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Los escritos de San Pablo: Su Teología - La nueva vida en Cristo



P. Ignacio Garro, S.J.
SEMINARIO ARQUIDIOCESANO DE AREQUIPA

TEOLOGÍA DE SAN PABLO - 6° ENTREGA

12. LA NUEVA VIDA EN CRISTO

En 1 Cor 1, 30,  escribe Pablo: "de Él os viene que estéis en unión con Cristo Jesús. Al cual hizo Dios para nosotros sabiduría de Dios, justicia, santificación y redención”.

Este es el "Evangelio" de Pablo que nos presenta el acontecimiento del misterio de Cristo que vino a abrir al hombre nuevas perspectivas y horizontes,  más todavía a comunicarle una vida nueva.

12.1. ORIGEN DE ESA VIDA NUEVA

En los primeros versículos de la Carta a los Efesios encontramos una síntesis de los orígenes trinitarios de la vida nueva en Cristo: Ef 1, 3-14: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bienes espirituales, en los cielos, en Cristo. Por cuanto nos ha elegido en Él antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor; eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de su Hijo Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia con la que nos agració en el Amado. En Él tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia que ha prodigado sobre nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según el benévolo designio que en Él se propuso de antemano, para realizarlo en la plenitud de los tiempos: hacer que todo tenga a Cristo por cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra. A Él, por quien somos herederos, elegidos de antemano según el previo designio del que realiza todo conforme a la decisión de su voluntad para ser nosotros alabanza de su gloria, los que ya antes esperábamos en Cristo. En Él también vosotros tras haber oído la Palabra de la verdad, el Evangelio de vuestra salvación y creído también en Él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa”.

Pablo describe el maravilloso plan salvífico del Padre, que se reveló y se hizo realidad en Cristo y que se desarrolla en nosotros mediante la acción dinámica, vital y vivificante del Espíritu.


12.2. LA INICIATIVA DEL PADRE

Pablo da principio a su carta con una acción de gracias a Dios. Efes 1, 3-6: “Bendito sea Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bienes espirituales, en los cielos, en Cristo; por cuanto, nos ha elegido en él antes de  la fundación  del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor; eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de su Hijo Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia con la que nos agració en el Amado”.

Lo bendice por los beneficios que nos ha comunicado; por las bendiciones espirituales, que de Él vienen y a Él conducen.

A la base del plan de Dios esta un acto de su voluntad, del cual procede una decisión     caracterizada por la benevolencia.

El autor del plan es el Padre. Lo determina gratuitamente: "tuvo a bien salvar", 1 Cor 1, 21: “De hecho, como el mundo mediante su propia sabiduría no conoció a Dios en su divina sabiduría, quiso Dios salvar a los creyentes mediante la locura de la predicación”.

Al recordar Pablo la obra salvífica de Dios enumera: nuestra elección en Cristo desde la eternidad, Ef 1, 4: “por cuanto nos ha elegido en Él antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor”; nuestra vocación para ser hijos de Dios en Cristo, Ef 1, 5: “eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad”; y en Efes 1, 7: “En Él tenemos por medio de su sangre la redención,  la redención, el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia".

De acuerdo con eso, el plan de Dios supone:

  • “Elección”: acto de predilección de Dios que nos elige para ser santos, es decir, para comunicarse a nosotros.
  • “Predestinación”: en el sentido de vocación (llamado) infalible de Dios
  • “Justificación”: no por las obras sino por la fe
  • “Glorificación”: ya presente por el Espíritu.
  • Y esto para "alabanza de la gloria de su gracia".
El motivo último de la acción de Dios es su gloria, entendida como auto revelación de Dios  y la comunicación de Él mismo al hombre. Dios manifiesta su bondad y su amor y los comunica.

Pablo se refiere a todo esto cuando habla del: "previo designio", del Padre, ideado antes de la creación del mundo, Ef 1, 4: “por cuanto nos ha elegido en Él antes de la creación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor”; y en Efes 3, 9: “y esclarecer cómo se ha dispensado el misterio escondido desde siglos en Dios, creador del universo”.

12.3. LA ENCARNACIÓN DEL VERBO Y SU OBRA REDENTORA

Así en Efes 1, 7-10: “En Él tenemos por medio de su sangre la redención el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia que ha prodigado sobre nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad según el benévolo designio que Él se propuso de antemano para realizarlo en la plenitud de los tiempos; hacer que todo tenga a Cristo por cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra”.

Cristo es el Hijo de Dios, no solo en el sentido de su elección divina y su dedicación completa al plan redentor del Padre (así se entendía la formula "Hijo de Dios" en el mundo judío: una elección para una tarea), sino también por "ser de condición divina", Filp 2, 6.

Pablo aplica a Cristo el titulo de: “Kyrios” = “Señor de todas las cosas”, usado por los LXX para traducir el nombre de Yahvé. Con ese nombre quiere Pablo señalar el dominio actual de Jesús sobre los hombres en su condición de resucitado, Rom 10, 9: “Porque si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo”. Y en 1 Cor 12, 3: “Por eso os hago saber que nadie, movido por el Espíritu de Dios, puede decir: “¡Maldito sea Jesús”! y nadie puede decir: “¡Jesús es el Señor”! sino movido por el Espíritu Santo”. Y en Filip 2, 6-11: “El cual siendo de condición divina, no codició el ser igual a Dios sino que se despojó de sí mismo tomando condición de esclavo. Asumiendo semejanza humana y apareciendo en su porte como hombre, se rebajó a sí mismo, haciéndose obediente hasta a muerte y muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó y le otorgó el nombre sobre todo Nombre. Para que el nombre Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es el SEÑOR para gloria de Dios Padre”.

Jesucristo, Hijo de Dios, nos libera por su sangre (en el A.T. las alianzas se sellaban con sangre y expresaban el ofrecimiento voluntario de la vida), e inicia la Nueva Alianza. Ef 1, 7: “En Él tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia”.

La realización concreta de la obra redentora se realiza en la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, Rom 4, 25: “quien fue entregado por nuestros pecados, y resucitó para nuestra justificación”. Y en 1 Tes 4, 14: “porque si creemos que Jesús murió y que resucitó, de la misma manera Dios llevará consigo a quienes murieron en Jesús”. Y en Filp 2, 9-10: “Por eso Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos”.

No solo la muerte, sino también la resurrección tiene valor redentor, Rom 4, 25: “quien fue entregado por nuestros pecados, y resucito para nuestra justificación”. Y en Rom 10, 9: “Porque si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos serás salvo”. Igualmente en 1 Cor 15, 17: “Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; estáis todavía en vuestros pecados”.

Cristo, resucitado por el Padre, 1 Tes 1, 10: “y esperar así a su Hijo Jesús que ha de venir de los cielos, a quien resucitó de entre los muertos y que nos salva de  la ira venidera”. Y ha recibido del Padre el poder de una vida nueva que Él a su vez nos comunica, 2 Cor 13, 4-5: “Pues, ciertamente, fue crucificado en razón de su flaqueza, pero está vivo por la fuerza de Dios. Así también nosotros: somos débiles en Él, pero viviremos con Él por la fuerza de Dios sobre vosotros”.

Por la resurrección - ascensión Cristo recibe su exaltación gloriosa y comunica la vida, 1 Cor 15, 45: “En efecto, así como dice la Escritura: “Fue hecho el primer hombre, Adán, alma viviente; el último Adán, espíritu que da vida”.

Esta comunicación de la vida trae consigo la reconciliación con Dios, realizada por el mismo Padre a través de Cristo, que llega a ser nuestra paz, Ef 2, 14: “Porque Él es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro divisorio de la enemistad”; el perdón de los pecados, Col 1, 14: “en quien tenemos la redención, el perdón de los pecados”. Y en  Efes 1, 7: “en Él tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia”; en Cristo como nuevo propiciatorio, Rom 3, 25: “a quien exhibido Dios como instrumento de propiciación por su propia sangre, mediante la fe, para mostrar su justicia, habiendo pasado por alto los pecados cometidos anteriormente”; la redención de adquisición,1 Cor 1, 30: “De Él os viene que estéis en Cristo Jesús, al cual hizo Dios para nosotros sabiduría de Dios, justicia, santificación y redención”: y en  Efes 1,14: “que es prenda de vuestra herencia, para la redención del pueblo de su posesión, para alabanza de su gloria”; que no es otra cosa sino la liberación que Dios mismo hace de nosotros.

No solo somos redimidos sino que se nos comunican dones: sabiduría, en el sentido de conocimiento para la vida; conocimiento activo. Además de la sabiduría enumera Pablo en Ef, 1, 9: “dándonos a conocer el misterio de su voluntad según el benévolo designio que en Él se propuso de antemano”; inteligencia para tener un conocimiento más profundo y experiencial de la revelación del "misterio" de Dios.                                                     

Este misterio no es otra cosa que la realización de la salvación por la muerte y resurrección de Cristo, salvación a la que están llamados también los gentiles.

Este misterio se revela y se realiza en Gal 4: “Pero, al llegar la plenitud de los tiempos envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley”.

El misterio se explicita así: recapitular todas las cosas en Cristo: Efes 1,10: “para realizarlo en la plenitud de los tiempos: hacer que todo tenga a Cristo por cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra”.

Recapitular todas las cosas, se ha interpretado como:
  • Restaurar.
  • Poner a alguien como cabeza.
En esta interpretación, que preferimos, Cristo aparece como vínculo, como centro de todo el universo:
  • En su creación: todo fue creado por Él y para Él, Col 1,16: “porque en Él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, tronos, dominaciones, potestades: todo fue creado por Él y para Él”.
  • En su salvación (nueva creación): Él es el que redime.
  • Cristo es, por consiguiente, Cabeza de todas las cosas y da al universo y a todo lo que en él existe, sentido, valor, unidad y armonía.


12.4. LA PRESENCIA Y ACCIÓN DEL ESPÍRITU

Esta presencia del espíritu de Cristo es la fuerza de salvación del Evangelio, Efes 1, 13-14: “En Él también vosotros, tras haber oído la Palabra de la verdad, del Evangelio de nuestra salvación, y creído también en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es prenda de nuestra herencia, para la redención del pueblo de su posesión, para alabanza de su gloria”.

Esta salvación llega a todos, judíos y paganos, es el “misterio”, de Dios, Efes 2, 11-18: “Así que, recordad cómo en otro tiempo vosotros, los gentiles según la carne, ... estabais a la sazón lejos de Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel y extraños a las alianzas de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Más ahora, en Cristo Jesús, vosotros, los que en otro tiempo  estabais lejos, habéis llegado a estar cerca por la sangre de Cristo. Porque Él es nuestra paz, el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro divisorio de la enemistad, anulando en su carne la Ley con sus mandamientos y decretos, para crear en sí mismo, de los dos, un solo Hombre Nuevo, haciendo las paces, y reconciliar con Dios  a ambos en un solo cuerpo, por medio de la cruz, dando en sí mismo la muerte a la Enemistad. Vino a anunciar la paz; paz a vosotros que estabais lejos, y paz a los que estaban cerca. Por Él, unos y otros tenemos libre acceso al Padre en un mismo Espíritu”.

El plan divino se corona con el don del Espíritu, en el que somos sellados, Él nos es dado como "arras". Esto no indica solo una prenda, sino una posesión anticipada de la herencia.

Así nos convertimos en Pueblo de su posesión en el que Él se manifiesta comunicándonos su gloria.

La presencia y la acción del Espíritu llenan toda la vida del cristiano, al grado de que -como veremos más adelante- su vida se puede calificar de vida "en el Espíritu".



Agradecemos al P. Ignacio Garro, S.J. por su colaboración.

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