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Historia de la Salvación: 23° Parte - Doctrina de los Profetas


P. Ignacio Garro, S.J.
SEMINARIO ARQUIDIOCESANO DE AREQUIPA


9.6. SÍNTESIS DOCTRINAL DE LOS GRANDES TEMAS DE LA PREDICACIÓN PROFÉTICA

Durante la exposición del tema de los Profetas hemos logrado captar cómo los profetas están en el corazón de la religión revelada.  Viven esa revelación, la encarnan en su existencia y en su tiempo y también profundizan en ella descubriendo a partir de ella nuevos horizontes.  Los profetas son verdaderos innovadores que, enraizados en la tradición del pueblo judío, la enriquecen y la hacen progresar.

Después de haber analizado someramente cada uno de los escritos proféticos en su medio ambiente y de haber caracterizado las gran des líneas del mensaje de cada uno de los profetas, trataremos de presentar - hasta donde nos sea posible - una síntesis de los grandes temas de la predicación profética.

No es una tarea fácil: los profetas son muy diferentes unos de otros y, además, vivieron en circunstancias muy distintas. No todos piensan igual en algunos puntos. De un profeta a otro se percibe un avance en la comprensión de algunos temas.

Por otra parte, lo profetas vivieron situaciones particulares. Es en ellas y a través de ellas donde hay que sacar los principios generales.

A estas dificultades hay que añadir la que acecha a todo trabajo de interpretación: las ideas preconcebidas que llevan a querer encontrar en los escritos de otros una confirmación para el propio pensamiento. En otras palabras: el peligro de la subjetiva dad está siempre presente en el esfuerzo de síntesis del pensamiento ajeno.

Con todo pensamos que es posible hacer una síntesis - aunque no sea totalmente perfecta de los grandes temas de la predicación profética. A pesar de que, como señalábamos, ellos vivieron en circunstancias muy particulares, las supieron iluminar e interpretar a la luz de principios generales. Estos principios, además, no constituyeron solo una respuesta a su "hoy y aquí " sino que tienen en sí el germen de la universalidad en el tiempo y en el espacio (que es la historia), van más allá de esas situaciones y conservan - como palabra de Dios - un valor permanente.

Los profetas, poseídos por la Palabra, Am 3, 8; Jer 20, 8-9, se sienten arrastrados por ella en sus realizaciones; participan en ellas: anuncios de ruina, amenazas, castigos, llamados al arrepentimiento, sentimientos de frustración, perspectivas de restauración.  Unen a la palabra las acciones simbólicas, requerimiento de ella; eficaces tanto o más que ella.

El autor escriturista  Robert-Feuillet, dice: "La aportación teológica de los profetas es inmensa. Les debemos un mejor conocimiento de Dios en su unicidad, su espiritualidad y trascendencia, en su omnipotencia, su justicia, su bondad, su proximidad, que un día S. Agustín, más "docto" que Jeremías, expresará en la fórmula "intimior intimo meo".  Los profetas delinearon los misterios del pecado y de la gracia, precisaron la naturaleza de la sanción.

Marcaron los progresos del "personalismo", evocaron y esperaron la comunidad de la salud, escribiendo algo así como la prehistoria de la Iglesia.  Por encima de los errores y las impotencias de su tiempo caminaron a tientas hacia Cristo, término de la historia y perfección que sólo podían entrever. Se remontaron a las fuentes de la moralidad, mostraron que la moral era asunto del corazón... Creyeron en el triunfo de la justicia y de la moralidad en este mundo, porque tal es el designio de Dios y porque tiene poder para hacerlo triunfar, y ellos comenzaron a realizar en sí mismos este ideal". Agruparemos la exposición de los principales temas de los profetas en cuatro grandes apartados:

  • El Dios de los profetas
  • Dios y el hombre
  • El hombre vinculado a los demás hombres
  • Dios y el mundo.


9.6.1. El Dios de los Profetas

A la base de la doctrina de los profetas está la idea que ellos tuvieron de Dios:

  • Contribuyeron a la purificación del monoteísmo, que en su evolución en Israel pasó por los estadios de la monolatría y el monoteísmo, que llevaba a mezclaran ocasiones el culto a Yahvé con el culto a otros dioses.
  • Afirman la unicidad de Dios, cuando hablan de su dominio sobre todos los pueblos.  Am 9, 17 y de su poder creador, Am 5, 8; Is  41, 4.
  • Yahvé es el Dios "viviente", Is 40, 28; 44, 6-24; Jer 2, 12-13 y "santo", Am 2, 7; 4, 2; Os 11, 9. Unido a la santidad de Dios está el hecho de que El no cede a nadie su "gloria", es un Dios "celoso", Is 48, 11; Ez 5, 13.
  • Aunque los profetas no especulan sobre la naturaleza divina, sugieren indirectamente el carácter "espiritual" de Dios, al indicar que las localizaciones (Arca, Templo) que de El se tenían no lo ligan con estos objetos, Jer 3, 16, y es que está más allá de toda representación, Os  8,15; 10, 5-6.  El es el "diverso", del hombre, Os 11, 9; permanece para siempre, Is 40, 7-8. Es "trascendente", y al mismo tiempo, se acerca al hombre, Is 57, 15.
  • Yahvé es un Dios lleno de "misericordia", Os 11, 8-9; Jer 31,20, no sólo con su pueblo sino con toda clase de naciones, Jon 4, 2.
  • Yahvé es un "Dios fiel y verdadero", sus palabras no pasan, Is 40, 8, su designio se ejecuta, Is 25, l; 55,11, no varía, Mal 3, 6.
  • Yahvé es un Dios justo, libera al que llama, al que tiene derecho, Jer 9, 23; castiga el mal y el pecado, Am 5, 24; Is 5, 16, y así revela su justicia.
  • Yahvé es un Dios "omnipotente", se le descubre en los hechos históricos en los que Él interviene, Is 7, 18; 9, 10-11. Es "omnisciente", Is 42, 9; "inmutable", Mal 3 ,6. "Omnipresente", Am 9,2-4; Is 66, 1.
  • Yahvé es el Señor universal y dueño de la historia: todo lo que pasa en el universo se atribuye a su actividad y se incluye en ella.  Dios gobierna el universo de acuerdo a una ley, de ahí que se diga que no cambia.  La naturaleza física está bajo su dominio, Is 40, 26.

Cada acontecimiento tiene en El, de algún modo, su causa, Am 3, 3-6.  Gobierna el mundo con justicia y amor, Jer 12, 18; Is 55, 7. El dirige la historia.  De ahí que los profetas predicaran o bien la resistencia a las naciones o la necesidad de someterse cuando las circunstancias lo pedían, Jer 27.


9.6.2. Dios y el hombre. Dios e Israel. Elección – Alianza

El Éxodo: Un lugar de preferencia en la predicación profética lo ocupa el tema del éxodo.  Todo tuvo principio en ese hecho.  El libro de Oseas muestra claramente que el tiempo de la salida de Egipto es el tiempo en el que Israel respondió más fielmente a la alianza Os 2,16-17; 11, 5. Los profetas al hablar del éxodo lo orientan hacia su plenitud y hablan de un "nuevo éxodo", una salvación más completa y universal, Jer 31, 31-33. Ez. Capítulos: 36-37.

El éxodo es una expresión de la elección que Yahvé hace del pueblo.  Se expresa con varios verbos: Escoger, llamar, comprar, adquirir, conocer.

Aunque la palabra "alianza" aparece pocas veces en los profetas (tal vez para evitar un nacionalismo cerrado y exclusivo), la noción de alianza está continuamente presente como una extensión Y consecuencia de la elección: las responsabilidades que asume el que elige y las obligaciones que libremente acepta el elegido.  Esta elección - alianza se expresa en los profetas con las siguientes imágenes:

  • Padre - Hijo,  Os 11; Is 1, 2
  • Propietario - Viña,  Is.5',27
  • Pastor - Rebaño,  Is 40, 11
  • Alfarero - Vaso,  Is 29, 16. Jer 18
  • Esposo - Esposa,  Is 50, 1; Jer 2, 1-7.

Los profetas interpretan la existencia de Israel como dependiente del concepto de elección y alianza. La moral que predican; la justicia que exigen, se apoyan en el hecho de la salida de Egipto (elección) y del compromiso del Sinaí, (alianza). Ellos hablan siempre en este contexto. Finalmente las infidelidades del pueblo a la alianza y la ingratitud frente a la elección amorosa de Yahvé, llevan a los profetas a anunciar una "nueva alianza",  Jer 31, 31-34.


9.6.3. Elección de Sión - Promesa hecha a David

Dos grandes tradiciones aparecen en los profetas unidas al tema del éxodo: la elección de Jerusalén en Sión, y la promesa hecha a David.

La elección de Sión aparece dentro de su significado pero con una proyección al futuro, a la plenitud. David habla conquistado Jerusalén, 2 Sam 5, 6-9. La llamó: "Ciudad de David" y trasladó a ella el arca. Dios, por medio de Natán, demuestra su complacencia por esa ciudad, 2 Sam Captlo 7; cuyo destino religioso se determina con la construcción del Templo. Jerusalén se convierte en capital política y religiosa de Israel, porque Yahvé reside en ella, en el "monte Sión".  Salm 78, 68-19. Jerusalén es infiel, se entrega a la idolatría y rechaza las enseñanzas de los profetas., Jer. Capítulos 36-38; hace algunas alianzas con otros dioses al darles culto, Is 1, 16-17; Jer 7, 8-11; por eso Yahvé la castigará, Jer 7, 14; sólo se salvará un "resto", Is 4, 2-3.

El castigo llega. La "Hija de Sión" confiesa su culpa, Lam 1, 1s.s. Al mismo tiempo que anuncia los castigos. Los Profetas hablan de otra Jerusalén, hecha de nuevo ciudad de justicia y fiel, Is 1, 26; Jer 31, 6-12. Verá multiplicarse sus hijos, Is 49, 14-26. Sión dará a luz a un nuevo pueblo, Is 66, 6-14. Ella será el lugar del juicio escatológico; de la liberación y transfiguración final para todos los pueblos,  Is 25, 6-12,Joel 4, 9-17.

La promesa hecha a David es otro de los temas relacionados con la elección - alianza.  David respondió a su elección con una adhesión sincera y fiel, a pesar de sus deficiencias. Natán le promete de parte de Dios una "descendencia eterna", 2 Sam 7, 27. Lo hace a través de una promesa incondicionada, que concentra la alianza del Sinaí en la promesa del rey y así lo confirma, 2 Sam 7,1-24. Por eso los profetas, al evocar la promesa hecha a David, quieren afirmar el amor de Dios por su pueblo, Is 9, 6-8; su fidelidad a la alianza, Jer 32, 20-26. Os 3, 5.


9.6.4. La Ley

La alianza trae consigo el don de la Ley. Los profetas se refieren continuamente a ella. La "Torah" es la instrucción de Dios. No es sólo una serie de preceptos sino también una serie de verdades sobre Dios y su acción salvífica. Para los profetas la Ley de Dios no era un libro. No hacen referencia a Moisés como legislador, fuera de Malaquías 3, 2.

La relación de la alianza se expresa en la Ley y es mantenida por ella. La Ley es la instrucción espiritual y moral que ofrece la revelación. Desobedecerla es violar la alianza. La Ley y la justicia que predican los profetas la aprendieron de su experiencia personal de Dios. Los profetas conciben la Ley como revelación perenne de Dios, algo siempre igual por ser la expresión de un Dios vivo y en constan te actividad.  Por eso la Ley es universal.

Cuando los profetas hablan de la "Ley de Dios" significan las experiencias morales de esa revelación de Dios. Esas exigencias no son arbitrarias sino que brotan de la naturaleza de Dios y son manifestaciones de su amor y de su justicia. La Ley es expresión de los atributos de Dios, de ahí que el cumplirla conserva al hombre en una relación íntima con Dios. Los profetas reprochan a Israel las transgresiones de la Ley, Jer 11, 1-2; y anuncian la nueva ley escrita en los corazones, Jer 31, 31-34; Ez 36, 25-27. Esa ley será enseñada a todos los pueblos, Is 2, 3.


9.6.5. Desviaciones e infidelidades

Para los profetas el obstáculo por excelencia, el único para la realización del plan de Dios en el pueblo es el pecado. El pecado abre un abismo entro Dios y el hombre considerado en su aspecto personal y comunitario.  Is 59, 1-2.

Los profetas denuncian el pecado de los que rigen los destinos del pueblo, Jer 22, 13. Enumeran los pecados que se cometen y que van contra las exigencias de Dios, Ez 18, 5-9; Is 59, 3-8; Am 4, 1. El pecado, ofensa a Dios es más bien autodestrucción para el pecador, Jer 7, 1-9.

El pecado es una infidelidad al Dios de amor que se revela como Padre, esposo, pastor de Israel, Jer 2, 11-13; Is 64, 7. El remedio para el pecado es la conversión, Os 2, 8-9. Dios mismo se acerca y busca al pecador,  Lam 5, 21; Ez 34. Al pecar el hombre se aleja de Dios. Esto sucede a todos los hombres y a todos los pueblos, pero cuando acaece a Israel el hecho es más grave porque él ha sido elegido como pueblo único de Dios. Los profetas al enumerar los pecados no distinguen entre la rebelión y alejamiento manifestado en injusticias sociales, económicas y políticas; culturales, religiosas, teológicas, Is 1, 2-18; 2, 6-17; 9, 8-11; 29, 13-16; Jer 2, 4-13; Ez 16.


9.6.6. El falso culto

La verdadera religión es el conocimiento del Dios verdadero y la obediencia a su ley.  Esto se expresa en:

  • Monoteísmo 
  • Conocimiento de los atributos morales de Yahvé 
  • Relación íntima con El como un Dios vivo.
  • Práctica de la justicia

Los profetas denuncian la falsa religión que ven expresada en:

  • La idolatría y el sincretismo religioso, Ez.20,32; Jer. 44,16.
  • El ritualismo: La absolutización del Templo, de los sacrificios y demás expresiones externas de la religión que no pueden establecer, por sí mismos, una relación con Dios. Am 5, 21-23; Os 8, 11; Jer 7, 21-22. Es verdad que Ezequiel planea un Templo restaurado y un sistema de sacrificios, Ez.  Capítulos, 40-46, pero lo hace en una proyección ideal, siempre desmentida por la realidad. Y además, Ezequiel tiene exigencias morales y espirituales como las tiene también Malaquías,  Mal 2, 5. Los sacrificios son condenados porque se realizan para tener una satisfacción sensible y emocional, sin repercusión en la vida práctica: fe, justicia, misericordia, derecho, Am 5, 24. Los sacrificios conducen al formalismo, enemigo de lo que es una verdadera relación personal e íntima con Dios,  Is 48, 1; 29, 13-14.
  • El formalismo: que lleva a una actitud mágica. Para quitar esa mentalidad, Jeremías, cuando anuncia la restauración, habla de que el Arca misma será olvidada, Jer 3, 6. Si algunos profetas dan valor a los ritos es porque éstos pueden favorecer y ayudar a la conciencia religiosa, con tal de no multiplicarse demasiado ni absolutizarse. La verdadera religión debe trabajar por crear una sociedad justa, como lo exige Dios mismo. De ahí que los profetas, hombres de su tiempo, tratarán de reformar el sistema social agrícola de su tiempo para que se practicara en él la justicia.


9.6.7. La injusticia

Una de las principales desviaciones y pecados denunciados por los profetas es la injusticia. Ellos hablan contra los jueces y reyes, contra los poderosos que oprimen a los pobres y anuncian el castigo de Dios, Am 5, 7; 6, 12; Is 5, 7-23; Jer 22, 13. Dan a la injusticia el sentido de ofensa no sólo al prójimo sino también a Dios. Ante las incesantes injusticias miran hacia el futuro y anuncian al Mesías como el que administrará la justicia íntegramente, Is 9, 6; 11, 4-5; Jer 23, 5.


9.6.8. El Juicio

Una de las principales desviaciones y pecados denunciados por los profetas, además de la injusticia, es el del juicio como la realización de la justicia divina. La doble catástrofe de la destrucción del reino del Norte en 722 (destierro de Nínive), y la ruina del reino del Sur, con la destrucción de Jerusalén en 586, (destierro a Babilonia), es contemplada por ellos como restauración y establecimiento de la justicia. Yahvé es quien juzga. Israel es juzgado. El acto de juicio: la muerte como nación, o un simbólico regreso a Egipto,  Is 30, 12-14; Jer 5, 3. 12-14.
Este juicio de Yahvé no se realiza únicamente en relación con el pueblo. Llega a los individuos. El "sondea las entrañas y los corazones", Jer 11, 20; 17, 10; y conoce a los justos y a los culpables.


9.6.9. Misericordia compasiva

Los castigos de Dios tienen como finalidad la conversión del pueblo.  Son dictados por la bondad de Dios: "os castigué pero no os convertisteis a mi", Am 4, 6-11. Más todavía, cuando Yahvé se decide castigar su corazón se revuelve dentro de El, Os 11, 8-9; Jer 31, 20. La primitiva alianza con Israel era una alianza con misericordia. Yahvé anuncia: "que conducirá a su pueblo al desierto para hablarle al corazón", Os 2, 16, y renovar la alianza en la misericordia Jer 3, 12; Is 54, 7-8. Con su firme y constante fidelidad Yahvé no aparta su "hesed" = misericordia, ni del pueblo, ni de los individuos,  Is 54, 10; Jer  31, 3.

Después del exilio el regreso a la tierra simboliza el regreso de Yahvé y con El a la vida.  Jer 12, 15; 33, 26; Ex 33, 11; Is 14, 1. La misericordia compasiva de Yahvé lo lleva a "re-crear", reconstruir, hacer nacer de nuevo a Israel, a una nueva redención, Ez 36, 22-25;Capítulo 37; Is 51, 9-15.


9.6.10. La respuesta auténtica del hombre

Varios conceptos caracterizan en los profetas la auténtica respuesta del hombre a la acción fiel y misericordiosa de Yahvé.


9.6.11. Conocimiento de Yahvé

En este concepto se expresa más que el conocimiento intelectual, una relación existencial que compromete profundamente. Conocer a Yahvé es "juzgar la causa del. humillado y del pobre", Jer 22, 16. Miqueas 6, 8, resume las consecuencias del verdadero conocimiento de Dios: "Te ha explicado, hombre, el bien, lo que Dios desea de ti: simplemente que respetes el derecho, que ames la misericordia y que andes humilde con tu Dios", Esta humildad se basa en la fe confiada.


9.6.12. La fe

La fe, como respuesta fundamental del hombre a Dios es una exigencia de la alianza. Los profetas invitan a tener fe en Yahvé, Os 13, 6; Jer 17, 7. La importancia de la fe aparece en la frase de Habacuc: "El justo vivirá por su fe", Hab 2, 4. La fe, quiere decir confianza en Dios y fidelidad a El; esperanza en Yahvé y lealtad a El,  Is 7, 9; 28, 16.
La fe en Dios y la moralidad están íntimamente unidas en la predicación profética. La fe conduce a una vida recta y ésta es expresión de la fe. La fe sufre la prueba del fracaso, de la duda, de la aparente ausencia de Dios.  Los profetas mismos la experimentan, Jer 15, 10-21; 20, 7-18.  Con una fe probada y purificada exhortarán al pueblo a la fe confiada en Yahvé en todas las circunstancias,  Is  40, 31; 49, 23.


9.6.13. La bondad

Con el término "bondad" se indica además de la actitud de Dios hacia los hombres, la que estos deben de tener hacia los demás y hacia el mismo Dios.  La bondad hacia Dios significa devoción amorosa y fiel; hacia los semejantes quiere decir amor y bondad.  Jer 2, 2; Os 4, 1; l0, 12; Is 16, 5; Miq 6, 8. En resumen, Yahvé quiere que su misericordia y bondad gratuita tenga también un eco en el hombre.


9.6.14. El derecho

La palabra, "Derecho", tiene diversos significados, que van desde un fallo de un tribunal, al conjunto de leyes que Dios ha dado como dueño del universo. Como la Ley de Dios manifiesta su justicia, pasó a significar una ley o juicio justos y, más adelante, "derecho". En este sentido de decisiones justas de los jueces, leyes justas de los gobernantes, trato justo a los otros se aplica a las relaciones entre los hombres, que deben de expresar la actitud de Yahvé, Am 5, 24.


9.6.15. Justicia

El término "justicia", se usó en la Biblia con diversos sentidos. Primitivamente era un término legal que decía relación con el veredicto de un proceso y con la persona en cuyo favor se daba, "justificándolo" de la culpa que se le imputaba. En relación con Dios, es sinónimo, a veces, de victoria y cumplimiento de su propósito salvador. Is 46, 13; 56, 1. En la vida del hombre es la excelencia moral: la esencia moral de la vida buena y la cualidad moral de la conducta recta.  Es como el fruto del amor y del derecho,  Is 59, 14; Jer 22, 3; Ez 18, 27; Am 5, 24.


9.6.16. La religión interior 

De la práctica de la justicia el derecho y la misericordia surge el "verdadero conocimiento de Dios", y éste es, junto con la fe, el fundamento de la auténtica religión: la que integra la Ley en su constitución espiritual. La verdadera religión se opone al particularismo, al formalismo y al ritualismo. Integra la actitud interior de fe con el amor al prójimo: "Así dice Yahvé: no se alabe el sabio por su sabiduría, ni se alabe el valiente por su valentía, ni se alabe el rico por sus riquezas; mas en esto se alabe quien se alabare: en tener seso y conocerme, porque Yo soy Yahvé, que hago merced, derecho y justicia sobre la tierra, porque en eso me complazco, oráculo de Yahvé", Jer 9, 22-23.


9.6.17. Dios y los demás pueblos. El Universalismo

Los profetas, guiados por su fe en un Dios universal se preocuparon por la situación y destino de toda la humanidad. Jeremías es constituido "Profeta de las naciones", Jer 1, 5, el II Libro de  Isaías dirige su llamado a todas las naciones,  Is  41, 1-5; 49, 1-6.
No sólo la historia de Israel está bajo los designios de Yahvé y su gobierno sino que también lo están todos los pueblos. Am 9, 7. Yahvé no es un Dios exclusivamente nacional. El juzga la conducta de todas las naciones. De ahí los oráculos que los profetas pronuncian contra ellas,  Am 1, 3 al 2, 3; Nah 3, 4-9; Is 10, 5-19.


9.6.18. El problema del mal

Presente en toda la historia de la humanidad está el mal, el dolor y el sufrimiento. Los profetas no resuelven ese problema con soluciones dualistas. Anclados en su teísmo descubrieron que el sufrimiento no escapa al gobierno de Yahvé: "Yo soy Yahvé, no hay ningún otro; yo modelo la luz y creo la tiniebla, yo hago la dicha y creo la desgracia, yo soy Yahvé, el que hago todo esto", Is 45, 7. Una cosa semejante dice Amós 3, 6. A través de su propio sufrimiento y sostenidos por la fe, los profetas van descubriendo que es una pena por el pecado, Is 3, 11; pero también que tiene un valor purificador, Jer 9, 6 y de su intercesión y redención, como aparece en el cántico del Siervo de Yahvé, Is 52, 13 al 53,12. Al enviar el sufrimiento a Yahvé hace un acto de benevolencia pues lo que busca es el arrepentimiento y la conversión de los hombres.  Am 4,  6-11.


9.6.19. El juicio

El juicio de Yahvé, Señor de la historia, no se restringe a su pueblo: todos los pueblos serán juzgados, Am 1, 3 al 2, 3; Ez 25, 1-17. La salvación que llegará a todos los hombres y naciones tiene como preludio ese juicio, que los profetas post-exílicos describen con el lenguaje apocalíptico, Is 66, 16; Joel 4, 12-16. Con ese juicio se cerrará la historia humana y comenzará el reinado eterno del Hijo del Hombre,  Dan 7, 9-12.


9.6.20. El hombre vinculado a los demás. Solidaridad y personalismo

Los profetas afirmaron que la práctica del bien acarreaba al hombre la felicidad y el pecado trata consigo el castigo y el sufrimiento. Sin embargo, los hechos desmentían esa afirmación: los justos sufrían y,  en cambio, los malos prosperaban,  Hab 1, 12-13.
En un primer momento los profetas resolvieron el problema acudiendo al concepto de solidaridad, tan arraigado en los pueblos antiguos: sea cual fuere la conducta del hombre él debe de sufrir las consecuencias de la conducta de la comunidad a la que pertenece. Esta solución no acabó con el problema: que los hijos paguen las penas de sus padres: "Los padres comieron los agraces y los hijos tienen dentera", Jer 31, 29-30. Esta situación que ponía en tela de juicio la justicia de Dios llevó a los profetas a descubrir la responsabilidad personal,  Ez 18.
Ignorando la existencia del más allá ponían la solución a ese problema en el "día de Yahvé", cuando en el curso de la historia, las naciones que sigan viviendo descubrirán claramente que Dios justifica a los buenos y castiga a los malvados,  Mal 3, 18.


9.6.21. Una sociedad justa

Los profetas impugnan las estructuras sociales injustas que llevan a la opresión del pobre y desvalido. El "conocimiento de Yahvé" debe de expresarse en relaciones justas entre los hombres. Por eso los profetas condenan a quienes se enriquecen a costa de los débiles y con todos los medios de poder los oprimen sin escrúpulos Am 3, 9-10; 4, 1-3; 1, 1-8; Os 7, 3-7; Je .5, 26-29. Los profetas ven una estrecha relación entre una estructura social viciada y explotadora y una situación de condenación y de pecado. Se exige una "conversión" y una nueva liberación a través del "juicio de Yahvé", que actúa en la historia impugnando las estructuras de poder y poniéndose de parte de los oprimidos.

También descubren los profetas una estrecha relación entre justicia social y liberación salvífica de Yahvé y lo ponen de relieve en su predicación. La liberación de Yahvé debe de expresarse en la ausencia del egoísmo, de la injusticia, de la opresión al prójimo. Debe de existir una sociedad que se base en el derecho de Yahvé y que lo manifieste en la regulación de unas relaciones sociales justas,  Jer 21, 11 al 22, 4.

Los profetas no sólo censuran a los individuos que causaban males sociales sino también al sistema que los hacía posibles y que los sostenía por medio de leyes y el fallo de los tribunales, Am 5, 15: "¡Ay! de los que decretan decretos inicuos, y los escribientes que escriben vejaciones, excluyendo del juicio a los débiles, atropellando el derecho de los pobres de mi pueblo, haciendo de las viudas su botín, y despojando a los huérfanos", Is 10, 1-2. Se piden leyes y juicios que manifiestan consideración por los derechos y necesidades de los más débiles de la sociedad.

Sin ser principalmente reformadores sociales, los profetas promueven la justicia social como una exigencia de la verdadera religión. Sólo a través de esa justicia con los hombres se podrán tener genuinas y profundas relaciones con Dios. Jer 22, 15-16; Ez 34, 2-4. El Mesías es presentado como el instaurador de ese gobierno justo que Yahvé exige,  Is 32, 1; 11, 4; 9, 7.


9.6.22. Dios y el mundo. La Creación

"Yahvé es el creador del mundo". Es una afirmación frecuente en los profetas,  Am 4, 13; Jer 10, 6-16; Is 40, 21-26. Los profetas oponen el Dios creador a los dioses que no son nada, Jer 10, 1-5; Is 4, 9-20. La potencia creadora de Dios está unida a su dominio en la historia.  Por este motivo El puede escoger a quien quiere para realizar sus designios, Jer 27, 4-7. Los acontecimientos El los crea en cierta manera, Is 48, 6-7; 43, 1-7. En una perspectiva escatológica los profetas hablan de una nueva creación, Is, 65, 17; 66, 22-23.


9.6.23. Dios juzga la historia

Acabamos de afirmar que relacionada con la potencia creadora de Yahvé aparece su dominio de la historia; el es el Señor de la historia.  Ahora bien, Yahvé regula la historia:

  • De acuerdo a un plan o designio incomprensible al hombre, Is 55, 8-9; 5, 19; 19, 17.
  • Sin permitir que nada escape a su acción y usando para su fines justos aun aquellos que son injustos,  Is 10, 12-13; Jer 27.
  • Llevándola a un juicio que hará llegar a los hombres y a las naciones las consecuencias de sus acciones buenas o malas, Am 5, 18; Is 13, 6; Ez 7, 7; Sof 1, 7. Ese juicio traerá una purificación permanente.  Veamos las características propias:


9.6.24. Mesianismo

Dentro de esta perspectiva del gobierno divino de la historia aparece en los profetas la esperanza mesiánica: el mundo será purificado del mal y del pecado y el bien se establecerá para siempre,  Is 11, 9; 17, 7; Os 2, 13; Joel 2, 28; Jer 31, 31-34.


9.6.25. El día de Yahvé

En el que El, el Señor de la historia: "será rey sobre toda la tierra", Zac 14, 5-9; Joel 2, 30-31.


9.6.26. Un "resto de Israel”

El resto de Israel, no entendido sólo como una fracción que sobrevive a una calamidad determinada, sino un pueblo purificado de los tiempos mesiánicos, desde su humildad se convertirán en una nación poderosa, Miq 4, 7; 5, 6-7; Sof 3,12; Is 4, 4; Jer 23, 3. (Ver: capítulo 7º: 7.6, y 7.6.1).


9.6.27. Un rey ideal

El Mesías, que gobernará de acuerdo con las exigencias de Yahvé. El será el "germen justo", Jer 23, 5-6; Zac 3, 8, será el "Siervo de Yahvé",  Is 49, 5-6; 53, 4-5.
Entonces vendrá la consumación de la historia, cuando: "el monte de la casa de Yahvé será asentado en la cima de los montes y se alzará por encima de las colinas. Confluirán a él todas las naciones y acudirán pueblos numerosos. Dirán: "Venid", subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob, para que El nos enseñe sus caminos y nosotros sigamos sus senderos. Pues de Sión saldrá la Ley y de Jerusalén la palabra de Yahvé", Is 2, 2-4. El mensaje profético es un mensaje de esperanza que tiene como fundamento no al hombre sino a Yahvé, fiel y misericordioso.


9.6.28. El destino personal del profeta

Desde el momento de su llamado, de su  vocación, el profeta ya no es dueño de su misión.  Su vida está al servicio de Dios en bien de la comunidad elegida. Esto se ve claramente en el llamamiento de Moisés, Samuel, Amós, Jeremías, Ezequiel.
Las expresiones líricas de Jeremías giran en torno a este tema: Dios tiene la entera iniciativa; domina a la persona del profeta: "El Señor Yahvé habla, ¿quién no profetizará?", Am 3, 8. Jeremías consagrado desde el seno Materno Jer l, 5; Is 49, 1, habla de seducción, Jer 20, 7,s.s. Ezequiel siente que la mano de Dios pesa fuertemente sobre él, Ez 3, 14.
El llamamiento despierta en Jeremías la conciencia de su debilidad Jer 1, 6; en Isaías, la conciencia de pecado, Is  6, 5. Este llamamiento lleva siempre a una misión salvífica, cuyo instrumento es la boca del profeta que dirá la palabra de Dios, Jer 1, 9; Is 6, 6; Ez 3, 1,s.s.


9.6.29. El mensaje del profeta y su vida

El mensaje del profeta conlleva anuncios en forma de gestos (más de treinta pasajes aparecen en el A.T, que preceden o acompañan a las exposiciones orales Jer 28, 10; Ez 3, 24; Zac 11, 15, y es que la palabra revelada, no se reduce a vocablos; es vida, va acompañada de una participación simbólica, no mágica), en el gesto de Yahvé que realiza lo que dice.
Algunos de estos actos simbólicos tienen efectos inmediatos: la compra de un campo, Jer 32; enfermedades y angustias,  Ez 3, 25. Sin embargo, conviene notar que en los profetas más importantes la vida, conyugal y familiar hace cuerpo con la revelación. Tal es el caso de Oseas, Os  1-3), Isaías se limita a mencionar la "profetisa", Is 8,3, pero él y sus hijos son signos para el pueblo Is 8, 18. En el momento del exilio los signos se hacen negativos: celibato de Jeremías, Jer 16, 1-9,  viudez de Ezequiel,  Ez 24, 15-27.


9.6.30. Pruebas

Los que hablan en su propio nombre, Jer 14, 14, sin haber sido enviados, Jer 27, 15, siguiendo su propio espíritu, Ez 13, 3, son falsos profetas. Los verdaderos profetas tienen conciencia de que otro les hace hablar, tanto, que se da el caso de tener que corregirse alguna vez cuando han hablado de su propia cosecha, 2 Sam 7. La presencia de este "otro", (Dios), Jer 20, 7,s.s, el peso de la misión recibida, Jer 4,19, causan a menudo una lucha interior.
Por ejemplo, Moisés y Elías, Num 11, 11-15; 1 Reyes 19, 4, conocen la crisis de la depresión. Ezequiel está "lleno de amargura" "con furor y pasmado", Ez 3, 14,s.s. En fin, Dios apenas si deja a los profetas esperar el éxito de su misión, Is 6, 9; Jer 1, 19; Ez 3, 6. La misión de Isaías no logrará sino endurecer al pueblo, Is 6, 9. Ezequiel deberá hablar "se le escuche o no", Ez 2, 5-7; así los hombres: "sabrán que yo soy Yahvé", Ez 36, 38, pero este reconocimiento del Señor sólo tendrá lugar posteriormente.
Finalmente el profeta toma conciencia respecto a su vocación y su misión salvífica. El análisis de los textos bíblicos demuestra la estructura esencial del profetismo y consta de tres elementos estrechamente interrelacionados: relación del profeta con Dios; carácter de enviado, y función de mediador.


9.6.31. Relación del profeta con Dios

El profeta es elegido y santificado por Dios, es decir, es segregado, Jer 1, 5, la mano de Yahvé ha venido sobre él, 1 Rey 18, 46, lo ha tocado, Jer 1, 9, y descansa constantemente sobre él, Is 8, 11, Yahvé se ha apoderado de él, Am 7,15, lo ha dominado y seducido, Jer 20, 7, el Espíritu de Yahvé ha entrado dentro de él,   Ez 2, 2.


9.6.32. Carácter de enviado 

Esto va unido a la conciencia de su misión profética. El es el hombre de Dios, el siervo de Yahvé porque Dios lo ha tomado a su servicio para que sea su colaborador. Ha sido investido del Espíritu ("ruah") para que pueda actuar como representante legítimo de Yahvé.  Como tal pregona por mandato y en nombre de Dios, Jer 11, 21.


9.6.33. Función de mediador

El profeta es también, mediador entre Israel y Yahvé: no sólo está al servicio de Yahvé, sino también al servicio de Israel. Por eso no sólo habla a Israel en nombre de Yahvé, sino también a Yahvé en nombre de Israel, esta segunda función es de intercesión profética,  1 Sam 12, 17-25. Destaca de una manera especial Moisés,  Ex 32, 10,s.s.


9.6.34. La muerte

La idea de que la muerte es la coronación de todas sus profecías, es un hecho admitido en la vida del profeta. Se exterminó a los profetas bajo el mandato del rey Ajab, 1 Rey 18, 4,s,s, probablemente bajo Manasés, 2 Rey 21, 26, y ciertamente bajo Yoyaquín, Jer 26, 20-23, Jeremías no ve nada excepcional en estas matanzas, Jer 2, 30.
Con estas consideraciones finales terminamos este capítulo de los profetas y el profetismo.  Hemos descrito sintéticamente los rasgos principales, conscientes de que se puede decir mucho más pero, no obstante, lo expuesto da una idea clara del tema.


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Agradecemos al P. Ignacio Garro, S.J. por su colaboración.

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