Dios no es abstracto, tiene un nombre: Dios es amor, dice el Papa


VATICANO, 26 May. 13 / 09:42 am (ACI/EWTN Noticias).- En sus palabras previas al rezo del Ángelus, ante los miles de fieles congregados en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco recordó que “Dios no es algo vago, nuestro Dios no es un Dios spray, es concreto, no es abstracto, sino que tiene una nombre: ‘Dios es amor’”.

Este amor, dijo el Santo Padre, “no es un amor sentimental, emocional, sino el amor del Padre, que es la fuente de toda la vida, el amor del Hijo que muere en la cruz y resucita, el amor del Espíritu, que renueva al hombre y al mundo”.

“Pensar que Dios es amor, nos hace bien, porque nos enseña a amar, a entregarnos a los demás como Jesús mismo se dio por nosotros y camina con nosotros. Y Jesús camina con nosotros en el camino de la vida”.

Al celebrarse hoy el Domingo de la Santísima Trinidad, el Papa remarcó que “la Santísima Trinidad no es el producto de razonamientos humanos, es el rostro con el que Dios se ha revelado a sí mismo, no desde lo alto de un trono, sino caminando con la humanidad”.

“Es Jesús quien nos ha revelado al Padre y quien nos ha prometido el Espíritu Santo. Dios ha caminado con su pueblo en la historia del pueblo de Israel y Jesús caminó siempre con nosotros y nos prometió el Espíritu Santo, que es fuego, que nos enseña todo lo que no sabemos, que nos guía en nuestro interior, que nos da buenas ideas y buenas inspiraciones”.

El Papa indicó que “hoy alabamos a Dios, no por un misterio particular, sino por Sí mismo, ‘por su inmensa gloria’, como dice el himno litúrgico. Lo alabamos y le damos las gracias porque Él es Amor, y porque nos llama a entrar en el abrazo de su comunión, que es la vida eterna”.

“Encomendemos nuestra alabanza a las manos de la Virgen María. Ella, la más humilde de las criaturas, gracias a Cristo ya ha alcanzado la meta de la peregrinación en la tierra: ya está en la gloria de la Trinidad. Por esto María, nuestra Madre, la Virgen, resplandece por nosotros como signo seguro de esperanza”.

La Virgen María, señaló el Santo Padre, “es la madre de la esperanza, en nuestro camino, en nuestra vida es la madre de la esperanza, es la madre la que nos consuela también, la madre de la consolación y la madre que nos acompaña en el viaje”.

Francisco también recordó que esta mañana “hice mi primera visita a una parroquia de la diócesis de Roma. Doy gracias al Señor y les pido que oren por mi servicio pastoral a esta Iglesia de Roma, que tiene la misión de presidir en la caridad universal”.


...
FUENTE ACIPRENSA
...

Por encima del dinero y el poder está la dignidad humana, afirma el Papa


VATICANO, 25 May. 13 / 11:08 am (ACI/EWTN Noticias).- Al recibir esta mañana a cerca de quinientos participantes del Encuentro internacional de la Fundación Centesimus Annus Pro Pontífice, el Papa Francisco remarcó que por encima de la lógica del dinero y el poder se encuentra la dignidad humana.

La Fundación Centesimus Annus Pro Pontífice fue creada por el Beato Juan Pablo II hace 20 años, y lleva el nombre de la Encíclica que el entonces Papa publicó con ocasión del centenario de la Rerum Novarum. Este año, el encuentro tuvo como tema “Repensar la solidaridad para el empleo: los desafíos del siglo XXI”.

El Papa Francisco advirtió que “la crisis actual no es sólo económica y financiera, sino que tiene sus raíces en una crisis ética y antropológica”.
“Seguir los ídolos del poder, del provecho, del dinero, por encima del valor de la persona humana, se ha vuelto una norma básica de funcionamiento y el criterio decisivo de la organización”.

El Santo Padre criticó que “se ha olvidado y se sigue olvidando que por encima de la lógica de los negocios, de la lógica y de los parámetros del mercado, está el ser humano y que hay algo que es debido al hombre en cuanto hombre, en virtud de su dignidad profunda: ofrecerle la posibilidad de vivir con dignidad y de participar activamente en el bien común”.

Benedicto XVI nos ha recordado que todas las actividades humanas, incluyendo la económica, precisamente porque es humana, debe ser articulada e institucionalizada de manera ética”, señaló, citando a la EncíclicaCaritas in veritate de su predecesor, “por lo tanto, tenemos que volver a la centralidad del hombre, a una visión más ética de las actividades y de las relaciones humanas, sin el temor de perder algo”.

Francisco remarcó la urgencia de difundir y destacar la actualidad de la Doctrina Social de la Iglesia, “cuyo valor fundamental es la solidaridad”, la cual está “arraigada en el Evangelio, es decir en Cristo”.

El Santo Padre, reflexionando sobre el lema de este año del encuentro de la fundación, señaló que “me parece que ‘repensar’ quiere decir dos cosas: ante todo, conjugar el magisterio con la evolución socio-económica, que, al ser constante y rápida, presenta aspectos cada vez más nuevos, y, en segundo lugar, ‘repensar’ quiere decir profundizar, reflexionar ulteriormente, para hacer emerger toda la fecundidad de un valor -la solidaridad, en este caso- que en profundidad se arraiga en el Evangelio, es decir en Jesucristo, y como tal contiene potencialidades inagotables”.

“La actual crisis económica y social hace aún más urgente este ‘repensar’ y subraya aún más la verdad y actualidad de afirmaciones del magisterio social, como la que leemos en la Laborem exercens: ‘Echando una mirada sobre lafamilia humana entera... no se puede menos de quedar impresionados ante un hecho desconcertante de grandes proporciones, es decir, el hecho de que, mientras por una parte siguen sin utilizarse conspicuos recursos de la naturaleza, existen por otra grupos enteros de desocupados o subocupados y un sinfín de multitudes hambrientas: un hecho que atestigua sin duda el que... hay algo que no funciona’”.

El Papa también expresó su preocupación por la propagación del desempleo y la pobreza en el mundo.

“Es un fenómeno, el del desempleo -de la falta y de la pérdida del trabajo- que se está extendiendo en amplias zonas de Occidente y que está propagando de forma preocupante los límites de la pobreza”.

“Y no hay peor pobreza material -me apremia subrayarlo- que aquella que no permite ganarse el pan y que priva de la dignidad del trabajo”.

Francisco advirtió que “este ‘algo que no funciona’ ya no interesa sólo al sur del mundo, sino a todo el planeta. De ahí la exigencia de ‘repensar la solidaridad’, ya no como simple asistencia a los más pobres, sino como un replanteamiento global de todo el sistema, como búsqueda de maneras de reformarlo y corregirlo de una manera coherente con los derechos humanos fundamentales, de todos los hombres”.

“A esta palabra ‘solidaridad’ no muy bien vista por el mundo económico -como si fuera una mala palabra- hay que volverle a dar su merecida ciudadanía social”.



...
FUENTE:
ACIPRENSA

...

El Papa Francisco a niños de Primera Comunión: Jesús nos da la fuerza para caminar


VATICANO, 26 May. 13 / 09:35 am (ACI/EWTN Noticias).- Esta mañana, al realizar su primera visita pastoral a una parroquia de Roma, la Parroquia de los Santos Isabel y Sacarías, donde presidió la Santa Misa y dio la Primera Comunión a 16 niños, el Papa Francisco remarcó que “Jesús nos da la fuerza para caminar”.

En su homilía, que fue un diálogo con los niños que recibirían su Primera Comunión, el Santo Padre subrayó que “Jesús camina con nosotros, nos ayuda, nos guía. Y también Jesús nos da la fuerza para caminar. Nos sostiene en las dificultades y también en las tareas de la escuela”. Esto último motivó las alegres risas de los niños presentes.

“Esta es la vida cristiana, hablar con el Padre, hablar con el Hijo y hablar con el Espíritu Santo. Jesús nos ha salvado y también camina con nosotros en la vida”.

Francisco les recordó a los niños que “el Padre crea el mundo, Jesús nos salva ¿y el Espíritu Santo qué hace? Nos ama, nos da el amor”.

El Papa les preguntó a los niños “¿cómo nos da la fuerza Jesús?, esto ustedes lo saben”, a lo que ellos respondieron “con la comunión”.

“Con la comunión nos da la fuerza”, indicó el Papa, “Él viene a nosotros. Pero ¿Un pedazo de pan me da tanta fuerza?”.

“No”, respondieron los niños, negando que se trate de un simple pedazo de pan, “es el Cuerpo de Cristo”.

El Santo Padre indicó que “aquello sobre el altar” parece “pan, pero no es propiamente pan, es el Cuerpo de Jesús”.

“Jesús viene a nuestro corazón. Pensemos en esto todos, el Padre nos ha dado la vida, Jesús nos ha dado la salvación, nos acompaña, nos guía, nos sostiene, nos enseña. El Espíritu Santo, nos ama, nos da el amor. Pensemos a Dios así y pidamos a la Virgen, nuestra Madre que viene rápidamente siempre para ayudarnos, que nos enseñe a entender bien cómo es Dios”.

El Papa también les señaló a los chicos que recibirían su Primera Comunión el ejemplo de la Virgen María, que “apenas recibió el anuncio de que sería madre de Jesús y de que su prima Isabel estaba embarazada, fue rápidamente. No esperó, no dijo: ahora yo estoy embarazada, tengo que cuidar mi salud, mi prima tendrá sus amigas que quizás la ayuden”.

“Ella sintió algo y fue rápidamente. Es muy lindo pensar esto de la Virgen, de nuestra madre, que va rápidamente, porque tiene esto dentro: ayudar, va para ayudar no va gloriarse y decir a su prima: escucha, ahora mando yo porque soy la mamá de Dios. No, no hizo eso, fue a ayudar y la Virgen es siempre así, es nuestra madre que siempre viene rápidamente cuando nosotros tenemos necesidad”.

Francisco dijo que “sería bello agregar a las letanías de la Virgen una que diga así: ‘Señora que vienes rápidamente, ora por nosotros’, porque ella va siempre rápidamente, no se olvida de sus hijos”.

“Cuando sus hijos están en la dificultad, tienen necesidades, la invocan, ella rápidamente viene y esto nos da una seguridad de tener la Madre al lado, junto a nosotros siempre. Y se camina mejor en la vida cuando tenemos la madre cerca”.

El Papa pidió que “pensemos en esta gracia de la Virgen de estar cerca de nosotros sin hacerse esperar. Siempre ella está para ayudarnos. Tengamos confianza en esto”.


...
FUENTE: ACIPRENSA
...

La Iglesia


PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro
Miércoles 22 de mayo de 2013




Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En el Credo, inmediatamente después de profesar la fe en el Espíritu Santo, decimos: «Creo en la Iglesia una, santa, católica y apostólica». Existe un vínculo profundo entre estas dos realidades de fe: es el Espíritu Santo, en efecto, quien da la vida a la Iglesia, quien guía sus pasos. Sin la presencia y la acción incesante del Espíritu Santo, la Iglesia no podría vivir y no podría realizar la tarea que Jesús resucitado le confió de ir y hacer discípulos a todos los pueblos (cf. Mt 28, 19). Evangelizar es la misión de la Iglesia, no sólo de algunos, sino la mía, la tuya, nuestra misión. El apóstol Pablo exclamaba: «¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!» (1 Co 9, 16). Cada uno debe ser evangelizador, sobre todo con la vida. Pablo VI subrayaba que «evangelizar... es la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar» (Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 14).

¿Quién es el verdadero motor de la evangelización en nuestra vida y en la Iglesia? Pablo VI escribía con claridad: «Él es quien, hoy igual que en los comienzos de la Iglesia, actúa en cada evangelizador que se deja poseer y conducir por Él, y pone en los labios las palabras que por sí solo no podría hallar, predisponiendo también el alma del que escucha para hacerla abierta y acogedora de la Buena Nueva y del reino anunciado» (ibid., 75). Para evangelizar, entonces, es necesario una vez más abrirse al horizonte del Espíritu de Dios, sin tener miedo de lo que nos pida y dónde nos guíe. ¡Encomendémonos a Él! Él nos hará capaces de vivir y testimoniar nuestra fe, e iluminará el corazón de quien encontremos. Esta fue la experiencia de Pentecostés: los Apóstoles, reunidos con María en el Cenáculo, «vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse» (Hch 2, 3-4). El Espíritu Santo, descendiendo sobre los Apóstoles, les hace salir de la sala en la que estaban encerrados por miedo, los hace salir de sí mismos, y les transforma en anunciadores y testigos de las «grandezas de Dios» (v. 11). Y esta transformación obrada por el Espíritu Santo se refleja en la multitud que acudió al lugar venida «de todos los pueblos que hay bajo el cielo» (v. 5), porque cada uno escuchaba las palabras de los Apóstoles como si fueran pronunciadas en la propia lengua (cf. v. 6).

Aquí tenemos un primer efecto importante de la acción del Espíritu Santo que guía y anima el anuncio del Evangelio: la unidad, la comunión. En Babel, según el relato bíblico, se inició la dispersión de los pueblos y la confusión de las lenguas, fruto del gesto de soberbia y de orgullo del hombre que quería construir, sólo con las propias fuerzas, sin Dios, «una ciudad y una torre que alcance el cielo» (Gn 11, 4). En Pentecostés se superan estas divisiones. Ya no hay más orgullo hacia Dios, ni la cerrazón de unos con otros, sino que está la apertura a Dios, está el salir para anunciar su Palabra: una lengua nueva, la del amor que el Espíritu Santo derrama en los corazones (cf. Rm 5, 5); una lengua que todos pueden comprender y que, acogida, se puede expresar en toda existencia y en toda cultura. La lengua del Espíritu, la lengua del Evangelio es la lengua de la comunión, que invita a superar cerrazones e indiferencias, divisiones y contraposiciones. Deberíamos preguntarnos todos: ¿cómo me dejo guiar por el Espíritu Santo de modo que mi vida y mi testimonio de fe sea de unidad y comunión? ¿Llevo la palabra de reconciliación y de amor que es el Evangelio a los ambientes en los que vivo? A veces parece que se repite hoy lo que sucedió en Babel: divisiones, incapacidad de comprensión, rivalidad, envidias, egoísmo. ¿Qué hago con mi vida? ¿Creo unidad en mi entorno? ¿O divido, con las habladurías, las críticas, las envidias? ¿Qué hago? Pensemos en esto. Llevar el Evangelio es anunciar y vivir nosotros en primer lugar la reconciliación, el perdón, la paz, la unidad y el amor que el Espíritu Santo nos dona. Recordemos las palabras de Jesús: «En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros» (Jn 13, 35).

Un segundo elemento: el día de Pentecostés, Pedro, lleno de Espíritu Santo, poniéndose en pie «con los Once» y «levantando la voz» (Hch 2, 14), anuncia «con franqueza» (v. 29) la buena noticia de Jesús, que dio su vida por nuestra salvación y que Dios resucitó de los muertos. He aquí otro efecto de la acción del Espíritu Santo: la valentía, de anunciar la novedad del Evangelio de Jesús a todos, con franqueza (parresia), en voz alta, en todo tiempo y lugar. Y esto sucede también hoy para la Iglesia y para cada uno de nosotros: del fuego de Pentecostés, de la acción del Espíritu Santo, se irradian siempre nuevas energías de misión, nuevos caminos por los cuales anunciar el mensaje de salvación, nueva valentía para evangelizar. ¡No nos cerremos nunca a esta acción! ¡Vivamos con humildad y valentía el Evangelio! Testimoniemos la novedad, la esperanza, la alegría que el Señor trae a la vida. Sintamos en nosotros «la dulce y confortadora alegría de evangelizar» (Pablo VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 80). Porque evangelizar, anunciar a Jesús, nos da alegría; en cambio, el egoísmo nos trae amargura, tristeza, tira tira de nosotros hacia abajo; evangelizar nos lleva arriba.

Indico solamente un tercer elemento, que, sin embargo, es particularmente importante: una nueva evangelización, una Iglesia que evangeliza debe partir siempre de la oración, de pedir, como los Apóstoles en el Cenáculo, el fuego del Espíritu Santo. Sólo la relación fiel e intensa con Dios permite salir de las propias cerrazones y anunciar con parresia el Evangelio. Sin la oración nuestro obrar se vuelve vacío y nuestro anuncio no tiene alma, ni está animado por el Espíritu.

Queridos amigos, como afirmó Benedicto XVI, hoy la Iglesia «siente sobre todo el viento del Espíritu Santo que nos ayuda, nos muestra el camino justo; y así, con nuevo entusiasmo, me parece, estamos en camino y damos gracias al Señor» (Discurso en la Asamblea general ordinaria del Sínodo de los obispos, 27 de octubre de 2012:L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 4 de noviembre de 2012, p. 2). Renovemos cada día la confianza en la acción del Espíritu Santo, la confianza en que Él actúa en nosotros, Él está dentro de nosotros, nos da el fervor apostólico, nos da la paz, nos da la alegría. Dejémonos guiar por Él, seamos hombres y mujeres de oración, que testimonian con valentía el Evangelio, siendo en nuestro mundo instrumentos de la unidad y de la comunión con Dios. Gracias.


Queridos hermanos y hermanas:

En el Credo, tras la profesión de fe en el Espíritu Santo, decimos: «Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica». Ambas cosas van juntas, pues el Espíritu Santo es quien da vida a la Iglesia y guía sus pasos. Sin él, la Iglesia no podría cumplir su misión de ir y hacer discípulos de todas las naciones. Esta misión no es sólo de algunos, sino la mía, la tuya, la nuestra. Todos deben ser evangelizadores, sobre todo con la propia vida. Para ello es necesario abrirse sin temor a la acción del Espíritu Santo. En Pentecostés, el Espíritu Santo hizo salir de sí mismos a los Apóstoles y los transformó en anunciadores de las grandezas de Dios, que cada uno entendía en su propia lengua. Así, la confusión de las lenguas, como en Babel, queda superada, porque ahora reina la apertura a Dios y a los demás, y lleva al anuncio de la Palabra de Dios con un lenguaje que todos entienden, el lenguaje del amor que el Espíritu derrama en los corazones. El Espíritu, además, infunde la valentía de anunciar la novedad del Evangelio con franqueza (parresía), en voz alta y en todo tiempo y lugar. Y esto, bien apoyados en la oración, sin la cual toda acción queda vacía y el anunciador carece de alma, pues no está animado por el Espíritu.


...

Tomado de:
www.vatican.va

...

La Iglesia - 1º Parte Introducción a la Eclesiología

P. Ignacio Garro, S.J.

SEMINARIO ARQUIDIOCESANO DE AREQUIPA




INTRODUCCIÓN GENERAL


El 8 de diciembre de 1965 finalizaba el Concilio Vaticano II, el papa Paulo VI pronunció la frase: "estamos al despuntar de una hora luminosa en la celebración conciliar, ayer lentamente madurada, ahora esplendorosa, mañana, cierta­mente, providencial en enseñanza, en impulsos, en mejoría para la vi­da de la Iglesia". La Constitución dogmática "Lumen Gentium" sobre la Iglesia fue llamada con acierto la "Carta Magna" del Conc  Vat  II, pues en ella convergían los esfuerzos renovadores sobre la eclesiología y el intento de profundizar en la existencia y el devenir del "Misterio de la Iglesia", llamada a irradiar el "Misterio de Cristo". La Iglesia llamada a ser Luz de los pueblos, anunciando la Bue­na Nueva a todos los hombres del género humano con la claridad de ­Cristo, que a su vez resplandece sobre su faz en cuanto la Iglesia de Cristo.

Es un hecho, pues, evidente que la eclesiología es el centro de pers­pectiva de la teología del Concilio Vaticano II. Primero, porque el misterio de la Iglesia, en su doble dimensión: "ad intra", en su naturaleza; y "ad extra" en su misión, se impuso a fines de la primera sesión ­del Concilio como programa y centro de unidad de trabajo conciliar. Segundo, porque todos los demás temas teológicos han sido tratados, consiguientemente, en esta perspectiva eclesiológica.

Naturalmente que la Iglesia, en este acto de reflexión comunitaria sobre su conciencia eclesial, no pretendió encerrarse en sí misma, sino "confirmarse en los planes divinos sobre ella, para encontrar mayor luz, nueva energía y mejor gozo en el cumplimiento de su pro­pia misión, y determinar los modos más aptos para hacer más cercanos operantes y benéficos sus contactos con la humanidad, a la que ella aunque distinguiéndose por caracteres propios inconfundibles".

La gloria de Dios y la salvación de los hombres son los dos polos de la existencia del misterio de la Iglesia. Basada en ellos la eclesiología del Vaticano II es eminentemente teológica y antropológica. Conocer mejor los designios de Dios sobre sí misma, para así cumplir mejor su misión salvadora entre los hombres, es el fundamento de esta conciencia de la Iglesia, y lo ha hecho trazando una eclesiología basada en Dios y en el hombre, o sea, siendo de verdad teológica, ha podido ser también plenamente antropológica. Esta renovación teológica del Concilio Vaticano II se realizó, no por medio de cambios radicales o con una ruptura con el pasado, sino en un retorno a la Sagrada Escritura y a la Tradición Apostólica.

En este ­espíritu de docilidad a la Palabra de Dios y, por tanto, de retorno a las fuentes de la teología, el Concilio ha redescubierto lo que ­en los santos Padres fue el principio hermenéutico de su pensamien­to teológico, a saber, centrar su reflexión en torno al "Mysterium Christi" en las diversas etapas de su realización en la Historia de la Salvación. En esta dimensión "histórico - salvífica" de la teolo­gía, el "Misterio de la Iglesia de Cristo" no puede menos de pasar ­al centro de la consideración y reflexión teológica. La estructura teológica de la Constitución "Lumen Gentium", sobre la Iglesia y la Constitución "Dei Verbum" sobre la divina revelación ­han desarrollado intencionadamente la dimensión histórico - salvífica de la teología.

Ambas constituciones trazan a grandes rasgos esta "Historia Salutis", que arranca de la bondad eterna de Dios en el ­"revelarse a sí mismo y manifestar el misterio de su voluntad (Ef 1,9); por Cristo, la Palabra hecha carne, y con el Espíritu Santo pueden los hombres llegar hasta el Padre y participar de su naturaleza divina", (Ef 2,18; 2 Petr 1,4).

La historia de la eclesiología reconoce la existencia de dos pun­tos de partida en la estructuración de la doctrina teológica sobre la Iglesia:

  1. Que arranca de la dimensión espiritual e invisible de la Iglesia, para pasar luego a la consideración de sus aspectos sociales y visibles.
  2. Que parte de la consideración de la dimensión social y visible de la Iglesia, considerando en un segundo paso los aspectos espirituales e invisibles. Nosotros vamos a tomar el primer término. Comenzaremos consideran­do la Iglesia como el "Misterio de la Iglesia" que se manifiesta en la acción salvífica de Dios Padre que nos revela su designio de salvación en su Hijo Jesucristo (2 Cor 5, 18-21); y en la efusión activa de su Espíritu Santo, Hech 2, 1, s.s.; porque en Cristo y en su "Ecclesía" que es por la acción del Espíritu Santo: "el misterio escondido desde los siglos y las  generaciones fue manifestado ahora a sus santos", Col 1, 26; Efes 1, 9­-10; Col 2, 3. La realización de este plan de salvación es una "economía" salvífica, Efes 3, 2, precisamente porque se halla vinculada a una serie de intervenciones divinas que se pueden resumir en dos intervenciones particulares:

  • El momento central de esta "econo­mía" es el acontecimiento mismo del Verbo hecho carne, es decir, la encarnación, vida, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, Mt 26, 18; Jn 7, 3; 1 Tim 2, 6.
  • Otro momento es el acontecimiento de Cristo con la efusión de su Espíritu Santo, en cuanto se trata de su manifestación y de su actuación ­salvífica en la "Ecclesia" de Jesucristo o comunidad de salvación de los últimos tiempos, Hech, 2,1.

En esta perspectiva teológica es donde aparece el "Misterio de la Iglesia" unido al "Misterio de Cristo" dentro del plan salvífico del Padre y de aquí se entronca el "Misterio de la Iglesia" como misterio de la vida trinitaria de las tres personas divinas. La teología sistemática ha encontrado una formulación densa de con­tenido: "Cristo, es sacramento de Dios Padre: la Iglesia, sacramen­to de Cristo glorioso en el Espíritu Santo". En esta perspectiva trinitaria el Concilio Vaticano II ha encuadrado la consideración del "Misterio de la Iglesia", destacando así el carácter trinitario concretamente cristocéntrico, pneumato - céntrico y eclesial de toda la economía de la salvación.

Del Padre parte, según la constitu­ción sobre la Iglesia (L.G.) y en El se centra el plan eterno de salvación y, por lo tanto, el origen y la finalidad del misterio de la Iglesia. En su sabiduría y bondad decretó elevar a los hom­bres a la participación de su vida divina, no los abandonó en su estado de naturaleza caída, sino que "los predestinó a ser conformes con la imagen de su Hijo", Rom 8, 29, y a los creyentes determinó convocar en Cristo en la santa Iglesia. La Iglesia entra por ello, en la dimensión ­del tiempo, en una serie de fases progresivas, habiendo sido:

  1. "Pre-figurada" ya desde el origen mismo del mundo
  2. "Preparada" en la historia del pueblo de Dios en el Antiguo Testamento
  3. "Constituída" en los últimos tiempos con el advenimiento de su Hijo Jesucristo
  4. “Manifestada” por la efusión del Espíritu en la fiesta de Pentecostés y en espera de su consumación gloriosa al final de los tiempos.
  5. A la luz de estas consideraciones se comprende la trascendencia que tiene la elección del "Punto de partida" en la eclesiología respecto al estudio sistemático de la Iglesia como sacramento u­niversal del salvación y como continuadora de la obra redentora iniciada ya por Jesucristo. En el estudio de la eclesiología hay que evitar dos peligros:
  • Una interpretación "espiritualista", religiosa, desencarnada de la realidad mistérica que es la Iglesia y que ven en lo "institucional" de la Iglesia un obstáculo para el pleno desarrollo de su personalidad cristiana.
  • Una interpretación "sociológica" de la Iglesia queriendo exaltar unilateralmente su realidad institucional, quedándose ­solamente con el aspecto externo de la Iglesia y rompiendo el equilibrio que debe de haber entre lo carismático y lo institucio­nal. 



...

Agradecemos al P. Ignacio Garro por su colaboración.

... 

Homilía de la Solemnidad de la Santísima Trinidad (C), domingo 26 de mayo del 2013

Un Misterio para orar y gustar

P. José Ramón Martínez Galdeano, S.J.

Lecturas Prov 8,22-31; S 8; Rm 5,1-5; Jn 16,12-15




Celebramos hoy la Solemnidad de la Santísima Trinidad. Dice el Catecismo que “es el misterio central de la fe y de la vida cristiana” (234), un solo Dios y tres personas distintas”. Y tras esta afirmación prosigue el Catecismo: “Es la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la luz que los ilumina. Es la enseñanza más fundamental y esencial en la jerarquía la importancia de las verdades de la fe. La historia de la salvación –o sea la creación, la redención por Jesucristo y la Iglesia hasta el juicio final– no es otra cosa que el camino y los medios por los cuales el Dios verdadero y único se revela, reconcilia consigo a los hombres, apartados por el pecado y se une con ellos”(CIC 234).
Sin embargo es un misterio. Recordemos la visión de San Agustín, una de las mayores inteligencias de la historia, que paseando por la playa, ve a un niño, un ángel en figura de niño, que con un pequeño cubo lo llenaba una y otra vez y derramaba el agua en un pocito, que había abierto en la arena. Agustín le preguntó qué es lo que hacía. Contesta el niño que quiere secar el mar echando su agua en aquel pocito. Pero eso es imposible –responde Agustín. Pues más imposible es que tú te expliques cómo es la Trinidad –fue la respuesta del ángel.
Es un misterio que la inteligencia humana nunca hubiera podido ni atisbar. Sólo pudimos conocerlo (sin podérnoslo explicar) porque Dios nos lo ha querido comunicar; y aun así no podemos alcanzar otra razón de su verdad sino que Dios nos lo ha revelado. Será en el Cielo donde se nos aclarará, cuando veamos  a Dios cara a cara.
El evangelio de hoy recuerda una de las muchas revelaciones de Jesús sobre la Trinidad. Dice a sus discípulos que todavía le quedan maravillas por manifestar; pero son cosas demasiado sorprendentes y grandes para ellos. De todos modos sí les puede decir que el Espíritu de la Verdad les va a guiar hasta la verdad plena. De este Espíritu ha dicho ya Jesús que les será defensor; que estará junto a los discípulos y en ellos; que les enseñará la verdad completa, la que Jesús posee y el Espíritu ha recibido de Él, que les manifestará lo que está por venir. A su vez dice Jesús que todo lo que es del Padre es también suyo, de Jesús, del Hijo.
Sólo con Jesucristo se nos ha revelado este misterio; pero ya en el Antiguo Testamento se nos dieron algunos anticipos. Uno de ellos está en la primera lectura de hoy. El autor canta a la sabiduría de Dios que se muestra en el orden del universo tan maravilloso, tan bello, tan perfecto. Y hablando así de esa sabiduría que tan bien refleja el poder de Dios, se llena de entusiasmo y poesía y la ensalza y piropea como a una persona: “Allí estaba yo –hace hablar a la sabiduría– cuando trazaba la bóveda sobre faz del abismo…Cuando (Dios) asentaba los cimientos de la tierra, Yo estaba junto a Él…yo era su encanto cotidiano…todo el tiempo jugaba en su presencia, jugaba con la bola de la tierra y gozaba con los hijos de los hombres”.
Pero es con Jesucristo que se nos ha manifestado toda la verdad. El texto de la segunda lectura, tomado de la Carta a los Romanos, nos remite de la mano de Pablo al Dios Trino con la mayor naturalidad, porque Dios se nos ha manifestado como uno y trino simultáneamente: un solo Dios, una sola naturaleza divina, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Expresiones semejantes las encontramos en abundancia en el Nuevo Testamento.
Cierto, se trata de un solo y único Dios, pero también del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, que siendo personalidades diferentes entre sí, cada una goza de la posesión de la substancia y naturaleza divina que es común a las tres personas. Sería presuntuoso pretender exponer con claridad el misterio en una homilía de diez minutos.
Estos misterios no son para comprenderlos, sino para vivirlos. Ante ellos lo fundamental y lo primero es creer, luego vivir, experimentar, gozar de la verdad y así ir entrando en la posesión de la riqueza divina. Esa vivencia nos adentra en Dios. El misterio se hace invitación y desafío para dejarnos arrebatar. Lo que viene luego es algo indescriptible, es para los elegidos de Dios. Pidan todos a Dios que les lleve a vivir de ese misterio, aunque no sea más que un poquito, en la tierra.
En la misa la oración colecta se dirige al Padre por mediación del Hijo e inspiración del Espíritu. También en la misa la Iglesia, reunida por el Espíritu, ofrece al Padre el sacrificio de Cristo.
No podemos explicar lo que es la vida, pero vivimos. Nos es imposible explicar con suficiente claridad este misterio. Pero estamos llamados a formar parte de él; incluso con razón podemos decir que ya formamos parte y ciertamente confiamos disfrutar de él en la bienaventuranza. Vivamos al Padre como quien nos ha enviado a su Hijo y como quienes somos sus hijos por haber sido unidos a Él por el bautismo como sarmientos a la vid; y como quienes poseemos y estamos poseídos por el Espíritu Santo para producir fruto, para soportar con Cristo la cruz que junto a Él hemos de cargar.
Vivamos el gozo de la Trinidad. Cada domingo aumentémoslo: más y más hijos del Padre, más y más unidos a Cristo, más y más llenos del Espíritu. A María, nuestra Madre, pedimos que interceda: que el Espíritu venga a nosotros, que la fuerza del Altísimo nos cubra, y que la gracia del Hijo nos llene y haga hijos de Dios.


...

Domingo de la Santísima Trinidad



P. Adolfo Franco, S.J.

Juan 16, 12-15

La Fiesta de la Santísima Trinidad. Dios es luminoso y para nosotros incomprensible.


Esta fiesta de la Santísima Trinidad nos introduce a la consideración del misterio del mismo Dios. Cuánto amor supone de parte de Dios el querer que sus hijos sepamos su secreto más íntimo, para que lo conozcamos cómo es por dentro. Pero entrar en el misterio de Dios es entrar en un océano en el que nos perdemos porque al entrar ahí vemos cuán imperfecto es nuestro pensamiento, nuestro lenguaje, nuestra lógica, todo.

Y sin embargo nuestro Dios amado es toda la verdad, es toda la realidad, es la esencia total de las esencias, desde la cual todo lo existente se hace posible, y desde el cual hay que entender e interpretar todo. Es que normalmente, para poder entender cualquier cosa, nuestro punto de vista somos nosotros mismos; desde nuestras propias experiencias, desde nuestros propios conceptos previamente elaborados entendemos todo lo demás: ése es el mecanismo que hace posible el conocimiento humano. Y al querer entender a Dios desde nosotros, comenzamos por un error esencial en la perspectiva, en el punto de partida, porque en realidad deberíamos hacer lo contrario: procurar entendernos a nosotros mismos desde Dios: El es el punto de vista, es el origen desde el cual se debe entender correctamente lo que hay de verdad, de belleza, de existencia en cualquiera de los seres, y especialmente en el hombre, que fue creado a imagen y semejanza de Dios. Y muchas veces el hombre piensa al revés, y al intentar conocerlo, desde los parámetros humanos, hace a Dios a su imagen y semejanza. Nosotros vemos las huellas de Dios en el mundo (en las maravillas de la naturaleza y especialmente en lo que es el ser humano), y así intentamos imaginar a Dios. Pero en realidad debería ser al revés, sólo podemos entender el mundo y a nosotros mismos viéndonos desde Dios. Esto es una utopía, y por eso al hablar de Dios solo podemos balbucear.

Este es un punto importante, sobre el que deberíamos pensar. Pensamos a Dios a nuestra imagen y semejanza. Incluso cuando tenemos una “buena imagen” de Dios, lo pensamos desde nuestros esquemas de conocimiento. Pero muchas veces tenemos una “pésima imagen” de Dios. Hay quienes se alejan de Dios por la imagen que ellos mismos se han hecho de Dios; porque han puesto en su pobre imagen de Dios, sus propias frustraciones, sus rencores, sus fracasos, sus decepciones; y así imaginan un dios cruel, lejano, indiferente; respecto del cual lo mejor es mantenerse lejos, y sobre todo, mantenerlo lejos de nuestro corazón.

En cambio el misterio de la Santísima Trinidad nos muestra lo insondable, lo deslumbrante, la infinitud de Dios mismo. Nos debe hacer caer en la cuenta que todas nuestras imágenes de Dios, aún las mejores, son inadecuadas: que Dios es más que todo eso, que es más Padre que todo lo imaginable, que es más Luz, que toda luz, que es más bondad, que es más justo, que es más misericordioso, que es más fuerte, que es mas, y mucho más. Nuestros conceptos, por el hecho de hacerlos, ponen un límite a lo que están conceptuando (nombrar algo es delimitarlo), y este Misterio, corazón de todo misterio, se sale de todas las delimitaciones, desborda todos los nombres y todos los adjetivos.

En El tiene todo centro nuestra Religión revelada por Jesucristo. Todo concluye en El, todo se deriva de El: en El tiene todo su origen y su fin. Por eso nosotros somos bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; en la Santísima Trinidad comienza el misterio de la Eucaristía, pues la celebramos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y en la Trinidad concluye también la Eucaristía, y siempre que recibimos una bendición la recibimos también en el nombre de la misma Santísima Trinidad. Dios Debe estar en el principio y en el fin de todo acto religioso, y de todo acto humano, porque de hecho en El estamos sumergidos, en El vivimos; y deberíamos vivir no sólo en El, sino para El; así nuestro ser estaría de verdad centrado, y de lo contrario estaríamos descentrados.

...

Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.

...

Programa 2013 de Celebraciones en Honor al Sagrado Corazón de Jesús - Parroquia de San Pedro Santuario Arquidiocesano del Sagrado Corazón de Jesús



QUINARIO DEL SAGRADO  CORAZÓN DE JESÚS


PROGRAMA


LUNES 3 DE JUNIO

7.30 PM – Misa por el Papa Francisco y sus intenciones

MARTES 4 DE JUNIO
7.30 PM – Misa por los miembros del Apostolado de la Oración en el Perú

MIÉRCOLES 5 DE JUNIO
7.30 PM – Misa por los movimientos y grupos de laicos de la Parroquia

JUEVES 6 DE JUNIO
7.30 PM – Misa por las vocaciones sacerdotales en el Perú

VIERNES 7 DE JUNIO
  8.00 AM – Misa
  8.30 AM – Exposición del Santísimo
12.00  M   – Misa
  6.00 PM – Misa
..6.30 PM – Hora Santa
..7.30 PM – MISA SOLEMNE
                  por los peregrinos al Santuario Arquidiocesano del Sagrado Corazón de Jesús

...

Información proporcionada por el P. Enrique Rodríguez, S.J.

...

Ya no habrá procesión del Sagrado Corazón de Jesús - Carta del Párroco de San Pedro




Parroquia San Pedro – PP. Jesuitas
Santuario del Sagrado Corazón de Jesús
Azángaro    451 – Lima             Tlf. 428-3010




CARTA DEL PÁRROCO DE SAN PEDRO DE LIMA, RESPONSABLE DEL SANTUARIO ARQUIDIOCESANO DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, A LA COMUNIDAD PARROQUIAL Y A LA FELIGRESÍA DE LIMA




Lima, 15 de mayo del 2013






Muy queridos hermanas y hermanos:


Desde el mes de junio de 1948, durante sesenta y cinco años, en la tarde del domingo siguiente a la Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo, dos días después de la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, por iniciativa del entonces párroco, padre Rafael Valdés S.J., la imagen del Sagrado Corazón fue sacada en procesión por las calles del centro de Lima, desde la cuatricentenaria iglesia de San Pedro de Lima, hoy Santuario Arquidiocesano del Sagrado Corazón de Jesús.

El primer recorrido de la procesión recorrió las cuadras 4 y 3 de Jr. Azángaro, 4 y 5 de Jr. Huallaga, cruzando la Avda. Abancay, las cuadras 3 y 4 de Jr. Ayacucho, 5, 4, 3 y 2 de Jr. Miró Quesada, 4 de Jr. Carabaya, para retornar por las cuadras 2 y 3 de Jr. Ucayali. Este recorrido fue modificado a lo largo de los años, llegando la procesión a la Plaza San Martín, Jr. De la Unión y Plaza de Armas.

El paso de la procesión se realizaba entonces por calles con casas habitadas. Las familias vestían los balcones, arrojaban flores y veneraban la imagen con devoción. Había asistencia de autoridades políticas, representantes diplomáticos, comunidades religiosas y multitud de fieles. Los homenajes institucionales se daban en cada cuadra. Han pasado los años, el centro de la ciudad de Lima está despoblado de familias y se ha convertido en área comercial. La procesión transita por un espacio desolado que ha sido reducido de año en año, hasta llegar al límite al convertirse en peatonal el jirón Ucayali, último espacio de salida. El templo de San Pedro ha quedado aislado en medio de la ciudad.

 Aparte las razones llamadas de “ingeniería de tráfico” y la de población urbana, hay otras razones que debo dar a conocer:
- La manipulación de la imagen tallada en madera del Sagrado Corazón a lo largo de los años ha deteriorado su estructura interna; desde hace cinco años los especialistas no recomiendan su desplazamiento del retablo mayor del Santuario.
- La experiencia de la presencia de la procesión en la Plaza de Armas en los últimos años ha tenido inconvenientes de interferencias con actividades deportivas, cívicas, religiosas y militares que han marginado la presencia de la procesión. En algunos casos ha habido evidente, aunque involuntaria, falta de respeto al acto religioso y devocional de la procesión.

Con serenidad y sentido de la realidad no exento de dolor, comunico a la comunidad parroquial, a los grupos parroquiales, a los devotos del Sagrado Corazón de Jesús que cada año han acompañado su imagen, en especial a los miembros del Apostolado de la Oración y a la feligresía en general, que a partir de este año queda suprimida la procesión del Sagrado Corazón de Jesús en la forma que cada año durante sesenta y cinco años ha salido por el centro de la ciudad desde su Santuario Arquidiocesano en la Parroquia de San Pedro.

Las personas mayores miramos con nostalgia cómo muchas formas religiosas van perdiendo sentido. Las generaciones jóvenes tienen formas festivas y devocionales que deben aprender a manifestar. Las generaciones intermedias miran los extremos y muchas veces optan por prescindir de la realidad religiosa. Del encuentro de estas realidades, todas valiosas, tiene que surgir el diálogo constructivo, el aprendizaje. Confío en que el Señor nos inspire formas adecuadas y oportunas de culto al Corazón de Jesús.

La Solemnidad litúrgica del Sagrado Corazón de Jesús este año es el día 7 de junio, primer viernes del mes. Tendremos la preparación para esta fiesta los días lunes 3 a jueves 6 en la misa de 7.30 de la noche. El día 7 quedará expuesto el Santísimo en el templo durante el día. A las 6.30 de la tarde habrá Hora Santa y a las 7.30 será la Misa de la Solemnidad.

Invitamos a las familias católicas, las hermandades, cofradías, grupos parroquiales, familias religiosas y todos los fieles a manifestar ese día con nosotros su fe devota e inquebrantable en Dios Padre, significada y realizada en el amor de Cristo, así como a renovarse especialmente cada día en expresiones en obras de caridad y justicia que la fe conlleva.

Que al aceptar humildemente los signos de los tiempos, abramos nuestras mentes y corazones al impulso del Espíritu del Señor para descubrir nuevas y eficaces formas de expresar el amor del Señor.

Unidos en oración al Obispo de Roma y a su ministerio de la caridad universal, ofrecemos estos momentos por las intenciones encomendadas por él al Apostolado de la Oración para este año 2013.

En la caridad del Corazón de Cristo,


                                              P. José Enrique Rodríguez S.J.
                                              Párroco de San Pedro - Lima



...

PENTECOSTÉS: ¡VEN ESPÍRITU SANTO!


SECUENCIA

Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre; don en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuaga las lágrimas y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado, cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las machas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos; por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.


...


ESPECIAL: NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA


Estamos en mayo, mes dedicado a Nuestra Madre María Santísima, y donde se celebra la Fiesta de Nuestra Señora de Fátima, por ello compartimos nuestras publicaciones dedicadas a su devoción. Acceda a los enlaces AQUÍ.


Homilía del Domingo de Pentecostés, 19 de mayo del 2013

Nuestro Director, el P. José Ramón Martínez Galdeano, S.J. nos comparte su homilía titulada "Envíanos, Señor, tu Espíritu". "Como el alma humana, siendo una y la misma, está y da la vida a todo nuestro cuerpo y a cada uno de los distintos miembros, así el Espíritu Santo viene a morar y a obrar en toda la Iglesia y en cada uno de nosotros". Acceda AQUÍ.

Pentecostés: Fiesta del Espíritu Santo

El P. Adolfo Franco, S.J. nos comparte su reflexión sobre la fiesta de Pentecostés. "El Espíritu Santo nos enseña a mirar con los ojos de Cristo, a vivir la vida como la ha vivido Cristo" Papa Francisco. Acceda AQUÍ.

Jesús de Nazaret - 14º Parte

El P. Ignacio Garro, S.J. nos comparte su última entrega de la serie Jesús de Nazaret, en esta oportunidad dedicada a la fiesta de Pentecostés, próximamente nos ofrecerá una serie dedicada a la Iglesia. Con enlaces a las entregas anteriores, acceda AQUÍ.

Catequesis del Papa

Compartimos los mensajes que el Papa Francisco nos hace llegar a través de su audiencia y sus homilías. Acceda a través de los siguientes enlaces:
Homilía del Papa Francisco en la Solemnidad de Pentecostés, 19 de mayo del 2013
Audiencia del 15 de mayo: El Espíritu Santo
Homilía del Papa Francisco en ocasión de la Canonización de los Mártires de Otranto, la Madre Laura Montoya y la Madre María Guadalipe García Zavala, 12 de mayo del 2013.

El Espíritu Santo


PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro
Miércoles 15 de mayo de 2013




Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!:

Hoy quisiera reflexionar sobre la acción que realiza el Espíritu Santo al guiar a la Iglesia y a cada uno de nosotros a la Verdad. Jesús mismo dice a los discípulos: el Espíritu Santo «os guiará hasta la verdad» (Jn 16, 13), siendo Él mismo «el Espíritu de la Verdad» (cf. Jn 14, 17; 15, 26; 16, 13).
Vivimos en una época en la que se es más bien escéptico respecto a la verdad. Benedicto XVI habló muchas veces de relativismo, es decir, de la tendencia a considerar que no existe nada definitivo y a pensar que la verdad deriva del consenso o de lo que nosotros queremos. Surge la pregunta: ¿existe realmente «la» verdad? ¿Qué es «la» verdad? ¿Podemos conocerla? ¿Podemos encontrarla? Aquí me viene a la mente la pregunta del Procurador romano Poncio Pilato cuando Jesús le revela el sentido profundo de su misión: «¿Qué es la verdad?» (Jn 18, 38). Pilato no logra entender que «la» Verdad está ante él, no logra ver en Jesús el rostro de la verdad, que es el rostro de Dios. Sin embargo, Jesús es precisamente esto: la Verdad, que, en la plenitud de los tiempos, «se hizo carne» (Jn 1, 1.14), vino en medio de nosotros para que la conociéramos. La verdad no se aferra como una cosa, la verdad se encuentra. No es una posesión, es un encuentro con una Persona.

Pero, ¿quién nos hace reconocer que Jesús es «la» Palabra de verdad, el Hijo unigénito de Dios Padre? San Pablo enseña que «nadie puede decir: “¡Jesús es Señor!”, sino por el Espíritu Santo» (1 Co 12, 3). Es precisamente el Espíritu Santo, el don de Cristo Resucitado, quien nos hace reconocer la Verdad. Jesús lo define el «Paráclito», es decir, «aquel que viene a ayudar», que está a nuestro lado para sostenernos en este camino de conocimiento; y, durante la última Cena, Jesús asegura a los discípulos que el Espíritu Santo enseñará todo, recordándoles sus palabras (cf. Jn 14, 26).

¿Cuál es, entonces, la acción del Espíritu Santo en nuestra vida y en la vida de la Iglesia para guiarnos a la verdad? Ante todo, recuerda e imprime en el corazón de los creyentes las palabras que dijo Jesús, y, precisamente a través de tales palabras, la ley de Dios —como habían anunciado los profetas del Antiguo Testamento— se inscribe en nuestro corazón y se convierte en nosotros en principio de valoración en las opciones y de guía en las acciones cotidianas; se convierte en principio de vida. Se realiza así la gran profecía de Ezequiel: «os purificaré de todas vuestras inmundicias e idolatrías, y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo... Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos» (36, 25-27). En efecto, es del interior de nosotros mismos de donde nacen nuestras acciones: es precisamente el corazón lo que debe convertirse a Dios, y el Espíritu Santo lo transforma si nosotros nos abrimos a Él.

El Espíritu Santo, luego, como promete Jesús, nos guía «hasta la verdad plena» (Jn 16, 13); nos guía no sólo al encuentro con Jesús, plenitud de la Verdad, sino que nos guía incluso «dentro» de la Verdad, es decir, nos hace entrar en una comunión cada vez más profunda con Jesús, donándonos la inteligencia de las cosas de Dios. Y esto no lo podemos alcanzar con nuestras fuerzas. Si Dios no nos ilumina interiormente, nuestro ser cristianos será superficial. La Tradición de la Iglesia afirma que el Espíritu de la Verdad actúa en nuestro corazón suscitando el «sentido de la fe» (sensus fidei) a través del cual, como afirma el Concilio Vaticano II, el Pueblo de Dios, bajo la guía del Magisterio, se adhiere indefectiblemente a la fe transmitida, la profundiza con recto juicio y la aplica más plenamente en la vida (cf. Const. dogm. Lumen gentium, 12). Preguntémonos: ¿estoy abierto a la acción del Espíritu Santo, le pido que me dé luz, me haga más sensible a las cosas de Dios? Esta es una oración que debemos hacer todos los días: «Espíritu Santo haz que mi corazón se abra a la Palabra de Dios, que mi corazón se abra al bien, que mi corazón se abra a la belleza de Dios todos los días». Quisiera hacer una pregunta a todos: ¿cuántos de vosotros rezan todos los días al Espíritu Santo? Serán pocos, pero nosotros debemos satisfacer este deseo de Jesús y rezar todos los días al Espíritu Santo, para que nos abra el corazón hacia Jesús.

Pensemos en María, que «conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón» (Lc 2, 19.51). La acogida de las palabras y de las verdades de la fe, para que se conviertan en vida, se realiza y crece bajo la acción del Espíritu Santo. En este sentido es necesario aprender de María, revivir su «sí», su disponibilidad total a recibir al Hijo de Dios en su vida, que quedó transformada desde ese momento. A través del Espíritu Santo, el Padre y el Hijo habitan junto a nosotros: nosotros vivimos en Dios y de Dios. Pero, nuestra vida ¿está verdaderamente animada por Dios? ¿Cuántas cosas antepongo a Dios?

Queridos hermanos y hermanas, necesitamos dejarnos inundar por la luz del Espíritu Santo, para que Él nos introduzca en la Verdad de Dios, que es el único Señor de nuestra vida. En este Año de la fe preguntémonos si hemos dado concretamente algún paso para conocer más a Cristo y las verdades de la fe, leyendo y meditando la Sagrada Escritura, estudiando el Catecismo, acercándonos con constancia a los Sacramentos. Preguntémonos al mismo tiempo qué pasos estamos dando para que la fe oriente toda nuestra existencia. No se es cristiano a «tiempo parcial», sólo en algunos momentos, en algunas circunstancias, en algunas opciones. No se puede ser cristianos de este modo, se es cristiano en todo momento. ¡Totalmente! La verdad de Cristo, que el Espíritu Santo nos enseña y nos dona, atañe para siempre y totalmente nuestra vida cotidiana. Invoquémosle con más frecuencia para que nos guíe por el camino de los discípulos de Cristo. Invoquémosle todos los días. Os hago esta propuesta: invoquemos todos los días al Espíritu Santo, así el Espíritu Santo nos acercará a Jesucristo.

...



Queridos hermanos y hermanas:

Hoy, cercana ya de la fiesta de Pentecostés, deseo hablar del Espíritu Santo que guía a la Iglesia, y a cada uno de nosotros, a la Verdad plena. En nuestros días, marcados por el relativismo, es necesario preguntarnos como Pilato: “¿Qué es ‘la’ Verdad?”. La Verdad con mayúsculas no es una idea que nosotros nos hacemos o consensuamos, sino una persona con la que nos encontramos. Cristo es la Verdad, que se ha hecho carne. Y el Espíritu Santo hace posible que lo reconozcamos y lo confesemos como Señor.

El Espíritu Santo nos recuerda las palabras de Jesús y las imprime en nuestros corazones. Él es la ley inscrita en nuestro interior, donde tomamos las decisiones. El Espíritu Santo, además, nos lleva a la inteligencia de la Verdad completa. Él es quien suscita el sentido de la fe en los creyentes creando una comunión, cada vez más profunda, con Cristo. Mediante el Espíritu Santo, el Padre y el Hijo hacen morada en nosotros.
En este Año de la fe, invoquemos especialmente la asistencia del Espíritu Santo, para que nos guíe y nos sostenga en el camino del discipulado.



...

Tomado de:
www.vatican.va

...