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La sabiduría en la Biblia, libros sapienciales

Rey Salomón


P. Fernando Martínez Galdeano, S.J.



El problema de la sabiduría y el buen juicio está presente de un modo u otro en bastantes libros de la Biblia. Pero en este particular apartado nos centramos en cinco de ellos, llamados “sapienciales”, por su finalidad educadora en la difícil disciplina de vivir con los demás de forma “útil” y sabia. Si seguimos un orden cronológico según su antigüedad, estos cinco escritos son: Proverbios (400 a.C.), Job (400 a.C.), Eclesiastés (250 a.C.), Eclesiástico (190 a.C.) y Sabiduría (50 a.C.). Vamos a presentarlos conforme a esta clasificación. Antes, conviene hacer de ellos una observación general.


No parecen estar de moda

No han sido frecuentes los comentarios pastorales sobre estos escritos sapienciales. Es cierto que no son numerosas las referencias de estos libros en la liturgia ordinaria de nuestras iglesias. No parece haber estado de moda hasta el presente entre los cristianos la literatura sapiencial bíblica. Es conocida su extendida preferencia por el éxodo y los profetas. Y la razón de ello ha podido residir en que éstos últimos son los libros que se prestan para ser interpretados como un compromiso entre el Dios “liberador” y un proceso desde la esclavitud en tierra extranjera a una independencia en una tierra “prometida” y soñada.

Por otra parte es bien conocido, que a partir del exilio judío en Babilonia, perdida ya la independencia del reino de Judá (587 a.C.), la literatura bíblica que se va produciendo en esos años, sin olvidar la vertiente colectiva (“judaismo”), tiende a tener cada vez más en cuenta a la persona que busca dar sentido a su vida en medio de sus necesidades de supervivencia y fracaso de lo colectivo. El tema de la identidad propia en tierra extraña también entra en juego. Quizás sea todo ello y desde una situación compleja de indudable frustración, el motivo por el que fueron escritos estos libros inspirados de la Biblia.

Dimensión humana

El tono general de los libros sapienciales es más bien de consejo, como si un padre se dirigiera a su hijo predilecto: “Escucha, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la lección...” (Prov 1,8). Como el de un pensador a quien todo lo de este su mundo interesa: "Reflexioné de nuevo sobre la sabiduría, la locura y la necedad (...) Reconozco que la sabiduría aventaja a la necedad, como la luz a las tinieblas” (Ecl l,12s.). Como el de un hombre cualquiera que pone de su parte lo que puede para comunicar a los demás un buen sentir y hacer: “Ojalá puedan usarlo (este libro) también los que, en el extranjero, desean instruirse y reformar sus costumbres para vivir conforme a la ley.” (Eclo, prólogo sin numerar del traductor griego).

Llama sin duda la atención el que los libros sapienciales no hablan mucho y de forma directa sobre Dios mismo. Su interés es el hombre en su vida diaria. Pero su valor más original es que la dimensión humana sea realizada desde un respeto a Yahvéh: "El temor de Yahvéh es el principio de la sabiduría” (Prov 1,7); “Toda sabiduría viene del Señor, y está con él por siempre” (Eclo 1,1). Nos insisten en respetar a la persona concreta precisamente porque nosotros a su vez somos respetuosos con Dios. El respeto a Dios y la consideración a las personas son inseparables.


HIJO MÍO, NO OLVIDES MIS INSTRUCCIONES, (SUARDA EN EL CORAZÓN MIS PRECEPTOS, PORQUE TE TRAERÁN LARGOS DÍAS, VIDA Y PROSPERIDAD; NO ABANDONES LA BONDAD Y LA LEALTAD, CUÉLGATELAS AL CUELLO, ESCRÍBELAS EN LA TABLA DEL CORAZÓN; ALCANZARÁS FAVOR Y ACEPTACIÓN ANTE DIOS Y ANTE LOS HOMBRES.
CONFÍA EN EL SEÑOR CON TODA EL ALMA, NO TE FÍES DE TU PROPIA INTELIGENCIA; EN TODOS TUS CAMINOS PIENSA EN ÉL, Y ÉL ALLANARÁ TUS SENDAS; NO TE TENGAS POR SABIO, TEME AL SEÑOR Y EVITA EL MAL; Y SERÁ SALUD DE TU CARNE Y JUGO DE TUS HUESOS
(Prov. 3,1-8) 


DICHOSO EL QUE ENCUENTRA SABIDURÍA,
EL QUE ALCANZA INTELIGENCIA; ADQUIRIRLA VALE MÁS QUE LA PLATA Y SU RENTA MÁS QUE EL ORO, ES MÁS VALIOSA QUE LAS PERLAS NI SE LE COMPARAN LAS JOYAS; EN LA DIESTRA TRAE LARGOS AÑOS Y EN LA IZQUIERDA HONOR Y RIQUEZAS; SUS CAMINOS SON DELICIOSOS Y SUS SENDAS SON PRÓSPERAS;
ES ÁRBOL DE VIDA PARA LOS QUE LA COGEN, SON DICHOSOS LOS QUE LA RETIENEN. EL SEÑOR CIMENTÓ LA TIERRA CON SABIDURÍA
Y AFIRMÓ EL CIELO CON INTELIGENCIA;
CON SU SABER SE ABREN LOS MANANTIALES DE AGUA Y LAS NUBES DESTILAN ROCÍO
(Prov. 3,13-20)


De Salomón a los Proverbios

Desde el momento en que la escritura aparece en la administración del rey David (aprox. 1,000 a.C.), podemos encontrarnos con numerosos dichos, sentencias y hasta refranes de origen popular que son coleccionados por quienes ya practicaban el admirado y el envidiado arte de escribir (los “escribas”). El rey David impulsó la llegada de “sabios” egipcios, con el fin de organizar y administrar mejor su reino.

Con Salomón, la influencia egipcia en este sentido se puso de moda. Su primera esposa era hija de un faraón. La tradición bíblica considera que Salomón fue un rey sabio y prudente, y por eso le atribuye la autoría de los Proverbios (1,1), del Cantar de los Cantares (1,1), del Eclesiastés (1,1) y del libro de la Sabiduría (9,7-8).

Cuando se hace referencia a la sabiduría egipcia, ¿qué es lo que se quiere indicar? Significa que una persona sobre todo es sabia, cuando contempla los fenómenos y acontecimientos en los que vive y trata de distinguir entre lo que puede ser útil y lo que puede ser perjudicial, para poder así alcanzar la cima de lo que es bueno en la práctica. De la reflexión y ponderación de tales experiencias de los más conscientes se va formando un cúmulo de apreciaciones, consejos y advertencias que se constituyen en máximas de una responsable conducta y consiguiente buena educación. Egipto fue el país por excelencia de este tipo de sabiduría práctica. Sus cargos eran ocupados por funcionarios salidos de las escuelas dirigidas por los escribas y sabios. En estas escuelas se ofrecía a los alumnos, hijos de funcionarios, la oportunidad de adquirir una formación integral. Aquellos jóvenes se transformaban en personas útiles.

Después del exilio en Babilonia, la literatura sapiencial bíblica conoce su edad de oro. Entre los siglos VI y III a.C. se recogen por escrito numerosas sentencias y máximas, algunas de las cuales se remontan hasta Salomón, David e incluso antes. 


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Agradecemos al P. Fernando Martínez, S.J. por su colaboración.
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