Ofrecimiento Diario - Intenciones del Papa Francisco para el mes de OCTUBRE





APOSTOLADO
DE LA
ORACIÓN

INTENCIONES PARA EL 
MES DE OCTUBRE



Ofrecimiento Diario

Ven Espíritu Santo, inflama nuestro corazón en las ansias redentoras del Corazón de Cristo, para que ofrezcamos de veras nuestras personas y obras, en unión con él, por la redención del mundo.

Señor mío y Dios mío Jesucristo:

Por el Corazón Inmaculado de María me consagro a tu Corazón y me ofrezco contigo al Padre en tu santo sacrificio del altar; con mi oración y mi trabajo, sufrimientos y alegrías de hoy, en reparación de nuestros pecados y para que venga a nosotros tu reino.

Te pido en especial por las intenciones encomendadas al Apostolado de la Oración.




Por las Intenciones del Papa Francisco


Intención General

Para que el Señor conceda paz a las regiones del mundo más afectadas por la guerra y la violencia.



Intención Misional


Para que el Día Mundial de las Misiones despierte en cada cristiano la pasión y el celo de llevar el Evangelio a todo el mundo.


También oremos: por el Sínodo de la Familia
que tendrá lugar en Roma del 5 al 19 de octubre con el tema 
“Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización”. 


Por las Intenciones de la Conferencia Episcopal Peruana


Para que las legítimas devociones populares ayuden a una conducta auténticamente cristiana en 
todos los niveles de la familia y de la sociedad.



PAZ A LAS REGIONES MÁS AFECTADAS POR LA GUERRA Y LA VIOLENCIA

“... El hombre está hecho para la paz, que es un don de Dios. La realización de la paz depende en gran manera del reconocimiento de que, en Dios, somos una sola familia humana... La paz es un orden vivificado e integrado por el amor... Dios, mediante la encarnación del Hijo... nos ha dado la posibilidad de tener un corazón nuevo y un espíritu nuevo...” Benedicto XVI Jornada Mundial de la Paz, 8.12.2012 Extracto.

LLEVAR EL EVANGELIO A TODO EL MUNDO

Queridos hermanos y hermanas, en esta Jornada Mundial de las Misiones mi pensamiento se dirige a todas las Iglesias locales. ¡No dejemos que nos roben la alegría de la evangelización! Los invito a sumergirse en la alegría del Evangelio y a nutrir un amor que ilumine su vocación y misión. 
Los exhorto a recordar, como en una peregrinación interior, el “primer amor” con el que el Señor Jesucristo ha encendido los corazones de cada uno, no por un sentimiento de nostalgia, sino para perseverar en la alegría. El discípulo del Señor persevera con alegría cuando está con Él, cuando hace su voluntad, cuando comparte la fe, la esperanza y la caridad evangélica.
Dirigimos nuestra oración a María, modelo de evangelización humilde y alegre, para que la Iglesia sea el hogar de muchos, una madre para todos los pueblos y haga posible el nacimiento de un nuevo mundo. 
Papa Francisco, Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2014.

No podemos quedarnos tranquilos al pensar que, después de dos mil años, aún hay pueblos que no conocen a Cristo y no han escuchado aún su Mensaje de salvación... La misión universal implica a todos, todo y siempre. El Evangelio no es un bien exclusivo de quien lo ha recibido; es un don que se debe compartir, una buena noticia que es preciso comunicar... Benedicto XVI, Jornada Mundial de las Misiones, 6.1.2011. Extracto.

APARECIDA - MISIÓN CONTINENTAL

“Un afán y anuncio misioneros que tienen que pasar de persona a persona, de casa en casa, de comunidad a comunidad.” (550)


Eucaristía
Misa por a evangelización de los pueblos. Misal romano.

Palabra de Dios
Isaías 2,1-5. Ningún pueblo volverá a tomar las armas contra otro.
Efesios 2,14-16. Cristo es nuestra paz.
Mateo 5,9. Felices los que trabajan por la paz

Reflexionemos
¿En qué lugares del mundo sufren ahora la guerra y la violencia?
¿Cómo puedo contribuir a la paz y la justicia en donde vivo?
En el mes del Señor de los Milagros ¿qué puedo hacer para mi propia santificación y la santificación de los demás?



Invitación

A participar de la Misa dominical de 11:00 AM en la Parroquia de San Pedro y a acompañarnos en las reuniones semanales a las 12:00 M en el claustro de la parroquia, todos los domingos. 

Asimismo, invitamos a la Misa de los primeros viernes de cada mes en Honor al Sagrado Corazón de Jesús, a las 7:30 PM en San Pedro.


El Apostolado de la Oración es antes que nada hacernos interiormente disponibles a la misión de Cristo. Esta disponibilidad tiene como su fuente y modelo a Jesucristo entregado a nosotros y por nosotros, que se nos hace presente continuamente en la Eucaristía. Recibir su vida nos lleva, en reconocimiento, a ofrecer diariamente nuestra propia vida al Padre.


Para conocer más acerca del Apostolado de la Oración y sus actividades acceda AQUÍ



Visítenos en:



¡ADVENIAT REGNUM TUUM!
¡Venga a nosotros tu reino!




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Decirle sí a Dios

P. Adolfo Franco, S.J.


DOMINGO XXVI
del Tiempo Ordinario

Mateo 21, 28-32

El Señor sabiamente nos enseña que algunos que parecían buenos no lo son; en cambio otros que parecen malos en realidad son buenos.


Una parábola muy breve, y dedicada especialmente a los fariseos: se trata de dos hijos, a quienes el Padre manda algo, uno dice que sí, pero no lo hace; el otro dice que no, y termina haciendo lo que su Padre le ha pedido. Va dirigida a los fariseos que aparentan decir que sí, con su vida “superficialmente recta” pero no hacen lo que realmente quiere Dios, que es que acepten a su Enviado.

Es muy aleccionadora esta parábola y es verdad que eso ocurre muchas veces, en las cosas de la vida. Hay quienes parecen decir que sí, y no hacen nada, proponen muchas cosas, pero nada de nada. Y otros que parecen muy rebeldes, pero son al final los que obran más rectamente y los que más ayudan al prójimo.

¿Qué significa decirle sí a Dios? Porque en esto está lo central de este asunto. ¿Bastan buenas palabras, propósitos hechos en un retiro?, ¿o hace falta algo más? Decirle sí a Dios en la conducta diaria, y no sólo de palabra, sino en las obras. Es una respuesta fundamental, a Alguien que nos llama. ¿Hasta qué punto le hemos dicho sí a Dios?

Cuando fuimos bautizados, éramos muy pequeños, nuestros padres y padrinos dijeron que sí a Dios, por nosotros. Después, a lo largo de los años, nos tocó a nosotros asumir lo que ellos prometieron por nosotros. Y entonces es cuando nuestro sí empezó a desvanecerse, y hasta quizá hasta desaparecer: habíamos dicho que sí, y después resultó que no.

Hicimos la primera comunión, y le dijimos sí a Jesús (¿no estábamos demasiado aturdidos por los agasajos para saber qué es lo que decíamos?) Y esa amistad prometida, en ese momento tan hermoso, no logró consolidarse. Todavía no sabíamos bien lo que hacíamos, y Quién era el que nos pedía una respuesta.

Pasaron los años: pasaron muchos años y muchas cosas. Y cada uno sabe su historia personal. Si las repetidas respuestas dadas al Señor eran concretas o se desvanecían fácilmente en el olvido de lo prometido. Nos hemos mantenido tanto tiempo en el “sí, pero no”. Ha habido momentos en que parecía que ya arrancábamos de verdad; parecía que el sí a Dios al final iba ya en serio. Pero el tiempo, el desgaste, el aburrimiento, la falta de perseverancia, volvía a transformar en no ese nuestro sí, que había parecido contundente.

Y ¿a qué se le dice sí, cuando Dios pregunta? Cuando me pide una respuesta, ¿qué quiere en realidad de mí?. Es atreverse  a darle la vida entera, sin recortes y sin límites. ¿Nos llama Dios al amor y a la mistad? ¿Nos arriesgamos a querer a Dios y a dejarnos querer por El? Decimos a veces sí, pero cuidando la retirada. No nos atrevemos a adentrarnos en el bosque, sino que nos quedamos en el sitio donde todavía nos es posible retroceder. Porque la aventura de ir adentro, por un camino desconocido nos da mucho miedo y queremos asegurar la retirada.


Y es que El que nos llama, no nos explica de ninguna manera todo, desde el principio, y ahí está el comienzo de la respuesta, en fiarnos completamente. Decirle sí sabiendo sólo que es El. Lo llamamos nuestro Salvador, pero le tenemos miedo. Le llamamos Bueno, pero no nos fiamos del todo. Le decimos Padre, pero tememos que no nos dé lo mejor. Reservas, dudas, temores, frialdad, cobardía. Esos son elementos que acompañan nuestra respuesta. Nos cuesta mucho salir del “sí, pero no”. Y la forma de decir sí al fin, es cerrar los ojos y zambullirnos (aunque sea con miedo) en el abismo; aparente abismo, porque en realidad es sumergirnos en un abrazo inconmensurable.


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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.
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Los obreros de la viña

P. Adolfo Franco, S.J.

DOMINGO XXV
del Tiempo Ordinario

Mateo 20, 1-16



El Evangelio de San Mateo nos narra la parábola de los distintos obreros contratados para trabajar en una viña. Esta parábola concluye con dos lecciones: La generosidad de Dios en el reparto de sus dones en contraste con la envidia humana, y la paradoja de “los últimos serán los primeros”.

Lo primero que se debe considerar en esta parábola es la sucesión de obreros contratados a trabajar en distintas horas del día. Es una indicación de la búsqueda incesante de Dios: Dios sale al mundo y busca a los hombres en todo momento, y no se cansa de pasar y volver a pasar, hasta que logra invitar a todos a trabajar en su Reino, a aceptar su mensaje. No pasa una vez, sino que vuelve a pasar y a repetir su visita. Es una manifestación de la bondad de Dios que quiere llamar a todos. Ser llamados por Dios, ser buscados por Dios, ser importantes para Dios: eso quiere enseñarnos el Señor.

La historia de cada uno es diferente, hay quienes fueron encontrados por el Señor al comienzo de la vida, y respondieron a la llamada, otros responden a Dios más adelante, en la juventud, o en la madurez, o en la vejez, o en la ancianidad. Dios pasa y vuelve a pasar, porque quiere a todos en su Reino (en el trabajo de su viña, como dice esta parábola).

Esto lo apreciamos incluso en la historia de los Santos. Algunos desde su más tierna infancia se entregaron a Dios en forma absoluta: es el caso de San Luis Gonzaga, por ejemplo. Otros tardaron mucho tiempo de su vida en aceptar a Dios y dedicarse a El por entero, como San Pablo, San Agustín, San Ignacio de Loyola.

Parecería que los que han dedicado más tiempo de su vida a Dios, merecerían una mayor recompensa; pensamos así porque nosotros, que nos guiamos con criterios muy humanos, incluso en las cosas de Dios, pretendemos privilegios, queremos establecer escala de méritos. Hay quienes se consideran dueños de la situación por haber llegado primero.

Y esto sucede porque no nos damos cuenta de lo gratuito que es el amor de Dios. Todo lo que tenemos lo hemos recibido, y si lo consideramos así, no nos sentiremos dueños de nada. Nuestro privilegio único es haber sido llamados por Dios. Y considerarnos por eso dueños de la situación es pecar de ingratitud, y de orgullo. ¿Tenemos derecho a sentirnos por encima de nadie, por el hecho de que Dios en su infinita generosidad haya querido depositar en nosotros su amor?

Porque de eso se trata, del amor de Dios: el ir a trabajar a su viña, es trabajar con El, dedicarnos a El. Entregarle nuestra vida y nuestras actividades. Y el premio es El mismo ¿Puede alguien quejarse de que Dios se entregue a otros a los que llamó un poco más tarde? Si frente al denario todos nos sintiéramos que se nos da gratuitamente, no tendríamos reclamos, y más bien sentiríamos un gran agradecimiento, deberíamos alegrarnos de que alguien, que fue llamado al final, también haya recibido la totalidad del denario, o sea a Dios mismo.

Pero no podemos con nuestra envidia y mezquindad, que denota el espíritu tan pobre que tenemos. Y la mayor mezquindad de espíritu es convertir el amor (lo más gratuito que se da y se recibe) en mercancía que se compra y se vende, que se mide, y que se reclama. Y justo, por el hecho de haber sido amado, mirar con superioridad a otros (decir yo merezco más, yo soy más), es no haber entendido el amor.


Ya hay en la Biblia varios ejemplos de estos; los que quieren tener más derechos por haber llegado antes: El más conocido es el de los dos apóstoles (Santiago y Juan) que pretenden adelantarse a los demás y piden los dos puestos de privilegio en el Reino de Jesús. Son los que quieren ser más que los otros, ganarles la partida. Y Jesús vuelve a repetir, a estos apóstoles y a todos sus seguidores, la misma lección: el que quiera ser el primero, que sea el servidor de todos.



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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.
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Adoración Eucarística para la Santificación de los Sacerdotes y la maternidad espiritual - Beata Alessandrina da Costa


(1904 - 1955)


También el ejemplo de la vida de Alessandrina da Costa, beatificada el 25 de abril de 2004, demuestra de manera impresionante la fuerza trasformadora y los efectos visibles del sacrificio de una joven enferma y abandonada. 

En 1941 Alessandrina escribió a su padre espiritual, Padre Mariano Pinho, que Jesús le había dirigido esta súplica: “Hija mía, en Lisboa vive un sacerdote que corre el riesgo de condenarse por la eternidad; él me ofende de modo grave. Llama a tu padre espiritual y pídele el permiso para que yo te haga sufrir durante la pasión, de modo particular por aquella alma”. 

Recibido el permiso, Alessandrina sufrió muchísimo. Sentía el peso de los pecados de aquel sacerdote que no quería saber más nada de Dios y estaba por condenarse. La pobrecita vivía en su cuerpo el estado infernal en que se encontraba el sacerdote y suplicaba: “¡No al infierno, no! Me ofrezco en holocausto por él hasta cuando Tú lo quieras!”. Ella escuchó hasta el nombre y el apellido del sacerdote. 

P. Pinho quiso entonces indagar con el cardenal de Lisboa si en aquel momento existía un sacerdote que le causaba aflicciones. El cardenal le confirmó con sinceridad que efectivamente había un sacerdote que le daba muchas preocupaciones; cuando le reveló el nombre, era justamente el mismo que Jesús había nombrado a Alessandrina.

Algunos meses después le fue referido a P. Pinho, por parte de un amigo-sacerdote, Padre Davide Novais, un acontecimiento particular. Padre Davide había apenas realizado un curso de ejercicios espirituales en Fátima, en el cual también había participado un señor reservado, que había sido notado por todos por su comportamiento ejemplar. Aquel hombre, la última tarde de los ejercicios, sufrió un ataque de corazón; después de llamar a un sacerdote, pudo confesarse y recibir la Santísima Comunión. Poco después murió, reconciliado con Dios. Se descubrió que aquel señor, vestido de laico, era un sacerdote y era precisamente aquella persona por quien Alessandrina había luchado tanto. 


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Tomado de Congregatio Pro Clericis
www.clerus.org

La Iglesia - 31º Parte: Estructura Jerárquica de la Iglesia - Las Conferencias Episcopales

Conferencia Episcopal Peruana
P. Ignacio Garro, S.J.

SEMINARIO ARQUIDIOCESANO DE AREQUIPA



29.4. SACRAMENTALIDAD Y EPISCOPADO. LAS CONFERENCIAS EPISCOPALES
         
El Conc. Vat. II, recomendó vivamente la creación de las Conferencias Episcopales, Christus Dominus. Nº 37, y Pablo VI hizo obligatoria su institución (AAS, 58 (1966) 774). De hecho, muchas conferencias episcopales han publicado documentos doctrinales sobre varios temas. Los obispos, como dice el nuevo código de derecho canónico, tanto individualmente como reunidos en conferencias episcopales, son doctores auténticos de los fieles a ellos encomendados (CIC 753).
         
La Conferencia Episcopal es una asamblea en la que los obispos de cada nación o territorio ejercen unidos su cargo pastoral, para conseguir el mayor bien que la Iglesia proporciona a los hombres, sobre todo, por las y métodos  del apostolado, aptamente acomodado a las circunstancias de los tiempos. Conc. Vat. II, Christus Dominus, nº 38. Por lo tanto, ¿Tiene la Conferencia Episcopal, en cuanto tal, autoridad magisterial?
         
El 21 de mayo de 1998 ,el Papa J. Pablo II promulgó el Motu Proprio: “Apostolos suos”, sobre las conferencias episcopales. El Papa reconoce la utilidad y la necesidad de las Conferencias Episcopales y se pregunta por el valor magisterial de las mismas. Las Conferencias Episcopales tienen tras de sí una historia de concilios particulares y provinciales. Pero claramente viene a decir el Papa que no son una realización de la colegialidad episcopal sino una realización del afecto episcopal y del espíritu de comunión, (Apost. Suos, nº 5). El Papa quiere, por otro lado, que la existencia de las Conferencias Episcopales  no merme en nada la responsabilidad de cada Obispo particular en su diócesis (Apost. Suos, nº 7).
         
En efecto, el colegio episcopal lo forman todos los obispos unidos con la cabeza, el Papa, y como tal constituye un sujeto de plena y suprema potestad en la Iglesia. También el Papa es sujeto de suprema potestad en la Iglesia.
         
En el ámbito de las Iglesias particulares o de agrupaciones de las mismas no hay lugar para una acción colegial episcopal, siendo el Obispo diocesano el responsable personal, no colegial, de la Iglesia particular, Apost. Suos, nº 10. No se puede, pues, halar de una colegialidad a propósito de la agrupación de las Iglesias particulares (conferencia episcopal), aunque sí se puede hablar de espíritu colegial, Apost., suos, nº 12.
         
La Iglesia universal no se concibe, por otra parte, como una confederación de  Iglesias particulares, sino que es una realidad previa a cada Iglesia particular. Y así mismo el Colegio Episcopal no surge de la suma de potestades de los Obispos sobre sus Iglesias  particulares, sino que es una realidad anterior a ellas en la que participa cada uno de los Obispos, los cuales no pueden actuar sobre toda la Iglesia si no es colegialmente y encabezada por el Papa. La colegialidad en sentido propio sólo corresponde al Colegio Episcopal.
         
Ahora bien,  la eficacia vinculante de las Conferencias Episcopales y en comunión con la Sede apostólica proviene de que la Sede apostólica ha constituido dichos organismos y “les ha conferido, sobre la base de las sagrada potestad de cada uno de los Obispos competencias precisas”.
         
Si observamos bien, el documento “Apostolos suos” no dice nunca que las Conferencias Episcopales son sujeto de magisterio ordinario por sí mismas, si bien reconoce que tienen una función de magisterio auténtico de los Obispos, y sus documentos son vinculantes si son aprobados por la unanimidad de todos ellos o, si falta dicha unanimidad de todos ellos, tiene una mayoría cualificada y reciben finalmente la aprobación de dicho documento por la Santa Sede: “dando por supuesto que el magisterio auténtico de los Obispos, es decir, aquel que realizan revestidos de la autoridad de Cristo, debe de estar siempre en comunión con la cabeza del colegio y de sus miembros, si las declaraciones doctrinales de las Conferencias Episcopales son aprobadas por unanimidad, pueden, si duda, ser publicadas en nombre de la Conferencia Episcopal, y los fieles deben de adherirse con religioso sentimiento de ánimo a este magisterio auténtico de sus propios  Obispos”, Apost, suos, nº 22.
         
Es lógico que lo que ha sido probado por la unanimidad  de los Obispos en Conferencia Episcopal, el fiel cristiano tiene que aceptarlo como magisterio auténtico de su propio Obispo, suponiendo que dichos obispos están en comunión con la  doctrina del Papa. Las Conferencias Episcopales no son realización de la colegialidad episcopal que pueda imponerse por sí sola a un obispo particular, Christ, dom, nº 38. La voz concorde de los obispos cuando, en comunión con Roma, proclaman conjuntamente la verdad católica, procuran así llevar a su territorio la doctrina universal y evitar así la división, Apost, suos, nº 21-22.
         
Es un hecho que el Conc Vat. II, en Lumen Gnetium, nº  23, no habla de las Conferencias Episcopales como sujeto de magisterio, cuando lo podía haber hecho, dado que el mismo concilio lo propicio. El argumento fundamental es que, mientras el Obispo es sucesor de los apóstoles (y por lo tanto, es sujeto auténtico de magisterio), la Conferencia Episcopal en cuanto tal no sucede al colegio apostólico, si bien goza del “afecto colegial”.
         
El cardenal Henri de Lubac dice al respecto: “La colegialidad tomada en el sentido estricto de la palabra, es decir, en su aceptación plena, fundada en la Escritura, la colegialidad episcopal que sucede a los doce es sencillamente universal; y por otra parte, un acto colectivo (la Conferencia Episcopal) no es en absoluto un acto colegial. Tampoco quiere esto decir que los obispos en su Conferencia  (episcopal) ejerzan su oficio colegialmente, sino que ejercen su oficio conjuntamente”.
         
Con todas estas cosas, nadie discute la autoridad y la utilidad de la enseñanza de las Conferencias Episcopales, pues éstas, nacieron por un interés práctico y lo cierto es que, algunos padres del Vaticano II, habrían querido un nexo preciso entre las Conferencias Episcopales y la Colegialidad Episcopal, lo cual fue algo que el mismo Concilio Vat. II pasó por alto.
         
H. De Lubac comenta: “Y es que en realidad, si es cierto que se da un nexo que se puede llamar de oportunidad entre esta institución (la conferencia episcopal) y la colegialidad episcopal, el nexo doctrinal propiamente hablando no existe”.
         
La constitución Lumen Gentium, recuerda H. De Lubac no conoce ningún intermediario de orden doctrinal entre la Iglesia Particular (Obispo Ordinario) y la Iglesia Universal (Papa). Nadie niega que las conferencias episcopales sean excelentes y oportunas. Pero, si se confundieran con la Colegialidad Episcopal, traería como consecuencia el debilitamiento del magisterio del Obispo en su Iglesia Particular, con claro  predominio de la burocracia. En definitiva, es el Obispo local el responsable directo de su Iglesia Particular.


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Agradecemos al P. Ignacio Garro S.J. por su colaboración.

Para acceder a anteriores publicaciones del tema acceda AQUÍ.

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Curso Bíblico en la Parroquia de San Pedro, Lima

El curso es dictado por el P. Jesús Valverde, S.J., todos los sábados, para profundizar en el conocimiento de las Sagradas Escrituras. Para mayor información acceda AQUÍ.

Curso "La Vida Pública de Jesús" en la Parroquia de Fátima, Miraflores


A cargo del P. Gerardo Aste, S.J., se inició el lunes 8 de septiembre y continuará todos los lunes de septiembre, octubre y noviembre. Se centrará en las enseñanzas de Jesús a lo largo del camino y en las exigencias y condiciones que pone a quienes deseen seguirlo. Para mayor información acceda AQUÍ.

El perdón cristiano

El P. Adolfo Franco, S.J. nos comparte su reflexión sobre el evangelio del Domingo XXIV del T.O. "El Señor nos enseña sobre el perdón. Es tan importante liberarse de todo lo negativo en nosotros y de mantener siempre relaciones positivas y cordiales para purificar este mundo que está cargado de armas". Acceda AQUÍ.

El perdón cristiano

P. Adolfo Franco, S.J.


DOMINGO XXIV
del Tiempo Ordinario

Mateo 18, 21-35

El Señor nos enseña sobre el perdón. Es tan importante liberarse de todo lo negativo en nosotros y de mantener siempre relaciones positivas y cordiales para purificar este mundo que está cargado de armas.



Jesús nos habla con mucha claridad del perdón, a propósito de la pregunta que le hace Pedro ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano? Y explica cómo tenemos que comportarnos con nuestros hermanos, a través de una parábola en que aparece Dios perdonando con generosidad y sin límites y en contraste aparece el hombre mezquino, el mismo a quien se la ha perdonado una deuda enorme, que no quiere perdonar una pequeña deuda que tiene con él otro compañero.

Perdonar es una característica del ser cristiano. Saber perdonar, es una gracia de Dios, pues nuestro corazón tiene que ser transformado para que abandone los rencores y las enemistades y perdone; nuestro corazón a veces parece como un arsenal bélico lleno de todas las armas imaginables, para defendernos y atacar a nuestros hermanos. Y El Señor quiere entrar en esa sala, para destruir todas las armas y darnos un corazón nuevo y un espíritu nuevo.

¿Cuál es el límite del perdón?; pero ¿se pueden poner límites? San Pedro pensaba que hasta siete veces era actuar con generosidad y el Señor le dice que abra más el corazón, que hay que perdonar sin límites. Este de los límites es un problema en este asunto del perdón y en otros campos de nuestra vida cristiana: ¿tengo que estar dando todo siempre? El problema de los límites aparece una y otra vez en todos los aspectos de nuestra vida ¿hasta donde tengo que dar? ¿No he hecho ya suficiente por mis hermanos? ¿mi colaboración en el apostolado debe tener límites o no? ¿Nunca puedo decir ya hice bastante? ¿no se me permite un ratito de descanso?

Este es un problema que se nos plantea a todos los cristianos. Se plantea a los cristianos “buenos”, que ya han hecho bastante, pero que no se atreven a dar un paso más, para arriesgarse a darlo todo, absolutamente todo, sin reservas y sin condiciones. Hay cristianos que se quedan a medio camino en la vía hacia Dios. Tienen sus límites en la entrega al Señor y a los hermanos. Se tranquilizan quizá diciéndose a sí mismos ¿no hice ya bastante? Y piensan que dar un paso más es una exageración, dar un paso más es dejar de ser razonables.

Es un pena que haya muchos que se queden en este estadio, aunque sea bueno; es bueno pero no es suficiente. Hay que saber que estamos hechos para una entrega total de nuestra vida. Y mientras la entrega no sea total aún no hemos llegado. En muchos campos de nuestra vida, también le hacemos la pregunta al Señor ¿te parece suficiente con siete? (de la misma forma que Pedro pregunta por perdonar siete veces). El Señor nos responde que en cada una de estas líneas de conducta, hay que dar hasta setenta veces siete, o sea más allá de todo límite: no hacer cálculos con números y medidas.

Varias veces el Señor nos dice: sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto, como quien nos dice que Dios es el límite. El Señor no nos da como siete, sino infinito. ¿Cuál sería el límite de lo que debemos dar? Para responder a eso hay que ver hasta dónde nos dio Dios: tanto amó Dios al mundo que le entregó a su único Hijo. Me atrevería a decir que ese es nuestro límite: cuando hayamos dado a “nuestro único hijo”; es una forma de hablar, para decir que el límite de nuestra donación debe ser lo más íntimo de nuestra propia intimidad. Y con eso quedará entendido lo del perdón sin límites: porque la persona que ha decidido darle todo al Señor ni se le ocurre formular la pregunta de hasta cuánto tengo que perdonar.

El perdón sin límites, es un horizonte hermoso que nos desafía y quiere decir esforzarnos con la gracia de Dios, para tener un corazón totalmente limpio de escorias. El adelantarse al perdón es propio de un corazón generoso que siente la necesidad de perdonar (no simplemente que perdona). El que reconoce que ha sido perdonado, recuerda de cuánto lo limpió el Señor, y por eso vive con suficiente humildad, como para saber que a Dios le debe todo y que por eso debe perdonar siempre. Quizá no tenemos siempre presente en la conciencia este hecho: que hemos sido perdonados, y nada menos que con la sangre de Cristo.


Es importante finalmente darnos cuenta que perdonar no es un esfuerzo que hacemos en bien de los demás, sino que es un regalo que Dios nos da, para ayudar a nuestra pequeñez y debilidad. 


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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.
Para acceder a otras reflexiones del P. Adolfo acceda AQUÍ.

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Curso Bíblico en la Parroquia de San Pedro - Lima


SECRETARIADO NACIONAL DEL APOSTOLADO DE LA ORACIÓN

PARA LEER MEJOR

"CURSO BÍBLICO"

PONENTE: P. JESÚS VALVERDE S.J.


TODOS LOS SÁBADOS
DE 10 DE LA MAÑANA A 11:30

INFORMES: OFICINAS DE LA PARROQUIA SAN PEDRO - LIMA
JR. AZÁNGARO 451
TELÉFONO 427-0266

Curso "La Vida Pública de Jesús" en la Parroquia de Fátima, Miraflores


A partir del lunes 8 de setiembre, y todos los lunes de setiembre, octubre y noviembre, de 7.30 a 9.00 p.m. el P. Gerardo Aste, S.J. desarrollará en la Parroquia Nuestra Señora de Fátima de Miraflores el curso La Vida Pública de Jesús.

Se centrará en las enseñanzas de Jesús a lo largo del camino y en las exigencias y condiciones que pone a quienes deseen seguirlo. Comenzará con el Sermón de la Montaña y terminará con su pasión, muerte y resurrección.

Están todos invitados. Es totalmente gratuito.

Inscripciones, en el despacho parroquial. Se dictará en el Auditorio de la Parroquia (Fuente: Facebook de la Parroquia)


Avenida Armendáriz 350, Miraflores, Lima-Perú
A dos cuadras de Larcomar
Correo electrónico: nsdefatima@terra.com.pe

Actividades por el Bicentenario de la Restauración de la Compañía de Jesús

Ruta jesuita en Lima: visita a Noviciado de Miraflores

El sábado 13 de septiembre, de 11 a 13 Horas, “La Ruta Jesuita en Lima” visitará el Antiguo Noviciado y Parroquia, Fátima - Miraflores. Se trata de la clausura de esta peregrinación artística y espiritual por el Bicentenario de la Restauración de la Compañía de Jesús (1814-2014), actividad del Curso “Arte y Espiritualidad” en la Parroquia de Fátima, Miraflores.

El evento es gratuito, pero deberán inscribirse al correo porelcaminodelabelleza@gmail.com (atención a Laura Escobar). Se realizará en el Auditorio de la Parroquia de Fátima. La conferencia será presentada por los padres Armando Nieto y Adolfo Franco.



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Corrección fraterna y oración comunitaria

El P. Adolfo Franco, S.J. nos comparte su reflexión del evangelio del Domingo XXIII del Tiempo Ordinario: "Para poder corregir a otros hay que saberse corregir uno mismo". Acceda AQUÍ.

La Iglesia - 30º Parte: Estructura Jerárquica de la Iglesia - Colegialidad Episcopal

El P. Ignacio Garro, S.J. nos comparte en esta ocasión el tema de la Colegialidad Episcopal, que nos viene a expresar la unión de todos los Obispos entre sí y con el Papa que es la cabeza del Colegio Episcopal. Acceda AQUÍ.

Adoración Eucarística para la Santificación de los Sacerdotes y la maternidad espiritual - Beata María Deluil Martiny; Venerable Louise Marguerite Claret de la Touche; Lu Monferrato

Continuamos compartiendo los testimonios de la eficacia de la oración para la santificación de los sacerdotes. En esta oportunidad presentamos tres casos. Acceda AQUÍ.

Corrección fraterna y oración comunitaria

P. Adolfo Franco, S.J.

DOMINGO XXIII

del Tiempo Ordinario

Mateo 18, 15-20

Para poder corregir a otros hay que saberse corregir uno mismo primero


En este párrafo del Evangelio de San Mateo hay dos enseñanzas, y ambas importantes: la corrección fraterna y la importancia de vivir en comunidad, y de orar en común.

El corregir y el corregirnos es de una enorme importancia, porque como seres humanos nos equivocamos tantas veces y tenemos que rectificar. Muchas veces no nos damos cuenta de nuestro error y de nuestra equivocación y debe ser alguien desde fuera el que nos corrija. Pero todos hemos experimentado que hacer una corrección no es fácil y tampoco es fácil que aceptemos la corrección. Tanto corregir, como ser corregidos son cosas a veces complicadas.

¿Cómo corregir de acuerdo al Evangelio? Partimos primero de que se trata de un cristiano que corrige a otro cristiano, para que viva mejor su amor a Dios. No entramos en otros ámbitos de la corrección de un padre a sus hijos en las tareas por ejemplo del aseo, ni en otras correcciones de orden político o social. Estamos frente a la corrección que un cristiano hace de otro cristiano, aunque algunas cosas de las que se digan puedan aplicarse también a los otros ámbitos.

Primero hay que tomar conciencia de que el que corrige piensa que con su corrección va a ayudar a su hermano a ser mejor. Y si esto es así, se trata de corregir algún pecado, o alguna conducta desviada; no de otra cosa. Hay que partir del hecho de que lo que quiero corregir es algo real, que se ha dado. No puedo corregir de lo que me contaron, o de lo que a mí me parece, sino se trata de hechos reales, en sus diversas circunstancias. Algunas veces se puede caer en el error de corregir algo inexistente, o que no fue tal como a mí me pareció.

Otra cosa importante es consultarlo con otros (sin declarar de quien se trata) porque a veces hay personas escrupulosas, que en todo ven cosas negativas, y que quisieran corregir hasta una pluma en el viento. Hay personas meticulosas, detallistas, excesivamente perfeccionistas, que ven con mucha facilidad males donde no los hay; esas personas no deberían corregir. Y además hay que ver que el hecho del que trata la corrección sea algo de cierta importancia. No vale la pena perseguir al prójimo con correcciones por nimiedades.

Si hay este hecho, tengo que ver si ese pecado que quiero corregir, me afecta a mí. Por ejemplo un momento de cólera violenta que tuvo mi hermano contra mí. Yo estoy afectado por la situación, entonces no debo ser yo mismo quien corrija, pues se pueden colar entre mis intenciones en forma subrepticia motivos que no son puros.

Pero lo más importante es la actitud interior del que corrige. Si no está convencido de que él mismo es también un pecador, con conocimiento de su propia debilidad, mejor será que no corrija. Puede adquirir aires de superioridad. Hace falta tener mucha humildad, para estar en verdadera disposición de corregir a otros. Y esto no es fácil. Mucha humildad, que nace del conocimiento de las propias debilidades.

Muchas veces se cuelan motivaciones negativas en la corrección misma. A veces la cólera abierta o encubierta del que corrige, hace que la misma corrección sea peor que lo que se pretende corregir. Algunas veces hay una especie de revancha, o venganza (oculta por supuesto) en la corrección. En determinados momentos la persona correctora aparece inconscientemente como superior, con aires de suficiencia Y esta tal persona mejor debería dedicarse a corregirse a ella misma.

Para completar lo dicho con algunos ejemplos concretos, bastará recordar dos correcciones que hace Jesús en el Evangelio: a la adúltera que fue llevada a los pies de Jesús; cuando ella se ha quedado sola, porque sus acusadores se han ido marchando disimuladamente, Jesús le dice: yo tampoco te condeno, vete y no peques más. La está corrigiendo de su pecado, pero de qué forma. A Pedro, después que lo ha negado tres veces, lo corrige Jesús con una triple pregunta ¿Pedro me amas más que éstos?


Corregir amando es la única forma cristiana de corregir: y no sólo que yo sienta el amor hacia a aquel a quien corrijo, sino que aquel a quien corrijo sienta que lo corrijo, porque lo amo.


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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.
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