¡Felicidades P. Vicente Gallo S.J.!


P. Vicente Gallo S.J. cumplió 50 Años de Sacerdocio el 30 de Julio.

Próximas Ordenaciones Sacerdotales



“Os daré pastores según mi corazón” Jer. 3, 15.

La CVX del Núcleo de San Pedro y la Pastoral Juvenil de la Parroquia de San Pedro, fundada en 1993, dan gracias al Señor y se alegran de poder participar la ORDENACIÓN SACERDOTAL de dos de sus miembros:

1º. El Diácono César Félix Garrido Rodríguez, que recibirá la Imposición de Manos el día viernes 31 de Julio a las 6:00PM en la Catedral de San Pedro de Caravelí, Arequipa, Fiesta de San Ignacio de Loyola, que será conferida de manos de Monseñor Juan Carlos Vera Plasencia MSC, Obispo Prelado de Caravelí y celebrará su primera misa en la Iglesia de San Pedro de Lima el domingo 9 de Agosto a las 6:00PM.

2º. El Diácono Roberto Carrasco Rojas OMI, quien recibirá la gracia sacramental por Imposición de Manos de Monseñor Lino Panizza Richero OFM Cap., Obispo de la Diócesis de Carabayllo, en la Parroquia Nuestra Señora de la Paz del distrito de Comas, Lima, el día sábado 22 de Agosto, Fiesta de Sta. María Reyna, a horas 11:00AM y que presidirá su primera misa en la misma parroquia el domingo 23 de Agosto a las 8:30AM.

César formó parte de la primera comunidad de CVX y Roberto de la segunda comunidad. De este primer grupo ya fueron ordenados el P. Leandro Arteaga, Párroco de Chancay, Obispado de Huacho, quien participó como catequista de Confirmación y animador de los grupos de Perseverancia. Asimismo también el R.P. Ricardo González MSSP, quien fue catequista de Primera Comunión e integró la primera comunidad de CVX.

Este año en febrero el Señor nos bendijo también con la Profesión Solemne de la Madre Mariam del Sagrado Corazón en la Orden Carmelitas Descalzas de Clausura en Barrios Altos, Lima. Miriam Flores participó también en la CVX.

Igualmente oramos por la perseverancia de Eddy Fernández S.J., actualmente estudiando Teología en Chile y que perteneció a los grupos de Confirmación, Perseverancia e integró la CVX.
En este Año Sacerdotal pedimos a Dios que conceda a nuestros hermanos que recibirán el Orden Sacerdotal, la gracia de la fidelidad a su misión y que puedan encontrar en ella el camino de santidad que el Señor nos invita a seguir.

“Una vocación es fruto de una oración humilde”
Juan Pablo II

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¡Felicidades P. Vicente Gallo S.J.!



Bodas de Oro Sacerdotales

“Tú eres sacerdote para siempre, mediador entre Dios y los hombres”

El P. Vicente Gallo S.J. nació en España en 1929, en 1950 ingresó a la Compañía de Jesús y nueve años después fue ordenado sacerdote el 30 de julio. Su labor pastoral se realizó en diversas ciudades de España hasta que en el año 1975 pidió ser enviado al Perú.

Su primer destino fue el trabajo pedagógico y pastoral en el Colegio San José de Arequipa, luego fue Director de la Casa de Retiros Manresa en la misma ciudad. Regresó a trabajar nuevamente después de unos años al Colegio San José donde también ocupó el cargo de Rector.

A lo largo de su permanencia en el Perú ha participado activamente en el Movimiento “Encuentro Matrimonial Mundial” integrando el Equipo Coordinador Diocesano de Arequipa, el Equipo Coordinador Diocesano de Lima, el Equipo Coordinador Nacional del Movimiento en el Perú y finalmente el Equipo Coordinador Zonal Latinoamericano – Zona Centro: Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela. Habiendo sido además miembro del Consejo Latinoamericano del Movimiento.

En la actualidad lleva varios años trabajando en la Parroquia de San Pedro y ha plasmado parte de su amplia experiencia de su trabajo pastoral con matrimonios en sus libros, siendo el primero “Y serán una sola carne” donde trata la relación de pareja, sus problemas y su riqueza espiritual en la vida matrimonial. Publicado en noviembre del 2008 y que va cumpliendo con creces su pretensión de llegar a muchas parejas en matrimonio para ayudarles a vivir su relación de pareja felizmente y aprender a dialogar como solución de los problemas que se presentan en la vida conyugal.

Asimismo, acaba de publicar su segundo libro “Espiritualidad Matrimonial” donde nos muestra que el matrimonio cristiano es verdadero camino de santidad.

Actualmente el P. Vicente colabora con el blog a través de sus artículos en la Etiqueta “Matrimonio y Parejas” que invitamos a visitar.

¡Felicidades P. Vicente por estos años de servicio a la Iglesia!, esperamos que siga compartiendo con nosotros su amplia experiencia pastoral y deseamos que el Señor siga derramando bendiciones en toda empresa que para su mayor gloria Ud. emprenda.

A continuación, su homilía de la misa realizada el mismo 30 de julio en la Parroquia de San Pedro.

Mis 50 Años de Sacerdote

El único SACERDOTE, definitivamente es Jesucristo. Es el único Mediador entre Dios y los hombres, sentado a la derecha de Dios Padre como hombre resucitado que vive para siempre para interceder por todos.

Pero al partir de este mundo, dijo a los que Él había elegido: “Como el Padre me envió a mí, así los envío yo ahora a ustedes; reciban el Espíritu Santo, y a quienes ustedes perdonen los pecados, les quedarán perdonados”, poder exclusivo de Dios. Sucesores de aquellos Apóstoles y de sus poderes recibidos son los Obispos. Que también fueron designados para hacer lo que Jesús hizo en la Última Cena, la Eucaristía, cuando les dijo a ellos “Hagan esto ustedes en conmemoración mía”. De esa misión y poderes recibidos, los Obispos hacen partícipes a los que ellos eligen y consagran con ese fin. Somos los Sacerdotes, llamados Presbíteros desde el principio de la Iglesia, como nos lo transmiten el Libro de los Hechos, San Pablo y San Pedro en sus Cartas.

Consagrados a ser totalmente de Cristo y exclusivamente de Cristo, como aquellos a los que Jesús eligió, los Sacerdotes somos para ejercer ese ministerio de “dispensadores de los misterios de Dios”: Hacer con la Iglesia la Eucaristía, Perdonar los pecados con la Iglesia en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Anunciar el mensaje de Jesucristo en nombre de la Iglesia y Orar en nombre de la Iglesia y en nombre de toda la humanidad, con nuestras plegarias: Adorar, Dar Gracias, Pedir a Dios Perdón por tantos pecados y Suplicar tanta ayuda que sólo de Dios debemos recibir.
Ser la presencia salvadora de Jesucristo en todo el mundo y hasta el final de los tiempos. Ser el mismo Cristo desposado con la Iglesia para amarla como Él la amó “dando la vida por ella para purificarla y
santificarla… y poder así presentársela a sí mismo
esposa resplandeciente, sin mancha ni arruga ni cosa semejante, sino santa e inmaculada” que dice la Carta a los Efesios 5, 25 ss. Enamorados de la Iglesia que se nos confíe, como lo está Cristo con esa Iglesia su Esposa, sin que podamos enamorarnos ya de nada ni de nadie, como un esposo y su esposa ha de mantenerse fidelidad siempre. Son los compromisos que libremente hemos aceptado gozosos.

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Fotos. De arriba hacia abajo:
1º. Saludos de felicitación.
2º. Portada de su libro "Y serán una sola carne".
3º. Portada de su libro "Espiritualidad Matrimonial".
4º. Durante su homilía en la misa del 30 de julio al cumplir 50 años de Sacerdote.
5º y 6º. Saludos de felicitación en la Sacristía de la Parroquia de San Pedro.
7º. Dando la bendición a los que lo acompañaron en este importante día.

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Visite:
Artículo sobre el libro "Y serán una sola carne"
Artículo sobre el libro "Espiritualidad Matrimonial"
Artículo sobre la partida del P. Vicente a la Casa del Padre "Adios querido P. Vicente Gallo, S.J."
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Pan de la Vida

P. Adolfo Franco S.J.

Comentario del Evangelio del Domingo XVIII del Tiempo Ordinario.
Juan 6, 24-35



Comienza con este párrafo el discurso de Jesús sobre la Eucaristía. Y comienza con un cuestionamiento a sus oyentes. Lo andan buscando con gran interés, pero Jesús les encara: ustedes me buscan porque les he dado de comer, no por otra razón. El buscar a Jesús, el creer en Jesús, el alimentarse de Jesús, todo esto es lo que está en el centro de este mensaje largo y lleno de promesas (la gran promesa del Pan de la Vida, de la Eucaristía).

Tres frases podemos subrayar en esta parte del discurso de Jesús, que leemos este domingo: Ustedes me buscan sólo porque les he dado de comer. Otra frase: la obra que Dios quiere de nosotros es que creamos en Jesús, que es el Enviado de Dios. Y la tercera, complemento de las otras dos: Yo soy el Pan de la Vida. El que viene a mí no tendrá hambre.

Reflexionar sobre estas lecciones es preguntarnos ¿por qué buscamos a Jesús? ¿por qué nos acercamos a Dios? ¿Es para que nos sacie el hambre material? En nuestra relación con Dios ¿qué pretendemos? ¿Cuáles son nuestras necesidades más grandes? Sabemos que nuestras necesidades más grandes son las espirituales pero no siempre son las que ponemos primero. Muchas personas lo que quieren es tener pan para comer, si Dios les sirve para eso, está bien; si no, no les interesa. Si Dios no me da para comer, no me sirve de nada. Estamos demasiado inmersos en la materia. El vivir dentro del cuerpo, cosa querida por Dios, nos condiciona demasiado, y por eso sus necesidades ocupan el primer plano de nuestro interés. Lo demás pasa a segundo plano. Y esto sucede a nivel personal y a nivel general.

En el mundo de hoy la ciencia más importante es la economía. La noticia más importante es el índice de crecimiento y la inflación. El desarrollo se mide por los avances tecnológicos: los valores más interiores no son índices que se tengan en cuentan para calificar el desarrollo. Cuando se habla de calidad del ser humano no se tiene en cuenta su crecimiento espiritual.

Así pues buscamos a Dios (cuando lo buscamos), como aquellos que iban detrás de Jesús, para que nos sacie de panes. Y si no, lo declaramos muerto o peor lo declaramos intrascendente; nos vamos, de la misma forma que pasó al final del discurso que comentamos, la mayor parte de los que le habían seguido, se marcharon decepcionados, ante el cuestionamiento de Jesús.

Y tenemos que hacernos una pregunta fundamental ¿es que Jesús no nos sirve más que para alimentar nuestro estómago? ¡Qué pobre imagen, qué poco aprecio al Hijo de Dios! ¿No nos sirve para establecer con El una alianza de amistad? ¿No nos sirve para que guíe nuestros pasos? El ha venido al mundo para salvarlo, y salvarlo de sí mismo y de su materialismo, de su pecado. El ha venido para enseñarnos a vivir como hijos de Dios. El quiere ser nuestro Buen Pastor. Es el Camino, la Verdad y la Vida. Y por eso se quedará con nosotros como el Pan de la Vida. Y por eso la gran obra que el Padre (nuestro Padre) espera de nosotros es que creamos en el que El ha enviado.

Creer en Jesús, qué significa; significa entregarle nuestra vida misma; orientar hacia El nuestra sed interior de verdad, nuestra necesidad de sentido en la vida, pertenecerle, eso es creer en Jesús. Ir a Jesús y buscarle a El, no porque nos dé pan material, sino porque lo necesitamos a El, porque necesitamos estar con El, porque sin El nuestra vida pierde el sentido. Así estamos compartiendo con Pedro la respuesta que él le da al Maestro cuando le pregunta si ellos también se quieren ir; es Pedro quien toma la palabra y exclama "¿a quién vamos a ir? sólo Tú tienes palabras de vida eterna". Necesitarlo a El, eso es lo importante. De hecho lo necesitamos imperiosamente, sólo que a veces, muchas veces, no experimentamos esta necesidad y por eso no lo buscamos. Pero El es la necesidad más honda de nuestro corazón, porque sin El nuestra vida está frustrada, sin plenitud.

Y por esta razón es El mismo el que nos dice: "Yo soy el Pan de la Vida, el que viene a mí no tendrá ya hambre". Afirmaciones contundentes y claras; sin Jesús estaremos siempre hambrientos, estaremos con un vacío interior, como un pozo sin fondo. Estamos hechos a su medida y sólo El nos llena de verdad. Nuestros mejores deseos, nuestras esperanzas más grandes sólo se llenan con El, buscándolo, siguiéndolo, amándolo.



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Agradecemos al P. Adolfo Franco S.J. por su colaboración.
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Misa de Acción de Gracias por 50 Años Sacerdotales




Bodas de Oro Sacerdotales






El día jueves 24 de julio en la Capilla de la O de la Parroquia de San Pedro, se realizó la Misa de Acción de Gracias por los 50 años Sacerdotales de los padres Miguel Girón S.J., José María Carreras S.J., Santiago Izuzquiza S.J., e Ignacio Muguiro S.J. y también por los del P. Vicente Gallo S.J. que cumpliría también 50 años Sacerdotales el 30 de julio. Estuvieron presentes los padres Miguel Girón S.J., Santiago Izuzquiza S.J. y Vicente Gallo S.J., quienes concelebraron la Misa de Acción de Gracias junto con el P. Carlos Rodríguez Arana S.J. Provincial del Perú. El P. Santiago Izuzquiza S.J., delicado de salud, con pocas palabras pero llenas de alegría, dio las gracias por todo el cariño mostrado por sus amistades y fieles y agradeció a Dios por estos 50 años de sacerdote y por tanto bien recibido.

Queremos dar gracias a Dios por estas vidas dedicadas a su servicio, que se muestran como ejemplo de quienes se sientan llamados a esta vocación, en especial en este Año Sacerdotal, donde debemos orar por los sacerdotes y por las vocaciones. Que Dios los siga bendiciendo por tanta entrega y que siga obrando en ellos como lo ha hecho en estos 50 años.
A continuación compartimos las palabras de los padres Vicente Gallo S.J. y Miguel Girón S.J. en la Homilía.



Palabras del P. Vicente Gallo S.J.

Jesucristo, Dios hecho hombre, es el único Sacerdote y lo es para siempre, Mediador entre Dios y los hombres, conforme a la fe que nos transmite la Carta a los Hebreos. Jesucristo, Enviado por el Padre, dijo a los Doce que Él quiso elegir: “Cómo el Padre me ha enviado a mí, así los envío yo ahora a ustedes”, haciéndoles partícipes de la MISIÓN divina con la que Él vino al mundo y se hizo hombre.

Al decir “Esto es mi Cuerpo, tomen y coman”, a ellos les dijo “Hagan esto en conmemoración mía”. Terminada su vida terrena, cuando ya había resucitado, al dejarlos a ellos en lugar suyo les dijo: “Reciban el Espíritu santo; a quienes ustedes perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a quienes se los retengan, les quedarán retenidos”. El perdón es sólo de Dios, afirmó Jesús. La Iglesia, mediante los Sacerdotes, perdona en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Dios en quien creemos.

Así les transfirió su Sacerdocio. Ellos a su vez, se lo transmitieron a los Obispos por la imposición de las manos y la oración al Señor.

Con ese mismo rito sacramental de imponerles las manos orando a Dios, los Obispos, desde el principio dieron participación de su Sacerdocio y de la MISIÓN divina de Jesucristo, a los Presbíteros.

Esa es en la Iglesia nuestra función: “Administradores de los Misterios de Dios, a quienes se les pide ser fieles”. Esta dedicación a la que libremente nos hemos entregado, como María al responder al Ángel “Soy la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra”, conlleva entregar a ese servicio a la MISIÓN DIVINA de Cristo, todo nuestro ser, con el cuerpo entero y el alma con todas sus potencias, asumidos por Dios en el Espíritu Santo, de manera que en Él, y solamente con Él, podamos ser servidores de Cristo, la Palabra de Dios, con la totalidad y exclusividad con la que lo fue María, VIRGEN antes del parto, en el parto y después del parto; sintiendo ella no llegar a poder responder fielmente en tal compromiso, ni aún dándose totalmente a Él y solamente a Él, sino “porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí”, afirmó.

Ese es el CELIBATO SACERDOTAL. Doy gracias a Dios porque hace 50 años me eligió para ser un SACERDOTE DE CRISTO. Por un gran don de su misericordia, no por méritos míos. Soy deudor de Dios, nada hay de lo que yo pueda gloriarme. Les pido una oración por mí.





Palabras del P. Miguel Girón S.J.

Dios quiere que todos los hombres se salven y vengan al conocimiento de la verdad. Por eso se hizo hombre, nos amó y se entregó por nosotros, fuimos redimidos por Él, por su Sangre derramada en la cruz. Quiso Dios en su bondad que los méritos conseguidos por Cristo llegasen al hombre por medio de los Sacramentos. Por eso instituyó el SACERDOCIO.

«La noche en que iba a ser entregado, sentado a la mesa con sus discípulos, tomó el pan y dando gracias, lo partió y se lo dio a ellos diciendo: Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros.

Tomó después el cáliz y dando gracias de nuevo lo pasó a sus discípulos diciendo: “Tomad y bebed todos de él, porque este es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la Nueva Alianza que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados” y añadió: “Hagan esto en conmemoración mía”, encargando que perpetuasen el sacrificio de la Nueva Alianza en memoria suya instituyendo así el sacerdocio en la Iglesia (Lc. 22) Del Corazón traspasado de Cristo nace la Eucaristía y en la Eucaristía instituye Cristo el Sacerdocio.

Para mía hablar hoy del Sacerdocio es recordar y hacer presente la elección, la vocación, la llamada de Dios, que me hizo hace más de 50 años, siendo yo niño de 10 años, metido en el pastizal de mi pueblo (como David) sin entender, ni saber nada de nada, el Señor me invitó a seguirlo. Dios se sirvió del párroco de mi pueblo, amigo de mis padres, para sembrar en mí la semilla de la vocación.

Me ayuda, al pensar en esta historia mía, la Palabra que dirige Dios a Moisés para elegir a su hermano Aarón: “Llama ahora mismo a Aarón, para que ejerza mi sacerdocio” (Ex. 28,1)
Signo de predilección y de amor de Dios, que lleva la iniciativa y se sirve del hombre para que colabore con Él en la obra de la salvación – Cura de Ars: Amor del Corazón de Cristo. El sacerdocio es de Él y a Él le pertenece: “Tú eres sacerdote eterno según el orden de Melquisedec”. Él es el que llama a quien quiere y como quiere y se vale de instrumentos débiles para comunicar la riqueza extraordinaria de la gracia a los hombres.


En la Carta a los Hebreos leemos: “el sacerdote es elegido entre los hombres, a favor de los hombres, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados, para compadecerse de los ignorantes y extraviados por estar Él también lleno de debilidad” (Hb 5,7)

Dios quiere poner como guías, pastores y sacerdotes de su pueblo a hombres según su corazón (Jr 3,15), pero que al mismo tiempo experimenten cada día las flaquezas propias de la naturaleza humana.

Misterio grande, don inmerecido que llevamos en vasos de barro y que Dios nos da para amar y servir gratuitamente.

La misión que el Señor confía a los que elige como sacerdotes es: predicar el evangelio, bautizar, comunicar el Espíritu Santo, perdonar los pecados, presidir la Eucaristía, guiar la comunidad y ser instrumentos de comunión en la Iglesia.

Por eso Pablo recuerda a los presbíteros: “Que la gente vea en nosotros servidores de Cristo y administradores fieles de la gracia de Dios, riqueza de la Iglesia.

Quiero recordar en esta historia de mi vocación tres momentos importantes que han dejado una huella profunda en mi corazón, y dar gracias al Señor por tanto bien recibido.

- El primero fue a los 13 años de edad, camino hacia el Seminario. Fue un arrancón tan fuerte aquel día en el momento de la separación que comencé a llorar al despedirme de mi madre y mis hermanos; y mi padre que me acompañaba, se detuvo a las afueras del pueblo y me dijo con gran respeto: si te quedas aquí con nosotros estaremos contentos; si te vas al Seminario también nos sentiremos felices. Tú decides. Me cuesta separarme de Uds., – respondí - pero quiero ir al Seminario.

- Segundo momento a los 24 años, antes de ordenarme Sacerdote. Pío XII acababa de pedir misioneros voluntarios para el Japón y para Latino América, el año 1950, y me ofrecí al Señor porque vi que me llamaba. Pasaron 3 años y un día el Padre Provincial me llamó y me dijo: Aquí veo escrito tu nombre, un día te ofreciste como misionero. La próxima semana sale un barco de Barcelona hacia el Perú ¿Estás dispuesto a viajar allá? Con la gracia de Dios, sí – respondí. Eran años de vocaciones abundantes y la vida y las cartas de San Francisco Javier infundían en nosotros un espíritu misionero que contagiaba. El Espíritu Santo actuaba con fuerza en nosotros.

- El tercer momento fue la ordenación sacerdotal en la Iglesia de los Jesuitas de Madrid el año 1959. Éramos 25 candidatos para recibir el presbiterado. El Obispo en nombre de Jesucristo me preguntó:
· ¿Quieres consagrarte al servicio de la Iglesia? – Con la gracia del Espíritu Santo, sí, quiero.
· ¿Quieres unirte a Cristo Sumo Sacerdote que por nosotros se ofreció al Padre como víctima santa y consagrarte a Dios para la salvación de los hombres? – Sí, quiero, por la gracia de Dios.
Han pasado 50 años después de ese “si quiero” y en verdad que Dios ha sido bueno conmigo. Su misericordia y fidelidad han llegado hasta el extremo.


Muchos momentos de alegría y gozo en el Señor por su amor y por su gracia, muchos momentos de debilidad y de infidelidad. El perdón ha sido siempre el signo fuerte que frente a mis debilidades ha vencido en el amor y en la fidelidad de Dios.

Dios incluyó todo bajo el dominio del pecado para compadecerse de mí. Él permitió que cometiera tantos errores en mi vida para que yo pudiera compadecerme de los más débiles. Él ha querido consolarme tantas veces en mi vida, para que sepa consolar a los que se sienten deprimidos y destruidos.

Hay un acontecimiento que no puedo dejar de mencionar, entre tantos milagros que Dios ha hecho en mi vida, muy vinculado con el Camino Catecumenal. El padre José Luis es testigo de él.

Era el mes de octubre de 1976, me encontraba en una crisis profunda de fe y Dios me envió al equipo de catequesis itinerantes José Luis, Bernardo y Sandra. Pese a mi resistencia, el Señor quiso vencer. Durante, más de una hora, con la puerta cerrada en el Despacho Parroquial, para que no pudiera escaparme, me anunciaron el Kerigma y me pidieron en nombre de Jesucristo iniciar las catequesis en la Parroquia de la Inmaculada. Y hoy podemos ver cómo la Palabra profética que ellos nos anunciaron se ha ido cumpliendo gracias a la obra que el Espíritu Santo ha ido realizando en todos nosotros.

Quiero terminar bendiciendo al Señor con la palabra del Salmo 88 “Cantaré eternamente tus misericordias y anunciaré siempre tu fidelidad” Y recordar la palabra que tantas veces he saboreado en mi corazón y ha levantado mi espíritu. Palabra que Pablo dirige a su discípulo Timoteo: “Reaviva en ti el carisma, la gracia de Dios que recibiste por la imposición de las manos del Obispo, el día de tu ordenación”. (2 Tim. 1,6)

Y vivir mi vocación sacerdotal como me pide la Congregación General 35: Estar y caminar con Jesucristo, mirando al mundo con sus ojos, amándolo con su corazón y penetrando en sus profundidades con su compasión ilimitada.

Esto quiero que pidamos.


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Fotos. De arriba hacia abajo:
1º. De izquierda a derecha: P. Vicente Gallo S.J., P. Carlos Rodríguez S.J. Provincial; P. Miguel Girón S.J. concelebrando la Misa.
2º. P. Santiago Izuzquiza S.J., felicitado por feligreses.
3º. P. Vicente Gallo S.J.
4º. Concelebrando la Misa de izquierda a derecha: padres Villalobos S.J., Gallo S.J., Rodríguez S.J., Girón S.J. y Eguilior S.J.
5º. P. Miguel Girón S.J.
6º. P. Miguel Girón S.J. y miembros de su comunidad de CVX.
7º. P. Miguel Girón S.J. y miembros del Apostolado de la Oración.

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San Ignacio de Loyola




Fundador de la Compañía de Jesús
autor de los Ejercicios Espirituales



Fiesta: 31 de julio


Es el Fundador y el Padre de la Compañía de Jesús. Nació en el país vasco en 1491 y murió en Roma en 1556.

San Ignacio es un hombre de dos épocas: la Edad Media y la Edad Moderna. Ambas las vive intensamente, en una búsqueda apasionada de la Voluntad de Dios. El se considera siempre un peregrino.

A la Edad Media pertenece su niñez y juventud, la conversión en Loyola, la estadía en Manresa, el viaje a Tierra Santa y sus primeros estudios en España. De este Medio Evo aprende la fe católica, firme como roca, en la Iglesia de Cristo.

La Edad Moderna comienza, para él, en París con los primeros compañeros. Continúa en Roma, con la fundación de la Compañía de Jesús.


Niñez y juventud.

Iñigo es el octavo y último hijo varón. Sus padres son don Beltrán Ibáñez de Oñaz y doña Marina Sánchez de Licona, señores de la casa solariega de Loyola.

A la muerte del padre, cuando Iñigo cuenta apenas 16 años, pasa a vivir en la casa de don Juan Velásquez de Cuéllar, contador mayor de los Reyes Católicos. Allí, en Arévalo, se encuentra con los grandes de España. La Reina doña Juana, y la infanta doña Catalina. En Valladolid conoce al futuro Emperador Carlos V. En fin son diez años de corte, de vanidad y de placer.


Gentilhombre y soldado.

En 1517 se incorpora a las huestes del duque de Nájera, el Virrey de Navarra. Tiene a su servicio actuaciones variadas y casi siempre exitosas, en Valladolid, Nájera y Guipúzcoa.

El 20 de mayo de 1521 cae herido, en la defensa de Pamplona contra los franceses, por una bala de cañón. Con una pierna destrozada y la otra malherida es llevado a la casa solariega de Loyola.


Conversión en Loyola.

En Loyola, Iñigo es operado tres veces, sin mostrar "otra señal de dolor que apretar mucho los puños", según el propio testimonio dejado en su Autobiografía.

Durante la larga convalecencia lee una Vida de Cristo y otra de los Santos. Se da tiempo para hacer un profundo discernimiento acerca de su futuro. Pasa de un sentimiento a otro. De la tristeza a la alegría, de la desolación a la consolación. Pero al fin vence la gracia. ¿Santo Domingo hizo esto? Pues yo lo tengo que hacer. ¿San Francisco hizo esto? Pues yo lo tengo que hacer.
Vela de armas en Montserrat.

Apenas puede, sale para Barcelona a cumplir sus propósitos. Tiene decidido embarcarse para peregrinar a Tierra Santa.

Al pasar por Montserrat, determina encomendar sus planes a la Santísima Virgen María. Decide hacerlo a la manera de los caballeros medievales. Primero hace una confesión general de sus pecados. Después cambia sus vestidos por los de un pobre peregrino.

La víspera de la fiesta de la Anunciación, el 25 de marzo de 1522, pasa la noche en oración. A ratos de pie, a ratos de rodillas, junto a la Virgen morena. Así comienza su vida nueva.


Manresa.

Al amanecer deja el monasterio de Montserrat y se encamina a la vecina ciudad de Manresa.

Decide prepararse mejor. En oración y ayunos emplea varios meses. Hubo períodos de paz, luchas interiores, dudas, escrúpulos y grandes ilustraciones. Se aloja en el Hospital de Santa Lucía. A veces, en el convento de los dominicos.

Sus largas horas de oración, generalmente las hace en una cueva, junto al río Cardoner. "Socórreme, Señor, que no hallo ningún remedio en los hombres y en ninguna creatura. Muéstrame, Señor, tu camino".

Una vez, junto al altar de la iglesia de los dominicos, rezando las Horas, le parece ver a la Santísima Trinidad, en figura de acordes musicales. Otras veces también, con los ojos interiores, contempla a Jesucristo y a la Virgen María.
Río Cardoner.

Entre las ilustraciones hubo una que repercute especialmente en Iñigo. Tiene enorme trascendencia en su vida. Es la ilustración del río Cardoner.

"Una vez fue, por su devoción, a una iglesia que estaba poco más allá de una milla de Manresa. El camino iba junto al río. Yendo así, en sus devociones, se sentó mirando hacia el río, el cual iba hondo. Estando allí sentado se le empezaron a abrir los ojos del entendimiento. No es que sea una visión, sino entendiendo y conociendo muchas cosas espirituales, de fe y de ciencia. La ilustración fue tan grande que todas las cosas le parecieron nuevas. No podría declarar los detalles entendidos en esa ocasión, aunque fueron muchos. Recibió, eso sí, una gran claridad en el entendimiento. Siempre ha pensado, que en todo el trascurso de su vida, pasados ya los 62 años, juntando todas las gracias de Dios y todo lo aprendido, jamás alcanzó tanto como aquella vez sola. Le pareció ser otro hombre y tener otro entendimiento".

Ese fue el Principio y Fundamento de sus Ejercicios espirituales.
Ejercicios Espirituales.
En un cuaderno, Iñigo empieza a escribir sus experiencias de oración. Inmediatamente después de su Principio y Fundamento se siente movido a reflexionar muy seriamente en su vida pasada de pecado.

En un segundo tiempo, experimenta que el Señor lo llama a conocerlo internamente y a seguirlo. Jesucristo se le muestra como el Señor del universo. Iñigo, después, recorre, uno tras otro, los pasos de la vida de Jesús. Compara su propia vida con la de Cristo y se determina a seguirlo bajo su bandera.

En un tercer tiempo, Iñigo acompaña a Jesucristo en los pasos de la Pasión y en su Muerte. Pide dolor con Cristo doloroso, quebranto con Cristo quebrantado, lágrimas, pena interna, por tanta pena como Cristo pasó por él.

Por último, vive el gozo de la Resurrección. Al final, se ofrece enteramente a conformarse con la Voluntad amorosa de su Criador y Señor. "Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y toda mi voluntad. Todo mi haber y mi poseer. Vos me lo disteis, a Vos, Señor, lo torno. Todo es vuestro. Disponed conforme a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia, que eso me basta".


Viaje a Jerusalén.

De Manresa sale el 18 de febrero de 1523. En Barcelona se embarca el 20 de marzo.

Desembarca en Gaeta. Y a pie llega hasta Roma. El domingo de Ramos pide al papa Adriano VI el permiso para realizar la peregrinación a Jerusalén. El 13 de abril, sale de nuevo, a pie, hacia Venecia. En Venecia se mantiene con limosnas y duerme en los pórticos de la plaza de San Marcos.

El 14 de julio se embarca con dificultad, por no tener dinero para el pasaje. Después de un mes de navegación, llega a Chipre. Desde ahí viaja a Jaffa, en otro navío. El 4 de septiembre de 1523 llega a Jerusalén. Los franciscanos salieron con la cruz alzada, al encuentro de los peregrinos.

En Tierra Santa permanece poco menos de un mes. Visita el Cenáculo, el Santo Sepulcro. Va a Betania y al monte Olivete. En Belén se queda dos días. En Jericó estuvo junto al río Jordán. También visita el monte de la Cuarentena.

Entusiasmado, Iñigo decide quedarse definitivamente en Tierra Santa. Los franciscanos, enérgicamente, se lo prohíben y lo obligan a regresar con los demás peregrinos.


El regreso.

Nuevamente, en Jaffa y en Chipre. En este último puerto casi le impiden continuar. El dueño del barco se niega a llevarlo, porque no puede pagar el pasaje. "Es un santo", le dicen los otros peregrinos. "Si es un santo, que vaya sobre las aguas, como el Apóstol Santiago". Otro capitán, más benevolente, lo lleva a Venecia, a donde llega a mediados de enero de 1524.
Para ir al puerto de Génova, debe atravesar los campamentos de tropas, imperiales y franceses, en guerra por la posesión de Milán.


Barcelona.

A la ciudad condal llega a mediados de febrero. Durante el viaje ha tenido, por cierto, mucho tiempo para reflexionar. A Iñigo el discernimiento le parece terminado. Ha resuelto empezar a estudiar, porque ello es necesario para cualquier trabajo apostólico.

Bajo la dirección de un maestro, estudia los rudimentos del latín. Y al mismo tiempo empieza a comunicar sus Ejercicios espirituales.


Alcalá.

En 1526 se traslada a la ciudad universitaria de Alcalá. Inicia los estudios de filosofía. Pero por sus trabajos apostólicos progresa poco. Además enfrenta problemas con los tribunales de la Inquisición.

Si Iñigo no tiene estudios, no debe enseñar cosas de fe. El y sus discípulos podrían pertenecer a los alumbrados o iluminados. Por ello la Inquisición prohíbe a Iñigo toda enseñanza, mientras no complete cuatro años de estudios. Iñigo reza y apela al Arzobispo de Toledo. Este lo tranquiliza y le da dineros para que se traslade a Salamanca.


Salamanca.

En esta ciudad universitaria la estadía de Iñigo resulta más breve todavía.

De nuevo, los problemas con la Inquisición. Lo ponen en prisiones. Los jueces examinan minuciosamente el pequeño libro con los apuntes de los Ejercicios espirituales. No encuentran nada reprensible, en la vida y en la doctrina. Pero repiten la sentencia de Alcalá. No podrá hablar de cosas espirituales hasta después de cuatro años de estudio. Iñigo decide, entonces, irse a París.


París.

Viaja solo y a pie. En un asnillo lleva sus libros. Su firme propósito es dedicarse de lleno a los estudios. No desea repetir los errores de Alcalá y Salamanca. Su apostolado podría, por el idioma, estar dirigido solamente a estudiantes españoles y tal vez a portugueses. Nada más.

Llega a París el 12 de febrero de 1528. Comienza todos los estudios desde cero. Para el latín escoge el Colegio de Montaigu. Decide vivir de limosnas. Con el fin de conseguir dinero hace tres viajes a Flandes y uno a Londres.

El 1 de octubre de 1529 inicia los estudios de filosofía, en el Colegio de Santa Bárbara. Así termina la etapa medieval de su vida.

Pero debe seguir buscando. El quiere ser un hombre espiritual, de servicio de un solo Señor. Había amado el camino de la vida contemplativa pura. Pensó, en un primer momento, consagrarse en la Cartuja. Consideró la espiritualidad contemplativa y activa, con los dominicos en Castilla y los franciscanos en Tierra Santa. Pero el Señor parece, ahora, llevarlo por otro camino y el discernimiento debe continuar.


Los primeros compañeros.

En el Colegio de Santa Bárbara es porcionista. Ser porcionista, en un colegio parisiense, es alquilar una "porción" de aposento. Se comparte con otros y se paga entre todos.

Iñigo tiene como compañeros de cuarto a su maestro Juan Peña y a otros dos estudiantes. Estos últimos, prontamente, pasan a ser sus mejores amigos: el saboyano Pedro Fabro y el navarro Francisco Javier.

El 13 de marzo de 1533 Iñigo se licencia en Artes, hoy Filosofía. El 5 de abril de 1534 se gradúa de Maestro. El diploma obtenido significa un cambio de nombre. Deja el de Iñigo y toma el de Ignacio.

Los estudios, los compañeros y la oración apostólica lo llevan a descubrir un nuevo camino espiritual, el del contemplativo en la acción. Ignacio comprende que la misma, y única, gracia divina es la que mueve al hombre, a la vida de oración y a la vida apostólica.

Pedro Fabro es el primero en hacer los Ejercicios espirituales y el primero, también, en decidirse a ser compañero definitivo de Ignacio. Francisco Javier lo sigue. Después, el portugués Simón Rodríguez y, poco más tarde, tres españoles Diego Laínez, Alfonso de Salmerón y Nicolás Alonso de Bobadilla.


Los Votos de Montmartre.

El 15 de agosto de 1534, fiesta de la Asunción de la Virgen María, en una capilla de la colina de Montmartre, los compañeros hacen la oblación de sus personas. Los siete se consagran con voto de pobreza y de peregrinar a Jerusalén. La castidad la dan por entendida. Con realismo, si no es posible viajar a la Tierra del Señor, en el plazo de un año, se pondrán a disposición del Romano Pontífice, en Roma.


España.

A comienzos de 1535 Ignacio cae gravemente enfermo. Los médicos consultados le recomiendan los aires natales. Sus compañeros están de acuerdo. Pedro Fabro queda, en París, como Superior del grupo.

En su tierra natal, Azpeitia, Ignacio se aloja en el hospital de pobres, pese a las presiones de su familia. Vive de limosnas. Enseña el catecismo a los niños. Predica en la ermita de Santa Magdalena. Después visita a los familiares de sus compañeros Francisco Javier, Diego Laínez y Alfonso de Salmerón.


Venecia.

En noviembre de 1535 Ignacio viaja a Génova. Desde allí, a pie, pasa a Bolonia y después a Venecia.

En la ciudad ducal trascurre todo el año 1536. Termina los estudios de teología. Da los Ejercicios. Y se prepara para el encuentro con sus compañeros de París.

El 8 de enero de 1537 llegan los, ahora, nueve "amigos en el Señor". A los seis primeros se han agregado, el saboyano Claudio Jayo y los franceses Juan Codure y Pascacio Broet. Han caminado a pie, en pleno invierno y a través de los países en guerra. Ignacio los abraza y les presenta a un nuevo compañero ganado por él, el Bachiller Diego de Hoces.


Tentativas de viaje.

El 25 marzo de 1537, todos, menos Ignacio, viajan a Roma a pedir las licencias para pasar a Jerusalén. Allí obtienen también los permisos para recibir la Ordenes sagradas.

De regreso, en Venecia, se preparan para el acariciado viaje a Tierra Santa. Sin embargo, ese año 1537, no zarpa ninguna nave de peregrinos. Los rumores de que Venecia habría entrado en un pacto de alianza contra los turcos, impiden toda salida.


Las sagradas Órdenes.
El 24 de junio de 1537 en Venecia, en su capilla particular, el Obispo de Arbe los ordena de sacerdotes.

Un mes después, todavía a la espera de la peregrinación, se dispersan por las ciudades cercanas. Ignacio, Fabro y Laínez estuvieron en Vicenza, en el monasterio abandonado de San Pietro in Vivarolo.

En octubre, Ignacio reúne a los compañeros y los invita a discernir sobre la alternativa de ir a Roma. Deciden esperar todavía un tiempo, antes de determinarse por el voto alternativo de Montmartre. Todos celebran sus primeras Misas, a excepción de Ignacio. En noviembre viajan definitivamente a Roma.


La Storta.

En el camino de Roma tiene lugar un hecho de enorme importancia para la vida espiritual de Ignacio.

Antes de celebrar su primera Misa, él, en sus oraciones, ha empezado a pedir con insistencia a la Virgen María el "ser puesto con su Hijo".

A 16 kilómetros de Roma, en un cruce de caminos, entran Ignacio, Fabro y Laínez, a una pequeña capilla, a orar. Allí Ignacio tiene una gran experiencia espiritual. Ve claramente que el Padre lo pone con Cristo, su Hijo.
El Padre le dice a Jesús, quien va con la cruz a cuestas: "Yo quiero que tomes a éste como servidor tuyo". Jesús dice entonces a Ignacio: "Yo quiero que tú nos sirvas". Y el Espíritu Santo le anuncia: "Yo os seré propicio en Roma".

Fue una visión de la Santísima Trinidad, que queda grabada para siempre en el alma de Ignacio. Esta experiencia mística le da a Ignacio una seguridad definitiva. En ella ve la confirmación de su mínima Compañía de Jesús.


Roma.

Los comienzos romanos fueron sencillos. Los Padres Diego Laínez y Pedro Fabro son invitados a dictar clases en la Universidad de la Sapienza. San Ignacio se entrega a la tarea de dar los Ejercicios.

En noviembre de 1538, trascurrido ya el año, se ofrecen al Papa Paulo III para el servicio de la Iglesia.

El Papa los acepta gustoso y los bendice.


La deliberación.

San Ignacio dice su primera Misa la noche de Navidad en el altar del Pesebre, en la basílica de Santa María la Mayor. Y poco después empezaron, para todos, las misiones encomendadas por el Papa.

Se hizo, entonces, urgente deliberar. Al destinarlos el Papa a un sitio, ¿deben acudir como individuos, o como miembros de un grupo estable? La respuesta les resulta fácil, sin controversias. La unión hecha por Dios, no puede deshacerse. Entonces, ¿deben hacer voto de obediencia a uno de ellos, elegido como superior? Esta pregunta les presenta verdaderas dificultades. Si se deciden por el voto, temen ser incorporados a una orden religiosa ya existente. Por otra parte, la obediencia les parece necesaria para la cohesión del grupo.

Fueron muchos los días de deliberación, oración y discernimiento. Por fin, unánimente, resuelven dar obediencia a uno de ellos. Queda así aprobado el proyecto de fundar la Orden religiosa Compañía de Jesús. La deliberación termina el 24 de junio de 1539.


Fórmula del Instituto.

San Ignacio fue el encargado de redactar las líneas esenciales de la nueva Orden.

En julio de 1539, el cardenal Gaspar Contarini presenta a Paulo III los Cinco Capítulos de la Fórmula del nuevo Instituto. El Papa los entrega para que sean examinados. Fueron calificados como "piadosos y santos".

En Tívoli, Paulo III oye la lectura, de labios del mismo cardenal Contarini. De inmediato los aprueba "vivae vocis oraculo", diciendo: "Aquí está el Espíritu de Dios".

En la aprobación jurídica hubo algunas dificultades. El cardenal responsable, Bartolomé Guidiccioni, no encuentra objeciones a los Cinco Capítulos. Pero sí, al hecho mismo de la fundación de una nueva orden religiosa. El es, firmemente partidario de la reducción de las órdenes a sólo cuatro: benedictinos, cistercienses, franciscanos y dominicos.

San Ignacio acude, con perseverancia, a sus recursos habituales: oración y medios humanos. Ofrece decir tres mil misas en honor de la Santísima Trinidad y pide cartas de recomendación a personas influyentes.


La Compañía de Jesús.

En septiembre de 1540, el cardenal Bartolomé Guidiccioni aprueba, por fin, el proyecto de la fundación. El 27 de septiembre de 1540 el Papa Paulo III firma la Bula "Regimini militantis Ecclesiae" con la cual aprueba y confirma a la naciente Compañía.

San Ignacio convoca, entonces, a los compañeros dispersos para la elección del Superior General.


General de la Compañía.

En la Cuaresma de 1541 se reúnen en Roma, San Ignacio, Laínez, Salmerón, Broet, Jayo y Codure. Nicolás de Bobadilla está retenido en Nápoles por decisión del Papa. Pedro Fabro está en Alemania. San Francisco Javier y Simón Rodríguez esperan en Portugal el poder pasar a la India, también por decisión pontificia.

San Ignacio y Juan Codure son los elegidos para redactar las primeras Constituciones. La elección del Superior General se hace el día 5 de abril. En la urna también se ponen los votos de Pedro Fabro, Francisco Javier y Simón Rodríguez, dejados por ellos antes de salir de Roma. Por unanimidad, excepto su propio voto, San Ignacio es elegido primer General de la Compañía de Jesús.

San Ignacio representa y suplica ser liberado del cargo. La votación del 13 de abril es idéntica. San Ignacio no se da por vencido. Declara que dejará la decisión en manos de su confesor. Fray Teodoro de Lodi, franciscano del convento de San Pedro en Montorio, oye su larga confesión de tres días y le pide aceptar el cargo, el día de Pascua.


Votos solemnes.

El 22 de abril de 1541, se reunieron todos en la capilla del Santísimo Sacramento, en la basílica de San Pablo extra muros. Allí, en la Misa celebrada por San Ignacio, ante el antiguo mosaico de la Virgen, hicieron la profesión solemne, primero San Ignacio y después todos los demás.

"Yo Ignacio de Loyola, prometo a Dios Todopoderoso y al Sumo Pontífice, su Vicario en la tierra, delante de la Santísima Virgen María y de toda la corte celestial, y en presencia de la Compañía, perpetua Pobreza, Castidad y Obediencia, según la forma de vivir que se contiene en la Bula de la Compañía de Jesús nuestro Señor, y en las Constituciones, en las ya declaradas como en las que adelante se declarasen. También prometo especial obediencia al Sumo Pontífice en lo referente a las misiones, de las que se habla en la Bula. Además prometo procurar que los niños sean instruidos en la doctrina cristiana, conforme a la misma Bula y Constituciones".


Gobierno de la Compañía.

San Ignacio no se mueve ya más de Roma. Su peregrinar termina con la elección de General. Desde ese día toda su preocupación es la Compañía de Jesús, las personas y las obras.
De inmediato comienza el fluir de los nuevos compañeros. Con caridad y agradecimiento al Señor, San Ignacio los recibe. Les da lo mejor de sí. Debe atender también, las muchas y diversas peticiones con que son requeridos.

El Papa los está dispersando por Europa. A Alemania, al coloquio de Worms y a la dieta de Ratisbona. Hacia Austria, España, Inglaterra e Irlanda, a los países eslavos y al Concilio de Trento. A toda Italia. Y también a Francia.

La dispersión mayor había comenzado antes, con la partida de San Francisco Javier hacia Portugal y de ahí a la India, Indonesia, Japón y China. Poco después los jesuitas deben partir al Brasil y a Etiopía.

San Ignacio ve partir, anima, organiza y ora por todos.


El Diario espiritual.

Entre los escritos de San Ignacio se ha conservado un texto del año 1544. Es un cuadernillo de uso privado, donde él hizo anotaciones acerca de su experiencia personal de encuentro con Dios. Este Diario espiritual es un excelente testimonio de su elevada vida mística.

Sorprende ver a un San Ignacio, tentado, indignado contra la Trinidad, desolado, desierto de toda cosa espiritual, distraído, divagando con su mente. Sorprende la estructura simple de su vida espiritual. Hace diariamente oración formal, dice todos los días la misa y examina diariamente su conciencia.

En el Diario espiritual aparece también, en un solo todo, su actividad apostólica. En él están, las preocupaciones por el gobierno y las Constituciones de la Compañía de Jesús, por los destinos de las personas, su apostolado en Roma, la escasez de apóstoles, el contenido de sus cartas, las limitaciones propias y su enfermedad. Es la misma gracia divina, él lo experimenta, la que lo mueve a la contemplación y la acción apostólica.

Este Diario espiritual muestra el verdadero modo de proceder de San Ignacio. Es una síntesis de la espiritualidad del contemplativo en la acción.


Apóstol de Roma.

San Ignacio supo darse tiempo para importantes obras apostólicas en la ciudad de Roma. Varias de ellas perduran a través del tiempo. He aquí, las principales:
La Compañía de los huérfanos en Santa María in Aquiro, para atender a las necesidades y educación de los niños desamparados.

La Compañía de la gracia, para atender a mujeres arrepentidas.

El Catecumenado de judíos en San Giovanni, in Mercatello, que resume la preocupación de San Ignacio por el bien espiritual y material de los judíos que quisieran recibir el Bautismo.

El Conservatorio delle virgini miserabili, para recoger a jóvenes en peligro.

La Compañía de los Santos Doce Apóstoles, para pobres vergonzantes.

El Colegio Romano. "Schola de grammatica, de humanità e dottrina cristiana, gratis", que más tarde cambiará su nombre por el de Universidad Gregoriana.

El Colegio Germánico, para proveer de doctores y sacerdotes a los países del centro de Europa.


El Concilio de Trento.

En la actividad desarrollada por San Ignacio, debe destacarse el trabajo de los jesuitas en el Concilio de Trento. Las dos primeras sesiones (1545-1547; 1551-1552) se celebran en vida de San Ignacio.

Desde el comienzo del Concilio, el P. Claudio Jayo acude a Trento como procurador del Obispo de Augsburgo, el Cardenal Otón von Truchsess.

En febrero de 1546, el Papa, con la aprobación de San Ignacio, envía al Concilio a los PP. Diego Laínez, Alfonso de Salmerón y Pedro Fabro.

En la segunda sesión, la de Bolonia, se une al Concilio San Pedro Canisio.


Expansión de la Compañía.

A mediados de 1550, San Ignacio completa el texto de las Constituciones de la Compañía de Jesús.

Casi al final de sus días, la Compañía cuenta con más de mil personas y se extiende ya por los cuatro continentes conocidos.

En España tiene tres Provincias, diecinueve Colegios y trescientos jesuitas.

En Portugal, la Compañía tuvo un espléndido desarrollo. A la muerte de San Ignacio, Portugal tenía 200 jesuitas en la Provincia madre y desde ella habían nacido las Provincias de India y Brasil. También las Misiones en Etiopía, el Congo y en el norte de África.

En Italia, los jesuitas pasan el número de los quinientos, distribuidos en dos Provincia y quince Colegios, sin contar las obras en Roma.

En Francia, en tiempos de San Ignacio, hubo dificultades con la Universidad de París que defendía las libertades galicanas de la Iglesia francesa. El Colegio de Clermont, en París, y sus treinta jesuitas, se distingue en la defensa de la fe.

En India y Extremo Oriente, San Francisco Javier trabajó incansable. Establece la Compañía de Jesús en la India. Sus primeros trabajos apostólicos fueron con los cristianos de rito malabar, muy abandonados. Después lleva, personalmente, la fe a Malasia, las Molucas y Japón. Muere a las puertas de China. A la muerte de San Ignacio, la Provincia de Oriente tenía un centenar de jesuitas, repartidos desde Japón hasta el Golfo pérsico.

En Brasil, los PP. Manuel de Nóbrega y el Bienaventurado José de Anchieta, fundan las ciudades de Río de Janeiro y Sao Pablo. Los treinta jesuitas, enviados en vida de San Ignacio, fundaron Colegios y evangelizaron a los colonizadores y a los indígenas.

San Ignacio tuvo la más firme esperanza de conseguir la unión de la Iglesia copta con la de Roma. Por ello acepta con gran entusiasmo la petición del Negus Claudio y designó a tres jesuitas, un Patriarca y dos obispos. Etiopía fue su misión más querida.


Muerte y glorificación.

San Ignacio murió en Roma el 31 de julio de 1556.

Fue canonizado el 12 de marzo de 1622, junto con San Francisco Javier, Santa Teresa de Ávila, San Isidro Labrador patrono de Madrid y San Felipe Neri.

El Romano Pontífice lo declaró Celestial Patrono de los Ejercicios Espirituales y de todos los Institutos, asociaciones y centros que tuvieren por finalidad dar o estudiar los Ejercicios.

Juan Pablo II lo señala como uno de los grandes místicos de la Iglesia occidental, junto a San Francisco de Asís, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz.

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Tomado de:










Ofrecimiento Diario - Intenciones para el mes de Agosto


APOSTOLADO
DE LA
ORACIÓN

INTENCIONES PARA EL MES DE
AGOSTO




Ofrecimiento Diario
Ven Espíritu Santo, inflama nuestro corazón en las ansias redentoras del Corazón de Cristo, para que ofrezcamos de veras nuestras personas y obras, en unión con él, por la redención del mundo.
Señor mío y Dios mío Jesucristo:
Por el Corazón Inmaculado de María me consagro a tu Corazón y me ofrezco contigo al Padre en tu santo sacrificio del altar; con mi oración y mi trabajo, sufrimientos y alegrías de hoy, en reparación de nuestros pecados y para que venga a nosotros tu reino.

Te pido en especial por las intenciones encomendadas al Apostolado de la Oración.






Por las intenciones del Papa
Intención General:
Para que la opinión pública se ocupe más del problema de los millones de desplazados y refugiados, y se encuentren soluciones concretas para su situación frecuentemente trágica.

Intención Misional:
Para que los cristianos que en no pocos países son discriminados y perseguidos a causa del nombre de Cristo, se les reconozcan los derechos humanos, la igualdad y la libertad religiosa, de modo que puedan vivir y profesar libremente su fe.




Por la Conferencia Episcopal Peruana

Para una mayor y más eficaz participación de los abuelos en la transmisión de la fe y de la vida cristiana ejemplar a los niños y jóvenes de las nuevas generaciones.



Derechos de los refugiados

... “Se tratará de garantizar a los refugiados el derecho de constituir una familia o de integrarse a ella; de tener una ocupación segura, digna, con remuneración adecuada; de vivir en una casa digna de seres humanos; de disfrutar de una adecuada instrucción escolar para los niños y los jóvenes, como también de la asistencia médico-sanitaria, en una palabra, todos aquellos derechos que han sido solemnemente aprobados desde 1951 por la Convención de las Naciones Unidas sobre el Estatuto de los refugiados, y confirmados por el Protocolo de 1967 sobre el mismo Estatuto”.... “Agradezco a todos, y a todos doy mi voz de aliento para una mayor sensibilidad, dado que... aquello que se hace, aunque es mucho, no es todavía suficiente. (Juan Pablo II, Cuaresma 1990, 8.9.1989).

Perseguidos por causa de Cristo

“... el martirio cristiano es exclusivamente un acto de amor a Dios y a los hombres, incluidos los perseguidores. Por eso, hoy, en la santa misa, hemos pedido al Señor que nos enseñe a amar también a nuestros enemigos, imitando al mártir San Esteban, ya que celebramos la muerte de quien supo orar por sus perseguidores”... “Pidamos por todos los que sufren a causa de su fidelidad a Cristo y a su Iglesia. Que María Santísima Reina de los mártires, nos ayude a ser testigos creíbles del Evangelio, respondiendo a los enemigos con la fuerza desarmante de la verdad y de la caridad.” (Benedicto XVI, Angelus, 26.12.2007. Extractos).

Aparecida - Misión Continental

“Niños y ancianos constituyen el futuro de los pueblos. Los niños porque llevan adelante la historia, los ancianos porque transmiten la experiencia y la sabiduría de sus vidas”. (447)
“La formación de los hijos como discípulos de Jesucristo, se opera en las experiencias mismas de la vida diaria en la familia misma”. (303)

Eucaristía
Misa por los prófugos y exiliados. (Misal romano)

Palabra de Dios
Deuteronomio 10, 17-19. El Señor ama al forastero.
Salmo 106. Den gracias al Señor por su misericordia.
Romanos 12, 9 -16. La caridad.
Mateo 2, 13-23. Toma al niño y a su madre y huye a Egipto.

Reflexionemos
¿Cómo puedo ayudar eficazmente a los que dejaron sus tierras por el terrorismo por un futuro mejor?

P. Antonio Gonzalez Callizo S.J.
Director Nacional del Apostolado de la Oración (AO)
Parroquia San Pedro

Invitación

A quienes estén interesados en conocer más sobre el Apostolado de la Oración, invitamos a que participe de la Misa dominical de 11:00 AM en la Parroquia de San Pedro y nos acompañe en las reuniones semanales luego de la Misa a las 12:00 M en el claustro de la parroquia, todos los domingos. Quien puede darles mayor información sobre las reuniones es el Sr. Germán Peñares Dueñas, Coordinador General del AO de San Pedro.

Asimismo, invitamos a la Misa de los primeros viernes de cada mes en Honor al Sagrado Corazón de Jesús, a las 7:30 PM en San Pedro.


¡ADVENIAT REGNUM TUUM!
¡Venga a nosotros tu reino!
Apostolado de la Oración
Azángaro 451, Lima

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Liturgia de la Palabra: Sábado 08 de Agosto

Santoral


Lecturas de la liturgia
  • Primera Lectura: Deuteronomio 6,4-13
    "Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón"

    Moisés habló al pueblo, diciendo: "Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas. Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria, se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado; las atarás a tu muñeca como un signo, serán en tu frente una señal; las escribirás en las jambas de tu casa y en tus portales.

    Cuando el Señor, tu Dios, te introduzca en la tierra que juró a tus padres -a Abrahán, Isaac y Jacob- que te había de dar, con ciudades grandes y ricas que tú no has construido, casas rebosantes de riquezas que tú nos has llenado, pozos ya excavados que tú no has excavado, viñas y olivares que tú no has plantado, comerás hasta hartarte. Pero, cuidado: no olvides al Señor que te sacó de Egipto, de la esclavitud. Al Señor, tu Dios, temerás, a él sólo servirás, sólo en su nombre jurarás."

  • Salmo Responsorial: 17
    "Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza"

    Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza; / Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R.

    Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, / mi fuerza salvadora, mi baluarte. / Invoco al Señor de mi alabanza / y quedo libre de mis enemigos. R.

    Viva el Señor, bendita sea mi Roca, / sea ensalzado mi Dios y Salvador: / tú diste gran victoria a tu rey, / tuviste misericordia de tu Ungido. R.

  • Evangelio: Mateo 17,14-20
    "Si tuvierais fe, nada os sería imposible"

    En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre, que le dijo de rodillas: "Señor, ten compasión de mi hijo, que tiene epilepsia y le dan ataques; muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido capaces de curarlo." Jesús contestó: "¡Generación perversa e infiel! ¿Hasta cuándo tendré que estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo." Jesús increpó al demonio, y salió; en aquel momento se curó el niño.

    Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte: "¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros?" Les contestó: "Por vuestra poca fe. Os aseguro que si fuera vuestra fe como un grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría. Nada os sería imposible."


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La multiplicación de los panes


P. Adolfo Franco S.J.
Comentario sobre el Evangelio del DOMINGO XVII del Tiempo Ordinario
Juan 6, 1-15

Tenemos narrado en estos versículos del Evangelio de San Juan el milagro de la multiplicación de los panes y de los peces. Y hay dos cosas que podríamos resaltar: el interés de Jesús por los problemas de la gente, por el problema del hambre, y su huida al monte El sólo cuando pretenden hacerlo rey.

El no quiere sacar provecho de la situación, y en particular no quiere sacar provecho político, porque El únicamente ha respondido a la necesidad de sus seguidores y sólo porque es una necesidad humana, y no está pensando en absoluto en el prestigio que puede sacar. Jesús no hace el bien para buscar prestigio personal; en ninguna situación Jesús buscará el beneficio propio.

Estas dos cosas que resalta el Evangelio de hoy, el interés sincero por preocuparse de los problemas humanos, y su rechazo al poder y al oportunismo, tienen mucho que decirnos en la actualidad, como lecciones de vida y como orientación a los que detentan el poder.

Estamos celebrando en estos días las Fiestas Patrias, y esta lección del Evangelio de este domingo nos viene muy a propósito. ¿Cuál es la razón por la que nos preocupamos por los demás? Jesucristo no quiso sacar provecho de la situación. El es muy diferente de algunos personajes que buscan obtener una porción del poder político, y por eso nos dicen que se van a preocupar de los niños, o de los ancianitos, o de las carreteras, que van a construir un coliseo, si es que les conceden sus votos. Si estos aspirantes a políticos hubieran estado en la multiplicación de los panes, hubieran querido que los cargaran en hombros y que los hicieran rey. El simple desinterés de hacer el bien porque el otro es un hermano necesitado no produce beneficios políticos, eso sólo lo hacen los buenos, los que aceptan seguir siendo “ingenuos”.

Pero sigamos con nuestra meditación sobre esta multiplicación de los panes, como lección de comportamiento. Jesucristo ¿pidió un porcentaje de cada uno de los panes repartidos? Realmente es una pregunta tonta y fuera de lugar. Jesús no tenía mucha idea de lo que es el “reino de este mundo”. Totalmente legítimo (dicen los inescrupulosos) que si uno hace un bien, si se logra un buen contrato derivado de los buenos oficios que yo interpongo, merezco ganarme un porcentaje suculento. Si no, no se puede vivir.

De la misma forma a alguno se le podría ocurrir que si hubiera ocurrido este hecho en los tiempos actuales, habría pelea por conseguir que Jesús pidiera los panes de una panadería o de la otra; los apóstoles habrían estado recibiendo ofertas, para que aceptasen las panes que yo les ofrezco, con tal de que después me asegurasen una buena propaganda. El estar cerca de los poderosos, para conseguir contratos, esto es parte de la llamada estrategia de una buena empresa, aunque para ganar esos contratos se tenga que recurrir a artimañas (o sea a malas mañas).

Otra cosa que observamos en este milagro es que Jesús no quiere hacerlo todo, hay un reparto de responsabilidades: uno es el que tiene los panes (un muchacho), otro es el que informa a Jesús, Jesús es el que hace la bendición milagrosa sobre estos panes y peces, los apóstoles son los que reparten el pan. Jesús no pretende acaparar el poder, lo importante es que la gente tenga que comer, y no importa si esto se lo pueden atribuir a El o a todos los demás que intervienen. Un “astuto político” habría repartido personalmente los panes, y hubiera “aprovechado” el hambre de la gente para sacar dividendos políticos.

Además Dios siempre quiere la colaboración del hombre. El podría hacerlo todo, pero no quiere hacer nada sin la participación de nosotros los hombres. El nos ayuda, pero no nos exime de nuestra responsabilidad y exige que pongamos lo que está de nuestra parte.

Cuántas lecciones nos da el Señor en este milagro, y que oportunas, para una reflexión en estos días de Fiestas Patrias. Que tengamos siempre una vida cristiana digna, para que podarnos decirnos: Feliz 28.
...
Agradecemos al P. Franco S.J. por su colaboración.

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Segundo libro del P. Vicente Gallo S.J. sobre matrimonios


Libro Espiritualidad Matrimonial

Felicitamos al P. Vicente Gallo Rodríguez S.J., quien ha participado activamente en el Movimiento "Encuentro Matrimonial Mundial" integrando el Equipo Coordinador, por la publicación de su segundo libro, comparte en él su amplia experiencia como fruto de su pastoral con matrimonios, en esta oportunidad enfocando el tema desde el aspecto espiritual mostrándonos que el matrimonio cristiano es verdadero camino de santidad.

Este libro que ahora sale al público viene a ser como la segunda parte del libro del mismo autor aparecido en noviembre de 2008 con el título Y SERÁN UNA SOLA CARNE”, que va cumpliendo con creces su pretensión de llegar a muchas parejas en matrimonio para ayudarles a vivir su relación de pareja felizmente y aprender a dialogar como solución de los problemas que se presentan en la vida conyugal.

El libro presente con el título ESPIRITUALIDAD MATRIMONIAL, se dirige a los mismos destinatarios, para ayudarles a vivir su matrimonio cristiano como Sacramento al nivel de verdadera santidad, tanto como debe ser el matrimonio según el plan de Dios, vivido desde nuestra fe en Jesucristo. No será indispensable leer el primer libro para tener plena validez este segundo. Pero si es recomendable leer ambos como complementarios.

Se ha impreso este libro con letra de mayor tamaño que lo corriente. Se hace para que sea más legible, siendo con frecuencia bastante profundos los conceptos que se expresan. Y en muchos puntos puede servir su lectura para una verdadera meditación, que sea verdadera oración de ponerse a escuchar y hablarle a Dios.

Venta:
En la Parroquia San Pedro de Lima. Jr. Azángaro Nro. 451, Cercado de Lima;
Teléfono 428-3010.
Esquina del Jr. Azángaro y Jr Ucayali, a espalda del local de la Biblioteca Nacional de la Av. Abancay.

Libro de pasta blanda de 274 pág.
Cuidado de edición: P. Enrique Rodríguez SJ, Párroco de San Pedro.


Asimismo invitamos a visitar las publicaciones del P. Vicente Gallo, S.J. para matrimonios y parejas cristianas:

Preparación para Novios
Vida Matrimonial
Espiritualidad Matrimonial

Artículo sobre la partida del P. Vicente a la Casa del Padre  
"Adios querido P. Vicente Gallo, S.J."
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Recordando al P. César Toledo Más S.J.


Nota compartida por el P. Rómulo Franco.

El 23 de julio de 1993 falleció el P. César Toledo SJ. Como homenaje, aquí les envío un testimonio personal escrito por Carlos Lecaros Zavala, uno de sus amigos más cercanos en sus años de la Parroquia Nuestra Señora de los Desamparados.

César Toledo Más S.J.

Yo creo en aquello de que el Señor nos va conduciendo hacia ese encuentro con Él en la historia para que nos comprometamos con su proyecto del Reino. Y creo también, con tanta o más convicción, que coloca a personas muy especiales para que nos vayan mostrando el camino sin que por ello se afecte el ejercicio pleno de nuestra libertad.

Manifiesto lo anterior teniendo en mi pensamiento a la persona que el Señor eligió para mi encuentro con Él: César Toledo Más, S.J. Son muchas las experiencias de vida con el “Padre Toledo” (nunca pude decirle “César”, a secas), resaltando en ello, el proyecto de vida intelectual y espiritual iniciado bajo su Dirección Espiritual, esa experiencia ignaciana de acompañamiento que de manera permanente me hace recordar el pasaje del Evangelio de Emaús. El P. Toledo no sólo me inquietaba para leer Filosofía y Teología (recuerdo bien la biblioteca de “Desamparados”, tantas veces visitada) sino que solíamos comentar las lecturas, siendo lo más relevante sus orientaciones sobre la manera cristiana de ver el mundo, estando en el mundo. Aprendí de él, cómo integrar el conocimiento con la experiencia de vida, con la praxis. Cuando me acerco al P. Toledo, allá por 1968, se vivía todo el entusiasmo de Vaticano II y la Populorum Progressio, cuyos temas eran extraños para mí, pero que ahora, a la distancia, comprendo que marcaron el inicio de ese compartir juntos la experiencia de Dios, lo que para mí habría de significar mi kayrós, esto es, el momento oportuno en mi vida para conocer al Señor y reconocerlo en la Iglesia, más allá de sus vicisitudes.

El P. Toledo, fue quien me inició en la lectura de otro jesuita a quien no he dejado de estudiar desde el año 1969 ó 1970: Teilhard de Chardin. Tan es así, que mi tesis de Licenciatura en Filosofía en la UCA (San Salvador, 1997) la escribí sobre Teilhard, lo que explica la dedicatoria que ahí aparece: “En recuerdo de CÉSAR TOLEDO MÁS, S.J., quien -en palabras de Teilhard- vive ahora el gozo de «ver»”

El P. Toledo estuvo tan ligado a mi vida y a la vida que comparto con Pilar, mi esposa, de quien también fue Director Espiritual que, como no podía ser de otra manera, nos casó (1975), bautizó a Juan Carlos (a quien él le agregó un tercer nombre, Salvador, porque nació un 25 de marzo de 1976) y a Carla (1979).

Habría mucho más que decir de la experiencia de vida junto al P. Toledo, como, por ejemplo, desde hacer los Ejercicios hasta lo mucho que disfrutaba del mar, como buen barranquino. Un largo caminar, como dice la canción, que duraría 25 años, más de “media vida” porque cuando él parte para unirse con el Señor yo tenía 45 años.

21 de julio del 2009.

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Agradecemos al P. Rómulo por su colaboración.

Santificar el Día del Señor

P. Antonio González Callizo, S.J.
Apostolado de la Oración


Domingo: Día del Señor
¿Qué significa para Ud. El domingo?
El domingo quiere decir día del Señor. En latín: dies domenica.
Al día que sigue al sábado lo llamamos día del Señor, porque en ese día de la semana Cristo resucitó.
El domingo vamos a la Iglesia para celebrar la pascua semanal de Cristo resucitado, para testimoniar juntos nuestra fe en Cristo resucitado, que es la verdad fundamental de nuestra fe. «Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe… Pero no: Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicia de los muertos» (1 Co 15, 18.20)
Pascua Semanal
Esa pascua semanal de Cristo resucitado la celebramos con la santa misa. En ella por mandato del Señor, repetimos lo que El hizo la última cena, la cena del Señor. En aquella cena, al instituir el sacramento de la eucaristía, Jesús anticipó su pasión, muerte y resurrección que iban a ocurrir pocas horas después, y nos mandó repetir ese sacramento, instituyendo el sacerdocio ministerial cristiano.
En la santa misa, los sacerdotes, cumpliendo el mandato del Señor, consagramos el pan y el vino con las palabras de la cena. Entonces Jesús, bajo las apariencias de pan y vino, se hace presente en el altar y, desde el altar, ofrece al Padre de nuevo por nosotros el sacrificio único de la cruz y nos aplica los frutos de salvación que brotan de su cruz y resurrección.
Pan de la Palabra
En la santa misa tenemos el pan de la palabra. Dios, que es un buen amigo y un buen padre, me cuenta sus secretos, sus misterios, la palabra de Dios revelada, que leemos y comentamos, y me enseña el camino de l a salvación: cómo llegar al cielo, a la casa del Padre.
Pan de la Vida
También tenemos el pan de la vida. Jesús ha dicho: «Yo soy el pan de la vida… Si no comemos la carne del Hijo del Hombre… no tendremos la vida en nosotros» (Juan 6). Hay que recibir la comunión, por lo menos una vez al año, para conservar y desarrollar la vida de hijos de Dios que recibimos por la fe y el bautismo.
Esta obligación en Lima se cumple en el tiempo que va desde la pascua hasta el Señor de los Milagros.
También se nos da en la comunión como prenda, como garantía de nuestra futura resurrección. «Al que come mi carne, al que recibe la comunión, yo lo resucitaré en el último día» (Juan 6)
La Misa y la vida cristiana
Por todo ello la santa Misa es el centro, la cumbre y la fuente de toda la vida cristiana. Y es obligatorio participar en la Misa los 52 domingos del año y las seis fiestas de guardar, bajo pena de pecado grave.
Cuando una persona realmente no puede asistir a misa no peca, está dispensada de esa obligación. Cuando no asiste por flojera o porque no quiere, peca gravemente porque se priva de un gran bien y no da testimonio de su fe en Cristo resucitado.
La comunión sólo es obligatoria una vez al año, durante el tiempo antes señalado. Es santo y bueno comulgar todos los domingos y fiestas de guardar e incluso todos los días. Pero para comulgar es necesario no tener conciencia de pecado mortal cierto. Si alguien tuviera tal pecado, debe acudir al sacramento de la reconciliación antes de recibir el cuerpo del Señor.
Lea la carta apostólica «Dies Dómini» (Día del Señor), que el Papa Juan Pablo II escribió el 31 de Mayo de 1998. Enlace para la Carta:
http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_letters/documents/hf_jp-ii_apl_05071998_dies-domini_sp.html

Invitación:
A quienes estén interesados en conocer más sobre el Apostolado de la Oración, invitamos a que participe de la Misa dominical de 11:00 AM en la Parroquia de San Pedro y nos acompañe en las reuniones semanales luego de la Misa a las 12:00 M en el claustro de la parroquia, todos los domingos. Quien puede darles mayor información sobre las reuniones es el Sr. Germán Peñares Dueñas, Coordinador General del AO de San Pedro.
El P. Antonio González Callizo S.J. es el Director Nacional del Apostolado de la Oración (AO) y reside en San Pedro.
Asimismo, invitamos a la Misa de los primeros viernes de cada mes en Honor al Sagrado Corazón de Jesús, a las 7:30 PM en San Pedro.

Homilía: Domingo 16º TO (B)

Lecturas: Jer 23,1-6; S.22,1-6; Ef 2,13-18; Mc 6,30-34

El Señor es mi pastor
P. José Ramón Martínez Galdeano, S.J.


Es claro que para este domingo la Iglesia nos ofrece como reflexión el tema de los pastores en la Iglesia, es decir de los obispos, sacerdotes y diáconos.

En el Antiguo Testamento los pastores son fundamentalmente los reyes y sacerdotes; alguna vez lo dice el Señor de sí mismo; pero sobre todo promete al Mesías, a Jesús, como su pastor que cumplirá perfectamente su misión. Ya en el Nuevo Testamento Jesús se presenta como el Pastor de su rebaño, incluso como el único pastor; pero lo hace en contraposición a los sacerdotes de su tiempo y a los rabís y los fariseos.

Ya desde el comienzo de su ministerio Jesús, el enviado del Padre, eligió a los doce apóstoles: “Como el Padre me envió, también yo les envío”. Por eso la misión de los apóstoles es la continuación de la misión de Cristo: “Quien a ustedes recibe, a mí me recibe” –les dice a los doce–. Entre ellos da a Pedro su autoridad suprema con la fórmula de que pastoree su rebaño (Jn 21), lo mismo que a todos los discípulos les dice: “Quien les recibe a ustedes, a mí me recibe; y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado” (su Padre) y les dice también, como ya había dicho a Pedro: “Lo que aten en la tierra quedará atado en el cielo y lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo” (Mt 18,18). Y ya resucitado, antes de irse corporalmente al Cielo, les afirmó: “A mí se me dio todo poder en el cielo y en la tierra. Como me envió a mí el Padre, así les envío Yo a ustedes (Mt 28,18; Jn 20,23).

En su Iglesia, pues, de la que él habla como de su rebaño, son los doce discípulos los pastores. Ellos así lo interpretaron; y no se equivocaron, pues Cristo garantizaba su infalibilidad, como ya explicamos a propósito de las promesas anteriores y de aquella “yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo” (Mt 28,20).

Como el Evangelio debía predicarse hasta el final de los tiempos, los apóstoles comprendieron que, como Cristo había hecho con ellos, ellos debían hacerlo con otros. Así eligieron sucesores, a los que encomendaron su misión. Esta misión la entiende Pedro como la de Cristo pastor: “A los obispos y presbíteros yo les exhorto: apacentad la grey de Dios que os está encomendada, vigilando, no forzando sino voluntariamente, según Dios; no por mezquino afán de ganancia, sino de corazón; no tiranizando a los que les ha tocado cuidar, sino siendo modelos de su grey. Y, cuando aparezca el supremo pastor, recibirán la corona de gloria que no se marchita” (1 Pe 5,1-4). El Nuevo Testamento habla de los obispos, presbíteros y diáconos como de los rectores y responsables de las comunidades cristianas (v. Hch 20,28). Son los sucesores de los apóstoles, instituidos mediante la imposición de las manos, un rito sacramental (v. 1Tim 4,14) .

Así hizo Cristo a su Iglesia. Y consecuencia clara es que una iglesia no es la Iglesia fundada por Cristo si le falta el sacramento del orden y los obispos y sacerdotes consagrados por un sacramento. Es el caso de todos los grupos evangélicos y protestantes. Sólo los pastores de la Iglesia Católica y los de las Iglesias Cristianas Ortodoxas tienen sacerdotes que verdaderamente lo sean, con poder para perdonar pecados, consagrar la Eucaristía y ordenar sacerdotes y obispos (si ellos lo son).

Cristo, lo sabemos, es pastor, el Buen Pastor, el que había prometido Dios en la profecía que hoy hemos escuchado y en otras. El evangelio dice que al ver aquella multitud, que tenía hambre de su palabra, Jesús sintió lastima, se le conmovieron las entrañas. Porque “estaban como ovejas sin pastor. Y se puso a enseñarles con calma”. Es lo primero que las ovejas necesitan, que necesitan ustedes: el pan de la palabra, que se les explique la palabra de Dios. Una vez más constatamos la importancia que para Cristo tiene la palabra. La palabra suscita la fe, “la fe viene del oído”, y la fe mueve a la conversión y la conversión abre las puertas del corazón de Dios y la misericordia de Dios otorga el perdón.

Los pastos que necesitan las ovejas para tener vida y vida abundante son el pan de la Palabra y el pan de la Eucaristía. Es éste el maná que el pueblo de Dios necesita para atravesar el desierto de esta vida sin caer muertos en el camino.

Los pastores, los sacerdotes son los ministros que deben cuidar a sus ovejas, que no son suyas, sino de Jesús. Ya les expliqué cómo en la Iglesia Cristo es como la cabeza y el cuerpo lo formamos todos los demás. Nuestra vida sobrenatural, cristiana, nos viene de la unión con Cristo. Somos todos miembros de Cristo, pero no somos todos iguales, como los pies y las manos o los oídos son diferentes; porque cada uno tenemos nuestra misión, unos una y otros otra. Pero todos recibimos la misión y la vida de Cristo. Unidos todos a Cristo todos hemos sido consagrados para Dios. Por el bautismo todos estamos llamados a la santidad, es decir a acrecentar esa vida que recibimos en el bautismo y a ofrecer a Dios el sacrificio de nuestro servicio, de la aceptación de su voluntad y de los sacrificios que conlleva. Pero por voluntad de Cristo, los obispos, presbíteros y diáconos tienen la misión especial de servir a sus hermanos de modo especial con la palabra y los sacramentos. Por eso dice el Catecismo: “En el servicio eclesial del ministro ordenado es Cristo mismo quien está presente en su Iglesia como Cabeza de su cuerpo, Pastor de su rebaño, sumo sacerdote del sacrificio redentor, ministro de la Verdad. Es lo que la Iglesia expresa al decir que el sacerdote, en virtud del sacramento del Orden, actúa “in persona Christi Capitis” –en la persona de Cristo cabeza–(C.I.C. 1548).

Estamos en este Año invitados a orar por la gracia de que los sacerdotes sean santos. Saben ustedes que es lo más fundamental. Oren (y oremos todos) para alcanzar la gracia de tener unos sacerdotes que sean santos de verdad, hombres de Dios, de oración, sacrificados, humildes, pobres, castos, llenos de fe, esperanza y caridad. Oren, hermanos, para que la palabra del profeta se haga realidad: “Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas y las volveré a traer a sus dehesas, para que crezcan y se multipliquen. Les pondré pastores que las pastoreen: ya no temerán ni se espantarán y ninguna se espantará –oráculo del Señor–“.
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