Homilía del 17º Domingo TO (B), 29 de Julio del 2012

Sacramento de nuestra fe


P. José Ramón Martínez Galdeano, S.J.


Lecturas: 2Re 4,42-44; S 144; Ef 4,1-6; Jn 6,1-15





San Marcos precisa con exactitud que este milagro de multiplicación de los panes tiene lugar al regreso de la prueba de entrenamiento apostólico. El domingo pasado vimos las instrucciones dadas por Jesús. El milagro de la multiplicación de los panes y los peces lo narran los cuatro evangelistas; incluso Juan, que tiene como norma no tocar lo que ya está consignado por alguno de los sinópticos. Sin embargo esta vez lo narra amplia y detalladamente, como hemos podido apreciar en el texto leído. Juan lo hace porque inmediatamente narrará la promesa de la Eucaristía al día siguiente en la sinagoga de Cafarnaúm con una discusión fuertísima, en la que gran parte de los oyentes se niegan a creer, dudan algunos de los mismos discípulos y San Pedro interviene de forma decisiva. Para Juan éste es un momento clave de Pedro, como para los sinópticos lo es el de la promesa del primado.
Todo esto, así como la narración de la institución de la Eucaristía por los tres sinópticos y por San Pablo (1Cor 11), la dimensión eucarística de las apariciones de Cristo resucitado, como ya comentamos, la conducta de la Iglesia desde Pentecostés que crece con la lectura e instrucción de la palabra, la oración, la eucaristía o fracción del pan y la comunicación de bienes, es, entre otras, señal del valor esencial que tiene la Eucaristía en la Iglesia de Jesucristo. Donde no hay Eucaristía, no hay Iglesia de Jesús. Cuando Jesucristo instituye la Eucaristía en la última cena con sus discípulos, concluye la consagración del pan y del vino con este mandato: “Hagan esto en memoria mía” (Lc 22,19; 1Cor 11,23.25).
También en el Antiguo Testamento hay símbolos de la Eucaristía. La primera lectura de hoy da cuenta de uno. Pero el más grabado en las mentes de aquel Pueblo Elegido es el maná diario. Y con razón; 40 años haciendo llover diariamente el alimento para toda una enorme multitud, es algo que solo Dios puede hacer. Gracias al maná aquel pueblo pudo caminar y atravesar el desierto durante cuarenta años.
A nosotros nos da en lugar del maná la Eucaristía: su cuerpo y su sangre.  Lo dirá Cristo al día siguiente en la sinagoga de Cafarnaúm, explicando el milagro del día anterior: “Éste es el pan que baja del cielo para que lo coman y no mueran. Yo soy el pan vivo bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne para la vida del mundo” (Jn 6,50-51).La vida de que habla es la de la gracia. La recibimos en el bautismo. Ya hablamos mucho de ella. Su mantenimiento y fortalecimiento se realizan, pues, en la Eucaristía.
Enseña el Concilio Vaticano II que la Eucaristía es el punto culminante del culto que la Iglesia da a Dios y es el origen de toda gracia que la misma Iglesia pueda comunicar. ¿Cómo es esto así?
Cristo mismo instituyó la Eucaristía en la Última Cena. “Habiendo amado a los suyos –dice Juan– los amó hasta el fin” (Jn 13,1); con el mismo amor con que se entregaba por nosotros, entregaba su vida por todos los hombres para el perdón de los pecados. Tomad y comed; tomad y bebed. No me olviden. Sigan haciendo esto, para que mi  recuerdo y mi presencia no desaparezcan de ustedes.
El punto culminante de la obra de Cristo es su muerte para el perdón de los pecados de la humanidad. La muerte de Cristo digamos que, como la ola, va bañando toda la playa hasta el último grano de arena. Así la eficacia perdonadora de esa gracia va alcanzando, a medida que avanza la historia, hasta el último hombre que exista. Esa obra de misericordia, que solo puede ser obra de Dios y que alcanza a todo hombre, es simbolizada y realizada en el sacrificio de la Eucaristía, en la Misa. Es simbolizada por la entrega representada en los alimentos del pan y el vino que se entregan a quien los recibe para que su desaparición se transforme en la vida del viviente y la haga crecer; es simbolizada también en la doble transformación del pan en el cuerpo y del vino en la sangre, lo que nos recuerda la muerte en la cruz por nuestros pecados.
Pero, como todo sacramento, la Eucaristía no se limita a ser un símbolo recordatorio, pero sin vida y cuya acción no es sino la que ponga la persona viva que lo experimenta. Los sacramentos (y la Eucaristía) obran y actúan ellos en la persona a quien alcanzan. Porque el sacramento hace lo que simboliza. Por eso la Eucaristía, símbolo de la muerte de Cristo, culmen, resumen de toda su obra redentora, su punto culminante y fuente de toda gracia, tiene su efecto, que es lógicamente el punto culminante y el origen de toda gracia. No hay cosa más grande que pueda ofrecerse a Dios y de ella viene a la Iglesia toda gracia.
Pero además toda la existencia y obra de Cristo desde su Encarnación, pasando por su predicación y sus milagros, su pasión y muerte, resurrección y ascensión, constitución y obra de la Iglesia, cobran sentido, vida y eficacia del misterio de Cristo, cuyo punto culminante es su muerte y resurrección.
Tras la consagración el sacerdote nos recordará: “Éste es el Sacramento de nuestra fe”. Ustedes responderán: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!”. Nos referimos al último día de la historia, que no debemos temer los que hemos creído en Él; pero no excluimos el hoy de nuestra historia diaria. Ya explicamos cómo Jesús resucitado sigue acompañando nuestros pasos. Ese “¡ven, Señor Jesús!” que nos sea cada domingo una inyección de entusiasmo cristiano, también de alegría por la fe y de coraje olímpico para llevarla a todos los rincones de nuestro propio yo, de nuestra familia, de nuestro querido Perú, del mundo que no tiene otro sentido que Cristo. Porque: “Señor, ¿a quién íbamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68).




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La multiplicación de los panes, reflexión por Fiestas Patrias

P. Adolfo Franco, S.J.



Juan 6, 1-15


Tenemos narrado en estos versículos del Evangelio de San Juan el milagro de la multiplicación de los panes y de los peces. Y hay dos cosas que podríamos resaltar: el interés de Jesús por los problemas de la gente, por el problema del hambre, y su huida al monte El sólo cuando pretenden hacerlo rey.

El no quiere sacar provecho de la situación, y en particular no quiere sacar provecho político, porque El únicamente ha respondido a la necesidad de sus seguidores y sólo porque es una necesidad humana, y no está pensando en absoluto en el prestigio que puede sacar. Jesús no hace el bien para buscar prestigio personal; en ninguna situación Jesús buscará el beneficio propio.

Estas dos cosas que resalta el Evangelio de hoy, el interés sincero por preocuparse de los problemas humanos, y su rechazo al poder y al oportunismo, tienen mucho que decirnos en la actualidad, como lecciones de vida y como orientación a los que detentan el poder.

Estamos celebrando en estos días las Fiestas Patrias, y esta lección del Evangelio de este domingo nos viene muy a propósito. ¿Cuál es la razón por la que nos preocupamos por los demás? Jesucristo no quiso sacar provecho de la situación. El es muy diferente de algunos personajes que buscan obtener una porción del poder político, y por eso nos dicen que se van a preocupar de los niños, o de los ancianitos, o de las carreteras, que van a construir un coliseo, si es que les conceden sus votos. Si estos aspirantes a políticos hubieran estado en la multiplicación de los panes, hubieran querido que los cargaran en hombros y que los hicieran rey. El simple desinterés de hacer el bien porque el otro es un hermano necesitado no produce beneficios políticos, eso sólo lo hacen los buenos, los que aceptan seguir siendo “ingenuos”.

Pero sigamos con nuestra meditación sobre esta multiplicación de los panes, como lección de comportamiento. Jesucristo ¿pidió un porcentaje de cada uno de los panes repartidos? Realmente es una pregunta tonta y fuera de lugar. Jesús no tenía mucha idea de lo que es el “reino de este mundo”. Totalmente legítimo (dicen los inescrupulosos) que si uno hace un bien, si se logra un buen contrato derivado de los buenos oficios que yo interpongo, merezco ganarme un porcentaje suculento. Si no, no se puede vivir.

De la misma forma a alguno se le podría ocurrir que si hubiera ocurrido este hecho en los tiempos actuales, habría pelea por conseguir que Jesús pidiera los panes de una panadería o de la otra; los apóstoles habrían estado recibiendo ofertas, para que aceptasen las panes que yo les ofrezco, con tal de que después me asegurasen una buena propaganda. El estar cerca de los poderosos, para conseguir contratos, esto es parte de la llamada estrategia de una buena empresa, aunque para ganar esos contratos se tenga que recurrir a artimañas (o sea a malas mañas).

Otra cosa que observamos en este milagro es que Jesús no quiere hacerlo todo, hay un reparto de responsabilidades: uno es el que tiene los panes (un muchacho), otro es el que informa a Jesús, Jesús es el que hace la bendición milagrosa sobre estos panes y peces, los apóstoles son los que reparten el pan. Jesús no pretende acaparar el poder, lo importante es que la gente tenga que comer, y no importa si esto se lo pueden atribuir a El o a todos los demás que intervienen. Un “astuto político” habría repartido personalmente los panes, y hubiera “aprovechado” el hambre de la gente para sacar dividendos políticos.

Además Dios siempre quiere la colaboración del hombre. El podría hacerlo todo, pero no quiere hacer nada sin la participación de nosotros los hombres. El nos ayuda, pero no nos exime de nuestra responsabilidad y exige que pongamos lo que está de nuestra parte.

Cuántas lecciones nos da el Señor en este milagro, y que oportunas, para una reflexión en estos días de Fiestas Patrias. Que tengamos siempre una vida cristiana digna, para que podarnos decirnos: Feliz 28.

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Agradecemos al P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.
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Vida después de la muerte - 2º Parte


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El cuerpo y el alma

P. Ignacio Garro, S.J.
Seminario Arquidiocesano de Arequipa



Lo primero que decimos es que la persona humana es un ser misterioso y está compuesto por un elemento material, el cuerpo, y otro espiritual, el alma. 

El cuerpo solo no es persona humana; el alma sola tampoco es persona humana. Para que exista la persona humana, es preciso que el cuerpo y el alma se unan sustancialmente, formando un solo ser humano, único e irrepetible. 

Por lo tanto para que exista el ser humano, esto es, la persona humana, es preciso que el cuerpo y el alma se unan sustancialmente, vitalmente, formando un solo ser. La separación del alma del cuerpo constituye la muerte de éste que se convierte en cadáver. El alma separada del cuerpo sigue viviendo, porque, sigue siendo "espíritu", no depende de la materia a la que estaba informando, sino que tiene vida propia (aunque tiende intrínsecamente a reunirse nuevamente con su cuerpo respectivo en la resurrección de éste).

La existencia del cuerpo humano no necesita demostración. Todos tenemos conciencia de que tenemos un cuerpo dotado de cinco sentidos y nadie puede dudar de ello. Lo que vemos por nuestros propios ojos es evidente sin necesidad de ninguna demostración.

El alma, en cambio, no la vemos, pero su existencia es tanto o más cierta que la del propio cuerpo. La mera existencia del alma es una verdad inconcusa, de evidencia absoluta para todo el que sepa discurrir un poco. Ante la propia conciencia aparece la existencia del alma con mayor certeza todavía que la de nuestro mismo cuerpo y la existencia de las cosas materiales que nos rodean. En absoluto sería posible que el cuerpo humano y las cosas externas fueran simples ilusiones del alma, pero es imposible que la existencia del alma sea una fantasía de nuestra propia imaginación.

En efecto, es un hecho de evidencia primaria e inmediata que pensamos, esto es, que tenemos ideas universales, que prescinden en absoluto del tiempo y del espacio. Tenemos por ejemplo, las ideas universales de bondad, verdad, belleza, amor, justicia, honradez, gratitud, etc, que nada tienen que ver con la materia. No son ni grandes ni pequeñas, cuadradas o redondas, azules o amarillas, dulces ni amargas. No la hemos visto con los ojos, ni oído con lo oídos, ni tocado con las manos. No transcurren ni desaparecen como las flores, los animales o los hombres. Son cosas permanentes, universales, que no dependen de la materia ni pueden proceder de ella, puesto que la rebasan infinitamente. Luego hay en nosotros un principio de donde proceden tales pensamientos que de ninguna manera  puede ser el cuerpo, el cerebro o cualquier otra cosa material, puesto que lo más no puede salir de lo menos, ni el espíritu de la materia. Luego ese principio es espiritual, distinto completamente del cuerpo e inmensamente superior a él, puesto que es capaz de producir aquellos pensamientos que trascienden infinitamente el mundo de lo material y corpóreo. Ahora bien este principio espiritual del que proceden  nuestros propios pensamientos es, cabalmente, lo que designamos con el nombre de alma humana. La existencia del alma no puede negarse a menos de haber perdido por completo el simple sentido común.

Antes de hablar de la escatología individual, vamos a considerar algunos presupuestos estrictamente filosóficos sobre el alma y el más allá. Estos presupuestos son:
  • Qué es el alma 
  • El alma y el cuerpo
  • La inmortalidad del alma
  • La condición del alma como separada del cuerpo en el más allá


A. Qué es el alma


Según Sto. Tomás: “Decimos alma al primer principio de vida en los seres que viven en este mundo. Así llamamos animados a los seres vivos, y a los que carecen de vida les llamamos inanimados”. 1, 75, 1.

El alma es lo primero en virtud de los cual nos nutrimos, sentimos, nos movemos localmente y también es lo primero de lo cual entendemos. 1, 76, 1.     


1. El alma en cuanto al ser

a.- Es incorpórea y subsistente. El principio de la operación intelectual, al que llamamos alma del hombre, es un principio incorpóreo y subsistente (...). El principio de intelección, llamado mente o entendimiento, tiene una operación propia en la cual no participa el cuerpo. Ahora bien, este modo de actividad es propio de una realidad subsistente, pues el obrar supone al ser en acto. De ahí que cada cosa obre según es (...). Luego el alma humana, llamada entendimiento o mente, es un ser incorpóreo y subsistente. 1, 75, 2.

Para la actividad del entendimiento se precisa del cuerpo, no como de un órgano por el cual se  realice, sino por razón del objeto, cuya representación en la imagen es para el entendimiento lo  que el color para la vista. Pero este modo de necesitar el cuerpo no se opone a que el entendimiento sea subsistente. De lo contrario, tampoco sería subsistente el animal, pues para sentir se necesita de los objetos sensibles exteriores. 1, 75, 2, ad 2. 

b.- El alma es incorruptible. Lo que compete a un ente por esencia es inseparable de él. Ahora bien, al ser le compete por esencia a la forma, que es acto. La materia adquiere al ser por el hecho de adquirir la forma; y así mismo se destruye al separarse de ella. En cambio, es imposible que una forma se separe de sí misma. Por tanto, es imposible que la forma subsistente deje de ser.

Y aún en el caso de que, como afirman algunos, el alma estuviese compuesta de materia y forma, sería necesario afirmar que es incorruptible. En efecto, donde no hay contrariedad no hay tampoco corrupción (...). Ahora bien, en el alma intelectiva no puede haber contrariedad alguna, ya que recibe según su modo de ser y las cosas recibidas en ella están exentas de contrariedad, porque incluso las razones de los contrarios en el entendimiento no son contrarios, sino que hay una sola ciencia de los contrarios. Por lo tanto, el alma es incorruptible.

Una muestra de esto puede ser el hecho de que todas las cosas desean naturalmente ser del modo que son. Ahora bien, el deseo de los seres cognoscitivos proviene de un conocimiento, y los sentidos no conocen más que lo actualmente existente y presente mientras que el entendimiento conoce la existencia en absoluto y abstrayendo el tiempo. Por eso, todo el que posee entendimiento desea naturalmente existir siempre. Pero no puede haber un deseo natural que sea inútil. Luego toda sustancia intelectual es incorruptible. 1, 75, 6.

c.- Sólo hay un alma en cada hombre. Partiendo del principio de que el alma se une al cuerpo como forma (sustancial), parece imposible que en un mismo cuerpo haya muchas almas esencialmente distintas (...). En primer lugar, porque el ser, animado por muchas almas, no sería esencialmente uno. Nada es esencialmente uno sino en virtud de la forma única por la que tiene el ser, puesto que del mismo modo se tiene el ser que la unidad. Si, pues, el hombre, en virtud de una forma, el alma vegetativa, tuviese el vivir; y por otra, el alma sensitiva, tuviera el ser animal y por el alma racional, el ser del hombre, no sería esencialmente uno (...).

Esto también se demuestra por el hecho de que, cuando una operación del alma es intensa, estorba a otra. Lo cual ocurriría si el principio de las operaciones no fuese esencialmente uno.

Hemos, pues, de concluir que el alma sensitiva, la intelectiva y la vegetativa son en el hombre la misma numéricamente (...) El alma intelectiva contiene virtualmente cuanto hay en el alma sensitiva de los irracionales y en la vegetativa las plantas. 1, 76, 3.


2. En cuanto al obrar

a.- Necesita potencias. El alma es acto por esencia. Si, pues, la esencia misma del alma fuese el principio inmediato de su operación, todo el que tiene alma, estaría siempre realizando operaciones vitales, del mismo modo que siempre está viviendo. No es, por tanto, el alma en cuanto forma, un acto ordenado a otro ulterior, sino que es el último término de la generación. De ahí que al estar en potencia respecto de otro acto, no le compete según su esencia, en cuanto forma, sinos según su potencia. 1, 77, 1.

Los seres inferiores al hombre consiguen ciertos bienes particulares, y así tienen unas pocas y determinadas operaciones y potencias. El hombre, en cambio, puede conseguir la bondad perfecta y universal, pues puede alcanzar la bienaventuranza. Ocupa, sin embargo, el último grado por su naturaleza, entre los seres a quienes compete la bienaventuranza. Por eso el alma humana necesita de muchas y diversas operaciones y potencias. 1, 77, 3.



B. El alma y el cuerpo


1. El alma, es la forma substancial del cuerpo

El alma, que es el primer principio de la vida, no es cuerpo, sino lo que actúa al cuerpo, como el calor, que es el principio del calentarse, no es cuerpo, sino lo que actúa en el cuerpo. 1, 75, 1.

Lo primero en virtud de lo cual actúa un ser es la forma del ser al cual se atribuye la operación. La razón de esto es porque ningún ser obra sino en cuanto está en acto. De ahí que obre en virtud de aquello que le pone en  acto. Ahora bien, es indudable que lo primero que hace que el cuerpo viva es el alma. Y como en los diversos grados de los seres vivientes la vida se manifiesta por distintas operaciones, lo primero en virtud de lo cual ejecutamos cada una de estas operaciones vitales es el alma. Y, efectivamente, el alma es lo primero en virtud de lo cual nos nutrimos, sentimos, nos movemos localmente; y también es lo primero por lo cual entendemos. Por tanto, este principio, en virtud de lo cual primeramente entendemos, llámese entendimiento o alma intelectiva, es la forma del cuerpo. 1, 76, 1.


 2. Tendencia natural a la unión con el cuerpo

El estar unida al cuerpo le compete esencialmente al alma, como le corresponde esencialmente al cuerpo leve estar elevado. Y así como el cuerpo leve continúa siendo cuando se le aparta de su lugar propio, conservando la aptitud e inclinación a volver a ocuparlo, así también el alma humana permanece en su ser cuando está separada del cuerpo, conservando su aptitud e inclinación natural a unirse a él. 1, 76, ad 6.

La unión con el cuerpo no es para el alma algo accidental, sino que se une al cuerpo por exigencia de su propia naturaleza (...). Conforme a su modo de ser, cuando está unida al cuerpo, le corresponde al alma un modo de entender que consiste en referirse a las imágenes de los cuerpos que se hallan en los órganos corporales. En cambio, en cuanto está separada del cuerpo, le compete un modo de entender semejante al de las sustancias separadas: se dirige hacia los objetos puramente inteligibles. De ahí que el modo de entender por medio de imágenes es natural al alma, como o es su unión con el cuerpo. En cambio, estar separada del cuerpo y entender sin recurrir a las imágenes es algo que está fuera de su naturaleza. Por eso se une al cuerpo para ser conforme a su naturaleza. 1, 89, 1.


3. Está toda en todo el cuerpo y en cada parte

Al estar unida al cuerpo en calidad de forma, es necesario que esté toda en todo el cuerpo y toda en cada una de las partes. En efecto, no es forma accidental del cuerpo, sino sustancial. Y la forma sustancial no es solamente perfección del todo, sino de cada una de las partes (...). Al todo se ordena necesaria y esencialmente como a su sujeto perfectible propio y proporcionado. A las partas, secundariamente, en cuanto que están ordenadas al todo. 1, 76, 8.


4. Dominio del alma sobre el cuerpo

Se dice que el alma domina al cuerpo con imperio despótico, pues los miembros corporales en nada pueden oponerse al mandato del alma, sino que, conforme a su deseo, inmediatamente se mueven el pie, la mano o cualquier otro miembro capaz de movimiento voluntario. En cambio, el entendimiento, o razón, se dice que impera el apetito concupiscible e irascible con el imperio político, porque el apetito sensitivo tiene una cierta autonomía que le permite resistir al mandato de la razón. Pues el apetito sensitivo no sólo puede ser movido por la estimativa en los animales y por la cogitativa en el hombre, dirigida ésta por la razón universal, sino también por la imaginación y los sentidos. De ahí que experimentemos la resistencia que el apetito concupiscible e irascible oponen a la razón, al sentir o imaginar algo deleitable que la razón prohibe o algo triste que la razón ordena. Y así, la resistencia que el irascible y el concupiscible oponen a la razón no excluye el que le obedezcan. 1. 81, 3 ad 2.


5. A mejor disposición del cuerpo mejor actúa el alma

Puede uno entender la misma cosa mejor que otro, porque su vigor intelectual es mayor. Es lo mismo que ocurre con la vista: ve mejor un objeto aquel que tiene una facultad más perfecta y más vigor visual. Ahora bien, en el entendimiento ocurre esto de dos maneras: 

a.- La primera, por parte del mismo entendimiento, cuando es más perfecto. Es manifiesto que cuanto mejor dispuesto está el cuerpo, tanto mejor es el alma que se le infunde. Esto aparece claramente en los seres de distintas especies. Y la razón está en que el acto y la forma son recibidos según la capacidad de la materia puesto que aun entre los hombres los hay con un cuerpo mejor dispuesto, se les concede un alma con mayor capacidad intelectual (...)

b.- La segunda, por parte de las facultades inferiores, de las cuales necesita el entendimiento para el ejercicio de su operación. Los que están mejor dispuestos en sus potencias imaginativa, cogitativa, y memorativa, son más aptos para entender. 1, 85, 7.



C. La inmortalidad del alma


La razón humana, con argumentos puramente filosóficos, demuestra que el ser  humano es una persona que, además del cuerpo, tiene un alma, la cual es el principio de donde proceden los pensamientos y los actos voluntarios. También demuestra las distintas propiedades de esa alma: 

1.  La unidad

Sto. Tomás: "en el hombre no hay más que una sola alma intelectiva, que contiene virtualmente al alma sensitiva y vegetativa, realizando ella sola lo que estas formas inferiores realizan en los animales y plantas".


2. La substancialidad

Si el alma no fuera sustancia sería imposible explicar los fenómenos de la unidad y continuidad de la conciencia; si el alma no es algo permanente, los pensamientos y afectos constituirían una serie inconexa de hechos sin relación alguna entre sí.


3. La simplicidad

Es decir, la carencia de partes extensivas y divisibles. Huelga aclarar que esta simplicidad se refiere al orden físico y esencial. La prueba de la simplicidad del alma se basa en que las operaciones intelectivas: idea, juicio, raciocinio, son simples, con lo cual la sustancia, que es principio de ellas, no puede ser compuesta sino simple; también se demuestra por la capacidad que el alma tiene de autorreflexión, es decir, de conocer sus propios actos e incluso conocerse a sí misma, cosa que en una sustancia compuesta y divisible es incapaz de realizar.


4. El alma es espiritual

Es decir, independiente de la materia:
  • En primer lugar conviene distinguir entre lo que se llama "materia" y "forma". En el tratado de Psicología humana se demuestra que el alma humana es la "forma sustancial" del cuerpo y que, en virtud de esa información existencial, el hombre tiene el "ser" de hombre, de viviente, de cuerpo, de sustancia, y de ser. Consiguientemente el alma racional da al hombre todo el grado esencial de perfección y, además, comunica al cuerpo al acto del ser con que ella existe.
  • Al producirse la muerte, el alma racional se separa del cuerpo y deja de informarlo sustancialmente, siendo sustituida en su función informante por la forma cadavérica; ésta es ya corruptible como la materia corporal a la que informa.


D. La condición del alma separada del cuerpo en el más allá


Si como hemos visto, el alma no perece con el cuerpo, consistiendo la muerte precisamente en la separación del elemento biológico y corruptible del hombre (cuerpo) y de su elemento incorruptible (alma), quiere decir que, a partir del fallecimiento del hombre, el alma sigue existiendo en estado de separación. Existe fuera de las categorías espacio - temporales en las que vivía en el cuerpo humano y después existe fuera del espacio - tiempo en el más allá. Decimos que el alma separada del cuerpo va a la presencia de Dios; si el alma está sin pecado goza de la presencia de Dios positiva y plena, si murió en pecado mortal siente el rechazo de Dios por su pecado.

El alma, separada del cuerpo, existe para siempre por su inmortalidad y queda a la espera de la resurrección de los muertos donde sabemos que los cuerpos resucitarán y se unirán a sus respectivas almas. Cada cuerpo se unirá con su respectiva alma. 



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Agradecemos al P. Ignacio Garro, S.J. por su colaboración.

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Evangelio según San Marcos

P. Fernando Martínez Galdeano, S.J.



"Claves" para la lectura de Marcos



El proceso desarrollado por Marcos en su narración es muy sencillo. Después del bautismo en el río Jordán (1,1-13) ante la presencia de Juan, Jesús predica en la región de Galilea (1,14-9,50), sube a Jerusalén (10), y en esta ciudad se precipita la crisis que va a desembocar en el relato de la pasión y muerte (14,10-15,47), y ésta a su vez culmina con la sorpresa de la tumba vacía y el ángel que anuncia la resurrección del Señor y su pronto reencuentro con los apóstoles en Galilea (16,1-8). En su versión original, el evangelio concluye aquí. Los versículos que siguen a continuación (16,9-20) no aparecen en ninguno de los manuscritos importantes de los primeros siglos y su estilo del griego es muy diferente. Estos versículos se presentan como un resumen de las apariciones del Jesús resucitado y fueron añadidos bastante más tarde hacia el siglo II. La Iglesia en todo caso los considera también inspirados.

Presentación (1,1-13): Desde su comienzo, Marcos presenta a Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios. Y esto es una muy “buena noticia” para todos nosotros.

Parte 1º (1,14-8,26): Después de la presentación, el autor nos muestra a un Jesús que proclama la llegada del reino de Dios sobre todo con señales de autoridad y dominio. ¿Será este Jesús el enviado de Dios que ha de salvar a Israel? Pero Jesús no quiere decir quién es él, más aún prohíbe que se le proclame como Mesías. Y les impone el “secreto mesiánico”. A lo largo de esta minuciosa narración (1,14-8,26) aparecen tensiones e incomprensiones de parte de los fariseos, de sus mismos parientes (3,7-6,6) e incluso de sus propios discípulos (6,6-8,26). En esta primera parte, dicho lo anterior, Jesús se presenta como un “hijo de hombre” (alusión a Dn 7,13) incomprendido, rodeado de tensiones y de falta de fe en él. ¿Es Jesús el enviado?

Parte 2º (8,27-10,52): Esta situación se clarifica en buena parte en los capítulos que se inician con la declaración de Pedro: “¡Tú eres el Mesías!” Pero el problema es que los discípulos no logran aún captar el que el Mesías esperado, el liberador de Israel, tenga que ser un Mesías paciente y destinado a morir sin haber conseguido el reinado de Dios en este mundo.

Parte 3º (11,1-13,37): Finalmente, en la subida de Jesús hasta la ciudad de Jerusalén se enfrenta allí con sus adversarios, con aquellos que le pueden condenar y matar, los representantes legítimos del pueblo de Israel. Aparece entonces Jesús como descendiente del rey David, lo que irrita todavía más a la intolerante posición de los responsables religiosos judíos. Los apóstoles se sienten aturdidos y confusos.

Parte 4º (14,1-15,47): Este enfrentamiento acaba en la condenación y muerte de Jesús en la cruz. En el juicio ante el sanedrín Jesús se declara manifiestamente el Cristo, el ungido por Dios, el Mesías. Y así es sentenciado a muerte como blasfemo. Jesús fue abandonado, se quedó solo. Pero al pie de la cruz, el centurión que le había visto morir exclamó: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios” (15,39).

Epílogo (16,1-8): Las mujeres van y encuentran la tumba vacía, pero ante su angustia y temor un mensajero les anuncia que su Jesús ha resucitado y que volverá a reunirse con sus discípulos en Galilea.



El Secreto Mesiánico

Conforme a una tradición firme y segura, el evangelio de Marcos es como un reflejo de la predicación del apóstol Pedro. Sorprende que en sus relatos de milagros, expulsión de demonios, etc., Jesús exprese su deseo de que se guarde y no se divulgue la noticia (Mc 5,43; 7,36; 8,26). Hecha la confesión de Pedro sobre la identidad de Jesús, éste empieza a enseñarles que debía sufrir… etc.: “Se lo decía con toda claridad. Pedro le tomó aparte y se puso a recriminarle. Pero Jesús se volvió y, mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro diciéndole: -¡Ponte detrás de mí, Satanás!, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres” (Mc 8,32-33). La realidad era que el Padre no iba a impedir su pasión dolorosa y su muerte en cruz. El camino hacia la resurrección se hacía a través de la incomprensión humana y el sufrimiento de un inocente. La identidad de Jesús nos desborda. No pretende ni el éxito ni el poder humano. Y acepta con ánimo y esperanza la cruz que le acompaña, como venida del Padre. Y se lamenta del ello: “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?” (Mc 15,34). ¿Quién es este misterioso Jesús? Es una pregunta permanente que nos desborda y sorprende.


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Agradecemos al P. Fernando Martínez Galdeano, S.J. por su colaboración.

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Movimiento Eucarístico Juvenil - 6º Parte - Metodología práctica del MEJ



http://2.bp.blogspot.com/-h8ED-0rIg_U/Td8BBtAKK5I/AAAAAAAAAb8/bOAMJUOs4p8/s320/mej+argentina.jpgEn la perspectiva de la metodología MEJ, he aquí la descripción de ciertos medios que ya han sido nombrados:

A) Encuentros locales y nacionales y campamentos:

Muchos países tienen la tradición de un Encuentro Nacional del MEJ cada año, con amplia participación de sus miembros en todo el país. Estos pueden tener diversos objetivos: el compartir, la formación, vivir un retiro, la celebración. También el MEJ tiene regularmente Campamentos de Verano. Estos encuentro se encuentran matizados de la realidad de cada centro o región, es decir, cantos, símbolos, momentos fuertes y significativos, periodos del año más significativos, etc. Este tipo de encuentros permite vivir y renovar la pertenencia eclesial.


B) Equipos:

La fe compartida en comunidades de niños o jóvenes, con reuniones o encuentros semanales tiene como objetivo fundamental llevar al muchacho al encuentro con Jesucristo y a la vida eclesial. Los grupos MEJ se llaman “equipos” y a los miembros del MEJ, los llamaremos aquí “mejinos”.
Es también en el compartir y vivir en Iglesia donde los muchachos y muchachas descubren al Dios de Jesucristo que actúa en la propia historia personal y comunitaria. En esta dimensión el mejino aprende a recibir de los demás, comunicar de lo suyo, relacionarse y actuar con los demás (expresión en equipo),
estar atento a la vida que lo rodea. Se profundizara en algunos de estos aspectos:

  • Comunicar: se trata del convivir y compartir, o bien, la vivencia del compañerismo y la amistad. De esta manera se descubren las cualidades de cada miembro del equipo y la complementación que se puede dar entre ellos. El mejino se descubre y descubre al otro como alguien diferente y único; y así puede también encontrar su lugar en el grupo y formar equipo, cuerpo, con los demás mejinos. Para ello aprende a expresarse por medio de la palabra: tomando la palabra y dejando a los otros y al Otro expresarse también. Para vivir esto, el Movimiento propone diversos medios, como son: el compartir lo ocurrido en la semana, el debate, el juego, actividades y reflexión con relación a la vida en equipo, la “relectura” (discernimiento espiritual) de los acontecimientos de la vida, el Cuaderno Personal, todo lo cual forma parte del acompañamiento de equipo.
  • Actuar juntos: El compartir con los demás permite abrirse a otras perspectivas y aprender a elegir juntos, considerando otros modos de pensar. Esta elección lleva a tomar posición y a actuar en el equipo de manera más interactiva y no sólo individual, aprendiendo el respeto de los demás. Los medios que ayudan al mejino
    a vivir este punto son: el iniciar a tener un Cuaderno del grupo, actividades manuales para construir juntos, cantar, actividades de expresión, proyectos de equipo, preguntas, debates y discusiones al nivel de los mejinos y el compartir en equipo las experiencias, tanto vividas en los encuentros como fuera. Una
    experiencia fuerte en la cual el mejino se confronta a este actuar con otros son los campamentos, ya sean aquellos de fines de semana o bien, los ofrecidos durante los tiempos de vacaciones que muchas veces pueden ser experiencias de varias semanas. Se aprende allí a conocerse a sí mismo, a vivir y compartir con otros en experiencia de comunidad, a formarse en los valores espirituales y del servicio al mundo.
  • Atención a la vida: La vida del equipo MEJ busca también enseñar a sus miembros a prestar atención a la vida. Esto tiene por objetivos el desarrollo de competencias propias de la vida del equipo, ser actor asumiendo el propio lugar en él, hacerse responsable de esta vida de equipo junto con los demás. Con esta asunción de sus responsabilidades el mejino está llamado a discernir cómo vivir en la verdad. Para ello se ofrece la distribución de responsabilidades, elegidas en función del proyecto de equipo. Se presentarán iniciativas de compromiso, las cuales también se verán como desafíos a afrontar. Se les invitará a compartir sus experiencias, sus puntos de vistas, sus preocupaciones…

Todo esto los debe abrir a una atención a lo que ocurre a su alrededor, a un deseo de comprender lo que sucede en su propio medio ambiente (amistades, grupo), en la familia, la escuela, el barrio, y también en la sociedad y el mundo (cultura, medios de comunicación y ciencias). Propicia a abrirse de manera progresiva a los otros con sus diferencias, aprender a acoger aquello que es nuevo, inesperado. A los mejinos mayores se les propone la experiencia de animación de alguna de las actividades. También se les invita a tener acompañamiento personal, o acompañamiento espiritual.





C) Reunión de equipo MEJ

Los encuentros del MEJ tienen estas características:

  • Periodicidad: semanal
  • Número de participantes por equipo: idealmente no más de 12
  • Duración: no más de una hora y media
  • Modalidad: acompañado por un monitor o animador

Desarrollo de un encuentro de un equipo MEJ:

1. Plantear con claridad objetivo y metas

2. Momentos (* optativos):
  • Iniciar en la presencia de Dios
  • Compartir la vida
  • Reflexionar a la luz de la Palabra y de la Fe
  • Formación *
  • Jugar *
  • Programar un servicio *
  • Evaluar
  • Celebrar


3. Contenido (según tiempos, personas, lugares):

En cada encuentro se tratan temas de la vida puestos en relación con Dios y los demás (afectividad, vida espiritual, compromiso social, uso del dinero, del tiempo libre, familia, sexualidad, vocación, el sufrimiento y muerte, etc.).

El contenido de estos encuentros está al servicio de abrir la persona integral del mejino (su cuerpo, alma, espíritu, visión) a múltiples dimensiones formativas. Uno de los ejes de esta formación es lo que se llama La inteligencia de la fe (otro eje es la oración, desarrollado más abajo).

La reunión del equipo será también ocasión para crecer en un conocimiento tanto vivencial como intelectual y doctrinal de la fe: se debe aprender a conocer la persona de Jesús, la Biblia, la Iglesia, los sacramentos, el Espíritu de Dios que actúa en nuestra historia etc.

La mímica, el canto, los dibujos, estudio bíblico, aprendizaje de oraciones (la oración de ofrenda), vidas de santos, etc., son medios que pueden ayudar a este fin.

Algunos datos prácticos para el modo de trabajar del monitor o animador en la reunión semanal con su grupo:

  • Antes: debe planificar de manera previa, preparar todos los elementos que necesitara para el encuentro y así evitar la improvisación.
  • Durante: debe llegar con anticipación y preparar el lugar de la reunión y así acoger a los que van llegando. Debe hacer todo porque el encuentro se viva en presencia de Dios, facilitando el compartir con los demás (y no que el monitor sea el centro de atención). De él depende el buen desarrollo del encuentro y realiza una evaluación de este mirando si los objetivos iniciales fueron respetados.
  • Después: reflexiona sobre los aspectos que deberán ser mejorados.


D) Etapas de crecimiento
 

El MEJ organiza los equipos de sus integrantes sea por edades, sea en relación a la etapa del desarrollo del mejino, considerando también su madurez evolutiva (sicológica).

En cada una de las etapas deben estar presentes estas cuatro dimensiones (que se irán desarrollando a lo largo del tiempo con diversas técnicas pedagógicas):
  • Acogida: la alegría del encuentro, el juego, la fiesta.
  • Formación: conocimiento del mundo y de Jesús, aprendizaje de la oración y de otro tipo de experiencias para crecer en la fe y como persona.
  • Misión: la vida eucarística y el servicio.
  • Celebración: celebrar la vida con Jesús, la Eucaristía y los sacramentos.

El MEJ no es por toda la vida. Es por la formación de la infancia y la juventud. El Movimiento prepara a servir el mundo dentro la Iglesia. Después, el Apostolado de la Oración, ya como adultos, acompaña el resto de la vida en la misión de cristiano comprometido.

Es importante indicar que el avance de una etapa a otra suele estar señalado con una celebración especial, que marca un paso más en el compromiso del niño o joven con Cristo y con la Iglesia. Los nombres y límites de estas etapas varían de un país a otro. En general, se puede decir, que estas etapas son referidas a tres
“momentos eucarísticos” que apuntan a sus objetivos generales:

  • Los más pequeños: aprenden a recibir la vida ( la vida como un don)
  • Los de edad mediana: aprenden a asumir la vida, a hacerla propia y a buscar caminos (acoger la vida)
  • Los más grandes: aprenden a entregar la vida (la ofrenda)

Estos momentos estarán determinados por la etapa personal de formación del mejino.
En los países de habla hispana (América Latina y España) el MEJ ofrece 6 etapas:

  • Amigos de Jesús (jardines de infancia, hasta 7 años),
  • Esperanza (8 - 9 años),
  • Discípulos (10 - 11 años),
  • Testigos (12 -13 años),
  • Apostólicos (14 -17 años)
  • Jóvenes por el Reino (de 18 años en adelante).
Para los países de lengua francesa (Francia, Canadá – Québec - y ciertos países en África) son 5:

  • Fuego Nuevo (7 - 10 años),
  •  Jóvenes Testigos (10 - 13 años),
  • Testigos Hoy (12 - 15 años),
  • Equipo Esperanza (15 - 18 años)
  • Equipo Apostólico (18 - 21 años)1.
En Italia existen 4 etapas:
  • Grupo Emaús (8 - 10 años),
  • Jóvenes Nuevos (11 - 13 años),
  • Comunidad 14 (14 - 17 años)
  • Pre-testigos (18 - 23 años)2.
En Brasil existen 3 etapas:
  • Grupo Semillas ( 9-12 años),
  • Grupo Gente Nueva(13-15 años),
  • Grupo Fuego Nuevo (16 años en adelante)3.
1 En francés son conocidos como: Feu Nouveau (Fnou), Jeunes Témoins (JT), Témoins Aujourd’hui (TA), Equipe Espérance (ES) y Equipe Apostolique (EA), respectivamente.
2 En italiano son llamados Gruppi Emmaus (GE), Ragazzi Nuovi (RN), Comunità 14 (C 14) y Pretestimoni (pre‐T), respectivamente.

Lo importante, como se dirá más de una vez, es que en estos equipos, grupos o comunidades de vida, el mejino viva y pueda crecer tanto a nivel humano como espiritual, y aprenda a ser fuente de vida para los demás, para la comunidad misma y para la Iglesia.

Se puede también describir esta pedagogía como hacer la “Experiencia de Emaús”. Como lo vivido por los discípulos según Lucas 24, el mejino está invitado a aproximarse a Jesús, con quién hace una relectura o reinterpretación de los hechos, escucha la Escritura, comparte el Pan, es enviado a anunciar la Buena Noticia.

En el MEJ, por medio de estos ejes de acompañamiento y vivencias se permite al niño y adolescente llegar a ser “persona Eucarística”.

E) La Oración en el MEJ

Las características propias de la oración en el MEJ tienen sus raíces en la tradición espiritual del Apostolado de la Oración, del cual forma parte. Quiere educar al mejino a vivir una relación de amistad permanente con el Señor, a encontrar a Dios en todas las cosas. Su oración será siempre una oración que parte de la vida y está unida a la vida, a la vez que anclada en la Palabra de Dios y orientada a convertirlo en apóstol al servicio del mundo en la Iglesia.

Si bien toda la vida del mejino quiere ser respuesta al llamado de Jesús, pedagógicamente se insiste en la vivencia de tres momentos especiales de encuentro con él: Los Tres Momentos del día. En cada uno de ellos se hace un alto para hablar a solas con el gran Amigo.

¿Cuáles son los 3 momentos? 1) El ofrecimiento, 2) el encuentro de amistad, 3) la revisión. En portugués son conocidos como: Grupo Semente, Grupo Gente Nova y Grupo Fogo Novo, respectivamente.

1) Cada mañana una Entrega (Primer Momento)
Al despertar, el Ofrecimiento del día al Señor: es el momento de saludar al Señor y ofrecerle todo el día que será vivido. El mejino ofrece sus oraciones, palabras, obras, sufrimientos, todo lo que le toca hacer ese día, para hacerlo con Él y al estilo de Él. Este ofrecimiento lo puede hacer con sus propias palabras o con alguna oración ya escrita.

2) Cada día un Encuentro (Segundo Momento)
Se trata de un Encuentro de amistad con Jesús en algún otro momento del día, a través de un rato de oración personal, una visita al Santísimo, leer el Evangelio, la bendición de la mesa en casa…, o cualquier otro momento en que se acuerda de él durante el día. Este segundo momento puede ser también el momento de celebrar la Eucaristía y recibir a Jesús en la Comunión. (Se pueden vivir muchos “segundos momentos” durante el día).

3) Cada noche una Revisión (Tercer Momento)
El Examen o Revisión del día, al acostarse, para reconocer el paso de Dios por la propia vida ese día. Más que un Examen de Conciencia, es un examen de toma de conciencia de cómo ha estado Dios con uno mismo y uno mismo con Él en el día que termina. Para este tercer momento se pueden seguir tres pasos: Dar gracias por lo que Dios ha hecho en mí en este día, pedir perdón por la resistencia a la obra de Dios en uno mismo, pedir ayuda para que mañana se viva más unido a Jesús.


¿Cómo vivir cada uno de estos momentos? 

En ellos pueden servir oraciones que han sido escritas por otros, pero se recomienda usar las propias palabras. Siempre ayuda ser muy concreto: ofrecer las actividades que el mejino va a realizar aquél día, compartir con Él lo que se va sintiendo, traer a la memoria las personas con las que se ha estado, etc. Se debe procurar aprovechar más cada Momento en calidad e intensidad que en su larga duración. Se parte de la base que es difícil tener tiempos reposados y largos para orar en medio del ajetreo de cada día, por esto se favorece esta oración de pocos minutos, fuertes y profundos.

Ayudará encontrar un lugar propicio en la propia casa, un “rincón de oración, un lugar especial para vivir este encuentro (con una imagen, una vela, etc.), como también el aprender a adoptar ciertas actitudes corporales que favorezcan la oración.

La oración comunitaria y la participación en la Eucaristía, así como todas sus vivencias con su equipo MEJ, alimentarán la oración personal del mejino.





F) El cuaderno personal

Es una herramienta que ayuda a expresar el encuentro con Dios y con los demás. En él se escriben los diversos procesos personales, que luego se pueden releer y recordar, para aprender de ellos. Será de este modo un reflejo del paso de Dios en la propia vida. Así se dispone a discernir su voluntad. De aquí la importancia que cada integrante del MEJ tenga y use su cuaderno personal, el cual nunca será un simple diario de vida ni tampoco un espacio de sólo «desahogo». Será diferente el uso que le dará un niño o niña que ingresa al MEJ al de un joven que ya lleva un tiempo en el Movimiento, pero para todos será una ayuda valiosa en su vida de mejinos.

El Cuaderno ayudará a que el paso de Dios por la vida de cada integrante se haga paso de Dios por la vida del grupo. Cada joven, a partir de lo vivido con Dios, podrá compartir con sus compañeros lo que registró. El uso del Cuaderno será muestra de la seriedad con que se comparte en el grupo la voluntad de Dios. Sin él se desaprovecha la riqueza del encuentro personal. Por eso es una herramienta indispensable en la metodología.

¿Qué anotar? Cuando se escucha y se sigue a Dios, se perciben sentimientos, movimientos y pensamientos interiores. Si se presta atención, se descubre que detrás de ellos hay un espíritu bueno que invita a seguir el buen camino, y un espíritu malo que aleja de él. Depende de la libertad de cada cual dar cabida a uno
u otro espíritu, elegir el camino de Jesús o el contrario.

Son estas percepciones y reacciones, luchas y elecciones, lo que se anota en el Cuaderno Personal, para ayudar a expresarlas y discernirlas. Es por lo tanto una bitácora o cuaderno de vida espiritual, privado, respetado por todos. Este es el uso principal que se da al Cuaderno. Será un lugar de «memoria» de lo que va pasando; será un espacio para expresar los sentimientos más profundos. Algunos lo utilizarán escribiendo directamente sus oraciones al Señor y otros quizás recogerán los nombres de las personas a través de las cuáles Dios le va hablando. Además, sirve para anotar la vida del equipo, recuerdos, temas de formación u otros momentos significativos de la vida del mejino.

Al monitor, animador o coordinador del MEJ le resultará conveniente tener un cuaderno para anotar las planificaciones de la reunión, diferente de su Cuaderno Personal propio. Este le ayudará en la organización de su servicio semanal sin caer en repeticiones monótonas o improvisaciones arriesgadas. Al consignar en él lo planificado y vivido con los niños y jóvenes, puede corregir los errores y prepararse para un mejor servicio cada día.

Los niños del MEJ usarán el Cuaderno con mayor amplitud, buscando registrar los momentos más importantes de su crecimiento en la fe. Algunos centros poseen también un «Cuaderno del Equipo» o del centro mismo que van completando entre todos. En los casos en que los papás se integran a las actividades de sus hijos, también puede ser utilizado como «Cuaderno Familiar» y reunir las fotografías, recuerdos, dibujos o cartas que reflejan todo aquello que han ido viviendo junto al Señor a lo largo del año.


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Enlaces para temas anteriores:

Movimiento Eucarístico Juvenil - 5º Parte - Pedagogía del MEJ Fundamentos Educativos
Movimiento Eucarístico Juvenil - 4º Parte - Pedagogía del MEJ Fundamentos Espirituales
Movimiento Eucarístico Juvenil - 3º Parte - Espiritualidad del MEJ
Movimiento Eucarístico Juvenil - 2º Parte - El MEJ y el Apostolado de la Oración
Movimiento Eucarístico Juvenil - 1º Parte - Historia

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Agradecemos al P. Antonio González Callizo, S.J. Director Nacional del A.O. por brindarnos esta información.

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Homilía del 16º Domingo del TO, 22 de Julio del 2012



Mis ovejas escuchan mi voz


P. José Ramón Martínez Galdeano, S.J.


Lecturas: Jer 23,1-6; S. 22,1-6; Ef 2,13-18; Mc 6,20-34




Como ya les indiqué, tras el fracaso de la visita a Nazaret, Jesús se dedica de modo especial a la preparación personal de sus discípulos. Durará este periodo algo más de un año. Este evangelio sucede cuando los discípulos han regresado de la misión que han realizado por parejas en diversas zonas. La comentamos el pasado domingo. El Espíritu del Señor les ha acompañado y vienen cansados pero eufóricos. Son ellos los primeros sorprendidos por lo que han hecho: enfermos que curan, personas que creen, gente abandonada que cambia su vida, los que preguntan queriendo saber más y más, endemoniados que son liberados. Jamás lo hubieran pensado; todos los doce tienen muchas cosas que contar y muchas ganas de hablar. Pero están cansados y Jesús se da cuenta, y les invita a un sitio tranquilo donde descansar y gozar de la experiencia con paz. Porque “no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado”.
No faltarán entre ustedes quienes se encuentren a veces en situación parecida. Habrá quienes, obligados por la edad o los achaques, no estén ya para esfuerzos semejantes; pero también cuántos padres y madres de familia, sacerdotes, incluso personas jóvenes absorbidas por sus estudios y otras obligaciones, cuántos son los que no encuentran tiempo para hablar con tranquilidad con sus familias, saborear el cariño de la esposa y de los hijos, tener un poco de reposo para compartir con sus amigos, para leer un libro, para reflexionar sin prisa sobre lo que más les importa, para escuchar, agradecer y hablar con Dios. 
Y ocurrió que la gente adivinó a dónde iban Jesús y los discípulos, y corriendo se adelantaron de modo que al llegar estaba ya esperando un buen grupo. Se frustraron los planes. ¡Pobres! ¡Qué interés por escucharle! Dice Pedro, que fue testigo (el evangelio de Marcos es el de Pedro, recuerden), que a Jesús “le dieron lástima”; en rigor el término de Pedro es más expresivo; dice que a Jesús “se le conmovieron las entrañas porque andaban como ovejas sin pastor”. Aquella gente necesitaba una palabra de esperanza. Porque el hombre de todos los tiempos necesita saber “por qué vive, por qué trabaja, por qué sufre, por qué muere”, como enseña el Vaticano II (G.S.). Y concluye: “Y se puso a enseñarles con calma”. El deber más urgente del buen pastor es proporcionarles buenos pastos. Y “no sólo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4).  
La importancia de los buenos pastores se ve ya en el Antiguo Testamento. Dios condena a los malos. Ya le hemos oído la amenaza. “¡Ay de los pastores que dispersan y dejan perecer a las ovejas! Yo les tomaré cuentas por la maldad de sus acciones”. Y asegura que acabará con la situación por las buenas o las malas por medio del Mesías prometido: “Yo mismo reuniré el resto, lo que quede de mis ovejas, y les pondré pastores que las pastoreen. Suscitaré a David un vástago legítimo, reinará como rey prudente. En sus días se salvará Judá, Israel habitará seguro”. Esta profecía de Jeremías la cumple hoy Jesús: “Yo soy el buen Pastor”. Con plena verdad le canta el salmo, y también nosotros: “El señor es mi pastor. Nada me falta. Me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. Me guía por el sendero justo. Preparas una mesa ante mí. Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida y habitaré en la casa del Señor por años sin término” (S. 22).
Son palabras que recuerdan otras entrañables de Jesús a la vuelta triunfante de otra experiencia apostólica, esta vez de 72 discípulos, símbolos en su Iglesia de cualquiera de ustedes, pues todos en la Iglesia estamos y están llamados a dar testimonio: “Lleno de gozo por la acción del Espíritu Santo, exclamó: Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y las has revelado a los pequeños”. Alégrense, hermanos, los pequeños, los que no han tenido tiempo para grandes estudios teológicos, pero tienen gran amor a Jesucristo y quieren que sea más y más amado. “Bendígote, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y se las revelado a los pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido dado por mi Padre y nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. Vengan a mí todos los que están apenados y sobrecargados y yo les aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de Mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán alivio para sus almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt 11, 25-30).
Si ustedes recurren a la Palabra en penas y alegrías, para dar gracias y pedir perdón, para encontrar luz y fuerza, para conversar con su Dios de corazón a corazón verán que no les defrauda. Desde el principio, antes que ninguna cosa existiese, existía la Palabra y la Palabra estaba en lo más íntimo de Dios y la Palabra era Dios. Vino al mundo, está en el mundo, la guarda y proclama la Iglesia. Y cuantos la reciben, se convierten en hijos de Dios y de su plenitud van creciendo de gracia en gracia (v. Jn 1,1-18). Por eso es fundamental que la Palabra, la Palabra de Dios al hombre, llegue a todos. 
Por eso, cuando la hayan gustado, denla a otros, porque es la primera necesidad y derecho de cada hombre. Conocer la Palabra, escucharla, gustarla en la intimidad de la oración, iluminar con ella el momento que vivo, valorar mi conducta con su medida, dejarme meter por ella en lo íntimo del Corazón de Dios, sentir en el mío su pálpito, llorar mis pecados, sentir la caricia del perdón y la fuerza vital de la vida de Jesús en mi alma para poner mis pisadas en sus huellas cargando con mi cruz. La grandeza de la palabra la conoce sólo el que la acoge. 
Oren la palabra. La intimidad con Jesús nos irá abriendo la puerta de su Corazón y nos hará día a día mejores discípulos. La palabra orada nos dará la gracia de amar a Jesús cada día con más entusiasmo, de hacer lo posible para sea más conocido y más amado. Es la palabra de quien es el camino, la verdad y la vida. Y recuerden: “Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen” (Lc 8,21). Que así sea.




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Vida después de la muerte - 1º Parte

Introduciéndonos al misterio de la vida después de la muerte

P. Ignacio Garro, S.J.
Seminario Arquidiocesano de Arequipa



Dentro de la Iglesia, los temas a la vida después de la muerte y acerca del final del hombre y del universo lo estudia la Escatología.

En los manuales clásicos del Dogma, la Escatología se divide en dos partes fundamentales:

1. La escatología individual, que estudia las últimas realidades concernientes al fin último de cada persona: muerte, juicio particular, purgatorio, cielo e infierno.

2. La escatología general, o final, que estudia el fin último de  toda la creación y comprende: la parusía, o retorno definitivo de Cristo glorioso, la resurrección de los muertos, el juicio final universal, y la recapitulación, o consumación de todas las cosas en Cristo.

La Escatología va ligada al Reino de Dios, Reino que quedó instaurado por Cristo con su venida al mundo, Mc 1,15: "El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca...", pero todavía no ha sido consumado. Esta consumación será total y definitiva con el fin de los tiempos. S. Pablo decía: "La creación entera gime y siente dolores de parto esperando ser liberada de la servidumbre de la corrupción para participar en la libertad de la gloria de los hijos de Dios", Rom 8,20-21. Este proceso de plenitud culminará: "Cuando hayan sido sometidas a El (Cristo) todas las cosas, entonces el Hijo se someterá a Aquel (Dios Padre) que ha sometido a El (Cristo) todas las cosas, para que Dios (Padre) sea todo en todo". 1 Cor 15,28.

Por eso Reino de Dios y Escatología se interrelacionan como el comienzo de una era de plenitud y salvación (Misterio de Cristo) y culmina con la recapitulación de todas las cosas en Cristo, esto se realizará en la Parusía o segunda venida de Cristo al mundo. Todos estos temas los veremos en este tratado detenidamente.


1. El Reino de Dios como contenido y sentido último de la Escatología

"Reino de Dios": esta palabra en hebreo tiene estos significados:
"Malak" = Reinar; "Malakh" = Rey; "Malkut" = Reino o Reinado;  En la lengua griega se tradujo así: Reino = "Basileia". En la lengua latina se tradujo así: Reino = "Regnum". En castellano: Reino.

Dios Padre, "Llegada la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer... y para que recibiéramos la filiación adoptiva (divina)" Gal 4.4. Y "el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros" Jn 1,14a. Este es el plan de salvación: Dios Padre sale al encuentro de los hombres por medio de su Hijo (Verbo) hecho hombre para librarnos del poder del pecado y de la muerte eterna y darnos una nueva vida (la filiación divina).  Con la venida del Hijo da comienzo el Reino de Dios. Un Reino que quiere instaurar en el corazón del género humano la filiación divina, perdida por el pecado original. Jesucristo realiza este plan de salvación cumpliendo la voluntad del Padre, entregando su vida en favor de los hombres, y así con su muerte vence a la malicia del poder del pecado y con su resurrección nos trae una nueva vida. El Reino de Dios se ha instaurado "ya" entre nosotros, con la venida de Cristo, pero "todavía no" se ha consumado del todo. Esto culminará al final de los tiempos.

a. El Reino de Dios como contenido de la "Gloria de Dios"

El Reino de Dios va ligado a la manifestación de la "Gloria de Dios" y es por tanto el sentido y el fin último de toda su obra divina. Esto dice relación, tanto para el mundo material como para el mundo humano,  creando a la criatura humana a imagen y semejanza de Dios, llamándolos a todos del "no-ser" al "ser".

Dios ha revelado así su grandeza y su santidad, su amor y su poder, su verdad y su justicia para que las criaturas del cielo y de la tierra y de manera especial la criatura humana, le alaben y le glorifiquen, le den gracias y le ensalcen con veneración.  Salmos: 19; 89; 96; 144.

b. El concepto de "Reino de Dios" en el A T  y en N T 

Desde la época de Moisés, Yahveh, es reconocido como el "Malakh" = Rey de Israel, Ex 15,18; 1 Sam 12,12. Posteriormente se reconoce como Rey de todas las naciones, Jer 10,7-10 e incluso se le nombra Rey de todo el mundo.  Salm 29,4.s.s.

Después del exilio babilónico (586-538), el pueblo judío sufrió un terrible trauma nacional. Se sintieron humillados y dominados por sus enemigos y así se usa el concepto "Malkut" como Reino o Reinado de Dios, pero este concepto sufre un cambio en el sentido de connotarlo en el aspecto material y el "resto de Yahveh", es decir, los "anawin", aquellos judíos humildes y pobres que esperan con impaciencia el "día de Yahveh", día en el que Dios debe de manifestar su poder y su gloria ante las naciones. En ese día Yahveh iniciará desde el cielo la batalla contra los enemigos de Israel, Joel 4,9.s.s. y Zac 14,3, Yahveh los aplastará y los juzgará sin misericordia, Is 24,21, y los que sobrevivan lo reconocerán como único Dios y como rey de todo el universo, Zac 14,9-12.

En tiempos del judaísmo tardío la esperanza en la institución del Reino de Dios adquiere las más variadas formas. Los judíos vivieron oprimidos bajo el dominio y la opresión de griegos y romanos y el término Reino de Dios adquiere un matiz totalmente político. Los enemigos de Israel serán aniquilados por Dios. Renacerá de nuevo la gloria y el reinado de Dios davídico, lleno de fuerza y de esplendor. De estas mismas esperanzas están llenos algunos de los discípulos que siguen a Jesús. Así con esfuerzos y poco a poco un pequeño grupo de judíos se liberaron de aquellas categorías meramente terrenas del Reino de Dios y esperaron más en un Reino trascendente. Se esperaba que viniera un día de justicia que traería la victoria contra Satanás y los demonios y los justos se reunirían con Dios para siempre.

c. El Reino de Dios proclamado e instaurado por Cristo

Jesús en su doctrina y predicación se apoya en la palabra hebrea "malkut" del A T  para designar el "Reino de Dios". Sin embargo, simplifica considerablemente el concepto de "malkut" destacando su carácter moral, salvífico y espiritual; excluyendo de él toda acepción política o económica de tipo nacionalista, material y cerrada en sí misma y establece una relación estrecha entre Reino de Dios y su persona y obra redentora.

Cristo, presenta el R. de D. como un auténtico don de Dios, esto da como resultado una acepción nueva del término "Reino de Dios" en su predicación pública dándole un sentido moral y salvífico más que material, político o social. Por eso, comienza su predicación con el mensaje: "El reino de Dios está cerca", Mc 1,15. Se trata de convertirse interiormente para entender y aceptar el Reino: "Convertíos, el Reino de Dios está cerca", Mt 3,2. Es una "metanoia" = conversión del corazón, que es un cambio de mente, interior. Se trata de dejar un mundo un mundo de egoísmo y pecado a veces disfrazado de piedad y religiosidad (escribas y fariseos) y pasar a ser un hombre humilde, arrepentido y nuevo, es el mundo de los "pequeños" los "anawin" del A T.  Es el reino de aquellos que lo esperan todo de Dios, pues saben que todo don viene de los alto, es decir, del Padre.

Jesucristo con su predicación quiere integrar en el dinamismo interno de la salvación que el trae y que es propio del verdadero Reino de Dios, y dice: "El reino de Dios está cerca", Mc 1.15, y también : "El Reino de Dios está entre vosotros" Lc 17,20. Cristo es el Rey de ese Reino, como se lo dice a Pilato, Jn 18,33-38. Observemos en una atenta lectura del Evangelio, que el tema del Reino de Dios es el tema central de su predicación, enseñanzas, parábolas, etc. Y El mismo afirma: "Mi reino no es de este mundo", Jn 18,36. Es un Reino interior, gratuito, es don de Dios, trascendente y escatológico. Es decir, se consumará al final de los tiempos.

La predicación de Cristo sobre el reino de Dios fue tan novedosa e inesperada que ningún judío hubiera esperado esta predicación de manera tan novedosa y radical. Así cuando predica solemnemente que el reino de Dios es de los pobres, de los perseguidos, de los puros, de los misericordiosos, etc, (Bienaventuranzas), Mt 5,3.s.s. y que su recompensa está en el cielo, Mt 5,12, todo esto causa extrañeza en los que le oyen  y no están bien dispuestos. Lo mismo ocurre cuando afirma que : "entrar en el Reino de los cielos", Mc 9.47, significa entrar en la verdadera vida, Mc 9,43-45, y no aceptar el reino es "ir al infierno y ser arrojado a las tinieblas eternas".  Mt 25,30.

Con esta predicación tan clara del reino y con su instauración, Cristo acaba con las expectativas materiales, políticas y sociales de sus contemporáneos, Mc 10.42,s.s. y se distancia de manera notable del particularismo egoísta y nacionalista de los judíos, sin embargo admite que el R. de D. ha de ser proclamado primero a los israelitas, Mt 10,6. Pero si éstos no creen ni aceptan las pautas y exigencias del reino, los gentiles, pecadores y prostitutas les precederán en el banquete final del Reino. Mt 8,11,s.s.

d. Derrota de los poderes anti-divinos

La instauración del reino de Dios por Cristo, supone una derrota de los poderes de Satanás, como es el dominio sobre el pecado y la muerte.
           
1. El Demonio: es el "acusador"
Es el enemigo de la obra de Dios, Gen 3,1.s.s. Satanás es el destructor de la obra divina en el mundo, especialmente todo lo relacionado con la criatura humana, creada a imagen y semejanza de Dios. Desde el pecado original, Satanás lucha contra la obra de Dios en todos los niveles y usa de todos los medios a su alcance y que Dios le permite: especialmente con engaños, mentiras, violencia, soberbia de los ojos, de la carne, y afán de riquezas, 1 Jn.2,16.
Con la venida de Cristo y su predicación del reino llega el "fuerte" que vence y ata a Satanás y sus demonios, y los desarma Mc 3,27; Mt 12,29; Lc 11,18. Y despoja a este poderoso señor de la tierra, Lc 11,20; Mc 3,23-27. Satanás ve amenazado su poder y tiembla, Mc 1,27; 5,7. Satanás es vencido en aquel poder que Dios le había permitido sobre los posesos y endemoniados, Mc 5,1.s.s. Mt 8,28. Satanás tentó al mismo Jesús en el desierto intentando apartarle de su misión salvífica y Cristo nos dio ejemplo de rechazo a la tentación y de adhesión a la voluntad del Padre. Mt 4.1.s.s.; Mc 1,22. Lc 4.1,s.s. En todos estos aspectos evangélicos Satanás es derrotado con la máxima eficacia precisamente porque Cristo lo vence empleando no las armas de Satanás: la mentira, las tinieblas, etc, sino la fuerza divina de la salvación, Lc 11,14.s.s.
           
2. La Muerte
Por el pecado original entró la muerte en el mundo, Rom 5.12, los hombres al pecar quedaban sujetos al poder del Diablo y la muerte era un modo de ejercer poder sobre el género humano. Cristo aniquiló el poder de la muerte que amenaza al hombre Hebr 2,14; Rom 8.5. Cristo venció la muerte en la cruz, pues en su muerte real, murió la malicia del pecado y venció, también, el poder de la muerte; Hebr 2,14, y Cristo con su Resurrección nos otorgó una nueva vida, 2 Tim 1,10.
           
3. El Pecado 
La instauración del Reino de Dios por Cristo trajo la derrota del pecado. Cristo con su predicación despertó y mantuvo alerta la conciencia del pecado. Pecado que es desobediencia a la voluntad salvífica del Padre, sin embargo, Cristo toma al hombre como es, es decir, como pecador, por eso dice que ha venido en busca de los pecadores y no de los justos, Lc 5,32,. Jesús se presenta como el que tiene poder de perdonar los pecados, Mt 9,2, y lo demuestra en la curación del paralítico. Cristo trata abiertamente con los pecadores y publicanos, Mc 2,15; Lc 5,8. Cristo es el buen Pastor que va en busca de sus ovejas perdidas, Jn 10, 11. Librar a los hombres del poder del pecado es un signo salvífico de que "Dios está en medio de vosotros y os ha llegado la salvación". Lc 11,20.
 
4. Carácter escatológico del Reino de Dios: "Ya ... pero todavía no"
El Reino de Dios ya ha llegado con Cristo, su persona y su obra redentora, se proclama, se ha instaurado "ya" en el corazón de los hombres pero ... "todavía no" ha culminado su proceso de salvación, aún quedan muchas personas que no han escuchado el mensaje de salvación; el Reino de Dios culminará... al final de los tiempos, en la consumación de todas las cosas, es decir, en la Parusía (segunda venida de Cristo, gloriosa).
El Reino de Dios se preanuncia, se prepara, y se espera en el A T. Se hace presente, se hace realidad con la venida de Cristo, se anuncia con su predicación y se realiza con su obra de redención (Misterio Pascual). Este Reino de Dios culminará al final de los tiempos, es la escatología final. Por eso, el Reino de Dios está cerca, está entre vosotros y es un reino que también sufre "violencia", Mt 11,12, (sufre violencia no destructiva sino de lucha interna para luchar contra el poder del pecado).
La mayoría de los textos del NT. hacen referencia al Reino de Dios en su dimensión escatológica, Mt 5,20; 7,21; también tiene carácter de banquete escatológico, Mt 8,11. Este Reino de Dios irrumpirá definitivamente con la Parusía, será el tiempo de la Resurrección de todos los muertos y del Juicio Universal. Mt  25,31-46.
 
5. Reino de Dios e Iglesia
El lugar en el que el Reino de Dios se realiza con verdadera plenitud es en la Iglesia fundada por Cristo como continuadora de la obra de la redención. La Iglesia es el lugar de los elegidos de Dios en Cristo. La Iglesia no coincide en sí misma con el Reino de Dios, pero sí es el ámbito donde Cristo ha querido que se lleve a cabo su obra de redención, es por tanto en la Iglesia donde se da la continuación de la obra redentora de Cristo y por lo tanto donde se da la vivencia profunda del Reino de Dios. Lo que Cristo realizó con su vida, pasión, muerte y resurrección, hace que se haga eficaz y presente a través de la Iglesia, por medio de su predicación evangélica y la administración de los sacramentos llevando  la presencia del Reino de Dios a los hombres.
           
Que la Iglesia es manifestación del Reino de Dios entre los hombres, se expresa en sus actos soberanos al aplicar los méritos de Cristo, cumpliendo la misión salvífica que Cristo le ha encomendado. La Sagrada Escritura atestigua con la máxima claridad la ordenación de la Iglesia al Reino de Dios en Mt.16,19. Este texto narra la transmisión del poder de las llaves del Reino de Dios a Pedro. En cuanto a la comunidad cristiana, jerárquicamente constituida, la Iglesia acabará su existencia con el fin de la historia humana y será sustituida por la plenitud del Reino de Dios, con la venida de Cristo a juzgar a vivos y muertos.


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Agradecemos al P. Ignacio Garro, S.J. por su colaboración.

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