describe la relación entre antigua y nueva alianza de la misma forma que Pablo: “Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo” (Jn 1, 17).

Da esto se deduce que la ley nueva, o del Espíritu, no es, en sentido estricto, la promulgada por Jesús en el monte de las Bienaventuranzas, sino la escrita por él en los corazones en Pentecostés. Los preceptos evangélicos son ciertamente más elevados y perfectos que los mosaicos; con todo, por sí solos, también estos habrían sido ineficaces. Si hubiese bastado proclamar la nueva voluntad de Dios a través del Evangelio, no se explicaría qué necesidad había de que Cristo muriese y viniese el Espíritu Santo; no se explica por qué el Jesús de Juan hace depender todo de su “elevación”, es decir, de su muerte en cruz (cf. Jn 7, 39; 16, 7-15).

Los apóstoles son la prueba viviente de esto. Éstos habían escuchado de la viva voz de Cristo todos los preceptos evangélicos, por ejemplo que “quien quiera ser el primero se haga el último y el siervo de todos”, pero hasta el final les vemos preocupados por establecer quién era el más importante entre ellos. Sólo tras la venida del Espíritu sobre ellos les vemos olvidarse completamente de sí mismos y dedicados sólo a proclamar “las grandes obras de Dios” (cf. Hch 2, 11).

Sin la gracia interior del Espíritu, también el Evangelio, por tanto, también el mandamiento nuevo, se habría quedado en ley vieja, letra. Retomando un atrevido pensamiento de san Agustín, santo Tomás de Aquino escribe: “Por letra se entiende toda ley escrita que queda fuera del hombre, también los preceptos morales contenidos en el Evangelio; por lo que también la letra del Evangelio mataría, si no se añadiese, dentro, la gracia de la fe que sana” [4]. Aún más explícito es lo que escribió un poco antes: “La ley nueva es principalmente la misma gracia del Espíritu que se ha dado a los creyentes” [5].


3. No por constricción, sino por atracción

¿Pero cómo actúa, en concreto, esta ley nueva que es el Espíritu? ¡Actúa a través del amor! La ley nueva no es otra cosa que lo que Jesús llama el “mandamiento nuevo”. El Espíritu Santo ha escrito la ley nueva en nuestros corazones, infundiendo en ellos el amor (Rm 5, 5). Este amor es el amor con el que Dios nos ama y con el que, contemporáneamente, hhace que nosotros le amemos a él y al prójimo. Es una nueva capacidad de amar.

¿No es un contrasentido hablar del amor como de una “ley”? A esta pregunta debe responderse que hay dos maneras según las cuales el hombre puede ser inducido a hacer, o a no hacer, una cosa: o por constricción o por atracción. La ley externa lo induce de la primera forma, por constricción, con la amenaza del castigo; el amor lo induce de la segunda forma, por atracción. Cada uno de hecho es atraído por lo que ama, sin que sufra obligación alguna desde el exterior. El amor es como un “peso” del alma que atrae hacia el objeto del propio deleite, en el que sabe encontrar su reposo [6]. La vida cristiana debe vivirse por atracción, no por constricción.

El amor por tanto es una ley, “la ley del Espíritu”, en el sentido de que crea en el cristiano un dinamismo que le empuja a hacer todo lo que Dios quiere, espontáneamente, porque ha hecho suya la voluntad de Dios y ama todo aquello que Dios ama.

¿Qué lugar tiene, nos preguntamos, en esta economía del Espíritu, la observancia de los mandamientos? También después de la venida de Cristo, subsiste de hecho la ley escrita: están los mandamientos de Dios, el decálogo, están los preceptos evangélicos; a ellos se han añadido, posteriormente, las leyes eclesiásticas. ¿Qué sentido tienen el Código de Derecho Canónico, las reglas monásticas, los votos religiosos, todo aquello, en suma, que indica una voluntad objetivada, que se impone desde el exterior? ¿Son, estas cosas, como cuerpos extraños del organismo cristiano?

Ha habido, en el curso de la historia, movimientos que han pensado así y que han rechazado, en nombre de la libertad del Espíritu, toda ley, hasta el punto de llamarse, precisamente, movimientos “anomistas”, pero siempre han sido negados por la autoridad de la Iglesia y por la propia conciencia cristiana. La respuesta cristiana a este problema nos viene del Evangelio. Jesús dice que no ha venido a “abolir la ley”, sino a “darle cumplimiento” (cf Mt 5, 17). ¿Y cuál es el “cumplimiento” de la ley? “¡El pleno cumplimiento de la ley – responde el Apóstol – es el amor!” (Rm 13, 10). Del mandamiento del amor – dice Jesús – dependen toda la ley y los profetas (cf Mt 22, 40).

La obediencia se convierte así en la prueba que se vive bajo la gracia: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos” (Jn 14,15). El amor, entonces, no sustituye a la ley, sino que la observa, la “cumple”. En la profecía de Ezequiel se atribuía precisamente al don futuro del Espíritu y del corazón nuevos, la posibilidad de observar la ley de Dios: “Infundiré mi espíritu en vosotros y haré que os conduzcáis según mis preceptos y observéis y practiquéis mis normas” (Ez 36, 27). “Se ha dado la ley – escribe lapidariamente san Agustín – para que se buscase la gracia, y se dio la gracia para que se observase la ley” [7].


4. Actualidad del mensaje de la gracia

Hasta aquí las consecuencias que el mensaje paulino sobre la nueva alianza puede tener en el modo de concebir y vivir la vida cristiana. En esta ocasión quisiera sin embargo poner en evidencia sobre todo la luz que éste arroja sobre el problema de la evangelización en el mundo actual y del diálogo interreligioso y, en consecuencia, sobre el papel del sacerdote como ministro de la verdad de Dios.

Agustín escribió su tratado sobre La letra y el Espíritu para combatir la tesis pelagiana según la cual para salvarse es suficiente con que Dios nos haya creado, dotado de libre arbitrio y dado una ley que indica su voluntad. En la práctica, la tesis de que el hombre puede salvarse por sí solo y que la venida de Cristo es, ciertamente, una ayuda extraordinaria pero no indispensable para la salvación.

Se puede discutir – y hoy se discute entre los expertos – si el santo interpretó correctamente el pensamiento del monje Pelagio. Pero esto no debería sorprendernos. Los Padres que tuvieron que combatir herejías han explicitado a menudo las que (¡desde su punto de vista!) eran las implicaciones lógicas de una determinada doctrina, sin tener demasiado en cuenta el punto de vista y el lenguaje distinto del adversario. Estaban más preocupados por la doctrina que por las personas, de la verdad dogmática que de la histórica. Agustín, al contrario, se mostró mucho más respetuoso y cortés hacia Pelagio de cuando lo fue, por ejemplo, Cirilo de Alejandría hacia Nestorio.

La revaloración moderna de autores como Pelagio o Nestorio no significa por tanto en lo más mínimo revaloración del pelagianismo o del nestorianismo. Esta distinción ha contribuido, en tiempos recientes, al restablecimiento de la comunión con las iglesias llamadas nestorianas o monofisitas de Oriente.

Todo esto, con todo, nos interesa relativamente. Lo más importante que recordar es que Agustín tiene razón sobre el problema principal: para salvarse no bastan la naturaleza, el libre arbitrio y la guía de la ley, sino que es necesaria la gracia, es decir, es necesario Cristo. Pensar diversamente significaría hacer superflua su venida y con ella su muerte y la redención; significaría considerar a Cristo un ejemplo de vida, no “causa de salvación eterna para todo el que cree” (Hb 5, 9).

Y es en este punto donde el pensamiento de Agustín – y antes el de Pablo – se revela de una extraordinaria actualidad. Lo que, según el Apóstol, distingue la nueva de la antigua alianza, el Espíritu de la letra, la gracia de la ley, hechas las debidas distinciones, es exactamente lo que distingue hoy al cristianismo de toda otra religión.

Las formas son cambiantes, pero la sustancia es la misma. “Obra de la ley”, u obra del hombre, es toda práctica humana, cuando de ésta se hace depender la propia salvación, concibiendo esta como comunión con Dios o como comunión consigo mismos y en sintonía con las energías del universo. El presupuesto es el mismo: ¡Dios no se entrega, sino que se le conquista!

Podemos ilustrar la diferencia así. Toda religión humana o filosofía religiosa comienza diciendo al hombre lo que debe hacer para salvarse: los deberes, las obras, sean éstas obras ascéticas o caminos especulativos hacia el propio yo interior, el Todo o la Nada. El cristianismo no comienza diciendo al hombre lo que tiene que hacer, sino lo que Dios ha hecho por él. Jesús no comenzó a predicar diciendo: “Convertíos y creed al evangelio para que el Reino venga a vosotros”; comenzó diciendo: “El Reino de Dios ha llegado entre vosotros: convertíos y creed al evangelio”. No antes la conversión y luego la salvación, sino primero la salvación y luego la conversión.

También en el cristianismo – lo hemos recordado – existen deberes y mandamientos, pero el plano de los mandamientos, incluyendo el más grande de todos que es amar a Dios y al prójimo, no es el primer plano, sino el segundo; antes está el plano del don, de la gracia. “Nosotros amamos porque él nos amó primero” (1 Jn 4,19). El deber surge del don, no al revés.

Nosotros los cristianos no entraremos en diálogo con las demás confesiones, afirmando la diferencia o la superioridad de nuestra religión; esto sería la negación misma del diálogo. Insistiremos más bien sobre lo que nos une, los objetivos comunes, reconociendo a los demás el mismo derecho (al menos subjetivo) de considerar su fe la más perfecta y la definitiva. Sin olvidar, por otro lado, que quien vive con coherencia y de buena fe una religión de las obras y de la ley es mejor y más agradable a Dios que quien pertenece a la religión de la gracia, pero descuida completamente tanto creer en la gracia como cumplir las obras de la fe.

Todo esto sin embargo no debe inducirnos a poner entre paréntesis nuestra fe en la novedad y unicidad de Cristo. No se trata siquiera de afirmar la superioridad de una religión sobre las demás, sino de reconocer la especificidad de cada una, de saber quienes somos y que creemos.
No es difícil explicar el por qué de la dificultad de admitir la idea de gracia y su instintivo rechazo por parte del hombre moderno. Salvarse “por gracia” significa reconocer la dependencia de alguien y esto resulta lo más difícil. Es conocida la afirmación de Marx: “Un ser no se considera independiente sino en cuanto que sea señor de sí mismo, y no es señor de sí mismo si no en cuanto debe a sí mismo su existencia. Un hombre que vive por 'gracia' de otro se considera un ser dependiente [...]. Pero yo viviría completamente por la gracia de otro, si él hubiese creado mi vida, si él fuese la fuente de mi vida y ésta no fuese mi propia creación” [8].El motivo por el que se rechaza a un Dios creador es también aquel por el que se rechaza a un Dios salvador.

Es la explicación que san Bernardo da del pecado de Satanás: él prefirió ser la más infeliz de las criaturas por mérito propio, antes que la más feliz por gracia de otro; prefirió ser “infeliz pero soberano, antes que feliz pero dependiente: misere praeesse, quam feliciter subesse[9].

El rechazo del cristianismo, en curso en ciertos niveles de nuestra cultura occidental, cuando no es rechazo de la Iglesia y de los cristianos, es rechazo de la gracia.


5. “Nosotros predicamos a Cristo Jesús Señor nuestro”

¿Cuál es, en este campo, la tarea de los sacerdotes en cuanto administradores de los misterios de Dios y maestros de la fe? El de ayudar a los hermanos a vivir la novedad de la gracia, que es como decir la novedad de Cristo.

Jesús en el evangelio utiliza la expresión “los misterios del Reino de los cielos” para indicar toda su enseñanza y, en particular, lo que se refiere a su persona (cf. Mt 13, 11). Tras la Pascua se pasa cada vez más a menudo del plural al singular, de los misterios al misterio: todos los misterios de Dios se resumen ya en el misterio que es Cristo.

San Pablo habla del “misterio de Dios, es decir, Cristo, en el que están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Col 2, 2-3). Nos invita a pensar en Cristo como en un palacio, en el que, conforme uno se adentra, va de maravilla en maravilla. El universo material, con todas sus belezas y su incalculable extensión, es la única imagen adecuada del universo espiritualque es Cristo. No por nada éste se hizo “por medio de él y para él” (Col 1,16).

El Apóstol señaló con más claridad que nadie el centro y el corazón del anuncio cristiano y lo expresó de forma programática, a modo de manifiesto: “Nosotros predicamos a Cristo crucificado” (1 Cor 1, 23) y “Nosotros no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús Señor nuestro” (2 Cor 4,5). Estas palabras justifican plenamente la afirmación según la cual el cristianismo no es una doctrina sino una persona.

¿Pero qué significa, en la práctica, predicar a “Cristo crucificado”, o “Cristo Jesús Señor nuestro”? No significa hablar siempre y solo del Cristo del kerygma o del Cristo del dogma, es decir, transformar las predicaciones en lecciones de cristología. Significa más bien “recapitular todo en Cristo” (Ef 1,10), fundar todo deber en él, hacer servir cada cosa al objetivo de llevar a los hombres al “sublime conocimiento de Cristo Jesús Señor nuestro” (Fil 3, 8).

Jesús debe ser el objeto formal, no necesariamente y siempre el objeto material, de la predicación, lo que la “informa”, lo que le da fundamento y da autoridad a cualquier otro anuncio, el alma y la luz del anuncio cristiano. “Árido es todo alimento del alma – exclama san Bernardo – si no estña aderezado con este óleo; insípido si no está aderezado con esta sal. Lo que escribes no tiene sabor – non sapit mihi – si no palpita dentro el corazón de Jesús – nisi sonuerit ibi Cor Jesu” [10].

En la Liturgia de las horas en lengua alemana, el Stundengebet, hay un himno (Laudes del Martes de la segunda semana) que me ha sido querido desde el primer momento en que lo recité. Comienza así: Göttliches Wort, der Gottheit Schrein, für uns in dein Geheimnis ein. “Verbo eterno, Dios vivo y verdadero, haznos penetrar en tu misterio”. La expresión “el misterio de Cristo” es la más comprensiva de todas: recoge en su ser y en su actuar su humanidad y su divinidad, su preexistencia y su encarnación, las profecías del Antiguo Testamento y su realización en la plenitud de los tiempos. Podemos repetirlo como una jaculatoria: “Verbo eterno, Dios vivo y verdadero, haznos penetrar en tu misterio”.



Referencias


[1] PO, 2.
[2] Cf. J.-M. Tillard, “Sacerdoce”, en DSpir. 14, col.12.
[3] Agustín, De Spiritu et littera, 13,22.
[4] Tomás de Aquino, Summa theologiae, I-IIae, q. 106, a. 2.
[5] Ibid., q. 106, a. 1; cf. Agustín, De Spiritu et littera, 21, 36.
[6] Agustín, Comentario al Evangelio de Juan, 26, 4-5: CCL 36, 261; Confesiones, XIII, 9.
[7] Agustín, De Spir. et litt. ,19,34.
[8] C. Marx, Manuscritos de 1844, en Gesamtausgabe, III, Berlín 1932, p. 124 y Crítica de la filosofía del derecho de Hegel, en Gesamtausgabe, I, 1, Frankfurt del M. 1927, p. 614 s.
[9] Bernardo de Claraval, De gradibus humilitatis, X, 36: PL 182, 962.
[10] Bernardo de Claraval, Sermones super Canticum, XV, 6: Ed. Cistercense, Roma 1957, p.86.


[Traducción del italiano por Inma Álvarez]


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Fuente ZENIT


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