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La Iglesia - 24º Parte: Propiedades esenciales de la Iglesia - La Unidad

P. Ignacio Garro, S.J.

SEMINARIO ARQUIDIOCESANO DE AREQUIPA


27. INTRODUCCIÓN


Al hablar de la Iglesia como sacramento universal de salvación, decíamos que una de las notas características de la Iglesia era su "visibilidad". El Magisterio de la Iglesia desde el Concilio Vaticano I prefirió la vía empírica para demostrar que la Iglesia es la verdadera Iglesia de Cristo. Para ello expuso las propiedades esenciales, o notas esenciales o permanentes que Cristo asignó a su Iglesia como signos de reconocimiento de comunidad visible - invisible de salvación. Las cuatro características de la Iglesia, a las que en el curso del tiempo se denominó "notas" son:

La Iglesia es: Una, Santa, Católica y Apostólica. Con ello se demuestra al mismo tiempo que en la Iglesia Católica "subsiste" la verdadera Iglesia de Cristo. El Papa Paulo VI en su solemne Profesión de Fe (Credo del pueblo de Dios), pronunciada ante la Basílica de S. Pedro el 30 de junio de 1968, en el Nº l9, dice: "Creemos en la Iglesia una, santa, católica y apostólica, edificada por Jesucristo sobre la piedra, que es Pedro. Ella es el Cuerpo Místico de Cristo, sociedad visible, equipada de órganos jerárquicos, y, a la vez, comunidad espiritual, Iglesia terrestre, Pueblo de Dios peregrinante aquí en la tierra e Iglesia enriquecida por bienes celestes; germen y comienzo del Reino de Dios, por el que la obra y los sufrimientos de la redención se continúan a través de la historia humana, y que con todas sus fuerzas anhela la consumación perfecta, que ha de ser conseguida después del fin de los tiempos en la gira celeste".


27.1. LA IGLESIA ES UNA

La unidad de la Iglesia (o que la Iglesia es Una) la entiende el N T. como fundamentada en el hecho de que la Iglesia ha sido instituida por la acción de un Dios Uno, l Cor 8, 6. Por la revelación una en Cristo Uno,  Rom 14, 7, s.s; y en la actuación de Un Espíritu (de Dios y de Cristo), Efes 2, 18.

Esta unidad se manifiesta en la proclamación de un solo evangelio, un solo bautismo y un solo ministerio, que fue entregado a Pedro y a los Doce. La unidad de la Iglesia esencial y concreta queda expresada en Pablo, sobre todo, por medio de una se­mejanza con el cuerpo. Este cuerpo queda constituido por el bautis­mo y actualizado por el banquete eucarístico, l Cor 10, 17. Según esto, el N T, considera la unidad de la Iglesia como algo que viene dado desde siempre, como algo presente, concreto e histórico, que es pro­pio del pueblo uno de Dios, en virtud del acto amoroso uno y univer­sal de Dios con respecto al género humano uno, por medio de la implantación de una cabeza (Cristo, el nuevo Adán) sobre la humanidad. Esta unidad ha sido confiada a dicha cabeza para que la mantenga a través de la historia como signo de su institución divina, la Iglesia.

Por unidad, o que la Iglesia es una, no se entiende tan solo la uni­dad numérica cuantitativa, sino que se añade que la Iglesia es única. No hay otra, ni posibilidad de que haya otra, hablando en sentido es­tricto teológico, y en este sentido se puede hablar de la unidad in­terna de la Iglesia o unión en el sentido de indivisión.

El Magisterio de la Iglesia enseña: "La Iglesia fundada por Cristo es una y única" (de fe). La Iglesia una, es la primera propiedad que el símbolo Niceno-Cons­tantinopolitano, (381), que dice "... (Creemos) en Una sola Iglesia, Santa, Católica y Apostólica". Denz 86. En efecto, siendo la Iglesia una, manifiesta la unión del hombre con Cristo, como uno es Cristo y una es la estirpe humana que trajo Cris­to con la Redención a todo el género humano. Por eso en la Sagrada Es­critura se habla de un solo cuerpo (S. Pablo), Rom 12, 4-6; una esposa, Efes 5, 24, 32; un redil, un Pastor, una puerta, Jn,10. Culmina con la ora­ción sacerdotal de Cristo al Padre en Jn 17, 20-22: "Padre que sean uno, como tú y yo somos uno".

La Iglesia una, comprende un triple vinculo o participación en el mis­terio de la Iglesia
  • La profesión de una misma fe, (vínculo simbóli­co - dogmático). Es decir, creemos en un mismo Credo, participamos de unos mismos dogmas y creencias. Una misma moral, etc.
  • Participación de los mismos medios de salvación, (vínculo litúrgico - sacramental). Participamos con una misma fe de los mismos sacramentos y de los mismos actos litúrgicos y cultuales. Una liturgia cultual y sacramental para toda la Iglesia.
  • Sumisión a los mismos pastores, y especialmente al Romano Pontífice, eje, centro y vértice de la unidad de la Iglesia, (vínculo jerárquico - social).

        
27.1.1. Rupturas de la unidad de la Iglesia
  • A la unidad de la fe se opone la "herejía". "Herejía": significa en primer lugar una concepción errónea de la fe, cuya esencia reside en que separa una o varias verdades particu­lares de la estructura orgánica del todo, y por el hecho de aislarla, la entiende equivocadamente, negando el contenido total del dogma o trastocándole sustancialmente. La teología actual distingue entre "herejía material", cuando alguien sostiene una herejía objetiva sin ser consciente de su error, y "herejía formal", cuando alguien se aferra con terquedad y mala intención a una herejía objetiva. El que ha caído en herejía de una manera jurídicamente tangible, no pertenece ya en sentido pleno a la Iglesia. Denz 714; 2286.
  • A la unidad de la gracia que causan los Sacra­mentos se opone el pecado. (Pecado que no separa definitivamente de la Iglesia, sino que paraliza al miembro dañado). Cuando hablamos de pecado nos referimos a pecado mortal grave, pecado de muerte, en el que el cristiano que muere sin arrepentirse y confesarlo está abocado a la condenación eterna. Pecado que hasta el mismo momento de su muerte, si tiene la gracia de la conversión puede librarse de él.
  • A la unidad de gobierno sobre los Pastores se opone el "cisma". "Cisma", significa separación. Es el delito de quien se separa de la comunión de la Iglesia Católica para formar una secta o grupo particular al margen del gobierno autorizado de la Igle­sia, los Obispos con el Papa a la cabeza, el cisma, pues rompe el vín­culo social y de comunión negando la obediencia y sumisión a los legítimos Pastores. El cisma viene a caer fatalmente en la herejía al ne­gar la autoridad y la infalibilidad de la Iglesia. Los cismas princi­pales que se registran en la historia son los Novacianos, S.III, los Donatistas SS. IV Y V. Pero el más doloroso fue el iniciado por Focio S. IX y consumado siglos después por Miguel Cerulario (Cisma de Oriente) S. XI. Después, en el S. XVI, la herejía y cisma de Lutero, (Cisma de Occidente); Enrique VIII (Iglesia Anglicana), cisma de los Viejos Católicos, en Europa, S. XIX y final­mente, en tiempos recientes el cisma de Monseñor Lefevbre.

El factor más decisivo para vivir y fomentar la Iglesia una es el de la "comunión" (koinonía) de todos sus miembros. Comunión que es la vivencia del "ágape" cristiano, como la  que vivió de una manera real y sencilla la pri­mitiva comunidad cristiana, Hech 2, 42-47. También hemos visto la mención a ser "uno" de Jesús en el discurso de la última cena, Jn 17, 20,s.s. Y el apóstol S. Pablo exhorta con insistencia a los cristianos de Efeso para que se guarde la unidad exterior e interior: "Sed solícitos por conservar la unidad del espíritu mediante el vínculo de la paz, sólo hay un cuerpo y un Espíritu, como también una sola esperanza, la de vuestra vocación. Sólo un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos". Efes.4, 3-6. Y les exhorta con gran insistencia a que todos guarden la posibi­lidad de caer en herejía y en la separación: "Os ruego, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos habléis igualmente, y no haya entre vosotros escisiones, antes seáis concordes en el mismo pensar y sentir", 1 Cor 1, 10; : "Al que enseñe doctrinas sectarias, eví­tale después de una y otra amonestación". Tit 3, 10; Gal 1, 8, s.s.

El Concilio Vaticano II, también ha hecho mención a la Iglesia "una". En Lumen Gentium, Nº 23: "Los Obispos, son individualmente, el principio y fun­damento visible de unidad en las Iglesias particulares, formadas a ima­gen de la Iglesia universal, en las cuales, y a base de las cuales, se constituye la Iglesia Católica, una y única".

En conclusión. Hemos hablado de la Iglesia que es "UNA”. Ha de ser entendida, ante todo, en el sentido de "Unicidad" o "única", es de­cir que no hay otra Iglesia o varias Iglesias, en el sentido estricto teológico. Cristo ha fundado una sola Iglesia, y ésta es la Iglesia Católica, aunque, "fuera de la estructura de la I­glesia de Cristo, se encuentran muchos elementos de santificación y de verdad, que, como dones propios de la misma Iglesia, empujan a la unidad católica". Nº 22 del Credo del Pueblo de Dios de Pablo VI. Y con­tinúa : "Y creyendo, por otra parte, en la acción del Espíritu Santo que suscita en todos los discípulos de Cristo el deseo de esta unidad, esperamos que los cristianos, que no gozan todavía de la plena comunión de la única Iglesia, se unan finalmente en un solo rebaño con un solo pastor, (Pedro)." Nº 22.

Respecto al ecumenismo, el Concilio Vaticano II, dice: "Promover la restauración de la unidad entre todos los cristianos es uno de los principales propósitos del Concilio Vaticano II. Porque una sola es la Iglesia fundada por Cristo". Decreto sobre el Ecumenismo, Nº 1, a.


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Agradecemos al P. Ignacio Garro S.J. por su colaboración.




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