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Vida después de la muerte - 4º Parte

P. Ignacio Garro, S.J.
Seminario Arquidiocesano de Arequipa


2. Universalidad de la muerte


"Todos los hombres, que vienen al mundo con pecado original originado, están sujetos a la ley de la muerte"
Explicación
El enunciado de la tesis expresa que todos los hombres, que proceden de Adán por vía de generación natural, han de morir necesariamente a consecuencia de la ley general impuesta por Dios a la humanidad, como castigo del pecado original originante de nuestros primeros padres.

Magisterio de la Iglesia
             
Concilio de Trento: "Si alguno afirma que a Adán sólo dañó su prevaricación, pero no así a su descendencia; que la santidad y justicia recibida de Dios, que él perdió, la perdió para sí solo y no también para nosotros; o que, manchado él por el pecado de desobediencia, transmitió a todo el género humano “sólo la muerte” y las penas del “cuerpo, pero no el pecado que es muerte del alma”: sea anatema pues contradice al Apóstol que dice: "Por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así a todos los hombres pasó la muerte, por cuanto todos habían pecado", Rom.5,12”. Denz. 1512.
 
Sagrada Escritura
Hebr 9,27-28: "Y del mismo modo que está establecido que los hombres mueran una sola vez, y luego el juicio, así también Cristo, después de haberse ofrecido una sola vez para quitar los pecados de la multitud, se aparecerá por segunda vez (Parusía) sin relación ya con el pecado a los que esperan para la salvación".
Rom 5,12: "Por tanto así como por un solo hombre (Adán) entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte y así la muerte alcanzó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron".

Argumento teológico
  1. Como hemos visto en el primer apartado, la muerte en el actual orden de la salvación es consecuencia punitiva del pecado original originante. Por otra parte, sabemos que el pecado original no sólo dañó a nuestros primeros padres, sino también a su descendencia a la que se transmite como algo propio de cada  ser humano, no por imitación sino por propagación (de la especie humana). Luego todos los nacidos en pecado original están sujetos a la ley de la muerte.
  2. El cuerpo humano es corruptible en cuanto está formado de elementos contrarios tendentes a destruirse; esto quiere decir que está llamado a provocar antes o después lo que llamamos la muerte, siempre que no exista un privilegio divino que lo impida, cual fue el caso de nuestros primeros padres si no hubieran pecado. Como sabemos, ese privilegio se perdió definitivamente por el pecado de desobediencia de nuestros primeros padres, lo cual quiere decir que todos los hombres, por exigencia de la naturaleza corruptible de su cuerpo, está sometido a la ley de la muerte.


3. Efectos de la muerte


"En el actual orden de la salvación, con la muerte se termina el tiempo de peregrinación, de tal modo que después de ella el hombre ya no puede decidir a favor o en contra de Dios ni tampoco merecer, ni pecar"

Explicación
La Escatología de cada uno de los hombres sobreviene mediante la muerte. De ella hemos expuesto el concepto (art.1), señalando el origen a partir del pecado original (art.2) y mostrado su universalidad y unicidad (art.3).
Pasamos ahora a considerar los efectos de la muerte, no con relación al cuerpo que consisten en su reconversión al polvo de la tierra de donde fue formado, sino con relación al alma.
En este punto ya hemos dicho, al hablar de las causas de la muerte, que la muerte lleva consigo que el alma se separa del cuerpo. Ahora nos fijamos en el primer efecto teológico que se sigue del alma separada del cuerpo. Este efecto consiste, como enuncia la tesis, en que concluye el tiempo de peregrinación, no pudiendo ya decidir ni en favor ni en contra de Dios e incapacitándose para merecer o para pecar.
En cuanto a la formulación de la tesis, precisemos algo más los conceptos:
  1. En el actual orden de la salvación: es decir, en el estado de naturaleza caída en pecado original y reparada por la obra redentora de Cristo.
  2. Con la muerte, es decir, con la separación real, y no sólo aparente, del alma y del cuerpo.
  3. Se termina el tiempo de peregrinación, esto es, el espacio de tiempo en que el hombre camina, bien para obtener con sus buenas obras su fin último (la salvación) bien para perderlo con sus acciones malas (condenación), realizadas libremente.
  4. Después de la muerte el hombre ya no puede decidir a favor o en contra de Dios, con esta expresión se especifica que, después de la muerte, el hombre ya nada puede hacer para conseguir o perder ese fin último, porque la suerte definitiva del hombre depende exclusivamente de lo que realiza antes de su muerte.
  5. Y tampoco merecer, ni pecar, es decir, de hecho no puede realizar ningún acto bueno para conseguir ese último fin, ni malo para perderlo.

Magisterio de la Iglesia
Benedicto XII, Constitución: “Benedictus Deus”, 29 enero 1336: “Por esta constitución que ha de valer para siempre, por autoridad apostólica definimos: que según la común ordenación de Dios, las almas de todos los santos que salieron de este mundo antes de la pasión de nuestro Señor Jesucristo, ... inmediatamente después de su muerte o de la dicha purgación los que necesitaren de ella, aún antes de la reasunción de sus cuerpos y el juicio universal, ... estuvieron, están y estarán en el cielo ... con Cristo, ... y tienen vida y descanso eterno...” Denz 1000.  “Además definimos que, según la disposición general de Dios, las almas de los que salen del mundo con el pecado mortal actual, inmediatamente después de su muerte bajan al infierno donde son atormentados con penas infernales”. Denz 1002.          
Concilio Vaticano II: "Es necesario que vigilemos constantemente para que, terminado el único curso de nuestra vida terrestre, merezcamos entrar con El  en  las bodas y ser contados entre los bendecidos". Lumen Gentium, nº 48.

Adversarios
  • Materialistas y Positivistas, que son los que se oponen más radicalmente a la tesis, ya que, para ellos la muerte es el fin total de la vida, es decir, después de ella el cuerpo se corrompe y como ellos no admiten la existencia del alma, ya no queda nada.
  • Panteístas: para quienes el hombre, después de morir, se volatilizaría y confundiría con lo que ellos llaman el alma del mundo.
  • Metempsicosistas, los que creen en la reencarnación o transmigración de las almas de unos cuerpos a otros, no sólo de hombre a hombre sino también a animales.
  • Los defensores de la "apokatástasis", o amnistía final de los condenados e incluso de los demonios. Surge con Orígenes, y lo explican así: las almas de los que pecaron quedan encerradas en este mundo material para sufrir y purificarse a base de informar a un cuerpo, y después a otro; con lo cual una vez purificadas, todos los espíritus,  incluidos los demonios, consiguen la gloria.

Sagrada Escritura
Mt 25, 36-46: (Juicio Universal) "... porque tuve hambre y me diste de comer... tuve sed y me diste de beber...".
Jn 12,25: "El que ama su vida la pierde; el que odia su vida en este mundo, la guardará para la vida eterna"
2 Cor 5,10. "Porque es necesario que todos seamos puestos al descubierto ante el tribunal de Cristo, para que cada cual reciba según las obras que hizo mediante el cuerpo, ya sean buenas ya sean malas".

Argumento teológico
La analogía de la fe arguye que, si después de la muerte hubiera opción para conseguir el fin último, entonces los sacramentos del bautismo y de la penitencia no serían necesarios con necesidad de medio para salvarse.

Por otra parte, todos los teólogos católicos defienden unánimemente la tesis, coincidiendo además en que la razón última para que la muerte sea el término del estado de peregrinación es la voluntad de Dios, quien, absolutamente hablando, hubiera podido disponer las cosas de otro modo. No obstante, este proceder divino (el de la muerte) se muestra coherente. En efecto, la divina providencia ha dispuesto que el hombre consiga su último fin "mereciéndolo", ahora bien, ni el alma sola ni el cuerpo solo, sino la persona humana, integrada por la unión sustancial del alma y el cuerpo, pueden merecer. Por tanto, si esta integración queda rota por la muerte, es lógico que termine el estado de merecimiento.

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Agradecemos al P. Ignacio Garro S.J. por su colaboración.

 

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