Homilías: Solemnidad de Pentecostés


Lecturas: Hch 2,1-11; S. 103; 1Cor 12,3-7.12s; Jn15,26s; 16,12-15


VEN, ESPIRITU SANTO

P. José Ramón Martínez Galdeano, S.J.



Tengo la impresión de que ustedes agradecen el esfuerzo que estoy haciendo de forma que puedan ver claro que la fe católica nos da más que meros conocimientos y deberes morales. Más allá de todo ello nos aporta riquezas reales, posibilidades nuevas reales, fuerzas y facultades reales. Nos aporta una vida real nueva, distinta y superior a la recibida de nuestros padres, con nuevas capacidades y potencialidades.

Esta realidad que celebra la fiesta de hoy. Celebra la venida del Espíritu Santo a la Iglesia para todos los que creen en Cristo. La fiesta más importante en la liturgia es la de la Resurrección de Jesucristo. En ella revivimos el gran triunfo de Jesús sobre el pecado y la muerte mediante su propia muerte y resurrección. Hoy celebramos el misterio de nuestra participación en esa muerte y resurrección mediante el bautismo y los sacramentos. Es misterio porque no se conoce por experiencia sino creyendo lo que el Señor nos ha revelado sobre ella. Ya expliqué cómo en el bautismo se nos da el Espíritu Santo, que nos une a Cristo resucitado, con lo que su vida se nos transmite como la de la vid a los sarmientos. Por eso se puede decir y dice San Pablo que en el bautismo hemos resucitado con Cristo (Col 2,12; 3,1). Continúo, pues, explicando esta maravilla.

La primera lectura de hoy ya nos dice que sobre la cabeza de los que estaban en el Cenáculo, que eran entonces todos los que formaban la comunidad cristiana, se puso aquella llama símbolo entonces de la venida del Espíritu Santo. No meramente a los apóstoles, a María, a obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, sino que todos y cada uno de los fieles, cada uno de ustedes ha recibido el Espíritu Santo. Es una verdad de fe y hay que creerla.

En la segunda lectura y en el evangelio se nos amplía el conocimiento de la riqueza que nos aporta el Espíritu.

“Nadie puede decir “Jesús es Señor” si no es bajo la acción del Espíritu Santo”. En el Antiguo Testamento Señor se llama a Dios y San Pablo designa a Jesús con la palabra Señor, para significar que es Dios, verdad que es la central de nuestra fe. La expresión «nadie puede decir ‘Jesús es el Señor’ sino bajo la acción del Espíritu Santo» quiere decir que no se puede llegar a la fe si no es por la acción del Espíritu, por la gracia, como ya explicamos en otras ocasiones. Sin la gracia de Dios, que es lo mismo que acción del Espíritu, porque este don y su acción son siempre gratuitos, no se puede creer, ni avanzar en la fe, ni comprender, ni gustar de la palabra de Dios ni hacer nada que valga sobrenaturalmented.

“Hay diversidad de dones –continúa Pablo– pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común”. Dones, ministerios y funciones son para algunos exegetas (especialistas en la Biblia) lo mismo. Para otros no. De todos modos todos incluyen en la terna a gracias como las virtudes teologales de la fe, esperanza y caridad y de otras virtudes como la fortaleza y la paciencia de los mártires y de las personas víctimas, la caridad extraordinaria como la de la Beata Teresa de Calcuta, la oración extraordinaria como la de Santa Teresa, el don de hacer milagros, el carisma de la profecía, de la sabiduría en leer y exponer la Palabra, en general todo aquello que sirve al bien de la persona y de los demás en la comunidad cristiana. Así para ustedes gracias, dones, ministerios, funciones y carismas son su misión de esposos, de padres, de hijos, sus responsabilidades de trabajo y de estudio, las que emanan de sus relaciones sociales, las funciones que puedan asumir en la comunidad cristiana como catequistas, cantores o miembros de grupos, y las gracias y virtudes especiales que necesitan para cumplir con esas funciones. Porque, para ser luz y sal de la tierra en esas situaciones y responsabilidades tan diversas, ustedes necesitan gracias especiales, para santificarse en ellas y para ayudar a la fe y a la santificación de sus hermanos. El evangelio de hoy habla de la gracia de la valentía y acierto para dar testimonio de Jesús y para comprender mejor la palabra de Dios hasta llegar a “la verdad plena”.

Se trata de gracias que son para bien espiritual y sobrenatural, desde luego, de la persona que los recibe y también de la Iglesia en su conjunto. “Porque, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo”. Sería dañino que el corazón o los pies quisieran emplearse en respirar o en obrar como las manos. Así cada uno de nosotros, para servir a la Iglesia, sólo debemos tratar no de hacer lo de otros sino de hacer con perfección lo que en el cuerpo de Cristo, en la Iglesia, nos ha tocado hacer. Pues “todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu”. En la medida en que vivamos esta realidad, viviremos alegres y con una correcta alta autoestima, como insisten hoy los psicólogos.

Una primera conclusión es apreciar la propia suerte en todos sus detalles. Seas fuerte o débil, sano o enfermo, trabajes en un puesto de gran responsabilidad o menos, seas mujer o varón, niño, joven o anciano, debas mandar u obedecer, en cualquier contingencia puedes crecer en santidad y ser útil a la Iglesia. Pero necesitas la gracia del Espíritu Santo. Se debe pedirla y todos los días y abundante.

Y si te das cuenta que hay cosas concretas en tu carácter, un defecto o la exigencia de una virtud o capacidad necesaria, pide al Espíritu que venga en tu ayuda. Por ejemplo, el catequista o profesor pida el Espíritu del Señor para que le ilumine en la elección de los temas, en la claridad y acierto al explicarlos, en iluminar a sus alumnos a entenderlos.

Y así en todo. Hoy en esta misa, que nuestra actitud y nuestra fe sea tal que sobre todos y cada uno de los participamos en ella venga como un diluvio la gracia del Espíritu de Jesús.


Pentecostés - Fiesta del Espíritu Santo


P. Adolfo Franco S.J.

Juan 15 26-27; 16 12-15 
(o Juan 20 19-23)

Que el Espíritu Santo nos colme de su amor y de su ciencia


El día de Pentecostés (al final de las siete semanas de pascua) la misma Pascua de Cristo llega a su culminación con la efusión del Espíritu Santo, que se manifiesta, se da y se comunica.

La relación entre la obra de Jesús y el Espíritu Santo está muy marcada en la revelación. El Espíritu se hace presente en los momentos centrales de la vida de Jesús. Y empezando por la concepción: es el Espíritu Santo el que vendrá sobre María, para que empiece la Encarnación del Hijo de Dios. La existencia de Jesús en su origen humano es obra del Espíritu. En otro momento importante, en los cuarenta días en que Jesús está en el desierto, es el Espíritu el que lo lleva al desierto. En el Bautismo del Señor, el Espíritu en forma de paloma se posa sobre El. Empieza a predicar por la acción del Espíritu Santo. En algún momento se dice que Jesús oró lleno de gozo por la acción del Espíritu Santo. Y en la Ultima Cena Jesús continuamente les habla a sus apóstoles que les enviará el Espíritu Santo, y de la acción importante del Espíritu en ellos cuando empiecen a actuar. Parecería entonces que el Espíritu Santo es como una sombra que acompaña continuamente al Señor en todo lo que vive y en todo lo que hace. Esta es, en resumen, la participación del Espíritu Santo en la vida y en la obra de Jesús.

También es fundamental la actuación del Espíritu Santo en la Iglesia. Con razón se ha dicho que si Cristo es Cabeza de la Iglesia, el Espíritu es el Alma de esa Iglesia. Y en primer lugar el Espíritu Santo actúa cuando los apóstoles se reúnen para elegir al sucesor de Judas Iscariote, para completar el número de los doce. El Espíritu Santo es el que guiará la elección. Cuando Jesús se va al cielo, el Espíritu se hace presente más y más en la tarea de la Iglesia naciente. Y especialmente el día de Pentecostés (que hoy conmemoramos), en que ocurre esta invasión potente del Espíritu sobre los apóstoles; y no será ésta la única ocasión de su irrupción. Se cuenta en los Hechos de los Apóstoles varias de estas manifestaciones del Espíritu en los momentos de evangelización de Pedro y Pablo. En alguna ocasión se narra que el Espíritu Santo bajó sobre un grupo de paganos y naturalmente enseguida fueron bautizados. Cuando haya que dirimir el asunto tan delicado en la primitiva Iglesia, de si hay que circuncidar a los paganos que se hagan cristianos, es el Espíritu Santo el que ilumina a los apóstoles para que tomen la decisión correcta. Y no solamente actúa el Espíritu Santo en la Iglesia en vida de los apóstoles.

En toda la historia posterior de la Iglesia está presente el Espíritu; por ejemplo, cuando en los Concilios la Iglesia tenga que definir más y más su doctrina. Es el Espíritu el que guía a la Iglesia en tantas bifurcaciones doctrinales como se le presentaron, para que escoja el camino correcto; precisamente ése, dejando los otros. Y esto ocurrió tantas veces. Así el Espíritu Santo fue el garante de la verdadera fe. Y más todavía: la Iglesia institución divina, y humana a la vez, tendrá momentos en que necesite una revitalización, y a veces una reforma. Y será el Espíritu el que en esos momentos haga surgir en la Iglesia tantos ejemplos de cristianos, para revivir el ideal de Cristo en su entera pureza: así nacerá la Vida Religiosa en la Iglesia, las diversas Congregaciones: los monjes, los franciscanos, dominicos, jesuitas, etc., etc. Y cada uno en su momento, en el momento necesario: todos son manifestaciones del Espíritu Santo, especialmente en sus fundadores y para el bien de la Iglesia.

Todo esto es manifestación de la presencia del Espíritu Santo en la Iglesia. Pero también vive el Espíritu Santo en cada uno de nosotros, inspirando toda obra buena. Cuando oramos es el Espíritu quien ora desde nuestro interior, cuando anhelamos servir, cuando sentimos el deseo de ayudar. Todos esos movimientos interiores que producen obras buenas, son movimientos del Espíritu Santo en nosotros. El nos guía y nos conduce para que vivamos el Evangelio, para que vivamos como hijos de Dios, hermanos de Cristo y templos del Espíritu Santo.


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Agradecemos al P. Franco SJ por su colaboración
Para otras reflexiones del P. Adolfo acceda AQUÍ.

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Oración para pedir el Espíritu de Pentecostés


Por Karl Rahner S.J.


Señor Jesucristo, Hijo del Padre, Sacramento de la Vida, Pan de los peregrinos, Viático y término, camino y patria, te adoramos, te amamos, te bendecimos en tu Sacramento.

Señor, hace veinte siglos que tú, levantado sobre todos los cielos, sentado a la derecha del Padre, derramaste sobre nosotros el Espíritu prometido, a fin de permanecer tú con nosotros todos los días hasta el fin de los tiempos y para continuar en nosotros tu vida y tu muerte para gloria del Padre y salud eterna nuestra.

Danos el conocimiento, que se abona en el diario quehacer, de que, cuando te deseamos y buscamos, el espíritu de tranquilidad, de paz y de confianza, de libertad y sencilla caridad, es tu Espíritu y que todo espíritu de inquietud y de angustia, de estrechez y gravosa amargura es, a lo sumo, un espíritu nuestro o de la oscura profundidad.

Danos tu Espíritu consolador. Sabemos que también en el desconsuelo, en la sequedad y en la impotencia psíquica, podemos y debemos serte fieles; sin embargo, nos es lícito pedirte el espíritu del consuelo y de la fuerza, de la alegría y confianza, del crecimiento en la fe, esperanza y caridad, del servicio generoso y de la alabanza a tu Padre, el espíritu de tranquilidad y paz que destierra de nosotros la desolación espiritual, las tinieblas, la confusión, la inclinación a cosas bajas y terrenas, la desconfianza sin esperanza, la tibieza, la tristeza, el sentimiento de abandono, la disensión y el sofocante sentimiento de estar lejos de ti.

Pero si te place llevarnos también por esos caminos, déjanos al menos, te pedimos, para esas horas y días, tu Santo Espíritu de fidelidad, de firmeza y constancia, a fin de que con confianza ciega, prosigamos el camino, mantengamos la dirección y permanezcamos fieles a los propósitos que hicimos cuando tu luz nos iluminaba y tu gozo dilataba nuestro corazón.

Sí, danos entonces, en medio de tal abandono, el espíritu de animoso empeño, de pertinaz “a pesar de todo”, en la oración, en el vencimiento propio y en la penitencia. Danos entonces la confianza incondicional de que, ni siquiera en esos momentos de abandono, estamos abandonados de tu gracia; de que, aún cuando no te sintamos, entonces sobre todo estás con nosotros, con la fuerza que saldrá victoriosa de nuestra impotencia.

Danos el espíritu del fiel recuerdo de tus amorosas visitas pasadas y del vislumbrar las pruebas sensibles de tu amor, que ciertamente vendrán.

Haznos confesar en esas horas de desconsuelo nuestro pecado y miseria, reconocer humildemente nuestra flaqueza y que sólo tú eres la fuente fiel de todo consuelo celestial.

Cuando tu consuelo nos visite, haz que venga acompañado del espíritu de humildad y del propósito de servirte aún sin consuelo.

Danos siempre el espíritu de fortaleza y de resolución animosa, para reconocer el ataque y la tentación, no entrar a discutir con ella, ni establecer componendas, sino decir rotundamente no, pues ésta es la más sencilla táctica de combate.

Danos humildad de pedir consejo en las situaciones oscuras, sin falsa locuacidad y espejismos propios, y también son la necia soberbia que nos dice que deberíamos arreglárnosla siempre solos.

Danos el don de la sabiduría del cielo para poder conocer los verdaderos puntos flacos de nuestro carácter y de nuestra vida, y velar y luchar con la máxima fidelidad allí donde somos más vulnerables.

Danos, en una palabra, tu Espíritu de Pentecostés, los frutos del Espíritu que según el Apóstol son: caridad, bondad, fe, mansedumbre, continencia.

Si tenemos ese Espíritu y sus frutos, no seremos ya siervos de la ley, sino hijos libres de Dios.

Entonces ese mismo Espíritu grita en nosotros: Abba, padre.

Entonces intercede por nosotros con gemidos inexpresables.

Entonces es unción, sello y arras de la vida eterna.

Entonces es la fuente de aguas vivas que brota en el corazón y salta hasta la vida eterna y susurra blandamente: “¡Ven al Padre!”.

Oh, Jesús, envíanos tu Espíritu.

No te canses de darnos tu don de Pentecostés.

Aclara el ojo de nuestro espíritu y afina nuestra capacidad espiritual para que podamos discernís tu espíritu en todos los otros.

Danos tu Espíritu para que se pueda decir de nosotros:

“Sí, mora en vosotros el Espíritu de Aquél que resucitó a Jesús de entre los muertos. Él resucitará también vuestro cuerpo mortal para la vida por medio de su Espíritu que mora en vosotros”.

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Estar enamorados


P. Vicente Gallo S.J.


Cuando nace un niño varón, sus padres pueden pensar que Dios pone también en el mundo una niña mujer que un día habrá de ser su esposa, y que los hace el uno para el otro. Dios mismo sabrá hacer las cosas para que el uno y el otro terminen encontrándose. Es un misterio de la naturaleza que prácticamente vengan a la vida el mismo número de hombres que de mujeres; y que ello resulta no de los que nacen de una pareja, sino de los que nacen de tal multitud de parejas, como si alguien los barajase con su mano de mago para que acabaran así. Y al encontrarse, ven estar hechos el uno para el otro; eso que es el enamoramiento.

También ocurre que, desde niños aún, los varoncitos y mujercitas intuyen que un día harán pareja como lo son papá y mamá; así se miran y se respetan. Cuando van creciendo desarrollándose como hombre y como mujer, sin que necesiten pensar mal con atractivo sexual en su corazón de hombre y de mujer que se estrenan, sienten un afecto, el hombre hacia una mujer en particular y la mujer hacia un hombre concreto, que no es afecto de simple amistad, sino con otro modo más profundo de amor, como una llamada que Dios les hace.

Es inmaduro y poco sensato que él o ella, o acaso ambos, piensen en ser ya eso el enamoramiento definitivo aunque sean mayorcitos, y que más adelante, cuando sea, se casarán juntos para con esa unión ser felices toda la vida. Lamentablemente así se toma y se hace con harta frecuencia. Lo normal es que esos enamoramientos iniciales sean provisionales, pasajeros, de entrenamiento del corazón: ahora se aman, y cualquier día, por cualquier suceso que les sobreviniere, terminan rompiendo y distanciándose; acaso, sencillamente porque él se enamora de otra, o es ella la que encuentra el amor en otro distinto. ¿Por qué no?

Ya lo dijimos anteriormente; pero no es superfluo insistir en ello. Son libres, todavía permanecen muy libres. Sería necio privarse de esa libertad que les corresponde; o anular las posibilidades mejores que al uno y a la otra les puede brindar la vida. Con los años, uno u otro puede cambiar de ciudad, de centro de estudios, de país, y allí conocer a quien anteriormente no sabía ni que existía, y del que termina enamorándose. Lo que importa a cada uno es terminar acertando con quien ha de ser su pareja para toda la vida haciendo un matrimonio feliz, el que Dios soñó para cada uno cuando los hizo.

Pero cuando por fin se encuentran aquellos dos a quienes Dios sí había creado el uno para el otro, ambos experimentan ese flujo magnético especial de atracción que les hace exclamar, sin pronunciar acaso las palabras: «esto es distinto», como Adán al ver a Eva en el Paraíso por primera vez. No es la belleza del rostro ni algo «razonable» lo que les atrae tan especialmente. Es algo que los demás no perciben, quizás ellos mismos no sabrían precisar qué es lo que causa en ellos esa atracción tan única; y tan distinta de cualquiera que hayan podido sentir frente a otra persona. Eso es el «enamoramiento».

Es todo un proceso. Primero lo sienten; después, más tarde, se lo declaran el uno al otro, continúan sintiéndolo; y cuando habiéndose conocido más y más en un trato asiduo, llegan al convencimiento de que Dios efectivamente los ha hecho el uno para el otro, terminan casándose. Si como creyentes entienden que todo ello es en realidad una «cosa de Dios», se unirán en matrimonio comprometiéndose no ante cualquiera, sino ante Dios y con su bendición; ante los creyentes como ellos haciendo de testigos, y buscando su apoyo y compañía; presidiéndolo el sacerdote en nombre del Señor.

Lo mejor que ellos pueden desearse, o que les puedan desear sus padres y cuántos están presentes allí, es lo que les desea Dios, no lo dudemos: que durante todos los días de su vida en matrimonio recuerden el enamoramiento con el que se casaron, y que trabajen por enamorarse cada día de modo parecido a como entonces lo estaban. Cosa que no se logra sin hacer cada día el esfuerzo necesario, pero consciente, para conseguirlo.

El deseo de ellos y de todos es, en realidad, que sean siempre muy felices; sabiendo que esa felicidad que ahora se les desea solamente llegará a ser una maravillosa realidad, y no un fugaz buen deseo, si son capaces de vivir siempre tan enamorados como cuando se casan. El enamoramiento es para siempre. Como ha de serlo un amor de pareja en el matrimonio.

Además de la atracción especial, y el sentirla como cosa de Dios, en el amor entra en juego un factor muy importante: es la voluntad de ambos, ese querer que pone la decisión de amarse con el amor distinto y único que vale para el matrimonio, y que da la fidelidad para toda una vida, excluyendo de ese amor a las demás personas. Es decidir tenerse el amor que los hará felices a ellos y a los hijos que puedan nacer de tal amor. Y hacer diaria esa decisión.

Insistamos en ello: su vida en matrimonio será feliz y estable si cada día siguen enamorándose activamente con el mismo amor con el que se casaron. Cultivando la misma atracción especial, y la misma decisión de amarse; en los días claros o en las tormentas, en las situaciones prósperas o en las de adversidad, en la salud y en la enfermedad, aun en las fricciones; y no sólo «hasta el final de la vida», sino «todos los días de su vida».

Amándose, dice San Pablo a los Efesios (Ef 5), «como Cristo ama a su Iglesia»: dando la vida por ella, para hacérsela como él la quiere tener y es él quien tiene que hacérsela así, digna de su enamoramiento, pura y hermosa; lavándola él con el agua de la palabra para hacérsela limpia e inmaculada, y con la fe que el uno en el otro puedan alimentar cada día. Dándose vida mutuamente con ese amor verdadero de enamoramiento. Si cada uno hallare en el otro algo digno de reproche, en lugar de hacerlo causa de desamor, debe hacerlo motivo para amarse mejor.

Jesucristo es Dios que vino desde el cielo a la tierra para hacer con los hombres una Nueva Alianza; porque nos amaba tanto como para venir y hacernos íntimamente suyos, su Iglesia, a la que tomase como su Esposa con el enamoramiento de verdadero Esposo. Pero no cuando nosotros éramos buenos, hermosos, dignos de ese enamoramiento de Dios; sino cuando éramos pecadores, dignos de la ira divina, dignos de su rechazo. Sería El quien nos haría justos con la misma justicia suya, haciendo de él todo lo nuestro, aunque le costase la vida y el precio de su sangre.

Es lo que pondera el mismo Pablo en su Carta a los Romanos, y exclama admirado: « ¡Con cuánta más razón, pues, hechos justos ahora al precio de su sangre, seremos salvos de su aversión! » (Rm 5,9) y, perdonándonos, se enamorará cada día más de nosotros. Ese es el amor, nos dice, con el que nosotros tenemos que amar, ya que el Espíritu Santo nos da tal amor divino habiendo venido a morar en nosotros (Rm 5,5). Y ese, nos dice, es el amor con el que deben amarse los esposos que se unieron ante Dios porque creían en Cristo su Hijo y lo que en él nos ama.

Quienes nos hemos hecho de Cristo no podemos amar con cualquier manera de atracción que por ahí se la llame amor; sino como Dios nos ama. Cada uno es carne con la que Dios ama como Esposo; y es carne a la que Dios ama como a esposa suya. En el matrimonio cristiano, cada uno debe ser el corazón con el que Dios ama al otro cónyuge.

Podemos imaginar el gozo que siente Dios cuando, 25 años más tarde, vienen esos esposos rodeados de sus hijos al mismo altar donde se casaron, para hacer nuevo el enamoramiento del día en que contrajeron matrimonio. Y cuando ya con 50 años de vivir juntos en fidelidad de amor, vienen al mismo altar con sus hijos y nietos para darle gracias a Dios por los años que les ha dado en los que pudieron gozar de aquella bendición de amarse como El los ama, la que les dio cuando se casaron como era su plan divino.

La Iglesia, los fieles y el sacerdote que los preside, deberían gozar tanto como Dios al verlos así de nuevo ante el altar donde se unieron en Matrimonio como Sacramento; aunque pocas veces se ve que lo gocen así expresamente con la pareja que lo celebra. Es el gozo de comprobar que se puede creer en el amor de cristianos como amor distinto, en este mundo de amor tan precario. Como esos esposos cada año, en la fecha aniversario de su Boda, han debido celebrar ese día como un acontecimiento, al comprobar el enamoramiento que se mantienen y con el que viven dando la vida el uno por el otro.

El viaje apostólico a Tierra Santa


AUDIENCIA GENERAL

DE S.S. BENEDICTO XVI

Miércoles 20 de mayo de 2009


Queridos hermanos y hermanas:

Hoy voy a hablar del viaje apostólico que realicé del 8 al 15 de mayo a Tierra Santa, y por el que no dejo de dar gracias al Señor, pues se ha revelado un gran don para el Sucesor de Pedro y para toda la Iglesia. Deseo expresar de nuevo mi profundo agradecimiento a Su Beatitud el patriarca Fouad Twal, a los obispos de los diferentes ritos, a los sacerdotes y a los franciscanos de la Custodia de Tierra Santa. Doy las gracias al rey y a la reina de Jordania, al presidente de Israel y al presidente de la Autoridad nacional palestina, con sus respectivos gobiernos, a todas las autoridades y a cuantos han colaborado de diferentes maneras en la preparación y en el éxito de la visita.

Se trató, ante todo, de una peregrinación; más aún, de la peregrinación por excelencia a los manantiales de la fe y, al mismo tiempo, de una visita pastoral a la Iglesia que vive en Tierra Santa: una comunidad de singular importancia, pues representa una presencia viva en los lugares donde tuvo su origen.

La primera etapa, del 8 al 11 de mayo por la mañana, fue Jordania, en cuyo territorio se encuentran dos santos lugares principales: el monte Nebo, desde el cual Moisés contempló la Tierra prometida y donde murió sin entrar en ella; y Betania "al otro lado del Jordán", donde, según el cuarto Evangelio, al inicio bautizaba san Juan. El memorial de Moisés en el monte Nebo es un lugar de fuerte significado simbólico: habla de nuestra condición de peregrinos entre un "ya" y un "todavía no", entre una promesa tan grande y hermosa que nos sostiene en el camino y un cumplimento que nos supera, y que supera también este mundo.

La Iglesia vive en sí misma esta "índole escatológica" y "peregrina": ya está unida a Cristo, su esposo, pero la fiesta de bodas por ahora sólo se pregusta, en espera de su vuelta gloriosa al final de los tiempos (cf. Lumen gentium, 48-50). En Betania tuve la alegría de bendecir las primeras piedras de dos iglesias que se edificarán en el lugar donde san Juan bautizaba. Este hecho es signo de la apertura y del respeto del reino hachemita por la libertad religiosa y la tradición cristiana, y esto merece gran aprecio. Manifesté este justo reconocimiento, unido al profundo respeto por la comunidad musulmana, a los jefes religiosos, al Cuerpo diplomático y a los rectores de las universidades, reunidos en la mezquita Al-Hussein bin-Talal, que mandó construir el rey Abadalá II en memoria de su padre, el famoso rey Hussein, quien acogió al Papa Pablo VI en su histórica peregrinación de 1964. ¡Cuán importante es que los cristianos y los musulmanes convivan pacíficamente respetándose los unos a los otros! Gracias a Dios y al compromiso de los gobernantes, esto sucede en Jordania. Por eso, he rezado para que sea así también en otros lugares, pensando sobre todo en los cristianos que viven una situación difícil en el vecino Irak.

En Jordania vive una importante comunidad cristiana, que ha crecido con los refugiados palestinos e iraquíes. Se trata de una presencia significativa y apreciada en la sociedad, entre otras cosas por sus obras educativas y de asistencia, atentas a la persona independientemente de su pertenencia étnica o religiosa. Un magnífico ejemplo es el centro de rehabilitación Regina pacis en Ammán, que acoge a numerosas personas discapacitadas. Al visitarlo, llevé una palabra de esperanza, pero también la recibí yo, como testimonio avalado por el sufrimiento y la comunión humana.

Además, como signo del compromiso de la Iglesia en el ámbito de la cultura, bendije la primera piedra de la Universidad de Madaba, del Patriarcado latino de Jerusalén. Experimenté una gran alegría al dar inicio a esta nueva institución científica y cultural, porque manifiesta de modo tangible que la Iglesia promueve la búsqueda de la verdad y del bien común, y ofrece un espacio abierto y de calidad a cuantos quieren dedicarse a esa búsqueda, premisa indispensable para un diálogo verdadero y fructuoso entre civilizaciones.

También en Ammán se realizaron dos solemnes celebraciones litúrgicas: las Vísperas en la catedral greco-melquita de San Jorge, y la santa misa en el Estadio internacional, que nos permitieron gustar juntos la belleza de encontrarse como pueblo de Dios peregrino, con la riqueza de sus diferentes tradiciones y unido en la única fe.

Al dejar Jordania, al final de la mañana del lunes 11, me dirigí a Israel donde, desde mi llegada, me presenté como peregrino de fe en la Tierra donde Jesús nació, vivió, murió y resucitó, y al mismo tiempo como peregrino de paz para implorar de Dios que, en el lugar donde él quiso hacerse hombre, todos los hombres vivan como hijos suyos, es decir, como hermanos. Naturalmente, este segundo aspecto de mi viaje se puso de relieve en los encuentros con las autoridades civiles: en la visita al presidente israelí y al presidente de la Autoridad palestina. En esa Tierra bendecida por Dios a veces parece imposible salir de la espiral de la violencia. Pero nada es imposible para Dios y para cuantos confían en él. Por esto, la fe en el único Dios, justo y misericordioso, que es el recurso más valioso de esos pueblos, debe liberar toda su carga de respeto, de reconciliación y colaboración. Expresé ese auspicio tanto al visitar al gran muftí y a los líderes de la comunidad islámica de Jerusalén, como al Gran Rabinado de Israel, y también durante el encuentro con las organizaciones comprometidas en el diálogo interreligioso, y, luego, en la reunión con los líderes religiosos de Galilea.

Jerusalén es la encrucijada de las tres grandes religiones monoteístas, y su nombre mismo, "ciudad de la paz", expresa el designio de Dios sobre la humanidad: hacer de ella una gran familia. Este designio, anunciado a Abraham, se realizó plenamente en Jesucristo, al que san Pablo llama "nuestra paz", pues con la fuerza de su Sacrificio derribó el muro de la enemistad (cf. Ef 2, 14). Por tanto, todos los creyentes deben renunciar a los prejuicios y a la voluntad de dominio, y practicar concordes el mandamiento fundamental: amar a Dios con todo su ser y amar al prójimo como a nosotros mismos.

Esto es lo que los judíos, los cristianos y los musulmanes están llamados a testimoniar, para honrar con los hechos al Dios al que rezan con los labios. Y es exactamente lo que llevaba en el corazón, en oración, al visitar en Jerusalén el Muro occidental, o Muro de las Lamentaciones, y la Cúpula de la Roca, lugares simbólicos respectivamente del judaísmo y del islam. Un momento de intenso recogimiento fue, además, la visita al Mausoleo de Yad Vashem, erigido en Jerusalén en honor de las víctimas del Holocausto. Allí rezamos en silencio y meditamos en el misterio del "nombre": toda persona humana es sagrada, y su nombre está escrito en el corazón del Dios eterno. No se debe olvidar jamás la tremenda tragedia del Holocausto. Al contrario, es necesario que esté siempre en nuestra memoria como advertencia universal al respeto sagrado de la vida humana, que tiene siempre un valor infinito.

Como ya he mencionado, mi viaje tenía como objetivo prioritario la visita a las comunidades católicas de Tierra Santa y eso se realizó en varios momentos también en Jerusalén, en Belén y Nazaret. En el Cenáculo, con el pensamiento puesto en Cristo que lava los pies a los Apóstoles e instituye la Eucaristía, así como en el don del Espíritu Santo a la Iglesia el día de Pentecostés, me encontré, entre otros, con el custodio de Tierra Santa y medité sobre nuestra vocación a ser uno, a formar un solo cuerpo y un solo espíritu, a transformar el mundo con el manso poder del amor. Ciertamente, esta llamada experimenta en Tierra Santa dificultades particulares, por ello, con el corazón de Cristo, repetí a mis hermanos obispos sus mismas palabras: "No temas, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a vosotros el Reino" (Lc 12, 32). Luego saludé brevemente a las religiosas y los religiosos de vida contemplativa, dándoles las gracias por el servicio que prestan, con su oración, a la Iglesia y a la causa de la paz.

Momentos culminantes de comunión con los fieles católicos fueron sobre todo las celebraciones eucarísticas. En el Valle de Josafat, en Jerusalén, meditamos en la resurrección de Cristo como fuerza de esperanza y de paz para esa ciudad y para el mundo entero. En Belén, en los Territorios palestinos, celebramos la misa ante la basílica de la Natividad con la participación de fieles procedentes de Gaza, a los que tuve la alegría de consolar personalmente, asegurándoles mi cercanía particular.

Belén, el lugar donde resonó el canto celestial de paz para todos los hombres, es símbolo de la distancia que nos sigue separando del cumplimento de aquel anuncio: precariedad, aislamiento, incertidumbre, pobreza. Todo ello ha impulsado a numerosos cristianos a marcharse lejos. Pero la Iglesia sigue su camino, sostenida por la fuerza de la fe y atestiguando su amor con obras concretas de servicio a los hermanos, como el Hospital infantil de Cáritas de Belén, apoyado por las diócesis de Alemania y Suiza, y la acción humanitaria en los campos de refugiados. En el que visité, aseguré a las familias recogidas allí la cercanía y el aliento de la Iglesia universal, invitando a todos a buscar la paz con métodos no violentos, siguiendo el ejemplo de san Francisco de Asís.

La tercera y última misa con el pueblo la celebré el jueves pasado en Nazaret, ciudad de la Sagrada Familia. Rezamos por todas las familias, para que se redescubran la belleza del matrimonio y de la vida familiar, el valor de la espiritualidad doméstica y de la educación, la atención a los niños, que tienen derecho a crecer en paz y serenidad. Además, en la basílica de la Anunciación, juntamente con todos los pastores, las personas consagradas, los movimientos eclesiales y los laicos comprometidos de Galilea, cantamos nuestra fe en el poder creador y transformador de Dios. Donde el Verbo se encarnó en el seno de la Virgen María brota un manantial inagotable de esperanza y de alegría, que no deja de animar el corazón de la Iglesia, peregrina en la historia.

Mi peregrinación concluyó el viernes pasado con la visita al Santo Sepulcro y con dos importantes encuentros ecuménicos en Jerusalén: en el Patriarcado greco-ortodoxo, donde se hallaban reunidas todas las representaciones eclesiales de Tierra Santa y, por último, en la Iglesia patriarcal armenia apostólica.

Me complace recapitular todo el itinerario que pude realizar precisamente con el signo de la resurrección de Cristo: a pesar de las vicisitudes que a lo largo de los siglos han marcado los santos lugares, y a pesar de las guerras, las destrucciones y desgraciadamente también los conflictos entre los cristianos, la Iglesia ha proseguido su misión, impulsada por el Espíritu del Señor resucitado. Está en camino hacia la unidad plena para que el mundo crea en el amor de Dios y experimente la alegría de su paz. De rodillas en el Calvario y en el Sepulcro de Jesús invoqué la fuerza del amor que brota del misterio pascual, la única fuerza capaz de renovar a los hombres y de orientar hacia su fin la historia y el cosmos. Os pido también a vosotros que recéis por este objetivo, mientras nos preparamos para la fiesta de la Ascensión, que en el Vaticano celebraremos mañana. Gracias por vuestra atención.

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Tomado de:

http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/travels/2009/index_holy-land_sp.htm

Datos históricos sobre Galileo


Galileo no estuvo en la cárcel ni murió en la hoguera


Entrevista con monseñor Melchor Sánchez de Toca, subsecretario del Consejo Pontificio para la Cultura

ROMA, viernes, 22 de mayo de 2009 (ZENIT.org).- La Organización de las Naciones Unidas declaró el año 2009 como el Año de la Astronomía, debido a la conmemoración del cuarto centenario del nacimiento del telescopio por obra de Galileo. ¿Por qué algunos organismos de la Santa Sede se unen a esta celebración si condenó al famoso astrónomo?

Por este motivo, Galileo Galilei es visto hoy como un "santo laico", como un "mártir de la ciencia" y a la Iglesia como la "gran inquisidora" de este genio de la astronomía.

El caso de Galileo es mencionado también en el libro "Ángeles y Demonios" de Dan Brown cuya película fue estrenada a nivel mundial el pasado 13 de mayo.

ZENIT habla hablado con monseñor Melchor Sánchez de Toca, subsecretario del Consejo Pontificio para la Cultura y coautor del libro "Galileo y el Vaticano", sobre aquellos mitos así como las verdades históricas del juicio que la Iglesia realizó a este controvertido personaje.

--Hablemos un poco de las leyendas negras de Galileo...

--Monseñor Sánchez de Toca: El pasado 9 de mayo estaba dando una conferencia sobre Galileo en Toledo, España, a un auditorio formado principalmente por seminaristas e investigadores católicos y comenzaba diciéndoles que muchos se sorprenden al descubrir que Galileo no fue quemado en la hoguera ni fue torturado, ni estuvo en prisión. Al terminar la conferencia uno de los asistentes me dijo: "yo soy uno de esos, yo siempre pensé que Galileo había muerto en la hoguera".

Lo curioso del caso es que en realidad nadie se lo dijo ni probablemente lo ha leído. Simplemente es lo que él se imaginaba. Eso demuestra la fuerza tan grande que tiene el mito que se ha construido en torno a Galileo. Como decía Juan Pablo II, la verdad histórica de los hechos está muy lejos de la imagen que se ha creado posteriormente en torno a Galileo. Todo el mundo está convencido de que Galileo fue maltratado, condenado, torturado, declarado hereje, pero no es así.

Por poner un ejemplo muy reciente, el libro de Dan Brown "Angeles y Demonios" tiene un pequeño diálogo a propósito de Galileo al que presenta como un miembro de la secta de los Illuminati y contiene una sarta de errores históricos de bulto junto a otras cosas que son correctas.

--¿Podemos hablar de esos errores históricos de "Ángeles y Demonios" con respecto al tema de Galileo?

--Monseñor Sánchez de Toca: En realidad el libro se refiere a estereotipos que están muy difundidos. El problema de fondo de este libro es la mezcla de ideas filosóficas y científicas. La trama viene a decir que el profesor y sacerdote Leonardo Vetra es asesinado por una secta porque ha descubierto el modo de hacer compatible la fe y la ciencia, más aún, dice que la física es el verdadero camino hacia Dios. Estas son ideas que se difunden mucho, porque ha conseguido en el laboratorio crear materia de la nada. Eso es un absurdo filosóficamente hablando. Físicamente es imposible lo que propone, porque de la nada no sale nada. Se puede crear materia a partir del vacío, pero el vacío no es la nada, el vacío es, mientras que la nada no es. Es un principio filosófico elemental.

Esta tesis dice que la física representa un camino mejor y más seguro para llegar a Dios. Luego, respecto Galileo, en concreto, presenta el estereotipo habitual, según el cual, fue condenado por haber demostrado el movimiento de la tierra. No. Galileo no demostró nada. Es la pieza que faltaba en su argumentación.

Galileo decía, y en esto estaban de acuerdo sus jueces, que no puede haber contradicción entre el libro de la Biblia y el libro de la naturaleza, porque uno y otro proceden del mismo autor. El libro de la Biblia, inspirado por Dios y la naturaleza observantísima ejecutora de sus órdenes. Si tienen el mismo autor no puede haber contradicción. Cuando surge una aparente contradicción significa que estamos leyendo mal uno de los dos libros y él dice: es más fácil que seamos nosotros los que nos equivocamos al leer el libro de la Biblia, porque el sentido de las palabras de la Biblia a veces es recóndito y hay que trabajar para sacarlo, que equivocarse al leer el libro de la naturaleza, porque la naturaleza no se equivoca.

Una verdad natural, científicamente demostrada, tiene una fuerza mayor que la interpretación que yo doy del libro de la Biblia. Por lo tanto, dice él, que en presencia de una verdad científica demostrada, tendré que corregir el modo de interpretar la Biblia. La Biblia no se equivoca, pero quienes la interpretan se equivocan. Un criterio clarísimo compartido por sus jueces y por todo el mundo.

El Concilio de Trento, por otra parte, lo que decía es que, en la lectura de la Biblia, había que seguir la interpretación literal de la Biblia y el consenso unánime de los padres de la Iglesia, a menos que hubiese una verdad demostrada que nos permitiese hacer una lectura espiritual o alegórica. El criterio era muy claro: lo que ocurre es que Galileo pensó que estaba a punto de conseguir la demostración del movimiento de la tierra. Una cosa es estar convencido de que la tierra se mueve y otra cosa es demostrar que la tierra se mueve. Galileo nunca demostró que la tierra se movía. Estaba convencido de ello y hoy sabemos que tenía razón, pero sus jueces le decían que no veían por qué tenían que cambiar el modo de interpretar la Biblia, sobre todo cuando el sentido común me dice lo contrario, sin una prueba definitiva. Los jueces de Galileo adoptaron una posición prudencial. Galileo fue más allá. ¿Cuál fue el error de los jueces de Galileo? Deberían haberse abstenido de condenarle.

--¿Cómo fue en realidad el juicio a Galileo?

--Monseñor Sanchez de Toca: Fundamentalmente Galileo fue procesado en 1633 por haber violado una disposición que se le hizo en 1616. La disposición de 1616, que Galileo no cumplió, le prohibía enseñar el copenicanismo, es decir, la doctrina que dice que el sol está en el centro y la tierra se mueve alrededor.

Galileo pensó que la prohibición no era tan rígida, sobre todo después de la elección del Papa Urbano VIII y publicó un libro en el que, bajo la apariencia de un diálogo en el que se exponen los argumentos a favor y en contra, tanto del sistema tolemaico como del copernicano, en realidad se escondía una apología descarada del sistema copernicano. No sólo esto, que era ya una violación de la prohibición que se le había hecho sino que además consiguió fraudulentamente el imprimatur, engañó a quien lo concedió diciendo que era una exposición imparcial, pero no era nada imparcial. Por este motivo fue acusado y por lo tanto, sometido a procesos, es decir, sometido a un proceso disciplinar.

Galileo nunca fue condenado como hereje, ni tampoco el copernicanismo fue declarado como herético. Simplemente fue declarado contrario a la Escritura porque sobre la base de las pruebas que existían entonces era posible demostrar el movimiento de la tierra y, por lo tanto, decir que la tierra se movía parecía ir contra la Escritura. Era muy significativo que en 1616 un grupo de expertos declaró que la doctrina, según la cual, la tierra se mueve alrededor del sol era absurda y eso se entiende perfectamente en el contexto de la época, porque no se podía demostrar y el sentido común decía que el sol se pone y sale.

Sin una física como la de Newton, sin una prueba óptica como el movimiento de la tierra, la cosa parecía absurda.

Nosotros hemos crecido desde pequeñitos viendo modelos e imágenes del sistema solar, pero el hecho es que nadie ha visto la tierra moverse alrededor del sol, ni siquiera un astronauta. Tenemos pruebas ópticas del movimiento de la tierra pero nadie ha visto la tierra moverse. Por eso nos parece que la actitud de los que condenaron a Galileo es exagerada pero en realidad responde a una lógica.

--Y responde no solamente a lo que pensaba la Iglesia sino la sociedad en general...

--Monseñor Sánchez de Toca: Naturalmente. El copernicanismo encontró una gran oposición principalmente en las universidades. Tuvo una aceptación muy gradual y la oposición no fue sólo en la Iglesia católica. También las iglesias protestantes se opusieron a Copérnico. Y todavía, en 1670, la universidad de Upsala, en Suecia, condenó a un estudiante porque había defendido las tesis copernicanas.

--¿Cuáles fueron los errores que cometió la Iglesia en su juicio a Galileo? ¿Qué se concluyó en el trabajo hecho por la comisión que creó Juan Pablo II en 1981 para estudiar el caso de Galileo?

--Monseñor Sánchez de Toca: Esto lo expresó muy bien en cardenal Paul Poupard en el discurso al finalizar el trabajo de esta comisión, cuando con estas palabras --que en el discurso parecen subrayadas-- destacó su juicio sobre lo que sucedió: "En aquella coyuntura histórico-cultural, la de Galileo, muy alejada de la nuestra, los jueces de Galileo, incapaces de disociar la fe de una cosmología milenaria, creyeron que adoptar la revolución copernicana, que por lo demás no estaba todavía aprobada definitivamente, podía quebrar la tradición católica y que era su deber prohibir la enseñanza".

"Este error subjetivo de juicio, tan claro hoy para nosotros, les condujo a una medida disciplinaria a causa de la cual Galileo debió haber sufrido mucho. Es preciso reconocer estos errores tal como lo habéis pedido Santo Padre".

Los jueces de Galileo se equivocaron no solamente porque hoy sabemos que la tierra se mueve, pero en aquel tiempo no era posible saberlo. Por otra parte la historia de la humanidad ha estado llena de locos que afirmaban cosas sorprendentes y después se revelaron falsas, hoy nadie se acuerda de su nombre. Si Galileo hubiese propuesto una teoría diferente, hoy nadie se acordaría de él. Este fue el primer error objetivo.

Además, el cardenal Poupard habla de un error subjetivo. ¿Cuál fue? Creyeron que debían prohibir una enseñanza científica por temor a sus consecuencias. Pensaron que permitir la enseñanza de una doctrina científica, que no estaba aprobada, podía poner en peligro el edificio de la fe católica y sobretodo la fe de la gente sencilla. Y creyeron que era su deber prohibir esta enseñanza.

Hoy sabemos que prohibir la enseñanza de una doctrina científica es un error. No le toca a la Iglesia decir si está probada científicamente o no. Le corresponde a la ciencia. Galileo lo que pedía es que la Iglesia no condenara el copernicanismo, no tanto por miedo a su propia carrera profesional sino porque después, si se demostraba que la tierra se movía alrededor del sol, la Iglesia se vería en una situación muy difícil y haría el ridículo ante los protestantes y Galileo quería evitar esto, porque era un hombre católico sincero. Y decía además: "Si hoy se condena como herética una doctrina científica como es que la tierra se mueve alrededor del sol. ¿qué sucederá el día que la tierra demuestre que se mueve alrededor del sol? ¿Habrá que declarar heréticos entonces a los que sostienen que la tierra está en el centro?". Eso es lo que estaba en juego, es mucho más complejo de lo que se suele decir.

--¿En qué consistió el castigo a Galileo?

--Monseñor Sánchez de Toca: Dijeron que Galileo había sido hallado vehementemente sospechoso de herejía, pero no lo declararon hereje. Le pidieron abjurar para disipar toda duda. Galileo abjuró. Dijo que él no había defendido ni defendió nunca el copernicanismo. Se condenaba al índice de libros prohibidos su obra "El diálogo", se le imponía una penitencia saludable que consistía en recitar una vez a la semana los siete salmos penitenciales. Su hija se ofreció a hacerlo en lugar de él, y esto fue lo más humillante, se debía enviar una copia de la sentencia y de la abjuración a todas las nunciaturas en Europa. Se le condenó a prisión en arresto domiciliario. Es decir, digamos que la condena objetivamente no fue muy grande. No estuvo en la cárcel ni un solo momento, en atención a su fama, a su edad, y a la consideración que tenía fue tratado siempre con gran veneración.

--¿Quién empezó a difundir la leyenda negra de que Galileo fue quemado en la hoguera?

--Monseñor Sánchez de Toca: Esto es lo bueno, nadie lo ha dicho pero todo el mundo lo cree. Probablemente porque se sobreponen las imágenes de Galileo y de Giordano Bruno. En todo caso el mito de Galileo nace con la Ilustración, que convierte a Galileo en una especie de abanderado del libre pensamiento en contra del oscurantismo de la Iglesia, a un mártir de la ciencia y del progreso.

Galileo en realidad, y esto es lo que sorprende a muchos, no sólo es que no fuese quemado ni torturado sino que además fue católico y fue creyente toda su vida. No hay en él el mínimo rastro de libre pensador. No fue un católico ejemplar, es cierto y hay momentos de su vida poco edificantes, pero en ningún momento reniega de su pertenencia a la Iglesia. Es más, siente el deber de defenderla ante el ridículo que pudiera hacer ante algunos protestantes.

Él lo dice, exagerando como hace siempre él, en una carta a un noble francés: "otros pueden haber hablado más píamente y más doctamente pero ninguno más lleno de celo por el honor y la reputación de la Santa Madre Iglesia de lo que he escrito yo". Es exagerado pero en cualquier caso demuestra que es verdad.

--¿Tuvo dos hijas monjas?

--Monseñor Sánchez de Toca: Tuvo tres hijos, dos de las cuales, mujeres. Cuando se trasladó de Padua a la corte de Toscana, las metió en un convento para lo cual tuvo que pedir dispensa porque eran muy jóvenes. De una de ellas, de sor María Celeste, se conserva la correspondencia entre el padre y la hija, que es verdaderamente admirable. Ella era una mujer extraordinaria, muy inteligente, de una gran agudeza, gran escritora y hay un libro que se basa en el epistolario entre Sor María y el padre.

--Háblenos sobre su libro "Galileo y el Vaticano", cuya edición italiana fue publicada recientemente...

--Monseñor Sánchez de Toca: Esta investigación no trata exactamente sobre el caso Galileo sino sobre el modo en que la comisión que creó Juan Pablo II releyó el caso Galileo, porque si el caso Galileo es un culebrón, como decía don Mariano Artigas, en un sentido casi literal --según el diccionario un culebrón es, además de una telenovela larga y melodramática, una "historia real con caracteres de culebrón televisivo, es decir, insólita, lacrimógena y sumamente larga"--, el término se contagia también a la comisión que instituyó Juan Pablo II entre 1981 y 1992, a la que le han hecho críticas muy fuertes. Dicen que no estuvo a la altura del deseo de Juan Pablo II, que los discursos de clausura del cardenal Poupard y del Papa fueron deficientes y muy flojos, que la Iglesia no hizo realmente lo que debía haber hecho. Con el profesor Artigas, el otro autor del libro, quien murió en el año 2006, lo que hicimos fue estudiar toda la documentación que hay en los archivos. Ver exactamente qué hizo y cómo hizo esta comisión.

Nuestra opinión es que faltaban algunos elementos desde el principio. Faltaron medios, buena voluntad pero a pesar de todo hizo un buen trabajo, permitió la apertura de los archivos del Santo Oficio y demostrar que en realidad no hay documentos escondidos. Se publicaron obras de referencia importantes y yo creo que esto permitió a la Iglesia hacer una especie de examen de conciencia. Releer el caso de Galileo con otra luz. No descubrir cosas nuevas, porque eso es difícil, y hacer que la Iglesia en su conjunto mire serenamente al caso Galileo sin rencor, sin miedo.

--¿Por qué cree que irrita tanto a la opinión pública el tema de Galileo hasta el punto de que los profesores de la Universidad de la Sapienza le hayan negado la entrada al Papa Benedicto XVI el año pasado por haberlo citado en un discurso que pronunció en 1990?

--Monseñor Sánchez de Toca: Porque hay quien está interesado en seguir haciendo de Galileo una especie de "santo laico", laico en sentido anti cristiano. Pero, en realidad, fue un hombre de Iglesia, aún con todas sus deficiencias. Recuerdo que un arzobispo de Pisa, que fue astrónomo, quiso colocar hace años en la plaza de los milagros, la más famosa, donde está la torre, una estatua dedicada a Galileo. El ayuntamiento no lo permitió porque quería seguir manteniendo la exclusiva sobre la imagen de Galileo, como si fuera alguien que no pertenece a la Iglesia, sino al mundo llamado laico.

Por eso, cada vez que por parte de la Iglesia alguien cita a Galileo, hay una reacción de "alergia instintiva" en estos ambientes de pseudociencia, que dicen "¿cómo se atreven ustedes a hablar de Galileo, ustedes que quemaron a Galileo?".

--¿Por qué el Consejo Pontificio para la Cultura tiene una imagen de Galileo en su biblioteca?

--Monseñor Sánchez de Toca: Precisamente porque Galileo es un modelo de científico creyente. Investiga el cielo, descubre cosas nuevas y trata de integrar sus nuevos conocimientos dentro de una visión cristiana. Se esfuerza por demostrar que no hay contradicción con la Escritura, con la Biblia. Lo que pasa es que lo hizo con todo el entusiasmo desbordante que irritaba mucho a los otros. Sin ser teólogo se metía en un campo que era reservado exclusivamente a los teólogos. En la contrarreforma, el que un laico, sin tener estudios de teología, se metiera a interpretar la Biblia por su cuenta, aunque fuera en sintonía con la tradición católica, despierta inmediatamente sospechas.

--Usted se refiere a las conductas poco ejemplares de Galileo...

--Monseñor Sánchez de Toca: No es ningún misterio que Galileo no fue ningún santo. Hay algunos que, revindicando el carácter de científico creyente, llegan a pedir incluso su beatificación. Es demasiado... Galileo estuvo conviviendo sin estar casado con Marina Gamba en Padua, de quien tuvo tres hijos. Eso no era especialmente escandaloso, pero tampoco estaba bien visto.

Por otra parte tenía muy mal carácter, como los grandes genios en general. Tenía una lengua terrible. Fue imprudente, se enfrentó a la Compañía de Jesús, a pesar de que los jesuitas le acogieron en Roma y avalaron sus descubrimientos, cuando era un perfecto desconocido. Fue un poco presuntuoso, vanidoso con gran ego. Son defectos, que los puede tener cualquiera, y que no quitan nada a la genialidad de Galileo.

Por Carmen Elena Villa

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Tomado de ZENIT.org









Comentarios sobre la película Ángeles y Demonios


Ángeles y Demonios:
El nuevo film anticatólico de Dan Brown



Joseph Dias, secretario general del Foro Secular Católico (CSF) explica los contenidos anticatólicos del libro y el film.


La historia

El protagonista en ambas obras, El Código Da Vinci y Ángeles y Demonios, es el especialista en simbología de Harvard, Robert Langdon (personaje interpretado por Tom Hanks). En Ángeles y Demonios (la película basada en la novela del mismo nombre que saldrá a la luz el 15 de mayo de 2009), Langdon es reclutado por la CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear) para investigar lo que ha sucedido con unos de sus físicos: fue encontrado muerto con un misterioso símbolo grabado en el pecho. Este símbolo era el de una sociedad secreta que se creía extinta desde hace mucho, la Hermandad de los Illuminati.

Con el tiempo, Langdon se convence cada vez más de que los Illuminati han regresado. De acuerdo a Brown, la organización, que tenía a Galileo entre sus miembros, fue fundada para afirmar la supremacía de la ciencia sobre la irracionalidad de la religión, especialmente el catolicismo. Ahora busca la venganza, habiendo capturado la antimateria, una peligrosa sustancia descubierta por el científico que fue asesinado. La misión de Langdon es detener a los Illuminati antes de que destruyan al Vaticano con una bomba de tiempo generada a partir de la antimateria.


¿Por qué son anticatólicos el libro y la película?

* Un sacerdote y una religiosa se unen para inseminarse artificialmente: Se puede apreciar la representación de un joven sacerdote que antes de convertirse en Papa se enamora de una religiosa. Ambos desean un hijo, pero también quieren permanecer castos, por lo que recurren a la inseminación artificial.

* Distorsión de hechos concernientes a la vida real: El engaño de Brown está en que intercala personajes de la vida real como Copérnico y Galileo, así como organizaciones verdaderas, como los Illuminati; con asuntos reales como la ciencia y la religión; para llegar así a sus propias y elaboradas conclusiones, que no tienen ninguna raíz histórica ni se basan en hechos históricos; y terminan siendo simples y flagrantes mentiras.

* Falso retrato de la Iglesia Católica: Dan Brown sabe lo que la historia dice y sin embargo deliberadamente lo representa mal. Su distorsión adrede de la verdad está pensada para calumniar a la Iglesia Católica. Brown quiere mostrar que la Iglesia Católica ve a la ciencia como el enemigo y que no se detendrá ante nada para hacerlo a un lado.

* Mentiras sobre la CERN y la antimateria: Brown comienza con una página de "hechos" en la que menciona a la CERN. La describe como una entidad suiza que ha creado la antimateria, “la más poderosa fuente de energía conocida por el hombre". Es tan poderosa que "un solo gramo de antimateria contiene la energía de una bomba nuclear de 20 kilotones, el tamaño de la bomba arrojada sobre Hiroshima”. Esto simplemente no es cierto.

* CERN clarifica el asunto con hechos: La CERN ha recibido muchas preguntas sobre lo que Brown alega, tanto así que tiene una sección especial en su sitio web para responderlas. Por ejemplo, la web precisa que “CERN no es un instituto suizo, sino una organización internacional”; está localizada en Suiza y parcialmente en Francia. La antimateria sí existe, y es creada rutinariamente en la CERN, pero “no existe la posibilidad de usar la antimateria como una 'fuente' de energía".
Una pregunta común que le hacen a las autoridades de esta organización es: “¿Hacen la antimateria como se describe en el libro?” La respuesta es clara: "No". Todo el mundo quiere saber qué tan peligrosa es la antimateria en realidad. La CERN precisa que ésta es "totalmente segura, dadas las diminutas cantidades en las que la hacemos. Sería muy peligroso si hiciéramos algunos gramos, pero esto nos tomaría miles de millones de años".

* La Iglesia Católica usa cualquier medio para liderar la venganza: Más importante todavía, Brown dice en la siguiente página que "la Hermandad de los Illuminati es un hecho". ¿Y qué buscan los Illuminati? En el libro se dice que “los Illuminati fueron cazados sin piedad por la Iglesia Católica”. En el trailer de la película, Tom Hanks, quien hace el papel de Langdon, dice de la sociedad secreta que “la Iglesia Católica ordenó una masacre brutal para silenciarlos para siempre. Ellos han vuelto por la revancha". En las páginas 39-40 del libro, se dice que los Illuminati fueron fundados en el siglo XVI, la película afirma lo mismo. En la página 223 se dice que "la palabra de la Hermandad de Galileo comenzó a difundirse en la década de 1630 y que científicos de todo el mundo hacían una peregrinación secreta a Roma esperando poder unirse a los Illuminati….”.

El director de la película, Ron Howard, concuerda: “Los Illuminati se formaron en el siglo XVII. Eran artistas y científicos como Galileo y Bernini, cuyas ideas progresivamente fueron amenazando al Vaticano”. Brown, en su sitio web, reafirma esta idea central: “es un hecho histórico que los Illuminati querían vengarse del Vaticano en el siglo XVII. Los primeros Illuminati –los de la época de Galileo– fueron expulsados de Roma por el Vaticano y cazados sin misericordia”.

* Mentiras sobre los Illuminati: La verdad es que ningún miembro de los Illuminati fue cazado y mucho menos asesinado por parte de la Iglesia Católica. Saber exactamente quiénes fueron los Illuminati demuestra lo falsas que son las afirmaciones de Brown. Los Illuminati fueron fundados por un profesor de leyes llamado Adam Weishaupt, en Baviera, Alemania, el 1 de mayo de 1776. No duraron mucho: colapsó totalmente en 1787. Este no es un asunto en disputa, así que arrastrar a Galileo a esta fábula es bastante deshonesto. Él murió en 1642, casi 150 años antes de que los Illuminati fueran fundados. ¡Brown tiene que saber todo esto porque en su propio sitio web hay una sección sobre los Illuminati que correctamente precisa su fundación en 1776!

*Canonización y la Santa Comunión "prestadas" del paganismo: Ángeles y Demonios afirma que la tradición de la Iglesia de la canonización está tomada de un antiguo rito "para hacerse dios". Pero los santos no son personas hechas dioses, y en ningún caso los orígenes paganos de la canonización podrían haberse explicado con precisión porque no son tales. No existe, además, absolutamente ninguna evidencia para la afirmación de Brown sobre el hecho que morir por los pecados de otros sea una idea cristiana robada al legendario rey azteca Quetzalcoatl. La Santa Comunión, según Brown, es un concepto que fue tomado de los aztecas. Pero el hecho concreto es que la Cristiandad precede a la civilización azteca por más de 1000 años.

* Más mentiras históricas sobre personajes reales: El libro considera que la CERN inventó Internet, lo que es a todas luces falso. Le da el crédito a dos reporteros de la BBC (de Inglaterra) que ganaron el Premio Pulitzer, pese a que este premio solo se entrega a estadounidenses. Afirma además que Winston Churchill fue un “católico incondicional”, cuando la verdad es que nunca fue católico. Presenta la idea de que la Iglesia Católica es muy rica, cuando en realidad su presupuesto anual de operación se podría comparar al de un quinto de la Universidad de Harvard (EEUU). El libro dice que Copérnico fue asesinado, cuando la historia precisa que murió de un ataque. El texto señala además que Galileo fue un pacifista, aunque no hay evidencias de que lo fuera. Brown toma una creencia: que los científicos cristianos consideran inadecuado el tratamiento médico para una persona joven y lo atribuye falsamente al catolicismo. Pinta además, falsamente, a los católicos como opuestos a la enseñanza de la evolución e identifica a una organización protestante, la Christian Coalition (Coalición Cristiana) como una entidad católica, cuando no lo es.

*El Papa Pío IX retratado como un desviado sexual: Brown quiere promover todo tipo de estereotipo negativo sobre la Iglesia Católica. Uno de los favoritos de todos los tiempos es la alegada fobia de la Iglesia ante la sexualidad. Por eso no debe sorprender que Brown presente al Papa Pío IX como un "maníaco eliminador de penes" que destruyó grandes obras de arte. “En 1857 –dice Brown en la página 159– el Papa Pío IX decidió que la representación masculina completa podría incitar a la lujuria dentro del Vaticano. Así que tomó un cincel y un martillo y destruyó todos los genitales de todas las estatuas masculinas dentro de la Ciudad del Vaticano”.
Pío IX, en vez de ir caminando por el Vaticano con su martillo en mano, golpeando las estatuas masculinas entre las piernas, en realidad apoyó pródigamente las artes y premió a los artistas por sus contribuciones. Es también conocido por haber renovado las pinturas en el Vaticano.

*El Papa Urbano VIII rechaza al escultor Bernini y la escultura de Santa Teresa (de Ávila): Brown guarda sus mejores armas para la supuesta mala reacción del Papa ante la obra maestra de escultura de (Gian Lorenzo) Bernini, “El éxtasis de Santa Teresa”. Según Brown, “el Papa Urbano VIII había rechazado 'El éxtasis de Santa Teresa' por ser una obra sexualmente explícita para el Vaticano. Así que la desterró a alguna oscura capilla en el otro lado de la ciudad”. En la misma página, la 442, se lee que “la escultura, como cualquier persona que la ha visto puede atestiguar, era cualquier cosa menos algo científico-pornográfico, pero ciertamente no científico". En la siguiente página escribe que "la estatua representaba a Santa Teresa sobre su espalda en la agonía de un intenso orgasmo".
Nuevamente, Brown simplemente crea "hechos" que calcen en su agenda. Para los principiantes en la escultura, Teresa no está sobre su espalda, sino que está sentada. En cuanto a Urbano VIII, no fue un adversario de Bernini, sino que fue su amigo y patrono. En una biografía de Arthur Lubow sobre este gran artista, se precisa que durante los 20 años de pontificado de Urbano VIII, Bernini fue tratado como si fuera de la realeza por el Papa. De hecho, Bernini fue el favorito de todos los Papas mientras vivió, y fue condecorado con la Cruz de la Orden de Cristo.

* Brown eleva a la ciencia al lugar de Dios: En la página 31, uno de los personajes de Brown se regocija al decir que "pronto se probará que todos los dioses son falsos. La ciencia dará la respuesta a casi todas las preguntas que el hombre pueda hacer". Así que, ¿qué cosa queda? “Sólo quedan algunas preguntas", escribe Brown, "y esas son las preguntas esotéricas”. ¡Como por ejemplo el verdadero sentido de la existencia! En la página 218, Brown se emociona tanto con la promesa de la ciencia que para expresarlo usa cursivas y exclama: "¡La Ciencia es Dios!". En la página 474, se pone totalmente a tono: “La medicina, las comunicaciones electrónicas, los viajes especiales, la manipulación genética… estos son los milagros sobre los que les hablamos a nuestros hijos. Estos son los milagros que portamos como prueba de que la ciencia nos dará todas las respuestas". Y luego se lanza por el oro: "Las antiguas historias sobre inmaculadas concepciones, zarzas ardientes y mares abiertos ya no son relevantes. Dios se ha vuelto obsoleto. La ciencia ha ganado la batalla".

En esta perspectiva, ¿hay algo que la ciencia no pueda hacer? Evidentemente no. Aquí Brown presenta su postura más extrema (página 658): “¡La ciencia ha venido para salvarnos de la enfermedad, del hambre y del dolor! ¡He aquí la ciencia, el nuevo Dios de los milagros infinitos, omnipotente y benevolente! Ignoren las armas y el caos”. Le ha dado un elixir para los problemas personales: “¡Olviden la soledad fracturada y el peligro interminable. La Ciencia está aquí!”

*El hecho es que el catolicismo promovió la ciencia y la astronomía: la Ciencia no habría progresado si no hubiera sido así. “En los últimos 50 años”, afirma el profesor Thomas E. Woods, Jr., “virtualmente todos los historiadores de la ciencia… han llegado a la conclusión de que la Revolución Científica se debió a la Iglesia”. Para el sociólogo Rodney Stark la razón por la que la ciencia emergió en Europa y no en ningún otro lugar, fue el catolicismo. “Se sabe que en China, en el Islam, en la India, en la Grecia antigua y en Roma, todos tuvieron una muy desarrollada alquimia. Pero solamente en Europa esta alquimia se transformó en química. Por esa razón, muchas sociedades desarrollaron elaborados sistemas de astrología, pero solo en Europa esto llevó a la astronomía".

El rol pionero de los católicos en la astronomía está fuera de discusión. J.L. Heilborn de la Universidad de California en Berkeley escribe que “La Iglesia Católica ayudó más que nadie financiera y socialmente al estudio de la astronomía por más de seis siglos, desde la recuperación de los estudios antiguos durante la última etapa de la Edad Media hasta la Ilustración". Solamente los logros científicos de los jesuitas alcanzaron todos los rincones de la tierra.

¿Qué hizo al catolicismo tan amigo de la ciencia y por qué la ciencia se originó en Europa y no en otra parte? Stark sabe porqué: “Porque el Cristianismo representaba a Dios como un ser racional, sensible, fiable y omnipotente, y el universo como su propia creación personal. Se entendía entonces que el mundo natural tiene una estructura estable, racional, legal, que espera (en realidad que invita) a la comprensión humana".

*La Iglesia y Galileo, muchas falsedades: Los mitos sobre Galileo son tantos que solo unos cuantos se dan el trabajo de consultar los hechos históricos para saber lo que en realidad sucedió. Brown explota esta ignorancia al máximo. Cuando afirma en la página 41 que los "datos de Galileo estaban fuera de discusión”, ni siquiera se acerca a la verdad. Por ejemplo, sabemos que las mareas se explican por las fuerzas gravitacionales de la luna. Pero la fijación de Galileo sobre la tierra girando alrededor del sol no le permitió comprender esto, él pensaba que las mareas debían comprenderse a partir del hecho de que la tierra giraba alrededor del sol. Y lo que es más importante, lo que metió a Galileo en problemas no fueron sus ideas sino su arrogancia: hizo afirmaciones que no podía sustentar científicamente.

Si Galileo fue castigado por sostener que la tierra gira alrededor del sol, ¿entonces por qué Copérnico no fue castigado? Después de todo, Copérnico tuvo esta idea antes de que Galileo diera con ella, y como Galileo, también era católico. La diferencia está en que Copérnico fue un científico honesto: estaba contento con afirmar sus ideas a modo de hipótesis. Galileo rechazó hacer lo mismo, incluso cuando no podía probarlas.

Si la Iglesia Católica quiso sacar a Galileo del mapa, ¿entonces cómo se explica que fuera alabado por su trabajo en Roma en 1611? ¿Por qué el Papa Pablo V lo acogió? ¿Por qué se hizo amigo del futuro Papa, Urbano VIII? Francamente, Galileo nunca se metió en problemas antes de que comenzara a insistir en que el sistema copernicano era positivamente cierto. Cuando estuvo de acuerdo con tratar esto como una hipótesis o como una proposición matemática, no sufrió ni una pizca.

En 1624, el Papa Urbano VIII le dio a Galileo medallas y otros regalos, y le rogó que siguiera realizando su trabajo. De acuerdo a Woods, “Urbano VIII le dijo al astrónomo que la Iglesia nunca había declarado que el sistema de Copérnico era herético, y que la Iglesia nunca haría eso". Esto, por supuesto, no es lo que Brown quiere que creamos. Ocho años después, Galileo escribió su "Dialogo sobre los principales sistemas del mundo", lo hizo a pedido del Papa. Pero esta vez Galileo señaló que la teoría copernicana era empíricamente cierta. Además, se presentó como teólogo, no solamente como matemático, y estuvo de acuerdo en hacerlo. La Iglesia no estaba complacida, y se sintió marcada por él. De igual modo, la comunidad científica no estaba impresionada. Su arrogancia era terrible para muchos fuera de la Iglesia así como dentro de ella.

Es fácil para nosotros decir que la Iglesia reaccionó exageradamente con Galileo. Esto es cierto. Pero es también importante notar que nunca fue torturado y no pasó un solo día en prisión. Fue confinado al arresto domiciliario en una modesta casa durante 9 años. Incluso pasó un tiempo en la casa del Arzobispo de Siena. No es exactamente la experiencia tipo gulag (campos de trabajos forzosos rusos en el tiempo de Stalin en donde murieron millones de personas) que nos han hecho creer. ¡Sería interesante saber como explicaría Brown el hecho que el primer líder de la Pontificia Academia para las Ciencias no fue otro que su "mártir" favorito Galileo Galilei!

Si la Iglesia Católica era tan anti-ciencia, ¿por qué el Papa Benedicto XIV otorgó el imprimatur (permiso eclesiástico oficial para la impresión de una obra católica. Con esta autorización se establece que no existe errores morales o doctrinales en la misma) a la primera edición de los trabajos completos de Galileo? Así lo hizo en 1741. Y si se necesita mayores pruebas para demostrar que lo abrasivo de Galileo tuvo algo que ver con la respuesta de la Iglesia, debe considerarse que científicos como el P. Roger Boscovich siguieron explorando las ideas copernicanas mientras Galileo fue encontrado "vehementemente sospechoso de herejía". También debe notarse que a los católicos nunca se les prohibió leer a Galileo, incluso libros científicos de todo tipo circularon libremente durante y después de la censura a Galileo.


Las razones de Bill Donahue

Según Bill Donahue de la Liga Católica de Estados Unidos, “dentro de poco, el equipo formado por Dan Brown y Ron Howard habrán generado en la audiencia la creencia de que Galileo era miembro de una sociedad secreta, los Illuminati, y que ese grupo busca vengarse del Vaticano por la historia anti-ciencia de la Iglesia Católica. El hecho es que Galileo murió casi 150 años antes que los Illuminati fueran fundados el 1 de mayo de 1776. ¿Por qué mentir entonces? Porque su meta es mostrar a la Iglesia Católica como una enemiga de la ciencia, ¿y qué mejor forma que usar para esto a su mártir favorito, Galileo? La víctima perfecta, la mencionada persecución de Galileo, es citada así como prueba de la guerra de la Iglesia contra la razón".

“Galileo nunca fue apresado o torturado. Su confinamiento fue un arresto domiciliario, aunque no garantizado, y estaba más en función de su arrogancia que de sus ideas: persistió en presentarlas (tomadas de Copérnico, un científico católico que nunca fue castigado) como científicamente precisas, algo de lo que incluso científicos de su tiempo se mofaban".

* Testimonios anti Iglesia del personal que produjo la película: El Padre Bernard O’Connor, un sacerdote canadiense y oficial de la Congregación para las Iglesias Orientales de la Santa Sede, estaba en Roma el año pasado mientras el director Ron Howard filmaba la cinta. O’Connor se encontró dos veces con el personal de la misma y conversó de manera informal con unos 20 de ellos. Estaba vestido casualmente de modo que ninguno se dio cuenta de que era un sacerdote. Hablaron abiertamente, pensando que era solamente "un turista amistoso". El Padre escribió un artículo sobre su experiencia en la revista mensual, Inside the Vatican (El Vaticano por dentro). Uno de los trabajadores que dijo ser uno de los "encargados" opinó así: "la miserable Iglesia está contra nosotros otra vez y nos está causando problemas". Luego, hablando de su amigo Dan Brown, añadió “como muchos de nosotros, él con frecuencia dice que haría cualquier cosa para demoler esta detestable institución, la Iglesia Católica. Y triunfaremos. Ya verás”. Cuando el Padre O’Connor le pidió que precisara sus afirmaciones, el oficial de producción dijo "al final de esta generación no existirá más la Iglesia Católica, al menos no en Europa occidental. Y en realidad los medios merecen mucho del crédito por su desaparición".

“Finalmente el público está entendiendo nuestro mensaje", dijo luego. El mensaje está claramente definido: "la Iglesia Católica tiene que ser debilitada y eventualmente desaparecer de la faz de la tierra. Es la primera enemiga de la humanidad. Siempre lo ha sido". Este mismo señor le da el crédito de esto a la "televisión, Hollywood, las industrias de la música y el video, junto con cada uno de los diarios que existen, pues todos dicen lo mismo". Este sujeto también mencionó el rol que algunas universidades han jugado para minar el catolicismo.


¿Quiénes son los Illuminati y qué se dice que han hecho?

En realidad, los Illuminati fueron hombres de la Ilustración que creyeron poseer algún tipo de conocimiento especial que les permitiría reformar Alemania. Weishaupt, su fundador, les pedía a sus seguidores que dejaran a sus familias y amigos –a modo de culto– para que pudieran construir una sociedad revolucionaria. Antes de morir, renunció a todas las sociedades secretas y se reconcilió con la Iglesia Católica. Pero nada de esto se dice porque Brown quiere que creamos que los Illuminati todavía existen.

Pese a que los Illuminati murieron hace mucho tiempo (en 1787), la siguiente es una lista de algunas de las cosas que se dice han realizado. Los Illuminati habrían sido responsables del asesinato de los siguientes presidentes (de EEUU): Abraham Lincoln (1861-1865), William Henry Harrison (1841), Zachary Taylor (1849-1850), James Garfield (1881) y William McKinley (1897-1901). También fueron "probablemente" responsables del asesinato de Warren Harding (1921-1923) y "posiblemente" de Franklin Roosevelt (1933-1945). De cualquier modo, la muerte de la Princesa Diana también habría sido obra suya.

Ciertamente esta sociedad secreta "ha dejado su huella en la historia". Aquí menciono algunos de los hechos históricos que serían su responsabilidad: la Revolución Francesa; la Revolución Rusa; alentar a Marx y a Engels para que escribieran el Manifiesto Comunista; un intento de derrocar a los Estados Unidos; persuadir al Papa para que disuelva a los jesuitas (a quienes algunos consideran como los fundadores de los Illuminati); manipular al Juez (John) Marshall (1801-1835), Presidente de la Corte Suprema de Estados Unidos para que entregue los "poderes implícitos" del gobierno federal; instigación de levantamientos en Europa en la década de 1840; manipulación de Lincoln para que adopte un impuesto gradual.

Se dice también que los Illuminati habrían fundado: la Reserva Federal (de EEUU), las Compensaciones de trabajadores, la 16º enmienda (adopción de un impuesto federal a los ingresos); la Liga de Naciones, el Partido Comunista; el Plan Marshall; las Naciones Unidas, el Consejo par las Relaciones Exteriores, la Comisión Trilateral y el Banco Mundial.

También habría jugado un papel importante al fomentar la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial (habrían alentado a Hitler a invadir Polonia), la Guerra Fría y el 11 de septiembre. Es responsable además de los ataques al cristianismo y por dividir a los judíos ortodoxos de los conservadores. El SIDA, el Ébola y el Síndrome de la Guerra del Golfo serían también creación de los Illuminati. Incluso serían responsables del Huracán Katrina y de la Cruz Roja (que se benefició del mismo).

Joseph Dias es el Secretario General del Foro Secular Católico (CSF). Con comentarios de Bill Donahue, Liga Católica (Catholic League – EEUU)

Tomado de: http://fratres.wordpress.com/2009/03/25/angels-demons-joseph-dias-separates-truth-from-lies-in-the-book-joins-the-catholic-league-in-calling-for-boycott-of-the-catholic-bashing-film/


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