A los seis años, seguimos de servicio


Al cumplir, el 1 de septiembre, seis años en la web, agradecemos a Dios por darnos la gracia de seguir a su servicio a través de este medio.

Como Equipo Editor queremos compartir esta alegría con nuestros más cercanos colaboradores, quienes son parte del blog: P. Adolfo Franco, S.J.; P. Ignacio Garro, S.J.; P. Fernando Martínez, S.J. y P. Enrique Rodríguez, S.J.; quienes con sus trabajos y las facilidades de los materiales que nos entregan, nos permiten continuar brindándoles semanalmente el mensaje de Jesucristo, siempre actual y necesario para nuestra vida cristiana.

Asimismo, recordar al +P. Vicente Gallo, S.J., quien nos acompañó desde un inicio compartiendo su experiencia pastoral con matrimonios, y agradecer a todos los que en algún momento han colaborado con nosotros, haciendo del blog un instrumento de su apostolado.

Encomendamos nuestro trabajo a la voluntad de Dios y a la intercesión de Nuestra Madre María Santísima, como también a las oraciones de todos y todas quienes nos visitan diariamente, y renovamos nuestro compromiso de continuar con esta labor, esforzándonos por mejorar el servicio para la Mayor Gloria de Dios.


Equipo Editor

01 de septiembre del 2014




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Publicaciones por aniversario:

Estamos cumpliendo un año: 1° de Septiembre 2009
A los dos años de singladura
Cumplimos cuatro años de servicio

Historia de la Devoción al Corazón de Jesús en el Perú - 6° Parte: Su expansión

+P. Rubén Vargas Ugarte S.J.



2. LA EXPANSIÓN DE LA DEVOCIÓN
(Continuación)


2.2. La primera Iglesia dedicada al Corazón de Jesús

Pero volvamos a la Iglesia dedicada al Corazón Santísimo. El día 19 de Noviembre de 1742, gobernando estos Reinos el Marqués de Villagracía, don José Antonio Gutiérrez de Zevallos, Arzobispo de Lima, puso la primera piedra de la Iglesia, cuyo título había de ser el Corazón de Jesús Sacramentado y Nuestra Señora del Consuelo. La iniciativa partió de los Hermanos de la Cofradía de Jesús Sacramentado de la Iglesia de los Huérfanos, cuyos Mayordomos eran en aquella sazón Don Fernando Carrillo de Córdoba y Don José Nieto de Lara. Se adquirió un solar situado en la esquina de los Huérfanos y la calle que conducía a la Chacarilla de San Bernardo de los Padres de la Compañía de Jesús. El terreno, ocupado entonces por una carrocería, era de propiedad de los Padres de San Agustín, los cuales accedieron, después de no pocas dificultades, a venderlo. El 13 de Marzo de 1742 se tomó posesión del sitio, luego de haber obtenido las licencias necesarias, así del Ordinario como del Virrey para la edificación de la nueva Iglesia. La que existía, y se denominaba de los Huérfanos, porque en efecto servía de Capilla al Hospicio de Nuestra Señora de Atocha de los Niños Huérfanos, era viceparroquia de la Catedral, pero su estrechez y la poca comodidad que ofrecía para el culto dio motivo para que se pensase en sustituirla por otra más capaz y más adornada.


El sitio estaba en buena parte ocupado por un muladar y para descombrarlo interesaron los mayordomos a algunas mujeres pardas de la feligresía, las cuales organizaron unas jornadas, y en breve tiempo, con ayuda de algunos carretones dejaron el sitio desembarazado. La planta del nuevo templo la delinearon el maestro alarife Cristóbal de Vargas, Juan de Matamoros y Don Manuel de Torquemada. Habría de tener 22 varas de largo y 15 de ancho. No había de ser un templo ancho, pero el artífice le dio a la Iglesia una forma elíptica, que la convierten única en su género en nuestra capital. Se comenzaron a abrir los cimientos y en Noviembre de 1742 se puso la primera piedra, como hemos dicho.

Por desgracia, la obra hubo de retrasarse, pues el 28 de Octubre de 1746 sobrevino una de las más asoladoras ruinas que ha padecido Lima y la pequeña Iglesia de los Huérfanos que acababa de ser reconstruida, pues desde el año 1687, en que la derribó otro terremoto, no lo había sido sino en parte, se vino casi totalmente al suelo y en la ruina sepultó la custodia con la sagrada forma y la imagen titular de Nuestra Señora del Consuelo. Al fin, después de no pocos trabajos, se llegó a dar con el viril de la custodia, aun cuando uno de los vidrios que defendían la forma había desaparecido y del otro sólo quedaba una parte. Se halló sin embargo la hostia intacta y se la pudo colocar en el tabernáculo.

Hubo de improvisarse una ramada para la celebración de la Santa Misa y poner a cubierto lo que se había salvado de la catástrofe y luego se empezó a hacer una capilla provisional con su correspondiente sacristía para que no sufriesen interrupción los servicios religiosos. Sólo en Junio de 1758 se pudo reanudar la obra de la nueva Iglesia, cuya construcción duró hasta el año 1761, no obstante la diligencia de los Mayordomos y la generosidad de los fieles del barrio. En dicho año de 1761 la estructura de los muros estaba terminada, pero faltaba la obra de madera, para la cubierta y las ventanas, la portada, torres y cementerio. Todo esto se fue haciendo lentamente, de modo que en el año 1766 se pudo dar la fábrica por acabada. El retablo mayor del templo fue obra del tallador, José Manuel Palomares, al cual se debe también el del Santo Cristo y el de San Joaquín y Santa Ana.

El 17 de Marzo de dicho año el cura Rector Bernardo de Zubieta, bendijo las cuatro campanas de la torre principal y la cruz de piedra berenguela que está en el cementerio y el día 20 se llevó a cabo la de la Iglesia, colocándose en su nicho del altar mayor la efigie de la Virgen del Consuelo. Se señaló el día 6 de Abril, Domingo de Cuasimodo, para la solemne inauguración y en la noche anterior se trasladó el Santísimo Sacramento con la debida pompa, en tanto que un repique general de campanas en toda la ciudad anunciaba al vecindario la fiesta del siguiente día. La portada, torres y corredores altos aparecían iluminados y los tambores y clarines llenaban el aire con sus sones. Se quemaron dos piezas de fuego muy ingeniosas y el público llenó las calles inmediatas.

El día 6 volvieron los repiques de campanas a alegrar el ambiente y a las siete de la mañana sacó el Santísimo Sacramento de la Capilla el Cura Rector Domingo Larrión, precediendo el cortejo los Niños Huérfanos y los alumnos del Colegio Real de San Martín con muchos otros caballeros de la nobleza, con luces en las manos y se hizo estación en la Iglesia del Noviciado de la Compañía, en el Monasterio de la Encarnación, en el de la Trinidad y, por último, en el de Santa Teresa. Una vez colocado el Santísimo en el depósito del altar mayor, se dispuso todo para la misa solemne que celebró el Canónigo, Bernardo de Zubieta, con asistencia del Arzobispo Diego Parada. Tuvo el sermón el P. Fermín Jiménez, de la Compañía de Jesús, Prefecto del Real Colegio de San Martín. La concurrencia que llenaba por completo la Iglesia quedó muy complacida, pues así el adorno como la música fueron escogidos. Después de la misa entraron en la Iglesia las comparsas de danzantes que habían intervenido en la procesión y. siguiendo la costumbre del tiempo, echaron sus loas al Arzobispo.

La devoción no se había limitado a Lima, se había extendidotambién a otras ciudades y entre ellas merece especial mención la de Huamanga en Ayacucho,  cuyo Obispo, Felipe Manrique de Lara, la promovió eficazmente y, a fin de fomentar su culto en la Iglesia de la Compañía de Jesús de dicha ciudad, fundó un censo de tres mil pesos en la Hacienda Pomancay de Doña Tomasa de la Puente y Santa Cruz con este fin. Extendió la escritura el 1º de Septiembre de 1758, en presencia del Rector del Colegio de la Compañía, P. Bartolomé de Sandoval y por los datos en ella contenidos venimos a saber, primero, que la imagen del Sagrado Corazón tenía su altar en la Iglesia; segundo, el Obispo, para socorro espiritual de los vecinos, deseaba se aplicasen 150 pesos de renta al año para el fomento dela Cofradía del Sagrado Corazón, para la misa solemne en su fiesta y otras cuatro rezadas y las nueve del novenario de preparación; tercero, cada primer viernes de mes se cantaría una misa descubierto el Santísimo Sacramento. Al predicador del día de la fiesta se le abonarían 25 pesos.

Según los estatutos de estas Cofradías, tal como se entablaron en España, el número de los Cofrades sería de 72, en memoria de los 72 discípulos del Señor, de los cuales la mitad serían varones y la otra mitad mujeres. El Obispo determinó que se podía pasar de ese número, probablemente lo hizo, por ser muchos los que solicitaban pertenecer a la Cofradía. Por último, exhortaba el Prelado al Hermano Mayor o Prefecto a que enfervorizara a los Cofrades y excitara su celo en favor de esta devoción.

En la actual Iglesia de la Compañía de Jesús, el Sagrado Corazón tiene su altar al lado del evangelio y cerca del presbiterio, pero la imagen que allí se venera es moderna. No sabemos qué se haya hecho de la antigua, pero es muy posible que antaño esta imagen no fuera de bulto sino de lienzo. En el mismo templo existe un lienzo antiguo que ofrece una particularidad que no hemos visto en otras partes. El Sagrado Corazón aparece vestido con la sotana y manteo usado por los Jesuitas. Es casi de tamaño natural y de buen pincel. Esta circunstancia la hace más apreciable, pues nos ratifica en la idea de haber sido los Padres de la Compañía los que más se esforzaron por difundir esta devoción, cumpliendo con el encargo que el mismo Sagrado Corazón les había confiado.

No quiere esto decir que fuesen ellos los únicos propagadores de la misma, pero, sin duda, fueron los principales. Otros entraron a la parte, como vamos a verlo posteriormente. En el Cuzco, parece quela primera Iglesia en donde se dio culto público al Sagrado Corazón fue la de Santa Teresa, o de las Carmelitas, aun cuando es posible que en la Iglesia de la Compañía se entablara también. Aun después de la extinción de la Compañía, las carmelitas continuaron honrando al Corazón Deífico y a comienzos del siglo XIX solicitaban del Delegado Apostólico Mons. Baluffi, que residía en Bogotá, la concesión de algunas indulgencias para el día de la fiesta y ara todos los primeros viernes del mes.


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Bibliografía:

P. Rubén Vargas Ugarte S.J. Historia de la Devoción al Corazón de Jesús en el Perú. 

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La Iglesia - 29º Parte: Estructura Jerárquica de la Iglesia - Sacramentalidad y Episcopado

P. Ignacio Garro, S.J.


SEMINARIO ARQUIDIOCESANO DE AREQUIPA


29.2. SACRAMENTALIDAD Y EPISCOPADO. ESTRUCTURA JURÍDICA


En la terminología teológico - eclesiástica, "jurisdicción", designa la potestad soberana de gobierno que Cristo otorgó a los Apóstoles y que se ejerce en el ámbito de la Iglesia por aquellos que han sido lla­mados a dicho ministerio. La jurisdicción es uno de los dos poderes otorgados a la Iglesia en orden al cumplimiento de su misión salví­fica.

La Teología y el Derecho Canónico hablan de una doble potestad de los Apóstoles y sus sucesores: Potestad de orden (orden sagrado), y potestad de jurisdicción, (misión canónica). El Papa es el titulado del primado de jurisdicción. Los Obispos re­ciben el poder de jurisdicción del Papa. Los obispos delegan el poder de jurisdicción en sus párrocos u otros clérigos. La potestad de jurisdicción se dirige inmediatamente a regir y ayudar a los fieles a conseguir el fin de la salvación eterna.    
                
El poder de jurisdicción se ejercita con la enseñanza autorizada de las verdades reveladas (sagrado magisterio), con la promulgación de leyes (potestad legislativa), con la decisión auténtica de las cau­sas entre los súbditos bautizados, (potestad judicial), con la apli­cación de sanciones penales contra los transgresores de la ley, (po­testad coactiva).
                
La potestad de jurisdicción se subdivide:
                
1. Potestad de fuero externo, cuando se dirige principalmente al bien común del cuerpo de la Iglesia; en cuanto regula las re­laciones sociales de los miembros y produce efectos jurídicos públicos.
                
2. Potestad de fuero interno, cuando se dirige principalmente al bien par­ticular; en cuanto regula las relaciones de las conciencias con Dios y se ejerce de suyo en secreto y con efectos preferentemente morales.
                
a. Potes­tad ordinaria, cuando "ipso iure" se encuentra ligada a un oficio.
b. Potes­tad delegada, cuando se concede en comisión a una persona.
                
La potestad ordinaria, se subdivide en potestad propia, si está unida a un oficio y se ejerce en nombre propio; y potestad vicaria, si está uni­da a un oficio, pero se ejerce en nombre de otro.
                
El Concilio. Vaticano I, en la sesión 4ª, (18 julio 1870), habla sobre la institución del Primado Apostólico en S. Pedro y la plenitud en la potestad de juris­dicción sobre toda la Iglesia y dice: "Enseñamos, pues, y declaramos, si­guiendo el testimonio evangélico, que el Primado de jurisdicción sobre toda la Iglesia de Dios, fue prometido y conferido por Cristo el Señor inmediata y directamente al apóstol S. Pedro. Porque sólo a Simón, a quien ya antes le había dicho: "Tú te llamarás roca (piedra)", Jn 1, 42, le dirigió el Señor, después de que Pedro le había confesado en estos términos: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo", estas solemnes palabras: "Biena­venturado eres, Simón, hijo de Jonás, porque ni la carne ni la sangre te lo ha revelado, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo que tú eres "roca" y sobre esta roca edificaré mi Iglesia; y el poder del infierno no prevalecerá contra ella; y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que atares sobre la tierra quedará atado en el cielo y lo que desatares sobre la tierra quedará desatado en el cielo" , Mt 16, 16, s.s".
                
"Y sólo a Simón Pedro le confirió Jesús, después de su Resurrec­ción, la jurisdicción de sumo pastor y jefe supremo de todo su redil, cuando le dijo: "apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas", Jn 21,15, s.s. A estas doctrinas tan claras de las Sagradas Escrituras, tal y como la ha entendido siempre la Iglesia Católica, se opone abiertamente la falsa o­pinión de quienes trastornando la forma de gobierno establecida por Cris­to nuestro Señor en su Iglesia, niegan que sólo Pedro hubiera sido inves­tido por Cristo con un verdadero y propio primado de jurisdicción, por encima de los demás apóstoles, bien tomados individualmente, bien tomados colectivamente, o de quienes afirman que el primado de Pedro no fue conferido a S. Pedro inmediata y directamente, sino a la Iglesia, y mediante ella, transferido a Pedro como a su ministro. Si alguien, pues, dijere que el apóstol S. Pedro no fue establecido por Cristo nuestro Señor jefe de todos los apóstoles y cabeza visible de to­da la Iglesia de la tierra; o que no recibió directa e inmediatamente de Cristo un primado de jurisdicción verdadera y propiamente dicha, sino sólo un primado de honor, se anatema". Denz. 1822.
                
El Concilio Vaticano II en Lumen Gentium nº 18 dice: “declara la doctrina sobre los Obispos, sucesores de los apóstoles, que gobiernan la casa de Dios vivo junto con el sucesor de Pedro, vicario de Cristo y Cabeza de toda la Iglesia”.
                
En efecto, el Concilio Vat. II enseña que en la persona de los Obispos es el mismo Cristo el que actúa y que lo hace a través de ellos mediante el anuncio de la palabra, la realización de los sacramentos y el gobierno del pueblo de Dios. Por su función paterna, incorpora nuevos miembros al Cuerpo de Cristo por medio de la regeneración sacramental, siendo un reflejo de la paternidad misma de Dios. Los Obispos son también los servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios.
                
Para cumplir tan altas responsabilidades apostólicas, el concilio enseña, los apóstoles fueron enriquecidos por Cristo con una efusión especial del Espíritu Santo, y ellos mismos transmitieron también a sus colaboradores, por la imposición de las manos, 1 Tim 4, 14; 2 Tim 1, 6-7, el don espiritual que habían recibido.
                
Y añade el Concilio en Lumen Gentium nº 21: “Este santo Sínodo enseña que, con la consagración episcopal, se confiere la plenitud del sacramento del orden que por eso se llama, en la liturgia de la Iglesia, supremo sacerdocio o cumbre del ministerio sagrado. Ahora bien, la consagración episcopal, junto con el oficio de santificar, confiere también el oficio de enseñar y de regir, los cuales, sin embargo, por su naturaleza, no pueden ejercitarse, sino en comunión con la Cabeza y miembros del Colegio.  En efecto, según la Tradición, que aparece, sobre todo, en los ritos litúrgicos y en la práctica de la Iglesia, tanto de Oriente como de Occidente, es cosa clara que, con la imposición de las manos y las palabras consagratorias, se confiere la gracia del Espíritu Santo y se imprime el sagrado carácter, de tal manera que los Obispos en forma eminente y visible hagan las veces de Cristo, Maestro, Pastor y Pontífice y obren en su nombre. Es propio de los Obispos el admitir, por medio del sacramento del Orden, nuevos elegidos en el cuerpo episcopal”.
                
La doctrina del Concilio es de una importancia suma, pues decide claramente la sacramentalidad del episcopado, conferido por el rito de la imposición de las manos, dado bien por todo el presbiterio 1 Tim 4, 14: “No descuides el carisma que hay en ti, que se te comunicó por intervención profética mediante la imposición de las manos del colegio de presbíteros”; o de modo  más explícito por el mismo Pablo, 2 Tim 1, 6-7: “Por esto te recomiendo que reavives el carisma de Dios que está en ti por la imposición de mis manos”.
                
Pues bien, el Concilio Vaticano II enseña que el sacramento episcopal confiere la plenitud del sacramento del orden, el supremo sacerdocio. Lumen Gentium en el Nº 18 dice: “La consagración episcopal confiere, juntamente con el ministerio de santificar, los de enseñar y gobernar”, determinando a continuación que los oficios de enseñar y de gobernar no se pueden ejercer, en virtud de su naturaleza, sino en comunión jerárquica con la cabeza del colegio  (el Papa) y de sus miembros.. La consagración confiere, por tanto, la triple potestad, pero las de enseñar y gobernar no se pueden ejercer sino en el marco de la comunión jerárquica. Para que se dé la potestad de jurisdicción, ésta debe de darse por la autoridad legítima, el Papa.
                
Es claro que, con el reconocimiento de la sacramentalidad del episcopado, éste he conocido en el Concilio Vaticano II una perspectiva nueva y enriquecedora. De no ser sacramento, el episcopado se ejercería simplemente como una función meramente jurídica. Pero el Obispo, antes que jefe o delegado de alguien, es padre en la fe de sus sacerdotes, presbiterio, y de los fieles creyentes. Si no fuera sacramento, la unión con los demás obispos respondería sólo a una exigencia de utilidad. Al ser sacramento, el Obispo se une  a un colegio episcopal, en el que tiene una comunión viva con los demás obispos y particularmente con el Obispo de Roma, el Papa. Si no fuera sacramento el Obispo tendría sólo responsabilidad de su diócesis, pero al ser miembro del colegio episcopal, en virtud del sacramento, participa en la misión de toda la Iglesia. De no ser sacramento, el Obispo habría recibido todo del Papa, viniendo a ser como una especie de vicario o representante suyo. Siendo sacramento, el Obispo recibe un poder episcopal de Cristo mismo a través de los apóstoles, aunque necesite la designación concreta de jurisdicción del Papa.
                
El oficio de consagrar a Obispos pertenece sólo a los Obispos, con la designación y el permiso del Papa. Los simples sacerdotes no pueden consagrar a un Obispo.




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Agradecemos al P. Ignacio Garro S.J. por su colaboración.

Para acceder a anteriores publicaciones del tema acceda AQUÍ.

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Adoración Eucarística para la Santificación de los Sacerdotes y la maternidad espiritual - Eliza Vaughan


Es una verdad evangélica que las vocaciones sacerdotales
tienen que ser pedidas con la oración. Jesús lo subraya en el Evangelio cuando dice:
“¡La mies es abundante, pero los obreros son pocos!
¡Rogad, pues, al Dueño de la mies que mande obreros!” (Mt 9,37-38).
Nos ofrece al respecto un ejemplo particularmente significativo, la inglesa Eliza Vaughan, madre de familia y mujer dotada de espíritu sacerdotal, que rezó mucho por las vocaciones.

Eliza provenía de una familia protestante, la de los Rolls, que fundó sucesivamente la famosa industria automovilística Rolls-Royce, pero desde joven, durante su permanencia y educación en Francia, quedó muy impresionada por el ejemplar compromiso de la Iglesia católica con los pobres. 

En el verano del 1830, después de su matrimonio con el coronel John Francis Vaughan, Eliza, a pesar de la fuerte resistencia por parte de sus parientes, se convirtió al catolicismo. Había tomado esta decisión con convicción y no sólo porque había entrado a formar parte de una conocida familia inglesa de tradición católica. Los antepasados Vaughan, durante la persecución de los católicos ingleses bajo el reino de Isabel I (1558-1603), habían aceptado la expropiación de los bienes y la cárcel en lugar de renunciar a su fe. 
Courtfield, la residencia originaria de la familia del esposo, durante las décadas del terror, se volvió un centro de refugio para sacerdotes perseguidos, un lugar donde en secreto se celebraba la Santa Misa. Desde entonces pasaron casi tres siglos, pero nada cambió en el espíritu católico de la familia. 



Foto: Convencida de la potencia de la oración silenciosa y fiel, Eliza Vaughan dedicaba cada día una hora a la adoración en la capilla doméstica, rezando por las vocaciones en su familia. Volviéndose madre de seis sacerdotes y cuatro religiosas, fue escuchada abundantemente. Muerta en 1853, Mamá Vaughan fue enterrada en Courtfield, en la propiedad de familia tanto amada por ella. Hoy Courtfield es un centro para ejercicios espirituales de la diócesis inglesa de Cardiff. Inspirándose en la santa vida de Eliza, en 1954, la capilla doméstica fue consagrada por el obispo como “Santuario de Nuestra Señora de las vocaciones”, título que fue confirmado en el 2000.     
                              

Demos nuestros hijos a Dios

Convertida en lo profundo del corazón, llena de celo, Eliza propuso al marido dar sus hijos a Dios. Esta mujer de elevadas virtudes rezaba cada día durante una hora delante del Santísimo Sacramento en la capilla de la residencia de Courtfield, pidiéndole a Dios una familia numerosa y muchas vocaciones religiosas entre sus hijos. ¡Fue atendida! Tuvo 14 hijos y murió poco después del nacimiento del último hijo en 1853. De los 13 hijos que vivieron, entre los cuales ocho varones, seis se ordenaron sacerdotes: dos en órdenes religiosas, un sacerdote diocesano, uno obispo, un arzobispo y un cardenal. De las cinco hijas, cuatro fueron consagradas religiosas. ¡Qué bendición para la familia y cuáles efectos para toda Inglaterra! 

Todos los hijos de la familia Vaughan tuvieron una infancia feliz, porque en la educación su santa madre poseía la capacidad de unir de manera natural la vida espiritual y las obligaciones religiosas con las diversiones y la alegría. Por voluntad de la madre, formaban parte de la vida cotidiana la oración y la Santa Misa en la capilla doméstica, como también la música, el deporte, el teatro no profesional, la equitación y los juegos. Los hijos no se aburrían cuando la madre les contaba la vida de los santos, que lentamente se volvieron para ellos íntimos amigos. Eliza se hacía también acompañar por los hijos durante las visitas a los vecinos enfermos y a los que sufrían, para que pudieran en estas ocasiones aprender a ser generosos, a realizar sacrificios, a donar a los pobres sus ahorros o los juguetes.

Ella murió poco después del nacimiento del decimocuarto hijo, John. Dos meses después de su muerte, el coronel Vaughan, convencido que ella había sido un don de la Providencia, escribió en una carta: Hoy, durante la adoración, agradecí al Señor, porque pude devolverle mi amada esposa. Le abrí mi corazón con gratitud por haberme donado Eliza como modelo y guía; a ella me une todavía un vínculo espiritual inseparable. ¡Qué consuelo maravilloso y cuánta gracia me transmite! Todavía la veo como siempre la vi delante de Santísimo, con su pura y humana gentileza, que le iluminaba el rostro durante la oración”. 


Obreros en la Viña del Señor

Las numerosas vocaciones en el matrimonio Vaughan son realmente una insólita herencia en la historia de Gran Bretaña y una bendición que provenía sobre todo de la madre Eliza.

Cuando Herbert, el hijo mayor, a dieciséis años anunció a sus padres de quería ser sacerdote, las reacciones fueron diferentes. La madre, que había rezado mucho por esto, sonrió y dijo: “Hijo mío, lo sabía desde hace tiempo”. El padre en cambio necesitó un poco de tiempo para aceptar el anuncio, porque justamente sobre el hijo mayor, el heredero de la casa, había repuesto muchas esperanzas y había pensado para él una brillante carrera militar. ¿Cómo hubiera podido imaginar que Herbert un día habría llegado a ser arzobispo de Westminster, fundador de los Misioneros de Millhill y luego cardenal? Pero también el padre se convenció pronto y escribió a un amigo: “Si Dios quiere a Herbert para sí, puede tener también a todos los otros”. Pero Reginaldo se casó, como también Francis Baynham, que heredó la propiedad de familia. Dios llamó también a otros nueve hijos de los Vaughan. Roger, el segundo, fue nombrado prior de los Benedictinos y más tarde el muy querido arzobispo de Sydney, en Australia, donde hizo construir la catedral. Kenelm se consagró como cisterciense y más tarde sacerdote diocesano. Giuseppe, el cuarto hijo de los Vaughan, fue benedictino como su hermano Roger y fundador de una nueva abadía.

Bernardo, quizás el más vivaz de todos, que amaba mucho la danza y el deporte y que tomaba parte en todas las diversiones, se hizo jesuita. Se dice que el día anterior a su ingreso en la orden, participó en un baile y le dijo a su pareja: “Esto que hago con usted es mi último baile porque me convertiré en jesuita!”. Sorprendida, la joven exclamó: “¡Pero por favor! Justo usted que ama tanto el mundo y baila maravillosamente quiere convertirse en jesuita?”. La respuesta, si bien interpretable de varios modos, es muy bonita: “Justamente por esto me entrego a Dios!”.

John, el más joven, fue ordenado sacerdote por el hermano Herbert y más tarde fue obispo de Salford en Inglaterra. De las cinco hijas de la familia, cuatro se consagraron religiosas. Gladis entró en la orden de la Visitación, Teresa fue religiosa de la Misericordia, Claire religiosa clarisa y Mary priora de las Agustinas. También Margareta, la quinta hija de los Vaughan, hubiera querido ser una religiosa, pero no le fue posible por la frágil salud. Sin embargo ella vivió en casa como consagrada  y transcurrió los últimos años de su vida en un monasterio.


Foto: Herbert Vaughan tenía dieciséis años cuando en el verano, durante un retiro espiritual,  decidió ser sacerdote. Fue ordenado en Roma  a la edad de 22 años y más tarde fue nombrado obispo de Salford en Inglaterra y fundó los Misioneros de Millhill, que trabajan hoy en todo el mundo. En fin, fue nombrado Cardenal y fue el tercer Arzobispo de Westminster.  En su blasón estaba escrito: “¡Amar y servir!”.  Su programa era enunciado en el dicho: “El amor tiene que ser la raíz de donde florece todo mi servicio”.  

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Tomado de Congregatio Pro Clericis
www.clerus.org

Jesús anuncia su pasión

P. Adolfo Franco, S.J.


DOMINGO XXII
Del Tiempo Ordinario

Mateo 16, 21-27

El Señor descubre a sus apóstoles el plan de la Redención y quedan desconcertados; también la cruz y el sufrimiento nos desconciertan a nosotros.


Jesús manifiesta a sus apóstoles el plan de la Redención; les dice todo lo que le va a suceder en su Pasión. Y ellos reaccionan, y Pedro reacciona con un vigor excesivo y dice a Jesús: ¡eso no te va a pasar! Y Jesús responde a Pedro, como pocas veces lo hizo: ¡Apártate de mí Satanás! Y tomando pie de esta situación añade además varias afirmaciones fundamentales sobre el camino que se debe tomar para seguirlo: cargar con la propia cruz y perder la vida.

¿Y qué hacemos con esta página del Evangelio? ¿La borramos? Evidentemente que es muy central esta enseñanza de Jesús. Sabemos que es muy central para la Redención que Cristo padeciese lo que padeció. Pero de todas formas resulta complicado. Y más complicado aún es aplicarse a uno mismo la enseñanza referente al cargar la cruz y al perder la vida.

Esta enseñanza de Cristo para nuestra vida nos resulta chocante e incomprensible; pero, en contra de nuestro sentido común todo esto que Jesús nos dice es la mayor verdad que nos puede presentar para guiarnos en la vida.  Aquí nos movemos en un terreno completamente desconocido, porque desafía de manera radical nuestra lógica, y el sentido común.

Después de muchos años de fe, después de dos mil años  la Pasión de Cristo se ha hecho lejana y la hemos dulcificado, y por eso fácilmente la aceptamos en Cristo. Aunque deberíamos devolver a esta enseñanza su realismo y recuperar la crudeza de los hechos. Y Cristo afirma, y es la verdad, que ahí está la salvación, que ahí se encuentra el amor, y que para eso valió la pena su vida.

La plenitud, la realización ¿cómo puede estar dónde aparece el sacrificio, una aparente destrucción?

¿Cómo puede ganar la vida el que la pierde? Pienso que aquí se encuentra la más hermosa lección sobre la vida, que Cristo podía darnos. Al entregarse a la Pasión, a la suya, Jesús no sólo cumplió la voluntad del Padre, sino que nos enseñó el camino de nuestra propia vida.

Hay que darlo todo, dárselo todo, sin condiciones y sin límites. Sin tener previsiones, sin que se nos dé un adelanto de cómo será el resultado, y cómo será el camino. Fiarse plenamente y a ciegas, aunque las cosas parezcan diferentes, aunque todo lo veamos al revés: permitirle que El me tome de la mano y me lleve por caminos que ignoro, por sitios que parecen oscuros, por situaciones de abandono. Y esto sin temores, sin titubeos, creyendo, sobre toda apariencia, que El sabe lo que hace y que lo que hace es lo mejor que me puede pasar.

Firmar así un cheque en blanco no es fácil y sin embargo es el reto que nos plantea la Pasión del Señor, y el camino que Jesús en este pasaje nos indica: de seguirle con nuestra cruz, y perder la vida. Y ciertamente es la pura verdad que uno alcanza el tope de la vida, cuando descubre que hay Alguien al que podemos darle todo, y mejor aún, Alguien al que permitirle que tome todo: como quien pone a sus pies el baúl de nuestra vida abierto completamente, para que se lleve todo, de la manera que El decida, sabiendo que esto es el tope y la plenitud de la existencia: así se experimenta (no sólo se sabe) que el que pierda la vida por El, la encontrará.

Cuando se acepta eso, la entrega total sin límites, el corazón a la vez encuentra que todo es amor, y que eso es el significado hondo de la vida y nos llega a envolver una paz, como nunca habíamos sentido. Es verdad: solamente es capaz de amar de verdad el que da la vida entera. Y realmente si uno vive para amar, entonces descubre que la vida que aparentemente se había perdido, se la encuentra de la mejor manera.

El problema es cuando uno se queda a mitad de camino en la entrega, porque entonces no se llega a la luz, y la entrega se convierte más que en muerte, en tormento, y en absurdo.


Paradojas que nos desafían, y que nos invitan: por eso El toma la delantera, para que nosotros simplemente carguemos cada uno la propia cruz y sigamos sus huellas.


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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.
Para acceder a otras reflexiones del P. Adolfo acceda AQUÍ.

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Ofrecimiento Diario - Intenciones del Papa Francisco para el mes de SEPTIEMBRE





APOSTOLADO
DE LA
ORACIÓN

INTENCIONES PARA EL 
MES DE SEPTIEMBRE



Ofrecimiento Diario

Ven Espíritu Santo, inflama nuestro corazón en las ansias redentoras del Corazón de Cristo, para que ofrezcamos de veras nuestras personas y obras, en unión con él, por la redención del mundo.

Señor mío y Dios mío Jesucristo:

Por el Corazón Inmaculado de María me consagro a tu Corazón y me ofrezco contigo al Padre en tu santo sacrificio del altar; con mi oración y mi trabajo, sufrimientos y alegrías de hoy, en reparación de nuestros pecados y para que venga a nosotros tu reino.

Te pido en especial por las intenciones encomendadas al Apostolado de la Oración.




Por las Intenciones del Papa


Intención General

Para que las personas con discapacidad mental reciban el amor y la ayuda que necesitan para
llevar una vida digna.



Intención Misional

Para que los cristianos, inspirados en la Palabra de Dios, se comprometan al servicio de los
pobres y de los que sufren.



Por la Conferencia Episcopal Peruana

Para que las autoridades de todos los niveles promuevan con eficacia el bienestar cultural, humano, sanitario y material de nuestras poblaciones más necesitadas.



VIDA DIGNA DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD MENTAL

“... quisiera hacerme espiritualmente presente para reflexionar sobre la situación de los enfermos mentales en el mundo... En muchas partes los servicios para estos enfermos no existen o son insuficientes. Todo cristiano está llamado a dar su aportación para que se reconozca, respete y promueva la dignidad de estos hermanos nuestros...” Benedicto XVI Jornada Mundial del enfermo 8.12.2005 Extracto.

AL SERVICIO DE LOS POBRES Y DE LOS QUE SUFREN

“... El compromiso de hacer que quien está solo o en situación de necesidad se sienta en familia... nace de la escucha atenta de la Palabra de Dios y de la oración. Deseo alentar a todos a perseverar en este camino de fe...” ¡Qué riqueza de la vida el amor a Dios, que se expresa en el amor concreto a los hermanos necesitados! ... Benedicto XVI, 27.12.2009. Extracto.

APARECIDA - MISIÓN CONTINENTAL

“... las desigualdades marcan tristemente nuestro continente y mantienen en la pobreza a una multitud de personas...” (62)


Eucaristía
Evangelización de los pueblos.

Reflexionemos
¿Conozco alguna persona con discapacidad?
¿Qué valores enriquecen a quien ayude a tales personas?
¿Qué puedo hacer en favor de tales personas?



Invitación

A participar de la Misa dominical de 11:00 AM en la Parroquia de San Pedro y a acompañarnos en las reuniones semanales a las 12:00 M en el claustro de la parroquia, todos los domingos. 

Asimismo, invitamos a la Misa de los primeros viernes de cada mes en Honor al Sagrado Corazón de Jesús, a las 7:30 PM en San Pedro.


Para conocer más acerca del Apostolado de la Oración y sus actividades acceda AQUÍ



Visítenos en:

http://www.apostlesshipofprayer.net. Elegir idioma ESPAÑOL, hacer clic en ventana “Oración y Servicio”
www.jesuitasperu.org Apostolado parroquial
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¡ADVENIAT REGNUM TUUM!
¡Venga a nosotros tu reino!




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Testimonio de San Pedro

El P. Adolfo Franco, S.J. nos comparte su reflexión para el evangelio del Domingo 24 de agosto, "¿Cómo responde nuestra vida y nuestras obras a la pregunta de Jesús, quién dices tú que es Él? Acceda AQUÍ. 

Santa Rosa de Lima

La santa limeña se dedicó a una vida de piedad y de virtud y cuando vistió el hábito de la tercera Orden de Santo Domingo, hizo grandes progresos en el camino d la penitencia y de la contemplación mística. Compartimos su biografía con motivo de su fiesta litúrgica el 30 de agosto. Acceda AQUÍ.

Testimonio de San Pedro

P. Adolfo Franco, S.J.


DOMINGO XXI
Del Tiempo Ordinario

Mateo 16, 13-20

¿Cómo responde nuestra vida y nuestras obras a la pregunta de Jesús, quién dices tú que es Él?


En este momento de la vida de Jesús, los apóstoles ya han estado bastante tiempo con Él. Y se ha dado a conocer a las multitudes con sus milagros y sus predicaciones en diversas regiones de Israel. Jesús hace una pregunta a sus discípulos ¿quién dice la gente que soy yo? Una pregunta muy importante. No se trata de curiosidad, sino de ver hasta qué punto ha llegado el mensaje que predica. Porque unos lo veían como un simple bienhechor que resolvía los problemas con sus milagros, otros lo veían con agrado por sus palabras hermosas, pero también había quienes lo veían con disgusto, como un peligro, como un pecador inclusive. Tantas formas diferentes como veían a Jesús sus contemporáneos en ese momento y en la actualidad.

Y Jesús les dirige entonces la pregunta a sus discípulos y nos la dirige a nosotros ¿Y vosotros quién decís que soy yo? Entonces Pedro tomó la palabra y dijo... y ahora soy yo mismo el interpelado por esta pregunta que es fundamental: Jesús se dirige a mí y me la pregunta en forma más insistente ¿tú de veras sabes quién soy yo?

Es claro que nadie podrá responder correctamente a esa pregunta, si no lo conoce. Además se trata de un conocimiento diferente a los otros conocimientos. ¿Podemos llegar a conocerlo? ¿Estaremos alguna vez en capacidad de responderle a la pregunta que El nos hace?

Si nos fijamos bien, en nuestra vida ha habido momentos en que hemos conocido de forma especial a Jesús, y poco a poco esos conocimientos se han ido juntando para ir formando su imagen en nuestro corazón. Porque, y esto es claro, a esa pregunta de Jesús solo se responde con el corazón.

Quizá la primera experiencia del conocimiento de Jesús, fue esa noche víspera de nuestra Primera Comunión. Estábamos en el umbral de la niñez (a punto de salir de ella) y todo nuestro candor se convirtió en una ilusión pura: al día siguiente recibiríamos por primera vez al amigo Jesús: estar con Él era en ese momento lo más importante de nuestra vida. Y así esa podría ser una respuesta (aunque incompleta) a la pregunta de Jesús: Señor, tú fuiste la mayor ilusión de mi niñez.

Pero hay más y mucho más. Seguramente hemos tenido clases sobre la vida de Jesús y de su misterio, clases de biblia y teología. Lecturas que nos han enardecido. Todo eso se ha ido acumulando para ayudar a formar también esa respuesta. Pero lo principal son esas experiencias hondas, que nos han acercado al conocimiento interior. Alguna vez en especial hemos sentido el peso de nuestro pecado, nos hemos sentido sucios y desalentados. Quién me devolviera la ilusión y me permitiera volver a comenzar y en ese momento apareció Él a través de una confesión honda y suplicante; y salimos de ese perdón con la sensación de que Él nos había abrazado y que empezábamos de nuevo a estrenar la vida. Y también podríamos responder a la pregunta, diciendo: Tú Jesús fuiste el que me devolvió la dignidad perdida y me hiciste vivir de nuevo con ilusión.

¿Quién dices tú que soy yo? Jesús nos pregunta y nuestra experiencia de vida le va contestando, etapa por etapa. ¿Y cuántos otros momentos en que lo hemos visto? En la intimidad del silencio, en la oración, cuando toda nuestra vida quiere convertirse en adoración a nuestro “único Amor” su imagen se va completando en nuestro corazón. Y en algunos momentos nuestra única respuesta a su pregunta es mirarlo con los ojos cerrados sabiendo que Él  es capaz de leer en nuestro centro mismo la respuesta para la cual no encontramos palabras suficientes. Y terminaríamos diciéndole pobremente: JESÚS TÚ ERES TODO.


Qué pregunta tan sorprendente ¿quién dices tú que soy yo? La pregunta central, a la cual vale la pena dedicarle toda la vida.


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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.
Para acceder a otras reflexiones del P. Adolfo acceda AQUÍ.

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Curso Bíblico en la Parroquia de San Pedro - Lima


SECRETARIADO NACIONAL DEL APOSTOLADO DE LA ORACIÓN

PARA LEER MEJOR

"CURSO BÍBLICO"

PONENTE: P. JESÚS VALVERDE S.J.


TODOS LOS SÁBADOS
A PARTIR DEL 23 DE AGOSTO,
DE 10 DE LA MAÑANA A 11:30

INFORMES Y MATRÍCULA: OFICINAS DE LA PARROQUIA SAN PEDRO - LIMA
JR. AZÁNGARO 451
TELÉFONO 427-0266

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Papa Francisco en visita apostólica a Corea del Sur

Acceda a las publicaciones de los mensajes, homilías y discursos del papa Francisco en su visita apostólica a Corea del Sur, visitando a través de este enlace a la web de la Santa Sede y de ACIPRENSA.
Acceda AQUÍ.

La curación de la hija de una cananea

El P. Adolfo Franco, S.J. nos comparte su reflexión sobre el evangelio del Domingo XX TO. "Un milagro diferente: Jesús no quería hacerlo, se resistía, pero la fe de una mujer lo consiguió. ¿Tenemos tanta fe como para superar un aparente rechazo de Dios?. Acceda AQUÍ.

Homilía del papa Francisco en beatificación de Paul Yun Ji-Chung y 123 compañeros mártires en Corea

En la principal celebración religiosa del papa Francisco durante su visita apostólica a Corea del Sur, se beatificó a Paul Yun Ji-Chung y 123 compañeros mártires. El Papa nos recuerda que "los mártires nos invitan a poner a Cristo por encima de todo y a ver todo lo demás en relación con él y con su Reino eterno. Nos hacen preguntarnos si hay algo por lo que estaríamos dispuestos a morir." Acceda AQUÍ.

La Iglesia - 28º Parte: Estructura Jerárquica de la Iglesia

El P. Ignacio Garro, S.J. inicia un nuevo apartado en su estudio de la Iglesia, en esta oportunidad nos presenta la estructura jerárquica - Sacramento del Orden; en este aspecto la Iglesia es una sociedad orgánica y jerárquica, animada y vivificada por el Espíritu Santo y gobernada por los Obispos, sucesores de los Apóstoles, en comunión con el sucesor de Pedro, vicario de Cristo y cabeza visible de toda la Iglesia. Acceda AQUÍ.

Historia de la Devoción al Corazón de Jesús en el Perú - 5° Parte: Su expansión

Continuamos compartiendo los escritos del +P. Rubén Vargas Ugarte, S.J. sobre la expansión de la devoción del Sagrado Corazón de Jesús, en esta entrega nos presenta a la Congregación del Purísimo Corazón de María como un espacio donde se vivió la devoción al Corazón de Jesús y contribuyó a su extensión en el Perú. Acceda AQUÍ

Adoración Eucarística para la Santificación de los Sacerdotes y la maternidad espiritual - Cardenal Nicola Cusano

Compartimos el testimonio del Cardenal Nicola Cusano, sobre su experiencia sobre el poder la oración de las hermanas de convento para la santificación de los sacerdotes. Acceda AQUÍ.

Jesús camina sobre las aguas

El P. Adolfo Franco, S.J. nos comparte su reflexión del evangelio del Domingo XIX. "El Señor nos invita a salir de la seguridad de la barca y que arriesguemos aunque nos parezca que caminamos sobre las aguas". Acceda AQUÍ.



Adoración Eucarística para la Santificación de los Sacerdotes y la maternidad espiritual - Cardenal Nicola Cusano

EL SUEÑO DE UN CARDENAL

El cardenal Nicola Cusano (1401-1464), obispo de Bressanone (Brixen)no fue sólo un gran político de la Iglesia, famoso legado papal y reformador de la vida espiritual del clero y del pueblo del siglo XV,
sino también un hombre de silencio y contemplación.
En un “sueño” le fue mostrada aquella realidad espiritual, que todavía vale hoy para todos los sacerdotes y para todos los hombres:
el poder del abandono, de la oración y del sacrificio
de las madres espirituales en el secreto de los conventos.


MANOS Y CORAZONES QUE SE SACRIFICAN


“... Entrando en una iglesia pequeña y muy antigua, adornada con mosaicos y frescos de los primeros siglos, al cardenal se le manifestó una visión desmesurada. Millares de religiosas rezaban en la pequeña iglesia. Ellas eran tan delgadas y unidas que todas cabían allí, a pesar que la comunidad era numerosa. Las religiosas rezaban y el cardenal nunca había visto rezar tan intensamente. Ellas no estaban arrodilladas, sino derechas de pie, la mirada fija no lejana, sobre un punto cercano a él, pero no visible a sus ojos. Sus brazos estaban abiertos y las manos dirigidas hacia lo alto, en una posición de ofrenda”. 

Lo increíble de esta visión es el hecho que estas religiosas en sus pobres y sutiles manos tenían hombres y mujeres, emperadores y reyes, ciudades y naciones. A veces las manos se estrechaban alrededor de una ciudad; otras veces una nación, reconocible por las banderas nacionales, se extendía sobre un muro de brazos que la sostenía. También en estos casos, alrededor de cada persona orante se extendía un halo de silencio y de discreción. Pero la mayor parte de las religiosas sostenían en la mano sólo un hermano o hermana. 

En las manos de una joven y delgada religiosa, casi una niña, el cardenal Nicola vio al Papa. Se comprendía cuánto la carga pesaba sobre ella, pero su rostro brillaba de alegría. En las manos de una anciana religiosa estaba él mismo, Nicola Cusano, obispo de Bressanone y cardenal de la Iglesia romana. Él se reconoció claramente con sus arrugas y con los defectos de su alma y su vida. Observaba todo con ojos muy abiertos y asustados, pero  enseguida el susto fue sustituido por una indescriptible beatitud. 

La guía, que se encontraba a su lado, les susurró: “¡Ven cómo, a pesar de sus pecados, los pecadores que no han dejado de amar a Dios son sostenidos!”. El cardenal preguntó: “¿Entonces qué sucede a los que no aman más?”. Al improviso, siempre junto a su guía, se encontró en la cripta de la iglesia, donde rezaban otras millares de religiosas.

Mientras aquellas que había visto antes sostenían a las personas con sus manos, éstas en la cripta las sostenían con los corazones. Estaban profundamente involucradas, porque se trataba del destino eterno de las almas. “Vea, Eminencia”, dijo la guía: “así son sostenidos los que han dejado de amar. A veces sucede que se calientan con el calor de los corazones que se consuman por ellos, pero no siempre. A veces, en la hora de la muerte, pasan de las manos de quienes todavía los quieren salvar a aquellas del Juez divino, con quien luego deben justificarse también por el sacrificio ofrecido por ellos. Ningún sacrificio queda sin fruto, pero quien no acoge el fruto que se le ha ofrecido, madura el fruto de la ruina”. 

El cardenal miró fijamente a las mujeres víctimas voluntarias. Él había siempre sabido de su existencia. Pero nunca le había sido tan claro qué significaban ellas para la Iglesia, para el mundo, para los pueblos y para cada persona; sólo ahora lo comprendía con consternación. Él se inclinó profundamente delante de las mártires del amor.


Foto: Desde 550 Säben fue durante 500 años la sede episcopal de la diócesis de Bressanone. Desde 1685, es decir desde hace más que 300 años, el castillo episcopal se ha convertido en un monasterio, en donde hasta hoy, una comunidad de Religiosas Benedictinas vive la maternidad espiritual, rezando y consagrándose a Dios, precisamente como el cardenal Nicola Cusano había visto en su sueño.


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Tomado de:
http://www.clerus.org/

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