La oración del fariseo y del publicano

DOMINGO XXX
del Tiempo Ordinario

P. Adolfo Franco, S.J.

Lucas 18, 9-14

El orgullo desvirtúa la oración y la humildad le da autenticidad.



Jesús nos da muchas enseñanzas sobre la oración en todo el Evangelio, y además nos enseña la oración con su propio ejemplo; El aparece con mucha frecuencia orando y pasando a veces las noches en oración. En este párrafo de hoy nos cuenta la parábola de la oración del fariseo y del publicano. Nos enseña cómo orar, qué es la oración. Pero añade también, una vez más, una lección importante sobre la humildad. Nos viene a decir que el orgulloso, el que se cree superior, está incapacitado para la oración; en cambio el que en su corazón siente que es un pecador y se humilla por eso, ése puede orar y es escuchado.

La oración es uno de los grandes regalos que nos ha hecho Dios indudablemente. Pone de manifiesto el gran cariño que Dios nos tiene. Ha querido establecer un canal de comunicación, porque quiere saber de sus hijos, quiere que le cuenten todo, quiere ser su paño de lágrimas, quiere ser  nuestra fortaleza y nuestra paz. Dios ha querido que podamos comunicarnos con El, que lo contemplemos, que le mostremos nuestros afectos, y nuestras necesidades. Quiere oírnos. Y también quiere tener la posibilidad de enviarnos sus mensajes, de mostrarnos su calor y su ternura, porque todo eso hace Dios con nosotros en la oración. Esto es tanto así que con derecho podríamos preguntarnos ¿sería posible vivir como hombres, si no tuviéramos la posibilidad de orar?

La oración es un acto de fe en la realidad de Dios: fe en su existencia y en su paternidad, fe en su Providencia. Es un acto de fe por el que en un momento salimos de nuestro mundo cotidiano y nos situamos en el mundo superior, en la otra dimensión: hay una especie de salida de este mundo y una entrada en el ámbito de Dios. La fe es un acto de humildad, por el que reconocemos nuestra necesidad más honda, nuestra indigencia radical, y por eso acudimos a nuestra fuente, a nuestro sustento vital que es Dios. Así la oración pone nuestra vida en comunicación con la fuente de la vida.

Y por esa razón el orgullo es el principal obstáculo para una verdadera oración. Por esas y otras razones la oración del fariseo es un fiasco, es una falsificación, es una pose teatral, no es oración en suma. El contenido de la aparente oración del fariseo brota de un hombre que no necesita de Dios. Prácticamente se comunica con El de igual a igual; le da gracias, no por los favores que le haya concedido. El mismo piensa que ha logrado todo con su esfuerzo: yo no soy igual que los demás hombres. Y eso debido a mis propios méritos a mis propios esfuerzos. Los otros son malos, y yo soy tremendamente bueno. Y así vengo a hablar contigo: el bueno (que se lo cree) con el Unico Bueno. Y como es tan bueno este fariseo se pone delante en primera fila, porque es el lugar que le corresponde. Mientras que el pecador se queda allá lejos y no se atreve a acercarse más. El fariseo, por eso mismo, desprecia a los seres que él cree inferiores: yo no soy como los demás hombres, yo cumplo, yo, yo. El protagonista de su aparente oración no es Dios, sino su YO inflado, exhibicionista de sus buenas acciones; está viniendo a la oración para que Dios admire a este ser tan excepcional.

Y otra fea característica de este hombre, caricaturizado por Cristo: la falta total de caridad con el prójimo, el juicio despiadado de los demás. Y así entramos en otro aspecto de la oración cristiana ¿puede orar de verdad al Padre el que no considera a los demás como sus hermanos? ¿El que desprecia a un hijo de Dios, puede hablar de verdad con el Padre? ¿Le gustará a Dios una oración cuyo contenido es la crítica de sus hijos? Y cuando somos orgullosos, críticos y jueces de los demás ¿seremos oídos por el Padre que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y que ama a los pecadores? Esta actitud de desprecio que tiene el fariseo también contribuye a que su oración sea falsa.

Lo que Jesús critica en la oración de este fariseo es su orgullo frente a Dios, su vanidad por sus propias obras (como si no hubiera sido ayudado por Dios) y su juicio de los demás, que llega hasta el desprecio de los que él juzga pecadores.

En cambio lo que el Señor alaba en el pecador que ora, es que se siente indigno ante Dios, que se reconoce pecador, que no se atreve a acercarse, ni a levantar los ojos del suelo. Reconoce que necesita a Dios, que no lo merece, y no se compara con nadie, pues tiene bastante con considerar y arrepentirse de sus propios pecados.


Por eso éste vuelve a casa, después de la oración, justificado y el fariseo en cambio no, porque en realidad no ha orado. 

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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración

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La viuda y el juez injusto

El P. Adolfo Franco, S.J. nos comparte su reflexión sobre el evangelio del domingo 20, "El juez injusto puede hacernos preguntar ¿soy injusto, y especialmente injusto con Dios? Acceda AQUÍ.

El Señor de los Milagros

Compartimos la reseña del origen de la devoción del Señor de loa Milagros, con motivo de su fiesta litúrgica el 28 de octubre. Acceda AQUÍ.

Las tres cartas de Juan

El P. Fernando Martínez Galdeano, S.J. nos presenta su comentario sobre las tres cartas de san Juan, que se escribieron como respuesta al pensamiento "gnóstico". Acceda AQUÍ.

La Iglesia - 17º Parte: La naturaleza de la Iglesia - La Iglesia Esposa de Cristo

El P. Ignacio Garro, S.J. continúa compartiendo el tema sobre la naturaleza de la Iglesia, en esta oportunidad nos presenta la imagen de la Iglesia como "Esposa de Cristo", íntimamente ligada a las imágenes de "Cuerpo de Cristo" y "Templo de Dios en el Espíritu". Acceda AQUÍ. 

Catequesis del Papa

Compartimos los mensajes y enseñanzas del papa Francisco a través de los siguientes enlaces:

20/10/2013 - Ángelus: Aprendamos a rezar siempre sin cansarnos, exhorta el Papa
20/10/2013 - Ángelus: El Papa: Misión de la Iglesia no es hacer proselitismo sino compartir la llama de la fe
16/10/2013 - Audiencia: "Creo en la Iglesia una, santa, católica y apostólica"
16/10/2013 - Mensaje del papa Francisco con motivo del Día Mundial de la Alimentación


La Iglesia - 17º Parte: La naturaleza de la Iglesia - La Iglesia Esposa de Cristo


P. Ignacio Garro, S.J.

SEMINARIO ARQUIDIOCESANO DE AREQUIPA


21. La Iglesia Esposa de Cristo

Completando la exposición de las i­deas o imágenes clave de S. Pablo acerca de la Iglesia, veremos aho­ra la Iglesia, Esposa de Cristo. A la imagen de la Iglesia como "Cuerpo de Cristo" y "Templo de Dios en el Espíritu", está íntimamente ligada la imagen de la Iglesia como  "Esposa de Cristo".

Cristo se adquirió la Iglesia, su cuerpo, por la palabra de vida y el bautismo como esposa pura y sin mancha: "Porque el mari­do es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia, el Salvador del cuerpo",  Efes 5, 23. S. Pablo da testimonio de la imagen de la Iglesia - Esposa de Cristo en Efes. 5, 21-33. El apóstol usa para su descripción el Salmo 44, y Gen 2, 24. Describe la Iglesia como esposa de Cristo; la ha gana­do como esposa al morir por ella. En la muerte se entregó por ella, Efes 5, 2: "y se entregó por nosotros (La Iglesia) como oblación y víctima de suave aroma". Gal 2, 20; 1 Tim 2, 6; Tit 2, 13. Al sacrifi­car su vida por ella le regaló la vida eterna.

S. Pablo en Efes 5, 21-33, nos presenta la unidad entre Cristo y la Iglesia presentando como modelo a la unidad que debe de haber entre los esposos y dice: "Sed sumisos los unos a los otros en el temor de  Cristo. Las mujeres a sus maridos, como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer. Como Cristo es cabeza de la Iglesia, el salvador del Cuerpo. Así como la Iglesia está sumisa a Cristo, así tam­bién las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo. Maridos amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mis­mo por ella, para santificarla, purificándola mediante el baño del agua, en virtud de la palabra y presentársela resplandeciente a sí mismo, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada .... porque nadie aborreció jamás su propia carne antes bien la alimenta y cuida con cariño lo mismo que Cristo a la Iglesia, pues somos miembros de su Cuerpo.... gran misterio es éste, lo digo respecto de Cristo y la Iglesia", Efes 5, 21-33.

La unidad, pues, de Cristo y su Iglesia supera a la comunidad matrimo­nial de varón y mujer en intimidad y fuerza y duración temporal. Cristo atrae a la Iglesia con una fuerza que supera toda posibilidad humana.


La unidad de varón y mujer es una imagen adecuada pero débil comparado con la unión y dedicación que tiene Cristo para con su Iglesia como Esposa, pues lo que aquí se intercambia es vida eterna e inmortal por medio de la comunicación y asistencia continua del Es­píritu Santo, para darle vida y en abundancia. Ahora se entiende lo que significa para S. Pablo la obediencia que exige a la esposa con respecto al marido y a la Iglesia con respecto a Cristo. Se cumple esto cuando la Iglesia acepta los dones de Cristo, su Esposo, y configura su vida hasta penetrar en la forma de vida propia de Cristo, es decir, en la vida que consiste en amar y entregarse a Dios, es decir, la forma existencial del amor es fundamental en la Iglesia conside­rada como Esposa de Cristo. La Esposa se convierte en el cuerpo de Cristo aceptando su vida y el Cuerpo de Cristo se convierte en esposa por tener carácter personal. La Iglesia, como esposa de Cristo, espera la hora en que el Esposo la lleve a la casa del Padre, esto se realizará en la parusía, al final de los tiempos. L. G. N° 39; Sacr. Conc. N° 7; N°85; G. et S. N° 43.


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Agradecemos al P. Ignacio Garro S.J. por su colaboración.



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Las tres cartas de Juan



P. Fernando Martínez Galdeano, S.J.


Estas cartas fueron escritas algunos años después de la redacción última y definitiva del cuarto evangelio. Su autor, supuestamente el mismo, habría sido discípulo de Juan y según parece tenía responsabilidades y una gran autoridad espiritual dentro de las comunidades de inspiración joánica.

Pero como ya se ha indicado anteriormente, en no pocos de sus miembros de estas comunidades se estaba infiltrando la forma de pensar "gnóstica". Su creencia básica era que sólo el espíritu es bueno, y que la materia es esencialmente mala. La naturaleza física, por tanto, de las criaturas creadas es mala. El espíritu se encuentra prisionero dentro del cuerpo, y sólo parece posible liberarse de él mediante un conocimiento ("gnosis") secreto y complicado. Por tanto, la aseveración de una encarnación del "logos" no es aceptable porque en definitiva nuestra experiencia nos prueba su ineficacia y frustración.

En las iglesias cristianas de aquel entonces había maestros que sostenían que Jesús nunca había tenido un verdadero cuerpo humano; sólo que "parecía" haber tenido cuerpo. Otros afirmaban que el Cristo (el ser Hijo de Dios) sólo había descendido en Jesús con el bautismo de Juan, pero que le había abandonado ya antes de padecer su pasión y muerte. Esto último (el crucificado) era un escándalo para la gente.

Todas estas creencias e ideas derivaban con frecuencia hacia conductas inmorales , pues todo lo del cuerpo carecía de valor e importancia, ya que el pecado personal no existía para quienes poseían la fe gnóstica. A todos ellos se refiere el autor de estas cartas cuando escribe con énfasis y claridad: "Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros" (1 Jn 1,8)

Como consecuencia de ésto, la comunidades cristianas tendían a dividirse en dos clases de miembros: los que se sentían iluminados por la "gnosis", y los demás. Los primeros menospreciaban a los segundos. Contra esta conducta antifraterna viene la frase: "Si alguno dice, yo amo a Dios, y odia a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve" (1 Jn 4,20)

El propósito de estas tres cartas es el de salir al paso de tales herejías. Su autor muestra su convencimiento de que Dios se manifiesta y se entrega a sí mismo como luz y amor; que Jesús es aquel que existía desde siempre, que es el verdadero Cristo (el Mesías), el auténtico hijo de Dios; que Jesús era un verdadero hombre, quien ha venido con el agua de su bautismo y con la sangre de su muerte como redentor y salvador (1Jn 5,6); y vino para quitar el pecado del mundo dando su vida por nosotros. Cuando caminamos con fe bajo esta luz, hemos de vivir en actitud de comunión. Lo más esencial del cristianismo es el creer en Jesucristo y el amarnos los unos a los otros. "Y este es su mandamiento: que creamos en su hijo Jesucristo y que nos amemos unos a otros conforme al precepto que Él nos dió" (1 Jn 3,23)


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Agradecemos al P. Fernando Martínez, S.J. por su colaboración.

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«Creo en la Iglesia una, santa, católica y apostólica»


PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro

Miércoles 16 de octubre de 2013



Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Cuando recitamos el Credo decimos «Creo en la Iglesia una, santa, católica y apostólica». No sé si habéis reflexionado alguna vez sobre el significado que tiene la expresión «la Iglesia es apostólica». Tal vez en alguna ocasión, viniendo a Roma, habéis pensado en la importancia de los Apóstoles Pedro y Pablo que aquí dieron su vida por llevar y testimoniar el Evangelio.

Pero es más. Profesar que la Iglesia es apostólica significa subrayar el vínculo constitutivo que ella tiene con los Apóstoles, con aquel pequeño grupo de doce hombres que Jesús un día llamó a sí, les llamó por su nombre, para que permanecieran con Él y para enviarles a predicar (cf. Mc 3, 13-19). «Apóstol», en efecto, es una palabra griega que quiere decir «mandado», «enviado». Un apóstol es una persona que es mandada, es enviada a hacer algo y los Apóstoles fueron elegidos, llamados y enviados por Jesús, para continuar su obra, o sea orar —es la primera labor de un apóstol— y, segundo, anunciar el Evangelio. Esto es importante, porque cuando pensamos en los Apóstoles podríamos pensar que fueron sólo a anunciar el Evangelio, a hacer muchas obras. Pero en los primeros tiempos de la Iglesia hubo un problema porque los Apóstoles debían hacer muchas cosas y entonces constituyeron a los diáconos, para que los Apóstoles tuvieran más tiempo para orar y anunciar la Palabra de Dios. Cuando pensemos en los sucesores de los Apóstoles, los Obispos, incluido el Papa, porque también él es Obispo, debemos preguntarnos si este sucesor de los Apóstoles en primer lugar reza y después si anuncia el Evangelio: esto es ser Apóstol y por esto la Iglesia es apostólica. Todos nosotros, si queremos ser apóstoles como explicaré ahora, debemos preguntarnos: ¿yo rezo por la salvación del mundo? ¿Anuncio el Evangelio? ¡Esta es la Iglesia apostólica! Es un vínculo constitutivo que tenemos con los Apóstoles.

Partiendo precisamente de esto desearía subrayar brevemente tres significados del adjetivo «apostólica» aplicado a la Iglesia.

1. La Iglesia es apostólica porque está fundada en la predicación y la oración de los Apóstoles, en la autoridad que les ha sido dada por Cristo mismo. San Pablo escribe a los cristianos de Éfeso: «Vosotros sois conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular» (2, 19-20); o sea, compara a los cristianos con piedras vivas que forman un edificio que es la Iglesia, y este edificio está fundado sobre los Apóstoles, como columnas, y la piedra que sostiene todo es Jesús mismo. ¡Sin Jesús no puede existir la Iglesia! ¡Jesús es precisamente la base de la Iglesia, el fundamento! Los Apóstoles vivieron con Jesús, escucharon sus palabras, compartieron su vida, sobre todo fueron testigos de su muerte y resurrección. Nuestra fe, la Iglesia que Cristo quiso, no se funda en una idea, no se funda en una filosofía, se funda en Cristo mismo. Y la Iglesia es como una planta que a lo largo de los siglos ha crecido, se ha desarrollado, ha dado frutos, pero sus raíces están bien plantadas en Él y la experiencia fundamental de Cristo que tuvieron los Apóstoles, elegidos y enviados por Jesús, llega hasta nosotros. Desde aquella planta pequeñita hasta nuestros días: así la Iglesia está en todo el mundo.

2. Pero preguntémonos: ¿cómo es posible para nosotros vincularnos con aquel testimonio, cómo puede llegar hasta nosotros aquello que vivieron los Apóstoles con Jesús, aquello que escucharon de Él? He aquí el segundo significado del término «apostolicidad». El Catecismo de la Iglesia católica afirma que la Iglesia es apostólica porque «guarda y transmite, con la ayuda del Espíritu Santo que habita en ella, la enseñanza, el buen depósito, las sanas palabras oídas a los Apóstoles» (n. 857). La Iglesia conserva a lo largo de los siglos este precioso tesoro, que es la Sagrada Escritura, la doctrina, los Sacramentos, el ministerio de los Pastores, de forma que podamos ser fieles a Cristo y participar en su misma vida. Es como un río que corre en la historia, se desarrolla, irriga, pero el agua que corre es siempre la que parte de la fuente, y la fuente es Cristo mismo: Él es el Resucitado, Él es el Viviente, y sus palabras no pasan, porque Él no pasa, Él está vivo, Él hoy está entre nosotros aquí, Él nos siente y nosotros hablamos con Él y Él nos escucha, está en nuestro corazón. Jesús está con nosotros, ¡hoy! Esta es la belleza de la Iglesia: la presencia de Jesucristo entre nosotros. ¿Pensamos alguna vez en cuán importante es este don que Cristo nos ha dado, el don de la Iglesia, dónde lo podemos encontrar? ¿Pensamos alguna vez en cómo es precisamente la Iglesia en su camino a lo largo de estos siglos —no obstante las dificultades, los problemas, las debilidades, nuestros pecados— la que nos transmite el auténtico mensaje de Cristo? ¿Nos da la seguridad de que aquello en lo que creemos es realmente lo que Cristo nos ha comunicado?

3. El último pensamiento: la Iglesia es apostólica porque es enviada a llevar el Evangelio a todo el mundo. Continúa en el camino de la historia la misión misma que Jesús ha encomendado a los Apóstoles: «Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos» (Mt 28, 19-21). Esto es lo que Jesús nos ha dicho que hagamos. Insisto en este aspecto de la misionariedad porque Cristo invita a todos a «ir» al encuentro de los demás, nos envía, nos pide que nos movamos para llevar la alegría del Evangelio. Una vez más preguntémonos: ¿somos misioneros con nuestra palabra, pero sobre todo con nuestra vida cristiana, con nuestro testimonio? ¿O somos cristianos encerrados en nuestro corazón y en nuestras iglesias, cristianos de sacristía? ¿Cristianos sólo de palabra, pero que viven como paganos? Debemos hacernos estas preguntas, que no son un reproche. También yo lo digo a mí mismo: ¿cómo soy cristiano, con el testimonio realmente?

La Iglesia tiene sus raíces en la enseñanza de los Apóstoles, testigos auténticos de Cristo, pero mira hacia el futuro, tiene la firme conciencia de ser enviada —enviada por Jesús—, de ser misionera, llevando el nombre de Jesús con la oración, el anuncio y el testimonio. Una Iglesia que se cierra en sí misma y en el pasado, una Iglesia que mira sólo las pequeñas reglas de costumbres, de actitudes, es una Iglesia que traiciona la propia identidad; ¡una Iglesia cerrada traiciona la propia identidad! Entonces redescubramos hoy toda la belleza y la responsabilidad de ser Iglesia apostólica. Y recordad: Iglesia apostólica porque oramos —primera tarea— y porque anunciamos el Evangelio con nuestra vida y con nuestras palabras.


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Tomado de:

www.vatican.va

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Mensaje del papa Francisco con motivo del Día Mundial de la Alimentación


MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO 

PARA LA JORNADA MUNDIAL DE LA ALIMENTACIÓN 2013


Al Señor José Graziano da Silva
Director General de la FAO


1. La Jornada Mundial de la Alimentación nos pone ante uno de los desafíos más serios para la humanidad: el de la trágica condición en la que viven todavía millones de personas hambrientas y malnutridas, entre ellas muchos niños. Esto adquiere mayor gravedad aún en un tiempo como el nuestro, caracterizado por un progreso sin precedentes en diversos campos de la ciencia y una posibilidad cada vez mayor de comunicación.

Es un escándalo que todavía haya hambre y malnutrición en el mundo. No se trata sólo de responder a las emergencias inmediatas, sino de afrontar juntos, en todos los ámbitos, un problema que interpela nuestra conciencia personal y social, para lograr una solución justa y duradera. Que nadie se vea obligado a abandonar su tierra y su propio entorno cultural por la falta de los medios esenciales de subsistencia. Paradójicamente, en un momento en que la globalización permite conocer las situaciones de necesidad en el mundo y multiplicar los intercambios y las relaciones humanas, parece crecer la tendencia al individualismo y al encerrarse en sí mismos, lo que lleva a una cierta actitud de indiferencia —a nivel personal, de las instituciones y de los estados— respecto a quien muere de hambre o padece malnutrición, casi como si se tratara de un hecho ineluctable. Pero el hambre y la desnutrición nunca pueden ser consideradas un hecho normal al que hay que acostumbrarse, como si formara parte del sistema. Algo tiene que cambiar en nosotros mismos, en nuestra mentalidad, en nuestras sociedades. ¿Qué podemos hacer? Creo que un paso importante es abatir con decisión las barreras del individualismo, del encerrarse en sí mismos, de la esclavitud de la ganancia a toda costa; y esto, no sólo en la dinámica de las relaciones humanas, sino también en la dinámica económica y financiera global. Pienso que es necesario, hoy más que nunca, educarnos en la solidaridad, redescubrir el valor y el significado de esta palabra tan incómoda, y muy frecuentemente dejada de lado, y hacer que se convierta en actitud de fondo en las decisiones en el plano político, económico y financiero, en las relaciones entre las personas, entre los pueblos y entre las naciones. Sólo cuando se es solidario de una manera concreta, superando visiones egoístas e intereses de parte, también se podrá lograr finalmente el objetivo de eliminar las formas de indigencia determinadas por la carencia de alimentos. Solidaridad que no se reduce a las diversas formas de asistencia, sino que se esfuerza por asegurar que un número cada vez mayor de personas puedan ser económicamente independientes. Se han dado muchos pasos en diferentes países, pero todavía estamos lejos de un mundo en el que todos puedan vivir con dignidad.

2. El tema elegido por la FAO para la celebración de este año habla de «sistemas alimentarios sostenibles para la seguridad alimentaria y la nutrición». Me parece leer en él una invitación a repensar y renovar nuestros sistemas alimentarios desde una perspectiva de la solidaridad, superando la lógica de la explotación salvaje de la creación y orientando mejor nuestro compromiso de cultivar y cuidar el medio ambiente y sus recursos, para garantizar la seguridad alimentaria y avanzar hacia una alimentación suficiente y sana para todos. Esto comporta un serio interrogante sobre la necesidad de cambiar realmente nuestro estilo de vida, incluido el alimentario, que en tantas áreas del planeta está marcado por el consumismo, el desperdicio y el despilfarro de alimentos. Los datos proporcionados en este sentido por la FAO indican que aproximadamente un tercio de la producción mundial de alimentos no está disponible a causa de pérdidas y derroches cada vez mayores. Bastaría eliminarlos para reducir drásticamente el número de hambrientos. Nuestros padres nos educaban en el valor de lo que recibimos y tenemos, considerado como un don precioso de Dios.

Pero el desperdicio de alimentos no es sino uno de los frutos de la «cultura del descarte» que a menudo lleva a sacrificar hombres y mujeres a los ídolos de las ganancias y del consumo; un triste signo de la «globalización de la indiferencia», que nos va «acostumbrando» lentamente al sufrimiento de los otros, como si fuera algo normal. El reto del hambre y de la malnutrición no tiene sólo una dimensión económica o científica, que se refiere a los aspectos cuantitativos y cualitativos de la cadena alimentaria, sino también y sobre todo una dimensión ética y antropológica. Educar en la solidaridad significa entonces educarnos en la humanidad: edificar una sociedad que sea verdaderamente humana significa poner siempre en el centro a la persona y su dignidad, y nunca malvenderla a la lógica de la ganancia. El ser humano y su dignidad son «pilares sobre los cuales construir reglas compartidas y estructuras que, superando el pragmatismo o el mero dato técnico, sean capaces de eliminar las divisiones y colmar las diferencias existentes» (cf. Discurso a los participantes en el 38ª sesión de la FAO, 20 de junio de 2013).

3. Estamos ya a las puertas del Año internacional que, por iniciativa de la FAO, estará dedicado a la familia rural. Esto me ofrece la oportunidad de proponer un tercer elemento de reflexión: la educación en la solidaridad y en una forma de vida que supere la «cultura del descarte» y ponga realmente en el centro a toda persona y su dignidad, como es característico de la familia. De ella, que es la primera comunidad educativa, se aprende a cuidar del otro, del bien del otro, a amar la armonía de la creación y a disfrutar y compartir sus frutos, favoreciendo un consumo racional, equilibrado y sostenible. Apoyar y proteger a la familia para que eduque a la solidaridad y al respeto es un paso decisivo para caminar hacia una sociedad más equitativa y humana.

La Iglesia Católica recorre junto con ustedes esta senda, consciente de que la caridad, el amor, es el alma de su misión. Que la celebración de hoy no sea una simple recurrencia anual, sino una verdadera oportunidad para apremiarnos a nosotros mismos y a las instituciones a actuar según una cultura del encuentro y de la solidaridad, para dar respuestas adecuadas al problema del hambre y la malnutrición, así como a otras problemáticas que afectan a la dignidad de todo ser humano.

Al formular cordialmente mis mejores votos, Señor Director General, para que la labor de la FAO sea cada vez más eficaz, invoco sobre Ud. y sobre todos los que colaboran en esta misión fundamental la bendición de Dios Todopoderoso.

Vaticano, 16 octubre de 2013


FRANCISCO

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Tomado de
www.vatican.va
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Aprendamos a rezar siempre sin cansarnos, exhorta el Papa


VATICANO, 20 Oct. 13 / 10:56 am (ACI/EWTN Noticias).- En sus palabras previas al rezo del Ángelus dominical, el Papa Francisco exhortó a los miles de fieles y peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro a aprender a rezar siempre, sin cansarnos.

El Santo Padre recordó que en el Evangelio de este domingo, “Jesús relata una parábola sobre la necesidad de rezar siempre, sin cansarse. La protagonista es una viuda que, a fuerza de suplicar a un juez deshonesto, logra que él le haga justicia”.

“Y Jesús concluye: si la viuda logró convencer a aquel juez, ¿piensan que Dios no nos escuche, si le rezamos con insistencia? La expresión de Jesús es muy fuerte: ‘¿No hará justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche?’”.

“’¡Clamar día y noche’ a Dios! Nos sorprende esta imagen de la oración. Pero preguntémonos: ¿por qué Dios quiere esto? ¿Acaso Él no conoce ya nuestras necesidades? ¿Qué sentido tiene ‘insistir’ con Dios?”.

Francisco señaló que “esta es una buena pregunta, que nos hace profundizar un aspecto muy importante de la fe: Dios nos invita a orar con insistencia, no porque no sabe de qué cosa tenemos necesidad, o porque no nos escucha. Al contrario, Él escucha siempre y conoce todo de nosotros, con amor”.

“En nuestro camino cotidiano, especialmente en las dificultades, en la lucha contra el mal, fuera y dentro de nosotros, el Señor no está lejos, está a nuestro lado; nosotros luchamos junto a Él, y nuestra arma es precisamente la oración, que nos hace sentir su presencia junto a nosotros, su misericordia, también su ayuda”.

Sin embargo, anotó, “la lucha contra el mal es dura y larga, requiere paciencia y resistencia – como Moisés, que debía tener los brazos alzados para hacer vencer a su pueblo. Y así hay una lucha que llevar adelante cada día; pero Dios es nuestro aliado, la fe en Él es nuestra fuerza, y la oración es la expresión de esta fe”.

“Por eso Jesús nos asegura la victoria, pero al final se pregunta: ‘Cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?’. Si se apaga la fe, se apaga la oración, y nosotros caminamos en la oscuridad, nos perdemos en el camino de la vida”.

“Aprendamos, por tanto, de la viuda del Evangelio a rezar siempre, sin cansarnos”.

El Papa señaló que la mujer mencionada por Jesús en el Evangelio “¡era buena esta viuda, sabía luchar por sus hijos y pienso en tantas mujeres que luchan por su propia familia, que rezan, que no se cansan jamás!”.

“Un recuerdo hoy, de todos nosotros, a estas mujeres que con su actitud nos dan un verdadero testimonio de fe, de coraje, de modelos de oración. ¡Un recuerdo a ellas!”.

El Santo Padre pidió luego “rezar siempre, ¡pero no para convencer al Señor a fuerza de palabras! ¡Él sabe mejor que nosotros de qué cosa tenemos necesidad!”.

“Más bien la oración perseverante es expresión de la fe en un Dios que nos llama a combatir con Él, cada día, cada momento, para vencer el mal con el bien”, concluyó.


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Tomado de ACIPRENSA.

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El Papa: Misión de la Iglesia no es hacer proselitismo sino compartir la llama de la fe


VATICANO, 20 Oct. 13 / 11:10 am (ACI/EWTN Noticias).- En sus palabras posteriores al rezo del Ángelus, en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco recordó que hoy se celebra la Jornada Misionera Mundial, y aseguró que la misión de la Iglesia no es hacer proselitismo, sino compartir la llama de la fe, que calienta el alma.

El Santo Padre indicó que “hoy es la Jornada Misionera Mundial. ¿Cuál es la misión de la Iglesia? Difundir en todo el mundo la llama de la fe, que Jesús ha encendido en el mundo: la fe en Dios que es Padre, Amor, Misericordia”.

“El método de la misión cristiana no es el hacer proselitismo, sino el compartir la llama que calienta el alma”.

El Papa agradeció además “a todos aquellos que, a través de la oración y de la ayuda concreta sostienen la obra misionera, en particular, la solicitud del Obispo de Roma para impulsar la difusión del Evangelio”.

“En esta Jornada estemos cerca de todos los misioneros y las misioneras, que trabajan tanto sin hacer ruido y que dan su vida”.

Francisco recordó el caso de “la italiana Afra Martinelli, que ha trabajado durante muchos años en Nigeria. Hace unos días ha sido asesinada, por robo. Todos han llorado, cristianos y musulmanes ¡era muy querida!”.

Martinelli, dijo el Papa, “ha anunciado el Evangelio con su vida, con la obra que ha realizado, un centro de educación. Y de este modo ha difundido la llama de la fe, ¡ha combatido la buena batalla!".


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Fuente: ACIPRENSA
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La viuda y el juez injusto


P. Adolfo Franco, S.J.

Lucas 18, 1-8

El juez injusto puede hacernos preguntar ¿soy injusto, y especialmente injusto con Dios?



Jesucristo enseñando sobre la oración nos narra esta parábola del juez injusto, que, ante la insistencia de la viuda, termina atendiéndola debidamente. Y simultáneamente nos indica que Dios velará siempre por la justicia de sus hijos.

La injusticia es algo detestable, que todos hemos padecido alguna vez, y que nos subleva; y nos subleva que se pisoteen nuestra dignidad y nuestros derechos. Cómo no se va a sublevar una persona a la que por leguleyadas se le arrebata su vivienda. Pero es algo de lo que difícilmente estamos libres; injusticias pequeñas o injusticias grandes, no hay quien no las haya padecido.

Pero, uno no debería quejarse de la injusticia, si uno mismo es injusto; uno no puede clamar a Dios, contra la injusticia padecida, si uno mismo ha cometido injusticias. Y es que somos muy lúcidos para detectar las injusticias que se cometen contra nosotros, pero no caemos en la cuenta de las injusticias que nosotros mismos cometemos: uno, por ejemplo, fácilmente detecta que le pagan un sueldo injusto por el trabajo que realiza, pero no piensa en lo poco que paga él mismo, cuando tiene que determinar un salario doméstico.

Pero demos un paso en otra dimensión: con quien más nos importa ¿somos justos? ¿Somos justos con Dios? Nuestra relación con Dios, que es tan esencial, también podemos verla a través de esta perspectiva de la justicia. Claro que en esta consideración hay un problema: los términos de la relación son muy diferentes; Dios y nosotros. Pero de todas formas podemos reflexionar en nuestra justicia para con Dios.

Justicia: dar a cada uno lo que se merece. ¿Le damos a Dios lo que le es debido? ¿En tiempo, en atención, en interés? Siempre encontraremos un déficit grande, en esta relación con Dios. Es demasiado lo que Dios se merece, porque se merece todo. Y nosotros tenemos en la vida tantos puntos de atención: la casa, la familia, el dinero, las amistades, el descanso. Y todos esos puntos de atención reclaman nuestro tiempo y nuestra dedicación. Cierto; no podemos ser utópicos al plantearnos esta relación de “justicia con Dios”, como si fuéramos seres desarraigados del espacio y del tiempo.

Pero ¿será utópico darle a Dios al menos un puesto muy importante? ¿Será utópico darle el mejor tiempo, darle la preferencia en todo? ¿Será utópico dar a Dios el puesto central en nuestro corazón? Cuando Dios es asunto de segunda clase, cuando no se le da tiempo porque hay cosas más urgentes en ese momento ¿se le hace justicia a Dios? Cuando se recurre a Dios porque no queda más remedio y ya estamos desesperados ¿se le hace justicia a Dios? Cuando se le echan a Dios las culpas de los errores humanos ¿se le hace justicia a Dios? Una mujer abandonada por un marido sinvergüenza, a veces le pregunta a Dios ¿por qué me has hecho esto? Somos los seres humanos, tan injustos con Dios y encima a veces le echamos la culpa de nuestras propias maldades, o de nuestros errores; y es importante examinar nuestra vida con El, desde este ángulo de observación de la justicia.

Hay más que añadir, hay más que profundizar en nuestra justicia con Dios: ¿le hemos “pagado” debidamente sus dones? Todo lo que hemos recibido, ¿de alguna forma se lo hemos pagado? Y acierta el que diga dos cosas: primero, que esos dones son regalos, y los regalos no se pagan; y segundo, que son impagables; no habría forma de retribuir a Dios, ni en forma pequeña todo lo que El nos ha dado. Pero no es ocioso tampoco examinar los dones que hemos recibido de Dios; y plantearnos ahí el problema de la justicia.

Por lo menos el agradecimiento; devolverle a El en forma similar la abundancia y generosidad con que El nos regala. Estaríamos hablando del amor a Dios, en reciprocidad del amor que El nos tiene. Querer que todo lo que somos sea para El, ya que todo lo que somos nos lo ha dado El. Como dice el dicho popular “amor con amor se paga”. Hemos recibido tanto ¿cómo no darle a El todo? Y ya sabemos que todo lo que le podemos dar son cosas que El mismo nos dio; pero hay algo que es lo más propio y quizá exclusivo nuestro que es nuestra libertad: que nuestra libertad se decida por Dios.


Finalmente hay otra consideración del “pago a Dios” por sus beneficios, para intentar ser justos, o para disminuir nuestra injusticia. Dios nos dice que todo lo que le debemos a El, se lo paguemos en nuestro prójimo; y así El se dará por bien pagado. El ha transferido al prójimo todo lo que a El le debemos, todas nuestras deudas con El. Así la justicia con Dios nos abre el horizonte del primer mandamiento, del Amor a Dios por encima de todo, y al prójimo como a nosotros mismos.

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Para leer otras reflexiones del P. Adolfo Franco, S.J. acceda a este enlace.

Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.

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El Señor cura a diez leprosos

El P. Adolfo Franco, S.J. nos comparte su reflexión sobre el evangelio del domingo 13 de octubre: "El Señor cura la lepra de diez leprosos, a uno que regresa a agradecerle la curación le cura también el alma". Acceda AQUÍ.


La Iglesia - 16º Parte: La naturaleza de la Iglesia - La Iglesia Templo de Dios en el Espíritu Santo

El P. Ignacio Garro, S.J. continúa brindándonos su tema sobre la Iglesia, en esta oportunidad nos ofrece el tema de "La Iglesia Templo de Dios en el Espíritu Santo". Acceda AQUÍ.

El Señor de los Milagros

En Perú el mes de octubre es dedicado al Señor de los Milagros, por ello durante cuatro días la imagen recorre las calles de Lima en lo que se constituye como la procesión más concurrida a nivel nacional, en su recorrido del viernes 18 la imagen visitará nuestra parroquia de San Pedro, su llegada está programada para las 3:00PM, donde recibirá un homenaje presidido por nuestro Párroco P. Enrique Rodríguez, S.J. Con motivo de su fiesta compartimos una reseña del origen de su devoción en el Perú. Acceda AQUÍ.

Catequesis del papa Francisco

Compartimos los mensajes del papa Francisco con ocasión de la Jornada Mariana y la peregrinación a Roma de la imagen de la Virgen de Fátima traída desde Portugal. Acceda a los siguientes enlaces:
13/10/2013 - Homilía del papa Francisco para la Jornada Mariana con ocasión del Año de la Fe, domingo 13 de octubre del 2013
13/10/2013 - Consagración: Papa Francisco consagra el mundo a Nuestra Señora de Fátima.
12/10/2013 - El papa Francisco recibió a la Virgen de Fátima en la plaza de San Pedro
13/05/2013 - Consagración a Nuestra Señora de Fátima del Ministerio del papa Francisco
12/10/2013 - Catequesis del papa Francisco sobre María en Jornada Mariana
12/10/2013 - Mensaje del Papa con motivo de la vigilia de oración en el Santuario Romano del Divino Amor
09/10/2013 - Audiencia: "Creo en la Iglesia, una, santa, católica..."

Papa Francisco consagra el mundo a Nuestra Señora de Fátima



Bienaventurada María, Virgen de Fátima,
con renovada gratitud por tu presencia materna
unimos nuestra voz a la de todas las generaciones 
que te llaman bienaventurada.


Celebramos en ti las grandes obras de Dios,
que nunca se cansa de inclinarse
con misericordia sobre la humanidad afligida por el mal
y herida por el pecado, para sanarla y salvarla.

Acoge con benevolencia de madre 
el acto por el nos ponemos hoy bajo tu protección
con confianza, ante esta tú imagen 
tan querida por todos nosotros.


Estamos seguros que cada uno de nosotros es preciosos a tus ojos
y que nada te es ajeno de todo lo que habita en nuestros corazones.

Nos dejamos alcanzar por tu dulcísima mirada
y recibimos la caricia consoladora de tu sonrisa.


Protege nuestra vida entre tus brazos:
bendice y refuerza cada deseo de bien; reaviva y alimenta la fe;
sostiene e ilumina la esperanza; suscita y anima la caridad;
guíanos a todos nosotros en el camino de la santidad.

Enséñanos tu mismo amor de predilección hacia los pequeños y los pobres,
hacia los excluidos y los que sufren, por los pecadores
y por los que tienen el corazón perdido: 

reúne a todos bajo tu protección y a todos entrégales
a tu Hijo dilecto, el Señor Nuestro, Jesús.

Amén.

13/10/2013
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El papa recibió a la Virgen de Fátima en la plaza de San Pedro

Miles de pañuelos blancos para saludar a María. Se rezó el Vía Matris

FUENTE: ZENIT

Por Redacción
CIUDAD DEL VATICANO, 12 de octubre de 2013 (Zenit.org) - En una plaza de San Pedro repleta, en donde miles de fieles agitaban sus pañuelos blancos, entró la imagen de la Virgen de Fátima cargada por cuatro Heraldos del Evangelio y escoltada por la Guardia Suiza hasta el obelisco central de la plaza. Allí los sediarios pontificios, o sea quienes cargaban cuando existía, la silla gestatoria papal, pasaron a llevar la imagen de María, que la representa cuando se apareció en 1917 a los tres pastorcitos en Fátima.

El papa con su hábito blanco salió a la plaza en medio de los aplausos y mons. Fisichella recordó nuevamente que “la Virgen se hizo peregrina con los peregrinos”.

Mientas el coro de la pontificia Capilla Sixtina cantaba “el 13 de mayo” la imagen fue desde el obelisco, cargada por los 'sediarios' y acompañada por dos guardias suizos y dos gendarmes vaticanos hacia la basílica, en cuya explanada le esperaba el papa Francisco.

Allí el santo padre se acercó y la beso. A continuación se rezó la Vía Matris, oración mariana de siete estaciones, intercalándola con música, también de instrumentos como el arpa.
Después de la homilía en la que el santo padre invita a tener confianza en María, pues ella nos puede ayudar a resolver los nudos de conciencia más difíciles, y de agradecerle por su fe, impartió la bendición y se cantó la Salve Regina.

Desde la plaza de San Pedro la imagen fue al helipuerto del Vaticano, desde donde partió hacia el santuario del Divino Amor, a 15 kilómetros de allí, para la vigilia internacional con nueve santuarios del mundo.

La imagen es la del Santuario de Fátima, que los fieles pueden venerar en la llamada 'Capilla de las apariciones' y ha salido del santuario portugués solamente en circunstancias solamente extraordinarias . Una de ellas fue para la consagración que Juan Pablo II hizo del mundo al Inmaculado Corazón de María.

“Juan Pablo II en 1984, delante de la imagen de Nuestra Señora de Fátima, en Roma, consagró el mundo y Rusia al Inmaculado Corazón de Maria, en unión con los obispos del mundo entero. Más tarde, la vidente Lucia confirmó que ese acto de consagración fue realizado en consonancia con el pedido de Nuestra Señora. El año 2000, en el Jubileo de los Obispos, siempre Juan Pablo II consagró el nuevo milenio a Nuestra Señora, de nuevo delante de esta misma imagen, en Roma” le indicó en reciente entrevista el rector del santuario de Fátima a ZENIT.

La corona de la imagen de Fátima lleva la munición que hirió al papa Juan Pablo II en el atentado del 13 de mayo de 1981, realizado por mano de Ali Agca en la plaza de San Pedro y cuyos mandantes nunca pudieron ser identificados con certeza.

El rector del santuario de Fátima recordó también que el 13 de mayo cuando el papa pidió que consagraran su ministerio a Nuestra Señora, sig­nificó "entregar a Maria con confianza al papa Francisco, para que Ella lo ayude, proteja y lo guíe; para que Ella sea su ejemplo de entrega a Dios, de escucha atenta a su Pala­bra, de disponibilidad a su voluntad, de docilidad al Espíritu Santo, de oración". 



Así como en el plan salvífico de Dios están asociados Cristo crucificado y la Virgen dolorosa, también los están en la Liturgia y en la piedad popular.

Como Cristo es el "hombre de dolores" , por medio del cual se ha complacido Dios en "reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz", así María es la "mujer del dolor", que Dios ha querido asociar a su Hijo, como madre y partícipe de su Pasión (socia Passionis).

Desde los días de la infancia de Cristo, toda la vida de la Virgen, participando del rechazo de que era objeto su Hijo, transcurrió bajo el signo de la espada. Sin embargo, la piedad del pueblo cristiano ha señalado siete episodios principales en la vida dolorosa de la Madre y los ha considerado como los "siete dolores" de Santa María Virgen.

Así, según el modelo del Vía Crucis, ha nacido el ejercicio de piedad del Vía Matris dolorosae, o simplemente Vía Matris, aprobado también por la Sede Apostólica. Desde el siglo XVI hay ya formas incipientes del Vía Matris, pero en su forma actual no es anterior al siglo XIX. La intuición fundamental es considerar toda la vida de la Virgen, desde el anuncio profético de Simeón hasta la muerte y sepultura del Hijo, como un camino de fe y de dolor: camino articulado en siete "estaciones", que corresponden a los "siete dolores" de la Madre del Señor.

 El ejercicio de piedad del Vía Matris se armoniza bien con algunos temas propios del itinerario cuaresmal. Como el dolor de la Virgen tiene su causa en el rechazo que Cristo ha sufrido por parte de los hombres, el Vía Matris remite constante y necesariamente al misterio de Cristo, siervo sufriente del Señor, rechazado por su propio pueblo. Y remite también al misterio de la Iglesia: las estaciones del Vía Matris son etapas del camino de fe y dolor en el que la Virgen ha precedido a la Iglesia y que esta deberá recorrer hasta el final de los tiempos.

El Vía Matris tiene como máxima expresión la "Piedad", tema inagotable del arte cristiano desde la Edad Media.



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Consagración a Nuestra Señora de Fátima del Ministerio del papa Francisco


Fátima, 13 de mayo de 2013

Virgen Santísima,


  1. Estamos ante tus pies, los Obispos de Portugal y esta multitud de peregrinos, en el 96º Aniversario de tu aparición a los Pastorcitos, en esta Cova de Iría, para dar cumplimiento al deseo del Papa Francisco, claramente expresado, de consagraros a Ti, Virgen de Fátima, su Ministerio de Obispo de Roma y de Pastor Universal. Así os consagramos Señora, Tú que eres Madre de la Iglesia, el Ministerio del nuevo Papa: llena su corazón de la ternura de Dios, que Tú experimentaste como nadie, para que él pueda abrazar a todos los hombres y mujeres de este tiempo con el Amor de Tu Hijo Jesucristo. La humanidad contemporánea necesita sentirse amada, por Dios y por la Iglesia. Solo sintiéndose amada vencerá la tentación de la violencia, del materialismo, del olvido de Dios, de la perdida del rumbo que la conducirá a un mundo nuevo, donde el amor reinará. Dale el don del discernimiento para saber identificar los caminos de la renovación de la Iglesia; dale coraje para no dudar en seguir los caminos sugeridos por el Espíritu Santo; ampáralo en las horas duras de sufrimiento, a vencer, en la caridad, las provocaciones que la renovación de la Iglesia le traerá. Estate siempre a su lado, pronunciando con él aquellas palabras que bien conoces: “Yo soy la Sierva del Señor, hágase en mi Tu palabra”.
  2. Los caminos de renovación de la Iglesia nos llevan a redescubrir la actualidad del mensaje que dejaste a los Pastorcitos: la exigencia de la conversión a Dios que ha sido muy ofendido, porque tan olvidado. La conversión es siempre un regreso al amor de Dios. Dios perdona porque nos ama. Es por eso que su amor se llama misericordia. La Iglesia, protegido por vuestra solicitud maternal y guiada por este Pastor, se tiene que afirmar, siempre más, como lugar de la conversión y del perdón, porque en ella la verdad se exprime siempre en la caridad. Tú indicaste la oración como el camino decisivo de la conversión. Enseña a la Iglesia, de la que eres miembro y modelo, a ser, cada vez más, un pueblo orante, en comunión con el Santo Padre, el primer orante de este pueblo y también en comunión silenciosa con el anterior Papa, Su Santidad Benedicto XVI, que escogió el camino del orante silencioso, desafiando a la Iglesia hacia los caminos de la oración.
  3. En Tu Mensaje a los Pastorcitos, aquí en Cova de Iría, pusiste en relevo el Ministerio del Papa, “el Hombre vestido de blanco”. Tres de los últimos Papas se hicieron peregrinos de Tu Santuario. Solo Tú, Señora, en vuestro amor maternal a toda la iglesia, puedes poner en el corazón del Papa Francisco el deseo de ser peregrino de este Santuario. No es algo que se le pueda pedir por otras razones; solo la complicidad silenciosa entre Tú y él lo llevará a sentirse atraído por esta peregrinación en la certeza de que será acompañado por millones de creyentes, dispuestos a oír de nuevo vuestro mensaje.

Aquí, en este Altar del Mundo, él podrá bendecir a la humanidad, hacer sentir al mundo de hoy que Dios ama a todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo, que la Iglesia los ama y que Tú, Madre del Redentor, los conducís con ternura a los caminos de la salvación.

José, Cardenal-Patriarca
Presidente de la Conferencia Episcopal Portuguesa

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Tomado de:
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El 13 de mayo del 2013 se consagraron el pontificado de Francisco y la JMJ Río de Janeiro 2013 a la Virgen de Fátima

El 13 de mayo del 2013 en Fátima el pontificado del papa Francisco y la Jornada Mundial de la Juventud que se realizó en Río en julio de este año, fueron consagrados a la Virgen María.

La primera consagración ha sido solicitada dos veces en Roma por el papa Francisco al patriarca de Lisboa José Policarpo y la segunda, la realizó el arzobispo de la ciudad de Río de Janeiro, Orani Tempesta, que le confió a María los cientos de miles de jóvenes que participaron en la JMJ.

Sobre el significado estas dos consagraciones, que impresionan por su magnitud, antes de las consagraciones, ZENIT le preguntó  al rector del santuario de Fátima, el padre Carlos Cabecinhas en la entrevista que aquí les presentamos:


¿Cuál es el sentido de una consagración? ¿Por qué consagrar el papado y la JMJ a Nuestra Señora de Fátima?

La idea de la consagración del actual pontificado surgió en respuesta del pedido que el propio papa Francisco le expresó al cardenal patriarca de Lisboa, José Policarpo, para que de regreso a Portugal después del cónclave en el que participó, consagrara su pontificado a nuestra Señora de Fátima.

Así el cardenal patriarca les propuso a los obispos portugueses que esta consagración se hiciera el día 13 de mayo. Los obispos portugueses decidieron en asamblea plenaria realizada en abril que la consagración sea hecha por el presidente de la Conferencia Episcopal Portuguesa, el cardenal Policarpo.

El Santuario de Fátima recibió la noticia de la decisión con gran alegría. Este acto de consagración realizado en Fátima significa también una responsabilidad para el santuario, que manifiesta la propia importancia eclesial en la devoción a Nuestra Señora.

Consagrar a Nuestra Señora el ministerio del pontífice significa confiarle a María el papa Francisco, para que Ella lo ayude, lo proteja y guíe; para que Ella sea su ejemplo: en la entrega a Dios, en escuchar con atención su Palabra, de disponibilidad a Su voluntad, de docilidad al Espíritu Santo y de oración.


¿Los fieles en todo el mundo pueden participar en esta consagración y consagrarse también?

La consagración será realizada el día 13, al concluir la Eucaristía Internacional, en que evocaremos los 96 años de la primera aparición de Nuestra Señora en Fátima. El acto de consagración se realizará en el altar del Recinto de Oración, delante de la imagen de Nuestra Señora de Fátima.

Nuestros Obispos nos invitan a asociarnos a ellos en este momento: «Todo el pueblo de Dios está invitado a adherirse, en oración, a esta consagración del servicio pastoral del papa Francisco», dijeron. Aceptar esta invitación es imitar a Lucía, Francisco y Jacinta que, después de las apariciones, tuvieron siempre una preocupación especial de rezar por el Santo Padre. Esta unión con el papa, se expresa sobre todo en la oración, es una dimensión constitutiva del propio Mensaje de Fátima.

Hemos recibido mensajes que nos llegaron desde todo el mundo, de pastores, fieles y comunidades, que nos indican que el 13 de mayo estarán unidos fraternalmente al Santuario de Fátima en la oración por el Papa.

Hasta ahora más de 80 grupos de peregrinos venidos de 27 países ya anunciaron la intención de estar el 13 de mayo en Fátima, un número que aumenta constantemente.

Seremos por lo tanto muchos aquí en Fátima y muchos otros afuera de Fátima, todos unidos espiritualmente al Santuario en este momento de consagración en que, con los pastorcitos de Fátima y en unión con los obispos, el papa Francisco será puesto bajo la protección materna de Nuestra Señora.


¿Cuál es el mensaje de Fátima para el mundo actual tal como está, es de esperanza o de amenaza?

El Santuario de Fátima dedica este año pastoral 2012-2013 a la aparición del 13 de junio de 1917. El lema que hemos escogido este año es: «No tengáis miedo» que se basa en la promesa de Nuestra Señora a la vidente Lucía, en la segunda aparición: «Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá hasta Dios». Buscando motivar la confianza, se optó por la formulación sintética «No tengáis miedo», exhortación presente en la Biblia unas 365 veces, de esta forma o con expresiones similares.

La vivencia de la fe es la exhortación que Dios hace continuamente a los creyentes. La confianza brota, por eso como dimensión fundamental de la fe. Tener fe es confiar en Dios. Quien cree, no sólo confía en aquel en quien cree, sino que cree porque confía. Y esta confianza nace del encuentro con Cristo; al encontrar a Cristo por medio de Maria.

Esta exhortación a no temer, a confiar, está presente desde el inicio de los acontecimientos de Fátima. Así en 1916, en la primera aparición del ángel a los pastorcitos, el mensajero celeste les dijo: «¡No temáis! Soy el Ángel de la Paz». Y en la primera aparición de Nuestra Señora, en mayo de 1917, ella comienza tranquilizándolos, diciendo: «No tengáis miedo».

En la de junio, este «no teman» viene expresado en una invitación a la esperanza y a la confianza: «No se desanimen. Yo nunca les dejaré. Mi Inmaculado Corazón será el refugio y el camino que les conducirá hasta Dios». Como se ve, el mensaje de Fátima sólo puede ser de esperanza.


¿Qué puede hacer María por sus hijos? ¿Quién puede considerarse hijo de esa Santa Madre?

Tomo aquí el ejemplo del papa Francisco para mostrar la importancia de María para la Iglesia y el mundo. En su primer saludo el 13 de marzo, en el balcón central de la Basílica de San Pedro, el papa invitó a la oración por su antecesor, Benedicto XVI, para que «Nuestra Señora lo proteja».

En la despedida de los fieles que llenaban la plaza situada en el Vaticano, anunció que el día siguiente iría a la basílica de Santa María la Mayor a rezar «a los pies de Nuestra Señora». Y de hecho al día siguiente el recién elegido papa se desplazó a la dicha basílica en una visita privada, para rezar delante de la imagen de Nuestra Señora allí venerada.

Los ritos litúrgicos para el inicio del ministerio papal prevén una breve celebración en aquella basílica romana, de veneración del cuadro de Santa Maria Salus Populi Romani, una vez que María es la más perfecta imagen y modelo para la Iglesia.

Esa breve celebración pretende subrayar la dimensión mariana del ministerio petrino. Sin embargo, el desplazamiento a Santa Maria Mayor, tuvo carácter privado y manifestó la devoción personal del papa a nuestra Señora. En el discurso a los cardenales, el día siguiente, el santo padre dejó bien evidente la razón que lo movió: «A la poderosa intercesión de María, nuestra Madre, Madre de la Iglesia, confío mi ministerio y el vuestro.

Bajo su mirada materna, pueda cada uno de nosotros caminar, feliz y dócil, a la voz de su divino Hijo…». Esto muestra bien, a través del testimonio del papa, la fuerza de la intercesión de María, a quien nos debemos confiar sin miedo.


¿La presencia del arzobispo de Río de Janeiro, Don Orani Tempesta, el día 13 de Mayo, es simbólica? ¿Es una forma de llevar a los jóvenes de todo el mundo a los pies de Nuestra Señora? ¿Cuál es su consejo para los jóvenes que se preparan para la JMJ? Cómo vivir ese momento al lado de María?

El arzobispo de Río de Janeiro, Orani Tempesta, estará en Fátima para presidir la peregrinación de este aniversario, invitado por el obispo de Leiria-Fátima, António Marto responsable de invitar cada año a un prelado para que encabece el evento.

En una entrevista a la Sala de Prensa del Santuario de Fátima, D. Orani Tempesta manifestó públicamente su alegría de poder venir a Cova de Iría y anunció la intención de confiar a Nuestra Señora de Fátima la Jornada Mundial de la Juventud, que se realizará en junio en Río de Janeiro. Es interesante colocar en el regazo de María, al papa y a los jóvenes, lo que significa la Iglesia y el mundo, puesto que los jóvenes son el presente y futuro del mundo.

Para el Santuario de Fátima este gesto de consagrar la Jornada Mundial de la Juventud a Nuestra Señora es otro motivo de alegría, por la importancia que tendrá, en especial para los millones de jóvenes que de todo el Mundo irán a Brasil para participar del evento.


¿Qué siente usted en su corazón al ser rector del santuario de Fátima, portador de uno de los mayores mensajes marianos de todos los tiempos?

 Siento sobre todo, la enorme responsabilidad de la misión que la Iglesia me ha confiado y de ser fiel al mensaje que Nuestra Señora aquí reveló, pero también la enorme alegría de ser heraldo de ese mismo mensaje en estos tiempos difíciles que vivimos.


¿Cuál es la relación existente entre Río y Fátima?

En Brasil, además de muchos santuarios y lugares relacionados con la devoción a Nuestra Señora de Fátima, la Archidiócesis de Río de Janeiro tiene un santuario reciente que es prácticamente una réplica de la Capilla de las Apariciones de Fátima.

La devoción a nuestra Señora de Fátima en la Archidiócesis de Río de Janeiro ha ido creciendo y lo mismo sucedió en todo Brasil, donde desde siempre existió una gran devoción mariana y en concreto a Nuestra Señora de Fátima, mucho por fuerza de los emigrantes portugueses y de los viajes de la Virgen Peregrina de Fátima en Brasil.

Brasil actualmente está entre los países que más presencia de peregrinos cuenta en el Santuario de Fátima; son cada vez más los grupos y cada vez mayor el número de peregrinos.

Además de eso, es también uno de los países que posee el mayor número de «peregrinos espirituales». Muchos devotos de Nuestra Señora de Fátima en Brasil nunca tendrán oportunidad de venir ni siquiera una vez, pero mantienen esta conexión muy intensa con Fátima, sea a través de los medios de comunicación, sea gracias a la página oficial del santuario en internet o también a través de las redes sociales como Facebook.

La devoción es vivida también localmente, a través de los diversos santuarios, congregaciones y parroquias que en Brasil están dedicadas a Nuestra Señora.


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El artículo de la entrevista fue tomado del blog del P. Ismael Ojeda:
http://ismaelojeda.wordpress.com

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