Ofrecimiento Diario - Orando con el Papa Francisco en el mes de ABRIL 2020





RED MUNDIAL DE ORACIÓN DEL PAPA APOSTOLADO DE LA ORACIÓN

INTENCIONES PARA EL MES DE ABRIL




OFRECIMIENTO DIARIO

Padre Bueno, sé que estás conmigo.
Aquí estoy en este nuevo día.
Pon una vez más mi corazón
junto al Corazón de tu Hijo Jesús,
que se entrega por mí y que viene a mí en la Eucaristía.
Que tu Espíritu Santo
me haga su amigo y apóstol, disponible a su misión de compasión.
Pongo en tus manos
mis alegrías y esperanzas,
mis trabajos y sufrimientos,
todo lo que soy y tengo,
en comunión con mis hermanos y hermanas de esta red mundial de oración.
Con María te ofrezco mi jornada por la misión de la Iglesia y por la intención de Oración del Papa para este mes:

«Oremos para que todas las personas bajo la influencia de las adicciones sean bien ayudadas y acompañadas.»

AMÉN






VÍDEO DEL PAPA
INTENCIONES DEL MES



El problema de las llamadas “nuevas adicciones” tiene solución, pero debemos encontrar el camino, necesitamos la palabra profética, necesitamos inventiva humana, necesitamos hacer muchas cosas. Es hora de recuperarnos de las adicciones que nos seducen. Jesús dijo: “Dónde está tu tesoro, allí está tu corazón” (Mt 6,21). Si uno solo se adhiere a las cosas terrenales, se convierte antes o después en esclavo de ellas. En cambio, si el corazón se adhiere a lo que no pasa, nos encontramos a nosotros mismos y seremos libres. Es hora de fijar la mirada en lo que permanece.

“Seguramente han oído hablar del drama de la adicción.

Y… ¿pensaron también en la adicción al juego, a la pornografía, a internet… y los peligros del espacio virtual?.

Apoyados por el “Evangelio de la Misericordia” podemos aliviar, cuidar y curar los sufrimientos relacionados con las nuevas adicciones.

Recemos para que todas las personas bajo la influencia de las adicciones
puedan estar bien ayudadas y acompañadas.”




ORACIÓN

Jesús, nuestro Salvador,
tu paso entre nosotros
fue para muchos un motivo de liberación:
de enfermedades, de espíritus inmundos,
parálisis y ceguera.
Hoy en día, muchos de nuestros hermanos y hermanas
son prisioneros de tantas formas de dependencia.
Te pedimos que pongas en su camino
personas atentas que puedan ayudarlos.
Que tu Espíritu Santo les dé luz
para reconocer su situación,
fuerza y coraje para ganar esta lucha
y la alegría de ayudar a los que están pasando
por las mismas dificultades.

Amén

Padre Nuestro…
Ave María...
Gloria...



LUEGO DEL OFRECIMIENTO DIARIO
RECEMOS DURANTE LA MAÑANA, EL DÍA Y POR LA NOCHE






PROPUESTA PARA EL MES

Examina con sinceridad el modo en que usas tu propio tiempo y dinero disponibles, mira si gastas de manera desordenada y/o si en alguno de los dos campos estás sujeto a dependencia alguna.

Ten, en la familia, en las catequesis o en los grupos o comunidades en los que te insertas, un tiempo de conversación y reflexión sobre personas cercanas o conocidas que estén bajo la influencia de algún tipo de adicciones para encontrar medios adecuados para ayudarlas.

Interiorízate mejor sobre las instituciones que ayudan a las víctimas de las adicciones, busca más información sobre ellos y, colabora de acuerdo con tus propias posibilidades.

Fuente: ClickToPray





REFLEXIÓN SOBRE LA INTENCIÓN DEL PAPA PARA EL MES DE ABRIL


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RECURSOS EN LA RED

A. Cada Primer Viernes en Youtube, se pude buscar "El Video del Papa".

B. "Click To Pray" es una aplicación para teléfonos inteligentes (iOS y Android) en donde puedes unirte cada día a la red Mundial de Oración del Papa. Descarga ClickToPray[App Store] [Google Play]

C. Para comunicarnos:
apostolado.oración.peru@gmail.com



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Si desea contribuir con la difusión de las Intenciones del Papa Francisco para los desafíos de la humanidad, puede descargar el afiche para este mes (PDF A3):


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IV Domingo de Cuaresma - A: Jesús cura a un ciego de nacimiento



P. Adolfo Franco, jesuita.

Juan 9, 1-41.

Al pasar, Jesús vio a un hombre que era ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién ha pecado para que esté ciego: él o sus padres?» Jesús respondió: «No es por haber pecado él o sus padres, sino para que unas obras de Dios se hagan en él, y en forma clarísima. Mientras es de día tenemos que hacer la obra del que me ha enviado; porque vendrá la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.»
Dicho esto, hizo un poco de lodo con tierra y saliva, untó con él los ojos del ciego y le dijo: «Vete y lávate en la piscina de Siloé (que quiere decir el Enviado).» El ciego fue, se lavó y, cuando volvió, veía claramente.
Sus vecinos y los que lo habían visto pidiendo limosna, decían: «¿No es éste el que se sentaba aquí y pedía limosna?» Unos decían: «Es él.» Otros, en cambio: «No, es uno que se le parece». Pero él afirmaba: «Sí, soy yo.» Le preguntaron: «¿Cómo es que ahora puedes ver?» Contestó: «Ese hombre al que llaman Jesús hizo barro, me lo aplicó a los ojos y me dijo que fuera a lavarme a la piscina de Siloé. Fui, me lavé y veo.» Le preguntaron: «¿Dónde está él?» Contestó: «No lo sé.»
La gente llevó ante los fariseos al que había sido ciego. Pero coincidió que ese día en que Jesús hizo lodo y abrió los ojos al ciego era día de descanso. Y como nuevamente los fariseos preguntaran al hombre cómo había recobrado la vista, él contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé y veo.» Algunos fariseos, pues, dijeron: «Ese hombre, que trabaja en día sábado, no puede venir de Dios.» Pero otros decían: «¿Puede ser un pecador el que realiza tales milagros?» Y estaban divididos.
Entonces le preguntaron de nuevo al ciego: «Ese te ha abierto los ojos, ¿qué piensas tú de él?» El contestó: «Que es un profeta.»
Los judíos no quisieron creer que antes era ciego y que había recobrado la vista hasta que no llamaran a sus padres. Y les preguntaron: «¿Es éste su hijo? ¿Y ustedes dicen que nació ciego? ¿Y cómo es que ahora ve?» Los padres respondieron: «Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego. Pero cómo es que ahora ve, no lo sabemos, y quién le abrió los ojos, tampoco. Pregúntenle a él, que es adulto y puede responder de sí mismo.»
Los padres contestaron así por miedo a los judíos, pues éstos habían decidido expulsar de sus comunidades a los que reconocieran a Jesús como el Mesías. Por eso dijeron: «Es mayor de edad, pregúntenle a él.»
De nuevo los fariseos volvieron a llamar al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Confiesa la verdad; nosotros sabemos que ese hombre que te sanó es un pecador.» El respondió: «Yo no sé si es un pecador; lo que sé es que yo era ciego y ahora veo.» Le preguntaron: «¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?» El les dijo: «Ya se lo he dicho y no me han escuchado. ¿Para qué quieren oírlo otra vez? ¿También ustedes quieren hacerse discípulos suyos?»
Entonces comenzaron a insultarlo. «Tú serás discípulo suyo. Nosotros somos discípulos de Moisés. Sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos ni siquiera de dónde es.»
El hombre contestó: «Esto es lo extraño: él me ha abierto los ojos y ustedes no entienden de dónde viene. Es sabido que Dios no es cucha a los pecadores, pero al que honra a Dios y cumple su voluntad, Dios lo escucha. Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. Si éste no viniera de Dios, no podría hacer nada.»
Le contestaron ellos: «No eres más que pecado desde tu nacimiento, ¿y pretendes darnos lecciones a nosotros?» Y lo expulsaron.
Jesús se enteró de que lo habían expulsado. Cuando lo encontró le dijo: «¿Tú crees en el Hijo del Hombre?» Le contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» Jesús le dijo: «Tú lo has visto, y es el que está hablando contigo.» El entonces dijo: «Creo, Señor». Y se arrodilló ante él.
Jesús añadió: «He venido a este mundo para llevar a cabo un juicio: los que no ven, verán, y los que ven, se volverán ciegos.»  Al oír esto, algunos fariseos que estaban allí con él le dijeron: «¿Así que también nosotros somos ciegos?» Jesús les contestó: «Si fueran ciegos, no tendrían pecado. Pero ustedes dicen: “Vemos”, y ésa es la prueba de su pecado.»
Palabra del Señor.

Que Jesús nos de la vista, para que veamos todo como lo ve Él.

San Juan narra en estos versículos la curación del ciego de nacimiento. Y como en todos los milagros de Jesús que él narra, extrae una lección; es el estilo evangélico de San Juan. Los milagros son el marco en que se desarrolla una importante enseñanza de Jesús. Lo importante en San Juan es la enseñanza, más que el prodigio.

Ya desde el principio de la narración se manifiesta la intención del Evangelista al escoger este milagro: ante el ciego los apóstoles hacen una pregunta a Jesús: ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciese ciego? (esta pregunta correspondía a las creencias que entonces tenían en Israel), y Jesús responde (con esto empieza a manifestarse la intención de este signo): No pecó él, ni pecaron sus padres, sino que todo esto es para que se manifieste la gloria de Dios. Aquí está dando el sentido de todo el milagro, y de todos los milagros. El milagro lo hace Jesús para que se manifieste la gloria de Dios.

Y en el milagro, tanto por parte de Jesús, como por parte del ciego, y de alguna forma por los fariseos críticos del milagro, se señalan tres conceptos: la luz, la fe y la ceguera. Esta es la enseñanza más específica de esta curación milagrosa. Sorprendente; pero que pretende cuestionar a esos que se consideraban sabios en Israel, y a los que Jesús califica de “ciegos, guías de ciegos”.

Jesús es la luz del mundo. Es una afirmación fundamental. Y esto quiere decir que en El todo tiene su sentido, que con su luz todo adquiere vida; que sin El no se comprende la vida, el mundo, ni nada de lo que sucede. Que El es la luz para los ojos, y que quien no lo acepta está en tinieblas. Un mundo sin Jesús, es una cueva oscura. Muchos podrían pensar que esta es una afirmación exagerada; es una pena que haya muchos a los que la luz de la fe no les haya llegado, y por eso no aceptan esa afirmación de Jesús.

El ciego, con ceguera de los ojos corporales, va a sufrir dos curaciones: la curación de la ceguera corporal, y la iluminación de la fe, que es la meta final de la curación corporal. Es un hombre que se deja iluminar, que no pone resistencia a la luz, y que al final ya iluminado hace una estupenda afirmación de fe, cuando Jesús le pregunta si cree en el Hijo del Hombre: “Creo, Señor”, y se postró de rodillas.

Por contraste están los fariseos, que no tenían ceguera corporal, pero que tenían una tremenda ceguera espiritual, y por lo que parece es una ceguera sin curación posible, porque ellos no querían ver. No quieren aceptar la evidencia que se desprende del milagro, y para oponerse a la evidencia ponen razones, que el ciego ignorante (así lo califican ellos) descubre como inconsistentes, y sin fuerza. Son como alguien que para negar la existencia del sol se tapase fuertemente los ojos con las dos manos.

De nuevo estamos en el proceso de la cuaresma, que nos conduce a la luz de la Pascua que es Cristo; ya con este milagro se nos adelanta el momento maravilloso en que Jesús resucitado ilumina las tinieblas. Y  en este proceso de conversión, se nos pide que pasemos de las tinieblas a la luz. Significa abrirse a la fe, rendirse ante la luz, y no anteponer nuestras razones y prejuicios (como hacen los fariseos ante la evidencia de la curación del ciego) a la enseñanza de Jesús.

Creer en Jesucristo resucitado es el acto fundamental de la fe cristiana; por eso dirá San Pablo: “si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe”. La actitud del ciego nos enseña lo que significa este acto de fe; confiesa diciendo: creo, Señor, y además adora, se postra en tierra. Es el sometimiento a la verdad de Dios, lo que nos pide la fe. Es la enseñanza básica de este milagro: aceptar la luz de Cristo, para no estar ciegos.



...


Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.

Para otras reflexiones del P. Adolfo acceda AQUÍ.

Teología fundamental. 5. El depósito de la revelación: La Sagrada Escritura



P. Ignacio Garro, jesuita
SEMINARIO ARQUIDIOCESANO DE AREQUIPA

3.4. EL DEPÓSITO DE LA REVELACIÓN 

El conjunto de verdades reveladas por Dios, que se entregaron a la Iglesia y que el Magisterio eclesiástico custodia es el depósito de la Revelación. 

La Revelación está contenida en la Sagrada Escritura y en la Tradición: 

  • Una parte de las verdades reveladas fue escrita por aquéllos a quienes Dios las reveló, y se llama Sagrada Escritura; 
  • La otra parte no fue escrita sino transmitida verbalmente y se llama Tradición La Sagrada Escritura y la Tradición contienen, pues, toda la doctrina revelada; el Magisterio de la Iglesia custodia e interpreta esa doctrina. 

Tanto la Escritura como la Tradición son la palabra de Dios, esto es, su enseñanza comprobada por milagros y profecías; con la diferencia de que la Tradición no fue escrita por aquéllos a quienes Dios la reveló; aunque después con el tiempo otras personas sí pudieron escribirla, para conservarla y transmitirla con mayor fidelidad. 

El conjunto de las verdades de la Escritura y de la Tradición se llama "Depósito de la fe ", o "Depósito de la Revelación ". 

El Concilio Vaticano II, en continuidad con el de Trento y con el Vaticano I, enseña: "Dios dispuso, con su gran bondad, que todo lo que había revelado para la salvación de toda la gente se conservara íntegro para siempre y se fuera trasmitiendo a todas las generaciones" (Conc. Vaticano II, Const. Dogm. Dei Verbum, núm. 7).



3.4.1. La Sagrada Escritura 


a. Su naturaleza

La Sagrada Escritura es la palabra de Dios, puesta por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo, por aquéllos a quienes Dios la reveló. En con-secuencia, "tiene a Dios por autor", como dice el Concilio Vaticano I (Dz. 1 7 8 7). 

La Sagrada Escritura se llama Biblia (del griego biblos, que significa libro), porque es el libro por excelencia. A la Biblia se le llama también: Sagrada Escritura, Libros Sagrados, Libros Inspirados, Palabra de Dios.

Se llaman Versiones de la Sagrada Escritura a las traducciones que se han hecho de la Biblia a otras lenguas distintas de aquéllas en las que se escribieron originalmente, los 1ibros que la forman (hebreo, griego y arameo). 

Es célebre la traducción de los Setenta, que se remonta más o menos al año 130 antes de Cristo. Es la versión de los libros del Antiguo Testamento, del hebreo al griego, hecha, según la tradición, por setenta sabios de Alejandría. 

Las Versiones más importantes en la Iglesia son: La Vulgata y la NeoVulgata.

La Vulgata es la traducción al latín que hizo San Jerónimo a finales del siglo IV. Esta versión fue solemnemente declarada como auténtica por el Concilio de Trento (1546). Se llama Vulgata porque entonces el latín era reputado lengua vulgar o popular respecto al griego. 

La NeoVulgata es la misma versión Vulgata, a la que se han incorporado los avances y descubrimientos más recientes. 

El Papa Juan Pablo la aprobó y promulgó como edición típica en 1979. El Papa lo hizo 
así para que esta nueva versión sirva como base segura para hacer traducciones de la Biblia a las lenguas modernas y para realizar estudios bíblicos.



b. Inspiración de la Sagrada Escritura

La inspiración divina de la Escritura consiste en tres cosas, a saber:

  • Dios indujo a los autores a que escribieran los libros santos.
  • Les sugirió lo que debían decir.
  • Los preservó de error. 


No consiste pues en que la Iglesia hubiera aprobado con su autoridad libros escritos por industria humana; sino en las tres condiciones indicadas.
La Sagrada Escritura es a un tiempo obra de Dios y del hombre; de Dios, como causa principal; del hombre, como causa instrumental. 

Cuando el músico se sirve de un instrumento para obtener sonidos, el artista es la causa principal del sonido, y el instrumento la causa instrumental. Así Dios, dicen los santos Padres, se valió del hombre como de un instrumento para escribir los libros sagrados. 

Aunque el autor es un instrumento en las manos de Dios, no deja de ser un instrumento inteligente y libre, que usa conscientemente sus facultades: sentidos, inteligencia, 
memoria, voluntad. 

En consecuencia, el escritor sagrado: 

  • Puede utilizar conocimientos adquiridos por él de antemano; 
  • Conserva su personalidad, su estilo y expresión peculiares, hasta incorrecciones de lenguaje; pues a estas cosas no se les extiende la inspiración.
  • La misma Escritura afirma el hecho de la inspiración. 


Así Cristo dice que "David habló inspirado por el Espíritu Santo" (Mc. 12, 3 6). Y S. Pablo declara que "Toda escritura es inspirada por Dios " (II Tm. 3, 16). 

c). División de la Sagrada Escritura 

La Sagrada Escritura se divide en Antiguo y Nuevo Testamento. El Antiguo comprende los libros escritos antes de Cristo. El Nuevo lo escrito después de El. Testamento significa pacto o alianza. La Revelación, por las promesas que hace Dios en ella, y por las obligaciones que impone, es un verdadero pacto entre Dios y los Hombres. 

c.1. Antiguo Testamento 

El Antiguo Testamento consta de 46 libros, que se dividen en 21 históricos, 7 didácticos y 18 
proféticos. 

  • Los históricos describen la historia de Israel, o de algunos de sus más célebres personajes. 
  • Los didácticos (de didakein, enseñar) son libros de enseñanza religiosa y moral. 
  • Los proféticos anuncian la venida del Mesías y reprenden al pueblo por sus infidelidades. 
  • Los didácticos y parte de los proféticos están escritos en verso. 


1.  Libros históricos: Consta de Pentateuco (los 5 primeros libros de la Biblia): Génesis, Exodo, Levítico, Números, Deuteronomio. Josué, Jueces, Ruth, 1 y 2 Samuel; 1 y 2 Reyes; 1 y 2 Crónicas, Esdras, Nehemías, Tobías, Judith, Ester; 1 y 2 Macabeos. 

2.  Sapienciales: Libro de los Salmos y Cantar de los Cantares.  

3.  Didácticos: Sabiduría, Eclesiastés (Qohelet), Eclesiástico (Sirácida).Proverbios. Job.

4.  Proféticos: 
4.1. Profetas Mayores: Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel, Lamentaciones. 
4.2. Profetas Menores: Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías. Malaquías. Baruc.

c.2. Nuevo Testamento

El Nuevo Testamento consta de 27 libros, que se dividen en 5 históricos, 21 didácticos y 1 profético.

1.  Históricos: Los cuatro Evangelios y Hechos de los Apóstoles 

2.  Didácticos: 

  • Cartas de S. Pablo: Romanos; 1ª y 2ª Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses; 1ª y 2ª Tesalonicenses.
  • 1ª y 2ª Epístola de S. Pedro. 
  • Epístolas llamadas Católicas (1 y 2 Timoteo, Tito, Filemón, Hebreos, Santiago; 1ª, 2ª y 3ª de S. Juan. Epístola de Judas).

3.  Profético: Apocalipsis. 

Ellos deben ser para el católico el libro de mayor estimación y estudio, porque contienen los ejemplos “Dei divino modelo” y las enseñanzas del divino Maestro. 

"Tanto enseña Cristo por sus palabras como por sus obras", dice San Agustín. Por eso todo el 
Evangelio merece ser atentamente meditado. Digamos una palabra sobre los símbolos con que se representa a los evangelistas. Están tomados de los hechos narrados en el primer capítulo de cada Evangelio. 

1º. San Mateo empieza su Evangelio por el origen de Cristo en cuanto hombre. Por eso se le dio por símbolo un rostro humano. 
San Mateo era cobrador de impuestos. Uno de los Apóstoles.  Cita 43 veces el  Antiguo Testamento haciendo ver que en Cristo se cumplieron las profecías. Relata el Sermón de la Montaña  Convertir a los judíos, haciéndoles ver que Cristo era el Mesías.  Hacia el año 50-55; en Arameo quizá en Siria.

2º. San Marcos empieza por la predicación de San Juan Bautista en el desierto. Su símbolo es un león, animal del desierto. 
San Marcos era de Jerusalén. Fue secretario y compañero de viajes de San Pedro. No fue de los 12.  Se detiene más en los hechos que en las palabras de Cristo.  Escribió su Evangelio "a ruegos de los cristianos de Roma".  Hacia el año 60, en griego, en Roma.

3º. San Lucas empieza por el sacrificio de Zacarías, padre del Bautista. Su símbolo es un ternero, animal por excelencia de los sacrificios. 
San Lucas era médico de Antioquía. Fue secretario y compañero de viajes de San Pablo. No fue de los 12.  Gran Narrador: es el que tiene mejores prendas literarias. Es el único que relata la infancia de Cristo. Convertir a los paganos, como compañero que era de San Pablo. El mismo era pagano 
convertido.  Hacia el año 62, en griego, parece que en Roma.

4º. San Juan empieza con una página sublime sobre la generación eterna del Verbo. Su símbolo es un águila, animal que se cierne en las alturas.
San Juan fue pescador de Galilea. Uno de los 12. Fue "el discípulo amado" de Cristo. De preferencia a la vida Divina de Cristo. Es quien mejor descubre los tesoros de su corazón. Narra los discursos de la promesa de la Eucaristía y el Sermón de la Ultima Cena.  Probar la Divinidad de Cristo, que empezaba a ser negada por los primero herejes. Completar los otros Evangelios.  Hacia el año 100 en griego, en Efeso.


d. Libros "apócrifos" y biblias protestantes 

Un Libro apócrifo es aquél que, teniendo un argumento o título semejante a los libros inspirados, no tiene un autor cierto y no está incluido en el Canon Bíblico fijado por la Iglesia, porque no fue divinamente inspirado y por contener algunos errores. 

¿La Biblia católica y las protestantes son iguales? No. A las biblias protestantes les suprimieron algunos libros que están en la Biblia católica; por ejemplo: del Antiguo Testamento: Sabiduría, Judit, Tobías, Eclesiástico y 1 y 2 Macabeos y del Nuevo: Epístolas de Santiago, de San Pedro y San Juan. Además, en los libros que conservan, modifican algunas palabras para apoyar sus ideas erróneas. 


...

Agradecemos al P. Ignacio Garro, S.J. por su colaboración.
Para acceder a las publicaciones anteriores acceder AQUÍ.

Poesía y Oración: Libro de los Salmos



P. Fernando Martínez Galdeano, S.J.


Está integrado exactamente por ciento cincuenta poesías, llamadas “salmos” en la versión griega (no hebrea) de los LXX. El origen de este nombre hay que buscarlo en el término griego “sálein” que signi­fica pulsar los instrumentos de cuerda. De aquí el nombre de “salmo” que recibe la canción que es acompañada por este tipo de instrumental (cuerdas). En realidad se ensancha de hecho el concepto de “ins­trumento”, pues también aparecen salmos para los cuales se prescribe el acompaña­miento de la flauta. Sin embargo, poco sa­bemos acerca de las melodías y fondos de música usados en aquellos tiempos.

En la lengua hebrea estas composicio­nes (salmos) son llamados “tehillim” (ala­banzas). El libro de los salmos, tal como lo conocemos hoy data probablemente de tiempos posteriores al destierro, entre los siglos V y II a.C., una vez que fueran restablecidos el culto y las peregrinaciones al templo. Pero existen indicios de que la inspiración de no pocos de estos salmos es bastante anterior a esta época post-exílica.

Su atribución al rey David (1050 a.C.) o al sabio rey Salomón (950 a.C.) hasta el momento no suele ser aceptada al menos desde un examen riguroso y crítico. La expresión “salmo de David” que se apunta al comienzo de numerosos salmos, a juicio de los estudiosos no se ajusta a la realidad. Conforme al texto primitivo hebreo su tra­ducción precisa y más acertada sería la de “salmo para David”, subrayando de esta manera que el salmo en cuestión habría sido compuesto para ser usado en el culto propiciado incluso desde tiempos del rey David. Esta finalidad cultual se mantiene hasta la redacción definitiva del salmo.

No parece caber la menor duda de que los salmos aunque proceden de autores individuales, no “de colectivos”, han sido escritos y compuestos para su empleo en los actos señalados del culto público que giraban alrededor del templo y de las fies­tas judías. Pero carecemos por ahora de datos definitivos para concretar en lo posi­ble las ceremonias o fiestas a las que cada uno de ellos estaba orientado.


Las principales y esperadas fiestas de peregrinación, obligatorias para los israeli­tas adultos, eran las de Pascua, Pentecostés y Tabernáculos. En la primera (Pascua) se conmemoraba la salida de Egipto gracias a la intervención y a la fuerza de Yahvéh. La fiesta de este memorial se celebraba en la noche de la primera luna llena, pasado el equinoccio (primavera). Los días pascuales eran un memorial renovado de vida.

Siete semanas después de la gran fiesta de la Pascua vienen los días de Pentecostés (a los cincuenta días), en la cual el pueblo judío conmemora la entrega de la Ley por Yahvéh a Moisés en la montaña del Sinaí. Se ofrecían las primicias de la cosecha.


La llamada fiesta de los Tabernáculos (“tiendas”) es la celebración de la semen­tera en los comienzos del otoño. Hecha la vendimia con alegría y gozo se da gracias a Dios por todo ello y se pide su bendición. “Celebrarás la fiesta de las tiendas durante siete días, una vez que hayas almacenado los productos de tu era y tu lagar (...) Durante siete días celebrarás la fiesta en honor del Señor tu Dios en el lugar que elija el Señorporque el Señor tu Dios bendecirá todas tus cosechas y todos tus trabajos, de manera que estarás así realmente contento y feliz” (Dt 16,13.15). En estas fiestas, las familias levantaban en los alrededores de Jerusalén una especie de cabañas donde pasaban a cubierto las noches y días festivos, recor­dando con ello la marcha por el desierto que hicieron sus antepasados, de camino hacia la tierra prometida por el Señor.
El culto público era para los israelitas, como lo es para nosotros, algo más que el recuerdo de unos acontecimientos pasa­dos. Surge el recuerdo, pero éste además se recrea, se transfigura junto a una emo­ción actual. El memorial se suele revestir de novedad, de experiencia religiosa vital. Se produce una sintonía y una resonancia.
DICHOSO EL HOMBRE 
QUE NO SIGUE EL CONSEJO 
DE LOS IMPÍOS,
NI ENTRA POR LA SENDA 
DE LOS PECADORES,
NI SE SIENTA EN LA REUNIÓN 
DE LOS CÍNICOS; SINO QUE SU GOZO ES LA LEY DEL SEÑOR,
Y MEDITA SU LEY DÍA Y NOCHE.
SERÁ COMO UN ÁRBOL PLANTADO 
AL BORDE DE LA ACEQUIA;
DA FRUTO EN SU SAZÓN
Y NO SE MARCHITAN SUS HOJAS;
Y CUANTO EMPRENDE 
TIENE BUEN FIN.
(Sal 1,1-3)

Los salmos, por tanto, son los himnos, los cantos religiosos, oraciones del pueblo judío, expresión poética de la experiencia religiosa de las gentes de un pueblo que encuentra a su Dios en su propia historia colectiva. Los poetas poseen el carisma de comunicar con palabras lo que las palabras solas no son capaces de decir, y por eso, los salmos son poemas. Tienen la virtuali­dad de hacer resonar en nosotros el eco de nuestras emociones humanas y religiosas profundas, aquellas que a veces no acerta­mos a expresar con palabras precisas. 

Las imágenes poéticas cambian al paso del desarrollo cultural, como producto del tiempo que reclama su cambio y transfor­mación. Nuestra sensibilidad y emociones son diferentes a las de la época en la que se escribieron y cantaron los salmos. Incluso, no es infrecuente el rechazo de los cristia­nos a los sentimientos de “odio y venganza contra los opresores” que se destacan en algunos de los hirientes y enojosos salmos; son ejemplos de ésto, los 68 (69),21-28; (109),17-20;109 (110),56. Pero conviene aprender asimismo a captar incluso en ellos el clamor desgarrado y falto de hipocresía contra el maligno, contra quien oprime al débil y al desvalido, y ésto desde su fuerza y su impunidad. También nosotros reac­cionamos con ira y ansias de venganza ante ciertas situaciones injustas, que las senti­mos inhumanas y opresivas. Con frecuen­cia la violencia acompaña a la denuncia.

Antes de pasar adelante, hay que adver­tir que la numeración de los 150 salmos difiere según la versión se atenga a la que corresponde al texto de originales hebreos o se prefiera la numeración adoptada en la versión griega de los LXX. La primera es la seguida por las ediciones modernas de la Biblia. La segunda, es la conservada por los libros que usamos en la liturgia, inicialmente fundados en la Vulgata de san Jerónimo, que asumió la numeración de los LXX. Desde el salmo 10 hasta el 147, la versión hebrea adelanta a la griega en una unidad. Nosotros aquí, mantenemos la numeración litúrgica y entre paréntesis añadiremos también la numeración hebrea con el fin de evitar despistes y pérdidas de tiempo. Téngalo en cuenta el lector puesto que las líneas del presente libro procuran el vincular la vida con el culto litúrgico del que somos partícipes. La primeras comu­nidades cristianas usaron la de los LXX.


¿POR QUÉ SE AMOTINAN LAS NACIONES,
Y LOS PUEBLOS PLANEAN UN FRACASO?
SE ALÍAN LOS REYES DE LA TIERRA,
LOS PRÍNCIPES CONSPIRAN
CONTRA EL SEÑOR Y CONTRA SU MESÍAS;
"ROMPAMOS SUS COYUNDAS,
SACUDAMOS SU YUGO."
EL QUE HABITA EN EL CIELO SONRÍE,
EL SEÑOR SE BURLA DE ELLOS.
LUEGO LES HABLA CON IRA,
LOS ESPANTA CON SU CÓLERA.
“YO MISMO HE ESTABLECIDO A MI REY EN SIÓN, MI MONTE SANTO."
VOY A PROCLAMAR EL DECRETO DEL SEÑOR;
EL ME HA DICHO: "TÚ ERES MI HIJO;
YO TE HE ENGENDRADO HOY."

(Sal 2,1-7)


NUMERACIÓN DE LOS SALMOS

Al hacer la versión griega de los salmos, "los setenta" unieron en un sólo salmo el n° 9 y el n° 10. Y lo mismo hicieron con el n° 114 y el n° 115. Y a la inversa dividieron en dos el n° 116, y el n° 147. Esto causa cierta confusión en la numeración para los lectores no avisados.

La Iglesia, desde sus comienzos, se fue extendiendo en las provincias pertenecientes al imperio romano, en cuyas ciudades la cultura helénica estaba arraigada. Se comprende que utilizara la versión de los LXX en griego. Conforme a esta tradición, la versión Vulgata (en latín) realizada en gran parte por san Jerónimo que manejó originales hebreos, recogió sin embargo la numeración griega por razones prácticas. Quedó así ésta última como numeración oficial de la Iglesia, y por tanto, fue la adoptada en el misal de altar, leccionarios, rituales, liturgia de las horas, etc.

Pero nuestras Biblias modernas cuya versión del A.T. ha sido realizada a partir de los textos hebreos siguen la numeración original hebrea. Estas Biblias suelen añadir entre paréntesis la numeración utilizada en la Iglesia. Por ejemplo, el salmo n° 139 (138) indica que al salmo 139 de la versión en hebreo corresponde el 138 de la versión en griego (el usado en la liturgia oficial). 

Nosotros como ya lo indicamos en el primer capítulo seguimos más bien esta numeración la de la liturgia oficial añadiendo entre paréntesis la numeración de la versión en hebreo. Para mayor información y comodidad, a continuación ponemos una tabla de correspondencias entre ambas numeraciones:


Salterio              Salterio
litúrgico              hebreo
1-8                      1-8        
9,1-21                   9        
9,22-39                10        
10-112                 11-113


Salterio              Salterio
hebreo              litúrgico
113,1-8                 114
113,9-26               115
114                       116,1-9
115                       116,10-19


Salterio              Salterio
litúrgico              hebreo
116-145 ....         117-146
146                   147,1-11
147                   147,12-20
148-150             148-150

Como es fácil observar, en los dos grandes bloques del salterio, el 10-112 (11-113) y el 116-145 (117-146) la numeración hebrea cuenta una unidad más.

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Agradecemos al P. Fernando Martínez, S.J. por su colaboración.
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Catequesis del Papa sobre las Bienaventuranzas: 6, «Bienaventurados los misericordiosos»


PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Biblioteca del Palacio Apostólico
Miércoles, 18 de marzo de 2020



Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy hablaremos de la quinta bienaventuranza, que dice: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos hallarán misericordia» (Mt 5,7). En esta bienaventuranza hay una particularidad: es la única en la que coinciden la causa y el fruto de la felicidad, la misericordia. Los que ejercen la misericordia encontrarán misericordia, serán “misericordiados”.

Este tema de la reciprocidad del perdón no sólo está presente en esta bienaventuranza, sino que es recurrente en el Evangelio. ¿Y cómo podría ser de otra manera? ¡La misericordia es el corazón mismo de Dios! Jesús dice: «No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados» (Lc 6,37). Siempre la misma reciprocidad. Y la Carta de Santiago afirma que «la misericordia se siente superior al juicio» (2,13).

Pero sobre todo es en el Padrenuestro donde pedimos: «Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden» (Mt 6,12); y esta petición es la única que se recoge al final: «Porque si vosotros perdonáis a los demás sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas» (Mt 6,14-15; cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2838).

Hay dos cosas que no se pueden separar: el perdón dado y el perdón recibido. Pero para muchas personas es difícil, no pueden perdonar. Muchas veces el mal recibido es tan grande que ser capaz de perdonar parece como escalar una montaña muy alta: un esfuerzo enorme; y uno piensa: no se puede, esto no se puede. Este hecho de la reciprocidad de la misericordia indica que necesitamos invertir la perspectiva. Solos no podemos, hace falta la gracia de Dios, tenemos que pedirla. Porque si la quinta bienaventuranza promete que se encontrará la misericordia y en el Padrenuestro pedimos el perdón de las deudas, significa que somos esencialmente deudores y necesitamos encontrar misericordia.

Todos somos deudores. Todos. Con Dios, que es tan generoso, y con nuestros hermanos. Toda persona sabe que no es el padre o la madre que debería ser, el esposo o la esposa, el hermano o la hermana que debería ser. Todos estamos “en déficit” en la vida. Y necesitamos misericordia. Sabemos que también nosotros hemos obrado mal, siempre le falta algo al bien que deberíamos haber hecho.

¡Pero precisamente esta pobreza nuestra se convierte en la fuerza para perdonar! Somos deudores, y si, como hemos escuchado al principio, se nos medirá con la medida con la que medimos a los demás (cf. Lc 6,38), entonces nos conviene ensanchar la medida y perdonar las deudas, perdonar. Cada uno debe recordar que necesita perdonar, que necesita perdón y que necesita paciencia; este es el secreto de la misericordia: perdonando se es perdonado. Por eso Dios nos precede y nos perdona primero (cf. Rom 5,8)Recibiendo su perdón, nosotros a nuestra vez nos volvemos capaces de perdonar. Así, nuestra miseria y nuestra falta de justicia se convierten en oportunidades para abrirnos al Reino de los cielos, a una medida más grande, la medida de Dios, que es misericordia.

¿De dónde viene nuestra misericordia? Jesús nos dijo: «Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso» (Lc 6,36).Cuanto más se acepta el amor del Padre, más se ama (cf. CIC, 2842). La misericordia no es una dimensión entre otras, sino el centro de la vida cristiana: no hay cristianismo sin misericordia[1]. Si todo nuestro cristianismo no nos lleva a la misericordia, nos hemos equivocado de camino, porque la misericordia es la única meta verdadera de todo camino espiritual. Es uno de los frutos más bellos de la caridad (CIC1829).

Recuerdo que este tema fue el elegido desde el primer Ángelus que tuve que decir como Papa: la misericordia. Y se me quedó grabado, como un mensaje que como Papa debía dar siempre, un mensaje que debe ser cotidiano: la misericordia. Recuerdo que ese día también tuve la actitud algo “desvergonzada” de hacer publicidad a un libro sobre la misericordia, recién publicado por el cardenal Kasper. Y ese día sentí con tanta fuerza que ese es el mensaje que debo dar, como obispo de Roma: misericordia, misericordia, por favor, perdón.

La misericordia de Dios es nuestra liberación y nuestra felicidad. Vivimos de misericordia y no podemos permitirnos estar sin misericordia: es como el aire que respiramos. Somos demasiado pobres para poner las condiciones, necesitamos perdonar, porque necesitamos ser perdonados. ¡Gracias!

[1] cfr. San Juan Pablo II Enc. Dives in misericordia  (30 de noviembre de 1980); Bula Misericordiae Vultus (11 de abril de 2015); Cart. Apostólica Misericordia et misera (20 de noviembre de 2016).



Tomado de:




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