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La Iglesia - 12º Parte: El Misterio Pascual de Cristo

P. Ignacio Garro, S.J.

SEMINARIO ARQUIDIOCESANO DE AREQUIPA


15. La Institución de la Eucaristía 

La institución de la Ultima Cena por Jesucristo es uno de los actos más significativos en orden a la fundación de la Iglesia. Si destacamos es­pecialmente esta Pascua, la razón está en que ella había de constituir el corazón de la futura vida de la Iglesia, y por otro lado, en dicha cena se recapitulan todos los demás actos de Jesucristo en orden a la Iglesia.
Sabemos por la Sagrada Escritura que Jesús se reunió con sus discípulos el día anterior a su muerte, para celebrar la fiesta judía de la "Pas­cua", que recordaba el "paso" del pueblo judío de la esclavitud de los egipcios a la libertad de la tierra prometida. Fiesta de gran importan­cia en la religión judía, Jesús quiso celebrarla por última vez con los suyos (es decir, los apóstoles). Terminado el ritual y el banquete de la pascua judía, Jesús se dispone a realizar su propia "Pascua", su "pa­so", por medio de su muerte, se ofrece al Padre por nuestros pecados, y con su Resurrección nos obtiene una “nueva vida”. Para lo cual tomó un poco de pan y de vino y diciendo las palabras de consagración se transubstanciaron en su Cuerpo y en su Sangre. Lc 22, 19-20. Con este acto Jesús instaura el sacramento de la Nueva Alianza preconizada por el profeta Jeremías 31, 31-34.

Así la institución del banquete sacrifi­cial del Nuevo Testamento estuvo en estrecha relación con el banquete pascual judío. Los relatos evangélicos de la institución de la Eucaristía nos infor­man de que Cristo se consideró a sí mismo como el verdadero y nuevo Cordero Pascual. El Nuevo Testamento es fundado en el Gólgota, pero la celebración de su memoria es el nuevo banquete pascual, pues así como antiguamente el pueblo de Israel al celebrar su Pascua se sen­tía pueblo de Dios elegido y factor de una historia fundada por Dios así a partir de este momento se reúne el nuevo pueblo de Dios para ce­lebrar continuamente la memoria de los sucesos que señalan el nuevo pacto y Nueva Alianza de Dios con el género humano por medio de Cristo.

Cristo es el nuevo Sumo y Eterno sacerdote, y Víctima. El mismo se da como comida que da la verdadera vida al nuevo pueblo de Dios, en unión del pueblo elegido en la Antigua Alianza. Este nuevo pueblo de Dios existe por­que Cristo lo ha fundado y porque Cristo le ofrece su propio Cuerpo y Sangre como alimento de vida. Así la institución de la celebración conmemorativa del Nuevo Testa­mento expresa que el antigua pueblo de Dios ha perdido ya su razón de existir y en su lugar ha nacido un nuevo pueblo de Dios con un nuevo sacrificio y una nueva alianza. El hecho de que al morir Jesús se rasgara el telón del Templo (el Sancta Sanctorum), Mc 15, 38, expresa muy bien el fin del culto y del pueblo de Dios del AT. Quienes recibieron de Cristo la misión de celebrar la solemnidad conmemorativa instituida por El hasta que El volviera, forman el nuevo pueblo de Dios. El centro más íntimo de este pueblo de Dios, el alma de su vida es la celebración de la memoria del sacrificio de su Señor.


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Agradecemos al P. Ignacio Garro S.J. por su colaboración.



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