Homilía: Domingo 26º T.O. (C), 26 de Septiembre


Lecturas: Am 6,1.4-7; S 145; 1Tim 6,11-16; Lc 16,19-31

La limosna, deber
y garantía para el Cielo
P. José R. Martínez Galdeano, S.J.

Como les indiqué el domingo pasado, aquel evangelio y el de hoy pertenecen al mismo capítulo, dedicado todo él al uso de las riquezas. Entre ambos hay una breve cuña de discusión con los fariseos, que ironizaban sobre estas enseñanzas de Jesús, porque—dice el texto—“amaban las riquezas” (16,14).

Con la parábola de hoy Jesús remata su enseñanza. Vuelve a hacerlo con arte y dramatismo extraordinarios; incluso pone nombres propios a los personajes. Digamos que se emplea a fondo, lo que indica que considera este tema como muy importante.

La parábola es una narración inventada para explicar algo. No quiere decir más que lo que dice, no hay que añadir nada al texto. En esta parábola se nos dice que el Epulón es llevado al infierno de la forma más natural. El único pecado del rico fue de mera omisión. No hay insultos, gritos, desprecios, echar a Lázaro de su cercanía. Sin embargo es claro que tenía que ir al infierno, habiéndose portado así. Vivió como si Lázaro no existiese. Eso fue todo y por eso era natural y obvio que, tras la muerte, fuera al infierno.

Epulón en el infierno —¡ojo! aquí tenemos uno de los muchos lugares de la Escritura que nos hablan de la existencia del infierno— pide misericordia (“¡ten piedad!)” y suplica el imperceptible alivio de una gotita de agua. No se le concede. “Recibiste tus bienes en vida”; pero no se hizo amigos en las moradas eternas con la administración del “dinero injusto”.

La parábola deja claro que la limosna es una obligación cristiana, no mera recomendación. Lo confirman muchos otros pasajes de la Escritura: “Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario y alguno de ustedes les dice: vayan en paz, caliéntense y hártense, pero no les dan lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve?” (Sant 2,14-16). Y en otro lugar: “Si alguno que posee bienes de la tierra ve a su hermano padecer necesidad y le cierra el corazón, ¿cómo puede permanecer en él el amor? Hijos míos, no amemos de palabra ni de boca, sino con obras y según verdad” (1Jn 3,17-18).

Para Jesús la limosna, con el ayuno y la oración, es uno de los tres pilares de la vida del hombre religioso. Jesús sigue sosteniendo con todo el Antiguo Testamento que la limosna es fuente de retribución celestial (Mt 6,2-4), que constituye un tesoro en el cielo (Lc 12, 21.33s) gracias a los amigos que granjea uno allí (Lc 16,9), y por fin que “lo que hicieren a uno de estos pequeños a mí me lo hicieron” (Mt 25,31-46). Se trata en este texto de la medida con que Jesús, investido de la autoridad de juez absoluto de todos los hombres, va dictaminar sobre el mérito adquirido en la vida por cada persona. El texto no tiene pierde y hay que tomarlo con toda seriedad. Cristo nos va a pedir a cada uno razón de las limosnas que hemos dado con los bienes que él puso a nuestra disposición.

El Evangelio, pues, lo dice con claridad: La limosna es un deber moral gravemente obligatorio. No es meramente para ser mejor cristiano. Es simplemente para ser cristiano.

Y la Iglesia lo enseña así. Toda la tradición de la Iglesia (y en estas cosas la Iglesia no se equivoca) ha vivido la limosna como una obligación grave. Proponiendo el dogma del infierno eterno, enseña así el Catecismo de la Iglesia Católica: “Nuestro Señor nos advierte que estaremos separados de Él si omitimos socorrer las necesidades graves de los pobres y de los pequeños, que son sus hermanos (Mt 25,31)...Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra infierno” (1033). “Dios bendice a los que ayudan a los pobres y reprueba a los que se niegan a hacerlo... Jesucristo reconocerá a los elegidos en lo que hayan hecho por los pobres... El amor de la Iglesia por los pobres pertenece a su constante tradición. Está inspirado en el Evangelio de las bienaventuranzas, en la pobreza de Jesús y en su atención a los pobres. El amor a los pobres es también uno de los motivos del deber de trabajar, con el fin de ‘hacer partícipe al que se halle en necesidad’ (Ef 4,28). No abarca sólo la pobreza material sino también las numerosas formas de pobreza cultural y religiosa. El amor a los pobres es incompatible con el amor desordenado de las riquezas o su uso egoísta” (C.I.C. 2443-2445). Y dado que el primer fin de la totalidad de los bienes creados es que satisfagan a las necesidades de todos los hombres, cuando en un caso concreto esto no suceda y podamos con nuestros bienes aportar remedio, recordemos la perícopa del domingo pasado: nuestros bienes son en verdad de Dios, que nos los ha dado en administración hasta que vuelva, como lo dice en aquella parábola de los talentos.

En conclusión: la limosna a los pobres debe ser constitutivo de nuestra vida cristiana. Examinémonos de ello cuando nos vamos a confesar. El desarrollo de las comunicaciones ha hecho posible y aun fácil conocer necesidades graves en lugares alejados y aun poder enviar nuestra ayuda. Bueno es aprovechar estas oportunidades. Buena costumbre es celebrar las fiestas con una limosna. Procuremos no ser engañados por los “vivos”, pero que ello no impida la limosna. Que los pobres formen parte del tejido normal de nuestra vida cristiana. Bueno es participar normalmente o algunas veces en actividades de servicio a los pobres, enfermos, necesitados. Que un día, que para más de uno no está tan lejos, tengamos la dicha de escuchar: “¡Vengan, benditos de Padre! Porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y en la cárcel y me visitaron. Fue cuando lo hicieron con uno de mis hermanos (Mt 25, 40.45).
...

¿Qué son los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola?




Ejercicios Espirituales:
…despertar a la vida diferente…




I. ¿Qué son los Ejercicios Espirituales?


San Ignacio de Loyola fue precisamente quien vivió y experimentó, como un regalo de Dios, esa experiencia espiritual y luego nos la trasmitió a nosotros, en lo que llamamos Ejercicios Espirituales.


San Ignacio de Loyola, nació en Loyola en 1491. Hasta los treinta años vivió muy centrado en sí mismo buscando el prestigio, el honor y el "quedar bien", el ser importante. Por eso, en este tiempo de su vida, quiso sobresalir en poder y riqueza y trabajó como militar al servicio de señores nobles y de reyes. Pero precisamente defendiendo el honor de esos señores, participó en una guerra y fue herido en Pamplona. Durante una larga convalecencia en su casa de Loyola, tuvo tiempo para leer historias de santos y la Vida de Cristo y así comenzó a comprender que, hasta entonces, su vida no había tenido mucho sentido y que quería ofrecerla a Dios, y ser santo como habían sido otros santos: Santo Domingo, y S. Francisco de Asís, por ejemplo.


El mismo nos describe así la experiencia espiritual que vivió mientras se reponía de su herida:


"...y porque era muy dado a leer libros mundanos y falsos, que suelen llamar de 'caballerías'; al sentirme bien, pedí que me dieran algunos para pasar el tiempo; pero en esa casa no se halló ninguno de los que yo solía leer. Así, me dieron una 'Vita Christi' Vida de Cristo y un libro de la vida de los santos.


Leyéndolos muchas veces, algún tanto me aficionaba a lo que allí estaba escrito; pero dejándolos de leer, algunas veces me detenía a pensar en las cosas que había leído, y otras veces en las cosas del mundo en que antes solía pensar y de muchas vanidades que se me ofrecían...


... Cuando pensaba en aquello del mundo, me deleitaba mucho; pero cuando ya cansado lo dejaba, me encontraba seco, triste y descontento; y cuando pensaba en ir a Jerusalén descalzo y no comer sino hierbas y en hacer todos los demás rigores que veía que habían hecho los santos no solamente me consolaba cuando estaba pensando en esas cosas, sino que aún después de dejarlos quedaba contento y alegre...


... Luego comprendí la diferencia de lo que me pasaba, de los distintos sentimientos y comencé a maravillarme de esta diferencia y a reflexionar sobre la misma, comprendiendo por experiencia que unos pensamientos y sentimientos me dejaban triste y otros alegre y contento y poco a poco llegué a conocer la diversidad de espíritus que me agitaban: uno del demonio, del mal espíritu y otro de Dios". (Autobiografía)


Así, San Ignacio, con su propia experiencia se fue haciendo un maestro de la vida espiritual, por ejemplo, por medio de los Ejercicios Espirituales y que son este camino que comenzamos a hacer nosotros ahora en nuestra vida.


Al comienzo de su conversión, pensó que lo mejor para estar con Jesús era ir a Jerusalén, lugar en que había vivido Jesús y donde había sido crucificado, pero, después, fue descubriendo que Jerusalén era todo el mundo. Jesús vive en todo el mundo y todo el mundo necesita la luz de Jesús.


También al principio, pensó que todo eso lo podía hacer solo. Que no necesitaba de otros compañeros. Pero más tarde vio que convenía para poder realizar su sueño el juntarse con unos amigos, que tenían el mismo ideal de seguir a Jesús, y por eso luego fundó la Compañía de Jesús (Jesuitas).


Pero antes de concretar su proyecto, hizo y recorrió un largo camino, no sólo por muchas ciudades y pueblos (porque viajó por Loyola, Monserrat, Manresa, Jerusalén, Barcelona, Alcalá, Salamanca y luego París, Venecia, Roma...) sino que también vivió un camino espiritual, porque todo este tiempo, tenía los ojos puestos, fijos en Jesús y quería siempre conocerlo mejor, para más amarle y mejor seguirle: "Conocimiento interno de Jesús para que más le ame y le siga".
San Ignacio, en su vida como peregrino y en su búsqueda de lo que podía hacer por Dios, acude a la Virgen María para que lo proteja siempre y para que sea quien lo lleve por buen camino y por eso visita capillas, santuarios en donde se veneraba a María Santísima y esto lo hacía con muchísima devoción.


En esta etapa de su vida como peregrino, San Ignacio vivió durante un año en Manresa (1522-1523) y allí tuvo una experiencia mística del amor de Dios y que está en el origen del libro de los Ejercicios Espirituales.

Durante todos estos años, San Ignacio sintió deseos de santidad, de entrega a los demás, quería ayudar a los más pobres, deseaba hacer mucha oración, y también sufrió tentaciones, desánimos, persecuciones, hambre, enfermedad, dificultades para convertirse de verdad a Dios y para formar el grupo de compañeros...

Y siempre, en todo ese recorrido veía y sentía mucho que Dios le "trataba de la misma manera que trata un maestro de escuela a un niño, es decir, enseñándole" (Aut.27)

San Ignacio iba escribiendo todo lo que vivía. Tomaba notas. Descubría lo que venía de Dios y lo que era tentación de volver a vivir centrado en sí mismo. Más tarde, organizó estas notas de manera pedagógica, en un libro muy pequeño, para que otros las pudiéramos entender y las propuso a otros amigos que querían seguir un camino espiritual como el que había recorrido él. Y este camino, este método, que lo fue preparando durante años, es lo que llamamos: EJERCICIOS ESPIRITUALES.


San Ignacio, para que comprendamos bien lo que son los Ejercicios Espirituales [EE.EE][1], nos presenta un ejemplo: "porque así como el pasear, caminar y correr son ejercicios corporales, de la misma manera todo modo de preparar y disponer el alma... se llaman ejercicios espirituales" (EE.EE). Por eso llamamos Ejercicios Espirituales toda actividad que ayuda a la persona a conocer las propias resistencias, dificultades, "afectos desordenados" (como llama San Ignacio) y que están presentes en nuestra vida: egoísmo, rencor, envidia, deseos de aparentar, comodidad, considerarme mejor que los otros, vivir "auto centrado", es decir pensando sólo en mí y en mis problemas, sin solidarizarme con los otros, viviendo la vida con mucho desorden, sin sentido, sin saber por qué y para qué vivo, ... Y cuando llegamos a conocer bien todas nuestras resistencias, afectos desordenados, que son los que no nos deja vivir en plenitud, podemos "ordenar la vida" y así alcanzar a estar unidos con Dios viviendo como cristianos verdaderos y haciendo la voluntad de Dios.


Esa actividad que realizamos en los EE.EE, puede ser cualquier forma de revisar o examinar la conciencia y nuestra manera de vivir y de comportarnos y también cualquier modo de meditar, de orar vocal o mentalmente, de contemplar nuestra vida desde la vida de Jesús de Nazaret.
Comparar los EE.EE con algún ejercicio físico nos facilita el comprender que como para lo físico hay que prepararse, y tiene que aceptarse el mejor método de hacerlo, también los Ejercicios Espirituales tienen su método, su preparación, su dinámica y su modo propio de entrar en el proceso.



II. ¿Qué busca los EE.EE.?

Este encuentro con Dios busca que la persona descubra las actitudes, las maneras de ser o comportarse que en su vida no le ayudan a relacionarse bien con Dios, consigo mismo, con su familia y la comunidad. Además nos ayuda a conocer las actitudes que proceden del Espíritu del bien, que es el Espíritu de Jesús y contribuyen a "buscar y hallar la voluntad de Dios", es decir, comportarnos como personas maduras en la fe y en la vida.


Los Ejercicios Espirituales son un "camino de libertad" para transformarse, para que seamos de verdad hijos de Dios, hermanos de todos y servidores del Reino, de la Vida.


Los Ejercicios intentan liberarme de todo lo que me ata, lo que no me permite poner en práctica la voluntad de Dios, es decir, lo que Dios quiere que yo sea.


La libertad la trabajamos con perseverancia, con oración, con lectura y reflexión de la Palabra de Dios.


Hacer los Ejercicios Espirituales es comenzar a encontrar a Dios en todas las cosas y en todo:


· No sólo en la Iglesia o en la oración,
· No sólo cuando leemos o escuchamos la Palabra de Dios,
· Sino también cuando conversamos con otros,
· Cuando ayudamos a los demás, cuando nos solidarizamos o luchamos por la justicia,
· Cuando hacemos los oficios de la casa y trabajamos en los sitios de trabajo,
· Cuando estamos solos o descansamos etc.etc.
· Y hacer los Ejercicios Espirituales es comenzar a amar y a usar de todas las cosas, según Dios lo quiere (es decir, según su voluntad).


Los Ejercicios Espirituales son una ayuda para nuestra vida personal:


· "Nadie puede hacer que amanezca"; pero sí puede estar despierto para esperar la hora en que vaya a amanecer,
· Nadie puede obligar a Dios que me diga claramente cuál es su voluntad, lo que El quiere que yo haga en un problema concreto; pero sí puedo estar atento para descubrir lo que Dios me va diciendo en la vida, a través de los sentimientos que vivo en mi corazón,
· Para "vivir una vida diferente",
· Para vivir más desde adentro de mí mismo, desde mi corazón, que es también lo mejor que cada uno de nosotros tiene y posee como regalo de Dios,
· Sabiendo el por qué hago las cosas y para qué las hago,
· Entonces lo que decimos tiene sentido y lo que vivimos (la alegría, el dolor, el fracaso...) tiene su profundidad, su valor, porque Dios puede convertirlo en fuente de gracia.

Los Ejercicios Espirituales nos pueden ayudar a construir la Comunidad:


· Porque nos persuadimos que Jesús nos envía a construir su Reino,
· Porque experimentamos que Dios quiere que nuestro ser cristiano lo vivamos como hijos de Dios y hermanos entre nosotros,
· Porque en la Comunidad nos encontramos con la experiencia de otros hermanos nuestros que también viven el amor de Dios.



III. ¿Quién es el protagonista en los EE.EE?

Los Ejercicios Espirituales son un constante diálogo, una conversa continua con Dios. Somos nosotros quienes hacemos los Ejercicios (la oración, la reflexión, el examen, la conversa con el acompañante...); pero es el Espíritu de Jesús, el actor principal de los Ejercicios:


· Porque es Él quien nos mueve, inspira constantemente y cuestiona nuestra vida.
· Es el Espíritu de Jesús el que nos sugiere que podemos mejorar, cambiar de manera de vivir, de comportarnos, que podemos vivir una vida diferente.
· Y es el Espíritu de Jesús el que nos anima a conocer la voluntad de Dios para nuestras vidas, y cómo podemos vivir lo que Dios quiere, en la práctica cotidiana de nuestra vida.



IV. ¿Cómo debo llegar a los EE.EE?

Para vivir esta experiencia espiritual es bueno que la persona entienda y comprenda:


De qué se trata en esta experiencia de los Ejercicios: que es quitar todas las trancas, obstáculos, dificultades, estorbos para poder conocer y hacer la voluntad de Dios. (Anotación l)
Que se trata de sentir y gustar las cosas que Dios nos dice personalmente y que no es un curso o taller de catequesis o Biblia (Anotación 2)
Y que esa persona esté dispuesta a vivir todo este tiempo con "gran ánimo y liberalidad" que quiere decir generosidad, con mucho ánimo, no decayendo ante las dificultades que se puedan presentar durante la experiencia. (Anotación 5)
Que pueda perseverar, manteniéndose en los compromisos de oración personal durante el retiro
.

Asimismo, nos puede ayudar mucho a vivir esta experiencia espiritual:


Que seamos capaces de ponernos en la presencia de Dios.
Que escuchemos la voz de Dios, escuchemos la Palabra de Dios, en nuestro corazón y en nuestra vida.
Que nos conozcamos más y más como somos, por qué nos comportamos como nos comportamos con los demás y con nosotros mismos (si nos aceptamos, o, más bien, nos tenemos algún rencor, si nos hacemos la vida bastante imposible a nosotros y a los demás etc.)
Que seamos capaces de conocer nuestras "afecciones desordenadas", es decir, lo que no nos ayuda a hacer el bien.
Que seamos capaces de discernir las mociones (movimientos) que vamos sintiendo en la experiencia.
Que pongamos todos los medios para "ordenar nuestra vida".
Que queramos hacer la voluntad de Dios: lo que Dios quiere.
Que nos dispongamos en nuestra vida a seguir a Jesús.



[1]Ejercicios Espirituales lo identificamos así: EE.EE.




Referencia Bibliográfica:




Guías de ayuda para hacer los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola en la vida corriente del P. Ignacio Huarte, S.J.




...

Matrimonios: Una sola Vid, una sola Iglesia, 2º Parte

P. Vicente Gallo, S.J.


Cristo es el Sacerdote, el Profeta y el Rey


Jesucristo es “la piedra viva, rechazada por los hombres pero elegida y preciosa a los ojos de Dios; y nosotros somos piedras vivas también, que edificamos como un Templo espiritual para ejercer un sacerdocio santo y ofrecer sacrificios espirituales gratos a Dios por Jesucristo” (1P 2, 4-5). Como dice San Agustín, si “Cristo” significa “ el Ungido” como Sacerdote, “cristiano” significa “ungido con Cristo” para en El ser sacerdote igualmente; estando “ungida” no sólo la Cabeza, Cristo, sino todo el Cuerpo.

Cristo, el Ungido, se ofreció a sí mismo desde su entrada en el mundo, hasta culminar su obediencia muriendo en la Cruz, y manteniendo ahora para siempre su oblación ante Dios el Padre (Hb 10, 5-10). Del mismo modo, los cristianos conscientes de lo que son, ofrecerán sus propios cuerpos (Rm 12, 1-2) y todas las actividades de su vida como en obediencia, en unión con el sacrificio de Cristo, para la salvación del mundo en el que viven inmersos. “Todas sus obras, sus oraciones, sus iniciativas apostólicas, la vida conyugal y familiar (con los sacrificios que conllevan), el trabajo diario, el descanso espiritual y corporal”, han de ser ese “sacrificio grato a Dios por Jesucristo” (LG 34).

Actuando en todo santamente, consagran a Dios el mundo entero, haciéndolo ofrenda grata a sus ojos. Y cada semana, en “el Día del Señor”, se unen a Cristo en la Asamblea Litúrgica para, así unidos, ofrecer con El su sacrificio: de la semana que ha transcurrido y ya queda atrás, e igualmente de la semana que se disponen a comenzar manteniendo su obediencia a Dios en lo que les pedirá el vivir cada día. De todo esto es necesario que los cristianos sean más catequizados, para que lo hagan conscientes y con gusto.

Cristo es el Ungido también como Profeta, como Elías ungió “Profeta” a Eliseo (2 R 16). Es el “Profeta” que se prometió a Moisés que vendría después de él (Dt 18, 18 y Hch 3, 22). La palabra “Profeta” no significa “el que adivina el futuro”, sino “el que habla a los hombres las palabras de Dios”. Los creyentes en Cristo somos “un pueblo adquirido por Dios para anunciar las maravillas de quien nos llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1P 2, 9). Anunciar la Buena Noticia, teniendo el carisma de interpretar la Palabra de Dios, es ser “profeta”(Ef 2, 20 y 3, 5). “Hablar con unción”, podemos decir “ser profeta”.

Ser “profetas” con Cristo, y con Juan el Bautista, es proclamar la fuerza salvadora del Reino de Dios con el testimonio de la propia vida y el poder de la Palabra. Ser “profeta” es también denunciar el mal allí donde impere su fuerza de perdición de los hombres. Si cada Iglesia particular descubriese el carisma de los “profetas” que hay en ella, encauzándolo para el bien de todos (1Co 12, 7-11), y a través de ellos llevase el mensaje salvador casa por casa, se implantaría el Reino de Dios siquiera en el mundo de los cristianos.

“Por su pertenencia a Cristo, Señor y Rey del universo, los fieles laicos participan también de su oficio de Rey, y son llamados por El para servir al Reino de Dios y difundirlo en la historia. En el Reino de Dios, se manda sirviendo (Mc 10, 43). Viven la realeza cristiana, antes que nada, mediante la lucha espiritual para vencer en sí mismos el reino del pecado (Rm 6,12). Y después, en la entrega de sí mismos para servir, en la justicia y en la caridad, al propio Jesús, que está presente en todos los hermanos, especialmente en los más pequeños y pobres (Mt 25, 40)” (CL 14).

“A los laicos les pertenece, por propia vocación, intentar el logro del Reino de Dios protagonizando los asuntos temporales del mundo y ordenándolos según Dios” (LG 31). Lo hacen “ejerciendo aquel poder con el que Jesucristo Resucitado atrae a sí todas las cosas y las somete, junto con El mismo, al Padre, de manera que Dios lo sea todo en todas (Jn 12, 32; 1Co 15, 28); con el poder del Amor de Dios manifestado en él (CL 15)

“La Iglesia vive en el mundo, aunque no es del mundo (Jn 17, 16); y es enviada a continuar la obra redentora de Jesucristo, la cual, ‘al mismo tiempo que mira de suyo a la salvación eterna de los hombre, abarca también la restauración de todo el orden temporal’ (Apostolicam Actuositatem 5). Los fieles laicos ‘son llamados por Dios para contribuir desde dentro, a modo de fermento, a la santificación del mundo mediante el ejercicio de sus propias tareas, guiados por el espíritu evangélico’ (LG 31). Dios les manifiesta su designio en su situación intramundana, y les comunica su particular vocación de buscar el Reino de Dios”, ordenando, según Dios, las realidades temporales, como dice el Concilio. (CL 15).


...


Para leer la 1º Parte AQUÍ


...


Agradecemos al P. Vicente Gallo, S.J. por su colaboración.


...

Así se escribió la Biblia




P. Fernando Martínez Galdeano, S.J.




YO seré vuestro DIOS.


(Iv 26,12)


Alianza y Testamento


Ambos términos significan en la Biblia lo mismo: un pacto soberano de Dios con los hombres. Desde la fe, el gran deseo de Dios es el de vincular a los hombres a una vida permanente y plena al abrigo de un Dios que es amor. Toda la Biblia se orienta en definitiva hacia esta meta. “Y creó Dios el hombre a imagen suya” (Gn 1,27). Desde Adán hasta Moisés: “Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo” (Lv 26,12). Y los profetas avanzarán más: “Y os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo” (Ez 36,26). En el Jesús resucitado se realiza la Alianza del designio definitivo del Padre: Os digo que ya o beberá más de este fruto de la vid hasta que venga el reino de Dios” (Lc 22,18).


La Tradición Cristiana


En el N:T:, los apóstoles aparecen como los responsables de comunicar su testimonio sobre la persona de J.C., porque habían estado con él desde el principio; le habían visto y oído y habían recibido en Pentecostés la efusión del Espíritu capaz de conducirles a la verdad plena: “Cuando venga el Espíritu de la verdad, os iluminará para que podáis entender la verdad completa” (Jn 16,13). Es por tanto, una tradición autorizada (apostólica) que se va transmitiendo de generación en generación, por medio de la Iglesia. Es una tradición viva, pues aunque recoge hechos y dichos que corresponden al pasado, ellos están animados por el Espíritu del J.C. viviente y nos ayudan a estar en nuestro presente, de una manera siempre nueva y renovada con la expectativa de futuro: “Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20).


Así se escribió la Biblia Los libros “inspirados” que componen nuestras biblias han sido escritos de forma y manera muy distinta al modo cómo se escriben los libros de hoy día. Algunos de ellos son atribuidos a personas concretas. Sus autores tienen nombres propios. Pero otros han sido más bien producto de tradiciones que el pueblo judío creyente o la comunidad de fe cristiana en su caso han ido más bien producto de tradiciones que el pueblo judío creyente o la comunidad de fe cristiana en su caso han ido comunicando de forma oral y, en ocasiones, mediante apuntes parciales. Los padres transmiten a sus hijos y los maestros a sus discípulos sus historias, enseñanzas y normas, simplemente a través de la palabra hablada. Esta fase primeriza suele ser llamada “tradición oral”.En el Nuevo Testamento, los evangelios y los demás libros son redactados muy directa y personalmente por sus diferentes autores, aunque éstos lo hagan según escritos y tradiciones varias. Alguna de sus cartas en su redacción actual que quizás una recopilación de varias pero en todo caso procede de un solo y único autor.



ESCRITOS DEFINITIVOS


Nuevo Testamento


90 - 70 d. C. evang. Lc, Mt y Jn, Hch, Apoc, Cartas Jn; otras cartas.
70 - 50 d. C. cartas de Pablo: Tes, Cor, Gal. Y Rom; evang. Mc.
50 - 40 d. C. primeras colecc. De “dichos y Hechos de Jesús”.
40 - 30 d. C. mensaje de los apóstoles:

JESÚS RESUCITADO

Antiguo Testamento


60 - 70 a.C. libros de sabiduría y Judit.
120 - 250 a.C. versión griega de los LXX.
330 - 538 a.C. influencia sacerdotal; redacc. Pentateuco.
586 - 721 a.C influencia deuteronomista; Profetismo.
720 - 970 a.C. post. Reinado de Salomón; profetismo; tradiciones primitivas del pentateuco.
970 - 1010 a.C. David y Salomón; anales reales; salmos proverbios.
1030 - 1250 a.C. epopeya del Exodo; canto de María (Ex.15); tradiciones orales; mezcla de leyendas e historia.

TRADICIONES ORALES PRIMITIVAS



¿CUÁNDO SE ESCRIBIERON LOS LIBROS DEL A.T.?

Antes del año 1000 a. C:

· Aparecen fragmentos sueltos que luego van a ser recogidos sobretodo en el Exodo: relatos épicos, decálogo (Ex 20), código de la alianza (Ex 21 -23), canto de María (EX 15)

Reinados de David y Salomón (1030 – 930 a.C.):

· Se escribe los fundamental e la tradición Yahvista (véase cap. 10) que se encuentra en los cinco primeros libros del A.T.
· Redacción de la historia de su tiempo: capítulos de Samuel y Reyes.

División de la Monarquía (930 - 750 a.C.):

· Se escribe lo fundamental de la tradición Elohista (véase cap. 10), que también se encuentra en los primeros libros del A.T.
· Crónica de los reyes de esta época.
· Comienzos del profetismo (relatos acerca de Elías y Eliseo).
· Código deuteronómico (Dt 12 – 26).

Caída de Samaria y pervivencia de Judá (750 – 587 a. C.):

· Primeros escritos proféticos: Amós, Oseas, Isaías (1- 39) y Miqueas.
· Aparece la primera redacción del Deuteronomio (año 622 a. C.)
· Primeras ediciones de Josué, Jueces, Samuel y Reyes.
· Libros proféticos de Sofonías, Nahúm y Habacuc.
· Bastantes salmos.


Exilio y post – exilio (587 – 200 a. C.):


· Se establece la tradición sacerdotal que redacta de forma definitiva el Pentateuco.
· Libros proféticos (siglo VI): Jeremías, Ezequiel, segundo Isaías (40 – 55), Ageo, Zacarías (1 – 8), y tercer Isaías ( 56 -66).
· Últimos profetas (siglos V y IV): Malaquías, Abdías, Joel y Zacarías ( 9 - 14).
· Libros de crónicas, Esdras y Nehemías.
· Se completa el salterio (siglo V) y se editan los Proverbios, Job Rut, Jonás, Tobías, el Cantar de los Cantares (siglo IV), y el Eclesiastés (siglo III).


Desde la revuelta macabea (200 a.C. – comienzo de la era cristiana):


· En el siglo II a. C. se sitúan 2 Macabeos, Baruc, Daniel, Ester, Eclesiástico y Judit.
· En el siglo I a.C. aparecen 1 Macabeos y Sabiduría.



¿CUÁNDO SE ESCRIBIERON LOS LIBROS DEL N.T.?

Después de Pentecostés (aprox. Años 30-49):

· Proclamación de Cristo, muerto y resucitado. El es nuestro Señor y Salvador.
· En las reuniones eucarísticas, se le tiene como realmente presente.
· Se trata de recordar sus hechos y dichos para vivir en comunión con él.

Después del concilio de Jerusalén (aprox. Años 50-69):


· ¿Una versión inicial del evangelio de Mateo en lengua aramea?
· Cartas a los Tesalonicenses (51).
· Cartas a los corintios, Gálatas y Romanos (57- 58).
· ¿Carta de Santiago (58)?
· Carta a los Colosenses, Efesios, Filemón y Filipenses (¿) (61- 63).
· 1ª Carta de Pedro y evangelio de Marcos (64)
· Cartas a Timoteo, Tito y Hebreos (¿64-67?)

Después de la caída de Jerusalén (aprox. años 70-100):


· Evangelio de Mateo, Lucas y Hechos de los Apóstoles (¿70 - 80?)
· Carta de Judas y 2ª de Pedro (70 – 80).
· Evangelio y cartas de Juan (96 – 100).
· Apocalipsis (95 – 100).

VERSIÓN DE LOS SETENTA: La primera traducción al griego del Antiguo Testamento recibe el nombre de “los setenta” (septuaginta en latín). Se acostumbra a señalarla con los números romanos “ LXX”. Aristóbulo (aprox. 170 a. C.), filósofo judío de Alejandría afirma que se hizo una traducción de la Ley en el reinado de Tolomeo II (285-247 a.C.) Y un tal Aristeas también judío (170-100 a.C.) recoge una leyenda con la base histórica de que en tiempos de Tolomeo II, a petición de Demetrio se hizo una versión griega de la Ley. Puntualiza que setenta y dos sabios judíos realizaron este trabajo (de aquí le viene el nombre de “septuaginta”). Lo que en realidad consta de forma fundada es que el A.T. fue traducido al griego por diversos autores entre el 250 y el 150ª.C. Para los cristianos la importancia de esta traducción es relevante, porque al principio fue la versión que más utilizaron desde su fe en Jesucristo. Algunos “Padres de la Iglesia”, posteriores a la evangelización apostólica, se sirvieron también de esta traducción en su reflexión teológica.



La lengua que se usó


Casi todos los libros del Antiguo Testamento se escribieron en hebreo y arameo. Algunos de ellos, los más recientes y que no forman parte de la Biblia oficial judía, son los que pertenecen a la versión que se hizo en griego (Alejandría) y que ya existía con certeza para fines del siglo II a. C. Esta versión en lengua griega lleva el nombre de los “setenta” (LXX), y es que la que más utilizaron los primeros cristianos, pues la expansión de la Iglesia naciente tuvo lugar en un mundo cuya lengua común era el griego. Todos los libros del Nuevo Testamento se redactaron en griego.


El hebreo bíblico es una lengua oriental. En parte por esto, la lejanía del lector moderno respecto a la Biblia no es solamente temporal, sino de cultura. En consecuencia, es muy importante prestar la debida atención al “contexto” literario e histórico para que la exégesis e interpretación de un texto sea correcta y válida.


Respecto de los del Nuevo Testamento, que fueron redactados en griego, la situación en este sentido mejora bastante. La lengua común griega era ya desde hacía tiempo un idioma refinado, preciso, filosófico, mucho más cercano a todos nosotros, que estamos habituados desde la escuela a manejar muchas abstracciones, particularmente en los libros de estudio y en toda clase de escritos. A veces también en los escritos del Nuevo Testamento nos encontramos con cierta dificultad de fondo, pues sus autores eran judíos y aunque escribían en griego, “pensaban” con frecuencia en hebreo. Por eso aparecen en los textos un buen número de semitismos, que no conviene pasar por alto, al contrario hay que tenerlos en cuenta en su interpretación.


Versiones en castellano

En el siglo IV, san Jerónimo, cumpliendo los deseos del Papa san Dámaso, de origen español (hacia el año 380 d.C.), tradujo al latín todos los libros de la Biblia a partir de sus originales en hebreo y griego. Su traducción latina recibió el nombre de “vulgata” (versión común). Esta se constituyó, desde el Concilio Trento (1547), en la versión “auténtica” de la iglesia Católica casi hasta nuestros días del concilio Vaticano II. De ella se hicieron numerosas traducciones a diferentes lenguas.


La Biblia Alfonsina, incluida en la General e grand estoria, del rey Alfonso X el Sabio (1221 – 1284), es considerada como la Biblia más antigua del idioma español. En los siglos XVIII y XIX se publicaron en castellano tres traducciones de la Vulgata con notas. La primera, la de Scío de San Miguel, obispo de Segovia, editada en 1793; la de Felix Torres Amat, obispo de Astorga, que fue publicada en 1822 es la segunda. Desde su sexta edición esta obra es atribuida también a José Miguel Petisco s.j., como realizador definitivo de una traducción más actualizada. Durante más de un siglo ha sido la de uso común en España. Por último, no ha de olvidarse una tercera traducción de la Vulgata al castellano, que fue la del abad Vencé, hecha e impresa en la ciudad de México (1833).


La biblia Nácar-Colunga es la primera versión al español aceptada por la Iglesia, traducida directamente de los originales. Se publicó en 1944. Abrió el camino a posteriores versiones que trataban de superarse unas a otras. Entre las más conocidas, la de Bover-Cantera (1947); la de Herder (1964); la Biblia de Jerusalén (1967), la Biblia orientada y adaptada a Latinoamérica (1971), la Nueva Biblia Española (1975) y realizada por la casa de la Biblia (1992). Entre las más recientes está la Biblia del Peregrino (1993) a cargo de Luis Alonso Schokel, una versión puesta al día de la Biblia de Jerusalén (1999) sin olvidar su versión orientada a Latino- América, y la de Cantera- Iglesia (2000). Y ya se está trabajando en una nueva versión bajo la orientación de la conferencia Episcopal Española que, se espera, esté disponible pronto para la pastoral en el siglo XXI.

“DEI VERBUM”: El concilio Vaticano II fue clausurado en Roma (8.12.1965). Uno de sus documentos, de entre aquellos más destacados, se presenta con el titular de Constitución Dogmática sobre la –Divina Revelación”, y es más conocido por sus palabras iniciales en latín “Dei Verbum” (Palabra de Dios). Sus referencias se identifican con las siglas DV. Fue aprobado este documento días antes de la clausura del Concilio, el 18 de noviembre de 1965. En él se insiste en una lectura asidua de la Biblia, con el fin de que los creyentes alcancen el conocimiento de Jesucristo, y así “iluminando los ojos de vuestro corazón, conozcáis cuál es la esperanza a la que habéis sido llamados” (Ef 1,18).


...


Agradecemos al P. Fernando Martínez Galdeano, S.J. por su colaboración.



...

Sectas de Origen Oriental: Asociación Religiosa "Sukyo Mahikari"

Las Sectas

en

Latinoamérica



40º Parte



P. Ignacio Garro, S.J.



Profesor del Seminario Arquidiocesano de Arequipa, ex profesor del Seminario de Trujillo.





2.- ASOCIACION RELIGIOSA "SUKYO MAHIKARI"


Este nombre significa en japonés53 "Doctrina venerada y viviente de la Luz Milagrosa". Es una secta de tipo oriental y su característica más genuina la podríamos calificar de "Secta de sanación", por medio del método divino y espiritual de curación milagrosa "Mahikari No Waza". Esta secta oriental proviene del Japón, es una de las cinco o seis sectas que de allá vienen, de las cuales existen 160 en este país.


1.- ASPECTOS GENERALES


Esta secta religiosa oriental, apareció en el Perú hacia los años 1970-80. Su templo principal está en Lima en el distrito de Lince. Se registraron como Secta Religiosa sin afán de lucro. Proliferaron mucho en Lima, 54 Callao, con menor fuerza en Trujillo, Chiclayo, Iquitos, Arequipa y Chimbote, Iquitos, Ica, Marcona, Pucallpa, Piura. Hoy día muchos de los centros de esta secta ya han desaparecido y probablemente hayan abierto otros nuevos en lugares donde encuentren terreno abonado. Su estabilidad y continuidad es muy precaria. La oficina principal para Latinoamérica está en Sao Paulo, Brasil. También están expandidos en Venezuela, Bolivia, México, es decir, allí donde hay una colonia fuerte de emigrantes residentes japoneses.


En los centro de "Mahikari" de Lima, que son de los que tenemos noticias están acudiendo muchas personas. Los que siguen el curso de "Mahikari" son mayormente japoneses (nisei y nikei) y también peruanos, muchos de los cuales piensan que dichos cursos son compatibles con su fe católica. En efecto, los dirigentes religiosos del "Mahikari" afirman que esta secta es compatible con cualquier religión.


En sus escritos, frecuentemente, le llaman el "Arte Mahikari", y en otras ocasiones llegan a decir que el "Mahikari es una super-religión, enseñando que las demás religiones que existen en la tierra son ramificaciones de la revelación, en cambio "Mahikari" ha sido revelado para alertar a la humanidad y salvar a los que se adhieran a él de una gran catástrofe que se aproxima", y de aquí el carácter de ser una Super-religión.


Por otra parte para captar adeptos católicos, en sus folletos de propaganda publican una fotografía en la que aparece el papa Pablo VI recibiendo al fundador de "Mahikari" llamado Kootama Okada, y donde las palabras vagas de cortesía pronunciadas por el Papa son interpretadas como una aprobación de la secta "Mahikari". Es de lamentar que algunos sacerdotes y religiosos católicos hayan asistido a estos cursos, lo cual ha sido hábilmente aprovechado por los dirigentes de "Mahikari" como argumento de compatibilidad de esta secta con el cristianismo. Cuando en realidad no es así.


Los asistentes a los centros "Mahikari" no suelen proceder de las clases sociales más pobres, y si es que asisten algunos de ellos, se va realizando una especie de selección continua entre los que siguen sus cursos en los que los menos pudientes van siendo eliminados. Los asistentes se quejan de los cursos impartidos en los centros "Mahikari" son muy caros y que en cualquier ocasión se pide dinero a los que siguen los cursos, sobre todo a aquellos que están más interesados y quieren profundizar más y más en la secta, hasta que culminan su formación en Japón, naturalmente pagando con su dinero el viaje y estadía. Esto explica que los que frecuentan el "Mahikari" sean personas de buena posición social, profesional y personas con estudios superiores.


Una de las cosas que más atrae a los nuevos adeptos son las llamadas "curaciones milagrosas" y que constituye una de las actividades más importantes de esta secta. Estas curaciones se realizan por la colocación de la palma de la mano enfrente de la cara del enfermo, el cual debe de orar y creer ciegamente que va a ser curado. La mayoría de los que quieren ser curados (80%) dice tener enfermedades y problemas de índole económica, familiar, falta de estabilidad laboral, falta de armonía en el hogar, dolores debidos a accidentes mal curados, etc. Según las creencias de la secta "Mahikari" estas enfermedades se atribuyen a la "posesión espiritual" por parte de los espíritus de "bajo nivel espiritual", espíritus que son rencorosos, envidiosos, codiciosos, o que andan vagando en busca de salvación (animismo), o que siente nostalgia por sus descendientes y por eso perturban al enfermo.


El "Arte Mahikari" consiste en detectar estos espíritus, y disuadirles y colocarles en su sitio. A los adeptos que siguen este curso se les dan conferencias durante tres días, que de suyo constituyen el "Seminario Inicial", para que consigan ellos mismos el poder de realizar curaciones. Este "poder de curación" va ligado a la recepción del "Omitama", una especie de "amuleto", en forma de escapulario, cuya recepción supone un cambio total en la persona que lo recibe. Hay que llevar el "Omitama" siempre, colgado en el cuello y debe de ser llevado hasta la hora de la muerte, y quienes se desprenden de él se exponen a los peores males. El escapulario no debe de ser abierto nunca porque contiene un poder sagrado de curación y protección para el que lo lleva.


2.- EL FUNDADOR


El fundador del "Mahikari" se llama Kootama Okada, fue un militar japonés cuyas experiencias religiosas comienzan en la Segunda Guerra Mundial. Se dice que ya de pequeño era muy religioso y tuvo mucha fe en Dios. En su vida militar llegó a tener el mando de un batallón. Padecía desde hacía mucho tiempo una enfermedad en la columna vertebral. Solamente se curó cuando decidió dejar el remedio de los médicos y acudir a Dios para que lo curara. La existencia de un Dios Creador se impuso a su inteligencia durante su enfermedad.


Estando el Japón en plena guerra, montó una fábrica de aviones que fue destruida por un bombardeo. Con este percance él y su hija quedaron en la ruina y con grandes deudas en los Bancos. Hacia 1945 consiguió una rápida recuperación económica, saldando todas sus deudas. Fue un triunfo a su confianza, de su tesón y de la práctica del poder de obrar curaciones que descubrió en sí mismo. Este "poder" de hacer "curaciones y sanaciones milagrosas", que recibió es llamado "LUZ DE DIOS". Este poder se ejercitaba con la imposición de las manos y lo transmitió a sus primeros seguidores y discípulos.


Kootama Okada recibió también la revelación que constituye la base doctrinal de su enseñanza. Se trata de que se aproxima una catástrofe cósmica con la venida del "Bautismo de Fuego", de la que hablaremos más adelante. A la muerte de Kootama Okada, le sucede su hija como "gran maestra" y en todos los cargos de esta secta pseudo-religiosa. Ofrece a la divinidad las ofrendas voluntarias de dinero, llamadas "ofrendas de protección", como agradecimiento por la iluminación que concede a los hombres y para conseguir que los siga iluminando. El dinero recaudado de estas ofrendas es destinado a la propagación de la secta "Mahikari".



3.- LA DOCTRINA

a.- La Creación y el Panteísmo Emanatista del "Mahikari"


El Universo ha sido creado por Dios y "planificado" por El hasta el último detalle. Basta contemplar las plantas, animales y el hombre para comprender esto. El verdadero "pecado" es lo que va contra la armonía del Universo. El "Mahikari" no considera el pecado como una ofensa a Dios, de la que el hombre tenga que ser redimido y reconciliado con Dios. Lo grave e importante son las consecuencias de romper la armonía con el Universo, como es la inestabilidad económica, la enfermedad, las enemistades, es decir, toda clase de problemas, pues de esta manera se contamina el ambiente del Universo.


La manera de estar en armonía con el Universo es controlar la imaginación y los propios sentimientos, en los que influyen, sin que nos demos cuenta, sin darnos cuenta los "espíritus malignos". La mejor manera de corregir los sentimientos negativos es cultivar la virtud del "agradecimiento", especialmente para con Dios. El "agradecimiento" disipa las nubes que impiden que lleguen a nuestra alma las ondas de la LUZ DIVINA. Por esto, el Mahikari tiene muchas oraciones en las que se expresa este agradecimiento; algunas oraciones hay que rezarlas varias veces al día. Naturalmente la "ofrenda de protección" es un momento fuerte para expresar el agradecimiento a Dios.


El nombre de Dios es "SU". Los tres mundos existentes, el Mundo Divino, el Mundo Astral, y el Mundo Físico, están bajo control de "SU". Se dice de "SU" que es profundo, ilimitado y abundante. El es el Creador de todo el Universo, excepto nuestras almas, nuestro "yo" espiritual que son "una parte de Dios" (emanatismo).


No aparece muy clara la omnipotencia de "SU", pues, se nos dice que el crear al hombre y a la mujer fue una empresa muy difícil en la que tuvo que tardar mucho tiempo y tener mucha paciencia. Ante la catástrofe cósmica que actualmente se avecina se nos dice que "SU" quiere salvar a un grupo selecto de elegidos. Y la razón de salvar a un solo grupo se nos dice es que salvar a toda la humanidad sería demasiado difícil.


"SU" es el principio de la sabiduría del cielo, y también de la tierra. Tanto Moisés, como Buda, como Jesucristo, como Confucio, fueron personificaciones del Dios "SU". Antes de crear el mundo, "SU" creó la llamada "matriz espiritual" e introdujo en ella una parte suya que juntó a nuestro cuerpo material y a nuestro cuerpo astral. Este "yo espiritual", al que se llama también "cuerpo espiritual" es "parte de Dios". Y esto hay que tomarlo al pié de la letra. Por eso "hemos salido de Dios" y "somos hijos de Dios".


Resulta de esta manera, que aún cuando el "Mahikari" admite un Dios personal y creador, dentro de sus limitaciones, que es "SU", profesa también una doctrina panteísta y emanatista, ya que al crearnos ha puesto una parte suya en nosotros, el hombre pertenece, pues, a la esfera de la divinidad. Nuestro espíritu se identifica con Dios. No así nuestros dos cuerpos que han de desaparecer después de la muerte. Para el "Mahikari" como para tantas otras sectas orientales la materia no tiene nada bueno que merezca ser conservado. También admiten la reencarnación de las almas.



4.- LA COSMOLOGIA


En la creación y en el universo todo lo que existe resulta del cruzamiento de dos elementos que se representan, de una forma puramente simbólica, es decir, por los símbolos del "agua" y el de el "fuego". El agua equivale al elemento femenino, y el fuego al elemento masculino. El fuego se representa por una línea vertical y el agua por una línea horizontal. Para que las cosas marchen bien, en todas las manifestaciones de la vida, debe de haber la debida proporción entre lo que hace el elemento de "agua" y el elemento "fuego". Así en el Universo está el Sol, que hace el papel del "fuego", y la Luna que hace el papel del "agua". En una Empresa, el empresario haría el "fuego", y los obreros el "agua", etc. Esta teoría está basada en la filosofía del Tao de la China que basa el principio y existencia de todas las cosas en dos principios básicos que conforman todo lo creado: el "Ying" y el "Yang".


Lo más importante, en estos momentos, es conseguir la unión de Dios "SU", con el Universo que ha quedado casi reducido al elemento del "agua", y por lo tanto necesita la unión con el "fuego" para equilibrar la marcha del Universo. Esto se conseguirá con el "Bautismo de Fuego" anunciado por Buda, por Jesucristo, pero cuya realización con todos sus detalles ha sido revelado al fundador del "Mahikari", Kootama Okama. Esta cosmología tiene mucha importancia en nuestra conducta. Debemos procurar esa unión del mundo con Dios, representada por una cruz. Esta unión viene simbolizada por el "Omitama" que ayuda a su realización.


5.- LA ANTROPOLOGIA


Los seres humanos poseemos tres "yo":


a.- El "yo" material
b.- El "yo" astral o plasma
c.- El "yo" espiritual

El "yo" material, que viene de la nada. A través de este "yo" recibimos la influencia de las acciones de nuestros antepasados. Luego está el "yo" o cuerpo astral o plasma, que es todo él una sola célula y se llama también "octoplasma". Lo mismo que el cuerpo material, el cuerpo astral se disuelve en el momento de la muerte. El "yo" espiritual es el que hemos recibido de Dios y "es parte de Dios". Es por lo tanto inmortal y una vez purificado de la materia debe de volver a Dios. Esto sucede después de varias reencarnaciones sucesivas. Aunque algunos espíritus se quedan vagando antes de reencarnarse.


El mundo espiritual al que se llega después de la muerte, tiene distintos niveles:
a.- El infierno
b.- El mundo intermedio
c.- El mundo divino donde esta "SU"

Existe una correspondencia entre la purificación conseguida en el mundo físico y el lugar donde irá el "yo" espiritual después de la muerte. Existe, también, un infierno y un purgatorio. Al morir hay que llevar puesto el "omitama", pues en caso contrario se va uno al infierno.

Las ondas de la LUZ DIVINA que no podemos captar cuando nuestro "yo" espiritual está cubierto por la nubes de las pasiones, nos ayudan a purificarnos y a conocer la verdad. Pero el que tiene que purificarse es el hombre a base de su propio esfuerzo. Aquí, como en el budismo, es uno mismo quien decide su destino. Dios ofrece su Luz, pero no existe una vida sobrenatural, ni pecados que Dios haya realmente de perdonar. Cuando se habla de "perdón de los pecados" se quiere significar simplemente la purificación de los mismos.


6.- CULTO


Aparte de la oraciones de alabanza y de agradecimiento, existe algo que se puede asimilar al sacrificio, que es la "ofrenda de protección". Con esta ofrenda voluntaria, en la que se ofrece dinero en un sobre que lleva el nombre del donante, se agradece a Dios el que nos ilumine con su Luz. Esta ofrenda ayuda a purificarse de los pecados y a caminar por el camino de la salvación.


7.- CURACIONES


Llamadas por ellos "Los milagros de Mahikari No Waza". En sus folletos de propaganda proselitista insisten de manera continua sobre estos "milagros de curación", y dicen: "El hecho de que el hombre recurra a una religión ¿no será porque busca la salvación o un milagro? La mayoría de la gente después de intentar curarse por eminentes médicos y tratándose en los mejores hospitales dotados de los últimos avances de la ciencia y de la tecnología, se aferran a la religión en espera de la salvación o de un milagro que los cure de su enfermedad; pero lamentablemente todas las religiones de la actualidad han perdido la fuerza espiritual".


"Para las otras religiones el factor "milagro y salvación" lo han relegado a un segundo plano y están entusiasmados por la difusión de sus enseñanzas, obligando a los fieles creyentes a unas prácticas muy complicadas e interesadas, y por lo tanto creencias muy simples. No se debe pensar que una religión al conceder beneficios, ha cumplido su tarea y con ello sentirse satisfecho. Los "milagros" son simplemente una forma de encaminar al hombre hacia la verdadera salvación a través de la religión. La forma de acceder realmente a Dios es por medio de los milagros, y una vez que se ha concedido el milagro hay que vivir obedeciendo la Ley que Dios nos ha dado, lo cual nos proporciona gozo en la vida espiritual y felicidad en este mundo".


a.- Diariamente se originan milagros incesantemente


¿Cómo es que "Sukyo Mahikari" realiza milagros y da la salvación? Dicen: En todos los "Dojos", (centro de reunión de esta doctrina "venerada y viviente"), de la Organización millares de personas practican el "Mahikari No Waza", mediante la imposición de la mano en el enfermo. En este caso no solamente los Profesores - Orientadores de los "Dojos", sino también todos los adeptos denominados en esta Organización "Kami-Kumite" (Amor y Salud), están aliviando las enfermedades y solucionando los problemas de infelicidad de las gentes por medio del "Acto de la Purificación". Cuando dicen enfermedades no se refieren solamente a enfermedades y lesiones menores, sino también a enfermedades incurables como cánceres, enfermedades del corazón, de los riñones, hepatitis, cirrosis, males crónicos, etc. También curan y sanan los efectos de la desarmonía conyugal y familiar, problemas personales psicológicos y crisis empresariales, salvándose increíblemente el 90% de los casos mediante el "Mahikari No Waza". De esta manera, diariamente, ocurren milagros de lo más increíbles en todos los países donde se practica el "Acto de Purificación".


b.- La Revelación de Dios


¿Cuál es la fuerza milagrosa que despliega "Mahikari No Waza"? El 27 de febrero de 1959 a las 5, a.m. repentinamente Dios hizo su revelación a "Sukuinushi Sama" (Salvador, Gran Maestro y Orientador y Fundador de la Secta) Kootama Okada y Dios le dijo:

"El Espíritu de Dios penetrará en tu alma. Todo lo que escuches lo divulgarás. Llegó el momento celestial. ¡Levántate y actúa! Hazte llamar "Kootama", (Bola de Fuego"). La vida será muy severa".


"Nuestro Salvador con toda obediencia, levantó la mano, tal como le indicara la Revelación Divina. Entonces ocurrió un fenómeno: una persona moribunda empezó a recuperarse, un paralítico a caminar y así ocurrieron infinidad de milagros sin cesar".


c.- La solución de la perturbación espiritual


(La acción de "Mahikari No Waza"). Así como se ha explicado anteriormente la acción "Mahikari No Waza" es una práctica espiritual que realiza maravillosos milagros. Su acción maravillosa obedece a que según la ciencia desarrollada por los hombres, el cuerpo humano está formado solamente por células físicas; sin embargo esto no es tan simple como se afirma. En realidad existen además de las células físicas, otra "célula astral" en su interior y aún más profundamente, es la célula espiritual, siendo de esta manera tres capas.


Cuando ocurre la muerte del cuerpo físico, los cuerpos astral y espiritual, normalmente se desprenden del carnal y retornan al mundo astral y allí continúan viviendo. Pero hay muchos espíritus que no se han liberado aún porque están aferrados fuertemente al mundo actual o están empeñados, por actitudes negativas, y no logran llegar al mundo astral que es donde deberían estar, cumpliendo otra vida de prueba, hallándose perdidos y confundidos rondando a nuestro alrededor. Todos estos espíritus, debido al sentimiento de odio, resentimiento, y otros sentimientos negativos, se posesionan de nuestro cuerpo humano o de animales, actúan desde el exterior como una estación de radio de control remoto, manipulando libremente nuestro cuerpo y mente y así provocan sufrimientos. A este fenómeno se le denomina "Posesión Espiritual".


Ahora bien ¿Cómo se puede comprobar la realidad de la posesión y perturbación espiritual que no son visibles a los ojos humanos? He aquí la grandiosa acción de "Mahikari No Waza". Por medio de la imposición de la mano en la frente de la persona, irradiando su luz divina hacia la profundidad de la frente, el espíritu poseído comienza sufrir y al no soportar la fuerza de la luz divina, aflora manifestándose. A este hecho se le llama "Afloramiento Espiritual". Y al aflorar, se refleja en el rostro o en las manos de la persona poseída, quien se encuentra en actitud de meditación.


A los movimientos y gestos de diferentes formas se le denomina "Movimiento Espiritual". Esta manifestación de movimientos es el fiel reflejo del estado del espíritu poseído. Se puede conservar con este espíritu, se puede averiguar si es un espíritu vengativo, así como también las razones de la posesión y la relación que le une con la persona a la que había poseído. A esto se le llama "Inspección Espiritual", y al efectuar la inspección, el espíritu contesta hablando o escribiendo a través de los labios y las manos de la persona poseída.


d.- La Purificación del Espíritu


De acuerdo a las explicaciones dadas anteriormente, mediante el "Acto de Purificación" ya podemos convencernos de la existencia del espíritu, siendo la "Purificación del espíritu", la misión más importante de "Mahikari No Waza". Así, el espíritu poseído que se purifica mediante "Mahikari No Waza" va regenerándose hasta que llega a la aprehensión de su misión y cuando se libera de este mundo, se desprende del cuerpo poseído retornado al mundo espiritual. Hay casos en que no se desprende, pero es dominado por la Luz Divina, impidiéndole su acción maligna. Cuando el fenómeno de la liberación ocurre, desaparece la enfermedad, se solucionan los conflictos, el negocio o la empresa comienza a prosperar. El principal objetivo de "Mahikari No Waza" no es solamente aliviar los sufrimientos o enfermedades del hombre, sino el de divinizar su naturaleza espiritual a través de la Purificación, haciendo que comprenda y comprueba por sí mismo la teoría divina de "Dios es la Luz" y el "Hombre es hijo de Dios", y así este bien preparado para que sea la semilla que construirá la próxima civilización espiritual.


e.- Llega la civilización espiritual


Aparición del Mesías de la primera generación. El Dios Supremo Creador del Universo, hizo su primera revelación de trascendental importancia en la historia de la humanidad al maestro Kootama Okada, el 27 de febrero de 1959. Después recibió muchas otras revelaciones, por ejemplo, en junio de 1960 recibió la revelación de:

"Unificar las cinco grandes religiones del mundo (Hinduismo, Budismo, Judaísmo, Cristianismo, Islamismo)". "La tarea de distribuir a la humanidad el Poder del Dios Supremo". En agosto del año 1960 la revelación de: "Eres pionero generacional de los Mesías que han nacido con la gran misión de reconstruir el mundo y hacer realidad la gran obra de Dios sobre la tierra. Culmina la obra sagrada, purificando y salvando a la humanidad".



Referencias:



53 Cfr. "Las nuevas Sectas en el Perú". P. José M. Carreras, S.J. Lima. 1983.
54 En Lima existían los siguientes centros, incluyendo el Callao. Avenida Merino, 2745 (Lince), Avenida de la Marina 1349 (S. Miguel). Miguel Dasso, 126 (S. Isidro). Santa Teresita, Lote 41 (Vitarte). Arturo Suárez, Zona B (S. Juan de Miraflores). Alfredo Mendiola, 555 (Urbanización Ingeniería). Apurímac, 789 (Callao).



...



Agradecemos al P. Ignacio Garro, S.J. por su colaboración.



...

Acción de Gracias por la vida del P. Juan Luis Lazarte, S.J.


El viernes 24 de septiembre a las 4:00PM en la Capilla San Francisco Javier, S.J. de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), se celebrará la Misa de Acción de Gracias por la vida del P. Juan Luis Lazarte, S.J. quien fuera capellán de la UNI, al cumplirse casi un mes de su partida a la Casa del Padre.

El ingreso a la Capilla es por la Puerta Nº5 de la UNI.

Todos están cordialmente invitados a acompañarnos en esta especial Eucaristía.

Gracias por su participación.

Capilla San Francisco Javier, S.J.
Universidad Nacional de Ingeniería

Nota póstuma:
P. Juan Luis Lazarte, S.J. partió a la Casa del Padre

Homilía: Domingo 25º T.O. (C), 19 de Septiembre


Lecturas: Am 8,4-7; S 112; 1Ti 2,1-8; Lc 16,1-13

Dios o el dinero:
Hay que elegir


P. José Ramón Martínez Galdeano, S.J.




Hace ya algunos domingos el evangelio recordaba el peligro de la ambición del dinero y la necesidad de la limosna. Hoy se vuelve sobre el tema. Hoy y el domingo próximo, en que se leerá la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro, se insiste en advertir acerca del debido uso de las riquezas y del deber de la limosna. Ambos puntos son de gran importancia para la vida cristiana.
Literariamente la parábola está construida con mucho realismo. La investigación documental del tiempo corrobora que en los tiempos de Jesús las cosas se hacían así.

El rico de la parábola era un propietario legítimo de su fortuna, que se ve que era muy grande. Representa a Dios, que es el supremo Señor de todos los bienes creados. Su administrador es cualquier hombre, cualquiera de nosotros, que posee algunos bienes con los que vive él y su familia.

Admitida la existencia de Dios y la continua acción de su providencia sobre el mundo, hemos de creer que nuestros bienes materiales proceden de la acción creadora de Dios y de las leyes que Dios les ha dado y sirven a su conservación y multiplicación. Todo ello y los intrincados vericuetos, por los que han llegado a nuestras manos, los ha querido y dirigido Dios para que, usándolos según su voluntad, realicemos el plan que ha querido para cada uno. Desde el punto de vista de la fe, pues, reconocemos que todo lo que tenemos, sean los que sean los medios por los que han llegado a nosotros, lo han sido por voluntad de Dios. De su empleo nos va pedir cuentas a la hora de la muerte. La parábola de los talentos nos recuerda a todos estas cosas (Mt 25). Todos los talentos de que disponemos, uno, tres o cinco, son de Dios y nosotros tenemos la obligación de que den fruto.

La parábola toma pie de un hecho no infrecuente en la sociedad de entonces. No era raro que grandes propietarios de las feraces zonas del delta del Nilo y otras dejasen la administración de sus tierras a una persona para poder vivir ellos así cómodamente en las ciudades. Estafas de este tipo tampoco eran raras. No faltaba gente comodona incapaz de asumir la dedicación y esfuerzo, que exige la gestión de grandes tierras, y aun ayuna de conocimientos, que aguantaba que les robasen sus administradores a cambio de vivir tranquilos y disfrutar de la comodidad de la ciudad. Sus grandes riquezas e ingresos les permitían dejarse robar de esa manera.

El tipo de administrador y el truco sinvergüenza de asegurarse el futuro con la colaboración de los deudores igualmente sinvergüenzas no era en aquellos tiempos tan infrecuente y era bien conocido. La parábola no aprueba la conducta moral del administrador. Al contrario lo califica de “injusto”, Simplemente dice que fue astuto, pues de esa manera logró poder seguir viviendo con holgura. Fue inteligente para lo suyo. Esto es lo que Jesús ve de bueno en él. Nos lo pone como ejemplo de talento práctico, aunque empleado para el mal, a fin de que nos estimule a ser inteligentes para el bien. “Y es que los hijos de este mundo –los que no tienen fe ni esperan otro– son más astutos con su gente que los hijos de la luz. Por eso les digo: Gánense amigos con el dinero injusto, para que, cuando les falte, los reciban a ustedes en las moradas eternas”. A modo de comentario marginal, es de señalar en las palabras de Jesús que revelan la verdad de fe de la existencia de “las moradas eternas” y del castigo que supone su pérdida, también eterna, y que reafirmará en la parábola del Epulón, que vendrá a continuación.

Jesús llama aquí al dinero “injusto” y lo repetirá luego. No dice que toda persona rica lo sea por haber recurrido a medios inmorales; pero es injusto porque el deseo de tenerlo suscita la tentación de adquirirlo sea como sea aun por medios inmorales, y porque emplearlo moralmente bien no es fácil.

Y prosigue Jesús: “El que es de fiar en lo poco, lo es también en lo mucho; el que no es honrado en lo mínimo tampoco en lo importante es honrado”. Una persona que se pringa administrando poco, imagínense lo que haría si se encontrase ante cantidades mucho más grandes. Robos mucho mayores podrían pasar desapercibidos. “Lo poco” y “lo mucho”, “lo mínimo” y “lo importante” son aquí los bienes materiales de este mundo y los bienes sobrenaturales de la gracia, de los dones espirituales, de las virtudes y de la gloria eterna. Estos son “los bienes verdaderos” y los que “les pertenecen a ustedes”, mientras el dinero es de nuevo calificado como “injusto y “ajeno”. “Si no fueron de confianza con el injusto dinero, ¿quién les confiará los bienes verdaderos? Y si no fueron fieles con lo ajeno, ¿quién les confiará lo que les pertenece a ustedes?”. Si se pierde lo propio, no tiene más consecuencias; pero si se malbarata lo ajeno, se pasa por el baldón de ser irresponsable y persona no confiable y normalmente hay que reponer la pérdida. Por eso la persona responsable pone en general más cuidado con lo ajeno que con lo propio. “Lo que nos pertenece”, a lo que estamos destinados, lo que quiere Dios otorgarnos, lo nuestro, son la gracia y dones sobrenaturales; mientras que los bienes de este mundo no son para nosotros, son “ajenos” y prestados y habrá que dejarlos aquí; son como esos agujeros negros, de los que hablan los científicos, que absorben y desaparecen todo. Puede que se hagan ricos; pero en virtudes no se hará mejores.

Jesús añade un nuevo argumento y concluye con una frase lapidaria: “Ningún siervo puede servir a dos señores, pues odiará a uno y amará al otro o será fiel a uno y despreciará al otro. No pueden servir a Dios y al dinero”. Tanto Dios como el ansia de hacerse rico exigen el esfuerzo total de la persona. Dios pide un amor con todo el corazón y todas las fuerzas. Hay que elegir entre uno y otro. La persona que tenga como máximo valor e interés en la vida el hacerse rico, no recibirá dones sobrenaturales ni gracia en abundancia, no los aprecian ni los agradecen. Los santos padres indican como medios para el progreso en el amor de Dios a la oración, el ayuno y la limosna.

Piense cada uno de nosotros a la luz de este evangelio de qué suele hablar, cuáles son sus preocupaciones y temores más normales, qué es lo que más valora en sus amigos, qué metas personales tiene, en qué gasta su dinero, cuánto da de limosna. Si los hechos le dicen que para él el dinero ocupa un lugar privilegiado, no se extrañe, por ejemplo, de su dificultad para encontrar a Dios por mucha oración que haga; de continuar tiempo y tiempo con los mismos defectos; de tener tal vez muchas relaciones y pocos amigos de confianza; de tener cosas pero faltarle la alegría. Que el Señor nos ilumine a todos con su luz.
...

El desprendimiento



P. Adolfo Franco, S.J.


Reflexión del Evangelio del Domingo XXV del Tiempo Ordinario.


Lucas 16, 1-13



Jesús con frecuencia nos da lecciones sobre el dinero y su recto uso, lecciones sobre la pobreza y los peligros de la riqueza. En esta ocasión se vale de una parábola, la del administrador infiel, al que le piden cuentas de su administración, porque hay serias sospechas de su honestidad; y entonces se dedica a rebajar las deudas de los siervos de su amo, para hacérselos favorables. Utiliza el dinero ajeno para ganarse amigos.

Y el Señor saca como conclusión que nos ganemos amigos con el dinero injustamente obtenido, para que podamos aspirar a la salvación. Y termina diciendo su mensaje central: no podemos servir a Dios y al dinero.

¿Por qué esta contraposición entre Dios y el dinero? ¿Por qué los pone Jesús como enemigos? Parecería que tener riqueza es en sí mismo un mal. Y ciertamente el Señor no quiere decir eso. Pero ¿qué mal hay en la riqueza que puede convertirse en enemigo de Dios? Si nos fijamos bien en la afirmación de Jesús, se trata de “servir”; y entonces se entiende perfectamente: el que sirve al dinero, no puede servir a Dios.

De antemano hay que dejar bien claro que el dinero, la riqueza, los bienes materiales, no son en sí mismo ni malos ni buenos; lo que los hace malos o buenos es el uso que se les dé. Porque el dinero puede hacer de una persona un soberbio y un materialista y puede hacer también un ser generoso y desprendido. Depende del uso que se haga de él. El dinero puede ser usado para pagar vicios, y puede servir para curar enfermedades. Todo depende; lo malo del dinero es convertirse en sus servidores.

Por otra parte, si dijéramos que el dinero, los bienes materiales son esencialmente tan malos, habría que preguntar ¿por qué Dios ha hecho al hombre de manera que necesite de esos bienes materiales para vivir? Se necesita el dinero para la comida, para la salud, para la educación, para la vivienda. Para cumplir todas esas necesidades de la vida, es necesario el dinero. Y es Dios quien nos ha hecho de tal forma que necesitamos alimento, vestido, cuidado de salud y habitación. Así que, por una parte el dinero nos es necesario para vivir, y por otra parte se nos dice que es tan nefasto; parecería que Dios mismo nos obliga a convivir con nuestro enemigo.

¿Qué propone Jesús, frente a esto? Muchas cosas propone. Y lo primero es el desprendimiento. Desprendimiento es renunciar a algunas cosas, a muchas cosas; compartir más, no acumular; en la Biblia se nos dice que la limosna cura multitud de pecados. Desprendimiento es todo eso; y sobre todo buscar conseguir una meta cristiana importante y es que nuestro corazón esté limpio completamente de todo deseo material; que tengamos lo necesario sí, pero que lo tengamos como si no lo tuviéramos; hacer que las cosas no nos dominen, que no se apoderen de nosotros, no ser siervos del dinero . Cuando hay avaricia, tristeza por la pérdida de algo material, cuando hay hambre y sed de tener más, cuando necesitamos asegurarnos mediante el acaparamiento, entonces es que nuestro corazón no está limpio de la riqueza. Estamos siendo invadidos por lo material. Cuando somos mezquinos al dar, cuando pensamos que nunca tenemos lo suficiente, y que nunca nos sobra nada; cuando solo damos lo inservible, entonces es que las riquezas están dominando nuestro corazón,. Y hay que purificarlo. ¿Serías capaz de dar lo mejor que tienes?

Jesús nos dice más, que la riqueza es un continuo peligro. Y tanto que por ella se cometen tantos atropellos. Y esto es bastante claro. Las maneras de hacer dinero en muy gran escala, los grandes negocios, son el tráfico de armas, el narcotráfico, la corrupción de altos funcionarios, el tráfico de personas vendidas para la prostitución; añadamos el robo, la especulación y la estafa. Todo eso es conseguir dinero destruyendo vidas. Negociar con vidas humanas. El deseo de las riquezas se convierte así en enemigo de Dios: Dios y el dinero enfrentados. Porque el que medra con tráfico de armas es culpable de muertes, y se hace enemigo de Dios; el que lucra con la destrucción moral de los jóvenes drogadictos, se hace enemigo de Dios; y lo mismo el que se aprovecha de los bienes comunes de la sociedad y el que negocia con la honra de niños y mujeres en el tráfico sexual. Se ve claramente cómo el dinero se convierte en el enemigo de Dios.

Pero además de eso, el dinero y el afán de riquezas nos quita la perspectiva de la vida humana. Estamos hechos para la vida sobrenatural, estamos orientados hacia al futuro, a la vida de más allá de la vida. Y el dinero, la preocupación por los bienes de este mundo, nos ciega la mirada del horizonte, de lo que hay más allá. Nos quita la esperanza de los bienes extraordinarios que Dios ha prometido a sus hijos. Nos hace perder de vista el futuro, por estar tan enfrascados en un presente tan mezquino. Nos hace desperdiciar la vida presente por no orientarla de verdad a la vida futura.

Jesús simplifica todo diciendo: o Dios o el dinero. Es una forma clara de advertirnos, y sobre todo de poner al descubierto la trampa del dinero. El dinero, en efecto, es una trampa: arriesgar lo mejor, que es Dios, por ganar lo peor que es lo material. ¡Qué mala elección haríamos si perdiéramos a Dios por obtener el dinero.



...


Agradecemos la P. Adolfo Franco, S.J. por su colaboración.


...

El Papa en Gran Bretaña: La Eucaristía, corazón de la Iglesia


(16-19 DE SEPTIEMBRE DE 2010)


SANTA MISA

HOMILÍA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI


Catedral de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo City of Westminster, Sábado 18 de septiembre de 2010



Queridos amigos en Cristo


Os saludo a todos con alegría en el Señor y os doy las gracias por vuestra calurosa acogida. Agradezco al Arzobispo Nichols sus palabras de bienvenida de vuestra parte. Verdaderamente, en este encuentro entre el Sucesor de Pedro y los fieles de Gran Bretaña, “el corazón habla al corazón", gozándonos en el amor de Cristo y en la común profesión de la fe católica que nos viene de los Apóstoles. Me alegra especialmente que nuestro encuentro tenga lugar en esta catedral dedicada a la Preciosísima Sangre, que es el signo de la misericordia redentora de Dios derramada en el mundo por la pasión, muerte y resurrección de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo. De manera particular, saludo al Arzobispo de Canterbury, quien nos honra con su presencia.

Quien visita esta Catedral no puede dejar de sorprenderse por el gran crucifijo que domina la nave, que reproduce el cuerpo de Cristo, triturado por el sufrimiento, abrumado por la tristeza, víctima inocente cuya muerte nos ha reconciliado con el Padre y nos ha hecho partícipes en la vida misma de Dios. Los brazos extendidos del Señor parecen abrazar toda esta iglesia, elevando al Padre a todos los fieles que se reúnen en torno al altar del sacrificio eucarístico y que participan de sus frutos. El Señor crucificado está por encima y delante de nosotros como la fuente de nuestra vida y salvación, "sumo sacerdote de los bienes definitivos”, como lo designa el autor de la Carta a los Hebreos en la primera lectura de hoy (Hb 9,11).

A la sombra, por decirlo así, de esta impactante imagen, deseo reflexionar sobre la palabra de Dios que se acaba de proclamar y profundizar en el misterio de la Preciosa Sangre. Porque ese misterio nos lleva a ver la unidad entre el sacrificio de Cristo en la cruz, el sacrificio eucarístico que ha entregado a su Iglesia y su sacerdocio eterno. Él, sentado a la derecha del Padre, intercede incesantemente por nosotros, los miembros de su cuerpo místico.

Comencemos con el sacrificio de la Cruz. La efusión de la sangre de Cristo es la fuente de la vida de la Iglesia. San Juan, como sabemos, ve en el agua y la sangre que manaba del cuerpo de nuestro Señor la fuente de esa vida divina, que otorga el Espíritu Santo y se nos comunica en los sacramentos (Jn 19,34; cf. 1 Jn 1,7; 5,6-7). La Carta a los Hebreos extrae, podríamos decir, las implicaciones litúrgicas de este misterio. Jesús, por su sufrimiento y muerte, con su entrega en virtud del Espíritu eterno, se ha convertido en nuestro sumo sacerdote y "mediador de una alianza nueva" (Hb 9,15). Estas palabras evocan las palabras de nuestro Señor en la Última Cena, cuando instituyó la Eucaristía como el sacramento de su cuerpo, entregado por nosotros, y su sangre, la sangre de la alianza nueva y eterna, derramada para el perdón de los pecados (cf. Mc 14,24; Mt 26,28; Lc 22,20).

Fiel al mandato de Cristo de "hacer esto en memoria mía" (Lc 22,19), la Iglesia en todo tiempo y lugar celebra la Eucaristía hasta que el Señor vuelva en la gloria, alegrándose de su presencia sacramental y aprovechando el poder de su sacrificio salvador para la redención del mundo. La realidad del sacrificio eucarístico ha estado siempre en el corazón de la fe católica; cuestionada en el siglo XVI, fue solemnemente reafirmada en el Concilio de Trento en el contexto de nuestra justificación en Cristo. Aquí en Inglaterra, como sabemos, hubo muchos que defendieron incondicionalmente la Misa, a menudo a un precio costoso, incrementando la devoción a la Santísima Eucaristía, que ha sido un sello distintivo del catolicismo en estas tierras.

El sacrificio eucarístico del Cuerpo y la Sangre de Cristo abraza a su vez el misterio de la pasión de nuestro Señor, que continúa en los miembros de su Cuerpo místico, en la Iglesia en cada época. El gran crucifijo que aquí se yergue sobre nosotros, nos recuerda que Cristo, nuestro sumo y eterno sacerdote, une cada día a los méritos infinitos de su sacrificio nuestros proprios sacrificios, sufrimientos, necesidades, esperanzas y aspiraciones. Por Cristo, con Él y en Él, presentamos nuestros cuerpos como sacrificio santo y agradable a Dios (cf. Rm 12,1). En este sentido, nos asociamos a su ofrenda eterna, completando, como dice San Pablo, en nuestra carne lo que falta a los dolores de Cristo en favor de su cuerpo, que es la Iglesia (cf. Col 1,24). En la vida de la Iglesia, en sus pruebas y tribulaciones, Cristo continúa, según la expresión genial de Pascal, estando en agonía hasta el fin del mundo (Pensées, 553, ed. Brunschvicg).

Vemos este aspecto del misterio de la Sangre Preciosa de Cristo actualizado de forma elocuente por los mártires de todos los tiempos, que bebieron el cáliz que Cristo mismo bebió, y cuya propia sangre, derramada en unión con su sacrificio, da nueva vida a la Iglesia. También se refleja en nuestros hermanos y hermanas de todo el mundo que aun hoy sufren discriminación y persecución por su fe cristiana. También está presente, con frecuencia de forma oculta, en el sufrimiento de cada cristiano que diariamente une sus sacrificios a los del Señor para la santificación de la Iglesia y la redención del mundo. Pienso ahora de manera especial en todos los que se unen espiritualmente a esta celebración eucarística y, en particular, en los enfermos, los ancianos, los discapacitados y los que sufren mental y espiritualmente.

Pienso también en el inmenso sufrimiento causado por el abuso de menores, especialmente por los ministros de la Iglesia. Por encima de todo, quiero manifestar mi profundo pesar a las víctimas inocentes de estos crímenes atroces, junto con mi esperanza de que el poder de la gracia de Cristo, su sacrificio de reconciliación, traerá la curación profunda y la paz a sus vidas.

Asimismo, reconozco con vosotros la vergüenza y la humillación que todos hemos sufrido a causa de estos pecados; y os invito a presentarlas al Señor, confiando que este castigo contribuirá a la sanación de las víctimas, a la purificación de la Iglesia y a la renovación de su inveterado compromiso con la educación y la atención de los jóvenes. Agradezco los esfuerzos realizados para afrontar este problema de manera responsable, y os pido a todos que os preocupéis de las víctimas y os compadezcáis de vuestros sacerdotes.

Queridos amigos, volvamos a la contemplación del gran crucifijo que se alza por encima de nosotros. Las manos de Nuestro Señor, extendidas en la Cruz, nos invitan también a contemplar nuestra participación en su sacerdocio eterno y por lo tanto nuestra responsabilidad, como miembros de su cuerpo, para que la fuerza reconciliadora de su sacrificio llegue al mundo en que vivimos. El Concilio Vaticano II habló elocuentemente sobre el papel indispensable que los laicos deben desempeñar en la misión de la Iglesia, esforzándose por ser fermento del Evangelio en la sociedad y trabajar por el progreso del Reino de Dios en el mundo (cf. Lumen gentium, 31; Apostolicam actuositatem, 7). La exhortación conciliar a los laicos, para que, en virtud de su bautismo, participen en la misión de Cristo, se hizo eco de las intuiciones y enseñanzas de John Henry Newman. Que las profundas ideas de este gran inglés sigan inspirando a todos los seguidores de Cristo en esta tierra, para que configuren su pensamiento, palabra y obras con Cristo, y trabajen decididamente en la defensa de las verdades morales inmutables que, asumidas, iluminadas y confirmadas por el Evangelio, fundamentan una sociedad verdaderamente humana, justa y libre.

Cuánto necesita la sociedad contemporánea este testimonio. Cuánto necesitamos, en la Iglesia y en la sociedad, testigos de la belleza de la santidad, testigos del esplendor de la verdad, testigos de la alegría y libertad que nace de una relación viva con Cristo. Uno de los mayores desafíos a los que nos enfrentamos hoy es cómo hablar de manera convincente de la sabiduría y del poder liberador de la Palabra de Dios a un mundo que, con demasiada frecuencia, considera el Evangelio como una constricción de la libertad humana, en lugar de la verdad que libera nuestra mente e ilumina nuestros esfuerzos para vivir correcta y sabiamente, como individuos y como miembros de la sociedad.

Oremos, pues, para que los católicos de esta tierra sean cada vez más conscientes de su dignidad como pueblo sacerdotal, llamados a consagrar el mundo a Dios a través de la vida de fe y de santidad. Y que este aumento de celo apostólico se vea acompañado de una oración más intensa por las vocaciones al orden sacerdotal, porque cuanto más crece el apostolado seglar, con mayor urgencia se percibe la necesidad de sacerdotes; y cuanto más profundizan los laicos en la propia vocación, más se subraya lo que es propio del sacerdote. Que muchos jóvenes en esta tierra encuentren la fuerza para responder a la llamada del Maestro al sacerdocio ministerial, dedicando sus vidas, sus energías y sus talentos a Dios, construyendo así un pueblo en unidad y fidelidad al Evangelio, especialmente a través de la celebración del sacrificio eucarístico.

Queridos amigos, en esta catedral de la Preciosísima Sangre, os invito una vez más a mirar a Cristo, que inicia y completa nuestra fe (cf. Hb 12,2). Os pido que os unáis cada vez más plenamente al Señor, participando en su sacrificio en la cruz y ofreciéndole un "culto espiritual" (Rm 12,1) que abrace todos los aspectos de nuestra vida y que se manifieste en nuestros esfuerzos por contribuir a la venida de su Reino. Ruego para que, al actuar así, os unáis a la hilera de los creyentes fieles que a lo largo de la historia del cristianismo en esta tierra han edificado una sociedad verdaderamente digna del hombre, digna de las más nobles tradiciones de vuestra nación.



Saludo del Santo Padre a los jóvenes


Señor Uche,

Queridos jóvenes amigos


Gracias por vuestra calurosa bienvenida. "El corazón habla al corazón" –cor ad cor loquitur-. Como sabéis, he elegido estas palabras tan queridas para el cardenal Newman como el lema de mi visita. En estos momentos en que estamos juntos, deseo hablar con vosotros desde mi propio corazón, y os ruego que abráis los vuestros a lo que tengo que decir.

Pido a cada uno, en primer lugar, que mire en el interior de su propio corazón. Que piense en todo el amor que su corazón es capaz de recibir, y en todo el amor que es capaz de ofrecer. Al fin y al cabo, hemos sido creados para amar. Esto es lo que la Biblia quiere decir cuando afirma que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios: Hemos sido creados para conocer al Dios del amor, a Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, y para encontrar nuestra plena realización en ese amor divino que no conoce principio ni fin.

Hemos sido creados para recibir amor, y así ha sido. Todos los días debemos agradecer a Dios el amor que ya hemos conocido, el amor que nos ha hecho quienes somos, el amor que nos ha mostrado lo que es verdaderamente importante en la vida. Necesitamos dar gracias al Señor por el amor que hemos recibido de nuestras familias, nuestros amigos, nuestros maestros, y todas las personas que en nuestras vidas nos han ayudado a darnos cuenta de lo valiosos que somos a sus ojos y a los ojos de Dios.

Hemos sido creados también para dar amor, para hacer de él la fuente de cuanto realizamos y lo más perdurable de nuestras vidas. A veces esto parece lo más natural, especialmente cuando sentimos la alegría del amor, cuando nuestros corazones rebosan de generosidad, idealismo, deseo de ayudar a los demás y construir un mundo mejor. Pero otras veces constatamos que es difícil amar; nuestro corazón puede endurecerse fácilmente endurecido por el egoísmo, la envidia y el orgullo. La Beata Teresa de Calcuta, la gran misionera de la Caridad, nos recordó que dar amor, amor puro y generoso, es el fruto de una decisión diaria. Cada día hemos de optar por amar, y esto requiere ayuda, la ayuda que viene de Cristo, de la oración y de la sabiduría que se encuentra en su palabra, y de la gracia que Él nos otorga en los sacramentos de su Iglesia.

Éste es el mensaje que hoy quiero compartir con vosotros. Os pido que miréis vuestros corazones cada día para encontrar la fuente del verdadero amor. Jesús está siempre allí, esperando serenamente que permanezcamos junto a Él y escuchemos su voz. En lo profundo de vuestro corazón, os llama a dedicarle tiempo en la oración. Pero este tipo de oración, la verdadera oración, requiere disciplina; requiere buscar momentos de silencio cada día. A menudo significa esperar a que el Señor hable. Incluso en medio del "ajetreo" y las presiones de nuestra vida cotidiana, necesitamos espacios de silencio, porque en el silencio encontramos a Dios, y en el silencio descubrimos nuestro verdadero ser. Y al descubrir nuestro verdadero yo, descubrimos la vocación particular a la cual Dios nos llama para la edificación de su Iglesia y la redención de nuestro mundo. El corazón que habla al corazón. Con estas palabras de mi corazón, queridos jóvenes, os aseguro mi oración por vosotros, para que vuestra vida dé frutos abundantes para la construcción de la civilización del amor. Os ruego también que recéis por mí, por mi ministerio como Sucesor de Pedro, y por las necesidades de la Iglesia en todo el mundo. Sobre vosotros, vuestras familias y amigos, invoco las bendiciones divinas de sabiduría, alegría y paz.



Saludo del Santo Padre a los fieles de Gales


Querido Señor Obispo Regan


Le agradezco su saludo tan caluroso de parte de los fieles de Gales. Con la bendición del mosaico de San David, el santo patrón del pueblo galés, y el encendido de la lámpara de la imagen de Nuestra Señora de Cardigan, me alegra tener esta oportunidad de honrar la Nación y sus antiguas tradiciones cristianas.

San David, uno de los grandes santos del siglo sexto, edad dorada para estas islas por los santos y misioneros, fue fundador de la cultura cristiana que está en el origen de la Europa moderna. La predicación de David fue sencilla, pero profunda. Al morir, sus últimas palabras a sus monjes, fueron: «Estad alegres, mantened la fe y cumplid las cosas pequeñas». Son las cosas pequeñas las que manifiestan nuestro amor por aquel que nos amó primero (cf. 1 Jn 4, 19) y las que unen a las personas en una comunidad de fe, amor y servicio. Que el mensaje de san David, en toda su sencillez y riqueza, siga resonando hoy en Gales, atrayendo los corazones de sus gentes hacia un renovado amor por Cristo y su Iglesia.

A lo largo de la historia, el pueblo galés se ha distinguido por su devoción a la Madre de Dios; así se evidencia por los numerosos lugares que en Gales se llaman «Llanfair», Iglesia de María. Al disponerme a encender la vela que lleva Nuestra Señora, le suplico que siga intercediendo ante su Hijo por todos los hombres y mujeres de Gales. Que la luz de Cristo siga guiando sus pasos y conforme la vida y la cultura de la Nación.

Lamentablemente, no me ha sido posible ir a Gales durante esta visita. Pero confío que esta bella imagen, que ahora volverá al Santuario Nacional de Nuestra Señora en Cardigan, sea un recuerdo perdurable del profundo amor del Papa por el pueblo galés, y de su constante cercanía en la oración y comunión de la Iglesia.

Bendith Duw ar bobol Cymru! Que Dios bendiga al pueblo galés.


...


Tomado de:


...

San Vicente de Paúl


Fundador de la Congregación de la Misión y las Hijas de la Caridad
1581-1660
Fiesta: 27 de septiembre.


Resumen: Nació en Aquitania el año 1581. Cursados los correspondientes estudios, fue ordenado sacerdote y ejerció de párroco en París. Fundó la Congregación de la Misión, destinada a la formación del clero y al servicio de los pobres, y también, con la ayuda de santa Luisa de Marillac, la Congregación de Hijas de la Caridad. Murió en París el año 1660.



Nace el 2 de abril de 1581, en Ranquine, cerca de Dax, en el S.O. de Francia. Tercer hijo del campesino Juan de Paúl. Los hijos de los campesinos del siglo XVI apenas tenían tiempo para divertirse; ya desde muy jóvenes se veían obligados a trabajar. Vicente, llevaba a pastar el ganado: las ovejas, las vacas, los cerdos. Vicente salía todos los días, descalzo y con humildes provisiones.

Vicente es un chiquillo despierto, y su padre tiene para él unos planes ambiciosos. Fue enviado a los 14 años al colegio de los franciscanos de Dax que esta a 5 kilómetros de Pouy. Dax es una ciudad próspera, de amplias calles y bellas mansiones. Vicente toma gusto a sus estudios, desea abandonar la vida rural; se siente con vergüenza de sus orígenes y de su mismo padre. "Siendo un muchacho, cuando mi padre me llevaba a la ciudad, me daba vergüenza ir con él y reconocerle como padre, porque iba mal trajeado y era un poco cojo". "Recuerdo que en una ocasión, en le colegio donde estudiaba me avisaron que había venido a verme mi padre, que era un pobre campesino. Yo me negué a salir a verle".

Después de cuatro años de estudios en Dax, marcha a la gran ciudad de Toulose. Su padre acaba de morir en 1598, mientras Vicente tenía 17 años, ha recibido ya la tonsura y las órdenes menores. Su padre le deja parte de la herencia para pagar sus estudios, pero él rechaza esta ayuda; prefiere valérselas por si mismo.

Para subsistir, enseña humanidades en el colegio de Buñet y sigue a la vez con sus estudios de Teología. En 1598 recibe el subdiaconado y el diaconado, y el 23 de Septiembre de 1600, en Chateau-l'Eveque, es ordenado sacerdote por el anciano obispo de Périgueux. "Si yo hubiera sabido, como lo he sabido después, lo que era el sacerdocio cuando cometí la temeridad de aceptarlo, habría preferido dedicarme a trabajar la tierra antes de ingresar en un estado tan temible," escribirá mas tarde.

El obispo de Dax le ofrece una parroquia, pero hay otro candidato. Vicente renuncia, prefiere proseguir con sus estudios y apuntar mas alto: aspira a ser obispo.

En 1604 obtiene el doctorado en Teología. Se dirige a Burdeos. Acude a Marsella a un viaje bastante interesado. Una anciana dama de Toulose le ha dejado una herencia de 400 escudos, pero la anciana tiene a un deudor, a quien Vicente persigue hasta Marsella, donde consigue recuperar 300 escudos, para regresar a continuación a Toulose por Narbona.

En Marsella Vicente embarca para Narbona. Se va en barco, el cual es atacado por los turcos y Vicente cae prisionero. Los años 1605-1607 son en realidad muy misteriosos. Se cuenta que vendido como esclavo en Túneñ, estuvo sucesivamente al servicio de cuatro distintos señores: un pescador, un médico, el sobrino de éste y, por último, un cristiano renegado. Por fin, convirtió a su amo, se escapó llegando a Avignon y desde allí a Roma. Luego fue a París hacia el 1608.

En 1609, poco después de su llegada a París, Vicente encontró a Pierre de Bérulle, sin duda en el hospital de la Caridad, adonde ambos iban a visitar enfermos. Bérulle tenía una doble vocación: la cura de las almas y la fundación de un grupo de sacerdotes espirituales. El clero salía en un estado lamentable de las guerras de religión; los decretos del Concilio de Trento referentes a la formación de los sacerdotes no se cumplen (de lo contrario, Vicente no habría sido ordenado a los 19 años, ya que el Concilio exigía 25 años de edad mínima para la ordenación sacerdotal) Eran muchos los obispos que vivían como grandes señores, alejados de sus diócesis.

Se esta abriendo paso un nuevo movimiento. En Italia, Felipe Neri ha fundado la congregación sacerdotal del Oratorio, que al igual que los oblatos fundados en Milán por Carlos Borromeo, desea vivir un sacerdocio fervoroso. Bérulle trata de convencer a Francisco de Sales para que funde el Oratorio en Francia, el cual rechaza la oferta. Entonces éste, a instancias del Arzobispo de París, Henri de Gondi, fundará en 1611 el Oratorio de París, "una congregación de eclesiásticos en la que se practicara la pobreza, en contra del lujo; se hiciera el voto de no pretender beneficio o dignidad alguna, en contra de la ambición, y se viviera igualmente el voto de dedicarse a las funciones eclesiásticas, en contra de la inútil inactividad.

Párroco de Clichy

Bérulle deseaba que Vicente ingresara en el Oratorio, pero Vicente por diferentes razones no acepta, en cambio acepta la proposición de reemplazar en su puesto a un sacerdote que desea ingresar en el Oratorio; y de ese modo, en mayo de 1612, Vicente toma posesión de la parroquia de "Clichy la Garenne", a una legua de París. Se trata de una parroquia de 600 habitantes, de carácter semi-rural (habitada sobre todo por hortelanos donde Vicente se encuentra a gusto Allí enseña el catecismo, repara el mobiliario de la Iglesia. Hace doce años que es sacerdote y es la primera vez que ejerce un ministerio sacerdotal.

Preceptor de la familia Gondi

Bérulle que sigue soñando con grandes cosas para Vicente, hace que lo nombren preceptor de la ilustre familia de Gondi, Phillipe de Gondi, sobrino del Arzobispo de París. Vicente llega allí en Septiembre de 1613: "Me aleje con pena de mi pequeña iglesia de Clichy", escribe a un amigo.

Ya tenemos a Vicente provisto de un excelente "reducto". Da algunos cursos y lecciones a los niños y lleva una vida palaciega en Montmirail, en Joigny, en París, en Folleville... Ya podía darse por contento. Sin embargo no era feliz. Durante los numerosos viajes de Gondi, vuelve a entrar en contacto con los campesinos y con las pobres gentes que viven en los dominios de la noble familia. Y se da cuenta de que el Evangelio exige la caridad radical.

Acontecimientos providenciales cambiaron su vida

A comienzos de 1617, visita Vicente a un moribundo en Gannes, en el distrito del Oise, cerca del palacio de los Gondi; aquel hombre, que tenía fama de ser un hombre de bien, reveló a Vicente unos pecados que jamás se había atrevido a confesar a su párroco, tanto por vergüenza como por amor propio. El moribundo que experimentaba una extrema soledad moral, que padecía la noche, el frío y la imposibilidad de hablar con Dios; era un hombre cerca de la muerte sin haber encontrado una mirada sacerdotal lo bastante dulce y lo bastante humana para poder salirse de sí mismo y atreverse a creer en la ternura de Dios. He ahí la vocación de Vicente: la ternura. Su corazón ha sido tocado. Quería ir a los campos mas remotos a expresar a todos los que se sienten perdidos que existe un Dios de ternura que no les ha olvidado. Quiere ser testimonio de ese amor divino. Estar presente con la ternura de Dios.

Vicente queda impresionado y el 25 de enero predicó en Folleville, cerca de Amiens, proponiendo a todos los fieles de Folleville la idea de que vayan allá algunos sacerdotes ante quienes puedan hacer una confesión general de toda su vida. Este sermón que fue el origen de la "Congregación de la Misión", instituida para dar misiones populares y trabajar en la formación del clero de Francia y en otros países. A los sacerdotes y hermanos de la Congregación de la Misión se les conoce en Francia como "Lañaristas" por su casa madre, San Lázaro.

En agosto de ese mismo año 1617, en Chatillón-les-Domes, San Vicente se encuentra con la miseria material de los campesinos. San Vicente relata los hechos: "Mientras me revestía para celebrar la santa Misa, vinieron a decirme... que en una casa apartada de todas las demás, como a un cuarto de legua, estaban todos enfermos, hasta el punto de que no había una sola persona que pudiera atender a las demás, las cuales se hallaban en un estado de necesidad indescriptible. Esto me ocasionó una tremenda impresión." A la llamada de Vicente acuden todos los feligreses en ayuda de esa familia. Pero, para Vicente, este movimiento espontáneo no es bastante, porque corre el peligro de no tener continuidad: "Una enorme caridad, sí; pero mal organizada".

Fundación de las Hijas de la Caridad

Vicente pone manos a la obra y muy pronto, el 23 de agosto, lee ante unas cuantas mujeres cuyo corazón se ha visto afectado igual que el suyo por aquella miseria, un texto que constituye todo un programa de ayuda a los enfermos. Dicho texto servirá de modelo, en adelante, a todos los posteriores textos fundacionales de las "Confréries de Charité" (Hermandades de Caridad). Las Cofradías se multiplicaron; hoy en algunos países se les llama "equipos de San Vicente". La Fundación de la Compañía de las Hijas de la Caridad siguió unos años mas tarde (1633). La co-fundadora fue Santa Luisa de Marillac

Vicente no quiere permanecer por más tiempo con los Gondi y así se lo hace saber a Bérulle en mayo de 1617. Se traslada el 1 de agosto de aquel mismo año a una pequeña parroquia entre Lyon y Ginebra, en al región de Bresse: Chatillon-des-Dombes, donde ejerce como párroco.

La vocación de la ternura

Los Gondi, y con ellos Bérulle, desean que Vicente se reintegre a su puesto y resuma sus funciones de capellán y preceptor. Le llaman a París. Vicente llega a casa de los Gondi la víspera de Navidad de 1617, tras un año decisivo en el que ha encontrado su camino, el camino de la compasión y la ternura para con quienes se hallan sumidos en el abandono. Utilizando su puesto como base de operaciones, empieza a establecer sus pequeñas asociaciones de caridad.

En noviembre de 1618 se encuentra en París Francisco de Sales. El Obispo de Annecy, que tiene ya cincuenta y un años, ha publicado dos años antes su Tratado del Amor de Dios. Francisco de Sales es célebre por la inmensa dulzura en sus discusiones con los protestantes y por su bondad para con los pobres y enfermos a quienes les daba todo, incluso lo que no era suyo y lo tomaba prestado. En 1610, el Obispo de Sales funda la Visitación, congregación religiosa femenina y desea que se consagren al cuidado de los enfermos. Las primeras Visitandinas se ocupan de los enfermos de Annecy.

A su llegada a París, Francisco de Sales es objeto de una entusiasta acogida; con su palabra evangélica y sencilla, conoce a la Madre Angélica Arnauld, a Bérulle y a Vicente, que queda impresionado por su dulzura: "Tan suave era su bondad, que las personas favorecidas por sus conversaciones la sentían cuando ésta penetraba dulcemente en sus corazones. Yo mismo he gozado tales delicias".

No es posible entender el entusiasmo que despierta Francisco de Sales en París y en todas partes si no se tiene en cuenta la situación de Europa en estos comienzos del siglo XVII. Las poblaciones no han dejado de verse afligidas por grandes males, lo cual ha provocado en ellas un enorme trauma; la angustia y la desesperación se generalizan, y la Iglesia señala con el dedo los diversos chivos expiatorios: los turcos, las brujas, los judíos, los herejes...; e insiste además continuamente en ese otro peligro, distinto del que aflige al cuerpo: el peligro de perder el alma. Francisco de Sales, rebosante de bondad, es un mensaje que, para liberar; los temores, no apela al iluminismo ni a remedios vanos, sino al realismo y al sentido común del hombre; para los hombres de comienzos del siglo XVII se trata de una inmensa convocatoria a la esperanza. Este mensaje y su eficaz puesta en práctica muestran al hombre que la verdadera bondad humana procede de Dios y que, a la vez, la bondad de Dios es muy superior a toda bondad humana: ahí radica el secreto de la vida de Vicente y de Francisco. Su Dios es un Dios de ternura y de bondad; y al haberlo experimentado así, desean expresarlo por medio de su propia vida. Francisco de Sales será para Vicente un punto de referencia constante. Por su parte, Francisco de Sales, que ha reconocido en Vicente, le pide que se haga cargo de la capellanía de las Visitandinas de París y de la dirección espiritual de Juana de Chantal.

Capellán de las Galeras

En 1619, Vicente es nombrado capellán general de las Galeras, de las que es responsable el señor de Gondi. Los galeotes son entonces los más pobres de entre los pobres. Vicente les visita primero en las mazmorras de La Conciergerie (antigua prisión de París), encuentra allí a hombres dominados por el odio y la desesperación; y pide y obtiene de M. de Gondi que se les conceda un trato más humano. El capellán general de las Galeras baja después a Marsella, donde los galeotes son más numerosos, y se presenta "de incógnito" en el lugar en que están encerrados; aquello le impresiona terriblemente: es "el espectáculo más triste que se puede imaginar", "una verdadera imagen del infierno". "Herido, pues, por un sentimiento de compasión hacia aquellos miserables forzados, me impuse a mí mismo la obligación de consolarles y asistirles lo mejor que pudiera". Pero Vicente no se limita sólo a buenas palabras, sino que pasa a la acción y se ocupa de mejorar en lo que puede las estructuras, como de costumbre. En el viaje que en 1623 realiza a Burdeos, donde se halla una flotilla de galeras se da a conocer como sacerdote a los galeotes; les dice, "os encontráis en la más absoluta indigencia; os creéis abandonados y rechazados por todos. Pero vuestro Padre de los Cielos os ama y os bendice".

Desde Burdeos, Vicente se dirige a su aldea natal, en las Landas. Los suyos habrían deseado obtener algún provecho de Vicente. Este les dice que no esperen nada de él: "porque aun cuando poseyera cofres llenos de oro y plata, no les daría nada, porque todo cuanto posee un eclesiástico se lo debe a Dios y a los pobres".

Vicente experimenta su profunda conversión en el momento en que se inicia en Europa una larga serie de conflictos. La guerra de los Treinta Años, que comienza en 1618, es la conclusión lógica de una enorme crisis acaecida en Europa, había tenido origen en la oposición entre católicos y protestantes dentro del imperio germánico. La crisis ideológica del cristianismo que había dado lugar a dos reformas antagónicas (la de Lutero y Calvino por un lado, y la del Concilio de Trento por otro) hay que verla dentro del contexto general de la crisis del siglo XVI.

La doctrina elaborada en el Concilio de Trento, en contraste a la tesis protestante, rehabilitaba la naturaleza humana y llevaba, de un modo lógico, a insistir en los sacramentos. Por otra parte el Concilio pedía a los sacerdotes que predicasen el Evangelio. La aplicación de los decretos del Concilio requería tiempo, y puede observarse cómo Vicente se referirá constantemente a ellos y se esforzará para que sean puestos en practica.

Misioneros para la misión ante la devastación de la guerra

Se suceden guerras, se triplican los impuestos y los pobres siempre son los perdedores. La miseria es espantosa. Un sacerdote de la Misión que acaba de llegar a Champagne escribe a Vicente: "No hay lengua que pueda decir, ni pluma capaz de expresar, ni oído que se atreva a escuchar lo que hemos contemplado desde los primeros días de nuestra estancia en estas tierras... Todas las iglesias y los más santos misterios han sido profanados; los ornamentos saqueados; las pilas bautismales destrozadas; los sacerdotes asesinados, torturados u obligados a huir; las viviendas demolidas; las cosechas robadas; las tierras están sin labrar ni sembrar; el hambre y la mortandad son casi absolutas; los cadáveres se hallan sin sepultar y, en su mayor parte, sirven de pasto a los lobos. Los pobres que sobreviven a esta ruina se ven obligados a recoger por los campos los granos de trigo o de avena semipodridos. El pan que consiguen fabricar es como barro y la vida que llevan es tan insana que más parece una muerte viviente. Casi todos están enfermos, ocultos en miserables chozas o en cuevas a las que uno no sabe cómo llegar, la mayor parte tumbados en el suelo, desnudos o sobre paja podrida, sin más ropa que unos miserables harapos. Sus rostros ennegrecidos y desfigurados, más parecen rostros de fantasmas que de hombres".

Vicente envía allá doce de sus sacerdotes para organizar la ayuda. No había más que un modo de poner fin a la miseria de las poblaciones: la paz. Y Vicente no lo duda un momento: se atreve a enfrentarse a Richelieu y pedirle enérgicamente que ponga término a tan enormes conflictos.
El camino de Vicente son los pobres, tanto espiritual como materialmente. "La Iglesia de Cristo no puede abandonar a los pobres. Ahora bien, hay diez mil sacerdotes en París, mientras que en el campo los pobres se pierden en medio de una espantosa ignorancia". Vicente quiere sacerdotes para la "misión", para ser enviados a las zonas rurales.

La congregación puede fundarse el 17 de abril de 1625. La Congregación es reconocida un año más tarde por el Arzobispo de París; los primeros misioneros firman su acta de asociación el 4 de septiembre de 1626. Pero es entonces cuando comienzan las dificultades. El señor Gondi , influenciado por Bérulle, pretende retirar el dinero que ha entregado para la fundación. Saint-Cyran consigue disuadirle. A pesar de todo, Roma, igualmente a instancias de Bérulle, se niega dos veces a dar su aprobación a la Congregación de la Misión. Habrá que esperar ocho largos años -hasta 1633- para conseguir dicha aprobación.

En julio de 1628 el obispo de Beauvais pide a Vicente que acuda allí en septiembre a dar un retiro a los futuros sacerdotes. Es precisamente en esta tarea de formación de futuros sacerdotes en lo que piensa el Arzobispo de París cuando, en 1631, ofrece a Vicente un conjunto de edificios mucho más importantes que el "College des Bons-Enfants": la antigua leprosería de Saint-Lañare (que dará a los sacerdotes de la Misión el nombre de Lañaristas). Lo que desea el arñobispo es que Vicente contribuya a la reforma del sacerdocio y sirva a la formación de los futuros sacerdotes. En el siglo XVII hay dos tipos de reformadores del clero, Vicente prefiere ante todo la formación por la practica, sobre el terreno, según el método más experimental. Lo que a él le preocupa es la situación concreta de los sacerdotes.

Saint-Lañare viene a ser, más concretamente, un centro de encuentros. Cada martes se reúnen allí los sacerdotes, que se dedican a orar, a reflexionar y a escuchar a Vicente en sus famosas "conferencias de los martes"; entre el auditorio se hallan veintidós futuros obispos, que de este modo reciben su formación de los evangélicos labios de Vicente de Paúl.

De 1630 a 1650 Francia atraviesa una época de guerras desastrosas para el pueblo sencillo. Vicente mira de frente las desgracias de su época, se niega a cerrar los ojos y lucha contra la miseria a brazo partido. Esta miseria impide a los hombres vivir como seres humanos. Si tomamos las cosas más elementales de la existencia, el nacimiento, por ejemplo, vemos que cada una de siete mujeres moría después del parto. Las que no se morían pasaban por el momento más grave, el período post-parto: las fiebres y los problemas de infección. Por otra parte un hecho que se repite constantemente: "Una gran cantidad de huérfanos que tiene que ser dejados a cargo de los que sobreviven, y que son adoptados durante un tiempo por la comunidad de la aldea o barrio, hasta que el padre contrae nuevo matrimonio.

Fundación de las Hijas de la Caridad

En 1617 comenzó Vicente a fundar sus "charites". Unas se encargan de atender a los mendigos, otras se ocupan de las epidemias, otras lucharan contra el contagio de la peste, otras se dedicaran a otras calamidades.

Las "charites" se multiplican; había que velar por ellas y coordinarlas dentro de un mismo espíritu. Así pues, Vicente pide a una joven viuda de 38 años, Luisa de Marillac, a la que conoce desde hace cuatro años, que vaya a visitar, en 1629, un determinado número de "charites". Una vez llegada al lugar donde se halla establecida una "charite", reúne a las mujeres, examina con ellas los problemas que se plantean, enseña a curar a los enfermos y a llevar una buena administración; con autorización del párroco, reúne a las jóvenes de la parroquia y les da catequesis. Y todo esto con unas condiciones físicas muy deficientes, pues era una mujer sumamente frágil y psicológicamente delicada, y con unos medios económicos aún mas escasos. Antes de enviarla, Vicente la había formado por cuatro años, instruyéndola en la alegría y en el suave dominio de sí misma, así como en la aceptación de las contrariedades y el abandono en manos de la providencia de Dios: "Síguele -le decía-. no trates de anticiparte a "Él".

El resultado de la actividad de Luisa es que, tanto ella como Vicente, constatan que todo marcha perfectamente. En el siglo XVII se habían producido una verdadera conmoción religiosa. Muy particular las mujeres se sentían atraídas por la vida conventual, y surgían numerosas fundaciones. ¿A que se debía esto? Muchas son fundadas por jóvenes o viudas de la nobleza, las cuales tenían suficiente dinero para comprar el convento e instalarse.

Vicente desea que sus "Hijas de la Caridad" estén en el mundo. Pero no es cosa fácil lograrlo. Las "Hijas de la Caridad" serán religiosas sin hábito, sin velo, sin votos solemnes; de ellas solía decir con su habitual encanto: "Tendrán por monasterio las casas de los enfermos y la residencia de la superiora; por celda, una habitación alquilada; por capilla, la iglesia parroquial; por claustro. Las calles de la ciudad; por clausura, la obediencia continua en la Providencia y la ofrenda de todo cuanto son". En aquella época no le quedaban alternativas ya que las religiosas eran de clausura.

Para llevar a cabo su programa, Vicente se apoya decididamente no ya en las damas de familias capaces de aportar grandes dotes, sino en las sencillas aldeanas. Los comienzos son muy modestos: se trata de cuatro jóvenes confiadas por Vicente, el 29 de noviembre de 1633 a Marguerite Nasseau, la cual recibe en su casa y las pone a trabajar en el pequeño hospital que ella misma había fundado. Se encarga a Luisa de Marillac que las enseñe a ser enfermeras y las instruya en la vida espiritual.

Luisa y Vicente las preparan para poder atender a todo tipo de personas necesitadas: niños y ancianos, locos y presidiarios, y a toda clase de pobres.

Espiritualidad

La espiritualidad de Vicente posee la solidez del corazón que la vive sin reservas. Podemos ver la expresión de esta espiritualidad en una conferencia que da el 19 de septiembre de 1649 a las Hijas de la Caridad, donde concreta y analiza "los dos amores": el amor afectivo y el amor eficaz. El primero es "la ternura hacia las cosas que se ama", "la ternura del amor". Este amor, dirá más tarde, hace que uno se vuelva hacia Cristo "tierna y afectuosamente, como un niño que no puede separarse de su madre y grita "¡mamá!", cuando la ve alejarse" (notemos que Vicente habla aquí de Cristo como una madre).

Pero este amor efectivo es para él el mas pequeño de los dos, es el amor de los comienzos; y compara los dos amores con dos hijos de un mismo padre; pero resulta que el amor efectivo "es el hijo pequeño al que el padre acaricia, con quien se entretiene jugando y cuyos balbuceos le encanta oír"; pero el amor eficaz, es mucho mayor; es un hombre de veinticinco o treinta años, dueño de su voluntad, que va adonde le place y regresa cuando quiere, pero que a pesar de ello, se ocupa de los asuntos familiares".

Vicente insiste mucho en este segundo amor y en el "quehacer" que conlleva: "Si hay alguna dificultad, es el hijo quien la soporta; si el padre es labrador, el hijo cuidará de que estén en orden las tierras y arrimará el hombro". En este segundo amor apenas se siente que se es amado y se ama: "Parece como si el padre no sintiera por el hijo ninguna ternura y no le amará". Sin embargo -afirma Vicente-. a este hijo mayor el padre "le ama mas que al pequeño". Y añade Vicente: "Hay entre vosotras algunas que no sienten a Dios en absoluto, que jamás le han sentido, que no saben lo que es sentir gusto en la oración, que no tienen la menor devoción, o al menos así lo creen... Hacen lo que hacen las demás, y lo hacen con un mayor que es tanto más fuerte cuanto menos lo sienten. Este es el amor eficaz que no deja de actuar, aun cuando no se deje ver".

Vicente quiere que se pase al amor eficaz, porque teme la nostalgia propia de las resoluciones demasiado generales y de las efusiones afectivas; a propósito de las resoluciones, puestas incluso por escrito por una determinada dama, escribe a Luisa de Marillac que tales resoluciones le parecen "buenas", pero que le "parecerían aún mejores si (la tal dama) descendiera un poco más a lo concreto", porque lo importante para él son los actos, mientras que "lo demás no es sino producto del espíritu, que habiendo hallado cierta facilidad y hasta cierta dulzura en la consideración de una virtud, se deleita con el pensamiento de ser virtuosos"; es preciso, pues, llegar a los "actos" porque, de lo contrario, se queda uno en la "imaginación".

Para Vicente, la oración es lo primero; era muy práctico pero esa práctica se fundamentaba en una profunda intimidad con Jesucristo, o sea, en la vida interior de oración.

Vicente encuentra en su camino a los jansenistas. Jansenio había comenzado a escribir su Augustinus en 1628; Roma lo condena en 1641; pero Vicente, antes incluso de esta condena, ya había tomado postura contra el jansenismo.

En lugar de ponerse en tensión y tratar de que Dios se adapte a unos determinados moldes para el alma, Vicente, en oposición a los jansenistas, no dejará de proponer abandonarse tranquilamente a Dios. La gracia tiene sus momentos. Abandonémonos a la Providencia de Dios y guardémonos muy mucho de anticiparnos a ella.

Vicente era enemigo de la actividad compulsiva. Si dio mucho fruto es porque utiliñaba muy bien el tiempo guiado y movidas sus velas por la fuerza del Espíritu Santo. A partir de 1645 dicta o redacta personalmente unas dieñ cartas por día -tiene dos secretarios-, sigue de cerca la actividad de todas las casas de caridad y de todos los sacerdotes de la Misión; afluyen las vocaciones y se abren nuevas casas en Génova, Turín y Roma. En 1646 se funda una casa en Argel (donde estallará la peste en 1647) y se pide a la congregación que acuda a Marruecos; aquel mismo año se envían sacerdotes a Irlanda y Escocia. En 1648 va un grupo de misioneros a Madagascar. En 1651 parte un grupo para Polonia. En 1660, justamente antes de su muerte, Vicente concibe un proyecto de misiones en América y en China.

Entre 1650 y 1660 son particularmente tres regiones de Francia las que perciben mayor ayuda: la Ile-de-France, la Champagne y la Picardie cuyas provincias han sido saqueadas y desvastadas por los soldados. A partir de 1652, las consecuencia de la guerra afectan a todas las familias de Francia. Pero Vicente prosigue su actividad sin descanso, entregando siempre toda su persona. Lo único que exigía a los suyos era bondad, constancia y dulzura.

En 1660 Vicente tiene setenta y nueve años.. Desde aquel lejano día de 1617 en que decidió ponerse al servicio de los pobres, es decir, durante 43 años, no dejó de consumirse por ellos. Su horario era invariable: se levantaba a las cuatro de la mañana y se acostaba a las nueve de la noche; la jornada consistía en tres horas de oración, tres horas y media de lo que él llamaba "varios", y nueve horas y media de trabajo. Su vida estuvo constantemente marcada por ese trabajo pausado, regular y porfiado que recordaba el trabajo de los campesinos de su época, los campesinos entre los que había nacido.

Vicente había tenido la tentación de llevar una vida distinta de esta vida de trabajo. Hasta los 36 años no se convirtió al servicio de los pobres y a esta clase de vida. En el siglo XVII los hombres se dividían en dos clases: los que podían permitirse vivir sin trabajar, y la inmensa mayoría de los demás. Vicente estuvo a punto de optar por quedarse al otro lado de la barrera. Poseía una buena cabeza y su inteligencia, y hubiera podido llegar a ser un beneficiario. Pero el amor a Cristo reflejado en los pobres le movió a decidirse por el Evangelio.

El 18 de abril de 1659, un año antes de su muerte, Vicente escribe unas largas consideraciones sobre la humildad, que presenta como la primera cualidad de un sacerdote de la Misión.

En julio de 1660 se ve obligado a guardar cama. Toda su vida había sido una persona fuerte y robusta; el típico campesino de pequeña estatura -medía 1 metro y 62 centímetros-, poseía una enorme resistencia, como si estuviera hecho de cal y canto. Entre julio y septiembre de 1644 se teme por su vida, pero sale bien, aunque se le prohíbe montar a caballo; tenía las piernas inflamadas y tenía que caminar con un bastón. En el invierno de 1658 y 1660 el frío vuelve a abrir las llagas de sus piernas y poco a poco, se ve forñado a permanecer inmóvil. Se queda en Saint-Lañare, en medio de los pobres.

Su corazón y su espíritu se mantienen totalmente despiertos, pero en septiembre las piernas vuelven a supurar y el estómago no admite ya el menor alimento. El 26 de septiembre, domingo, le llevan a la capilla, donde asiste a Misa y recibe comunión. Por la tarde se encuentra totalmente lúcido cuando se le administra la extremaunción; a la una de la mañana bendice por última vez a los sacerdotes de la Misión, a las Hijas de la Caridad, a los niños abandonados y a todos los pobres. Esta sentado en su silla, vestido y cerca del fuego. Así es como muere el 27 de septiembre de 1660, poco ante de las cuatro de la mañana, a la hora que solía levantarse para servir a Dios y a los pobres. Multitudes habían conocido los beneficios de su caridad.

San Vicente fue consejero de gobernantes y verdadero amigo de los pobres. "Monsieur Vincent", como se le llamaba, estimulaba y guiaba la actividad de Francia en favor de todas las pobrezas: envió misioneros a Italia, Irlanda, Escocia, Túnez, Argel, Madagascar, así como a Polonia donde luego fueron las Hijas de la Caridad. Se rodeó de numerosos colaboradores, sacerdotes y seglares y, en nombre de Jesucristo, los puso al servicio de los que sufren.

Fue proclamado santo por el Papa Clemente XII, el 16 de junio de 1737. Su fiesta se celebra el 27 de septiembre.

En 1712, 52 años más tarde su cuerpo fue exhumado por el Arzobispo de París, dos obispos, dos promotores de la fe, un doctor, un cirujano y un numero de sacerdotes de su orden, incluyendo al Superior General, Fr. Bonnet.

"Cuando abrieron la tumba todo estaba igual que cuando se depositó. Solamente en los ojos y nariz se veía algo de deterioro. Se le contaban 18 dientes. Su cuerpo no había sido movido, se veía que estaba entero y que la sotana no estaba nada dañada. No se sentía ningún olor y los doctores testificaron que el cuerpo no había podido ser preservado por tanto tiempo por medios naturales.

La obra de Vicente sigue viva

Vicente fue sobre todo el hombre que, al conseguir espolear el clero, renovó la Iglesia francesa. La Congregación de los "Paules" se convirtió en la orden mas vigorosa en Francia antes de la revolución francesa, con 6,000 miembros repartidos en 40 provincias.

La Congregación de Hijas de la Caridad se extendió por todo el mundo hasta el punto que en 1965 contaba con 46,000 hermanas. A lo largo de los siglos han prestado ayuda a millones de personas desgraciadas: niños abandonados, huérfanos, enfermos, heridos, refugiados, presidiarios, etc.

El servicio sencillo y discreto al prójimo constituye el principal fundamento de todas estas asociaciones vicentinas.


...

Tomado de:
...