ESPECIAL: SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS




En el mes dedicado al Sagrado Corazón de Jesús compartimos nuestras publicaciones sobre esta hermosa y muy difundida devoción centrada en el Amor de Dios, para que todos podamos conocerla y profundizar en ella:






 

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Imagen del Sagrado Corazón de Jesús del Altar Mayor de la Iglesia San Pedro - Lima, Santuario del Sagrado Corazón

Homilía del Domingo 12º del T.O. (C), 23 de junio del 2013

Nuestro Director, el P. José Ramón Martínez Galdeano, S.J. nos comparte su homilía que lleva por título "Sobre la cruz de Cristo y la intimidad con Él".  Acceda AQUÍ.

Jesús el Mesías

El P. Adolfo Franco, S.J. nos comparte su reflexión sobre el evangelio del domingo 23 de junio. "Jesús pregunta a sus apóstoles quién dicen que soy yo. A nosotros también nos la hace ¿de qué me conoces? ¿qué experiencia has tenido de amistad conmigo?" Acceda AQUÍ.

La Iglesia - 4º Parte: El Misterio de la Iglesia

El P. Ignacio Garro, S.J. continúa brindándonos la serie sobre la Iglesia y en esta ocasión nos explica el misterio de la Iglesia a través de los escritos del Vaticano II, las cartas de San Pablo y en Dios Padre. Acceda AQUÍ.

San Juan Bautista

San Juan es considerado como precursor del Señor, profeta y bautista. Con motivo de la fiesta de su natividad este 24 de junio invitamos a leer extractos bíblicos que nos hablan de su vida y labor. Acceda AQUÍ.

San Pedro

Llamado el Príncipe de los Apóstoles y constituido como primer papa sobre el cual Cristo fundó su Iglesia. Con motivo de su fiesta el 29 de junio invitamos a leer su reseña histórica. Acceda AQUÍ.

San Pablo

El Apóstol de los gentiles, cuando Pablo fue tirado por tierra, fue capaz de entregarle a Cristo absolutamente todo su ser. Más tarde pudo decir "ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí". Con motivo de su fiesta el próximo 29 de junio, compartimos su reseña histórica, acceda AQUÍ. 

El Óbolo de San Pedro, Colecta para la caridad del Papa

¿Qué es el Óbolo de San Pedro? ¿para qué es útil? ¿en qué se invierte? ¿cómo se origina? Éstas y otras interrogantes se responden en esta publicación para conocer a mayor detalle sobre esta jornada de la caridad. Acceda AQUÍ.

El Óbolo de San Pedro hoy

Lo que significa el óbolo de San Pedro para la Iglesia actualmente, con extractos de los mensajes del Papa Benedicto XVI. Acceda AQUÍ.

Catequesis del Papa

Compartimos algunos de los mensajes que el Papa Francisco nos da cada semana a través de sus diferentes presentaciones, acceda a través de los siguientes enlaces:
19 de junio, Audiencia - La Iglesia es cuerpo de Cristo.
20 de junio, Homilía - El Papa: Oración no es magia y no rezamos a un "Dios cósmico" sino a un Padre cercano.
21 de junio, Homilía - Que el Señor nos ayude a acumular tesoros que salven al corazón, exhorta el Papa.
21 de junio, Audiencia - El Papa a Nuncio: No cedan a la burguesía y busquen candidatos a obispos que sean "príncipes".
22 de junio, Homilía - Riquezas y preocupaciones sofocan la Palabra de Dios, advierte el Papa.
23 de junio, Ángelus - El Papa invita a "perder la vida por Cristo", cumpliendo el propio deber con amor.
23 de junio, Homilía - Debemos vivir con amor y veneración a Jesús, dice el Papa.
23 de junio, Encuentro - El Papa exhorta a servir sin pedir nada a cambio, como hizo Jesús.
23 de junio, Twitter - Todos somos pecadores pero no seamos hipócritas, pide el Papa.

Homilía del Domingo 12º del T.O. (C), 23 de junio del 2013

Sobre la cruz de Cristo y la intimidad con Él

P. José Ramón Martínez Galdeano, S.J.

Lecturas: Za 12,10-11; 13,1; S 62; Ga 3,26-29; Lc 9, 18-24


En el evangelio de San Lucas el texto de hoy viene inmediato a la multiplicación de los panes. A partir de este momento y hasta el relato de la pasión casi todo Lucas está dedicado a enseñar cómo deberá ser la conducta de los seguidores del Señor. Sólo narra cuatro milagros.
Parece que nos encontramos como a un año de la Pasión. Por San Mateo sabemos que Jesús ha ido hacia el norte a una región más paganizada de menos población judía, donde Jesús puede dedicar más tiempo a la oración a solas con su Padre y a la formación más amplia y profunda de sus discípulos.
Uno de esos días Jesús les pregunta sobre lo que piensan de su persona. Lo hace después de un tiempo, sin duda amplio, de oración. Una particularidad de Lucas es precisamente que destaca con especial frecuencia los momentos de oración de Jesús y sus enseñanzas sobre ella. La oración ha de ser, como lo fue en Jesús, una actividad normal del discípulo. Para quien no sea así, caiga en la cuenta de que carece de algo muy importante para que su vida cristiana goce de buena salud.
Sin duda que Jesús pediría al Padre que iluminase a sus discípulos en la respuesta a la pregunta que les iba a proponer. Llevaban escuchándole hace tiempo y le habían visto actuar: hablar, curar enfermos, incluso hacer milagros y hasta resucitar muertos. ¿Qué piensan de Él? Muchos israelitas de aquel tiempo esperaban entonces la llegada del Mesías anunciado en las profecías. Será Pedro el que adelantándose dará la respuesta acertada y plena. Para Jesús fue un momento de inmensa alegría. Lo sabemos por San Mateo. Dentro de un mes, en la solemnidad de San Pedro, lo recordaremos.
La persona y obra de Jesús ha transformado el mundo y sigue influyendo poderosísimamente. Es claro que el mundo no sería lo que hoy es si Cristo no hubiera pasado por él hace veinte siglos. Sigue provocando la ira de muchos y suscitando el amor de millones. ¿Quién era?
Cada uno hemos de sentirnos interpelados por la pregunta. ¿Quién es para mí Jesucristo? Hace unos años, al comenzar un curso de religión a los alumnos de primer año en una universidad católica no de Lima, hice una encuesta sobre sus conocimientos y nivel de fe. Hubo hasta quien respondió que Jesús había nacido en Jerusalén. Creo que alguno decía que había muerto en Roma. ¿Serán muchos entre ustedes los que han leído una vida completa de Jesús o los cuatro evangelios o al menos uno de ellos entero? Por favor, si no lo han hecho, al menos empiecen hoy. Pero para conocer a alguien hace falta saber más que unos rasgos externos. Hay que entrar en su alma, cómo piensa, cómo siente, qué le gusta, a quién y cómo ama, qué desea, a qué aspira, cómo perdona. Quien sabe lo maravilloso y fantástico que es Jesús para él y para los hombres, siente como una sacudida del alma, siente que no puede sentirse indiferente. Esto sólo se alcanza si se ora, si se conversa íntimamente con él. Por eso los evangelios deben ser los libros más leídos, más gustados, más orados, más puestos en práctica, hasta poder llegar a decir como San Pablo: “Para mí la vida es Cristo” (Fil 1,21).
Jesús bendijo a Pedro por su respuesta, pero prohibió a los doce que lo dijeran a nadie. ¿Por qué? Porque la gente lo iba a entender mal. Porque la gente esperaba un mesías, un “ungido” de Dios triunfante, rico, que restaurara el poder político de Israel, que les trajera un mundo lleno de riqueza y prosperidad. No querían entender de otro mesías. “Fue un profeta poderoso…Pero le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos –confesarían otros dos discípulos el mismo domingo de resurrección– que Él iba a restaurar el reino de Israel, pero ya es el tercer día tras su muerte” (Lc 24,19‑21).
Estaba predicho y revelado en Is. 53, pero nadie lo entendería. Los mismos doce no lo entenderían, ni el mismo Pedro. Pero con ellos tenía Jesús una providencia especial, porque sobre ellos edificaría el Nuevo Pueblo de Dios. A ellos sí se lo manifestó y por tres veces (ésta es la primera); pero no le iban a entender: “El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho…ser ejecutado y resucitar al tercer día… Y el que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la salvará”.
De estas palabras escribe San Francisco Javier que, por claras que sean, cuando llega el momento de la verdad se vuelven oscurísimas. Así fue para los mismos doce; y no es de extrañar que lo sea para nosotros. No se llega a conocer ni a gustar de Jesucristo de verdad si no se acepta su cruz: “el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la salvará”. Cristiano que huye sistemáticamente de la cruz, cristiano que no entrará en su corazón. Cada domingo la misa –tengan presente que “la misa es el culmen y la primera fuente de la vida cristiana”– nos recuerda y contacta con el misterio de la cruz. Especialmente cada domingo debemos renovar esta fe, pedir a Cristo la gracia de conocerle de verdad y de cargar la cruz que nos ha tocado y de llevarla con paciencia y aun alegría, sabiendo que es camino para nuestra salvación y también de otros. Todos los días y sobre todo cada domingo pidamos y hagamos el esfuerzo de aceptar dolores, sacrificios, humillaciones, cualquier cruz, sea justa o no, que estemos padeciendo, sobre todo aquella que nos es necesaria para el cumplimiento de nuestras obligaciones y para el bien de nuestros hermanos. Pero no nos limitemos a aceptar las cruces necesarias, ofrezcamos también sacrificios y penitencias voluntarias. Recordemos que el culto al Corazón de Cristo nos lo recuerda siempre con la cruz y nos pide sacrificios de reparación por su amor.

Que María, hecha Madre nuestra y Corredentora al pie de la Cruz, nos alcance esta gracia tan fundamental y necesaria.  



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Jesús el Mesías

P. Adolfo Franco, S.J.

Lucas 9, 18-24

Jesús pregunta a sus apóstoles quién dicen que soy yo. A nosotros también nos la hace ¿de qué me conoces? ¿qué experiencia has tenido de amistad conmigo?



Jesús pregunta a sus discípulos ¿Qué dicen del Mesías? Y ¿qué dicen ustedes?. La fe en el Hijo de Dios era un punto central de la predicación de Jesucristo; a eso fueron dirigidos la mayor parte de los milagros, para que creyeran en El. Tan Importante es esta fe que San Juan llama anticriso al que no reconoce al Hijo de Dios encarnado.

Pero esa pregunta hoy se dirige a nosotros: ¿Quién decimos cada uno que es Jesús?

Y podríamos empezar la respuesta por decirle a Jesús, siguiendo las palabras del Credo: Tú eres Jesucristo, el Hijo de Dios, que naciste de Santa María la Virgen, padeciste bajo el poder de Poncio Pilato, fuiste crucificado, muerto y sepultado, y resucitaste al tercer día… Y Jesucristo nos diría que somos muy aplicados y que conocemos la teología, pero a El no le basta eso.

Podríamos añadir lo que sabemos del Mesías en el Antiguo Testamento, y en todas las profecías que se refieren a El: Tú eres la “prole anunciada ya a Adán, que acabaría con el dominio de la serpiente”, y eres el Gran Profeta de que habló ya Moisés, y eres el Hijo de la Virgen que Isaías da como prueba al rey Acab, y es el Siervo de Yahvé y el Rey anunciado por David, y el que nacería en Belén; y podríamos abrumar a Jesús con nuestra erudición bíblica; Y El nos miraría con simpatía, pero con su silencio nos estaría diciendo que esperaba una respuesta más personal. Y no bastaría para eso recurrir a nuestro conocimiento de los Evangelio, porque, naturalmente, El se los sabe de memoria. Quiere saber algo que nosotros sabemos de El, y El espera escucharlo de nosotros en forma personal.

Entonces podríamos recurrir a nuestro corazón, bajando desde nuestro cerebro, para decirle lo que realmente “sentimos” de El. Podríamos decirle: Tú eres el sentido de nuestra vida. Sin tu existencia mi vida no tiene más que vacío, todo queda descuadrado y todo carece de interés. Por Ti sé para qué existo, de dónde vengo y a donde voy: qué significa el comienzo y qué significa el final de mi existencia; contigo sé qué significa vivir. Tú eres el centro de mi vida.

Y podriámos añadir: Tú eres mi modelo. Sé así lo que es la existencia humana, sé qué es ser hombre de verdad. Mirándote a ti entiendo cómo debe crecer mi vida y cómo debe modelarse: esa es mi tarea construir mi existencia copiando el modelo que tengo en ti. Debo mirar cada uno de tus gestos para tenerlos también; debo escrutar tus sentimientos para hacerlos sentimientos de mi propio corazón. Debo estudiar tus reacciones, ante el sufrimiento, ante la hipocresía, ante la pobreza, ante los que abusan, ante los pequeños, los niños y los enfermos, para reaccionar de la misma forma que Tú. Y no es nada esa tarea para mi vida!!! Pero mientras lo intento lograr te confieso que Tú eres el modelo de mi vida.
Pero necesito seguir respondiéndote: Tú eres la Verdad, esa verdad que todo ser humano quiere tener como centro de su ser, para vivir en la luz y estar fuera de toda oscuridad. Una verdad que se expresa en cada una de tus afirmaciones; de forma de leer con atención tus Bienaventuranzas, tus parábolas y sentir desde el fondo de mi ser: ¡Esta es la única verdad! Y está por encima de todas mis verdades, que si se apartan de esta Verdad, no son más que falsificaciones.

Jesús Tú eres mi Vida; y no solo te lo digo como un gesto de amor, como cuando se dice a una persona muy querida “vida mía”; sino en el sentido más estricto de la palabra: Tú eres mi Vida, porque sin Ti, mi vida no es vida y no vale la pena. Tú mismo lo has dicho que el que come tu carne tiene Vida, y el que no la come no tiene de verdad la Vida. Y es que con tu vida nos enseñas a distinguir lo fundamental de lo accidental, lo eterno de lo pasajero. Tu vida nos marca una ruta, porque además eres Mi Camino. Dar los pasos en tu dirección es justamente vivir, y salirse de esa huella que nos marcan tus pasos es perder vida.


Señor, tu me añades además que para hacer eso tengo que saber perder la Vida, porque así se conserva y se trasmite, de la misma forma que Tú como Mesías entregaste tu vida para que nosotros tuviéramos la vida de verdad.


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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.

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La Iglesia - 5º Parte: El Misterio de la Iglesia

P. Ignacio Garro, S.J.

SEMINARIO ARQUIDIOCESANO DE AREQUIPA



3.3. El  "Misterio de la Iglesia"

El Concilio Vaticano II ha sido el que más ha destacado el aspecto de la Iglesia como "misterio". "Misterio", viene de la palabra griega "musterion" = significa, lo secre­to, lo desconocido. Nosotros tomamos la palabra "misterio" en el sentido de, "designio salvífico" (misterioso y providente) de Dios Padre con relación al destino de todo el género humano en su condición de humanidad pecadora, es decir, la voluntad salvífica universal de Dios Padre con relación a todo el género humano. Así la Constitución dogmática "Lumen Gentium", abre su primer capítu­lo hablándonos sobre el "Misterio de la Iglesia". Es decir, la rea­lidad viva de la Iglesia vista desde lo mas profundo del misterio cristiano, como término de la acción salvífica de Dios que es: "ini­ciativa" del Padre; "realización" en el tiempo por su Hijo Jesucristo; y "consumación" por el Espíritu Santo. Así la Iglesia se nos manifiesta co­mo un misterio en el que se entrecruzan todos los caminos de la his­toria salvífica.

El Concilio Vaticano II en L G, n°2 dice: "El Padre eterno creó el mundo universo por un libérrimo designio de su sabiduría y bondad, decre­tó elevar a los hombres a la participación de la vida divina y, caídos por el pecado, no los abandonó, dispensándoles siempre su ayuda en atención a Cristo Redentor, que es la imagen del Dios invisible, primogénito de toda creatura ... Vino, pues, el Hijo, enviado por el Padre, que nos eligió en El antes de la creación del mundo y nos predestinó a la adopción de hijos, porque en él se complació restaurar todas las cosas... Consumada la obra que el Padre confió al Hijo en la tierra, fue enviado el Espíritu Santo en el día de Pentecostés pa­ra que indeficientemente santificara a la Iglesia, y de esta forma los que creen en Cristo pudieran acercarse al Padre en un mismo Espíritu".

El contenido del "Misterio de la Iglesia" consiste, ante todo, en que "ella es el término de la acción de Dios", radicada en su sabiduría divina y en su eterna bondad. La Iglesia tiene, pues, una esencial dimensión teándrica. El proceso de la historia salvífica arranca del ser de Dios y se encamina por entre las vicisitudes del mundo y del tiempo hasta desembocar en la Iglesia. Y en la Iglesia se realiza el misterio de sabiduría y de bondad de Dios, que es el de introducir ­a los hombres en la familia de Dios. Por eso la Iglesia no nace de abajo a arriba, sino de arriba a abajo. La Iglesia existe de algún modo antes de estar constituida, y no puede entenderse sino como realización histórica de los planes salvíficos de Dios en favor de todos los hombres.
           

3.4. El "Misterio de la Iglesia" en S. Pablo

Toda la teología del miste­rio de Dios, tal como la concibe S. Pablo, es un drama divino que se desarrolla en cinco actos.
  1. El misterio en Dios: El primer acto lo constituye la vida de ­ese misterio en Dios. Se trata de una iniciativa divina, inaccesible a todo entendimiento creado, iniciativa de sabiduría y de bondad de Dios, que quiere comunicar a todos los hombres las riquezas de su gloria. l Cor 2, 7; Rom. 16, 26; Col 1, 27; Ef 1, 1-11. Es el secreto de Dios lleno de Sabiduría, 1 Cor 2,7, y que no conocieron las generaciones pasadas, Efes 3, 5; Col 1, 26.
  2. Realización histórica del misterio: Su dinamismo: La realización histórica de este misterio de Dios se opera en Cristo, Rom 16, 25-27; Col 1, 26; enviado por el Padre para "reconciliar todas las cosas consigo, pacificando por El todas las cosas terrestres y celestes por la sangre de su cruz", Ef 1. 20. Mediante la vida, muerte y  resurrección de Cristo , el misterio entra en la fase de realización, pues en Cristo se cumple el designio salvífico de Dios, Efes 1, 7-9.
  3. La predicación del misterio: En la economía de la salvación, el misterio es comunicado, sobre todo, a testigos privilegiados: los Apóstoles y Profetas del misterio, Efes 3,5; Col 1, 26, los cuales vienen a ser los mediadores del misterio y constituyen, con su predicación, el fundamento de la Iglesia, de la que Cristo es la piedra angular, Efes 1, 22-23; 2, 20-21. Pablo es precisamente el anunciador del misterio a los paganos, Efes 3, 8-9, para lo que ha recibido un profundo conocimiento del mismo. La misión de los Apóstoles es proclamar el contenido del misterio, o lo que es lo mismo, el Evangelio, 1 Tes 1, 8.
  4. La realización efectiva del misterio: La Iglesia es el misterio de Cristo hecho visible a través de los siglos. El plan de salvación no es sólo revelado o proclamado por medio del Evangelio, sino que es también realizado efectivamente en la Iglesia. Como Cristo es el misterio de Dios hecho visible, así la Iglesia es el misterio de Cristo hecho visible en los siglos. En este sentido “misterio” es equivalente a “sacramento”: Cristo es sacramento de Dios; la Iglesia, sacramento de Cristo
  5. La revelación del misterio tiene lugar ahora: “A Aquel que puede consolidaros conforme al Evangelio mío y la predicación de Jesucristo: revelación de un misterio mantenido en secreto durante siglos eternos, pero manifestado al presente, por la Escrituras que lo predicen, por disposición del Dios terno, dado a conocer a todos los gentiles para la obediencia de la fe”,  Rom 16, 25-26.

El y los Apóstoles han recibido la misión de anunciarlo; pero la revelación, que ha tenido en Cristo el culmen de su realización, nos ha sido comunicada, en esta fase histórica, bajo el ropaje de los signos humanos, los cuales, al mismo tiempo que revelan, ocultan la realidad por ellos significada. Sólo en la fase final escatológica llegaremos al cara a cara del misterio de Dios, sin el ropaje de los signos.

Así, el misterio, que es, a su vez, el misterio de Cristo, desemboca en la mística cristológica de la inserción de los fieles en Cristo y que constituye el concepto de Iglesia o de Cuerpo Místico, l Cor 1, 30; Col 2, 9. Así la Iglesia pasa a ser el centro del misterio como expansión del Cristo total.     


3.5. El misterio de la Iglesia en Dios Padre

Es misterio de vida divina, es una "sabiduría escondida" que trasciende las posibilidades cognoscitivas de todo aquel que no sea Dios. Sabiduría eterna: "antes de todos los siglos". Esta idea la repite S. Pablo de diversas maneras; "mantenido en secreto por tiempos eternos", Rom 16, 25; "escondido desde los siglos y generaciones", Col 1, 26; "escondido desde el origen de los siglos en Dios". Ef 3, 9.


3.6. El dinamismo del misterio de Dios manifestado en Cristo

El misterio de Dios es algo dinámico, vital y existencial y tiene como finalidad el beneficio y la felicidad de todos los hombres. Es un plan ideado por Dios, por su sabiduría infinita para gloria del hombre y esto no puede ser algo intrascendente sino definitivo, por eso dice: "lo que ni ojo vio, ni oído oyó, ni el corazón del hombre penetró", l Cor 2, 9. Aquí aparece toda la teología de la predestinación divina: "porque nos ha escogido en El antes de la constitución del mundo... habiéndonos predestinado para ser hijos suyos por medio de Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad, según su benevolencia , Ef 1, 4-10. Y luego en otro pasaje añade: "esta es la riqueza de la gloria del misterio, que los gentiles son coherederos y miembros de un mismo cuerpo y juntamente partícipes de la promesa en Cristo Jesús", Col 1, 27; Ef 3, 2-6. De ahí que S. Pablo nos invite a traducir el misterio de Dios por el misterio de Cristo, o por el misterio que es Cristo: "para que lleguéis al pleno conocimiento del misterio de Dios que es Cristo", Col 2, 2; 1, 27.


3.7. La proyección del misterio de Dios, que es Cristo en la Iglesia

El misterio de Dios en Cristo no se agota en aquella persona individual que realizó la obra de reconciliación con el Padre. Por el contrario, este Cristo se expande maravillosamente en todos aque­llos que, al participar en su vida divina, forman con él un Cristo total: "Nos ha dado a conocer el misterio de su voluntad, conforme a lo que El previamente había determinado en sí, para que se cumpliera en la plenitud de los tiempos: reunir bajo una sola cabeza todas las cosas en Cristo, las del cielo y las de la tierra", Ef 1, 9-10. De esta forma queda la Iglesia propuesta, en la teología paulina del misterio, como el término del misterio de Dios y de la historia de todo el género humano: "Este misterio es grande. Yo lo refiero a Cristo y a su Iglesia", Ef 5, 32. Porque, en efecto, el Misterio de la Iglesia no podrá ya separarse de Cristo y del Misterio de Dios.

Este Misterio de Cristo queda socializado en la Iglesia, como término del plan salvífico de Dios, que se consuma en Cristo. Misterio escondido en Dios, Misterio de Cristo, Misterio de la Iglesia, son expresiones que convergen en una misma realidad: la realidad de la bondad infinita de Dios para salvar a todos los hombres del género humano, haciéndolos sus hijos en el único Hijo de Dios = Cristo.

Por eso, la historia bíblica, que es la revelación progresiva del Misterio de Dios, se encamina a la Iglesia, que es la realidad en el tiempo y en el espacio del Misterio de Cristo. Y así como Cristo es la revelación del misterio del Padre, la Iglesia es la revelación del misterio de Cristo.


3.8. La Iglesia realidad de la fe

En la fe hace el hombre la afirmación del Dios vivo revelado en Cristo. La fe viva es un proceso ra­cional - intelectual, pero a la vez es algo más que eso, precisamente por ser un fe viva, es decir, es una entrega del yo humano a Dios por medio de Cristo, para que el hombre participe de la vida de Dios. La fe es por tanto realización vital, es participación en la vida de Dios Padre concedida por la participación en la vida de Jesucristo, Jn 14, 6. Por eso la fe es imprescindible para creer en la Iglesia y decimos en el Símbolo de nuestra fe (el Credo): "Creo en la Santa Iglesia Católica", por eso la Iglesia es una realidad objeto de nuestra fe. Y es imprescindible y de gran importancia que examinemos que significa creer en la Iglesia.

Podemos decir con una distinción escolástica que Dios es objeto formal de nuestra fe y que la Iglesia es el objeto material de la misma fe. En la fe que tenemos en Dios y a Dios le creemos su revelación sobre el misterio de la Iglesia. En este sentido es objeto de la fe la Iglesia que predica el evangelio y exige creer en él; es un misterio de la fe. Así, cuando el creyente cristiano proclama su fe en la Iglesia proclama su fe en Dios uno y trino que precisamente se manifiesta y ejerce su acción salvífica a través de la Iglesia. Y precisamente ­puesto que Dios, en la prosecución de la historia de la salvación, después de la glorificación ha querido hacerse accesible en el sacramento de su Iglesia mediante el Espíritu de Cristo. Y se refiere también a la Iglesia en cuanto ésta es el Cuerpo del Señor, el sacramento de salvación; por lo tanto signo de garantía de un Dios que se comunica a los hombres. En este sentido la fe en el Misterio de la Iglesia, en cuanto ésta es obra e instrumento del Espíritu se sitúa en una misma perspectiva con nuestra fe en la creación atribuida al Padre y a la encarnación, muerte y resurrección del misterio de Cristo, hecho hombre para salvar a toda la humanidad.


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Agradecemos al P. Ignacio Garro S.J. por su colaboración.

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El Papa: Oración no es magia y no rezamos a un "Dios cósmico" sino a un Padre cercano


VATICANO, 20 Jun. 13 / 04:18 pm (ACI/EWTN Noticias).- La oración no es magia y los cristianos no le rezan a un "Dios cósmico" sino a un Dios cercano, a un Dios que es Padre y no solo padre de uno, sino padre de todos. Lo afirmó esta mañana el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.
En su homilía de esta mañana el Papa explicó: "¿a quién rezo? ¿A Dios Omnipotente? Demasiado lejano. Ah, esto yo no lo siento. Ni siquiera Jesús lo sentía. ¿A quién rezo? ¿Al Dios cósmico? Un poco habitual, en estos días, ¿no?... rezar al Dios cósmico, ¿no? Esta modalidad politeísta que llega con esta cultura ‘light’… ¡Tú debes rezar al Padre! Padre es una palabra fuerte".
"Tú debes rezar al que te ha generado, al que te ha dado la vida. No a todos: a todos es demasiado anónimo. A ti. A mí. Y también al que te acompaña en tu camino: al que conoce toda tu vida. Todo: aquello que es bueno, aquello que no es tan bueno. Conoce todo. Si nosotros no comenzamos la oración con esta palabra, no dicha por los labios, sino dicha de corazón, no podemos rezar ‘en" cristiano’".
El Papa dijo luego que "oración no es una cosa mágica, no se hace magia con la oración".
Alguien, prosiguió, me dice que cuando uno va a ver a un "brujo" éste le dice tantas palabras para curarlo. Pero ese es un "pagano". A nosotros, Jesús nos enseña que "no debemos ir a Él con tantas palabras", porque "Él sabe todo". Y añadió: la primera palabra es "Padre", ésta "es la clave de la oración". "Sin decir, sin sentir esta palabra no se puede rezar":
"Padre precisó el Papa- es una palabra fuerte" pero "abre las puertas". En el momento del sacrificio, dijo el Santo Padre, Isaac se da cuenta de que "algo no iba", porque "faltaba la ovejita", pero se fía de su padre y "su preocupación" la "dejó en el corazón de su padre".
Y añadió: "Padre" es la palabra que ha pensado decir "aquel hijo" que se fue con la herencia "y después quería volver a su casa". Y aquel padre "lo ve llegar y sale corriendo a su encuentro", "se le tira al cuello", "para caer sobre él con amor". "Padre, he pecado": es ésta, reafirmó Francisco, "la clave de toda oración, sentirse amados por un Padre":
"Tenemos un Padre. Cercanísimo, ¡eh!, que nos abraza… Todos estos afanes, todas estas preocupaciones que nosotros podemos tener, dejémoselos al Padre: Él sabe de qué cosa tenemos necesidad. Pero, Padre, ¿qué? ¿Padre mío? No: ¡Padre nuestro! Porque yo no soy hijo único, ninguno de nosotros, y si yo no puedo ser hermano, difícilmente podré llegar a ser hijo de este Padre, porque es un Padre de todos. Mío, seguramente, pero también de los demás, de mis hermanos. Y si yo no estoy en paz con mis hermanos, no puedo decirle ‘Padre’ a Él".
De este modo se explica el hecho de Jesús, después de habernos enseñado el Padrenuestro, subraye que si no perdonamos a los demás, ni siquiera el Padre perdonará nuestras culpas: "es tan difícil perdonar a los demás, es verdaderamente difícil, porque nosotros siempre tenemos ese pesar dentro. Pensemos: ‘Me la hiciste, espera un poco… para volver a darle el favor que me había hecho’":
Para concluir el Pontífice indicó que "no se puede rezar con enemigos en el corazón, con hermanos y enemigos en el corazón: no se puede rezar. Esto es difícil: sí, es difícil, no es fácil. ‘Padre, yo no pudo decir Padre, no me sale’. Es verdad: esto yo lo entiendo. ‘No puedo decir nuestro, porque este me ha hecho esto, y aquello y… ¡no se puede!’ ‘Estos deben ir al infierno, ¿no?, ¡no son de los míos!’. Es verdad, no es fácil. Pero Jesús nos ha prometido al Espíritu Santo: es Él quien nos enseña, desde dentro, del corazón, como decir ‘Padre’ y como decir ‘nuestro’. Pidamos hoy al Espíritu Santo que nos enseñe a decir ‘Padre’ y a decir ‘nuestro’, haciendo la paz con todos nuestros enemigos".

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Tomado de ACIPRENSA.
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Que el Señor nos ayude a acumular tesoros que salven al corazón, exhorta el Papa


VATICANO, 21 Jun. 13 / 10:28 am (ACI/EWTN Noticias).- Pedir a Dios la gracia de un corazón que sepa amar y que no nos deje desviarnos en busca de tesoros inútiles. Es la síntesis de la homilía del Papa Francisco este viernes en la homilía de la Misa que presidió en la Casa Santa Marta.
La caza del único tesoro que se puede llevar consigo en la vida después de la vida es la razón de ser de un cristiano. Es lo que Jesús explica a los discípulos, en el pasaje del Evangelio de hoy, tomado de Mateo: "donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón".
El problema, explicó el Papa Francisco, se encuentra en el no confundir las riquezas. Hay "tesoros peligrosos" que seducen "pero que debemos dejar", aquellos acumulados durante la vida y que la muerte hace inútiles.
El Pontífice constató con ironía: "jamás vi un camión de mudanzas detrás de un cortejo fúnebre, jamás". Pero también existe un tesoro que "podemos llevar con nosotros", un tesoro que nadie puede robar, que no es "aquello que has acumulado para ti", sino "aquello que has dado a los demás":
"Aquel tesoro que hemos dado a los demás, ese tesoro lo llevamos. Y ese será nuestro mérito, entre comillas, ¡pero es nuestro ‘mérito’ de Jesucristo en nosotros! y aquello tenemos que llevarlo. Es aquello que el Señor nos deja portar. El amor, la caridad, el servicio, la paciencia, la bondad, la ternura, esos son tesoros bellísimos: aquellos que llevamos. No los otros ".
Por lo tanto, como dice el Evangelio, "el tesoro que vale a los ojos de Dios es aquel que ya desde la tierra se ha acumulado en el cielo. Pero Jesús", precisó el Santo Padre, "da un paso más: ata el tesoro al ‘corazón’, crea una ‘relación’ entre ambos términos. Esto porque el nuestro "es un corazón inquieto", que el Señor "ha hecho así para buscarlo".
"El Señor nos ha hecho inquietos para buscarlo, para encontrarlo, para crecer. Porque si nuestro tesoro es un tesoro que no está cerca del Señor, que no es del Señor, nuestro corazón se vuelve inquieto por cosas que no valen, por estos tesoros… Tanta gente, también nosotros somos inquietos… Por tener esto, por conseguir aquello al final nuestros corazón se cansa, no se conforma jamás: se cansa, se vuelve flojo, se vuelve un corazón sin amor. El cansancio del corazón".
El Papa cuestionó luego: "pensemos en esto. ¿Qué cosa tengo: un corazón cansado, que sólo quiere acomodarse, con tres-cuatro cosas, una abundante cuenta bancaria, esto, o esto otro? ¿O un corazón inquieto, que cada vez más busca las cosas que no puede tener, las cosas del Señor? Siempre es necesaria esta inquietud del corazón".
Francisco dijo luego que Cristo llama en causa también al "ojo", que es símbolo "de la intención del corazón" y que se refleja sobre el cuerpo: un "corazón que ama" convierte al cuerpo en "luminoso", un "corazón malo" lo hace oscuro.
Del contraste luz-tiniebla, resaltó el Papa, depende "nuestro juicio sobre las cosas", como por lo demás demuestra el hecho que de un "corazón de piedra", "apegado a un tesoro de la tierra" a "un tesoro egoísta" que puede también convertirse un tesoro "del odio" ya que "se originan las guerras…".
La oración final de Francisco fue para que por intercesión de San Luis Gonzaga, a quien la Iglesia recuerda hoy, pidamos "la gracia de un corazón nuevo", un "corazón de carne".
"Que el Señor vuelva humanos todos estos pedazos de corazón que son de piedra, con aquella inquietud, con aquella ansia buena de ir adelante, buscándolo y dejándose buscar por Él. ¡Que el Señor nos cambie el corazón! Y así nos salvará".
"Nos salvará de los tesoros que no pueden ayudarnos a lograr el encuentro con Él, en el servicio a los demás, y también nos dará la luz para conocer y juzgar según el verdadero tesoro: su verdad. Que el Señor nos cambie el corazón para buscar el verdadero tesoro y así convertirnos en personas luminosas y no en personas de las tinieblas", concluyó.
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Tomado de ACIPRENSA.
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El Papa a Nuncios: No cedan a la burguesía y busquen candidatos a obispos que no sean "príncipes"


VATICANO, 21 Jun. 13 / 11:10 am (ACI/EWTN Noticias).- El Papa recibió hoy en audiencia a los representantes pontificios, con ocasión del Año de la Fe, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico, donde advirtió que en esta vida¨nómada¨ existe el peligro, incluso para los hombres de Iglesia, de "ceder al espíritu del mundo, que te hace actuar por la propia realización y no por la gloria de Dios, esa especie de ‘burguesía del espíritu y de la vida’, que incita a acomodarse, a buscar una vida confortable y tranquila¨.
Tras las palabras del Cardenal Tarcisio Bertone, el Santo Padre se dirigió a los nuncios con "simples pensamientos", "palabras no formales sino provenientes de dentro del corazón", sobre algunos aspectos que calificó de existenciales sobre la labor que desempeñan los representantes pontificios.
"Vuestra vida -dijo- es una vida de nómadas. Cada tres, cuatro años cambian de lugar, pasan de un continente a otro, de un país a otro, de una realidad de Iglesia a otra, a menudo muy diferentes; siempre con la maleta en la mano. Y esto implica la mortificación, el sacrificio de despojarse de cosas, de amigos, de relaciones y comenzar siempre desde cero. Esto no es fácil".
Francisco recordó las palabras con las que el 25 de abril de 1951, el entonces sustituto de la Secretaría de Estado, Monseñor Giovanni Battista Montini -luego Pablo VI- describió la figura de los representantes pontificios: "uno que es realmente consciente de llevar a Cristo consigo". Con esto Francisco aclaró que "los bienes, las perspectivas de este mundo terminan por decepcionar, incitan al no estar nunca satisfechos; el Señor es el bien que nunca decepciona".
El Papa dijo que en esta vida "nómada" existe el peligro, incluso para los hombres de Iglesia, de ceder a lo que él denominó reutilizando una expresión del teólogo Henri De Lubac, "mundanidad espiritual". "Ceder al espíritu del mundo, que te hace actuar por la propia realización y no por la gloria de Dios, esa especie de ‘burguesía del espíritu y de la vida’, que incita a acomodarse, a buscar una vida confortable y tranquila".
"¡Somos pastores, y esto no tenemos que olvidarlo nunca! Ustedes, representantes pontificios, son presencia de Cristo, sois presencia sacerdotal, de pastores... ¡Hagan siempre todo con profundo amor! incluso en las relaciones con las autoridades civiles y con los colegas. Busquen siempre el bien, el bien de todos, el bien de la Iglesia y de cada persona".
El Santo Padre se refirió a una de las tareas principales y más delicadas del servicio de los Nuncios, la de llevar a cabo el estudio para los nombramientos episcopales.
"Estén atentos a que los candidatos sean pastores cercanos a la gente, padres y hermanos, que sean amables, pacientes y misericordiosos", dijo el Papa.
Francisco explicó que los candidatos al episcopado deben ser sacerdotes "que amen la pobreza, tanto la interior como libertad para el Señor como la exterior que es sencillez y austeridad de vida, que no tengan una psicología de ‘príncipes’. Estén atentos a que no sean ambiciosos, a que no busquen el episcopado -volentes nolumus- y a que sean esposos de una Iglesia, sin estar constantemente buscando otra".
"Que sean capaces de ‘cuidar’ el rebaño que les fue confiado, de tener cuidado de todo lo que les mantenga unidos; de ‘vigilarlo’, de prestar atención a los peligros que amenazan. Pero por encima de todo que sean capaces de ‘velar’ el rebaño, de cuidar la esperanza, de que haya sol y luz en los corazones, de apoyar con amor y con paciencia los planes que Dios tiene para su pueblo", concluyó.
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Tomado de ACIPRENSA
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Riquezas y preocupaciones sofocan la Palabra de Dios, advierte el Papa


VATICANO, 22 Jun. 13 / 12:23 pm (ACI/EWTN Noticias).- Al celebrar la Misaesta mañana en la Capilla de la Casa Santa Marta, el Papa Francisco advirtió que las riquezas y las preocupaciones del mundo “sofocan la Palabra de Dios”.

Al referirse a la Parábola del Sembrados, el Santo Padre remarcó que “las riquezas y las preocupaciones del mundo - se explica aquí – sofocan la Palabra de Dios y no la dejan crecer. Y la Palabra muere, porque no es custodiada: es sofocada”.

“En aquel caso se sirve a la riqueza o se sirve a la preocupación, pero no se sirve a la Palabra de Dios”.

El Papa señaló que la Parábola también “tiene un sentido temporal”, pues las riquezas y preocupaciones “simplemente nos quitan tiempo”.

Francisco indicó que la vida humana está fundada sobre tres columnas, una en el pasado, una en el presente y otra en el futuro.

La del pasado, dijo, “es aquella de la elección del Señor”, pues cada uno de nosotros puede decir que el Señor “me ha elegido, me ha amado”, y que con el Bautismo “me ha elegido para ir por un camino, el camino cristiano”.

El futuro en cambio, dijo, concierne al “caminar hacia una promesa”, pues el Señor “ha hecho una promesa con nosotros”.

El presente, añadió, “es nuestra respuesta a este Dios tan bueno que me ha elegido”.

Estas tres columnas, “elección, alianza y promesa”, dijo el Papa, son las de “toda la historia de la Salvación”.

“Pero cuando nuestro corazón entra en esto que Jesús nos explica, corta el tiempo: corta el pasado, corta el futuro, y se funde en el presente. A aquel que es apegado a las riquezas, no importa el pasado ni el futuro, tiene todo ahí”.

El Santo Padre advirtió que “la riqueza es un ídolo. No tengo necesidad de un pasado, de una promesa, de una elección: nada. Quien se preocupa de qué cosa puede suceder, corta su relación con el futuro – ‘Pero, ¿puede funcionar todo esto?’ – y el futuro se vuelve futurible, pero no, no te orienta a ninguna promesa: permanece confuso, permanece solo”.

Por eso, dijo el Papa, Jesús nos señala que o se sigue el Reino de Dios o a las riquezas y preocupaciones del mundo.

Con el Bautismo, agregó, “hemos sido elegidos en amor” por Él, tenemos un “Padre que nos ha puesto en camino”.

Francisco dijo que de esa forma “también el futuro es gozoso”, porque “caminamos hacia una promesa”.

El Señor “es fiel, Él no desilusiona” y por tanto también nosotros estamos llamados a hacer “aquello que podemos” sin desilusión, “sin olvidar que tenemos un Padre que en el pasado nos ha elegido”.

Las riquezas y preocupaciones, indicó Francisco, “nos hacen olvidar nuestro pasado”, y nos hacen vivir como si no tuviésemos un Padre, al mismo tiempo que hacer que nuestro presente sea “un presente que no funciona”.

“Olvidar el pasado, no aceptar el presente, desfigurar el futuro: esto es lo que hacen las riquezas y las preocupaciones”.

El Papa recordó que “el Señor nos dice: ‘Pero, ¡tranquilos! Busquen el Reino de Dios y su justicia, todo lo demás se les dará por añadidura’”.

“Pidamos al Señor la gracia de no equivocarnos con las preocupaciones, con la idolatría de la riqueza y recordar siempre que tenemos un Padre, que nos ha elegido; recordar que este Padre nos promete una cosa buena, que es caminar hacia aquella promesa y tener el valor de aceptar el presente como viene. ¡Pidamos esta gracia al Señor!”, concluyó.

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Tomado de ACIPRENSA

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El Papa invita a "perder la vida por Cristo", cumpliendo el propio deber con amor


VATICANO, 23 Jun. 13 / 10:14 am (ACI/EWTN Noticias).- En sus palabras previas al rezo del Ángelus, ante los miles de fieles y peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco exhortó a “‘perder la vida’ por Cristo, cumpliendo el propio deber con amor”.

El Santo Padre señaló que “en el Evangelio de este domingo resuena una de las palabras más incisivas de Jesús: ‘Quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará’”.

“Aquí hay una síntesis del mensaje de Cristo, y está expresada con una paradoja muy eficaz, que nos hace conocer su modo de hablar, casi nos hace sentir su voz”.

El Papa explicó que “perder la vida por causa de Jesús” puede “suceder de dos maneras explícitamente confesando la fe, o implícitamente defendiendo la verdad”.

“Los mártires son el máximo ejemplo del perder la vida por Cristo. En dos mil años son una fila inmensa de hombres y mujeres que han sacrificado su vida por permanecer fieles a Jesucristo y a su Evangelio. Y hoy, en muchas partes del mundo son tantos, tantos, más que en los primeros siglos, tantos mártires que dan su vida por Cristo”.

Francisco remarcó que “esta es nuestra Iglesia, hoy tenemos más mártires que en los primeros siglos. Pero también está el martirio cotidiano, que no comporta la muerte pero que también es un ‘perder la vida’ por Cristo, cumpliendo el propio deber con amor, según la lógica de Jesús, la lógica de la donación, del sacrificio”.

“Pensemos: ¡cuántos papás y mamás cada día ponen en práctica su fe ofreciendo concretamente su propia vida por el bien de la familia! Pensemos en esto. ¡Cuántos sacerdotes, religiosos y religiosas desarrollan con generosidad su servicio por el Reino de Dios! ¡Cuántos jóvenes renuncian a sus propios intereses para dedicarse a los niños, a los minusválidos, a los ancianos…! ¡También estos son mártires, mártires cotidianos, mártires de la cotidianidad!”.

El Santo Padre recordó que “hay tantas personas, cristianos y no cristianos, que “pierden su propia vida’ por la verdad. Y Cristo ha dicho ‘yo soy la verdad’, por tanto, quien sirve a la verdad sirve a Cristo”.

“Una de estas personas, que ha dado su vida por la verdad es Juan el Bautista: precisamente mañana, 24 de junio, es su fiesta grande, la solemnidad de su nacimiento”.

El Papa indicó que “Juan fue elegido por Dios para ir delante de Jesús a preparar su camino, y lo indicó al pueblo de Israel como el Mesías, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Juan se consagró completamente a Dios y a su enviado, Jesús. Pero al final, ¿qué sucedió?, murió por causa de la verdad, cuando denunció el adulterio del rey Herodes y de Herodías”.

“¡Cuántas personas pagan a caro precio el compromiso por la verdad! ¡Cuántos hombres rectos prefieren ir contracorriente, con tal de no renegar la voz de la conciencia, la voz de la verdad!”.

Francisco también pidió a los jóvenes que “no tengan miedo de ir contracorriente”.

“Cuando te quieren robar la esperanza, cuando te proponen estos valores que son valores descompuestos, valores como la comida descompuesta, cuando un alimento está mal nos hace mal. Estos valores nos hacen mal por eso debemos ir contracorriente”.

“Y ustedes jóvenes son los primeros que deben ir contracorriente. Y tener esta dignidad de ir precisamente contracorriente. ¡Adelante, sean valientes y vayan contracorriente! Y estén orgullosos de hacerlo”.

El Papa exhortó a los fieles a recibir “con alegría esta palabra de Jesús. Es una regla de vida propuesta a todos. Y que san Juan Bautista nos ayude a ponerla en práctica”.

“Por este camino nos precede, como siempre, nuestra Madre, María Santísima: ella perdió su vida por Jesús, hasta la Cruz, y la recibió en plenitud, con toda la luz y la belleza de la Resurrección. Que María nos ayude a hacer cada vez más nuestra la lógica del Evangelio”, concluyó.

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Tomado de ACIPRENSA
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